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Sasha Rooselvelt, vigésimo quinta historia

Hace mucho, muchísimo tiempo, antes de que Nuestro Señor Jesucristo hubiera nacido, existía en la tierra una criatura llamada “La Ramera de Babilonia”. Nació ahí, y fue allí cuando inicio el trabajo más antiguo de la humanidad. Esa criatura no sabía hacer nada, era la burla de los dioses y se iba a morir de hambre, hasta que descubrió el hermoso arte de abrir piernas. Por fin tenía algo con el cual se ganaba el pan de cada día, y sin hacer mucho esfuerzo, porque tenía el culo gordo y no quería moverse.

Pero eso tenía consecuencias, ella no sabía que a veces esa cosa que escupían los gusanos creaba frutos en su interior, y cuando se dio cuenta intento eliminarlos, pero como era idiota fracasó.

Y así nació el sol, y cómo la ramera no sabía aprender la lección, tuvo otro fruto. También intento eliminarlo pero el sol lo evitó, y así nació la luna.

Y todos putos, porque ya me cansé de contar esta magnífica historia.                                             Sasha Rooselvelt

— Bueno, la niña sabe escribir muy bien, la verdad…— Eso dijo la madre de Sasha y Malia Rooselvelt, tras leer lo que ponían en aquel papel. Estaba sentada en una silla, en un lugar pequeño, con las paredes llenos de cuadros con fotos de diferentes presidentes de los Estados Unidos, delante de una gran mesa que tenía una pequeña banderita del país de la libertad y un ordenador. Junto a ella, estaba su hija mayor que le decía que estaba equivocada, entre señas. Se encontraban en el despacho del directo, junto con otra profesora que les estaba explicando algo.

— Señora, eso no es la cuestión… Es el contenido. — Eso replicaba una señora gafotas de treinta años, que llevaba un traje parecía a la de una secretaria, y con una cara tan poco amigable que daba un aire muy totalitario. Es la tutora de la clase de Sasha. La madre lo leyó una y otra vez el cuento y llegó a otra conclusión:

— Sí, dice cosas muy raras…— Tardó mucho en darse cuenta la verdad.

— La cuestión es que esto es una muestra de que su hija tiene problemas muy graves… ¿En su casa están pasando por una crisis familiar o algo parecido? Queremos ayudarla…— Eso les soltó la profesora, poniendo una cara de enorme preocupación.

— En mi casa no pasa nada, somos una familia feliz y unida. — Mentía descaradamente mientras recordaba cuando su hija la intentó tirar de las escaleras, cuando en su cumpleaños le regaló un escorpión sin veneno, cuando la engañó y hizo que se disfrazara de payaso y se paseará por la cuidad siendo la burla de todos. También las millones de veces que le insultaba, que le ponía cola en la silla en la que se sentaba y le quitaba sus galletas. Por su parte, Malia no dijo nada. Había conseguido vencer y evitar la disgregación de su familia y esperaba que su madre no dijese nada que pudiera arruinar todo su esfuerzo, aunque le asqueaba mentir.

— De todos modos, ésta no la única razón por la que ha sido llamada…— Eso les decía, mientras se levantada de la silla del director. — En verdad, a usted la hemos llamado cientos de veces, pero siempre venía su hija mayor, me alegro de que por fin nos haya escuchado. — Aunque la madre se arrepentía de haber venido, porque no quería saber nada de las quejas de los demás por los desmanes de su hija pequeña.

A continuación, mientras la señora se acercaba a un armario para abrirlo y sacar de él un gran archivo; la madre se estaba metiendo el dedo en la nariz, y Malia le regañó en voz baja, diciéndole que no hiciera guarradas ahí. La profesora apenas podría con aquel enorme archivo, pero pudo llevarlo a la mesa y dejar a las dos boquiabierta.

— ¡Todo esto es de Sasha! — Les dijo.

— ¡Oh, dios mío! — Dijo Malia con una mueca de horror.

— ¿No me digas que nos vas a enseñar todo eso? — Preguntó la madre muy desmotivada y con ganas de irse allí corriendo. Maldecía a Malia por llevarla ahí y a Sasha también, ya que, por su culpa, iba tener que soportar horas y horas de regañidas.

— Solo algunas muestras de su horrible comportamiento en clases…— Eso le respondía, aliviando un poco a la madre, y antes de ponerse a leer.

Primera muestra, lunes 22 de Septiembre.

Ocurrió a primera hora de clase, cuando la maestra de un curso ajeno al de Sasha estaba pasando la lista, como cualquier día normal de trabajo.

— ¿Anastasia Oparin?— Una niña levantó la mano diciendo presente en ruso. Confirmado que habría venido a clase.

— ¿Aleksandr Kursánov? — Entonces, alguien había levantado la mano pero no era Kursánov. Ni siquiera era un chico. La profesora lanzó un suspiro, conocía a esa chica que desde que entró en el instituto no la ha dejado en paz y eso que ni siquiera le daba clases. Era la sexta vez que se cuela en una clase que no es suya. Esa era Sasha, por supuesto.

— ¿Cuántas veces te han dicho que tiene que estar en tu clase? — Le preguntó, muy molesta, ya que otra vez intentaba molestarla.

— Pero yo no quiero estar con los chiquitines. — Eso le respondió.

— Tú también lo eres. — Y eso le replicó la profesora, mientras se acercaba a la mesa en dónde ella estaba.

— Eso aparte, vine por algo que cómo profesora de física le va a interesar. — Le decía esto entre extraños movimientos de manos y la profesora la replicó de nuevo:

— Soy profesora de Matemáticas. — No quería aguantarla, por eso le iba a coger de la mano y le iba a llevar, aunque sea a rastras, a su clase.

— Bueno, no importa, le va a interesar. — Mientras decía esto, levantó su mochila del suelo y la puso sobre la mesa. Todos estaban en silencio esperando qué era lo que iba a sacar. Fue la calma ante de la tormenta, ya que, cuando lo sacó, la clase se llenó de gritos y de pánico. Lo que enseñó Sasha era dinamita y la profesora cayó desmayada del susto.

— Pero si no está encendido, por dios. — Dijo Sasha al ver cómo la clase, y después el instituto se quedarán vacíos y con la policía acorralando la zona por peligro de ser un atentado terrorista.

Al leer el documento que decía sobre el incidente, Malia lo recordó y se moría de la vergüenza, la madre lo vio muy cómico y empezó a reír, haciendo que eso molestará a la profesora y su hija le dio un codazo para que se callara.

— Señora, por favor, era dinamita de verdad, yo no me lo tomaría a risas esto. Podría haber puesto en peligro el instituto entero. — Eso le dijo con mucha seriedad, y por lo que estaba viendo, era normal que saliera un elemento como Sasha con una madre así.

— ¿Y de dónde sacó toda esa mierda? — Esto le preguntó la madre, mientras Malia le dio otro codazo para avisarla de que tenía que mejorar su lenguaje.

— No lo sabemos, ni siquiera la policía sabe cuál es su origen…— Eso lo decía mientras se sentaba en la silla del director —…y por esto se le expulsó una semana…— Por unos momentos, el lugar se quedó en silencio, mientras ella buscaba de entre aquella inmensa cantidad de papeles.

— En fin, sigamos. — Eso les dijo, cuando encontró lo que estaba buscando, con pocas ganas de continuar.

Segunda muestra, jueves 11 de octubre.

— ¡Jo, Sasha, por tu culpa, tengo que estar haciendo de cocinera! ¿Por qué te tuve que hacer caso? — Eso le replicaba una chica muy enfadada, quién estaba al lado de Sasha, llamada Josefina. Estaba con el pelo recogido, con un gorrito blanco y un uniforme de cocinero del mismo color, mientras estaba picando comida.

— Pero así aprendes a cocinar como buena mujer, debes felicitarme por lo menos. — Eso le decía Sasha, con pintas parecidas, mientras hacía de todo, menos cocinar. Ahí estaban ella y Josefina castigadas a hacerles las comidas a los demás, en el comedor. Esto fue el resultado de engañar a Josefa para tocar la sirena de incendios y provocar el caos en todo el instituto. Una vieja fea y horrible les decía en ruso, como si fuera manejando un GULAG, que se dejarán de cháchara y trabajarán.

Pero sin que se diera cuenta la cocinera ni Josefa, Sasha echaba en la comida para los niños una cantidad desmesurada de picante. Así, cuando llegó la hora de comer para aquellos que esperaban a sus padres, escupieron su comida porque les quemaban, se iban corriendo en busca de agua y llegaron a pelearse por el líquido que encontraban porque les ardía la boca sin parar.

— Por esto, se le expulsó por lo menos dos semanas. — Dijo la profesora, cuando terminó de explicarle aquel incidente. Malia, solo quería pedir perdón sin parar, por las malvadas que estaban haciendo su hermana, mientras su madre volvió a empezar a reír.

— Esto es típico de ella. — Eso le decía la madre, entre risas, mientras estaba recordando todas las veces que le echaba mucho picante a su comida. Su hija le dio otro codazo y ella, al parar de reír, se dio cuenta de la cara tan seria que tenía la profesora, quién la estaba mirando fijamente.

— ¡Oh, vaya! ¡Qué cosas más malas hace mi hija! — Tuvo que decir eso para aliviar algo la situación.

-Bueno, sigamos…- La profesora hizo como si no hubiera visto eso y siguió contándoles más cosas del expediente negro de Sasha.

Tercera muestra, jueves 15 de Noviembre

En este mismo despacho, estaba un hombre revisando unas cuantas cosas en el ordenador, mientras esperaba la llegada de alguien. Era muy delgado y alto, y su calva brillaba a la luz de sol, mientras él se ponía bien su bigote tan llamativo que recordaba al de Nietzsche. Entonces, entró esa persona.

— Otra vez, has vuelto a hacer de las tuyas ¡Qué dolor de muelas eres!…— Eso le dijo, al ver a Sasha, quién entraba en el lugar, soltando frases sin sentido, mientras movía las manos como si fuera ruedas. A continuación, empezó a regañarla por lo que había hecho en aquel entonces.

-¿Sabes el estrés qué me estás causando? ¡No puedo ni dormir por las noches!-  Eso le dijo, tras ver que ella le ignoraba olímpicamente, haciéndose la tonta a propósito.

— Eres el sexto profesor qué me dice eso. ¡Felicidades! — Sasha empezó a aplaudir.

— ¿Qué felicidades? ¡Has conseguido que varios profesores hayan renunciado su puesto por tu culpa! ¡Y que muchos niños se hayan cambiado de instituto para no verte! — Y empezó a gritar con mucha histeria.

— ¡No deberías estar feliz ni nada parecido! ¡Debes reflexionar de una maldita vez y aprender de una vez que por tus tonterías haces mucho daño a los demás! — Estaba harto de ella.

— ¿Reflexionar? ¿Qué es eso, se come? — Y lo único que hizo Sasha es seguir haciéndose la tonta.

— ¡Ponte seria de una vez! — Su grito retumbó por todo el despacho.

— ¡Hey Dire, no debe ponerse así, eso no es bueno ni para su estrés ni para su corazón!! — Pero Sasha, aún seguía con lo suyo, burlándose del pobre. En ese mismo momento, al director le llamaron y éste, tras escuchar el mensaje, le dijo a Sasha qué se quedará ahí y se fue. Al ver que iba a tardar mucho, ella aprovechó para mirar el ordenador y hacer otra jugarreta. Él no se dio cuenta de lo que hizo ella, para su desgracia.

Sasha descubrió, entonces, que el ordenador del despacho conectaba con todos los demás e incluso con los proyectores, y hubo uno al que le interesó rápidamente, el del salón de actos. Allí, gracias a que la computadora de alguna forma lo indicaba, estaba una clase haciendo un examen muy importante. 

En ese lugar, mientras la profesora vigilaba que sus alumnos no se copiaran, de repente veían cómo el proyector se encendía solo y el aparente silencio del lugar se convirtió en un horrible concierto cuyo índice de ruido superaba lo permitido. Todos se taparon los oídos y la mujer con torpeza buscaba el interruptor de los altavoces. Y para colmo de la pantalla empezó a salir imágenes obscenas y horribles entre hombres que hicieron gritar cosas como “tengo 12 años y qué es esto”.

Lógicamente, con esto se formó un escándalo en toda la cuidad y hizo que el director tuviese que abandonar de su puesto y que ahora todos duden de su sexualidad.

— ¡No más! ¡No más! — Eso le dijo Malia a la profesora, quién no lo soportaba más y se tapaba los ojos por tanta vergüenza. Quería que la tierra la tragase. Mientras tanto, su madre tuvo que taparse la boca para que la profesora no la viera riéndose de las trastadas de su hija.

— Podemos seguir enseñando más y más cosas de ella, pero eso podría resultar infinito…— La profesora siguió hablando.

—…aunque hay una cosa realmente me asusta y tal vez podría explicar su tan terrible comportamiento. —

Eso les dijo, antes de empezar a buscar entre aquel archivo algo durante un buen rato, y cuándo lo encontró se lo enseñó a la madre y a la hija. Era un dibujo que dejo boquiabiertas a madre e hija, de puro terror.

— ¡Vaya que dibujo más feo y horrible! ¿¡Y quién se supone que es ese feto de mujer que parece que la están descuartizando!? — Eso dijo la madre, más horrorizada por lo mal que estaba dibujado, antes que del feo contexto en que había en aquel dibujo. Entonces, la profesora se lo explicó.

— Este dibujo era una tarea que le dimos a los alumnos ante la visita a nuestro instituto de la Asociación de Familias unidas de Shelijonia. Le pedimos que dibujaran retratos de sus padres y éste fue el suyo. — Durante un minuto hubo un silencio muy incómodo, ni la mamá ni Malia sabían reaccionar ante tal cosa. El dibujo trataba de la madre descuartizada, con su cabeza atravesada por un bastón de una bandera con los colores del arco iris, rodeada de cosas que parecían animales bailando y aunque estaba desnuda, por lo menos tenía censura en sus genitales, con la forma de una pegatina poniendo la palabra “lewd”.

— ¿De verdad que entre usted y su hija no están teniendo problemas muy graves? — La profesora rompió el silencio con estas palabras, con una cara seria de pura preocupación, pero no hubo respuesta alguna, ni por su parte de la mamá ni por la de Malia.  Al salir de esa reunión, madre e hija volvían a casa bastante incomodas.

— Creo que Sasha me está asustando un poco…— Eso le dijo su madre a Malia, mientras se dirigían a su cara, con el miedo metido en el cuerpo.

—No esperaba que te odiase de esa manera…— Esto añadía Malia, conmocionada. — Tal vez creo que si cambiases, ella no pensará de ti de esa forma…— Después de todo, Malia pensaba que su madre tampoco la trataba muy bien, y era normal que tuviera un poco de odio, pero no a ese nivel.

— Así estoy bien, el problema es ella y punto. — Eso le replicó su madre.

Malia suspiró bien fuerte, pensaba que tal vez era imposible poder hacer que la relación entre su hermana y su madre fuera mejor, ni podría cambiar a su mamá y que dejará de trabajar como prostituta, ni podría hacer de Sasha una buena chica. En fin, sentía cómo si todos sus esfuerzos no estaban sirviendo para nada y se entristeció aún más de lo que estaba. Aún así, no debía de perder la esperanza, que aún tiene tiempo para que ellas cambien a mejor. Así se animó. Al llegar a casa, se encontraron a la protagonista de todo esto, Sasha Rooselvelt, en la entrada, llevando un paraguas y dando vueltas por sin parar.

— ¿Qué está haciendo ahora? — Se preguntó la madre cuando la vio, y ellas dos se acercaron a Sasha. Entonces, ella, al verlas, hizo lo mismo.

— ¡Has vuelto! ¡Bienvenida a casa, hermanita! — Eso le gritaba a su hermana.

Entonces, hizo algo que espantó a su madre, quién empezó a sospechar sobre las verdaderas intenciones de su hija. Sasha, al llegar ante ellas, abrió el paraguas al lado de la madre y en el proceso casi le iba a dejar ciego, pero pudo esquivarlo, cayendo al suelo.

— ¿Pero qué mierdas haces? — Eso le gritó la madre muy alterada de los nervios, con el corazón a mil. Sentía mucho miedo de su propia hija y la estaba mirando con horror.

— Ops, perdón, fue sin querer. — Eso le respondió Sasha, mientras intentaba hacer un gesto muy adorable, pero su madre percibió lo contrario, eso le pareció algo muy macabro, o incluso demoníaco.

— ¿Te ha pasado algo, madre? — Eso le preguntó Malia mientras la ayudaba a levantarse.

— Nada, nada…— Eso le respondía su madre, mientras recordaba sin parar aquel espantoso dibujo.

A continuación, Malia se llevó a Sasha al salón para regañarla, y la madre subió a la habitación de su hija menor.

No paraba de recordar miles de cosas que antes no había dado mucha importancia, pero que ahora se daba cuenta de que eran muestras de que aquella niña que parió quería matarla. Pensaba que, tras todas esos malos chistes y tonterías, se encontraban un plan que estaba gestando para eliminarla. Y fue arriba en busca de pruebas.

Cuando encendió la luz del cuarto de Sasha, eso que ella veía y pensaba que era normal, de pronto lo veía cómo algo propio de un psicópata. Cientos de fotos de la familia se veían pegados en la pared y en todas, ella misma era tapada en pegatinas, en todas. Se decía una y otra vez qué como ella y su hija veían normal todo eso.

Luego, miró por primera en vez entre los cajones. Encontró miles de dibujos sobre ella muriendo de las peores formas, y de su hija Malia disfrazada de ángel y de princesa. Había algunos en los cuáles la madre representaba un monstruo muy feo intentado raptar a su hija mayor, siendo salvado en algunas por la menor. En un acto de paranoia encontró en todos ellos indicios de que ella estaba gestando un plan para asesinarla.

Y más paranoica se puso al ver las libretas, extrañas cartas y otros papeles de escribir. En muchos, el argumento no era nada más y nada menos que la tortura que ella sufre para morir de la peor manera, en otros se explicaba cómo Sasha y Malia tenían una hermosa vida sin ella, o incluso algunas parecían cartas de amor hacía la hermana mayor, aunque no tomó a eso mucha importancia, ya que se estaba obsesionando con que su propia hija la quería matar.

Entonces, de repente se puso a llover muy fuerte, y al cabo de unos minutos la luz se apagó, dándole una atmósfera terrorífica al cuarto. También empezó a caer truenos y rayos. En ese momento, en su cerebro, empezó a parecer un pensamiento igual de siniestro de lo que estaba viendo.

— Si ella me quiere matar, entonces yo debo matarla antes. — Eso decía en voz baja.

Al escucharse el cuarto trueno y al iluminarse el lugar con su luz, Sasha llegó a su cuarto y se puso detrás de su mamá, sin que ésta supiera que estaba ahí.

— ¿Qué hace la Ramera de Babilonia en este lugar sagrado? — Su madre, al oír sorprendida su voz, giró con increíble rapidez su cabeza hacia atrás y entonces gritó, lo hizo cómo nunca.

FIN

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