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Halloween entre piedras, vigésima primera historia.

Al despertarme, no me quería salir de la cama, ya que estaba muy calentita, pero alguien me obligaba a hacerlo.

— ¡Oye, despierta! ¡Son las tres de la tarde! — Me decía esa persona, mientras me zarandeaba sin parar.

A lo primero, creía que era mi mamá, pero mientras más lo oía, porque no dejaba de repetirme lo mismo, me daba cuenta de que esa voz era de otra persona, una de mis mejores amigas, Mao.

-¿Mao?- Le pregunté, mientras intentaba abrir los ojos.

-La misma. ¡Y ahora, levántate!- Eso me dijo y era verdad, era ella. Y mi cabeza estaba confundida. ¿Pero qué hacía Mao en mi casa? ¿Por qué quería despertarme? Tuve que preguntárselo y su respuesta fue:

-¡Por Buda! Ésta es mi casa, esto es mi habitación y en dónde duermes es mi futón. ¡Nada de esto es tuyo!- Y tenía razón, porque empecé a mirar a mi alrededor y no era mi cuarto, sino el suyo. Entonces, me acordé de Gazpacho, y eso era raro, ya que yo nunca me lo llevaba a la casa de Mao.

— ¿Y Gazpacho? — Aún así, se lo pregunté.

-Josefina, lo tienes sujetando con el brazo izquierda.- Y estaba ahí, lo estaba abrazando muy fuerte. Sentí vergüenza, por no saber que lo tenía entre mis brazos, y estaba desconcertada, por tenerlo en la casa de Mao. De repente, me acorde de mi mamá y de lo que me dijo:

— ¡Si no vuelves antes de las once y media, te espera un buen castigo! —  Mi piel se puso de gallina al saber que yo no había vuelto. No quería saber el tipo de castigo que iba a tener, pero iba a ser uno muy gordo.

— ¿Ahora qué hago, Mao? — Se lo dije con los ojos llenos de lágrimas.

— Me gustaría saber lo que te pasó anoche…Llegaste a mi puerta toda histérica y llorando sin parar. ¡A las malditas cuatro de la madrugada! ¡Me costó unas dos horas de mi sueño para tranquilizarte! — Mao me decía esto mientras me mostraba los ojos rojos por el insomnio.

Entonces, de verdad, lo recordé todo. Todo lo que me pasó la noche anterior, la de Halloween. Fue una de las peores noches de mi vida y que espero olvidar pronto. Y tenía que contárselo a alguien, aunque no me creyera. Y Mao es una de mis mejores amigas y por tanto era su deber escucharme, y deseaba que me creyera, porque ocurrió algo paranormal.

— Mao, ¡necesito contártelo! ¡Lo que me paso! — Eso le decía muy seria. — ¡Por favor, cree en mi historia, que te voy a contar algo increíble! — Mao me respondió que sí, pero de una forma que no me convencía mucho.

Esta era mi historia: Ayer fue Halloween y estaba muy feliz, ya que me gusta esto de disfrazarme y recoger caramelos y decir “truco y trato”. No tanto eso de ver películas de miedo y que me asusten; pero no importa, lo importante es divertirse y estar con las amistades. Además de que éste era el primero en que podría salir, ya que mi mamá no me dejaba ir sola, hasta que le dije que me iba con unas amigas. La primera cosa que hice al despertar era poner mi disfraz. Iba de bruja, y bueno, todavía lo estoy usando. Me mire unas cuantas veces en el espejo de mi cuarto. Un sombrero y un vestido negro que me llegaba a los tobillos, y una varita mágica, junto con la escoba que tenemos. Lo único que me faltaba era un gato, pero no tenemos ninguno, a mi madre no le gusta tener animales en casa. Aparte de eso, cogí una mochila para guardar a Gazpacho, para que me diese suerte; y las chucherías. Al llegar la hora de partir, intenté imitar a una bruja de verdad y pues mis hermanos me vieron y se burlaron de mí.

— ¡Oye pendeja, cómprate un avión, eso sí que vuela! — Eso me dijo Noemí.

— ¡Pero qué malinche eres! ¡Si nuestro Día de los Muertos es mejor que esa mierda gringa! — Y eso me soltó el feo de Miguel.

— ¡Ten cuidado! ¡Nadie espera a la Inquisición Española! — Añadió el molesto de Juan José.

Son unos completos idiotas, pero por desgracia, los quiero.

Tras ignorarlos, salí hacía la casa de Mao. Les iba a pedir a ella y a los canadienses que me acompañarán a recoger caramelos. Aunque, antes de eso, llamé por teléfono a otras amigas, pero Elizaberth dijo un rotundo no y Sasha, me estaba felicitando por navidad. ¡Sí, por navidad! Yo también me quede sorprendida, ya que estamos en Halloween; pero bueno, así de rara es ella, pero me quedé sin saber si iba a venir conmigo o no. Al llegar, todos estaban viendo la televisión y se los pregunté.

— ¡¡Buenas noches, Mao!! ¿Preparada para la noche de brujas? — Le dije eso.

— ¿Salir afuera con el frío que hace? ¿Yendo de casa en casa para recoger unas simples chucherías? ¿Ver gente “cosplayeando” mal de monstruos y otras cosas? — Empezó a reír mucho. — Lo siento, pero no. — Intenté convencerla, pero me regañó, diciendo que no debería obligar a la gente a hacer cosas que no les gustasen. Me sentí mal y decidí irme de allí. Antes de salir, me soltó esto:

— ¡Oye, si te encuentras con otros niños, diles que no vengan a esta casa! ¡Por que en vez de recibir caramelo, van a recibir palos! ¡Y eso ya también por ti! — Me sentí tan sola, porque ni el primo de Clementina, que no recuerdo su nombre; ni ella ni Diana ni Mao querían ir conmigo. Me entraron ganas de llorar. Porqué lo divertido de Halloween era estar con gente asustando, sola es un rollo y da miedo. ¿Y cómo iba a disfrutar si nadie quería ir conmigo?

Al salir, ya se notaba que se estaba volviendo de noche, el cielo estaba oscuro. El barrio apenas tenía iluminación, parecía haber salido de una película de terror y empecé a tener miedo. Entonces, apareció Sasha, quién me gritó esto:

— ¡Feliz Navidad! — Eso exclamó a gritos, mientras tocaba una campanita. Yo giré la cabeza y, al verla, me dio un susto de muerte.

— ¡¡No me hagan daño!! — Grité, con mucha fuerza y del susto me caí. Entonces, me di cuenta de que era Sasha.

— ¡Papa Noel no es ese tipo de personas! — Y estaba vestida de Santa Claus, de pies a cabezas, con el gorrito de navidad, un abrigo enorme de color rojo y hasta una barba postiza.

— ¿Sasha? ¿Eres tú? — Le decía. — ¡Qué alivio! — Solté un gran suspiro de alivio. A continuación, me puse tan feliz que le dí un abrazo muy fuerte. A pesar de que era solo una persona, era suficiente para no sentirme solo. Tenía a Sasha, y junta a ella iba a pasar un buen Halloween, o eso creía.

— ¿Preparada para recoger caramelos y asustar gente? — Eso le dije, tras soltarla, llena de energías.

— Oye, tú, que no estamos en Halloween ¡Estamos en Navidad! — Me gritó Sasha, mientras no dejaba de jugar con la campanita, y eso me dejó un poco perpleja. Me di cuenta de que había cometido un grave error y se lo expliqué, palabra por palabra. Me dijo que sí, que lo entendía; pero después, me demostraría lo contrario. Por fin, empezamos a pedir caramelos, pero nuestra búsqueda apenas parecía como sale en las películas. Aunque hubo personas que nos los daba, la mayoría nos ignoraba o nos echaba agua o incluso nos insultaba, nos decía que éramos unas traidoras o unas “useñas”. La gente es así, por desgracia. Tampoco vimos a muchos niños disfrazados. Y Sasha, parecía como si se estaba burlando de mí, porque en vez de hacer lo que le dije, regalaba sus chucherías gritando: ¡Felices Navidades!

— Debería volver… ¡Tengo que volver pronto a casa! — Eso dije, a continuación, cuando la alarma de mi móvil sonó. Eran las diez y media de la noche y mi madre me dijo que tenía que volver a las once y media.

— ¡Pero si nos queda una casa! — Y Sasha me gritó esto.

— Yo creo que es suficiente. — Yo reuní muchos chuches y los tenía bien guardados en mi bolsa, ella por el contrario, no tenía ni uno… ¿Habría entendido Halloween, por fin, y se arrepintió de no haber cogido ni una? No lo sé, pero no la tuve que hacer caso. Es que me dio lastima, pensaba que quería caramelos y decidí no volver a casa por ahora. Tenía toda una hora por delante y no creo que a mamá le hubiera llegado a casa un poco tarde.

— ¡Vale! — Le dije.

Y entonces ella empezó a seguir andando sola hacia algún lado, yo pensaba que iba hacia otra casa, así que le seguí. No sabía por dónde me llevaba ella, apenas algunas farolas funcionaban y cada vez habría menos casas.

Todo se volvía cada vez más aterrado. Sasha no parecía estar asustada, es más estaba cantando villancicos. Y parecía que nos dirigíamos hacia las afueras de la cuidad.

— ¿Adónde vas? — Le pregunté.

— Hacía una casa en la que quiero pedir caramelos. — Me contestó.

— ¿En serio? — Yo quería volver a mi casa. — ¿No crees que debería volver a dejarlo y volver a nuestras casas? —

— ¡No te preocupes, Shelijonia se encuentra entre unos de los estados con menos delincuencia de los Estados Unidos! ¡Aunque es alta si lo comparados con otros países! — Eso me hizo ponerme más nerviosa y asustada. Y me puse peor cuando ella directamente se iba a meter en un pequeño caminito entre los árboles. Se estaba dirigiendo hacía lo más profundo de la oscuridad.

— Lo siento, Sasha, pero yo no pienso ir por ahí. — Eso le dije, invadida por el miedo, tanto de meterme ahí cómo de encontrar a mi madre muy enfadada.

— Meh. — Esa fue su respuesta. Y se metió ahí. En ese momento, es cuando me puse alterada de los nervios, ya que estaba sola y no podría volver. Todo estaba tan oscuro. Por eso, salí disparada hacía Sasha, no quería que me dejará en ese sitio, además, no podríamos separarnos, le podría ocurrir algo malo. Me metí en el pequeño camino del bosque.

— ¡Sasha! ¿Dónde estás? ¡¡No me dejes sola, por favor!! — Yo gritaba, gritaba sin parar.

Pero nadie me contestaba, y cuando me dí cuenta no sabía por dónde me había metido. Entonces escuché los sonidos del bosque. El ruido, las ramas, los gritos de los animales. Por cada cosa que oía, me imaginaba que eran fantasmas o cosas peores. Y me puse a llorar, pidiendo ayuda. Entonces, algo salió de entre la penumbra. Me quedé en silencio, apenas veía algo y pues me imaginaba de todo, menos cosas buenas. Me quede paralizada, sin poder huir. Entonces, eso empezó a bailar, como si estuviera demente. Es más el baile lo recordaba de algo pero no podría saber el qué. Y se acercaba poco a poco y yo le suplicaba:

— ¡Por favor, no me haga nada! — Estaba temblando como un flan. Entonces, gritó y yo también del susto. Los pájaros también se asustaron y eso me hizo hace gritar más. Casi me quede sin voz.

— ¡Feliz Navidad! — Me dijo eso, cuando dejé de gritar. Entonces los rayos de la luna reflejaron eso y vi que era Sasha. La muy pendeja me dio un susto de muerto.

— ¡Maldita pendeja! ¡No me hagas esto! ¡Nunca más! — Le decía sin parar. Aunque, en realidad, a pesar de eso, estaba feliz de haberme encontrado con Sasha.

Y pues, Sasha siguió caminando hacía el camino, o eso decía ella y la acompañaba. Aunque seguía teniendo miedo, por lo menos tenía a alguien, a pesar de que intentaba asustarme más de lo que estaba, diciendo estas cosas:

— ¿Sabes que en Shelijonia vive el murciélago llamado el Vampiro Real Gigante y que se le ha visto comer cadáveres de seres humanos? — Ponía una voz muy siniestra.

— Hace poco me entere de que en una ciudad cercana hay un violador en serie ¡Imagínate si está aquí, en nuestra ciudad, en este bosque, espiando a unas pobres niñas indefensas! — Yo le pedía que no me dijese más cosas, pero no me hacía ni puñetero caso.

— Aquí no hace faltan fantasmas para matarte, aquí pueden matarte perros salvajes, asesinos en serie, osos, las temperaturas, las vacas locas, tu mamá, la verdad… ¡Lo ves, la realidad es hermosa, tan llena de peligros y sufrimiento! — Intentaba no oírla y me tapaba las orejas, gritaba o cantaba cualquier cosa.

— ¿Algunas vez has querido probar carne humana? Yo sí, y ahora mismo me está entrando ganas…— Pero no había manera. A veces me harta que Sasha sea así, pero mucho.

Y sin darme cuenta, salimos del bosque y llegamos a un prado. La luna lo reflejaba todo y era un lugar hermoso, también tenía un pequeño arroyo en mitad de ese lugar. Cuando llegamos, miré por todos lados. Por uno, veía, a lo lejos, las montañas, muchas de ellas tenían nieve; y eran altas.

Por el otro lado más bosque, un gran río y la cuidad, que brillaba tanto como las estrellas del cielo. Si hubiera sido una pintora de esas, había pintado ese paisaje, porque era bonito, te llegaba al alma.

Mientras tanto, Sasha seguía su camino y me dejó atrás; y cuándo me dí cuenta, tuve que ir corriendo y atravesar el arroyo, casi iba a caer al agua y mis pies se mojaron. ¡Con el frío que hacía! Al llegar a adónde estaba ella, al otro lado del prado, vi algo que siempre salía en los documentales de aliens que ve mi papá. Eran un montón de piedras largas y gigantes que parecían formar círculos, como en Stonehenge. Y muchos montículos de tierra con cuevas alrededor de ellas. ¿Esto también fue obra de las alienígenas? Eso me preguntaba.

— ¡Ya hemos llegado! ¡Ya estamos en la casa! — Dijo de repente, Sasha.

Yo miré por todas partes, pero no encontraba la maldita casa. Solo el Stonehenge ese y árboles y más árboles. Entonces, de repente, se escuchó una voz que me asustó mucho:

— ¿Oye, que hacen aquí? ¡No ven que están molestando mi ceremonia! — Y entonces vimos a una chica que parecía de mi edad, o más vieja.

Parecía muy siniestra y llevaba un colar con pinchos, y en los brazos también llevaba otra cosa igual, y una camiseta con la imagen del diablo y unos pantalones vaqueros con agujeros. En total, era una satánica de esas, y el miedo volvió a mí. Aunque había algo raro en ella, llevaba orejas de gatos.

— ¡Bienvenida a la naturaleza, persona sin vida y que ve mierdas chinas! — Le saludó Sasha enérgicamente, y sin tener miedo de ella.

— ¡No le digas esas cosas! — Tenía el miedo de que invocará al diablo y nos matase, y quería que no le dijera esas cosas. Saqué mi rosario de mi bolsillo y con mi mano lo apreté en busca de protección divina.

— ¡Vaya con este miserable humano! ¡Qué osada eres para decirle a alguien como esas palabras! — Hablaba muy raro y eso me recordó a Elizaberth.

— ¡Por qué tengo vida! — Le replicó, con orgullo.

— ¡Cállate! — Eso le dije en voz baja, con el miedo de que la enfadará y nos hiciese algo horrible.

— No importa…Los insultos humanos no se merecen mi atención. — Se dio la vuelta hacía las ruinas. — ¡¡De todos modos, pueden ser útiles!! — Eso me dio mala espina.

— ¡Vámonos, ahora! ¡Esta wey es una satánica y nos llevará ante al demonio! — Le dije a Sasha, en voz baja.

— ¡Ustedes, si se van de este lugar sagrado, perecerán de la peor posible! ¡Mi magia os puede eliminar! — Al parecer, ella me escuchó y nos amenazó.

— ¡Whoa! ¡Eres maga! ¡Quiero unos trucos! ¡El de las palomas! — Y Sasha dijo eso, como si fuera una boba, mientras se acercaba hacia ella. Parecía como si no sabía en dónde nos estábamos metiendo. Iba directa hacía la satánica, haciendo el avión, toda feliz, como si nada malo estaba ocurriendo. Y algo estaba mal. Tuve que ir yo también, más por miedo hacía esa niña que otra cosa.

— ¿Y los trucos? — Eso le preguntaba, cuando llegó a dónde estaba ella, y mientras daba vueltas por su alrededor.

— Ya lo verás, humana. — Eso le decía a Sasha, con palabras muy siniestras.

Y nos fuimos al centro del Stonehenge y ahí confirmé mis temores. En el centro había un montón de cosas raras, todo muy satánico. Un circulo con una estrella dentro y hecha de sal se situaba alrededor de una cabeza de una cabra, que estaba situado en el centro, centro. Un montón de velitas feas ocupaban cada punto de esa figura. Y había un montón de cosas raras que no sabría cómo describirlos. Esa chica siniestra se puso en medio del centro y dijo:

— ¡Oh almas errantes, ya han llegado los sacrificios! ¡Hoy os honraré y os invocaré para…! — Todo eso me sonaba tan satánico, que sentía que, de un momento para otro, me iba a orinar del susto.

— ¿Cómo es el truco? — La interrumpió Sasha.

— ¡No me interrumpas, humana! ¡Estoy invocando a los espíritus errantes de la tribu de los Salmuera, cuyas almas están enterradas en estas ruinas esperando su vuelta al mundo terrenal! ¡Iba a sacarlos de sus tumbas como zombis, pero mejor os utilizo a ustedes, os introduciré a los espíritus dentro de vosotras! — Esa niña satánica estaba bien enferma, quería despertar a los muertos. Y eso, según mi mamá, es algo muy malo. En su rostro se veía una sonrisa burlona, como si se estaba burlando de nosotras. Yo quería decirle algo, pero el miedo no me dejó:

— ¡Eso suena darcs! ¡Qué empiece el espectáculo! — Solo Sasha podría decir cosas.

— ¡No, por favor! ¡Sasha no sabe lo que dice! ¡Ninguna queremos eso, déjanos irnos! — Al final pude decir algo, a pesar del miedo.

— ¡Entonces si no quieren ser parte de esta ceremonia de la muerte! ¡Denme vuestro dinero! — Eso nos gritó mientras se ponía a pedir dinero con la mano.

— ¡Pero si no tenemos dinero! — Le decía. — ¡Pero tenemos chucherías, muchas chucherías! — Le ofrecí todos los caramelos y dulces que había conseguido.

— Ni una mierda. ¡Quiero dinero, o hay sacrificios! — Lo dijo rotundamente.

Recé para que un milagro se produjese y pudiéramos salir de ahí o que evitará la ceremonia satánica. Pero no pasaba nada. No importaba, yo rezaba y rezaba sin parar.

— No soy tan cruel con los humanos, así que dejaré que una se sacrifique por la otra… — Pero ella seguía con esa locura, y no había nadie que la estaba deteniendo. Ni la policía.

— Yo, voy a ser yo. — Dijo Sasha. O no sé estaba dando cuenta de la gravedad de la situación o bajo esa sonrisa se estaba sacrificando por mí.

— ¡No lo hagas, Sasha! — Le grité.

— ¡A callar, sucia humana! — Me dijo. Luego, se dirigió a Sasha, a quién la puso en el centro. — Antes de eso, hay que hacer unas cuantas cosas, humana. —

— ¿Y lo dices ahora? — Eso solté yo, sin darme cuenta de que eso era mejor para nosotras. Así tenemos tiempo para escapar de esa locura. Aunque no hice nada, solo me quedé mirando.

— Son pequeños detalles que a una se le olvida, pero son importantes. — Ella me lo explicaba, con una horrible sonrisa.

Y se quedó en silencio durante unos minutos, mirando a Sasha con muy mala cara, cómo si se preguntaba qué perrerías le iba a hacer.

— Bien, lo primero es que te quites la ropa. — Es lo primero que dijo.

— ¿En serio? ¡Pero si hace mucho frío! — Le grité.

— Bah, no importa. — Dijo Sasha con toda la tranquilidad del mundo.

— A ella no le importa… ¿Tú también quieres unirte a ella? — Yo me callé. No quería desnudarme en mitad del bosque.

—No, eso no, pero tampoco…— Aún así, obligar a los demás desnudarse no estaba bien.

— A callar. — Se dirigió a Sasha. — Y desnúdate. —

Y ella se quitó el abrigo de Papá Noel, luego las bragas. No le hizo falta quitarse los sujetadores, porque no tenía ninguno puesto, ya que, después de todo, es tan plana como una tabla de planchar. Y le obligaron a quitarse el gorro e incluso las botas. Y cómo dios la trajo al mundo, se sentó encima del cráneo del animal.

— ¡Pero no te sientes! — Le decía. — ¡Por qué ahora tienes que ponerte a posar como un perro! —

Entonces empecé a pensar que se estaba aprovechando de ella. Y Sasha, lo hizo. Hizo una posición bastante vergonzosa de los que hacen normalmente los perros.

— ¿En verdad los espíritus quieren que Sasha haga eso? — Le pregunte.

— Pues sí. — Y se fue a por su mochila. ¡Sí, en el lugar también había una mochila! Y sacó de él una botella de agua.

— ¡Y ahora te debo de purificar! — Decía.

— ¿Le vas a echar agua? — No solo iba a invocar a los muertos, iba a hacer que Sasha se pusiera muy enferma. Podría coger un resfriado o peor: Una gripe.

— Así lo dictan y, ¡cállate, pesada! — Me llené de rabia y impotencia, al ver cómo humillaban a Sasha de esa manera, pero el miedo era más fuerte que ayudar a mi amiga, y pues me sentí horrible en aquel momento fatal. Más ella no mostraba más que la sonrisa de siempre. Y la satánica la observaba, y parecía que quería morirse de la risa, mientras le echaba agua encima:

— ¡Por cierto, yo tengo otro buen detalle más que añadir! — Entonces, Sasha exclamó esto, a continuación, después de ser purificada.

— ¿Ah sí? — Le puso mala cara, al oírla.

— Hay que pintar mi cuerpo con los símbolos de la tribu. — Me preguntaba en qué estaba pensando Sasha en aquel momento. Y la satánica se quedó sorprendida con esas palabras.

— Qué gillipo…— Se calló de repente —…Bueno, humano… ¿Dónde quieres que encuentre pintura para eso? ¡Yo no he traído nada de eso! —

— Pero sí está ahí al lado nuestra. — Le dijo, señalando hacia un cuenco de madera con una especie de líquido rojo. Tanto la satánica cómo yo nos asustamos porque esa cosa literalmente no estaba allí. Ella incluso dio un grito de terror:

— ¿Pero de dónde ha salido eso? —

— Ellos los han traído. — Dijo Sasha. Y eso añadió más terror al asunto.

— ¡No digas tonterías! — Le replicó a Sasha, bastante aterrada.

Y entonces ella le pidió que le pintará el cuerpo y la satánica me obligó a hacerlo y tuve que meter mis manos entre aquel líquido asqueroso, que apestaba un montón; y dibujarle símbolos extraños en el cuerpo de Sasha, según sus indicaciones, y soltando cada dos por tres cosas muy raras y siniestras. Quiero olvidar eso, sacar esa maldita escena de mi cabeza. Cuando terminé, por desgracia, la ceremonia satánica empezó:

— ¡Yo, vuestra servidora, Khieu Ponnary, os honraré y os invocaré para que vuelvan al mundo terrenal, a cumplir con vuestro destino! ¡Oh, almas errantes, aquí tengo al instrumento que podéis poseer para conseguir todos vuestros objetivos! ¡¡Es vuestra hora, a despertar!! — Y no pasó nada.

Y entonces tras decir eso, empezó a reír, como si hubiera dicho algo muy gracioso, y nos señalaba. Yo estaba a punto de mearme encima, con la idea de que se había vuelto completamente loca. A continuación, escuchamos un montón de gritos.

— ¿Qué es eso? — Pregunto ella. Yo también dije lo mismo. Eran horribles. Parecían voces, otras parecían sacudidas en la tierra, otros eran los animales que gritaban sin parar. Sasha era la única que no parecía estar asustada. Y entonces aparecieron un montón de luces, de todos los colores, y no dejaban de moverse de un lado para otro. Entonces escuchamos gritos de gente muerta y salimos corriendo, tanto la satánica como yo, de ahí, con todas nuestras fuerzas, totalmente aterradas y gritando como nunca.

¡En serio! ¡Lo juro, eso es lo que pasó! ¡Habíamos invocado a los espíritus! Y lo peor de todo es que Sasha se quedo ahí, desnuda y rodeada de fantasmas. ¿Por qué me olvide de ella? ¿Por qué? ¡Ahora me doy cuenta de lo que he hecho! ¡Había abandonado a una amiga, aunque fuera molesta y muy rara! ¡No podría perdonármelo! En fin, la satánica y yo corrimos hasta al bosque y en mitad del lugar nos paramos a descansar.

— ¡Es imposible! ¡Es científicamente imposible! ¡Los fantasmas no existen, carajo! — Decía ella.

— ¿Qué quieres decir con esto? ¡¿No eras tú la que quería invocar a esas cosas!? — Eso grité yo.

— ¡Era una broma, una estúpida broma! ¡Me estaba burlando de ustedes! ¡Yo había preparado todo eso para mis amigos y hacer una ceremonia satánica de broma! ¡Pero todos me abandonaron en el último momento y ustedes aparecisteis y pues yo me aproveche de vuestra estupidez! ¡Pero eso…! ¡Pero eso! ¿Qué ha sido eso? — Estaba igual de aterrada que yo, incluso peor.

Entonces, descubrí la verdad, y me enfade cómo nunca. Todas esas cosas malas que hizo contra nosotros, fue solo para llamarnos lerdas, y lo peor es que había humillado, a mi amiga y la había puesto en peligro.

¿Cómo puede ser la gente tan miserable? ¿Por qué hay gente tan mal como ella? Yo jamás uso la violencia, es mala, pero en ese momento estaba ida y le di una patada en el estomago, como si el demonio me hubiera poseído. Se retorcía de dolor y yo, al darme cuenta de lo que hice, salí corriendo. Después de esto, no paré de correr hasta que llegar a la casa de Mao y pedirle ayuda, pero cuando entré y me consolé, me quedé dormida, olvidándome de Sasha. Así termina mi aterradora historia.

Cuando terminé de contar, le empecé a gritar a Mao lo que teníamos que haber hecho desde el primer momento:

-¡Mao, Mao, hay que rescatar a Sasha!- Tenía tanto miedo de que le hubiera pasado algo malo, me sentía muy mal por haberla abandonado.

Y entonces me di cuenta de que ella se había quedado dormida, mientras le contaba mi historia.

FIN

 

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