Sin categoría

28 de Agosto, décima historia.

28 de Agosto de 201X

Querido diario, hoy es tu aniversario. Un día como éste, pero del año pasado, decidí escribir uno. La decisión fue difícil, nunca encontré el momento perfecto, siempre ocupada, pero mi deseo de escribir mi rutina lo superó. También tuvo mucho que ver con la fragilidad de la memoria, esa sensación de que mis recuerdos solo sean una pobre recreación de lo que he vivido es muy desagradable, y tener apuntados en papel esos días que nunca regresarán me mantienen tranquila. A pesar de todos los motivos que tuve, pensaba que esta empresa iba a durar mucho menos.

No sé qué decir exactamente, mi vida apenas ha cambiado nada, sigue igual de tranquila, a pesar de sus anormalidades. Mi madre sigue aún en ese horrible trabajo y apenas me ayuda. Mi hermana sigue dando problemas y no atiende en clases. Pero no me desanimo, conseguiré que cambien para mejor. Espero que el Altísimo esté conmigo. No tengo nada más que añadir, solo tengo que hablar lo que me ha ocurrido hoy y, solo por ser el aniversario, mencionaré aquellas cosas que no menciono porque son el pan de cada día. Deseo que esto no se me haga muy largo.

Hoy, como siempre, tuve que levantarme temprano, para coger la bicicleta y recoger a mi madre. Ella trabaja cada noche en un local, en una profesión horrible, que  como siempre digo, deseo sacarla lo más rápido de ahí. El desdén que me producía ir a aquel lugar era olvidado por los primeros rayos del sol de la mañana, que me hacían reflexionar muchas cosas sobre el mundo y Dios.

Después de traerla y de que ella fuera a dormir, decidí preparar el desayuno antes de levantar a mi querida hermana. Y mientras estaba preparando su desayuno preferido, apareció en la cocina y, como me imaginaba, estaba desnuda.

― ¿Tan temprano y estás desnuda? Ponte algo que te vas a refriar. ―

― ¿Pero, qué dices? ¡Yo estoy vestida, es que eres tú, quién tiene un velo que te manipula tu visión…!  ―

Mientras ella me explicaba que el velo, maligno y horrible, me estaba manipulando la visión de la realidad, yo la llevé a su cuarto para vestirla. Le encanta hacer este tipo de cosas, ella lo llama “humor”, aún cuando muchas veces ni yo misma la entiendo. Esto le ha provocado un montón de problemas y nunca ha aprendido a controlarse, a veces sus gracias se pasan de la raya, pero aún así no es mala chica. Es normal que yo diga eso, ya que soy su hermana.

Al entrar al cuarto, perdí fuerzas al ver que estaba muy desordenado, y eso que lo limpié todo muy bien ayer, e hice un hallazgo muy feo, que no me gustó para nada. Entre unos de sus pantalones cortos, encontré una cartera y, como ella nunca tuvo una, era de otra persona. Me puse mala al pensar que mi hermana hubiera robado tal cosa.

― ¡¿Sasha, qué haces con esto!? ¡Exijo una explicación! ― Se lo dije autoritariamente. No me gusta actuar así pero hay que ponerse así cuando hacen algún error bien feo, como robar. Ella, que estaba jugando con su ropa interior, solo dio un gran “oh” y me dijo que no tenía envidia de ella.

Estaba esquivando la pregunta y eso me ponía peor, no quería regañarla y deseaba que ella no hubiese hecho tal cosa. Así que le dije que no se fuera por las ramas y me dijera una buena explicación.

― ¡Me la dio sin querer una negra! ¡Fue muy amable de su parte! ―  Eso sonó a robo. No estoy acostumbrada y no lo debo estar nunca, pero ella siempre hace pequeñas maldades, como ésta, que me hacen pensar que todo el esfuerzo que hago para hacerla una persona mejor era en vano.

Pero lo último que se pierde es la esperanza, así que tras regañarla por un buen rato, decirle que robar las carteras de otros, y en general, es de personas que, por no hacer un esfuerzo, le quitan lo que han conseguido los otros y no debe ser como ellas. Y para hacerle aprender la lección, tanto ella como yo íbamos a salir en su búsqueda, para pedirle disculpas y entregarle lo que le pertenece.

― ¡Que rollo! ¡Ser buena gente no es popular en estos tiempos! ― Esto era muchos de las quejas que hacía ella mientras le preguntaba a quién se lo quitó. Me dijo que era una chica afroamericana, pero en la cartera estaba su pasaporte y era caucásica, le pregunté varias veces lo mismo y siempre me decía la misma respuesta. También le pregunté si había gastado algo de dinero, porque en eso había mucho, no sé si actuó como si estuviera sorprendida o si lo estuvo realmente, pero esa reacción me hizo confiar en ella. Y también le di mi confianza para que me buscara la casa de la chica, y me estaba llevando hacia allí.

― ¿Seguro qué es por aquí? ―  Eso le dije mientras estábamos dando vueltas por un barrio, cuando salimos del nuestro, famoso por sus calles estrechas y sus casas de otra época.

― Lo dices como si no confiaras en mí. ― Eso me contestó ella.

― ¡No es eso! ―  Aunque la mitad de las veces en que confié en ella acabé defraudada. ― Pero llevamos dando vueltas por aquí. ―

― ¡Bah, no es nada! ¡Es que nos hemos perdido! ―  Eso me alarmó. Este barrio también es conocido porque sus calles parecen un laberinto, mucha gente se ha perdido por aquí. Hasta yo, que he estado unas cuantas veces.

Nos costó mucho salir de ahí, primero, porque me distraje por mucho tiempo viendo el escaparate de una tienda de antigüedades que había ahí y segundo, que mi hermana hizo una de las suyas.

Mientras yo estaba mirando la placa del nombre de una calle, para poder situarnos y salir de ahí, apareció una pareja, formado por un hombre y una mujer que podrían rodear los treinta. Mi hermana tiene muchas manías feas, entre ellas el de levantar las faldas de los demás y burlarse de su ropa interior, hasta me lo hizo a mí, que por algo siempre llevó pantalones. Pues ya se podrán imaginar lo que le hizo a esa señora.

― ¡Wow! ¡Qué asco de bragas, están tan descoloridas que dan pena! ―  Así lo dijo, con gran fuerza, para que todos se enterasen.

― ¡Oye, oye! ¿Qué estás haciendo? ¡Eso no se hace! ―

Lo sentí mucho por ella, quién estaba roja, de la vergüenza, empezó a decirnos cosas. No sabía que decía, ella y su marido, ya que hablaba en ruso y a mí se me daba mal esa lengua.

Mientras les pedía disculpas sin parar, se fueron hablando entre ellos, con un tono evidentemente enfadado, perdiendo una oportunidad de poder salir de ahí. Después de eso, le regañé sin parar a Sasha.

Me sentí muy feliz cuando pudimos ver una calle amplia y llena de coches, eso significaba que habíamos salido de ahí. Perdimos más de tres horas en ese lugar.

― ¿Ahora podemos ir hacia allí, no?  ― Le dije.

― ¿Y por qué no hacia nuestra casa? ― No íbamos a pisarla hasta entregarle eso, y se lo dije bien claro.

Me llevó primero hacía al ferrocarril, cuya líneas separaban a Springfield en dos, y  las seguimos hacia al centro de la ciudad, para luego ir al norte. Fue un bonito paseo, si nos olvidamos de las burradas que Sasha les hacía a los demás.

― ¿En verdad ella vive aquí? ―  Eso dije al llegar a un barrio que no parecía ser un lugar muy limpio ni agradable de vivir. Tal vez los grafitis y algunas personas que parecían dar la impresión de ser vagabundos me dieron esa imagen. Ella no dijo nada y yo al dar un paso, me detuvo con las manos:

― ¡Estamos muy cerca del epicentro! ¡Ahora hay que tener cuidado, a partir de ahora todo será peligros y más peligros, estamos entrando en su territorio! ―

Esas palabras me dejaron un poco asustada y me hacían pensar con qué tipo de gente se metía mi hermana, además de que me entraban ganas de salir de ahí lo más rápido posible; pero aún así seguimos adelante, y con el número de la policía siempre en mente. Tras entrar, según sus indicaciones, en un edificio de apartamentos, me parecía que en verdad las primeras impresiones engañaban, ya que no note algo que podría ser un sitio feo. Así llegamos a la última puerta del ala izquierda de la tercera planta y lo primero que hice fue tocar el timbre. Nadie contestó y lo volví a hacer por segunda y tercera vez, pero no hubo respuesta.

― Tal vez es que no haya nadie…― Eso dije, cuando mi hermana gritó de golpe, sorprendiéndome de paso.

― Abran la puerta, somos la policía, están arrestados por lo que sea, pero están arrestados, criminales. ―

― ¿Pero qué haces? ―  Eso le dije. ― No digas esas cosas que asustas a los demás. ―

― Esos detalles no deberían importarte, solo el que vayan a la cárcel. ― Y al decir eso, hizo la misma postura que hacen los policías cuando entraban a fuerza en otras casas. No me dio tiempo a detenerla, ya que cuando le dije que no hiciera eso, dio un golpe en la puerta, ésta se abrió y ella entró, actuando como un agente de la ley.

― ¡No se muevan ni hagan el idiota! ¡Cualquier subnormalidad que digan será utilizada en su contra más una bala en el culo! ―

Al ver el estado que estaba ese departamento me entraron ganas de vomitar y exclamar unas cuantas cosas, eso era un vertedero, no una casa, un peligro público para todos; y rápidamente entré allí con la nariz tapada, para sacar a mi hermana de ahí.

― ¡Oh, Dios mío! ― Eso le decía mientras le limpiaba con unas toallitas que tenía siempre conmigo. ― ¡Lo primero que haremos al llegar a casa es bañarnos! ―

― ¡No te preocupes! ¡Yo soy inmortal! ―

― ¡Esos lugares son unas fuentes de enfermedades! ¡No debes de tomarte esto a la ligera! ― Al decir eso, empezamos a escuchar unos ruidos, que parecían ser de almas en pena, saliendo de la casa.

― ¡Wow, mutantes, mutantes! ¡El Apocalipsis mutante ha llegado a Shelijonia! ― Le dije que no dijera esas cosas, ya que daban mala suerte y decidí aventurarme en ese lugar para ver qué pasaba, aún a sabiendas de que era la pesadilla de toda ama de casa.

― ¡Quédate ahí! ¡No te muevas! ― Le ordené a mi hermanita, no deseaba que ella entrara en esa fuente de enfermedades y me metí. No importa cuántas veces lo viera, me sobrecogía. Ropa sucia en el suelo, más restos de comida, plásticos de todo tipo y botellas de alcohol. Esas cosas más el olor nauseabundo que echaba el lugar, me hacían tener ganas de vomitar y de desmayarme, tuve que reunir fuerzas para soportar algo así. Eso era solo el pasillo y cuando vi el salón, las arcadas casi pudieron conmigo.

― ¡Oh, por favor, esto es un peligro para la ciudad! ―  Eso me dije.

Y entre aquel mar de basura, sobresalía un sofá, cuyos asientos estaban ocupados por unos pobres desgraciados, que apenas podrían levantarse, de ellos procedían esos lamentos. Intentaban moverse y mantenerse en pie, pero caían al suelo, restregando sus caras contra la basura, pidiendo ayuda.

Aquella escena sería lo más parecido a lo que podría ser el infierno, y por eso yo, estaba sobresforzándome para aguantar eso y ayudarles, porque esos hombres parecen que cayeron en el alcoholismo o algo peor, haciendo que me diera pena por ellos y preguntándome qué tuvieron que vivir para terminar de esa manera.

― ¡El gordo, el flaco y el feo! ¡Ahora con síndrome de Diógenes! ¡La película! ― Miré hacia atrás y vi que esas palabras eran de mi hermana, quién además de desobedecerme, se estaba pasando de la raya con esos comentarios.

― ¡No te burles de ellos, por favor! ¡Eso no lo hacen las buenas chicas! ―  Eso le dije, tras darle un pellizco a la mejilla, eso era un castigo por decir eso.

― ¡Tranquilízate, no seas como la policía! ― Añadió ella, como si no tuviera remordimientos por ellos y que me había enfadado por una simple tontería, le iba a decir más, pero entonces esos hombres se alteraron al oír sus palabras.

― ¿Policía? ―  Gritó uno. ― ¡Dios, la plasma! ― Eso dijo otro. ― ¡Hay que salir corriendo de aquí! ―  Entonces, como si hubiesen hecho algo horrible, intentaban levantarse de golpe para huir, pero todos sus intentos eran en vano y caían al suelo una y otra vez, mientras gritaban sin parar. Hasta alguno empezó a vomitar y toda esa escena era tan terrorífico y desagradable que no pude más, cogí a mi hermana y salimos corriendo. No me di cuenta de que ella se estaba riendo de ellos, como si eso tuviera algo de gracia, pero en ese momento, lo que me importaba era huir lo más lejos de ahí, hasta llegar a un parque.

― ¡Oh, dios, cuantas ganas de vomitar! ―  Eso me dije después de estar sentada un rato, hiperventilando, y esperando tranquilizarme, deseaba olvidar todo eso.

Tras tranquilizarme, llamé a la policía para decirles eso, y después me di cuenta de que no estaba al tanto de mi hermana y que ella no estaba a mi lado.

― ¿En dónde se habrá? ― Me dije y luego grité preocupada: ― ¿Sasha, dónde estás? ―

― Aquí, aquí. ― Eso escuché y dirigí la vista hacia dónde provenía la voz, que era obviamente de ella y que iba a hacer algunas de las suyas, ya que se estaba preparando a despertar a alguien que estaba durmiendo en un banco del parque. Reconocí a esa persona, era una afroamericana que fue molestada por mi hermana hace unas semanas. No me dio tiempo detenerla, le dio un guantazo que hizo despertar a esa chica y no estaba muy contenta por eso.

― ¿Quién ha sido? ―  Decía esas palabras mientras abría los ojos. ― ¡Oh, tú! ¡Otra vez vienes a joderme la vida! ― Y casi se iba a echar encima de mi hermana, sino fuera porque la detuve.

― ¡Lo siento mucho, de verás! ¡Perdónala! ―  Eso le decía mientras protegía a mi hermana de ella, quién no dejaba de decir palabrotas y amenazas. Al final, se pudo tranquilizar, y pudimos hablar normalmente.

―  Te recompensaré con una tarta, después de todo, ha sido mi culpa. ―

― Da igual. ― Me dijo. ― No tengo ganas de tartas ni de nada en general. ―

Por su tono de voz parecía que estaba metida en una situación difícil, tal vez por eso se le notaba bastante irascible, aunque cualquiera se enfadaría si te dieran un tortazo mientras dormías.

― ¡Pues vaya! ¡Y nosotras estamos aquí perdiendo el tiempo cuando tenemos una misión importante que hacer! ¡Estados Unidos no se salvará solo! ―

― ¿Qué tonterías está diciendo tu hermana? ―

― A ella le gusta exagerar las cosas, pero es que estamos buscando a alguien. ―  Eso le decía mientras sacaba la cartera y se la mostraba.

― Estamos buscando a la propietaria de esto. ― No sé por qué, pero vi en ella una cara de asombro que me hizo preguntar qué le pasaba.

― No es nada…― Me decía, nerviosamente. ― Solo que conozco a la tipa del pasaporte. ― Eso me alegró el día, ahora entregar la cartera era mucho más fácil, ya que habíamos conocido a una amiga suya.

― ¿Entonces los ladrones reconocen a sus víctimas? ― Las dos nos quedamos sin habla ante eso, no sabíamos a lo que se estaba refiriendo ella, aunque eso es lo que me pasa muchas veces con mi hermana.

― ¿Qué dices, idiota? ¿Estás sugiriendo que yo le he robado al alguien? ―

Añadía ella, enfadada, lo decía como si alguien le estaba acusando de algo.

― Es que yo soy Robin Hood, yo robó a los ladrones para quedarme el dinero robado yo. ―  Esa explicación me hizo entender menos lo que ella estaba diciendo y tuve que reconocerlo, que no sabía lo que decía.

― ¡No le tomes en cuenta, ella siempre dice muchas cosas incomprensibles! ―

― En fin, denme esa cosa, que yo se la entregaré. ―

Ella nos prometió que se lo iba a entregar a esa persona, pero yo le dije que nosotras deberíamos entregarlo en persona, o por lo menos, acompañarla, ya que mi intención eran disculparnos y enseñarle la lección a mi hermana. Pero se negó, quería dárselo ella sola, que nos olvidáramos de eso y volviéramos a casa. Al final, tras un buen rato hablando, se fue y nos dijo maleducadamente que hiciéramos lo que nos diese la gana, yéndose del parque, aunque nos dijo la dirección.

― ¡Por fin hemos llegado! ― Dije al ver la casa de la dirección, la cuál era igual de grande que la nuestra, pero tenía un color diferente; y el apellido que ponía en el buzón confirmaba que era el lugar, ya que coincidía con el del pasaporte. Iba a pegar en la puerta, pero entonces un ruido me distrajo y vi que había alguien que estaba en apuros, así que me dirigí a ayudarlo, aunque antes le dije a mi hermana esto:

― ¡Espérate aquí, y cuando abran la puerta! ¡Diles disculpas y entrégales la cartera! ¡Sé una buena niña! ― Ella me dijo que sí.

Tarde más de lo que imaginé y cuándo volví, vi que mi hermana seguía ahí, así que le pregunté:

― ¿Aún no te han abierto la puerta? ― Ella me contestó que sí, que ya había entregado eso y que no me debía preocupar, pero decirlo no me quitaba el temor de que tal vez me haya mentido, aún así tuvo que creerla.

― ¡Te creeré! ¡Espero que hayas lo correcto! ― Aún cuando haya sido engañada por ella cientos de veces, sigo creyéndola. Es más, deseo creerla, después de todo, es mi hermana.

Así es cómo este escrito ha terminado, cuando alguien interrumpió a la persona que lo estaba escribiendo, pegando en la puerta de su habitación para decirle algo. Ella, quién estaba sobre su escritorio muy centrada en escribirlo, paró súbitamente cuando oyó estas palabras:

― ¡Sasha, Sasha! ¡El baño está listo! ― Esas palabras procedían de la hermana mayor, Malia, quién aún no se había quitado la bata de cocina.

― Oye tú, no entres sin permiso, que estoy desarrollando mi don creativo, mi yo genio está desarrollando una gran historia. ― Malia, ni siquiera había entrado, pero aún así se disculpa. Y mientras recordaba cuándo iban a traer la puerta nueva para la habitación de su hermana pequeña, ya que no lo tenía por culpa de una pelea entre su madre y Sasha; le dijo que no la quería molestar y se iba a ir, pero su hermana la detuvo.

― ¿Adónde vas? ¿No quieres saber la gran obra que estoy publicando? ¡No puedes abandonarme así, Malia! ― Lo dijo como si estaba sobreactuando para un papel de una tragedia griega. Su hermana la hizo caso.

― Si eso te hace feliz, te lo pregunto, ¿qué estás escribiendo? ―

― Eso es secreto, pero te diré algunos detalles. Estoy escribiendo un diario.  ― Lo decía como si lo que escribía iba a cambiar al mundo.

― ¡Ah, un diario! ¡A mí, desde peque, me hubiera gustado hacer uno! Pero estoy tan ocupada que nunca tengo tiempo para nada. ― Lanzó un suspiro, al recordar que tenía muchas cosas que hacer antes de dormir. ― ¡Espero, que te vaya bien con el proyecto! ― Y con esas palabras de ánimos, se fue a la cocina.

Y al verla irse, su hermana pronunció estas palabras en voz baja: ― No te preocupes, después de todo es tu diario, no el mío, hermanita. ―

Entonces, con sus escritos bajo a la luz de la lámpara y tras decir eso, nuestra narradora empezó a reír maniáticamente, como si hubiera hecho algo gracioso.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s