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Boxeando por cosas inútiles, decimoséptima historia.

Por algún extraño motivo, Sasha Rooselvelt siempre revisaba el correo que llegaba cada día a su casa y se deshacía de toda carta que encontraba, no importaba de qué era. Por su culpa, la casa casi iba a ser desahuciada, varias veces; y el agua y la electricidad se le cortaban cada dos por tres. Su hermana, sin saber realmente lo que ocurría, denunció varias veces al servicio sin resultado alguno.

Pero un día, mientras revisaba el buzón, vio una carta que le interesó y decidió no deshacerse de ella, y eliminó las demás. Volvió a la casa en busca de su hermana, quién estaba preparando el desayuno en la cocina, cantando una canción.

— ¡Hey, hermanita, mira lo que he traído, son buenas noticias! — Eso le decía, mientras le enseñaba la carta. Ella dejó lo que estaba haciendo y se giró hacia ella. Se llevó una alegría cuando vio que era una carta.

— ¡Por fin, por fin, los de correos nos hacen caso! — Eso decía mientras cogía la carta y empezaba a mirar su contenido. — Espero que hayan solucionado el problema ese. —

— Eso es lo que tú te crees. — Eso dijo Sasha, al oírla y en voz baja, antes de reírse y de que su hermana se quedará de piedra, al leer el contenido de la carta.

— ¡Oh, dios! — Decía eso, aterrada. No se lo podría creer. Era algo peor que una carta de desahucio.

Saludos, Michelle Rooselvelt

Me he enterado de tu relación con mi marido, el señor Robin Ashcorp. Y estoy muy, pero muy enfadada. Esto no se puede quedar así. Entiendo que mi marido, el muy cerdo, tiene la culpa, y él tendrá su castigo, pero usted, querida, no escapará de mi venganza, no se irá de rositas.

Por eso, le reto a un duelo a muerte como las antiguas damas de corte. En su casa, el día quince, en la hora de la cena.

P.D.: ¡Estás muerta!

Cordialmente, Iwa Ashcorp

A quién había retado era a su madre y se puso tan alterada, que tuvo que sentarse en la silla y tranquilizarse.

— ¿A qué es una buena noticia? — La hermana se lo decía con una sonrisa. — ¡Y lo mejor es que es hoy! — Estaba eufórica. — ¡Hay que dar una fiesta! —

— ¿Pero qué dices? — Le gritó su hermana. — ¡Es algo terrible, no debes decir esas bromas! —

Sasha solo protestó: — ¡Jo! —

Sabía que su hermana no apreciaba a su madre, pero era incapaz de creer que dijera esas cosas, pensaba que era una broma. Decidió olvidarse de eso, ya que tenía que salvarla. Al mirar el reloj se confirmó que era hoy y tenía que darse tiempo para llamar a la policía. Por eso se fue al salón, para buscar el móvil con toda la rapidez del mundo.

— ¿Dónde está, dónde está? — Eso decía mientras lo buscaba con mucha desesperación por el salón, acordándose de que la última vez lo dejo ahí. Al no tener resultado, buscó en el resto de la casa pero no estaba. Al final, se lo preguntó a su hermana:

— Pues yo no lo he visto, seguro que mamá se lo metió en el trasero. — Eso dijo, soltando un chiste tan feo y fuera de lugar que hizo que su hermana le diera un buen tortazo y le regañó muy feo.

— ¡Es tu madre, y no debes decir tales groserías de ella, sobre todo en estos momentos! —

Sasha no le dio mucha importancia a eso, ya que estaba disfrutando que Malia buscara como loca el móvil, sin saber que fue ella quién lo escondió. Todo esto, mientras su madre se despertaba por el ruido que estaban produciendo las chicas.

— ¿Qué les pasa? — Eso decía entre bostezos. — ¿Por qué hacen tanto ruido en un puto domingo por la mañana? ¡Las prostitutas también necesitan un descanso! — No podría dormir en paz.

— ¡Oye, mamá! ¿Sabes qué a cada cerdo le llega su San Martín? — Malia le gritó que no dijera esas cosas otra vez, y la madre se quedó boquiabierta, diciendo que esa niña ya estaba diciendo cosas raras desde muy temprano.

— ¡No lo sé ni me importa! — Eso le respondió muy molesta, al final.

— ¡Mamá! — Exclamaba Malia. — ¡Tenemos un problema muy gordo! — Su preocupación se le notaba en la cara, y ésta se dio cuenta de que estaban metido en un gran problema.

A continuación, Malia le entregó la carta y su madre la leyó, varias veces, hasta comprobar con horror, que era de verdad y le iban a matar.

— ¿Qué mierda es ésta? — Gritaba aterrada. — ¡Pero si solo es un puto cliente habitual! — Cayó de rodillas, con la mirada en blanco, mientras observaba aquella carta. No sabía qué hacer, había una loca que iba a por ella y que sería incapaz de que entendiera de qué era su trabajo. Por primera vez, en mucho tiempo, se arrepintió de ser puta.

— ¡No pasa nada! — Dijo Malia. Sasha, a diferencia del miedo que salía del resto de la familia, sonreía.

— ¡Lo importante es llamar a la policía, no vamos a permitir que te maten! — Esto añadió Malia, proponiendo un plan que poco le gustaba su madre.

— ¡Ni una mierda vamos a ir con la plasma! — Sentenciaba. — ¡Ni hablar!  —

— ¿Y qué quieres qué hagamos? — Le replicó su hija, que sabía que su madre podría tener problemas legales con la policía, pero creía que era una estupidez no decirles nada.

— ¡Nos vamos a ir de esta ciudad, de Shelijonia, de los Estados Unidos, de América! — Esa era su solución. — ¡Un lugar dónde esa perra no podrá encontrarnos, jamás! — Al decir esas palabras, se levantó rápidamente y subió las escaleras.

Malia, quién no iba a hacerla caso, y al ver que no podría encontrar el dichoso móvil, decidió ir ella sola, hacía la comisaria o ir a la casa del vecino para hacer la llamado. Se dirigió hacia la puerta y cuando la iba a abrir, su madre se le echó encima para detenerla.

— ¡Ya te dije que no metas la poli en esto! — Le gritó eso mientras la agarraba con mucha fuerza.

— ¡Tu vida está en peligro, por favor! ¡Es lo más sensato! — Eso le replicaba su hija, mientras se estaba liberando de las garras de su madre.

Mientras tanto, Sasha, que ignoraba eso, miró por la ventana y se dio cuenta de que había alguien entrando en su propiedad. Un ser musculoso, de gran tamaño, se estaba acercando a la casa y por su mirada no parecía que venía con buenas intenciones. Ella se preguntaba sí eso era un hombre o una mujer, ya que llevaba un pelo bien cuidado, largo y de color rosita; una cara con rasgos femeninos y un vestido de color púrpura, y tenía pecho, de tamaño decente.

— Hey, señoritas, ahí un culturista en nuestra puerta. — Eso les soltó Sasha, haciendo que Malia y la madre se detuvieran, pensando en qué quería decir ella con eso. Entonces, se escucharon unos golpes muy fuertes, procedentes de la puerta, que dejó sin aliento a las tres.

— ¿Quién es…? — La madre preguntó, en voz baja, debido a que estaba aterrada.

— ¡Sé qué estás ahí! ¡Así que, cómo mujer que eres, abre la puerta y enfréntate a mí! — Una voz, que hacía dudar si era de hombre o de mujer, sonó desde el otro lado de la puerta.

— ¡Mierda, ese monstruo está aquí! — Sentía ganas de mear del terror. — ¿No decía que iba a venir a la hora de la cena? — Eso le preguntó a Malia en voz baja y ella le respondía que sí, también asustada.

— ¡No iba a dejarte tiempo para escapar, vil cobarde! — Eso le gritó, ya que al parecer la escuchó. Después de eso, la madre se levantó, tras dar un chillido, y salió corriendo, cómo alma que lleva el diablo, hacia la puerta del patio.

Malia, ya libre de su madre, se levantó, llena de valentía, y abrió a la puerta para enfrentarse a aquella mujer y evitar que hiciese tal cosa tan horrible.

— ¡Por favor, no le hagas daño a mi madre! — Le suplicó, mientras levantaba los brazos en señal de que no iba a pasar. Se dio cuenta de que no estaba, y de repente, oyó un chillido de su madre, desde el otro lado de la casa.

— ¡No puede ser…! — Eso soltó, antes de dirigirse hacia la puerta del patio.

— ¡Qué mierda, no tengo una cámara lista para grabar este momento glorioso! — Eso se dijo Sasha, molesta de no haberse preparado para tal acontecimiento, pero de todos modos se sentía muy feliz por ver a su querida madre acabar muy mal y se fue hacia a la puerta del patio para no perdérselo. Al llegar, la vio implorando clemencia frente a un sujeto que le parecía ser un Rambo travestido, antes de que Malia se pusiera en medio para salvarla.

— ¡Por favor, déjame vivir! ¡Solo soy una simple prostituta haciendo su trabajo! ¡Mata a tu marido, él me paga para tener sexo! — Eso le decía, entre lágrimas.

— ¿Quién eres tú? — Aquella mujer musculosa le preguntó, con cara de gorila furioso.

— ¡Soy su hija! ¡Ella es mi madre! ¡No la hagas daño, por favor! —  Exclamaba Malia con los brazos alzados, otra vez. — Ella no sabía lo que hacía. — Lo dijo con tal determinación que le encantó a aquella persona, quién se quedó pensando en qué hacer, mientras relajaba sus músculos de forma intimidante.

— Una pregunta, chica. — Le decía, tras varios minutos de silencio. — ¿Esa de verdad es tu madre? — Malia le contestó que sí, Sasha que lo era, por desgracia suya; y la mamá asintió la cabeza.

— Tengo una familia que dar de comer. Si me matas, ellas se morirán de hambre. ¡Pobrecitas, pobrecitas! — En realidad, le importaba bien poco sus hijas, solo soltaba eso para que le diese pena y no la matase.

— Y es una prostituta. — Añadió Sasha, quién intentaba arruinar el momento y la mujer musculosa se quedó boquiabierta.

— ¿Es una prostituta? — El problema no era ese. — ¿Y qué tiene dos hijas? —

— Es verdad, mi madre trabaja de eso. Me es horrible reconocerlo, pero es verdad, por eso no se lo digo a nadie. Y siempre intento convencerla de que se salga, pero ella no quiere. Y no sé qué hacer. — Ella se lo explicó todo, en una especie de confesión por su parte. La mujer musculosa se quedó en silencio casi un minuto, mientras Malia se tapaba la cara de la vergüenza; mirando muy feo a la madre.

— ¿No te da vergüenza? — Le preguntó con toda su seriedad a la madre, quién se quedó preguntándose qué quería decir eso.

— Tienes dos hijas y las humillas de esta manera. — Eso dijo además, poniéndole cara de asco.

— Por supuesto, tu sola existencia nos humilla. — Añadió Sasha. Aquella mole de músculos se puso pensativa y cerró los ojos por unos momentos, para decirle esto a Malia.

— Perdonaré la vida a tu madre. — Lo soltó con palabras comprensivas, mientras le ofrecía la mano. Malia se alegró y se la dio, la madre se quedó muy feliz, sintiéndose a salvo; mientras Sasha, decepcionaba, soltaba eso, en voz baja:

— Éste no es el final que yo quería. — Para ella, fue un fiasco. Entonces, después del estrechón de mano, ella le soltó esto a Malia:

— Pero no voy a permitir que sigan viviendo con ese deshonor, las sacaré de esta casa. — Todos se quedaron boquiabierto. Sasha se alegró y a Malia esas palabras casi le dan algo y su madre, suspiró de alivio, al saber que no le iba a matar.

A continuación, se fue a buscar de un teléfono, para decirle a la policía que una puta estaba al cargo de dos niñas; y Malia intentó convencerla de que no debería comunicarlo, que, a pesar de esa vergüenza, quería estar con su madre. La mamá también le pedía que no lo hiciera, porque estaría metido en un buen lio, aunque no le importaría que le quitaran la custodia de Sasha. Aquella mujer le replicaba una y otra vez, que no era digna de cuidar a unas chicas y había que sacarlas de esta casa. La pequeña de la familia sacó el móvil de su escondite para que esa llamara lo más rápido posible.

— ¡Por favor, no lo hagas! — Le suplicaba Malia.

— Tengo que hacerlo por vuestro bien. — Y esto le replicaba, mientras recordando cuál es el número de la policía de la cuidad.

— ¡Oye, sin mi hija mayor, la casa no puede limpia y no podría comer! ¡Piénsalo! — La madre solo empeoraba más aún la cosa.

Entonces, Malia, desesperada, se arrodilló ante la sorpresa de la mujer, gritándole fuertemente estas palabras:

— ¡Por favor, se lo ruego! ¡Haré lo que sea, siempre dentro de mi moral, para que me deje estar con mi madre! ¡Por favor! —

Aquella masa de músculos sintió mucha simpatía por aquella niña, mientras Sasha se preguntaba sí Malia se quería tan poco para humillarse por una persona tan mierda como su madre.

Ella tenía sus buenas razones y se los explicó. Sabía que no era una persona muy buena, incluso dudaba de su bondad, pero era su madre y no quería separarse de ella. Ni de Sasha. Haría todo lo posible por mantener la familia unida y con la esperanza de hacerlas cambiar a mejor. A Sasha eso le dio casi risas, pero a la mujer musculosa esas palabras la conmovieron.

— ¿De verdad harías cualquier cosa? — Le preguntó seriamente.

— ¡Mientras sea moralmente aceptable para mí, sí!  —Eso le respondió y aquella mujer empezó a reírse.

— ¡Me encanta tu actitud! ¡Me encanta! — Eso soltó, antes de pedirle tener una charla con ella. Se fueron en la cocina y dejaron afuera a madre e Sasha, quienes se quedaron esperando en el salón, con mucha impaciencia. Por el aburrimiento empezaron a charlar entre ellas.

— ¡No esperaba que todo esto terminará así! — Exclamaba Sasha, muy decepcionada. — ¡Quería sangre! — Deseaba ver a su madre molida a palos.

— ¡Pues así es, mi querida hija! — Eso le replicaba irónicamente y con burla. — ¡Yo sigo viva! —

— Aún… — Eso lo dijo con un tono de voz muy siniestro, dejándole a la madre algo incómoda por esas palabras. Ésta reacciono y le insultó, pensado que era otra de sus estupideces.

— ¡Vete un poco a la mierda! — Realmente no la soportaba, ni como hija. Y en aquellos momentos, aún más, porque Sasha se puso algo siniestra, para ella.

— ¿Sabes lo que haría yo, si te murieses? ¿Lo sabes? Solo tienes cincos segundos para contestar. — No quería contestarla.

— Me importa una mierda. — Eso le soltó con gran desprecio.

— Respuesta incorrecta. — Y Sasha siguió hablando. — ¡Me llevaría a mi hermana a Paris! ¡No cómo vacaciones, sino vivir allí! ¡Vamos a vivir como bohemias! — Su madre decidió ignorar tales cosas.

Eran las doce y media, cuando terminaron de charlar Malia y la señora. Ésta decidió solo despedirse de las niñas, ignorando con gran desprecio a la madre, aunque ella se sentiría más incómoda si esa se hubiera despedido cordialmente.

Al irse, Malia les iba a decir algo a su familia, pero tuvo que poner orden cuando vio que su madre y hermana peleando por el sofá, ya que éste era demasiado pequeño para las dos.

— ¿Y entonces, de qué has hablado con ese monstruo? — Le preguntó su madre.

— ¡No deberías llamarla monstruo! — Le regañaba Malia. — Es una mujer muy agradable cuando conversas con ella. — Su madre se quedó boquiabierta.

— ¿¡Agradable!? — Gritaba incrédula. — ¡Pero si me quiso matar, la muy puta! Ni siquiera se le puede considerar una mujer, es un híbrido entre los dos sexos. —

Malia le estiró las mejillas a su madre, pidiéndole que no dijera tales cosas tan feas, mientras Sasha decía en voz baja, esto:

— Ojala ella estuviese aquí y te escuchará, para romperte todos los huesos. — Era una de las cosas que más deseaba en este mundo.

— ¡Sasha, no digas esas cosas! — Pero su hermana Malia la escuchó y la regañó. Luego, se dirigió a su madre:

— Es verdad que te quería matar, pero, al final se ha arrepentido. ¡Ella ya debe estar por el buen camino! — Esas palabras que dijo se los creía fervientemente, ante la mirada de incredulidad de su madre y de la burla de su hermana.

— ¡Sí, claro! — Le decía Sasha con ironía.

— Además, ¡conseguí la forma de que ella no te va a denunciar! — Eso añadió Malia, a continuación, con alegría.

— ¿Cómo? — Le preguntó secamente su madre.

— Pues hacer un combate de boxeo…  —Eso le respondió con normalidad, dejando la sala silenciosa por unos segundos. Hasta la misma Malia se quedó dudosa, al darse cuenta de lo que dijo.

— ¿¡Tú vas a participar en un combate de boxeo!? — Eso gritó su madre, intentando aguantar la risa a la vez que se decía mentalmente que estaban perdidas, totalmente. Malia jamás había pegado ni a una mosca.

— ¡Va a ser Rocky Balboa! — Le gritó su hermana, dándole aplausos.

— Se lo intenté explicar que eso no, pero ella no me dejaba elegir otra cosas. Pero estaba desesperada y pues eso. Pero, de todos modos, ¡tengo que ganar, el destino de mi familia depende de mí! ¡No puedo perder! — Eso decía, intentando aparecer decidida, pero en su interior estaba lleno de dudas. Al final, bajó un poco la cabeza.

— Aunque hay un problema…— Les soltaba con tono triste. — No sé nada de boxeo. — No era necesario decir eso, ellas ya lo sabían. Entonces, Sasha se acercó a Malia y le dijo, con estas palabras, esto:

— No importa, hermanita. Aquí tienes a la misma campeona del torneo de boxeo nacional de Shelijonia — Malia y la madre miraron por todas partes. — ¡Esa soy yo! — Se señaló Sasha a sí misma, a continuación.

— ¡Pero si tú nunca has participado en esas cosas! — Le replicó su madre.

— ¡En un universo alternativo, sí! — Las dos se quedaron mirándola. Malia se agachó y le dijo estas palabras de agradecimiento a su hermana.

— Gracias por ofrecerte a ayudarme, aunque…— Fue interrumpida por Sasha, quién le tapó la boca.

— Yo soy la mejor entrenadora de este magnífico deporte, en toda esta triste y apestosa cuidad. — Eso lo decía con voz segura. — ¡No puedes desaprovechar esta oportunidad, yo te llevaré a lo más alto! — Malia le dio tanta pena que no podría rechazarlo. Solo faltaban dos semanas para aquel combate de boxeo, los cuales perdió cinco días siendo entrenada por Sasha, perdiendo inútilmente mucho sudor.

Al primer día, Sasha, su nueva entrenadora personal, supuestamente le trajo las herramientas necesarias para entrar en el noble arte del boxeo y eran estas cosas: Una almohada para dormir con la imagen de su madre, la cual Malia quitó la fotografía; su uniforme, que era un bañador de una pieza y que apenas le cabría, siendo guardado en algún lado, porque tenía lástima de tirarlo; y unos guantes desgastados de boxeo.

— ¿Por cierto,…— Al meter sus manos en los guantes descubrió con asco, que dentro había un líquido desagradable. —…estás segura de que puedo utilizar esto? —

— ¿Hablas de la mantequilla? — Eso le dijo su hermanita, poniendo mala a Malia.

— ¿Y qué hace esto dentro de los guantes? — Quería quitarse los guantes y lavarse las manos. — ¿Es parte del entrenamiento? —

— ¡Pues claro, eso mejora tus capacidades de golpear o algo así! — Malia se lo creyó, a pesar de que era otra estúpida mentira más de Sasha, quién solo quería burlarse ella.

En el segundo día, empezaron a ver un maratón de películas de boxeo, con todas las de Rocky, desde las seis de la mañana. Aunque a Malia le estaban gustando eso, no estaba muy segura de que esto era una forma de entrenar.

— Sasha, ¿en vez de ver sus pelis, podríamos entrenar? Es decir, ¿no deberías enseñarme lo esencial de este deporte? — Sentía que estaban perdiendo el tiempo.

— ¡Calla, calla, está muy interesante! — Le soltaba Sasha, con los ojos puestos en la película. — ¡Sigue viendo y aprenderás! — Todo esto decía, mientras le robaba las palomitas de su madre, quién era la que estaba más entusiasmada por las aventuras de Rocky.

— ¡Callaos, que Rocky está entrenando! — Les gritó. — ¡Balboa eres el mejor, tú puedes conseguirlo! — Le daba ánimos sin parar a ese personaje de ficción.

En el tercer día, Malia y Sasha se fueron a cazar a carteristas in fraganti, en el centro de la cuidad. La mayor no encontraba el sentido de esto, a pesar de que esto de ayudar a la gente a recuperar sus cosas le estaba gustando.

— Sasha, esto me parece algo muy bonito pero… ¿No deberíamos dejar que la policía lo haga? ¿Y qué tiene que ver con el entrenamiento? —

— Hay que ser héroes, ¡salvar el día! Para aprender boxeo hay que ser una heroína. — Y esto le respondió Sasha.

Al cuarto día, Malia aprovechó para limpiar la casa, en vez de entrenar; y terminar las labores de la casa. Algo que Sasha aprovechó para entrometerse y evitar que lo cumpliera.

En el quinto día, volvieron a entrenar, con Malia corriendo por su barrio y con Sasha gritándole con un micrófono.

— ¡Vamos! ¿¡A eso lo llamas correr!? ¡Hasta mi abuela corre mejor que tú! ¡Así que, mueve el culo más rápido! — Le gritaba Sasha.

— ¡No deberías decir esas cosas son muy feas, Sasha! — Eso le regañó su hermana mayor, entre jadeos, mientras luchaba para seguir corriendo y no pararse.

— ¡Hay que motivar, mujer! ¡Insultar al prójimo es animarlo! — A Malia no le gustaba esas palabras de Sasha, pensaba enseñarle que eso provocaba odio y rencor. Mientras tanto, su hermana pequeña siguió hablando: — ¡Y aún te quedan dos kilómetros por recorrer! —

Malia sentía que esto era entrenamiento, aunque no le gustaba la forma de animar de Sasha; pero había algo que no le cuadraba.

— ¿Por cierto, estás segura que es parte fundamental de mi entrenamiento llevarte a cuestas? — Ya le dolía los hombros de llevarla encima suya.

— ¡Pues claro que sí, y no dejes de correr! — Eso le replicó Sasha, mientras intentaba comer un helado, que se estaba derritiendo y cayéndose sobre la cabeza de su hermana.

Al darse cuenta, tras pasar cinco días, de que no había aprendido hacer nada de boxeo, decidió hacer algo más útil. Salió de su casa y se dirigió al gimnasio más cercano. Cuando llegó, gritó esto:

— ¡Buenos días!- Todos le devolvieron el saludo. — ¡Por favor! ¡Necesito a alguien para que me enseñara boxeo, lo básico, para dentro de una semana y un día! ¡Lo necesito urgentemente! —

Esa gran suplica hizo que el gimnasio se llenó de cuchicheos, a lo primero. A continuación, un montón de personas se le acercaron para decirle a ella que la iban a ayudar. Malia se sentía desbordaba, hasta que un montón de entrenadores aparecieron y dieron orden al caos. En los siguientes días, con ayuda de todos, le ayudaron a aquella chica a aprender aquel deporte, que estaba fascinándola, a pesar de que no le gustaba la violencia. Y aprendía tan bien y rápido, que escapaba a la compresión de los demás, creyendo que esa adolescente de pelo azul marino era un diamante en bruto. A pesar de todo esto, de sus esfuerzos y de lo bien que le estaba saliendo, se sentía mal, ya que creía que había traicionado la confianza de Sasha.

Al octavo día, tras terminar su entrenamiento, pensaba decirle eso a su hermana Sasha, y pedirle perdón por no decidí su entrenamiento. Se la encontró, nada más, al salir del gimnasio.

— ¿Sasha? — Se sorprendió un poco verla ahí.

— Esa soy yo. — Eso le respondió Sasha, con su actitud normal.

— Pues verás, yo. He decidido entrenar por mi cuenta, lo siento mucho. ¡Espero que lo entiendas, y perdón por no seguir el tuyo hasta al final! —

— ¿De qué estás hablando? — Ni siquiera se sentía traicionada. — ¡Ya te he enseñado tu sabiduría y mi experiencia como boxeadora! — Al terminar estas palabras, Sasha giró hacia dirección contraria y se alejaba de su hermana, mientras el sol se estaba escondiendo en el horizonte, creando una hermosa escena:

— ¡Muchas gracias, de verdad, te juro que pondré todos mis esfuerzos y enseñaré a todo el mundo lo que he aprendido de ti! — Eso le gritó su hermana Malia, conmovida y llorando a mares.

Al perderse de vista, Sasha empezó a reír como loca, durante una hora. Le parecía tan gracioso que su hermana se hubiera tomado su estúpida farsa, aquel estúpido entrenamiento suyo, que no era más que burlas hacia ella; tan en serio, que casi la mata de la risa.

Y finalmente el día del combate había llegado. Y tras entrenar un poco, empezó a reflexionar durante toda la mañana. Si perdía, aquella mujer le denunciaría a su madre y perdería las custodias. Ella y Sasha, no solo se separarían de su madre, para siempre, sino también las podrían separar a ellas. Si eso pasará, llevarlas por el buen camino sería imposible. Por eso no debería perder aquel combate.

A las cinco de la tarde, llegó un lujoso Rolls-Royce, que las recogía para llevarlas a la casa de la mujer musculosa. La madre estaba llorando al ver que iba a subir en un coche para “megaricos”, eso decía ella. Al entrar, su felicidad se fue al traste, cuando vio a la mujer musculosa, con un traje de señora muy elegante que no le quedaba nada bien.

— Por fin, ha llegado la hora de la verdad. — Le decía eso con una sonrisa, a Malia. — ¡Tengo muchas expectativas sobre ti! — Ella solo asintió.

A continuación, miró con una mala cara a la madre, tras darle un frío y doloroso apretón de manos, que casi le iba a romper la mano. Sasha se dirigió hacia al chofer, que parecía un cerdo, para fastidiarle.

El coche se dirigió hacia su mansión situado un poco lejos de la ciudad, hacia al oeste. Era un enorme palacio, que parecía haber salido de Escocia, sombrío y enorme, con un mármol que parecía brillar más que el mismo sol. Según la mujer musculosa, cuyo nombre era Iwa; fue un viejo fuerte de origen británico, que limitaba la frontera entre la Shelijonia rusa y la británica, durante la época colonial. Y era un lugar perfecto, según ella, para crear un sitio para practicar deportes, entre ellos, un ring.

Al llegar su destino, tras cruzar los impresionantes jardines de la entrada, observando todo tipo de campo dedicados a cualquier deporte, entraron en aquel palacio. Y tras pasar, diferentes pasillos y salas, dejando claro que fue extendido y reformado durante todo el siglo XX, llegaron a la sala en dónde tenían el ring. Y se quedaron sorprendidas, al ver la cantidad de gente, todos desconocidos, esperando ver el combate.

— Una buena parte son trabajadores, otro son clientes habituales de nuestras instalaciones. — Eso les explicaba Iwa al ver el asombro de la familia.

— ¡Todos desean ver esto, porque va a ser muy especial! ¡Incluso algunos han apostado más de trescientos dólares por ti! — Eso añadió ella.

— ¿¡Tan especial es nuestro combate!? — Eso le preguntó su madre, extrañada.

— En verdad, para ellos no, para ustedes, sí. — Eso le respondió con mucha mala uva hacia la madre y ésta decidió callarse.

— ¿Y dónde está mi contrincante? — Se preguntó Malia, algo asustada de encontrarse con alguien muy peligroso.

— Aquí está. — Entonces, Sasha alzó la mano en alto.

— Deja de molestar. — Le replicó su madre. Entonces, Iwa, empezó a reír, antes la sorpresa de Malia y ella.

— Es el contrincante, estúpida. — Eso le soltó, dejando sin habla tanto a la madre como a la hermana mayor.

— ¿Esto, de verdad, es una broma, no? — No quería creerse algo así, no deseaba pelear con su hermana.

— Ella me llamó y me dijo que quería pelear contra ti, y yo acepté. Ha aprendido muy bien a boxear, tanto como tú, y será un combate muy hermoso. — Eso le dijo Iwa.

Malia se quedó boquiabierta, incapaz de entender el porqué, de que su hermana quería luchar contra ella y que deseaba, en el caso de ganar, que aquella mujer denunciara a su madre. Entendía que no le caía muy bien, pero no a este punto. Ni siquiera quería pegarla y deseaba renunciar este combate.

— ¿No te vas a rendir, no? No te puede negar. — Esas palabras de Iwa, que parecía leerle la mente, le dejo claro a Malia, que tenía que participar sí o sí, en contra de su voluntad. Y ésta decidió seguir adelante, pensando en cómo derrotar a su propia hermana sin hacerle mucho daño. La miró.

— ¡Yo soy tu rival y te vencer en esta batalla! — Gritaba Sasha como idiota, mientras hacía estupideces.

— Lamentablemente…— Decía Malia. —… tendré que vencer este combate. — Se arrepintió mucho de haber elegido boxeo, mientras gritaba dudosa. Al oír esas palabras, la sala llenó de euforia y de griterío. A continuación, se prepararon las dos. Se pusieron los guantes de boxeo y los cascos para protegerse la cabeza. Sasha no paraba de dar golpes al aire, diciendo tonterías, mientras su hermana mayor expiraba e inspiraba sin parar. Al final, se subieron al ring.

— ¿Por qué, Sasha? — Le preguntó con tristeza Malia, pero no le contestó.

— ¿Tan mal te cae mamá? — Añadió Malia, a continuación y notó en Sasha, por unos segundos, una cara impropia de ella, bastante siniestra. Una mezcla de desprecio y asco, que le hacían preguntar a su hermana mayor sí, a través de sus chistes y bromas, había un aparente odio, que ella creía que solo era parte de su humor peculiar.

— Hey, hermanita, ¿nos vamos a ir a Paris, después de esto? ¿A vivir cómo bohemias? — Eso le preguntó Sasha rápidamente, soltando su típica sonrisa falsa.

— ¿A Paris? — Se quedó extrañada un poco por eso, pero, como era un deseo suyo, había que respetarlo, en el caso de que ella, Malia, perdía.

— ¡Lo prometo! — Eso le dijo con amabilidad, antes de sonar la campana. Sasha salió corriendo hacia su hermana, iniciando así el combate que decidirá el destino de una familia, y el de unos cuantos hombres y mujeres que apostaron por ellas.

FIN

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