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Directas al hospital, doceava historia

Primera narradora: Josefina Porfirio Madero

El verano ha llegado a su fin y un nuevo curso escolar comienza. No solo eso es nuevo, también es la escuela a la que voy. Como dijeron mis papás ayer, la secundaria será un nuevo comienzo, tendré nuevos profesores, nuevos compañeros, y que no iba a parecerse, para nada, a la primaria.  Estaba realmente muy entusiasmada con todo esto, tanto que me dormí muy tarde y pues me desperté muy tarde. Mi madre me regañó mucho, diciendo que no debería volver con la vieja tradición.

Si iba a llegar tarde, también era por su culpa, por regañarme, y hacerme perder un montón de tiempo. Después de todo, tenía que bañarme, ponerme la ropa adecuada, desayunar y eso son muchas cosas que hacer. Y no solo era su culpa, también los profesores, por ponernos estos horarios tan horribles. ¡Y siempre nos echa a nosotros, los niños, la culpa de todo! ¡Qué rabia dan! ¡Malditos adultos!

¿Por qué se sorprenden de que vaya a secundaria? ¿Qué soy muy infantil para estar ahí? ¿Qué dicen? ¡Soy toda una adolescente! ¡Con mucho esfuerzo las aprobé todas, ninguna se me quedó! ¡Así que no me digan más eso! ¿Qué me dejé de tonterías y siga con el relato? ¿Qué quieren decir con eso? ¡Vale, vale, ya sigo contándolo, no se enfaden así!

Antes de salir de casa, llamé a una amiga, la única que pude conseguir en la escuela, esperando que me contestará. Estaba preocupada y ella no daba señales de vida desde haces días. Se llama Elizaberth Von Schaffhausen o algo así, el apellido es megararo. ¿Dicen que no les importan en absoluto eso? ¡Qué desagradables sois!

Pues bueno, me dirigí hacía la parada, ya que me iban a recogen en un autobús escolar, la que estaba tres calles arriba. Durante todo el camino me imaginaba cómo sería mi primer día.

Me los imaginaba más maduros, más inteligente, y muy poco infantiles. No serían como aquellos chicos de primaria que me quitaban del medio por hablar inglés, y se burlaban de mí por no saber ruso. No, serían personas maravillosas, incapaces de discriminar a nadie por hablar otro idioma o por sus costumbres o por proceder del continente. Haría amigos a montones, y incluso tal vez podrían haber entre ellos gente misteriosa y nada fuera de lo común.

¿Y si en mi clase hubiera un superhéroe o un vampiro o magos? ¡Podría tener un millón de aventuras, e incluso un romance! ¿Se lo imaginan? ¡Ah, vale! ¡Perdón por no seguir con el relato y contar mis fantasías!

Pues verán, yo, al llegar a la parada, estaba tan metida en mi mundo, imaginando que me encontraba con un vampiro que se enamoró de mí, que el autobús escolar pasó de largo, dejándome tirada; y sin darme cuenta que dos amigas que conocí en el verano estaban sentadas ahí. Se llaman Alsancia-Lorena, una chica megamona, y Mao, una asiática megavaga, y fue ella quién me trajo a la horrible realidad con estas palabras:

― ¡Hey, colombiana! ¡Vuelve a la vida real! ―

Sorprendida por verla ahí, utilizando ropa china incluso en ese momento, le dije que hacía ahí y porque me llamó así, cuando soy una mexicana. Ella no me contestó, no porque quiso, sino porque miré por todas partes, viendo a la gente que pasaba por la calle, viéndome y soltar unas risas, y le grité que había hecho.

― Solamente te pusiste a decir cosas sobre un vampiro que se te ha enamorado de ti, y que te ha salvado la vida y cosas parecidas. ―

Deseaba que la tierra me tragase, y darme unos cuantos tortazos por hacer la ridícula en mitad de la calle. Grité de la vergüenza y deseando volver atrás en el tiempo para evitar la escena que hice.

― Y no solo eso, se te ha escapado el autobús. ―

Grité otra vez, no solo porque iba a faltar mi primer día de clases, sino que mi madre me matará por faltar. Me la imagina con la chancla especial que tiene para pegarme en el trasero y pues todo el horror. Para olvidarme de eso, y al ver a una Alsancia, megalinda, durmiendo en la parada, con Mao, decidí hablar con ella, teniendo un tema en mente:

― ¿Qué haces tú aquí? ¿Y Alsancia? ¿Vais al instituto? ¿Juntas? ¡Yo también voy, es mi primer día y espero mucho de esto! ¡Estoy tan animada! ¡Bueno, eso debería decir, si no fuera porque el camión se me ha escapado! ¡Y está muy, muy, lejos mi insti! ¡Tanto que me doler…! ―

Y entonces Mao me tapó la boca, diciendo que me tranquilizara peruana, que es demasiado pronto para soportarme. Eso me molestó un poco, la verdad, pero lo ignoré porque ella es mi amiga. Y al quitar su mano, le iba a decir que era mexicana y pues ella me hizo eso otra vez. Me habló entonces de que no debería hablar, ya que Alsancia estaba durmiendo y todo eso. Por eso me callé, para dejar descansar a mi amiga. ¡Yo siempre trato muy bien a mis amistades!

Segundo narrador: Mao Shaqui

Vuelvo a repetirlo, no me gustan los interrogatorios, así que no se ponga a actuar como el policía malo. Como iba diciendo, pude callar a Josefina por un rato, solo unos minutos. No quería que sus extensas charlas sin sentido pudieran despertar a Alsancia.

¿Mi relación con ella? Pues de amistad, nos hicimos amigas en el verano. Josefina la traía, a veces, a mi casa o otras ella era la que llegaba. También me encontré con sus padres, quiénes muchas veces me cargaban el muerto porque ellos últimamente no llevan una buena relación y Alsancia se sentía mejor con nosotras. No me importa, en absoluto, es una buena chica y me cae bastante bien, me gusta que esté en mi casa. También Josefina, pero me provoca problemas y dolores de cabeza. Pues, en fin, me pidió llevarla al hospital por una simple revisión médica y yo lo acepté. Luego, nos sentamos en la parada de autobús, se quedó dormida y apareció la española o boliviana o de dónde sea, quién me dijo, al final, esto:

― Ahora que he perdido el camión, ya no podré ir al instituto. Así que, no hay remedio. Y por eso, ¿puedo ir con vosotras, por favor? ¡Será divertido, sería como una aventu…! ― Le tapé la boca de nuevo porque ya estaba hablando de más y, con el tono tan alto que tiene, podría despertar a Alsancia.

Pues así estaba la cosa. Sin saber ni siquiera adónde íbamos nos preguntaba si podría ir con nosotras. Me imaginaba qué pasaría si le dijera que sí, estaría todo el rato sin parar de hablar, provocándome otro dolor de cabeza, y molestando al resto del hospital. Es más, aunque no lo sepa ella, crea problemas y no podía adivinar que provocaría en un lugar como ese. Por tanto, me gustaría haberle dicho que no, pero, entonces, estaría molestando sin parar hasta que aceptara, y cuando está en ese plan es horrible, tanto que decidí decirle que sí, solo por eso.

― ¡¡Yupi!! ¡¡Gracias, Mao, de todo corazón!! ¡¡De ver…!! ― Le tapé la boca otra vez. Estaba gritando, la muy loca y eso que le dije que Alsancia estaba durmiendo.

― ¡Vamos a ir a una revisión médica! ¡Alsancia está cansada! ¡Así que si quieres ir, mantente callada! ¿Vale? ― Esperaba que con esto se podría callar de una vez, y lo hizo. Tras mover la cabeza afirmativa, se calló como una buena niña y se sentó junto a la italiana.

Cinco minutos después, el autobús llegó. Josefina se levantó rápidamente y se metió y no paraba de decirnos, con su habitual y agotadora energía, que subiéramos. Yo era incapaz de despertar a Alsancia, me daba mucha lástima despertarla y pues decidí cogerla en brazos, con cuidado de que no se diera cuenta, porque no le gusta que le traten como una niña. Yo no pensaba que me iba a costar, ya que era como una chica de seis o siete años.

Me fastidio el hecho de que tenía que pagarle el billete a Josefa, ya que ésta no llevaba ni un dólar en su mochila. Nos sentamos en los primeros asientos que vimos, es decir, en una de las primeras filas. La mexicana seguía fiel a mi orden, llegando el punto de exagerar, tapándose la boca con las dos manos. Le decía mentalmente que no hacía falta eso. Como estaba sentada, delante de mí, decidí mirar a mi lado, dónde estaba Alsancia, y vi que estaba despierta. Estaba muy roja y me miraba tímidamente varias veces, como si me quería decir algo. Verla así era demasiada ternura para mis ojos. Entonces una voz brusca y molesta, que me era muy familiar, atrajo mi atención.

Al sentarse, vi que esa persona cuya voz me era tan familiar estaba vestida de una forma muy sospechosa. Es decir, llevaba una gabardina, a pesar de que aún hacía algo de calor; se cubría la cabeza con un sombrero y se tapaba los ojos con unas gafas de sol.

Y estaba muy nerviosa, porque no dejaba de mirarnos sin parar cada cinco segundos. Al final, empecé a sospechar que era ella, Lafayette, y para comprobarlo decidí escribirle un mensajito.

-¿Tienes boli y una hoja de papel, Josefina?- Al decirle eso, ella me dio encantada y sin preguntar esas cosas.

Ahora mi duda en aquel momento era esta: ¿Qué mensaje le pondría? ¿Cuál frase sería el más insultante que podría dedicarle? Obviamente esas eran mis razones, fastidiarla. ¿Por qué? Si le digo la verdad, es que se ha vuelto una costumbre, la odio con todo mi pesar y cada vez que la veo solo tengo ganas de enfadarla sin parar. Siguiendo con mi historia, no encontraba una buena y genial saludo para ella. Todos los que me imaginaba eran pura basura, mi creatividad en ese momento era cero patatero. Al final, tuve que recurrir a un clásico: “¡Vive la France!”.

Es normal que me digan que eso no es un insulto ni nada parecido, pero para ella sí lo es, está harta de que la relacionen con Francia y cualquier cosa sobre esa nación la altera muchísimo. Y eso pasó, ya que cuando ella volvió a mirar hacia atrás, yo le enseñé el mensaje y ella me hizo un corte de manga, además de que me dijo puta. Esa palabra me mosqueo y arrugué el papel hasta hacerlo una pelota y tirárselo a la cabeza. Se levantó toda enfadada y se fue hacia mí, dispuesta a darme una paliza.

Tercera narradora: Alsancia-Lorena Musolini

Lo siento mucho, de verdad, pero mis declaraciones sobre lo ocurrido serán escritas, ya que sufro una tartamudez que me impide hablar. Perdón, de verdad.

Pues ese día, tenía que ir a una revisión médica y estaba siendo acompañada por Mao, que fue muy amable conmigo y aceptó mi petición. Por lo demás, me quedé dormida en la parada y cuando desperté, estaba en el autobús, y me sorprendí que Josefina estuviera con nosotras, tapándose la boca. Me preguntaba una y otra vez que había pasado mientras yo dormía, y deseaba preguntarlo, pero me daba bastante vergüenza, no deseaba quedarme atascada en la primera palabra, como siempre.

Entonces, Mao le pidió a Josefina papel y bolígrafo y empezó a escribir algo, con una sonrisa que indicaba que iba a molestar a alguien.

Yo lo he visto sonreír así cuando quería meterse con unas chicas que ella dice que odia. Aunque, bueno, yo me quedé mirando como intentaba escribir, sin saber que iba a hacer. Cuando terminó, el papel que escribió lo levantó y al poco rato, se enfado, hizo una bola con eso y lo tiró.

Yo no sabía que ocurría y que estaba haciendo ella, pero me hubiera gustado pararla porque ante nosotros se puso una persona muy sospechosa, demasiado, que había venido con pocas intenciones de hablar.

― ¿Sabes que la carne de burro no es transparente? Así que, ¿por qué no vuelve usted a su sitio? ― Esas palabras que Mao dijo con tanta naturalidad no mejoraban para nada la situación. Deseaba decirle que se detuviera y que pidiera perdón a la persona sospechosa, porque tenía miedo de que le hiciera daño. ¿Y si era un loco capaz de apuñalarlo por una tontería? Tenía toda la pinta de serlo.

Miré a Josefina con la esperanza de que dijera algo a Mao, pero seguía con la boca tapada, temblando de miedo. Y yo tampoco era incapaz de decir algo, ya que cuando más nerviosa estoy, más incapaz soy para hablar. Odio mi tartamudez, por estas cosas, podría haber evitado que Mao no hiciera esas cosas, ya que después de todo soy mayor de edad y por tanto la que debería controlarla o ayudarla. Aunque si les digo la verdad, parece que la menor soy yo porque ella siempre me ayuda en todo lo que puede. En ese momento me sentí tan incompetente, incapaz de hacer algo, que me todo mi ser me daba asco. Siempre es así, me siento un parásito que utiliza a los demás para poder sobrevivir y me es imposible ayudarlos, todo por este maldito cuerpo que tengo.

No solo el nerviosismo aumentaba mi incapacidad para decir algo, también, a veces, me pone mala. El silencio, que duro poco y que había entre Mao y esa persona sospechosa, no me mejoraba, es más, en ese momento mi estomago empezó a doler. Y lo peor fue cuando esa persona le intentó golpear. Yo intenté gritar a Mao, pero lo único que conseguí es que se me pusiera peor el dolor de barriga. Qué suerte que ella le detuvo el golpe pero solo fue el inicio de una fea pelea entre ellos.

El dolor de barriga se volvió ansias y la cabeza me empezó a doler. Las ganas de vomitar me hicieron mirar hacia abajo, instintivamente, y me tapé la boca. Luchaba fuertemente por aguantar, no quería hacer algo muy desagradable en medio de un autobús.

No sabía cómo se desarrollaba la pelea, solo oía voces, multitudes de voces, entre ellos, la de Josefina, quién decía que no deberían pelear por la paz mundial. Y con cada segundo que pasaba, yo empeoraba.

Mi cabeza llegaba al punto de parecer que me iba a estrellar y nadie se daba cuenta de lo mala que me había puesto. Tal vez, la pelea era tan vistosa que nadie se daba cuenta de mi horrible estado.

Me decía sin parar que tenía que haberme traído una bolsa para vomitar, o por menos ser capaz de preguntar a alguien si las tenía. Y empecé a imaginar porque me había puesto tan mala de repente. Me preguntaba si era la comida, pero sabía bien que mi madre siempre evitaba las comidas que eran peligrosas para mí. También pensé si era el típico mareo cuando uno tiene al ir en un medio de transportes, pero a mí nunca me pasaba eso en un autobús. U otra cosa que me imaginé es que me tomé mal las pastillas, ya que eran muchas; pero sabía que los había tomado todos. De todas maneras, todo esto era para olvidarme de que deseaba vomitar y poder aguantar, pero era imposible, estaba llegando a mi límite, sentía que la comida ya me estaba llegando a la boca.

Al final, tuvo que ocurrir, eché el poto, mientras pensaba que no me iban a culpar por vomitar en el autobús. Cerré los ojos para no ver expulsaba todo lo que comí esta mañana y cuando los abrí, vi que alguien estaba a mis pies.

Apenas veía quién era, mis ojos estaban muy humedecidos, y tampoco estaba en buenas condiciones. No solo vomité y me dolía horrores la cabeza, también me entró fiebre y apenas podría abrir los ojos. Me quedé, mirando al techo, o eso intentaba, mientras me recuperaba del esfuerzo que hice para expulsar lo que tenía en el estomago. Luego, incapaz de saber que estaba pasando a mi alrededor, los cerré para dormir, ya que estaba tan hecho polvo que lo mejor era tener una siesta. Por eso, no pude recordar nada más de lo ocurrido. Lo siento mucho, la verdad.

Cuarta Narradora: Marie Louise Lafayette

¡Lo primero que diré es que yo no fui la que empezó esa estúpida pelea en ese puto autobús! ¡Fue la china esa, Mao! ¡Ella es la culpable, fin del asunto! ¡Así que dejen de molestarte, policías de pacotilla!

¿Por qué iba con unas pintas tan sospechosas? ¿Por qué falte al instituto? ¿Por qué me enfado por tales tonterías? Yo también tengo una pregunta para ustedes, ¿por qué no se callan de una puta vez? ¡Esto parece un interrogatorio! ¡Ah, que lo es! ¡No lo sabía, mis queridos agentes de la ley!

Vale, vale, hablaré, no tengo ganas de pasar un día en el calabozo. Pues verán, falté al instituto porque me da la gana, así de sencillo. También me puse esa ropa porque hacía frío. ¿Por qué me miran así? ¡Vale, vale, lo reconozco! Me puse esa ropa para que el puto conductor no me reconociera.

¿Qué razón tenía yo para hacer eso? ¡Sí, ustedes lo deben saben! En fin, ese gilipuertas me acusó de dejar a su madre inválida. ¡Es todo mentira! Ella me estaba estorbando y solo la quite de un lado, a mi modo. Que resultará herida no fue mi culpa, sino la suya.

Todo salió bien, ese capullo no me reconoció y yo iba montada en el autobús directa a mi destino, toda feliz, hasta que llegó la china de mierda y su tropa. Me puse nerviosa por eso, temiendo que ella me descubriera, y la muy hija de puta lo hizo, no sé cómo. Y tuvo el descaro de escribirme un mensajito, ¡para partirle la cara! ¿Qué no era para nada insultante? Pues sí que lo es, me estaba llamando franchuta en mi cara y no se lo iba a permitir, ni a ella ni a ustedes ni a nadie. Y yo me acerqué a ella en misión de paz, solo a darle una pequeña advertencia, pero me insultó, otra vez, diciendo que era una burra. Por eso, le lancé un puño directo a su cara, para romperle todos los dientes y por desgracia la muy puta china me detuvo. ¡Qué asco que sea tan buena peleando!

¿En serio quieren que yo les narre, detalle a detalle, cómo fue la puñetera pelea? ¡Ustedes son idiotas! ¡Narrar peleas es de putos y me da hueva hacerlo, solo eran puños, patadas, cabezazos, más puños, más patadas y todas esas mierdas! Pse, lo único que tenía en mente era reventarle los dientes y romperle el cuello pero ella no se dejaba, intentaba hacer lo mismo que ella y el maldito autobús parecía un gallinero, con todos esos maricas gritándonos sin parar que debíamos dejar de pelear, llegando al punto de que el conductor parase el autobús y se puso a decirnos que teníamos que dejar de luchar y bajar de ahí.

Pero ni yo ni la china les hicimos caso, seguíamos con lo nuestro. Y en algún momento ella fue capaz de tirarme al suelo, de una patada. Por su culpa, se me cayeron las gafas de sol y el conductor me reconoció, y una de las amiguitas de Mao gritó mi nombre.

― ¡Ah, eres tú, eres la que dejo invalida mi madre! ― Me gritaba eso mientras intentaba llamar a la policía, a vosotros. ¿Y decís que por qué eso yo lo golpeé? Para que mentir a estas alturas, yo no se lo permití, por supuesto, lo dejé K. O. de una patada, tras levantarme y decirle esto:

― ¡Cállate puto, deja de decir mentiras o te parto la cara! ―

Y eso me distrajo, porque ella intentó ir a por mí y yo la esquivé. Después la cogí del cuello para ahogarla y la muy puta pudo liberarse de mis garras, tras darme un codazo en el estomago y tirarme al suelo. Entonces casualmente, caí a los pies de una de las niñas de Mao. Cerré los ojos por unos segundos por culpa del dolor que sentí en mi cabeza, y cuando los abrí, la vi, intentando escupir algo. Se me estaba cayendo su saliva en la cara y cuando me di cuenta de lo que iba a hacer fue demasiado tarde. Vomito encima de mí. Sentí como una nauseabunda y desagradable papilla caía sobre mi cara, no podría gritar no abrir los ojos, porque se me llenaría de esa mierda. Jamás en mi vida, me había pasado algo tan horrible y me quede en stock, incapaz de aceptar que eso me había pasado. Entonces esa perra de Mao aprovechó para coger a esa malita, quién me echó su desayuno encima, y a la otra idiota para huir.

Cuando pude reaccionar, lo primero que hice fue buscar algo que limpiar, gritando como nunca y desesperadamente, sin poder ver adónde iba. Al ver que esto no estaba funcionando, tuve que usar mi gabardina para limpiar mi cara. Y al tirarla al suelo, grite mi promesa:

― ¡Juro, juro que esto no quedara de rositas! ¡Te mataré, niñata de mierda, te mataré! ―  Lo decía metafóricamente, por supuesto, yo no pensaba realmente matar a nadie. Y entonces me di cuenta de que no estaban, y salí del bus y las veía a las tres, corriendo como nunca, con Mao llevando a la malita a cuestas.

― ¿Adónde vas con la malita a cuestas, maldita china? ¡¡Maldita, no te la lleves que le voy a explicar una bonita lección!! ― Les gritaba.

― ¡Ni en tus sueños! ― Eso me gritó la muy puta de Mao.

Quinta Narradora: Nadezha Vissariónovich Dzhugashvili

Me pregunto para qué me han llamado, yo no he cometido ningún delito. ¡Ah, es por esa llamada que me hicieron! Yo ya pensaba que era raro que me interrogaran por un incidente en el que no he estado involucrada. Yo estaba en mi primera clase del día, escuchando como el profesor nos explicaba que era nuestra asignatura cuando la melodía del móvil sonó.

Él nos preguntaba de dónde procedía el himno de Rusia que todos estaban escuchando. A lo primero, intenté pasar de mi teléfono, para que nadie notara que era mío y al ver que no se callaba, tuve que pensar en otra idea.

― ¡Si esta molestia continua voy a castigarlos a todos! ― Eso dijo el profesor cuando se harto de esperar.

Por suerte, el móvil lo llevaba en los bolsillos y pude apagarlo sin que nadie lo notara, o eso creía, porque al decir que me iba a ir al baño, el profesor y todos los demás me miraron raro, parecía que me habían descubierto. Mientras me dirigía hacía la azotea, pensaba quién era.

No fui al baño, porque ese lugar es vomitivo, por lo menos de las mujeres; el agua del water se filtra por el suelo, un olor a poros ocupa el lugar, allí la gente hace cosas de las más repugnantes posibles. En fin, poca gente se atreve entrar ahí. ¡No se pongan así! ¡Ustedes son policías, deben haber visto cosas peores que ese sitio!

Al llegar, no hacía falta que llamará, ya que el móvil empezó a soñar de nuevo, viendo el número, que no me era conocido.

― ¡¡Por fin, Nade…, Nade…, ayuda, ayuda, estamos en peligro, en peligro, ayuda!! ― Me quedé diciendo quién era ella y por qué me estaba llamando de esa manera.

― ¿Te conozco? ― Le pregunté.

― ¡¡Soy Josefina, Josefina!! Esa chica violenta quiere matar a Alsancia-Lorena. Me fui con ellas en el autobús y…Mao se peleo con Lafayette que vestía muy rara y Alsancia se puso mal y ha vomitado encima de Lafayette y nos fuimos del autobús al hospital pero ella nos persigue y pues nos hemos escondido en el parque, Mao ha ido a detener a Lafayette y pues tengo que llamar a un taxi o ambulancia…pero no sé como se llaman y pues te he llamado y ayuda. ¡Ayuda! ¡Ayuda, por favor! ― Algo así dijo esa chica, y se notaba por la voz que estaba aterrada y desesperada.

Entonces, me acordé de quién era esa chica, la conocí hace una semanas, con otra. Eran dos chiquillas que venían a menudo a casa de Mao. La que me lío esa niña. Lo siguiente que hice, al poder enterarme de lo que dijo, era intentar comprender lo que les estaba pasando.

― Entonces una chica violenta, que es Lafayette, que a quiere matar a Alsancia por una cosa. Mao te pide cuidarla y llamar a la ambulancia, mientras se pelea con esa franchuta, pero no lo sabes y me llamas a mí. ―

Su respuesta fue que sí.  Me quedé sin decir nada, pensando en que le pasaba a la cabeza de Mao al no decirle el número de la ambulancia. ¿Y por qué no le dijo también el de la policía, si Lafayette quería matar a alguien? En fin, tenía que sacarles las castañas del fuego y eso hice, después de preguntarles dónde estaba. Ni esa niña sabía dónde estaba, por suerte, pude adivinar el lugar y comunicar tanto a la policía como a la ambulancia.

― Ya lo he hecho. Ya podéis estar tranquilas, y recuerda esos números que te he dicho. ― Eso les dije, tras confirmarla que los había llamado y tras decirle los números para la policía, la ambulancia y también el de los bomberos, por si acaso.

― ¡¡Muchas gracias, acabas de salvar a una vida, eres la salvadora de Alsancia, eres nuestra heroína…!! ―

Eso me decía antes de apagar la llamada, no tenía ganas de escucharla, ya hice lo que tenía que hacer e iba a volver a clases, pero me di cuenta de que cerré la puerta y ésta no se podría abrir. Me quedé encerrada y sin ganas de gritar me tumbé, quedándome profundamente dormida. Eso es todo.

Por otra parte, Mao, más tarde, me contó el resto de la historia y me dejó bastante sorprendida, solo por el hecho de que Lafayette fuera víctima de un vomito. No podría parar de reír, aunque pobre Alsancia, ella no estaba bien y no quería hacer eso, pero esa franchuta le daba igual, se deja controlar por la ira. Yo haría lo mismo, la verdad.

Ellas huyeron sin parar hasta el parque más cercano, Mao las escondió mientras salía a detener a esa loca. Tuvieron una pelea de las de siempre, tan violentas, que ustedes tuvieron que aparecer. Fuisteis muy bobos en dejar a escapar a Lafayette, la verdad. Ésta se fue al hospital pensando en liarla. En serio, deberían ser más duros con ella. Que sea nieta de gente importante no le da el derecho de actuar como le da la gana. Se merece la cárcel, porque en el futuro se va convertir en un delincuente muy peligroso.

Última narradora: Malia D. Rooselvelt

No tengo mucha idea sobre lo que ha ocurrido, o de lo que hizo ella, exactamente, pero si los hechos que vi tienen importancia en este incidente, colaboraré todo lo que pueda.

Por motivos de salud, estaba en el hospital, esperando que llegara mi turno. Al igual que yo, así estaban otras muchas más personas. Algunos de ellos estaban charlando, otros se mantenían callados, esperando pacientemente el suyo, o jugaban con sus teléfonos móviles. Recuerdo que estaba hablando con un hombre que fue veterano de la guerra de Vietnam y hablábamos de lo malo que era la guerra y la violencia. También que el reloj daba las nueves y media. Así estaba el lugar cuando apareció ella.

Les tengo que confesar que la conozco, solo en calidad de conocida, ya que nos hemos visto solo una o dos veces. Fue molestada por mi hermana. También tengo que decir que su apellido es bastante curioso porque hay un colegio con su nombre y un francés con ese mismo que ayudó en la Guerra de la Independencia. Perdón, me estoy yendo por las ramas.

Ella apareció de una forma inusual y muy peligrosa, algo que nadie debería hacer. De la ventana, que estaba abierta, entró ella y todos nos quedamos muy sorprendidos. Nadie esperaba ver a alguien a entrar por la ventana de un segundo piso. Decía un montón de groserías y otras cosas feas. Le resulto casi imposible entrar sin ayuda, mientras lo intentaba, perdió el equilibrio en una mano y casi se iba a caer.

Por suerte, la pude agarrar y empujarla hacía dentro. Fue muy duro pero lo conseguí, aunque ella no fue muy considerada conmigo, ya que al recuperar el aliento me dijo esto:

― ¿Y a quién [palabrota] te ha llamado para ayudarme? ―

Yo le intenté explicar que solo quería evitar una tragedia, aunque ella no quería escucharme.

― ¿Y a ti qué [palabrota] te importa? ―

Eso me volvió a decir, causándome sentimientos encontrados. Esas palabras desagradables me hacían enfadar e intentaba que esos sentimientos pudieran controlarme. Los demás se sintieron mal al ver cómo me trataba ella y le dijeron lo que pensaba:

― ¡Eh, [palabrota], no seas tan desagradable con esa chica que te ha salvado la vida! ― Eso decía un anciano.

― ¡Los niños de hoy en día son despreciables! ― Eso lo dijo su esposa.

― ¡Qué negra tan [palabrota]!― Estos fueron las palabras de una mujer embarazada.

― ¡Qué ingrata! ― Dijo un hombre joven.

― Mejor que hubiera caído. ― Decía una mujer cerca de los treinta años.

Pues estos son algunos ejemplos de las cosas que las personas que, irritadas ante tal comportamiento, les decía a Lafayette, y ella los ignoró completamente.

― ¡¡Voy a por ti, Alsancia-Lorena!! ― Eso gritaba mientras corría por el pasillo de la izquierda. Fui detrás de ella para decirle que no gritara, ya que estábamos en un hospital, y que tampoco corriera como loca, porque el suelo lo habían limpiado y estaba resbaloso. No pude evitar nada, cuando me di cuenta escuché un gran estruendo y gritos de dolor.

Había sufrido un accidente, y muy aparatoso. Se resbaló y cayó por las escaleras, provocando un gran ruido. Todos se acercaron rápidamente para ver lo que había pasado y ella les decía que le dejaran tranquila de una forma muy poco agradable.

Se levantó sola e intentó andar, pero eso le provoco más dolor que antes y los que la rodeaban gritaban sin parar que viniera un médico. Al final la tuvieron que montar en una camilla y llevarla a urgencias. Todo fue tan rápido. Me alegré que, al final, solo se hubiera partido el tobillo y nada más, y espero que le sirva de lección, que no debería correr en pasillos recién limpiados. Pueden ocurrir cosas muy desagradables como ésta.

FIN

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Apuntes de la rebelión de Tlingithaida, onceava historia.

28 de Agosto 8:40

Mientras yo estoy tranquilamente Wether y quejándome de los cientos de adjetivos que hacían insoportable la lectura, y de lo inaguantable que era su protagonista, el “héroe” para los jóvenes de su época; alguien gritaba mi nombre.

― ¡Mi Señora, mi dulce señora, tiene grandes problemas, muy graves! ―

Entró a la biblioteca, jadeando y aterrada, recuperándose de la carrera. Esa persona es mi sirviente personal, Ranavalona, una india que mi madre eligió para ese trabajo. Ese comportamiento que está mostrando, puedo adivinar el porqué. Y si estoy en lo cierto, ya era demasiado tarde para nosotras.

― ¡Mi Señora…! ― Intentaba decirme. ― ¡Su madre…! ― Adiviné. ― ¡…huya! ―

― Desafortunadamente, hay unas cuantas razones por la cual no huiré. Primero, solo lo haré cuando sea necesario o cuando mi situación me es desfavorable. Segunda, será en vano. Tercero, no tengo ganas de correr. Último, ella ya está aquí. ―

Mis palabras la hizo reaccionar, mirando hacia atrás y observar al demonio en persona. Con ver su siniestra sonrisa, dio un grito y cayó al suelo del terror y, a continuación, mostrando su valía, corrió hacia mí y me abrazó sin mi permiso, temblando como un flan. A ella le pareció tan gracioso que empezó a reír sin parar.

― ¡Vaya valentía has tenido Ranavalona! ¡Menos mal que soy yo, si fuera otro…! ―

Más bien, es el hecho de que nosotras somos su familia, si fuéramos otros ni nos daría un segundo de piedad.

Como he mencionado antes esta mujer es mi madre, pero no solo eso, es el pez gordo del Zarato, La Zarina Sajonia Von Schaffhausen. Es la gobernante de un reino totalmente aislado, un trozo de tierra de una isla dominada por los Estados Unidos, caso insólito en América del Norte. Su aspecto es imponente, tanto por sus medidas como su mirada y su piel blanca y el largo cabello rubio que lleva se diferencia de todo lo que ella gobierna. Para mencionar el gran ego que tiene, solo hay que fijarse que ella se autotitula “La Ministra de Dios y Señora del Zarato de Shejilonia y de todos los pueblos que habitan bajo él”. Y si ha estado buscándome, es porque quiere algo.

― ¡Que inesperada visita por tu parte! Iré al grano, ¿qué quieres? ― Si quería algo pues mejor que lo diga sin rodeos.

― ¡Eso es lo que me gusta de ti! ¡Tu educación está dando frutos! ― Y antes decirme la razón, se sentó en uno de los sillones.

― ¡Pues ya sabes, llevamos tiempo sin estar juntas y pues eso no debería ser bueno! Y cuando me enteré de que alguna que otra tribu del Alto Malyytavda se ha rebelado contra mí, ¡ya sabes lo rebeldes que son los de por allí! En fin, como vas a ser la futura Zarina, esto te vendrá de perlas. ―

― ¿Me estás diciendo que vaya contigo a sofocar una rebelión? ― Eso dije, deseando que en realidad hubiera dicho mal las cosas y que no me iba a llevar en una de sus locuras.

― No te hagas la sorprendida, no es la primera que lo hacemos. ― Con estas palabras, se confirmo lo obvio. Es verdad eso que dijo, pero yo no deseaba volver a vivir esas aventuras con ella.

Y no solo llevaba a su hija a sofocar revueltas, también me ha obligado ir con ella a vivir como supervivientes durante un mes o más, o a cazar a delincuentes o a animales entre otras cosas horribles, siempre poniéndome las pruebas más horribles posibles. Mi vida, y la de mi sirvienta, siempre han estado en peligro por su culpa.

Ella lo llama como parte de mi entrenamiento para ser la futura Zarina y me ha enseñado muchas cosas, pero todo eso se ve eclipsado por todo el sufrimiento que ha creado esta mujer, además de que me habría matado, de todas las formas posibles, como, por ejemplo, hipotermia, hipertermia, por un ataque de osos o de lobos, por disparos o flechas o por caída.

― ¿Y si me niego? ― Sabía perfectamente que era imposible pero tenía que intentarlo. Ella cuando lo escuchó se echó unas risas, para decirme con una cara muy seria que no.

― ¡Tú eres mi hija y mi súbdita, y tienes que hacer lo que yo te diga! ¡Sí o sí! ― Así es ella, autoritaria al máximo. No importa lo que le digan, ella les obligará lo que ordena, sin importarle mucho lo que los demás quieren hacer. Por lo menos se puede tener el consuelo de dejarse aconsejar y de estar abierta a sugerencias, eso sí está de buen humor.

Pensé en decirle alguna excusa válida, como que tenía un asunto importante que tratar y no puedo ir con ella, o vigilar a mi tío, quién es un experto en malgastar dinero; pero esas ideas fueron desechas, ya que nada podría cambiarla de opinión. Así de frustrante e irritante es ella.

28 de Agosto, 10:00

Tras sacar una de mis armas de fuego favoritas, un Benelli M4, la limpiaba mientras regañaba a Ranavalona, ya que ésta se aprovechó de la situación,  me tocó mis pechos mientras estaba abrazándome del susto que le provocó mi madre. Estábamos en una de las terrazas del palacio, observando los últimos preparativos, que desde hacía días llevaban haciendo.

Por lo que sabía, la expedición iba a tener, al principio, noventas indios, los cuales solo veinte iban a ser la caballería, mientras cinco carros, tirados por bisontes, y llenos de munición, medicinas, alimentos y otras provisiones. Por el camino, se espera encontrarse con más refuerzos que haga llegar la hueste a los doscientos cincuenta hombres.

Las cosas están muy tranquilas, quizás demasiado. Llevan rato preguntándome dónde está mi madre y mi respuesta siempre es negativa. Ni sé dónde está ni me interesa y prefiero que no aparezca por un buen rato.

28 Agosto, 11:15

Cuando se trata de sorpresas, mi madre es una maestra. Ante nosotros, apareció montada en algo que apenas existe en el Zarato, y que ninguno de sus súbditos ha conocido ni en los pocos libros. Por eso, todos al verlo empezaron a correr como nunca, gritando unos que era eso, otros, que era un monstruo.

― ¿Qué es eso, Mi Señora? ― Hasta Ranavalona, quién ha estado conmigo varias veces afuera del reino se quedó boquiabierta al verlo.

Tras pararse a las escaleras de la entrada este del edificio, ella salió del aquella cosa, gritando a todo pulmón y montado un espectáculo, como siempre.

― ¡Aquí está su Zarina, portando su arma legendaria! ―

Esa “arma legendaria” era un tanque, salido del museo, ya que se trataba de un Mk IV, británico y que participó en la IIGM. Parecía estar un poco oxidado pero ella nos demostró que funcionaba de maravilla.

― ¿Y qué va a hacer con eso? ― Eso me pregunta ella cuando le explique todo esto.

― Usarlo. ― Mi madre es fanfarrona, pero no saca cosas así solo por mostrarles a los demás su poder, y eso que le gusta demostrarlo.

Me pregunto por qué ahora saca un tanque de la chistera. ¿Tal vez en está ocasión las cosas están peor de lo que se esperaba? Si es así, entonces las ganas de escapar aumentan.

28 Agosto 13:00

Hace rato que estamos en el camino hacía al lugar de la rebelión y ya estoy harta de este viaje, deseo dar la vuelta y volver a palacio. O por lo menos no estar dentro de este maldito tanque, el calor aquí dentro es insoportable y el olor es inaguantable, además de que apenas hay sitio para mí, para Ranavalona y La Zarina.

¿A quién se le ocurre meter a dos niñas en un taque? Pues a nuestra Zarina. Después de darnos un curso de quince minutos, mandó a Ranavalona a conducir el carro y a mí me dejó la artillería, mientras ella es la comandante, obviamente. Tengo que reconocer que mi sirviente ha aprendido rápido en dominar esta chatarra.

Por ahora, estamos dejando el curso del Malyytavda para introducirnos al valle del río Novoká para subir hasta un paso de montaña que nos comunica con la parte alta. Si siguiéramos por el curso del río, tardaríamos semanas en atravesar obstáculos, algunos casi imposibles. El Zarato es así, está formado por un valle principal, cuyas aguas que lo atraviesan nacen en lo más alto de la isla y empiezan a bajar hasta llegar a un lago y caer por unas enormes cataratas, para luego seguir por un curso estrecho que solo se abre en lo bajo del reino. Además de esto, los valles que forman sus afluentes también son parte de este país.

En fin, podemos decir que este lugar está lleno de valles estrechos, separados por grandes montañas, que superan muchas veces los mil metros de altitud. El más grande, por cierto, tiene más de cinco mil. Mi madre tras empezar a gobernar, vio la necesidad de construir una red de pasos de montañas que comunicaran los valles. Para extinguir lo más rápido esta rebelión, debemos utilizar uno de esos pasos. Y han llegado noticias de que ellos van a ocuparlo, si lo hacen vamos a tener graves problemas.

28 Agosto 20:38

Ya es de noche, y nuestra hueste ha llegado a una aldea, la de los llamados Aparaches. Hemos puesto un campamento al lado. Estamos cerca del paso, solo hay que subir la montaña pero el sol hace rato que no está, nuestras tropas están cansadas y yo estoy harta de estar en el maldito tanque.

Ahora mismo estamos cenando al aire libre, con los naturales del lugar. Parece una fiesta, todos están bailando, charlando y jugando como si nada malo estuviera pasando.

Tuve que poner a Ranavalona a mi lado, porque los niños iban a por ella, y ella no quería. Juntos a nosotras, está el jefe de la aldea y su familia, y mi madre también, esa es la principal. Y hablando de la reina del Zarato, pide silencio para lanzar su discurso.

― Oídme, mis súbditos. Hay gente que aún atenta contra la paz del reino, contra mi autoridad. Aún no se han calmado, a pesar de que hace unas semanas hubo una igual, que fue reducida. Los cabecillas aún viven, y quieren revivir un experimento fracasado. ¡Y por eso he traído mi arma secreta! ¡Para ser aplastados por mi poder, y el vuestro! ¡De una vez por todas! ¡Deus salve o Tsaritsa! ―

Y todos gritaron, al unísono, esa última frase. En su cara se veía esa felicidad perversa. Para ella, este tipo de cosas los ama porque le gusta impartir su justicia, es decir, dar palos. Ella es una clase única de gobernante, que ante cualquier indicio de conspiración, lo deja existir y crecer para luego destruirlo cuando es un peligro para ella. Tal vez ha hecho lo mismo con este caso. ¿Por qué hace eso? Puede que para darle emoción a su reinado, a mostrar a todos quién manda y su poder. De todos modos, ella no es una persona lógica, en ningún sentido, es demasiado impredecible y por tanto, uno nunca puede saber lo que está pensando.

28 Agosto, 22:12
Ya es hora de dormir, y estaría feliz si no fuera porque vamos a dormir en una tienda de campaña. Yo y mi sirvienta, solas. Eso no sería nada si no fuera por el hecho de que estuviera enamorada de mí. Si es una asquerosa invertida, y su amor está en un nivel muy obsesivo y enfermo. Digamos, que es un arma de doble filo, ya que gracias a eso, la lealtad que tiene conmigo no lo tiene nadie, pero puede ir contra mí, sobre todo cuando no puede controlar su instinto animal. En fin, mientras me estaba preparando para acostarme, ella no dejaba de preguntar si quería algo.

― ¡¿Mi Señora, quiere algo antes de dormir!? ¿¡O Comer algo!?
¡¿O Contarle un cuento!? ¡¿O Abanicarla toda la noche!? ―

Solo quería una cosa, en realidad, dos.

― ¡Haz silencio y no te acerques a mi por nada del mundo! ― Con esto dicho, voy a cerrar mis ojos y a descansar, mientras ella me dice que sí y que tenga sueño. Espero que no haga nada estúpido esta criada.

29 Agosto 7:12

Al despertar, lo supe al momento, al final ocurrió. Me encontré medio desnuda, con mi ropa tirada por el suelo y con una Ranavalona durmiente abrazándome. ¿Qué me había hecho está enferma mientras estaba durmiendo? Y lo más gracioso del asunto es que lo sabía y aún así no hice nada al respecto, pensando que ella solita podría aguantarse. Por el momento, le daré el mayor palo de su vida.

29 Agosto 8:00

Ranavalona no dejaba de llorar y sus lloriqueos me estaban hartando un poco. No era por el golpe que le dí, sino por el hecho de que ella había hechos cosas que ni quiero imaginar, como si fuera ella la víctima.

― ¡Mi Señora, perdón! ¡No lo quería hacer! ¡Haz lo que quieras conmigo, me lo merezco, hasta la misma muerte! ―

Ahora mismo no me importa eso, aunque debería, había algo más grave, y es que habían llegado noticias de que los rebeldes habían ocupado el paso.

― ¡Deja de llorar! ― Le decía harta de sus lloriqueos. ― ¡Solo procura no hacerlo nunca más! ―

― Pero debo morir… ― Eso me decía mientras se secaba las lágrimas.

― Mientras me seas útil, no. ― Si no fuera por eso, ya me la había quitado del medio hace rato.

Entonces apareció la persona que menos deseaba ver en este momento. Mi madre se acercaba a nosotras sonriendo, ese tipo de sonrisa que tiene cuando hay algún reto al que superar.

― ¡¿Por qué tu sirvienta está llorando!? Bueno, no importa… ¡¿Preparadas para atacar?! ―

― Unas niñas de once años aproximadamente no deberían estar preparadas para una batalla. ―

Y ha empezado a reírse sin parar, como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo, hasta cayó al suelo por las risas. Me irrita bastante porque yo no he dicho nada gracioso y me están dando ganas de darle un puñetazo. Y ahora para y se levanta toda normal, para decirnos autoritariamente esto:

― ¡Vamos a empezar dentro de cinco minutos la operación, así que ocupar vuestras posiciones! ―

Eso no solo lo gritó a nosotras, sino a todos, y tuvimos que gritar al unísono que sí. Desearía desertar y volver a palacio, tengo tantas cosas que hacer, y muchos trapos sucios que limpiar. No quiero estar en mitad de una batalla.

29 Agosto 9:55
La Zarina, mi querida y odiosa madre, ha dado por comenzar la operación  “Atravesando el Gebirgspass”, no ha querido mucho calentarse la cabeza. Y ahora mismo estamos subiendo por la montaña, para llegar al paso de Kitwinshilke, que es así cómo se llama.

Podrá ser una enferma que disfruta de la guerra y luchar pero ella no es idiota y hace planes, más bien esto es lo normal en ella, después de tanta experiencia en batallar y en joder al vecino. “No solo es fuerza bruta, también hay que usar la inteligencia para vencer e imponer mi poder sobre todos”, eso siempre dice.

Ella es más consiente que nadie de la desventaja que uno tiene cuando la posición de tu enemigo está a mayor altura que la tuya, y podría lanzarse de golpe con todas sus fuerzas a conquistarlo, pero gracias a la información de un pastor, se descubrió que había otro camino, desconocido para muchos, para llegar allí.

El problema era que es muy estrecho pero aún así podría caber algún que otro soldado.
Así que, básicamente la operación consiste, que mientras unos pocos soldados usan ese camino alternativo, para atacar al campamento instalado, el resto iba a ser la carnada de los rebeldes, incluidos todos los que vamos en el tanque, es decir, yo, mi madre y Ranavalona. Y ahora mismo mi sirvienta exhala un nerviosismo que me está afectando, mientras la gran comandante, mira con muchas ganas a que empiece la batalla. Por suerte, ahora las cosas están tranquilas.

Y al pensar yo eso, se escucha un ruido fuertísimo que hace temblar nuestros oídos. Y luego mi madre empezó a gritar de emoción, diciendo que ya ha empezado, ha empezado. ¡Maldita sea! ¿Por qué tuve que pensar en eso?

― ¡Mis súbditos, demuestren vuestra lealtad y luchar por vuestra Zarina y por vuestro reino! ― Gritaba y gritaba sin parar. Y ahora se dirige a nosotras.

― ¡Ustedes, den lo mejor de sí misma y demostrar a esos indios vuestra fuerza! ―

― Lo intentaré… ― Decía mi sirvienta, nerviosa, con las manos temblorosas, y poniendo todo su atención en su labor como conductora. ― ¡Lo haré por el honor de Mi Señora! ―

― Se te ha olvidado mencionarme. ― Para su increíble ego eso la molestó, pero lo pasa por alto. ― ¡Eso no importa! ¡Ese es el espíritu, Ranavalona! ―

Y empezó a reír como desquiciada, ya había empezado lo divertido para ella. Para nosotras dos, por lo contario, esto era una cuestión de vida o muerte, si no podemos dar lo mejor de nosotras, tal vez no veremos más la luz del sol.

Y mientras estoy diciendo esto, el tanque está esquivando balas de cañón, y yo ya estoy más que lista para disparar a todo aquel que nos quiera matar. Ahora no es el momento de preguntarse cómo han conseguido las piezas de artillería con las cuáles nos están atacando.

29 Agosto 20:10

Lo de hoy fue una verdadera carnicería, y casi parecía que no íbamos a alcanzar nuestro objetivo, pero aquí estamos, ocupando el campamento del enemigo, con algunos de los nuestros contando los que hemos capturado. Ahora el paso es nuestro y lo están celebrando, con el sol desapareciendo en el horizonte.

Vamos a repasar cómo ha sido. Del campamento enemigo, que albergaba a 80 indios, 40 nos atacaron con piezas de artillería. Con muchas bajas pudimos defendernos y seguir subir.

Ellos tuvieron diez, pero huyeron y al llegar a su campamento, vieron que fue atacado por nuestros soldados que utilizaron el camino alternativo, y que gracias al ataque sorpresa, mataron a muchos, hicieron huir a algunos y capturaron al resto; tuvieron que rendirse.

Desde este punto una puede observar, incrédula, glaciares, en esta época del año, e incluso restos de nieve aún no derretida. ¿A cuántos estamos? No lo sé, pero debe ser altísimo porque cuesta algo respirar. Y hablando de eso, respiro el desagradable olor que me ha dejado el tanque en mi ropa y me entra ganas de vomitar. Por suerte, tuve la idea de traer ropa limpia.

― ¡Hey, Mi Señora aquí tiene un hermoso vestido para cambiarse! ―

Y ahí estaba Ranavalona, con un vestido limpio, para cambiarme, adivinando lo que estaba pasando. Supongo que al oler yo sin parar mi cuerpo, ella se lo imagino, es por estas cosas por la cual me alegro de tenerla como sirvienta. Ahora queda cambiarse y descansar, que estoy agotada de tanto derramar sangre ajena. Espero que está maldita rebelión acabé de una vez, porque estoy más que harta.

30 Agosto 9:30

¡Esos malditos, indios! ¡No han podido esperar para darnos la bienvenida! ¡Tenían que aparecer lo más temprano posible, despertándonos!

Entre las siete de la mañana y las ochos a todos nos despertaron un concierto de balas pero contraatacamos. Gracias a la rapidez de la Zarina, muchos han sido capturados. Pobres de ellos, no es nada recomendable despertarla, se levanta de malas pulgas, y ahora están sufriendo su ira.

Por eso, se escuchan cientos de gritos en el campamento, proceden de los prisioneros, que están siendo brutalmente torturados por ella misma, mientras le piden piedad en vano. Ya, hasta me duele la cabeza, por oír tanto griterío. Entiendo que esté así pero, ¿no puede utilizar métodos más silenciosos o por lo menos taparles la boca o arrancarles la lengua?

― ¡Mi Señora, perdón pero no he encontrado nada con que taparle los oídos! ― Le pedí a Ranavalona que me buscara algo para evitar esos ruidos tan molestos, pero fue en vano. Vi en su cara frustración por no encontrar lo que yo deseaba.

― ¿Y si le pido a su madre que dejará de torturar a los prisioneros? ― Eso me dijo ella, y era algo al que yo también pensé, pero tratándose de mi madre no nos iba a conducir a nada, y creo que ella también lo sabe muy bien.

― Tú sabes cómo está ahora, no nos escuchará. Así que lo único que nos queda es aguantar. ― Ella solo responde que sí.

Y se notaba bastante que estaba cabreada, porque los gritos de dolor no paraban de aumentar. Ella también produce un griterío, tan aterrador que hasta el más bravo de los indios se le pondría la carne de gallina. Siento que me están torturando más a mí que a los mismos y espero que se canse pronto, pero eso sería pedir demasiado.

30 Agosto 14:12

No entiendo el concepto de gobernar que tiene mi madre, creo que casi nadie, pero lo que sí podemos estar de acuerdo todos es que sufre de megalomanía. Ella siempre tiene que montar grandes y locos espectáculos para demostrar lo grande que es, y uno lo comprueba fácilmente cuando la escucha decir que es la Ministra de Dios y los miles de apodos que se pone. Si para demostrar que es la mejor, tiene que salir a escena y exhibirse, poniéndose en peligro tontamente, lo hará.

Eso me desespera, hasta cierto punto, no solo porque a veces me mete en peligro, sino porque hace cosas que ningún gobernante con dos dedos en frente haría.

Hablando del diablo en persona, ya se ha tranquilizado y nos ha reunido a todos los del campamento, para explicarnos las noticias y rumores que han llegado a ella, cómo está la situación y cuál será nuestro plan de acción.

De la información sacada de espías y prisioneros, nos ha explicado cómo ha evolucionado la rebelión, los pueblos que se han alzado en armas y el cabecilla, que lleva todo el verano molestando, cuyo nombre es Tlingithaida-hijo.

― ¿Mi señora, ese es el villano que se ha rebelado contra su madre? ¿No era ese el sirviente personal de la Zarina? ― Me lo dice Ranavalona, al oído, mientras escuchamos el interminable discurso de mi madre.

― No, es el hijo. ― Se lo explique.

― ¡No entiendo…! ¿Cómo un hijo de tan ilustre persona se ha rebelado contra su madre? ― Y eso me pregunta ella.

― Yo qué sé. ― Eso lo dije, porque no sabía nada, ni siquiera sabía que ese hombre tuvo un hijo. Ni me interesaba, ya que son asuntos de mi madre y no mío, aún cuando ella me diga que lo son porque soy su futura heredera. Yo jamás he querido su reino, y se lo he dicho muchas veces, pero ella no lo acepta, y no le importará obligarme a cumplir su deseo.

Ahora que lo pienso, supe quién fue Tlingithaida, más que Ranavalona, aunque nunca lo vi con vida. Como dijo ella, el era su sirviente personal, un hombre, procedente de Kansas, y que se creía descendiente de indios, de Pocahontas, me dijeron. No sé cómo se conocieron, pero parecía que era de mucha confianza para mi madre. Duró bien poco, tal vez harto de ella, y se fue de palacio a extender el cristianismo por todo el Zarato.

31 Agosto 8:23

Tras pasar un día entero en el paso de montaña, ahora estamos dispuestos a bajar al Alto Malyytavda y conquistar las aldeas rebeldes. Han llegado refuerzos y provisiones, y nos estamos preparando para salir.

Yo, por mi parte estoy lista, pero no veo a Ranavalona por ninguna parte, y solo nos faltan quince minutos para empezar la marcha.

Cuando la iba a buscar, la vi en la tienda de campaña, llamándome tímidamente.

― ¿Mi Señora, puede venir un momento? ― Me acercó a ella, esperando que no sea para mostrarme algo desagradable o una estupidez.

― ¿Qué quieres? ― Al decirle esto, se queda callada, mirando a todos lados, con la cara como un tomate. Ya me empieza a molestar y me estoy temiendo que tal vez le ha venido la menstruación y no tiene nada para quitar la sangre o algo parecido.

― ¡No me hagas perder el tiempo! ― Así se lo digo claramente. Entonces se mete en la campaña y sale de él, con una cosa entre sus brazos. Eso es una cota de malla. ¿Qué hace ella con esto?

― ¡Éste es mi regalo, para que no salga herida! ¡Acéptalos, por favor! ―

Y salió corriendo, obvio que de la vergüenza, y se le veía feliz, hacía al tanque. Empecé a inspeccionar el traje, estaba hecho muy bien y me hace preguntar cuánto tiempo hizo esto. Esto me sorprende, porque yo nunca estuve enterada de esto.

No me gusta que mi sirvienta, me mantenga secretos, no importa si sea un regalo sorpresa u otra cosa, pero quiero que no los tenga conmigo.

Pero supongo que es inevitable, ella no es un robot, para mi desgracia, y cada dos por tres, hace cosas que no quiero o sin mi permiso. Le he enseñado que toda orden que diga, tiene que cumplirlas, aún cuando me equivoque.

Dejando a un lado todo esto, me pondré esto. No es porque ella me lo haya regalado, sino más bien para tener protección extra, aunque esta cosa no parece nada cómoda.

1 Septiembre, 9:59

Han pasado un día y medio desde que hemos bajado del paso de Kitwinshilke y ya hemos sometido a la aldea rebelde más próxima. Es un pueblucho que tuvo la suerte de que la Zarina tuviera el capricho de construirles murallas, con forma de traza italiana.

Ni siquiera hizo falta un asedio, con escuchar el nombre de la Zarina, salieron de ahí para negociar con ella su rendición. Ni un muerto, esta plaza ha caído como fruta madura y aún no salgo de mi asombro, a pesar de su fama hace estas cosas.

Desde el primer momento que apareció por estas tierras y decidió convertirlos en su feudo, demostró a todos que era de todo menos humana. Digo esto porque yo también dudo mucho de que lo sea, eso o que alguien le ha bendecido con fuerzas sobrehumanas y una suerte increíble. Bien lo saben los indios, quienes han creado en torno a ella, una completa leyenda. Para unos es un demonio que ha sometido a sus pueblos, para otros es una elegida de Dios, o alguna descendiente de héroes. Yo también creo que ella tiene algo sobrenatural, fuera de lo común, porque nadie normal puede vencer a osos solo con las manos desnudas, algo que vi con mis propios ojos. Es la exageración en persona.

3 Septiembre 11:40

― ¡Mi justicia divina aplastará a todos esos rebeldes que nos asedian! ―

Eso gritaba mi madre en la plaza de la aldea a su hueste, tras llevar nosotros tres días de asedio, una hueste de casi doscientos noventas rodean a un pueblo con ciento quince defensores.

― ¡Esta plaza no se rendirá! ¡Si lo hacemos, lo reduciré todo a cenizas! ¡A cenizas! ―

Nos está advirtiendo desde el principio, si nos quedamos sin reservas, pues ella nos llevará al infierno y todos aplauden, no sé si por miedo o por convicción. No creo que esto se alargue más de un semana, ya que tropas aliadas vienen a salvarnos, y si lo hace podemos aguantar tres, pero no tengo ganas de formar parte de esto.

Y lo más asqueroso es que no encuentro ningún lugar para dormir que sea higiénicamente decente.

5 Septiembre 15:00

Tanto mi sirvienta como yo hemos sido llamadas por la Zarina, y a las dos, la carne se nos puso de gallina. Cuando ella hace esto, nunca es nada bueno.

― Pues tengo un plan que nos librará de este estúpido asedio, y ustedes estáis en él. ― Eso nos dijo, después de decirle que fuera directa al grano, y que no nos contará historias.

― ¿Y cuál es? ― Sé que me voy a arrepentir de esta respuesta.

― Vuestra misión es que vosotras, y algunos indios, saldréis por la noche hacia al campamento e incendiarlos. Tenemos lo necesario para quemar el campamento. ―

Yo me quede cuadrada, mi sirvienta también. ¡Qué gran madre tengo, siempre poniendo a su hija a salvo! Y el colmo es que dirá que me servirá como entrenamiento, cuando eso es más el trabajo de un simple soldado que del gobernante. No quiero ponerme de esta manera en peligro, pero tendré que hacerlo porque me lo ordena ella y no hay peros que valga. Es por estas cosas que odio a esta mujer con toda mi alma.

6 Septiembre 11:34

Nuestra misión fue un gran éxito, salvo en una cosa, que Ranavalona y yo hemos sido atrapadas y hechas prisioneras. Era una posibilidad y hasta mi madre lo mencionó pero la forma en que fuimos apresadas fue ridícula.

Tras salir de las murallas en completo silencio, y tras acercarnos lo suficiente al campamento, decidimos sacar nuestros proyectiles inflamables y lo tiramos ahí, pero uno de los indios, no sabemos cómo, se le quedó pegado en su mano y empezó a arder. El muy idiota no sabía cómo apagar el fuego y se le extendió por todo el cuerpo, y en busca de salvar su vida, entró en el campamento. Irónicamente, eso provocó que el campamento ardiera más y la mitad de sus ocupantes fueron quemados. Intentábamos escapar pero nos rodearon lo rebeldes, con sus escopetas a punto.

Al final, el indio se volvió cenizas, la mitad del lugar quedo arrasado y si no fuera porque uno de ellos, que fue familiar de alguien de la corte, nos había reconocido podríamos haber terminado peor.

Al saber quiénes somos, rápidamente nos han llevado al corazón de la rebelión, a la aldea de los Yalats-Hinmuuttus, y nos ha mantenido hasta ahora en una especie de cárcel, atadas. Y ahora mismo, nos enteramos que el líder iba a visitarnos y estamos escuchando desde nuestra celda unos sonidos parecidos a los de un mono. Los que cuestionan nuestra celda se levantan de repente y abren la puerta. ¿Será alguien importante, tal vez ese tal Tlingithaida-hijo?

Entonces ante nosotras, aparece una persona muy ridícula. Un estúpido que parecía mezclar la moda de los años sesenta con los ropajes indios de toda la vida, un esperpento en estado puro. Llevaba un afro, lleno de plumas, unos pantalones hechos con piel de bisonte que le quedan muy ancho y una cosa parecida a un poncho sobre su torso desnudo.

¡Yatkual, Yatkual! ¡¿Meine pocahontas, where is bist du!?

Ahora que se le escuchaba más cerca, su voz era aún más desagradable, peor que las de un mono. Le pregunto a Ranavalona si podría traducírmelo, porque no lo entiendo y ella tampoco sabe.

― ¡Helo, Hela, Hello! ¡Soy el gran, el rebelde y amigo de las mayorías y minorías indefensas ante al demonio de oro, Tlingithaida-Junior! ―

Por lo menos sabe hablar algún idioma entendible, pero seguía siendo desagradable escucharlo. ¿Qué intenta decir aquel pobre idiota? Espero que sea una broma, algo para burlarse de nosotras, porque no puedo aceptar que este mono sea el líder de los rebeldes. ¡Nadie en este mundo seguiría a tal cosa!

― ¿Eres tú, no? ¡La hija del demonio del oro, tú también tienes ese pelo de oro, por supuesto que sí, Mancual, Mancual! ― Tardé en comprender lo que quería decir con su estúpida cháchara.

― Sí, te refieres a que soy la hija de la Zarina, pues aciertas. ― Le digo esto con todo el asco del mundo.

― Pues claro, porque so tan Klug, Klug ¿Tú piensas lo mismo, Mein Pocahontas? ― ¿A quién se refiere con Pocahontas? Espero que a mí, no, porque no tiene sentido llamarse así, ni tampoco su habla.

― Creo que no dices nada de nada, porque  ya lo sabes todo, todito…nah, es Grap, Grap…pienso con queso que tú piensas eso y eso que piensas es que he venido para que me lo digas todo sobre tu Diaboliese Moeder, La Zarina malvada y su ejército de almas torturadas, pero no… ―

Yo, lo único que entendí es que no digo nada porque ya lo sé todo. ¿El qué? Solo sé que no puedo asimilar esta estúpida broma. Lo único que deseo es soltarme y volarle la cabeza, o darle el puñetazo de su vida. Tal vez así aprende a hablar bien. Y ahora, este esperpento no para de reír como si fuera un payaso. Ya casi voy a explotar.

― Deja de reír y dime qué quieres de una vez. ― Se me olvida decirle que lo haga de una forma concisa y breve.

― No debes tratar así a tu esposo, Mein Pocahontas. ―

¿Esposo? ¿Debe ser una broma, no? Espero que este payaso no se vaya a creer que se va a casar conmigo.

― ¿Qué has dicho? ― Eso iba a gritar yo, pero fue Ranavalona, quién lo ha hecho, gritándolo y se le notaba en su rostro un enfado nunca visto, tanto como el mío.

― Es verdad, Amicus Plato, sed plus magis amica est veritas. Velas y veritas y verdades, no te he dicho la cosa más importante, la noticia que alumbrará tu vida y el de nuestros descendientes, he venido a comunicarte la increíble noticia de que vas a ser mi esposa, espero que no te sorprenda…pero por cuestiones, digamos políticas y del noble corazón vamos a ser hombre y mujer. ―

Eso me parece tan gracioso que me eché a reír, de lo estúpido que sonaba, mientras mi sirvienta me dice que no es para nada gracioso. Al payaso se le ha sentado mal mi reacción, ha quedado con una cara.

― Me niego rotundamente, mi dignidad no me lo permite. ―

Apretaba el puro de mala leche, al ver cómo me burlaba de sus planes, y mi sirvienta echa más leña al fuego diciéndole que es un estúpido por pensar que yo iba a aceptar algo así. Yo no creo, ni nadie;  que en este mundo haya alguien, sea heterosexual u homosexual, que le atraiga tal bicho.

― Mira la niñita, cree que tiene el derecho de negarse, pero no, no, no y no. Mira, yo derrote al líder de esta aldea y todos me aceptaron sabes por qué…Los indios tienen la costumbre de que quien derrote el jefe, sea el nuevo jefe, Habitude éternelle. Y cuando derrote a la jefa superior, al demonio de oro, a tu mamá, a la ministra de dios y todo eso que dicen, seré el zar y tú tendrás que aceptar que eres mi esposa y tener hijos conmigo, después de todo, tengo que legitimar mi ascenso al trono celestial… ―

Y mientras me dice todo eso, se me está acercando y no creo que con buenas intenciones. Si me va a hacer algo, sea lo que sea, que se preparé, que le voy a partir la cara. Puede que tenga las manos atadas, pero puedo usar mi cabeza o mis dientes si me permite la ocasión, estoy preparada.

― ¡A Mi Señora ni te acerques! ―

Esas palabras son las de Ranavalona, quién se ha levantado, y a pesar de tener las manos atadas, al igual que yo, se está dirigiendo hacia él. Usando su cabeza como arma, le ha dado un cabezazo en las partes íntimas, dándole un grito de dolor tan ridículo como él mismo.

― ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh Mis huevones! ―

Por cosas como ésta me alegra tenerla como sirvienta, capaz de defender mi dignidad y mi integridad hasta al final.

6 Septiembre 19:21

Al final, ese cabezazo le mandó a la muerte, de una forma cómica. Tras retroceder de dolor y gritarle de todo a mi sirvienta, se apoyó en una parte de la pared y ésta se derrumbó, haciéndole caer. Por desgracia, para él, esta especie de cárcel estaba situada sobre un precipicio de doce metros, dando un último grito mientras estaba cayendo. No sobrevivió, no fue una gran pérdida.

Tras eso, los indios se inclinaron hacia Ranavalona y le dieron el título de jefa. Al parecer, este pueblo tiene una estúpida forma de elegir sus líderes, quién mate al jefe, se convierte en él. Y ahora le están haciendo el rito de iniciación. Está bien asustada, porque, siguiendo la lógica de esta gente, irán a por ella para ser los nuevos jefes.

Por eso, estoy haciendo todo lo posible para modificar una ley estúpida que ha durado por siglos, y no entiendo cómo, para luego imponerla y hacer que ella dimita de su cargo. Y mientras el mensajero sale de la aldea para decir que el líder de la rebelión está bien muerto, solo estoy pensando en volver a casa y disfrutar de un Zarato que esté durante una buena temporada en paz.

FIN

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