Sin categoría

La Batalla de Malyytavda, trigésima historia

— Me he dado cuenta de una cosa, ¿saben? ¿No creen que somos un poco aburridas? — Esto dijo Josefina, al ver lo de siempre: Estar en la casa de Mao viviendo la vida como si fueran una vagos. Tanto ella como el chino, más Martha Malan, Alsancia, Clementina y su hija, estaban en el salón viendo la tele como si fueran unos perezosos.

— ¿Por qué? — Dijo Mao mientras miraba fijamente a la caja tonta.

— Siempre hacemos lo mismo y es sentarnos aquí a ver la tele. Todos los días. — Protestaba Josefina, algo aburrida.

— ¿Y qué quieres que haga? — Eso le preguntó Mao, mientras cambiaba de canal.

— ¡Yo propongo una cosa, vamos a hacer una cosa diferente hoy! — Lo dijo con un enorme entusiasmo que no era compartido por los demás que lanzaron un triste “ah”, solo eso. Josefa al verlo dijo:

— ¡Vamos chicas, no den ese actitud! — Eso les decía, algo decepcionada.

No hubo ninguna reacción de ellas, es como si la primavera las había atontando, pero Josefina no va a desistir. Se dirigió hacia la puerta y gritó:

— ¡Hoy hace un día megahermoso, hay que aprovecharlo! ¡Hay que salir a la calle! — Todos lanzaron un largo “eh”, nadie quería moverse afuera.

Entonces, Josefina tuvo que sacar su poder para hacerlas salir a la calle, es decir, molestó y molestó hasta que Mao se hartó y, para callarla, toda la patrulla tuvo que salir a la calle.

Realmente hacía un día hermoso, apenas había nubes en el cielo y la temperatura era muy agradable, no hacía ni mucho frío ni calor. La luz despertó a las chicas y a éstas le entraron ganas de hacer cosas, salvo Mao que era solo un gran vago y  quería pasar el rato en el sofá.

El grupo se paseó durante largo rato, por las calles de Springfield, charlando sobre mil cosas y viendo la vida y corriente normal de sus habitantes. No vieron cosas fuera de lo normal pero por alguna razón se sentían a gusto. Al llegar a un parque, Mao y Clementina decidieron sentarse en los bancos a descansar y por otra parte, Josefa, junto a Diana y  la hija de la canadiense, obligaron a Malan y a Alsancia a jugar con ellas.

— ¡Realmente hace un bien día, Gerente! — Le dijo Clementina a Mao.

— Tanto que me entra aún más sueño. — Lo dijo entre bostezos.

Mientras Josefa pensaba a qué iban a jugar, se dio cuenta de que cerca de ellas había algo que le pareció muy curioso. Se acercó a eso. Era una gran pared en mitad del parque y en ella estaba un gran mosaico que parecía representar una batalla al lado de un río. Se veía un montón de personas luchando con armas de fuego, algunos a pie, otros en caballos. El humo cubría gran parte del lugar y todo esto ante un cielo despejado. Debajo de ese mosaico estaba una placa conmemorativa. Josefina lo leyó:

ESTO ES EN HONOR A LOS CAÍDOS EN AMBOS BANDOS DE LA BATALLA DEL RIO MALYYTAVDA, CUYAS AGUAS SE LLEVARON LAS VIDAS DE INNUMERABLES HOMBRES Y DONDE SE DECIDIÓ EL FUTURO DE SHELIJONIA.

Escrito en 15 de Marzo de 1998 por el 80º aniversario de la batalla de Malyytavda.

Se preguntó qué era eso, pero por lo que veía parecía ser una cosa muy seria. Por alguna razón, sentía que le sonaba de algo, pero, por mucho que estrujará su cabeza, no podría recordar qué era exactamente. Entonces le pidió ayuda a Malan.

— ¡Ven Malan, aquí! — Ésta se acercó.

— ¿Ahora qué deseas, lenta simpática? — Le preguntó Malan.

— ¡Tú, y esa manía tuya! — Josefina ya estaba harta del mote que le tenía puesto Malan.

— ¿Qué quieres, Josefina? — Y ésta, al ver su malestar, lo dijo bien esta vez.

— ¿Qué es esto? — Le señaló al monumento.

— Pues lo pone ahí. — Eso le respondió, mientras señalaba la frase.

— Yo lo he leído y no me he enterado. Solo que muere gente y es una guerra. — Tras escuchar sus palabras, Malan se dijo para sí, que se lo esperaba de ella.

— En fin, esto parece un monumento a una batalla y no a una cualquiera, sino a una muy decisiva que hizo poner fin a una guerra, una civil que se produjo aquí a principios del s.XX. — Y decidió explicárselo.

— Espera, ¿Aquí se produjo una guerra? — Se quedó muy sorprendida.

— Obviamente, hace noventa años Shelijonia se sumió en una cuenta guerra civil. Eso sale en los últimos libros de texto de primaria. —

Entonces Josefina lo recordó, sabía dónde leyó esa información, fue en la escuela, hasta tuvieron un tema dedicado sobre la historia de Shelijonia a principios del s.XX.

— Recuerdo que suspendí el examen y mi mamá me castigó. — Eso dijo a continuación, recordando el rencor que le tenía al tema, porque era muy difícil para ella.

— Esperable de ti, la verdad. — Josefina le molestó ese comentario, pero decidió ignorarlo.

Josefina miró otra vez al mosaico para contemplarlo de nuevo y le sorprendía bastante lo bien que estaba hecho. Entonces intentó imaginar la batalla pero eso la hizo pensar en otra idea que le gusto mucho más y decidió poner a prueba. Ya tenía algo con que jugar.

— ¡Chicas, hoy tengo un nuevo juego! ¡Y muy buena! — Les dijo con mucha alegría.

— ¿Ahora qué quieres? — Le preguntó Mao, con muy pocas ganas.

— ¡Vamos a jugar a esto, a esta batalla! — Gritó con el dedo señalando al monumento.

— Ya entiendo, lo que quieres es hacer una recreación histórica de la batalla de Malyytavda. ¡Nunca me había esperado eso de ti! —

Dijo Malan, mientras recordaba aquella fábula sobre el burro y la flauta y cuya enseñanza era que los tontos a veces podrían aceptar. A Josefa esas palabras la hicieron sonrojar.

— ¿Eh? — Dijo Mao, que no se enteraba de nada. Malan le tuvo que explicar a Mao y a las demás lo que quería hacer la mexicana.

— No tengo ganas de jugar a las batallitas. Ni siquiera sabes nada de eso, Josefina. — Protestó Mao. No quería jugar obviamente.

— No importa, si quieren información aquí lo tienen en mi tablet. — Le dijo Malan, enseñando su cacharro, que tenía acceso a Internet de alguna forma y cuya pantalla contenía información sobre la batalla. Todo el mundo se preguntaba de dónde había sacado eso.

— ¡Y no solo eso, no solo vamos a jugar así cómo así, vamos a copiarlo todo hasta el último detalle! — Añadió Josefina, deseosa de poder empezar el juego de una vez.

Mao solo suspiró, aún más. Con lo cabezota que era Josefina no le iba a dejar en paz, así que decidió tener que jugar con ellas y arrastró a Clementina con ella. Malan fue quién tuvo que establecer cómo eran los hechos antes de esa batalla:

— Ustedes se preguntarán… ¿Cómo se llegó a esta situación, a esta batalla? ¡Yo os lo voy a resumir! — Malan preparó su voz para dar su resumen, que no parecía que fuera corto.

— Recuerden que, a finales de la I Guerra Mundial, Rusia, que dominaba gran parte de Shelijonia; entró en una revolución. Derrocaron al Zar y se estableció un gobierno provisional pero a los pocos meses se produjo otra a manos de Lenin y los bolcheviques. Estos sucesos tambalearon a Shelijonia, cuya administración zarista no sabía qué hacer, y dudó durante meses si apoyar o no a Moscú. Se formó una situación realmente anárquica, grupos independistas de todo tipo y comunistas empezaron a conspirar contra el poder dominante en la isla. Al final, fueron los bolcheviques los que intentaron dar un golpe de estado que fracasó y fue la gota que colmó el vaso, empezó una guerra. —

Ella se detuvo por un momento, para descansar; mientras todos los demás intentaban asimilar todo lo que oyeron, porque no se enteraron de nada.

— Varios indios, al mando de un jefe carismático llamado Shioppe el pequeño, quién deseaba crear un estado para los aborígenes de la isla; se rebelaron y los bolcheviques se unieron con ellos para llegar al poder, formando un ejército. Los independistas no-indígenas y los zaristas tuvieron que aliarse de la misma forma… —

Mientras Malan se enrollaba sin parar sobre el asunto, el resto de los demás estaban en blanco, incapaces de pensar en algo más.

— Así los primeros formaron el ejército rojo, mientras que los del otro lado forman el blanco, mientras los altos cargos de la isla huían al norte de Shelijonia, cuya flanja de costa era británica. La primera parte de la guerra fue una de desgaste, con el Imperio británico dándoles apoyo a los zaristas de forma tímida, porque no deseaba meterse en el conflicto. Todo cambio cuando el bando indígena-bolchevique ataco sin querer a un barco de nacionalidad estadounidense y decidieron entrar en la guerra a pesar de la oposición de la población. Con sus envíos de armas y soldados, cambiaron la situación, ya que hasta en aquel momento ninguno de los dos estaba ganando. Se preparó una expedición que se dirigió al frente de batalla que se situaba en un río cercano de aquí, con la orden de romper el flanco y dirigirse hacia la capital de aquel momento. —

Cuando Martha terminó de hablar, hubo un gran silencio, todo el mundo estaba boquiabierto, preguntándose cómo fue su larguísimo discurso.

— ¿Eso es un resumen? ¿En serio? — Mao fue el primero que rompió el silencio, aunque pudo entender algo, al igual que Alsancia. Josefina aún no podría salir del bloqueo, mientras que Clementina estaba tan ocupada con su hija que ni siquiera quiso entender todo lo que escuchó.

— Lo siento, pero no podría resumirlo mucho más. — Eso le respondía ella, quién decidió hacerlo de nuevo. Ésta intentó resumirlo aún más, aunque le dijeran que no hacía falta.

— En fin, lo que pasa es al ver que en Rusia las cosas se ponen feas deciden independizarse, pero los revolucionarios dan un golpe de estado que falla para evitar eso. Los indios se rebelan contra la autoridad y se unen con ellos. El gobierno escapa mientras los leales a ellos luchan. Hay una guerra de desgaste hasta que Estados Unidos se mete con armas y soldados preparan una ofensiva rápida para hacer caer el bando bolchevique. —

— Sigue siendo muy largo. — Eso le volvía a decir Mao, quién no tenía ganas de escuchar cosas tan largas.

-Al parecer los resúmenes no son lo mío. No es buena señal.- Eso se decía Malan, muy pensativa.

Josefina recogió, entonces, un palo del suelo y con la arena del parque intento hacer el terreno en dónde iba a ser la batalla. Solo hizo un círculo muy grande.

— Esto será el lugar en dónde se produce la batalla. — Eso les dijo, mientras señalaba lo que había hecho.

— Espera, un momento… -Entonces, Malan se le acerca. — ¡Si quieres hacerlo algo mejor, deberías darme esa rama! — Y Josefina se la dio.

Entonces Malan, con la vista puesta en su laptop, empezó a hacer líneas y dibujos. Intentaba de alguna forma hacer un mapa de la misma batalla. En medio del círculo, hizo un trazado del río Malyytavda y un montón de símbolos para designar cosas de la batalla. A unos de los extremos del círculo puso un símbolo que designaba una pequeña aldea.

— Bien, como dije antes se preparó una expedición en Bogolyubov, con armas modernas estadounidenses, y unas tropas del mismo ejercito. Al mando del Teniente Coronel York iban directo a abrir un hueco de la línea de defensa más protegido, en dónde estaba más fuerte el enemigo. —

— ¿Y por qué no iba por los puntos débiles? ¿Por qué ir a la parte más difícil? — Le dijo Mao.

— Su idea era destruir, ya que podrían; lo mejor del ejército rojo que se concentraba en el río Malyytavda, por dónde estamos nosotros. Y lo consiguió, lo destruyó y al pasar unas semanas la capital cayó en sus manos. — Eso le respondió a Mao.

— Pues yo seré el Teniente coronel York. — Les dijo Josefina. — Y Mao es unos de los malos. —

— ¿Y por qué tengo que ser el malo? — No quería tener que hacerse pasar por un villano.

— Por qué te queda bien. — Todos le dijeron esto, ya que pensaban eso realmente.

— ¡Oh, gracias! — Ironizó Mao.

— Entonces Mao hará el papel de Shioppe el pequeño, quién fue directo con lo mejor de su ejército al frente para detener a York. — Y con esto dicho, por fin, empezaron con el dichoso juego.

En el 14 de Marzo de 1918 el cielo lucía hermoso, apenas había nubes en el cielo, pero algo estaba ocurriendo en estos prados verdosos que son atravesados por las aguas del río Malyytavda. Desde el noreste se estaba escuchando algo que iba a romper la tranquilidad del lugar.

Era un verdadero concierto de sonidos y que parecían ir directos hacía el río. Todos esos ruidos eran producidos por miles de caballos, hombres, algunos que otros vehículos y carros que llevaban todo tipo de material. No iban de paseo, sino a luchar. Era el II Regimiento del Ejército Blanco Shelijiano, cuya formación estaba un batallón procedente de los Estados Unidos y al mando de éste un extranjero que estaba ayudando a los Shelijianos blancos ganar la guerra, York.

— ¡Teniente Coronel, ya tenemos a la vista el río! — Eso es lo que le dijo Sochava, cuyo papel está representado por Malan y era unos de los comandantes del Regimiento; a York, papel representado por Josefina.

Había, según la imaginación les permitían, a una aldea en mitad de su camino, ya abandonada. Desde ahí se veía el río e incluso el humo que desprendían a lo lejos los enemigos. Habían decidido usar uso del lugar cómo campamento provisional.

— ¿Y cómo van las cosas? ¡Bueno, la situación! — Le preguntó York a Sochava.

— Según nuestros espías, saben de nuestra llegada y pues ya están preparados para atacarnos. — Y eso le respondió, sobre-actuando, tanto que parecía cómico.

— ¡Por fin llegó el momento! ¡Por fin vamos a luchar! — Gritaba el teniente con mucha fuerza.

— En realidad, hemos tenidos pequeñas escaramuzas por el camino, ¿no lo recuerda? — Eso le replicó el otro.

— Ah sí, ¿Y dónde está Springfield? — Le preguntó el teniente, rompiendo lo poco que tenía eso de recreación histórica.

— Springfield no existía en 1918, todo esto es solo campo y una mísera aldea. — Nuestra Josefina quedó muy sorprendida, incapaz de creer que en aquellos tiempos su cuidad no existía.

— Por cierto,… ¿si estamos en una recreación histórica no deberían decir esas cosas? — Les dijo Mao, quién interrumpió el momento.

— Es verdad…— Se dijo Josefina. — ¡Bueno, vamos a seguir! —

Volviendo a la historia, el teniente York empezó a dar vueltas por el campamento pensando en qué iba a ser su próxima jugada. Ya se estaba haciendo de noche cuando apareció Sochava.

— ¿Teniente, qué es lo que se debe hacer? ¿Seguir el camino hacia la capital? — Le preguntó. Nuestro teniente se quedó pensando, más bien, Josefina se quedó en blanco, no sabía las decisiones que había elegido York. Tuvo que preguntárselo a Malan.

— En la noche del 14, York se reunió con los comandantes a hacer un cambio de planes. Las órdenes de sus superiores era avanzar sin parar hasta la capital, pero al enterarse de que Shioppe venía con su ejército a detenerlos, pensó en esperarlos. — Eso le respondió.

— Ya veo.  — Y Josefina intentó hacer mejor su papel. — Pues,… entonces…ejem…Yo, el General York….digo, el Teniente Coronel York, llamó a todos los… — Pero no sabía qué hacer y se quedó otra vez en blanco.

— Ya están aquí. Ahora mismo estamos todos rodeando una mesa y sobre ella está un mapa de la zona. — Y Malan, tuvo que explicarle, de nuevo.

Entonces, Josefina cerró los ojos para imaginarlo. Ahora la sala estaba llena de hombres rodeando una larga mesa con un mapa, aunque había un problema.

— ¿Y cómo es el mapa? — Le preguntó a Malan.

— Esto nos servirá. — Dijo Malan mostrando su laptop. En su pantalla estaba un mapa de la batalla que encontró por internet.

Volviendo a la historia de nuevo, nuestra teniente miraba el mapa una y otra vez, mientras sus comandantes decían miles y miles de cosas sobre qué hacer y todo eso.

— Nuestros espías dicen que el ejército de Shioppe ha venido a reforzar el frente e incluso dicen que ya están preparados para un ataque directo a nuestras tropas. — Le decía uno.

Nuestro teniente miraba el mapa sin parar.

— Tal vez mañana tendremos un combate de los gordos. — Decía otro.

York intentaba parecer cómo si estuviera pensando mucho, aunque en el fondo no sabía qué hacer. Sochava tuvo que acudir en su ayuda.

— ¿Y si en vez de ir a por ellos, dejemos que ellos vayan a por nosotros? — Le preguntó Sochava.

— ¿Esperar? — Pudo entender lo que le decía.

— El río es una desventaja si nosotros decidimos cruzarlo, e incluso puede ser una trampa mortal, pero se convertirá en una ventaja si dejamos que Shioppe venga a por nosotros. — Le explicaba eso, mientras le señalaba cómo eran las cosas en el mapa.

— ¡Ya veo, no podrán luchar si tienen que nadar! ¡Podemos atacarles fácilmente! — Eso gritaba un York, con mucha alegría.

— Es más, tenemos cientos de ametralladoras listas para el ataque, pero hay que sacarlas esta noche, rápido. ¡No podemos perder el tiempo! —Añadió Sochava.

— ¿Las ametralladoras? — Eso decía Josefina, mientras se imaginaba unas armas que no eran las que estaba diciendo Malan.

— Realmente fueron las protagonistas de la batalla, todas ellas eran recién salidas de la I Guerra Mundial. En nuestra guerra tanto un ejército como otro no pudieron permitirse el lujo de tenerlos hasta que los Estados Unidos entraron en el conflicto. La única pega es que eran realmente pesadas. —Malan tuvo que explicarle otra vez cómo eran las cosas.

Mientras las chicas estaban en su mundo haciendo su particular recreación histórica, Mao estaba en el banco con Clementina y Alsancia y decía aburrido: — ¿Cuándo van a empezar con la maldita batalla? —

Al final, el plan que decidieron era ésta: Esperar al enemigo hasta que cruzará el río y atacarles con una ráfaga de ametralladoras, después cargar de frente con la caballería con los que habían sobrevivido. Y por fin, llegó el día de la verdad. A pesar de estar soleado, ya se notaba el olor a muerte.

— ¡Ahora es tu turno, Ojou-sama! — Le dijo Malan a Mao.

— ¡Tienes que decirle Shioppe! ¡Ella es Shioppe, el enano! — Eso le gritaba eufórica Josefina.

— ¡No me cambien de nombre! ¡Me gusta tal cómo está! — Dicho esto, se levantó, era su turno, aunque no deseaba nada estar con este juego.

A las ochos de la mañana, todos son despertados rápidamente. Apenas había salido el sol y el enemigo ya estaba en la otra margen del río y bajo a su mando estaba Shioppe el Pequeño.

— ¡Jo! ¡Por qué llegan tan temprano! ¡No ven que es megapronto! — Decía York, pero quedó pensativa

— ¿Sochacha, esto lo dijo York, verdad? — Eso le preguntó a continuación, diciendo mal su nombre.

— Pues no creo…— Malan quería explicarle que no.

— ¡No importa, al ataque! — Pero Josefina la interrumpió, mientras salía disparada hacia al presunto enemigo. Se imaginaba a ella misma yendo en un tanque.

— En realidad, nos pusimos a la defensiva. — Malan la detuvo, porque lo estaba haciendo mal.

— ¡Bueno, todos a sus cañones! — Y Josefa no paraba de meter la pata.

— Dirás ametralladoras…es lo mismo…— Ya estaba cansada de explicar. — ¡Todos a sus puestos! — Y luego, gritó el comandante y todos los soldados imaginarios se fueron a sus posiciones.

— ¡Vamos Shioppe, es tu turno! — Le gritó Josefina a Mao.

Shioppe con su ejército miraban al otro a lo lejos. Los observó por varios segundos y entonces, ordenó el ataque.

— ¡Vamos, soldados, muévanse y luchen y todo ese rollo! — Eso dijo con tan pocas ganas, que hizo decir a Josefina esto:

— ¡Mao, ponle más pasión! ¡Así no parece real! — Lanzó un suspiro y dijo la misma frase con más fuerza.

— ¡Así no! ¡Vamos, Malan…digo, Sochava, dile que debe decir! — Josefina le pidió que explicará que tenía qué hacer y está lo hizo:

— Se sabe que cuando llegó la hora de la batalla, Shioppe gritó que luchen por la revolución y la liberación de todos los pueblos oprimidos de Shelijonia. — Esto explicó.

— ¡Grita eso! — Y le gritó Josefina.

— ¡Luchen por la revolución y la liberación de todos los pueblos de Shelijonia! — Tuvo que gritar con todas sus fuerzas, intentando ser lo más real posible, mientras se decía mentalmente que era un maldito juego, no debían ser tan exigentes.

Ahora sí comenzó la batalla, miles de hombres, indios y shelijianos rojos, algunos montados en caballos y otros andando, corrían cómo locos hacía al río y llenaban el lugar de gritos. Algunos llevaban sobre sus hombros unas especies de barcazas para cruzar el río e incluso pocos empezaban a disparar sus rifles sin éxito alguno.

— En total, fueron 7.000 hombres los de ese bando, superan al nuestro en cantidad de hombres, que son 5.000. —  Le decía el comandante a York.

— Pero al final ganamos…— Eso dijo Josefina, con actitud victoriosa.

— No…lo correcto es decir vamos a ganar. —Y eso le replicó Malan.

Si lo que pasó en la batalla es que Shioppe iba delante de sus soldados para guiarlo hacía la lucha, Mao, que hacía ese papel, actuaba cómo si estaba andando y diciendo cosas sin ganas algunas. Y cuando esa horda llegó al río, vino el momento de disparar.

— ¡Ahora, York! — Le dijo el comandante al teniente coronel.

— ¡Al ataque! — Y Josefina gritó.

Entonces, sobre ellos cayó una horrible lluvia de proyectiles, el río se llenó rápidamente de cuerpos de animales y hombres. Muchos se daban prisa para cruzar el río y alcanzar la otra orilla. Entre ellos, Shioppe. Las ametralladoras, a pesar de su grandísima eficacia, se le acabaron las balas y los sobrevivientes se abalanzaron sobre ellos.

— Ahora es cuando York manda a sus unidades a cargar con la caballería. — Le gritó al Teniente. Ésta entonces gritó el orden. Y los ejércitos por fin se chocaron, según decían con una violencia nunca vista.

— En menos de una hora un cuarto de los hombres que formaban el ejército de Shioppe perdieron la vida. — Siguió hablando Malan.

Ahora las cuentas habían cambiado, y el ejército de York tenía más hombres. De este choque comprendió Shioppe que debía cambiar de estrategia.

— ¡Ahora, Ojou-sama! ¡Debe ordenar que su ejército se separe en dos para formar una tenaza para cerrar al ejercito de York!- Le gritó Malan a Mao.

— ¡Jo! ¡No le digas! ¡Qué nos afecta! — Y Josefina protestó.

— Pero eso es lo que ocurrió, y bueno, eso puso en aprietos a York. — Entonces, Josefina le grita a Mao que lo haga.

El ejercito de Shioppe se separó en dos y en menos de media hora rodearon a las unidades de York. Entonces parecía que la batalla iba a ganarla el ejército rojo. Pero estos no iban a dejarse derrotar tal fácilmente.

— ¡Por sus muertos, ganaremos esta batalla! — Decía nuestra Teniente coronel.

Por suerte, el ejército de York, nutrido por veteranos, aguantaba e intentaba evitar el cerco. Cargaban y usaban las ametralladoras lo más rápido posible. Lo que eran campos verdes y llenos de vida se convirtieron en barro, muerte, sangre y cuerpos destrozados.

— ¡¿No crees que esto es demasiado macabro?! — Eso decía Josefina, mientras su imaginación se estaba llenado de cosas grotescas y feas.

— Eso fue lo que pasó. — Y eso le respondió Malan.

— ¡Qué pedo! — Se decía la mexicana. Al imaginárselo de esta manera, le entraba un poco de asco.

Al pasar dos horas de intenso combate, se recibió una noticia que marcaría el rumbo de la batalla. Shioppe había muerto en combate, una bala de ametralladora le había atravesado la cabeza.

— A diferencia de otros militares de la época, él siempre se iba en pleno combate a combatir y era esperable algo así. — Eso explicó Malan.

— Entonces…— Se dijo y después, le gritó a Mao: — ¡Mao, ya que has muerto, te debes tumbar! —

— ¿En serio? — Mao no quería hacerlo, obviamente.

— ¡Vamos, túmbate en el suelo! — Al final, tuvo que hacerlo. Y Josefina empezó a echarle unas rosas imaginarias, cómo muestra de respeto con el enemigo:

— ¡Descansa en paz, Shioppe el Enano! ¡Has sido un buen soldado! — A Mao, a pesar de que sabían que estaban jugando, se sintió incómodo. No le gustaba hacer de muerto.

— A York no le daba tiempo hacer eso, la batalla aún no había terminado. — Eso le replicó Malan.

— ¿En serio? — A Josefina le parecía divertido lo que estaba haciendo con Mao.

Cuando la noticia de su muerte se extendió como la pólvora por el bando rojo, de repente todo el ejército se deshizo. El caos se hizo dueño de los soldados y empezaron a huir en todas direcciones. Algunos decidieron seguir aguantando hasta el final.

— ¿Y ahora que debería hacer yo? — Entonces, le preguntó Josefina a Malan.

—  Tú diste la orden de aniquilar a todo el enemigo que huía. — Y eso le explicó Malan.

— ¿En serio? ¿No es cruel eso? ¡Ya se habían rendido! — Empezó a pensar que York era mala persona.

— Pero eso es lo que mandó, estaban en guerra después de todo. — Cómo dijo Malan, el ejército de York se dedico a perseguir a los huidos con una saña increíble y una gran matanza se produjo en las orillas del río, cuyas aguas guardaban a los primeros caídos.

— Esta gran batalla había terminado a las diez y algo. En solo tres horas aproximadamente, la mitad de los hombres que lucharon habían muerto y, con Shioppe muerto en batalla, el ejército Rojo perdió a su mejor militar y se hundió en cuestión de semanas. —  Eso dijo Malan, explicando lo último, terminando así el juego.

— No me gustaría haber estado allí. —  Dijo Josefina con mucha pena, hacia la gente que se murió.

— ¡Por fin hemos terminado! ¡Ya estaba cansada de todo esto! — Dijo Mao, muy feliz.

— Una cosa, Malan… ¿Y qué pasó después de eso? — Mientras Mao celebraba que ese juego estúpido había terminado, Josefina le preguntaba eso.

— Al terminar la batalla, Estados Unidos decidió ocupar la isla y cuando la guerra se pone a su fin, se establece un gobierno controlado por ellos y en menos de un año Shelijonia entra cómo miembro en la unión, sin ninguna otra opción salvo ese. —  Eso le explicó Malan.

— ¿Pero los buenos no eran los estadounidenses? ¿Por qué le hacen eso? ¿Entonces Shioppe no era el malo? — Josefina, quién debía de saber aquella historia, le pareció horrible todo eso que le estaba contando Malan.

— Shelijonia era muy codiciada por el país vecino, pero en fin…—  Eso le decía Malan, mientras terminaba diciendo que así es la historia.

— Además, las cosas no son tan fáciles, mujer. A veces no sabes quienes el bueno y el malo. Todo es una escala de grises. — Intervino Mao.

— En las guerras no hay buenos ni malos. — Y añadió Clementina.

— ¡Todas las guerras son horribles! — Josefina, tras oír lo que decían, solo tenía esa conclusión.

-Bueno, ninguna sabe realmente cómo es vivir bajo una guerra…— Intervino Malan.

— Todos tienen motivos para luchar y actuar con violencia. Más bien, ningún bando es bueno o malo, son las personas que lo forman. La guerra es en sí la última y la más extrema consecuencia de las relaciones humanas y muchas veces en inevitable. En fin, tampoco debería hablar mucho…— Eso decía, mientras pensaba sobre los miles de conflictos que existen y habían existido en el mundo.

— ¡Ya dejen de hablar de guerras! ¡Qué me pone triste! —  Le interrumpió la mexicana, quién no quería escuchar más de esas cosas. Todos decidieron callarse, pero Mao tenía ganas de decirle que fue ella quien intentó jugar a hacer una recreación histórica de una batalla horrible. Ésta empezó a correr, alejándose de los demás, diciéndoles:

— ¡Ya se está haciendo de noche, mejor deberíamos a volver a casa! —  Eso les decía, mientras les señalaba el cielo.

— ¡A tu casa, dirás! — Dijo Mao, quién pensaba que ella quería quedarse un rato más en la suya.

Entonces, todos empezaron a caminar hacia a la casa de Mao, menos éste, ya que se quedó mirando al cielo, pensativo, preguntándose cómo era sufrir, en primera persona, una guerra.

— ¿Qué le pasa, Gerente? — Le preguntó Clementina, cuando se dio cuenta de que él estaba parado.

— Nada, ¡solo estaba pensando en tonterías! — Decidió olvidarse de eso y salió corriendo hacia las demás, para ir a su casa. Así es cómo está historia se acabó.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s