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El mejor cumpleaños, quinta historia

Eran las diez de la noche cuando el teléfono solo en casa de Mao. Clemetina  lo cogió y preguntó quién era. De ahí salio una avalancha de gritos que atacó a los oídos de la Canadiense.

-¡Gerente, llaman por ti!- Llamó a Mao, que en ese momento estaba viendo la tele.

-¿Quién es a estas horas de la noche? ¡Por Buda!- Lo decía mientras se levantaba del suelo. Se dirigió sin ganas alguna hacía al teléfono y cuando oyó al voz que salía de ahí, le entraron una ganas increíbles de soltarlo.

-¡Por fin estás al teléfono, puta china! ¡Has tardado siglos!-

Era Marie Luise Lafayette, la persona que menos deseaba tener Mao contacto. Es una chica de su edad, de raza negra y pelo moreno; con una personalidad que rozaba lo caricaturesco. En palabras del chino, era una versión exagerada y horrible del adolescente típico mezclado con una incapacidad del autocontrol, un ser al que nadie desearía conocer ni aguantar.

-¿Qué quieres?-Le preguntó.

-¡Pues contarte mi historia!- Y eso le respondió, a chillidos.

Mao estuvo pensando en apagar el teléfono lo más rápido posible, no quería aguantar las quejas de alguien tan tarde, ni menos las de ella.

-¿Y por qué yo?- Se preguntaba por qué de todas las personas tenía que haberle tocado a él.

-¡Porque sí y jódete! ¡Y no se te ocurra terminar la llamada, que me vengo a tu casa!-

Si Lafayette decía algo, es que lo iba a hacer, y era mucho peor aguantarla en persona que por teléfono, así que Mao tuvo que elegir a soportarla así.

-¡Espero que sea corto!- Protestó Mao.

-¡Lo que me dure esto, mediahora! ¡Las putas cabinas son muy caras!- Mao deseó con todas sus fuerzas que hubiera un corte de luz.

Pues vamos a hacerlo, preparasen porque ésta es la historia de Lafayette y narrada por ella.

¡Sabes hoy es mi cumpleaños! ¿Feliz cumpleaños? ¡No ha sido para nada feliz! ¡Para nada! ¡Ha sido el día más mierda de todos!

Lo preparé todo al detalle, reservé mesa en el Burger King cuatro días antes, para cuatro invitadas. ¿Me preguntas de dónde las iba a sacar? Dices eso cómo si yo no tuviera amigos y no hace falta tenerlas, con buscar muertas de hambre está bien.

Obviamente estaba de muy buen humor cuando me desperté y me fui a buscar a esa mujer que me parió. ¿Llamarla madre? No se lo merece. Siguiendo con esto, estaba en la cocina y pues se lo pedí amablemente. ¿Sabes lo que dijo? ¿Sabes? Te lo diré textualmente:

-¡Hija mía, no tenemos dinero para tus caprichos! ¡Han embargado el Mercedes! ¡La hipoteca de nuestras dos casas me ahoga! ¡He tenido que despedir a la sirvienta! ¡No podemos pagarte el dinero!- Le respondí que solo era ir al puto Burger King y que con unos veinte dólares me bastaría. Me lo negó.

-¡Hasta lo tengo reservado! ¡Y hoy es mi cumpleaños! ¡Joder!- Le grité.

-¿Lo reservaste?- Y la muy puta me dice eso.

-Te lo dije. ¡Y estaba delante de ti además! ¿Eres sorda? – Entonces buscó su teléfono móvil y llamó a alguien. Me di cuenta de lo que se proponía. Si no fuera por que me parió le hubiera partido la cara en ese mismo instante.

-¡Gracias por decírmelo! ¡No deberíamos cancelar una cena! ¡Aunque ir al Burger King no es muy romántico…- Se río la muy capulla.

-¿No me digas qué vas a tener una cita con mi reserva?- Le pregunté.

-Pues claro, hace rato que no tengo una con mi novia.- Eso me respondió, la hija de puta.

¿Es tortilera, eso es lo que me preguntas? Y yo qué se, antes les gustaban las pollas, ahora dice que les gusta las almejas. Esa tía no sabe lo que quiere ni lo qué es. Ni creo que su amor verdadero sea tal, sino otra más en la lista de los idiotas cuyas vidas han sido arruinadas por ella. Entre ellos mi verdadero padre. ¿Te lo dije una vez, no? Mi madre se iba a casar con un abogado de gran prestigio, pero se lía con un negro don nadie y yo fue el fruto de eso. ¡Y a los pocos años le abandonó! ¡Mejor me olvido de esto y seguimos con lo realmente importante!

-¿Y Dónde está el dinero? ¿eh?- Le grité.

-¡Pues mi novia me lo pagará, obviamente! ¡A ella no le importa!- ¡Aquí tienes la razón por la cual no es más que una vieja aprovechaba! Ella misma se relata.

Pues cómo verás, estaba realmente cabreaba, y cuando ella se dio cuenta de que iba a explotar se quitó del medio, pero antes añadió más leña al fuego.

-¡Ah por cierto! ¿Puedes limpiar la casa? ¡Es que ya no tenemos sirvienta y pues mamá no sabe y supongo que eso os lo enseñan en la escuela! ¡Adiós  y qué tengas un buen cumpleaños!-

¿Sabes lo qué hice? ¿Limpiar la casa? ¡Ni por nada del mundo! Me dedique a romperle los platos, a tirarle las sabanas por la ventana, a tirar toda la comida por el suelo, a patearle a las puertas, a arrancar todas sus fotos. Tardé media hora y no me arrepiento de haberlo hecho.

Aún tenía esperanzas de que el resto del día fuera mejor, que esto sería solo un pequeño contratiempo, así que me animé y decidí salir. Tal vez así estando en la calle podría tranquilizarme. Busqué gente entre mis contactos para salir con ellas. ¿Qué dices? ¿Para usarlas cómo sacos de boxeo? ¡Jódete, puta china!

Todos, con sus excusas malas, rechazaron mi oferta. Peor para ellos, van a tener un ojo morado por eso. Al final, decidí salir a la calle y dar un pequeño paseo.

¿Sabes? Hoy creo que existe algo más allá de nuestra compresión, por qué si no, no me explicó todo lo que me ocurrió después de salir a la calle. Hay algo más alto que el cielo que me vio sufrir y pensó en divertirse, y llenar mi día de desgracias. ¡Seguro que sigue burlándose de mi, el muy hijoputa!

Antes de todo, al salir me di cuenta de que no cogí nada, salvo el móvil que no tenía saldo. Ni las llaves, que por tanto me quede sin poder entrar hasta nuevo aviso; ni la cartera, y por tanto ni dinero tenía; ni me había quitado el pijama. Me fui a la puerta y intente destrozarla, pero me destroce los puños y luego intente abrir las ventanas pero saltó la alarma y me tuve que salir pitando. ¿De qué te ríes? ¿Dices qué es culpa mía? ¡Tal vez tengas razón…! ¡Pero solo está vez! ¡El resto es todo provocado por una divinidad!

Y digo esto, por que decidí dar un paseo que se convirtió en una cadena de desgracias. Seis veces me iba a atropellar, desde una simple bici a un puto camión; un Chihuahua me mordió y lo mande al quinto pino; las putas palomas decidieron hacer cagadas en grupo sobre mí; fui aplastada y casi ahogada ante hordas de fangirls, que al parecer el marica de turno estaba dando sus cosas cerca; me choque con una señal y la partí por la mitad; y unos niñatos me dieron con su pelota de mierda en la cara y pues me desquite con ellos. ¡Pero ahora viene lo mejor! ¡Invocaron a alguien para extender mi sufrimiento al extremo! ¡Una niña! ¡Sí, una puta niñata! ¡Una puta pesadilla!

Cuando apareció, el sol estaba yéndose poco a poco por el horizonte, me senté en un banco de un parque grande y lleno de niños; y estaba tal enfadada por todo que se olía por kilómetros y nadie se atrevía a acercarse a mí, salvo ella.

Una pulga que ni siquiera habrá aprobado la primaria, que tenía el pelo pintado por un azul verdoso. Recuerdo muy bien su cara, sus dos ganchillos de margaritas, su conjunto de ropa con la rata de Disney y esa cara… ¡Esa cara tenía una sonrisa que decía claramente que había encontrado al idiota de turno para fastidiarle! ¡Con eso me miraba! ¡Y eso me ponía más enfadada! ¡Nadie se iba a burlar de mí así cómo así!

-¿Qué miras?- Le dije todo lo más desagradable que pude.

-A una negra.- Mi enfado aumentaba por momentos.

-¡Oh, qué gracioso! ¡Mira cómo me parto de la risa!- Ironicé.

-La ironía es tan sobrevalorada.- Estaba llegando a mi límites.

-¡No estoy de buen humor para soportar niñatos! ¿Entiendes?- Eso se lo decía, mientras le mostraba mi puño.-¡Así que déjame en paz y juega con tus ponis o mierdas parecidos!- Se lo deje bien claro. Otra cosa es que se paso mi advertencia por su coño.

-¿Niñatos? ¿Dónde?- Tras decir, empezó a actuar cómo si buscará a alguien, miró de un lado para otro, al suelo, entre sus piernas y al cielo; y cuando dejó de hacer la gillipollas, me dirigió su asquerosa mirada y la muy subnormal me señalo con el dedo.-¡Tú!-

Pude aguantar mis ganas de pegarle la cara, pero grité. Grité con todas mis fuerzas y pareció que todo el parque hubiera sufrido un terremoto.

-¡¡Tú eres la puta, la grandísima puta niñata de los cojones!!- Casi me quede afónica. Su rostro no cambió, seguía teniendo esa repugnante sonrisa.

¿Quería despertar al león? ¿Provocar algo parecido a Hiroshima? ¡Por qué parecía que iba a ir por ese camino!

-Pobre chiquilla, no sabes lo que hablas. Soy un general. He ganado miles de batallas, he humillado negros y blancos por igual y cuando conquistaba cuidades, violaba a sus caballos y mataba a sus mujeres. ¿O era al revés? La cuestión, es que hice una revolución y eche a la reina y ahora estoy buscando nuevo monarca para los Estados Unidos.-

¿General? ¿Batallas? ¿Reina? ¡Esa niña parecía no estar en sus cabales! Soltó una sarta de tonterías que lo único que hicieron era llevarme a la ebullición. Se me olvido decirte que llevaba un paquete, con la imagen de una corona. La abrió y estaba un pastel. Me preguntaba por qué hacía eso, pero sabía que no era nada bueno, aún así baje la guardia.

-¿Qué intentas hacer?- Le pregunté.

-¡Darte la corona!- Al parecer en su idioma, dar la corona era tirar una tarta a la cara de alguien. Ese alguien era yo. Me llenó la cara de nata y chocolate y ahí fue el momento en que me rompí. El volcán explotó violentamente. ¡Eso era lo quería ella! ¡Sacar toda mi ira y enfado! ¡Y lo iba a pagar muy caro!

Entre risas, se echó a correr y yo la perseguí. La muy puta era cómo una gacela pero poco a poco la alcanzaba. Solo tenía ojos para ella, para romperle la cara y los huesos, y dejarla invalida de toda la vida. ¿Qué voy a acabar en la cárcel por eso? ¿Y qué? ¡Fue culpa suya, yo se lo advertí! En fin, estaba tan concentrada hacía mi objetivo a descuartizar que me chocaban con todo tipo de cosas, personas, bicicletas y papeleras. Todas esas mierdas me retrasaron y esa payasa salió del parque.

Pero pude seguirla y entramos en tu puto barrio, ese en el que sus callejuelas están muy estrechas y muchas no tienen salida, los balcones casi se tocan y está lleno de ancianas. Esa idiota se había metido en el peor sitio y estaba decidida a que no iba a salir consciente de ahí, eso sí evitaba que pudiera escapar del lugar. Ella cada vez corría menos, significaba que se estaba cansando y intente correr mucho más rápido y casi la alcance.

-¡Ya te tengo, hija de puta!-

Estaba a poco centímetros de atraparla por su camiseta, pero bruscamente giro hacía la izquierda y yo no me pude para y choque contra la pared de una casa. ¡Casi me parto la nariz!

Cuando me recupere del duro golpe, vi que la habría perdido de vista y apreté mis puños lo más fuerte que pude. Entre en la calle por la que habría escapado y vi que no tenía salida, pero no la veía.

-¡Esa puta se ha escapado!- Me dije. Entonces escuche su infame voz.

-¡¿Hey, Lafayette, me estás buscando!?-

Lo primero que pensé era cómo sabía mi apellido, lo segundo dónde estaba mientras miraba por izquierda y derecha, y la tercera es que estaba en un balcón de esos. Acerté.

-¡¿Qué coño haces ahí!? ¡¿Cómo sabes mi apellido!? ¡¡Baja de ahí, gallina, que te quiero dar lo que merece un subnormal como tú!!- Le grite desde el suelo.

Entonces vi cómo jugateaba con un móvil, uno táctil de esos y que me recordaba tanto al mío. ¡En realidad, era mi móvil! ¡Me lo había robado!

Entonces registre todos mis bolsillos y no lo encontraba. Mientras descubría todo eso ella decía:

-¡En tu móvil dice que te llamas Marie Loise Lafayette! ¡Oh dios, eres todo una heroína nacional! ¡Muchas gracias, por habernos librado de la Pérfida Albión! ¡Y por provocar la Revolución Francesa! ¡Por haber matado tantas contrarrevolucionarios en el campo de Marte! ¿O eran revolucionarios? ¡Bah, no importa!-

¿Por qué te ríes tanto, Mao? ¿Justicia divina? ¡Ese móvil no lo robe al payaso eso, sino me lo prestó! ¡Sí, cuándo me de la gana! ¡De todos modos, ya no puede recuperarlo! ¿La razón? ¡Escucha, estúpida!

-¡¡Devuélveme el móvil!!- Le grité.

-¡Pues devuélveme el Antiguo Régimen, franchuta maleducada!- Me gritó.

¡Deja tus putas risas para otro momento, joder! ¡Ya conozco la puta manía que tenéis con llamarme francesa! ¡Nací aquí, en Springfield! ¡Mi familia es de la puta Luisiana! ¿Estados Unidos? ¿Qué Luisiana fue parte de Francia? ¡Y fue una colonia Española! ¿Y qué? ¡Que no soy francesa!

En serio, es por esto que odio mi apellido. Le dije claramente que era muy estadounidense, incluso se lo repetí dos o tres veces.

-¿Si eres estadounidense, entonces por qué hablas español?- Ya rozaba el umbral de lo absurdo.

-¡Qué coño dices! ¡Te estoy hablando en perfecto inglés! ¡Y tú también! ¡Nadie en este lugar ahora mismo habla el idioma de los mejicanos! ¿Te caíste de pequeña por la cuna o qué?- Eso le grité.

-De pequeña fui Cleopatra.- En ese momento comprendí que le estaba siguiendo el puto juego y me sentí muy imbécil.

Me fui a las ventanas y al tener rejas, ayudaban a subir a los balcones, así es cómo se subió ella. No le dio tiempo a escapar, por qué la pille. Por fin había llegado la hora de los golpes.

A pesar de que estaba acorralada, aún mantenía esa repugnante sonrisa, pero yo estaba confiada de que se la iba a borrar con mis puños. Hasta se atrevió a decir algo:

-¡Oh Romeo! ¡Ya estás aquí!- Solo decía estupideces.

-¡Prepárate!- Le dije claramente y me puse pensar cómo empezar. ¿En la cara? ¿En el estomago? ¿Doblarle los brazos? ¿O las piernas? ¿O partirle el cuello? Había tantas opciones pero elegí un clásico. ¡Iba a romperle la cara con mi puño derecha! Lo levante y lo ejercite muy bien y intente ponerme en la posición en la iba a ejercer con más fuerza contra su rostro. Perdí un tiempo valioso pero esa enana no huyó, pero si pudo detenerme. ¿Cómo?

Pues usando mi móvil de última generación cómo escudo. Y fue en el momento instante en que mi puño estaba a mitad de camino hacía ella. Yo me quede congelada, esa cosa era muy, muy cara para romperla en pedazos.

Instintivamente, fui a por el brazo en dónde tenía mi móvil para quitárselo, no sé cómo lo hizo pero el móvil se escabulló por su manga y durante el forcejeo bajó hasta sus pantalones, y luego sin saber cómo y con qué intención metió mi móvil entre su coño. ¡Sí, es verdad! ¡Se lo metió ahí! ¿Asqueroso? ¡Pues claro que sí, estúpida pero en esos momentos no me importaba! Yo le decía:

-¡¡No metas mi móvil ahí, guarra asquerosa!!- Eso era y ella empezó a decir cosas.

-¡¡¿Qué estás haciendo!!? ¡¡Ay no!! ¡¡Ayuda, Policía!! ¡¡Una enferma me quiere robar la virginidad!! ¡¡Mamá ya no seré pura y inocente!!- Eso gritaba ella.

-¡No digas esas cosas! ¡Lo van a malinte…- Ahí me dí cuenta en que esa era su intención. Así que me di prisa en quitárselo, bajándole los pantalones y las bragas incluso. Es verdad que visto desde fuera parecía otra cosa.

¡Ya no me podría detener, estúpida! ¡Me di cuenta demasiado tarde! ¡Yo habré robado pero jamás he violado! ¡Te cuenta la verdad! ¡Si le dices algo a la policía te mato!

Al fin pude conseguir mi móvil, a costa de quedar cómo una pedófila, pero lo conseguí, y a pesar de sus molestos gritos, nadie apareció y eso me alivió.

Pero no fue así por qué vi que mi móvil estaba realizando una llamada, y una persona había escuchado todo el forcejeo, y lo peor es que era a mi madre. No decía nada, no se escuchaba pero la llamada seguía, tampoco yo dije algo ni la payasa esa.

Tras unos segundos de silencio, lance un grito y cometí la mayor estupidez que hice en siglos, tire el móvil al suelo y lo aplaste con mi pie varias veces sin parar, hasta dejarlo hecho papilla. Trescientos dólares tirados a la basura. Grite de dolor y me senté mirando fijamente al cielo, pensando en lo que hice.

-¿Sabías qué eso que has roto ha sido tu móvil?- Se estaba burlando en mi cara.

-¡Cállate, Capitán Obvio!- Eso fue la única cosa que pude decir.

¡No te rías! ¡Ha sido un shock terrible para mí! ¡Estuve mucho rato! ¡Horas, incluso, y con la boca abierta, llorando cómo nunca!  ¡Y esa maldita se escapó!

Cuando pude volver en mi misma, salte del balcón y anduve cómo un zombi por allí hasta llegar al mismo parque donde había conocido a esa niñata. No sé por qué volví allí y por que me senté en el mismo banco, y al poco rato esa subnormal volvió a joderme aún más la vida. Se quedo ahí, mirándome fijamente, tras un buen rato intentando ignorarla tuve que decirle algo.

-¡Déjame en paz, ya he tenido suficiente de ti!- Le grité.

No dijo nada, siguió mirando con esa asquerosa sonrisita, aunque en aquel momento ni de vivir tenía ganas.

-¡Sasha, por fin te encontré!- Ésta reacciono al escuchar esas palabras entre las miles que inundaban el parque.

-¡Hola mamá!- Levante la vista y vi a una chica casi igual que la otra, pero mucho más grande y parecía tener mi edad, demasiado joven para ser madre, aunque en realidad no lo era. Se acercó a nosotros con una bolsa.

-¿En dónde estabas? ¡Me tenías muy preocupada, pensaba que te habría pasado algo! ¿Compraste el pastel que te pedí?-

-¿Qué pastel? ¿Dónde?- Le decía ella mientras se hacía la tonta. Ya comprendí el origen de ese pastel que me tiró a la cara.

-¡Ya sabía que algo así pasaría, así que me he pasado por allí a comprar el pastel! ¡Espero qué aún tengas el dinero!-

-¿Tú eres la madre de esa niña?- Le pregunté.

-No, soy su hermana…- Me miró por un rato. -Por lo que veo parece que mi hermana le ha causado muchos problemas…- Al parecer su hermanita era experto en hacer sufrir a los demás.

-¿Problemas? ¿Problemas?- Grite e iba a soltarle una cuantas perlas, pero mejor decidí callarme y termine- Da igual…- Ella se calló, miró el pastel por unos cuantos segundos y entonces me lo ofreció.

-¡Toma! ¡Te ves triste, así que tal vez un pastel te podría alegrar! ¡Son muy baratas, están de ofertas en la tienda de aquella esquina, así que no te preocupe!- Era lo más parecido a un regalo que me hicieron en todo el día.

Y luego mandó a esa horrible niña que me dijera perdón. Su primer intento sonó tan poco sincero que la obligó a hacerlo mejor. Tras despedirnos, decidí comerme el pastel, pero después de lo que me pasó me sabía a poco. Mandar a su hermana al hospital hubiera sido un mejor regalo de cumpleaños.

Así terminó su historia y a Mao no le pareció tan horrible escucharlo, después de todo le hizo mucha gracia y disfrutó mucho del sufrimiento de Lafayette. Pensaba que ojala tuviera ella tuviera más días así.

-¡Ha sido mejor de lo que esperaba!- Le dijo en tono de burla amarga.

-¡Oh gracias! ¿Disfrutaste, verdad? ¡No te preocupes, yo me encargaré de que tu vida también se vuelva una mierda!- Eso le replicaba Lafayette, ironizando.

-Eso es lo único que sabes hacer, después de todo…- Y Mao siguió burlándose de ella.

-¿Para qué te cuenta a ti estás mierdas? ¡Si te alegró la vida por ello!- Gritó Lafayette, quién estaba dando golpes al teléfono.

-¡Eso me pregunto!- Añadió Mao.

-¡Puta china!- Entonces, Lafayette le insultó.

-¡Zorra Franchuta!- Y Mao le siguió el juego.

-¡Te partiré…- La llamada se cortó, ya que a Lafayette no le quedaban todas aquellas monedas que encontró en el suelo del parque.

Pensaba que hablar con esa estúpida de Mao fue una mala idea, pero quería consolarse con alguien. Incapaz de volver a casa, se sentó en el banco y empezó a cantar Cumpleaños Feliz, entre la oscuridad, sin nadie alrededor.

FIN

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