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Cartas para Roma, vigésima historia.

07 de Enero

Querida Francesca

¿Cómo te va todo desde allí, en Roma? ¿Todo bien? Eso espero, aunque, por lo que me has contado, estoy un poco preocupada. Pero, seguro que lo superarás, tú dibujas muy bien, llegarás en lo alto del mundo del mundo del arte. Además la escuela de arte a dónde vas es de lo mejor de la capital de Italia y te enseñaran muchas cosas.

Sabes, me das un poco de envidia. Yo, estoy en el hospital, harta de estar acostada sobre una cama muy incómoda, y muy aburrida. Por eso, te estoy escribiendo, porque no hay nada mejor que hacer. Bueno, ahora me siento muy fastidiada, porque he tenido una nueva recaída, la peor que he tenido, y eso que solo han pasado unos pocos meses desde la última, en serio. De tanto vomitar, hasta siento haber perdido el sentido del gusto, y he llevado casi una semana con el cuerpo ardiendo. Tengo un pañal, porque no tengo ni fuerzas para levantarme de la cama y llevó días, incapaz de comer algo.

Es horrible. A pesar de que hace años de que tuve aquella enfermedad, sus secuelas me atacan, una y otra vez. No importa lo que yo coja, ya sea un simple resfriado o algo que no le sienta bien a mi delicado estomago; casi siempre me pongo tan mal que parece que me voy a morir. Muchas veces me pregunto cómo puedo soportar todo esto y por qué tengo que hacerlo.

Bueno, no quiero preocuparte de más, ya estoy mejor. Por lo menos, puedo escribir algo y la ventana de mi habitación tiene unas vistas muy hermosas. Ahora mismo, está anocheciendo y el solo hace que las montañas se estén viendo naranjas. Creo que Shelijonia no está tan mal, después de todo.

Y ahora me he puesto muy nostálgica, recordando nuestra infancia, a nuestro Nápoles.

Recuerdo el olor a pan recién hecho de la panadería de tu tío y el del mar, aquellos días en dónde corríamos por sus empinadas calles para ver quién llegaba la primera a la meta, en los cuales nos colábamos en las playas privadas de los hoteles cercanos, en el que nosotras éramos uña y carne, y siempre estábamos juntas, ya sea jugando o haciéndoles grandes travesuras a los adultos. 

En fin, termino esta carta antes de que la nostalgia me haga llorar. 

Atentamente, Alsancia-Lorena.

20 de Febrero

Querida Francesca

¿Te van bien las cosas allí, en Roma? Yo, ya he salido del alta, aunque ha tardado más de lo que creía, pero creo que voy a volver a allí, si sigo así. Estoy realmente enfadada y creo que lo mejor es desquiciarme escribiendo esta carta. Espero que no te importe.

Otra vez, me he peleado con mi madre y todo por culpa de un estúpido papelito, ¡cómo lo oyes! Solo le dije que mirase en el papel que nos dio el médico lo que éste quería decir exactamente, porque apenas entendía lo que decía. Más bien, se lo escribí, porque apenas podría decir algo y se lo enseñé y ella me gritó y me soltó cosas horribles. Y al mismo momento que actuó de esa manera, me levantó la mano con ganas de darme un tortazo. No sé la razón, pero estaba tan enfurecida que mis piernas temblaron como flanes y no pude mantener el equilibrio, mientras me tapaba la cabeza. Casi me iba a dar un ataque de nervios.

Luego, pudo controlarse y me dijo que solo estaba de los nervios y fue mi culpa haberla provocado. Eso me sintió fatal, porque yo no hice nada malo, solo le pregunté algo, nada más, y ella se puso como una furia.

Tras eso, eso solo fui a mi cuarto y empecé a llorar. Tal vez, era culpa mía, por estar siempre enferma o por siempre necesitar su ayuda; pero nuestra relación se ha vuelto cada vez peor. Hemos tenido un montón de peleas, algunas tan fuertes que he tenido un ataque de nervios, y rara vez podemos estar juntas. Aquella madre amable y buena se ha transformado en otra cosa. Mi padre y yo, no tenemos peleas, pero él también se está volviendo distante.

Espero y deseo que tu relación con tu madre siga igual de buena, es una buena mujer y sus galletas caseras son los mejores de todo Nápoles, los echó de menos. A ti también, y a toda tu familia y la mía.

Creo que el mayor error de mis padres fue el de irnos de nuestra tierra y venir a Shelijonia. No es un lugar cálido y radiante como Nápoles, y pienso que si yo no me hubiera ido a allí, jamás había terminado de esta forma. Sería una adulta hecha y derecha, con una salud de hierro.

Atentamente, Alsancia-Lorena.

15 de Marzo

Querida Francesca

¿Cómo estás? Espero que estés bien, aunque me preocupa un poco que no me contestes. Sabes hoy he estado viendo películas italianas y pues casi me hicieron llorar. Es algo avergonzante, de verdad, pero así es.

De todos modos, me recordaron a la excursión que tuvimos a Roma, cuando estábamos en la primaria. Tengo vagos recuerdos de ella, pero parecía mucho más bonita que Nápoles. Por eso, tal vez, la eligieron como la capital del país. Bueno, sé que es una estúpida razón, pero apenas me acuerdo algo sobre Historia de Italia.

Creo que, por eso, lloré, porque me di cuenta de que estaba olvidando cuales eran mis orígenes. Cada vez, sé menos cosas sobre él y estoy olvidando los sabores de sus comidas. Incluso mi italiano se está volviendo cada vez peor. Apenas puedo entender lo que decían en las películas.

Supongo que debe ser consecuencia de vivir en el extranjero, pero las cosas aquí son muy raras. Aquí se usan el inglés y el ruso y apenas puedo aprender los dos idiomas. Aunque el primero lo manejo más bien que mal, por escrito, claro está. Y es un lío, porque hay gente que solo usa uno y no te habla en el otro; otros hablan en una mezcla entre los dos.

De todas formas, me es imposible hablar en algún idioma, por culpa de mi tartamudez. Me cuesta mucho soltar una frase, y si lo hago, siempre me atasco y no puedo decirlo. Es horrible eso, lo odio con toda mi alma. No puedo expresar lo que quiero, la gente me mira mal, como si fuera una retrasada, o se enfadan conmigo porque se creen que me burlo de ellos.

En realidad, deseo irme contigo, a Roma, y ser una chica independiente. Incluso desearía poder ser tu compañera de piso, así volvería a pasar el tiempo juntas, después de estar años separadas. Ahora que me lo imagino, todo el que me viera se imaginara que soy tu hermana pequeña.

Bueno, eso me pasa todos los días. Todos se creen que tengo doce años, cuando soy una chica de diecinueve. Creo que ni te llego a los hombros, Francesca.

De todas maneras, sé que eso es algo imposible para mí, es solo un sueño que jamás podré hacer. Debería dejar de soñar despierta.

Atentamente, Alsancia-Lorena.

29 de Marzo

Querida Francesca

Muy pronto va a ser tu cumpleaños, ¿no? Recuerdo que era el tres de abril. Espero que lo estés celebrando en Nápoles con toda tu familia, bajo su radiante sol y rodeada de alegría. Aquí, en Shelijonia, la nieve aún no se derrite y hace un frío horrible. Me pone un poco triste, ya que, después de todo, una escena nevada es bonita, pero te da una sensación enorme de tristeza y soledad, como si la naturaleza hubiera abandonado esta isla, que se encuentra en el Océano Pacífico. Solo espero que llegué la primavera pronto este año, para que iluminar este lugar.

Perdón que me haya ido por las ramas, solo quiero preguntarme si quieres un regalo de mi parte. Así, por lo menos, ayudara a aliviar mi pesar por no poder celebrar tu cumpleaños contigo. Lo haré con mucho gusto, después de todo fuiste mi mejor amiga. ¡Y lo eres, no te preocupes!

De todos modos, si no me contestas, tendré que comprar un regalo que tal vez no te gustará. En verdad, deseo que me digas algo.

Atentamente Alsancia-Lorena

3 de Abril

Querida Francesca

Ya te he comprado tu regalo, espero que llegue pronto a Italia y te gusté. Estuve mucho tiempo buscándolo, y creo que es algo que te encantara.

Sabes, estoy de nuevo en el hospital y es gracioso cómo acabé así. Tuve otra pelea con mi madre, cuando ella vio que te compré el regalo.

Me gritó como loca, preguntándome cómo podría yo gastarme el dinero en una persona que ni siquiera se dignaba a contestarme. Te dijo cosas muy feas y yo te defendí.

Al final, me dio otro ataque de nervios y a mi madre, al verme, casi le da otro. Me llevaron rápidamente al hospital, y por alguna razón que no me han dicho, he tenido que estar hospitalizada más días de lo que pensaba. Espero que a ti las cosas te vayan mejor y que cualquier problema que estés teniendo se solucione sin complicaciones.

Atentamente, Alsancia-Lorena.

28 de Abril

Querida Francesca

Estoy, pero muy harta, de absolutamente todo. Ya estoy harta de sufrir, una y otra vez. Si no es por una estúpida enfermedad que ha atacado mi débil cuerpo, son las peleas con mi madre, que me alteran hasta al punto de ponerme fatal. Y mi padre, cada vez, le importo menos y solo se dedica quitarse del medio cuando le conviene.

No duré ni una semana, ni una. Al darme de alta, tres días después, volví al hospital. Al parecer, no saben si me he enfermado de nuevo o el estrés que me está produciendo mi madre me está destrozando, tanto que no puedo ni dormir. Y me duele, pero mucho, el estomago.

¡Maldita enfermedad! ¡Maldita fiebre de Shelijonia! Si no lo hubiera cogido no estaría sufriendo de esta manera, mi cuerpo estaría bien y no sería una basura. No puedo hablar bien, ni comer, ni andar, incluso, a veces, no puedo ni respirar. En fin, ni puedo hacer nada, vivir se ha vuelto difícil para mí. Más bien, ahora que pienso, desde que vine a esta maldita isla, toda mi vida se ha ido al carajo, ¡Totalmente! ¿Por qué tuve que irme de Nápoles, de Italia?

Francesca, quiero volver a los viejos tiempos, lo deseo con todas las ganas del mundo. Quiero volverte a ti, a tu familia, a la mía, a mi antiguo yo, a Italia y a Nápoles y su radiante sol. Deseo viajar atrás en el tiempo y evitar que mi padre tomara la estúpida decisión de irnos a Shelijonia.

Me siento tan mal que, incluso, estoy pensando en morir. En verdad, llevó tiempo pensándolo, y espero poder morir pronto, porque ya estoy cansada de tanto sufrimiento. Sé que lo que estoy diciendo te parecerá una locura, pero estoy deseándolo fuerte, a pesar de que una parte de mí no quiere, desea seguir viviendo.

Lo siento, de verdad, pero necesito desahogarme con alguien, porque no tengo a nadie, ni puedo contar con mis padres. Estoy sola, totalmente, y desesperada, por ver que alguien me hable o consuela, que solo esté a mi lado. Y que mejor persona que tú. Aunque espero que no te moleste.

Por favor, contéstame.

Atentamente Alsancia-Lorena.

29 de Junio

Querida Francesca

Sabes, a veces, creo que mi madre, tal vez, tenga razón contigo, de que no te importo y es una estupidez seguir escribiendo, cuando llevas meses sin contestarme. Pero me niego, con todo mi corazón, que sea así, porque tú no eres así, por lo menos tu yo del pasado. Sé que jamás sería capaz de ignorar mis cartas, te conozco. Algo te debe haber pasado, seguro.

Si es así, si tienes problemas graves, yo intentaré en lo que pueda en ayudarte. Puede que sea una inútil y débil, una chica con aspecto de niña e incapaz de cuidarse sola; pero, aún así, eres mi querida amiga. Incluso iré a Roma si hace falta.

Recuerdo que tú fuiste la que quería que te mandara cartas a la antigua usanza para comunicarnos, ya que no usabas ni el móvil ni los e-mails.  Y así durante años estuvimos escribiéndonos. Las dos nos gustaba eso, había algo que lo hacía especial. Algo muy feo te debe haber pasado y estoy muy preocupada por ti. Solo espero que no hayas cambiado para peor.

Atentamente Alsancia-Lorena

29 de Junio

Querida Francesca

Una y otra vez recuerdo mi infancia, creo que me he obsesionado con ella, la verdad. Esta vez, ver salir a unos niños del colegio como locos, gritando de felicidad, porque terminaron las clases, me hizo imaginar a nosotras dos. Creo que tú tampoco soportabas el colegio y te ponías tan feliz como aquellos chicos. Eran buenos tiempos, que jamás volverán, por mucho que pensé sobre ello.

¿Sabes algo gracioso? Muy pronto voy a cumplir los veinte años, y ni me veo como alguien mayor, tanto físicamente como mentalmente, la verdad.

Te envidio, pero mucho. Vives independiente y sin ningún problema de salud, a diferencia de mí. Espero que esta vez pueda recibir una respuesta de tu parte.

Atentamente Alsancia-Lorena

15 de Julio

Querida Francesca

Hace tres días, intenté ir al hospital yo sola, sin nadie más. Quería demostrar a mis padres, y a mí misma, que podría hacerlo, demostrar que no era una buena para nada.

Ya estaba cansada de que mis padres me tratase como una chica fastidiosa que solo dependía de los demás. Sé que parecerá algo ridículo, pero, me daba miedo irme sola al médico, porque necesitaba a alguien para que me cuidara. Pero, a pesar de que sea como la cosa más fácil del mundo, para mí era un gran paso para superar aquellas barreras que llevan tiempo superándome.

¿Y lo conseguí? Bueno, una parte, sí. Pude montarme en el autobús que me llevaba al hospital y acudir a la cita. Pero, luego, el que me llevaba hacia mi casa se me escapó. Entonces, tuve que ir andando y terminé en el peor barrio de Springfield, que es la cuidad en dónde estoy. No era peligroso, ni nada parecido, pero aquello era un laberinto de estrechas calles, tanto que varios balcones se tocaban los unos con los otros. Las casas, de dos pisos, parecían pequeñas. Todo esto me recordaba un poco a Nápoles, la verdad.

De todos modos, me perdí en aquel lugar y, al parecer, creo que me dio una insolación y me desmayé en mitad de la calle. Y, al despertarme, me encontré con varias personas, mirándome, en una casa desconocida.

Pues bien, eran buena gente y aunque me costó relacionarme con ellos, hicimos buenas migas e incluso tuve amigas. En verdad, de una forma muy curiosa, por primera vez en lo que llevó en Shelijonia, conseguí nuevas amistades.

Y son muy amables, ya que decidieron llevarme a casa cuando lo necesitaba, aunque, al final, nos perdimos todos por la cuidad.

Sabes, me siento muy feliz, de verdad. Debería haber hecho esto antes, porque ahora miro con mejores ojos esta isla. Incluso, creo que todo parece más bonito, tras este encuentro.

Pero, ¡no te preocupes, eso no quiere decir que dejas de ser mi amiga!

Atentamente Alsancia-Lorena.

01 de Agosto

Querida Francesca

Una de mi nueva amiga, es bastante extraña, la verdad, pero es una buena persona y no sé por qué, pero parece que sabe actual genial, tanto que me da envidia. Y eso que, casi siempre, está acostada sobre su suelo, viendo la tele.

Se llama Mao, y es una chica asiática. Es rubia, color natural, y lleva el pelo corto más una coleta con un listón rojo. Lo curioso de todo es que siempre lleva ropa exótica, algo que ella llama “kimono”. Y es bastante bonita la ropa y la tiene de todo tipo, desde con hermosos estampados de cerezos hasta  de pajaritos de colores. Es bastante difícil, como explicar esto, la verdad.

De todos modos, parecía, al principio, alguien difícil de tratar, pero, luego, sorprendentemente, me empezó a tratar muy bien. Siempre me anima o me acompaña al médico cuando hace falta. Incluso me deja comer y dormir en su casa cuando deseo. Me está ayudando muchísimo, y siento que no podré pagarle todo lo que está haciendo por mí. Me da vergüenza como adulta, ya que ella es mucho menor que yo.

También viven en tres rubios más, que pertenecen a la misma familia, pero que no tienen ninguna relación sanguínea con Mao. Pero, aún así, ellos están allí como si fueran parte de ella. Una de ellos es una chica, que parece joven, y ya tiene una niña, y junto con ellas, está su primo que cuida la tienda. Si tienen una y venden cosas muy lindas. Es bastante curiosa la situación de esta gente, la verdad.

La verdad, es que me gusta ir a su casa, no solo por ella, sino porque es un lugar bastante alegre y animada.

Si alguna vez visitas Shelijonia, deberías pasarte por aquí, y comprar algunos recuerdos para tu familia.

Casi se me olvida de hablar de la otra amiga que he conocido. Bueno, tuve que descansar un poco las manos, porque me duelen de tanto escribir, la verdad. Porque esta carta se me está haciendo muy larga.

Habla como un loro, tanto que, todos se cansan de tanto escucharla. Eso me recuerda a tu tío de la panadería, que siempre hablaba por los codos.

Ahora no recuerdo su nombre muy bien. No sé si era Josefa o Josefina o algo parecido. Me siento algo avergonzada por no saber el nombre de una amiga.

De todos modos, a mi no me molesta que hable sin parar, pero me da demasiada envidia. Desearía poder hablar como ella y expresar todo lo que quiera, porque es frustrante tartamudear o, incluso, no poder decir algo.

Aunque, la verdad, tenemos una diferencia de edad entre nosotras enormes. Ella tiene, entre once o doce años, pero, aún así, es más alta que yo, por solo unos pocos centímetros. Aunque, bueno, ella se cree que soy menor que ella, porque me trata como a una niña y tratándome como una algo adorable, y eso, a veces, me molesta.

En verdad, me da coraje, porque yo debería ser la que debería tratarla como una niña, ya que es menor que yo y es mucho más adorable.

De todas maneras, aquella chica es hispana, de México. Aunque yo me imaginaba otra cosa. Su piel es bastante blanca, a diferencia de muchos mexicanos que he visto salir en la televisión. Entre otras cosas, ella tiene un pelo largo y liso, que le llegaba a los hombros, y morena.

Me encantaría que la conocieras, porque a ti te encantan mucho las niñas y con lo hiperactiva que es ella, seguro que te va a gusta.

No sé si te preguntarás por qué te sigo escribiendo, ya que yo no lo sé, pero, aún así, deseo de todo corazón de que me contestase una carta, por lo menos una, por favor.

Debes pensar que soy una estúpida por seguir mandándote cartas con la esperanza de que me contesten.

En cualquier caso, espero que todo te esté yendo bien, Francesca.

Atentamente, Alsancia-Lorena

29 de Agosto

Querida Francesca

Me está doliendo, de verdad, de esta manera, estoy llorando, y mucho. Te estoy odiando con cada día que pasas sin contestarme.

Creo que esto ya no tiene sentido. Llevo meses mandándote cartas y ninguna ha recibido respuesta. Debería haberle hecho caso a mi madre y haber dejado de escribirte hace meses, porque ser ignorada de esta manera es cruel y horrible.

Puedo pasar de ti, porque tengo a amigas que si me responden cuando lo necesito. Personas que se preocupan de mí y que me dicen que no me haga más daño escribiéndote. Sin su apoyo, ya me había derrumbado.

Pero, aún así, necesito saber algo de ti, ¿por qué? Eres una de mis primeras amigas, la mejor, con la cual disfruté mucho mientras pasábamos el día a día en nuestra querida Nápoles. Me tienes preocupada, tú nunca harías eso. Tú jamás haría algo tan cruel como lo que estás haciendo ahora.

¿Qué te ha pasado? Por favor, contéstame.

Atentamente Alsancia-Lorena.

10 de Septiembre

Querida Francesca

¿Te he hecho algo? ¿Te he hecho daño? ¿Por qué no me contestas? Yo pensaba que éramos amigas, las mejores amigas.

Solo quiero que me digas algo. Por lo menos dignarte a darme una respuesta. No me importa cuál, pero para explicar esto.

Si es algo que has hecho tú y tienes miedo de hablar conmigo, no te preocupes, yo te perdonaré. No importa lo grave que sea. Y si la culpable soy yo, te pido perdón, no importa cuántas veces. Pero, por favor quiero una respuesta. Eso es todo lo que te pido. No quiero perder una amistad como la que hemos tenido de esta forma. Te lo pido, por favor.

Atentamente, Alsancia-Lorena.

03 de Noviembre

Querida Francesca

Ya se acabó, no te escribiré más cartas, está es la última. Pero no te preocupes, cuando quieras volver a hablar conmigo, estaré encantada de hacerlo y te perdonará. No te guardo rencor, o eso intento.

Hasta la próxima Francesca.

Atentamente Alsancia-Lorena.

Un día de Diciembre, mientras Alsancia intentaba comer su desayuno. Inesperadamente el cartero llamó a la puerta de su casa. Su madre recogió un paquete y una carta. Eran para su hija.

— ¡Hey, Alsancia! ¡Esto es para ti! — Le dijo.

Ella, a lo primero, se extraño. Se preguntaba qué era lo que traía el cartero. A lo segundo, se imaginó que, tal vez, sería de su querida amiga Francesca. Rápidamente se ilusionó y con la ayuda de su madre se llevó el paquete y la carta a su cuarto. Le pidió que la dejara sola y ésta así lo hizo.

Miró primero la carta. El emisor no era una tal Francesca Petacci, sino Clara Petacci. “¿No es esa su hermana?”, se preguntó. Y tuvo un mal presentimiento, uno muy malo. Ya le estaba dando miedo abrir esa carta. Así que optó primero por abrir el paquete. Era un hermoso jarrón, cien por cien artesanal y de Shelijonia. Eso era su regalo para el cumpleaños de Francesca. ¿Por qué se lo habían devuelto?

Dudó durante muchos minutos, si en abrir o no la carta para leer su contenido. Le aterraba la idea de leerlo, pero quería saber qué estaba pasando. En esa carta estaba la respuesta que Alsancia llevaba tiempo formulando y que, por fin, iba a saber. Aunque, a veces, saber la verdad es mucho más horrible que estar en la ignorancia. También, lo es al revés. Con esto en mente, se preguntaba qué hacer. Al final decidió lo que le pareció correcto.

“Espero estar preparada para esto.”, se dijo a sí misma.

05 de Noviembre

Buenas, Alsancia-Lorena Mussolini.

Espero que me recuerde soy la hermana de Francesca. Me alegra que haya tenido una amiga tan buena como tú. La razón de por qué no te ha contestado todas estas es que ella está muerta. Murió en un accidente de tráfico cuando paseaba por las calles de Roma, allá por Nochevieja. No pudieron salvarla en el hospital. Ha sido una gran pérdida para mí y para nuestra familia. Aún lloró por su muerte. Tenía una larga vida por delante.

El dueño del piso que alquilo mi hermana fue el que me puso en conocimiento la existencia de tus cartas y tu regalo. Tardé un poco en decidirme si comunicarte esto o no. Me dio bastante lástima. En fin, ella te quería mucho y deseaba volver a verte.

Un beso.

Fue un shock tremendo para Alsancia. Soltó el papel y sus manos no paraban de temblar. Y sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas. Al momento se tapó su cara con sus manos y lloró en silencio. Deseaba gritar por qué, sin parar, pero no tenía las fuerzas suficientes. Y así pasó toda la tarde.

FIN

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