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La Luisiana, trigésima tercera historia

No recuerdo cuándo fue el día en que La Luisiana habría llegado a nuestra aldea, pero sé que era en plena estación de las nieves. Ninguno de nosotros podríamos imaginar que este inesperado visitante fuera capaz de crear tantos problemas.

No podré recordar la fecha exacta pero si gran parte de ese día. Toda la aldea salió para verlo. Desde la capital del Zarato nos traían un preso que había sido perdonado por la Zarina y que iba a pagar sus delitos en nuestro pueblo. Algunos protestaron, como mi hermano, al jefe. No queríamos delincuentes en nuestra aldea. Se prometió a vigilar sin descanso al huésped y al primer delito sería azotado.

Cómo dijo mi comadrona, fue todo un espectáculo. Estaba encerrado en una jaula sobre un carro de caballos. Lo primero que nos sorprendió es que era una chica. Lo segundo es que su piel era mucho más oscura que la nuestra, tanto que mi primo segundo me preguntó si la habrían quemado. Tercero, llevaba apenas un “Assua”, enorme trozo de piel de búfalo que solo tiene una apertura para el cuello; sin eso estaba totalmente desnuda y al ser algo tan fino la veíamos temblar fuertemente de frío. Cuarto, estaba encadenada. Y por último, cuando vio que la estábamos observando se puso cómo una furia, gritaba cosas inexplicables y movía con violencia las rejas. Parecía que estaba poseída por malos y terribles espíritus.

El pueblo, al ver esto, se asustó y por eso llamamos al chamán para tranquilizarla. Éste hizo hechizos y magias de toda índole para calmarla, pero no paraba de gritar y mover las rejas de forma casi aterradora. Al final, tuvimos que hacer ofrendas y le ofrecimos comida. Se calmó.

Yo estaba al lado del jefe cuando le dijo a los que trajeron al monstruo:

― ¿Y ahora qué quiere La Zarina que haga yo con esto? ― Eso les gritó.

― Sus órdenes son claras. Trabajo forzoso durante cinco años. Depende de ustedes de cómo será la pena. ― Les respondió.

― ¿Eso es todo? ― Añadió nuestro jefe, algo confuso.

― Sí. ― Y con esto dicho, se fueron.

A los días siguientes, con la chica encerrada en el calabozo, nuestro jefe se la pasó pensando qué trabajos le podría encargar a la vez evitando que ella   causara muchos problemas. Me dijeron varios vecinos que los carceleros no podrían dormir por las noches con la prisionera gritando y atacando todo lo que estaba en la celda.

Con el paso de los días, se tranquilizaba poco a poco y nuestro jefe, al ver que nadie del pueblo podría entender a aquella bestia, mandó una carta a La Zarina, pidiéndole que le trajera alguien que hablará el mismo idioma. Eso me dijeron algunas amigas de mi prima. Al final, se creyó que ignoró la petición, pero ella apareció en persona por sorpresa, junto con la heredera y otras dos personas más. Fue algo realmente inesperado.

También fue la primera vez que vimos a la mujer que gobierna nuestras tierras con puños de hierro y era realmente hermosa e impresionante. Lo mejor que la podría describir sería que ella brillaba más que el mismo sol. Se trajo a una chica de otra aldea que podría hablar el mismo idioma que la prisionera. Mis padres las acogieron en nuestra casa y me hice buena amiga de ella, cuyo nombre era Cammi Cammi Zoliars.

Es por ella que yo sepa tantas cosas de La Luisiana, ya que ella, además de traducir sus palabras, tenía que estar gran parte del día observándola, una orden que le mandó La Zarina.

La Zarina se quedó tres días en la aldea, y durante todo ese tiempo tuvimos una gran fiesta. Me divertí mucho y fue allí cuando empecé mi amistad con ella. Al irse nuestra querida majestad, se comenzó los preparativos para que la prisionera empezara con su pena, con Cammi traduciendo sus palabras.

Aunque lo primero que decidió el pueblo, era saber quién era esa misteriosa chica, nadie sabía nada de ella. Por eso, lo primero que le dijeron a Cammi para que tradujera fue quién era ella y cómo acabó así.

Tras decir esas palabras, la prisionera se puso como una furia y no dejaba de gritar como una loca. Cammi casi iba a salir corriendo del miedo. Al final, no fue la mejor conversación, pero pudo sacar algunas cosas.

― ¿Y qué dijo? ― Le pregunté a Cammi, después de que ella sufriera aquella experiencia.

― No lo entendí muy bien, pero ella dijo que era del exterior, y pues vino a aquí por razones que no quiere contar. Estuvo robando por los campos hasta que la pillaron. ― Aunque no dijo gran cosa, yo aluciné.

― ¿Del exterior? ¿Quiere decir que ella no es del Zarato? ― No me podría imaginar algo así.

― Eso dice. ― Y eso me respondió.

― ¿Y su nombre? ― A continuación, le pregunté cuál era su nombre.

― Lafayette. ― Me partí de la risa al oírlo.

Me hizo gracia el nombre, porque en nuestro idioma esa palabra significaba “rata”. Y a través de Cammi me enteré que, cuando lo supo, renegó de su nombre. Por otra parte, desde que supe que era del exterior mi curiosidad por ella creció mucho, deseaba saber más cosas del exterior, cómo era el mundo fuera del Zarato.

Su pena, al final, fue el de cuidar las ovejas del rebaño del jefe. Cammi fue obligada a acompañarla y yo me uní a ellas, a pesar de las protestas de mis padres. Cuando comenzó, la primavera ya había llegado.

― Desde ahora me llamaran La Luisiana. Diles eso a los putos de las aldeas. ― Dijo eso un buen día de repente, mientras buscaba por el campo una piedra perfecta para una lanza que estaba haciendo para matar lobos. Fue

― ¿Por qué? ― Le preguntó Cammi, sorprendida por esas palabras.

― ¡Es obvio, por favor! ― La gritó y esas palabras hicieron callar a Cammi, mientras seguía en su búsqueda.

Durante todo ese tiempo, yo llevaba observándola desde lejos, con temor. Podría decir que era altamente irascible, cualquier cosa la molestaba; no tenía paciencia con nada, siempre estaba enfadada; y se metía en problemas con la gente del pueblo y de afuera, superando en violencia y tenacidad a muchos de nuestros hombres. Por lo menos, se le veía tranquila a veces, cuando paseaba a las ovejas cada día y no le diriges la palabra.

Con el tiempo, su aspecto cambió radicalmente. Al ver su poca feminidad, la llamaban “Ehrinta”, una mujer cuyo espíritu es de hombre. Para acabar con las burlas se hizo pasar por chico. Se cortó su larguísimo cabello, vistió ropas masculinas y empezó a hablar como tal, pero todo eso fue en vano.

A pesar de que apenas hablaba con La Luisiana, ya que le tenía muchísimo miedo; me di cuenta de que cada vez hablaba mejor nuestro idioma. Yo siempre veía como hablaba con Cammi, siempre gritándola o insultándola; y yo le preguntaba a mi amiga muchas veces sobre ella. También le pedía que le preguntara cosas por mí. A veces me lo decía, otras no. Recuerdo cuando le pregunté esto:

― ¿Por qué se puso “La Luisiana!, Cammi? ¿Se lo preguntaste cómo te dije? ― Eso lo dije cuando ya estábamos en nuestra cama para descansar del duro día.

― Pues, dijo que sus familiares eran de Luisiana, y que le gustó el nombre, y fin del asunto. ― Me quedé preguntándome qué era ese lugar y en dónde estaba.

Aquella noche yo soñé con el exterior y desperté con cientos de preguntas. ¿Cómo era afuera, sería todo diferente al Zarato o más de lo mismo? Todas estas cosas me hicieron pensar durante tanto tiempo y un buen día, en el campo, me atreví a hablar con La Luisiana. Quería saber más del exterior.

― ¿Qué como es el exterior? ¿Afuera? ― Eso dijo cuando se lo pregunté y le respondí que sí. Ella quedó mirando fijamente el cielo.

― Pues… Es muy diferente a este lugar. Bueno, hay ríos, montañas, plantas, animales… Bueno, esas cosas están por todas partes. Pero hay cosas que nunca te podrías imaginar. ¿Tú has visto los carros de caballitos? Pues, ahí afuera hay carros que se mueven solos y están tapados. ― No me podría creer lo último que estaba diciendo.

― ¿Qué quiere decir que se mueven solos? ― Eso era imposible.

― No hay caballos que lo muevan, te metes en el carro, coges una llave, enciendes el motor, se mueve y te puede llevar a cualquier lado. ― No entendí nada.

― ¡No lo entiendo! ¡Por mucho que imaginé no sé cómo imaginarme tal cosa!! ¿¡Y cómo pueden moverse esas cosas así!? ― Mi mente estaba confundida, apenas podría crearme la imagen mental de lo que estaba.

― Lo he dicho, con un puto motor. ― Me gritó.

― ¿Un motorqué? ― Era la primera vez que oía eso.

― Una cosa que es un conjunto de cosas que se mueven cuando hechas restos de animales muertos de hace miles de años. ― Y me lo explicó.

― No entiendo… ― Pero eso, para mí, parecía absurdo.

― No importa. También hay edificios tan grandes cómo montañas. Cajas de hierro con la que puedes ver imágenes en movimiento, cosas con la que puedes comunicarte con personas que están muy lejos, maquinas que pueden volar, más cajas gigantes en dónde hace frío y en dónde guarda los alimentos y los puedes conservar durante meses… En fin, muchas cosas. ― Siguió explicándome cómo era el mundo exterior.

― Todo eso suena a fantasía. ¿De verdad existe todo eso? ― No me podría creer todo eso que estaba contando. Me costaba mucho imaginar todo eso que decía. Eso no parecía ser de este mundo.

― Pues claro que sí, idiota. Es que ustedes estáis viviendo cómo en la prehistoria, joder. ― Y entonces empezó a buscar entre su ropa algo. Cuando lo encontró, me lo mostró. Era algo que nunca había visto.

― ¿Qué es eso? ― Le pregunté. Miré fijamente a esa cosa. Era plano y con la forma de un rectángulo, eso es lo único que se me ocurre para poder describirlo, porque apenas tenía palabras.

― Es un teléfono móvil, de última generación. Con pantalla táctil y todo eso. Con puedes llamar a alguien que está en otro lugar entre muchas cosas. Podría funcionar si no fuera por qué no hay electricidad en este lugar. Y eso que tengo el cargador, en fin… Aquí, solo es un objeto inútil. ―

Le pedí que me dejara tocarlo y ella aceptó. Lo mire fijamente sin parar y lo tocaba por todas partes. Hasta el tacto era diferente con todo lo qué había visto en mi vida.

― Te lo regalo, a mí ya me sirve después de todo… ― Me dijo. Acepté encantada el regalo.

Cammi, quién estaba a lo lejos, se acercó y estuvo observando eso conmigo durante todo el rato. Era sin duda un objeto singular y lo guarde cómo si fuera mi tesoro. Intenté imaginarme el exterior pero no pude.

Durante los días siguientes solo hablaba y hablaba con La Luisiana sobre el exterior, a veces me decía que se cansaba una y otra vez de decir lo mismo. Un día me pregunté si ella echaba de menos su hogar.

― ¿Te gustaría volver al exterior? ― Eso le dije.

― ¡Sabes, allí fuera se vive muy bien, la vida no es nada dura y todo eso… pero prefiero esto. ¡Este lugar está hecho para mí! ¡Este es mi lugar, por fin lo he encontrado! ― Me dijo y luego se puso cómo un tomate y me mandó a callar. Me asustó en la forma de cómo lo dijo.

A mediados de primavera, ocurrió un grave pleito entre nuestra aldea y una vecina. Alguien estaba pastoreando sin permiso en nuestras tierras. Fue La Luisiana quién lo descubrió y lo que pasó es que le persiguió sin descanso y no paró hasta llegar la aldea vecina. No volvió hasta el día siguiente.

Al tercer día aparecieron nuestros vecinos a por La Luisiana y, de paso, querían arrasar nuestra aldea. Llevaban todo tipo de armas y estaban sedientos de venganza y sangre. Nosotros nos preparamos para el combate. El jefe estaba histérico por ella y quería solucionar esto por las palabras, pero no se pudo. El pueblo le preguntó a ella qué hizo y nos explicó lo que ocurrió:

― Vi al maldito desgraciado por quinta vez, paseando sus ovejas por las tierras de vuestro jefe y éste, al verme, salió corriendo y yo le seguí hasta llegar a su aldea. Entonces salieron los putos de ahí a decirme que me fuera o me iba a dar una paliza. Yo les dije que no me iría hasta arrancarle la cabellera, que es cómo castigo por entrar a nuestras tierras. El muy perro lo negaba una y otra vez, y los demás lo defendían. Así que hice cómo si me hubiera ido, me escondí y cuando llegó la noche, salí. Provoqué el mayor alboroto posible, poniendo a sus animales histéricos y esos capullos se distrajeron, mientras yo buscaba al subnormal. Lo busqué y lo encontré, completamente solo, entonces le ataqué y le corté la caballera, le robe sus ropas y le di una paliza de muerte. Después salí por patas de allí. ―

Por esa acción, ella habría sumido el pueblo en un terrible peligro. A pesar de todo, la defendimos y luchamos contra ellos. La Luisiana participó y demostró, sorprendiendo a tanto enemigos como amigos, su capacidad de guerrear y llegó a ordenar sobre los nuestros, sin que el jefe pudiera hacer nada. Al final, la aldea vecina abandonó la batalla, huyendo.

A pesar de que La Luisiana fuera la responsable, todos celebramos el triunfo y le dimos muchas vivas. Sentí cómo el jefe la miraba con mucha preocupación, como si fuera su rival. A los pocos días, los jefes de las dos aldeas se reunieron y decidieron poner fin al conflicto. Celebramos una fiesta por la reconciliación. Ella tuvo que pedir perdón por lo que hizo y el otro también, por haber invadido sin permiso los pastos del jefe. Además, le impusieron la condición de que nunca jamás pisaría a aquella aldea.

Desde ese entonces, el miedo y temor hacia La Luisiana se convirtió en admiración y aprecio del pueblo hacía ella, sobretodo, entre los hombres, que la aceptaron cómo si fueran uno de ellos. Hasta le preguntaban qué chica le gustaba, algo que le molestaba, porque decía que era heterosexual, palabra que nadie entendía, cómo muchas otras que soltaba.

Empezó poquito a poco a aprender el arte que nuestros guerreros nos habían heredado pero que, debido a los tiempos de paz, los estábamos olvidábamos. Fue admiraba por los sabios y se alegraban de que alguien intentará salvar el legado de nuestro pueblo. Incluso, algunos jóvenes estaban siguiendo sus pasos. Otros, se burlaban. En fin, todo esto estaba haciendo mella en el jefe, que empezó ver con muy malos ojos a La Luisiana. Ella lo notaba.

― El Papa Noel otra vez tratándome cómo si fuera una mierda. ― Esto lo dijo, un día, cuando entraba en el establo a coger las ovejas del jefe y cruzó su mirada con él.

― Pero si solo te ha mirado. ―Le dijo Cammi.

― ¡Pues vaya mirada! ¡Me mira cómo si me había violado a su mujer, quemado sus tierras y haberme comido a sus caballos! ¡Joder! ― La respondía entre chillidos.

La relación entre ellos dos empeoraba cada día, y por medio de Cammi, escuchaba historias de sus múltiples roces.

― Me cuesta mucho controlarla, sería capaz de aparecer un día en la cama del jefe y llenarlo de flechas la cabeza. ¡Lo odia a muerte! Y él intenta encontrar la manera de librarse de ella. ― Esto me decía un día, al no poder dormir nosotras debido al calor.

― ¿Tú crees que ella es capaz de hacerlo? ― Le pregunté.

― Creo que incluso quiere ir más allá, quiere ser jefe. Siempre habla de las cosas en nuestro pueblo serían muy diferentes con ella y veo en sus ojos, ambición de poder. ― Eso me respondió Cammi.

― Ella es una extranjera, jamás la aceptarán. Si lo dijera, sería el chiste más popular del pueblo. ― Le dije eso entre risas.

― No sé, pero ella es capaz de hacer cualquier cosa. ― Lo dijo con una cara tan seria que me dejó preocupada. Decidí cambiar de tema y me atreví a preguntarle algo incómodo para ella.

― ¿Tú fuiste exiliada de tu pueblo, no? ¿Cómo se siente al no poder volver allí? ― Eso le pregunté.

― Cometí un crimen… pero no quiero hablar de eso. ― Dejó de hablar por unos segundos, me sujetó las manos y me dijo: ― Tenerte a mi lado es suficiente, así que dejemos de hablar de esto, ¿vale? ―

Fue cómo una promesa, decidí no sacar el tema de nuevo y al dormir, volví a soñar con el exterior y con el terrible crimen de Cammi. ¿Qué es lo que hizo para haber sido echada de su pueblo, de su gente? La verdad es que es un poco fastidioso tener amistades misteriosas, tanto ella como La Luisiana, que no contaban muchas cosas sobre ellas.

Días después, llegaron a nuestro pueblo la noticia de que la Miliz había decidido llevarse a Lafayette cómo nuevo miembro.

La Miliz fue creado hace 15 primaveras por la Zarina, según me dijeron, es un grupo formado por los mejores guerreros de cada aldea para limpiar los caminos de malhechores y proteger las diligencias que cruzan nuestros campos. Según Cammi, su llegada fue toda una estrategia del jefe para quitarse de encima por un tiempo a La Luisiana, que al parecer ya le tenía mucho miedo y fue ayudado por otra persona más, la heredera de la Zarina. ¿Por qué? Ella no me lo quiso decir.

Eso me recuerda que ella siempre le escribía cartas a esa persona y nunca me decía su contenido, más yo no sé leer ni escribir. A todo el pueblo le parece eso una pérdida de tiempo y esfuerzo. Al final, me dijo la razón, fue salvada por la heredera de su crimen y a cambio, tenía que hacer un trabajo para aquella importante persona, mantenerla informada todo lo que hacía La Luisiana. Aunque le escondía algunos detalles, me pidió que no se lo dijese a nadie, tenía miedo de que fueran a por ella y la matarán o algo así.

La Luisiana se tomó muy mal la noticia de ir a la Miliz y se puso de muy mal humor. Eso solo fue al principio, porque ella, después de pensarlo detalladamente, se animó y deseaba empezar cuanto antes. Entonces, se fue a vivir entre camino y camino, luchando contra bandidos y animales que atacaban al ganado, a proteger diligencias y a mensajeros entre más cosas. Y quienes la conocían le sorprendían tanto su valor contra sus enemigos cómo su rebeldía frente a sus superiores. Aunque no duró mucho su tiempo su pertenecía en la milicia, ya que tuvo que volver pronto al pueblo y seguir cuidando del ganado de nuestro jefe. Según Cammi, él la trajo de vuelta, al ver que estaba ganando prestigio e iba a subir puestos en la jerarquía. Su plan se volvió en su contra, odiándola como nunca. Lo que no sabía es que allí Lafayette descubrió el secreto de nuestro jefe.

La Luisiana se lo dijo a Cammi, quién no se lo podría creer, y me lo dijo a la noche:

― ¿Sabes? La Luisiana dice que el jefe es en realidad es un bastardo. No lo dice cómo insulto, sino que su padre, que en paz descanse, no lo es en realidad. ―

Yo tampoco me lo creía. Un bastardo llevaba seis primaveras gobernando, le dije que podría ser una invención suya o algo así, por que era imposible.

No hay peor deshonor que ser el fruto de una relación que está fuera de la unión entre un hombre y mujer. No importa cuál lado es, eso es una grave traición y nosotros pagamos caro esas cosas. No matamos a los hijos solo para recordar al traidor lo que hizo, pero estos se vuelve un completo paria, nadie se casaría con él y ninguno le daría trabajo, más que nada para no mancharnos con eso. ¡Si el jefe fuera un bastardo, todo el honor del pueblo quedaría entredicho! ¡No solo por el hecho de serlo sino por el hecho de esconderlo! ¡Él y toda su familia serían expulsados!

Por eso, al día siguiente, le pregunte a La Luisiana si eso era cierto.

― ¡Ja! ¡Puedes creer o no, pero a ese gordo se le ha puesto la piel de gallina cuando se lo dije! ―

Entonces, allí nos explicó que ella se fue a su casa y le contó todo lo que sabía de él, llevando un rifle por si acaso y lo encontró en su cuarto. Tras decirle eso, éste quedó aterrado y le dijo que todo lo que decía era mentira, pero, al final, La Luisiana le mostró algo que no nos dijo exactamente qué era, pero que le hizo confesar, incluso, le obligó a hacerlo por escrito y nos mostró el papel.

― ¡Es verdad! ¡Oh, dios!  ― Lo dijo Cammi, tanto yo como ella nos quedamos en stock. La Luisiana nos miraba triunfante. A mí me entró un terrible presagio de que algo muy malo iba a pasar. No nos dijo cómo consiguió la información.

Desde entonces nuestro jefe quedó atrapado entre las manos de la Luisiana. Al poco tiempo, pudo obtener casa legal, ya que vivía en la granja del jefe, entre los caballos; y poquito a poco obtuvo otros privilegios, como poder comer carne todos los días, tener un caballo e incluso un salario de tres zaramilles por semana, que es la moneda de nuestra aldea y de las de alrededor. A él, le sentía fatal hacerla caso pero si no lo hacía, ella haría descubrir la verdad y caería en desgracia. La Luisiana nos obligó a las dos no decir la verdad a nadie más o si no nos iba a matar.

Esto pasó, cuando comenzó el verano, mientras mis padres me preparaban para celebrar mi “Asholoteta”, se tejía poquito a poco la tragedia. Sobre eso, recuerdo que La Luisiana me dijo que su equivalente más cercano en el exterior era el cumpleaños, aunque la diferencia entre ambas es que no se celebra tu nacimiento cada año, sino el paso de ser niña a adulta.

Cammi estuvo en aquellos días, más que nunca, entre la espada y la pared. Por una parte, el jefe le obligaba a escribir varias peticiones a la heredera de la Zarina, para pedirle una solución; ocultándolo de La Luisiana, ya que podría acabar muy mal. Además, le pedía que cogiera el documento de su confesión en secreto y destruirlo.

Por otra parte, por miedo a La Luisiana, le ocultaba varias cosas a la heredera. En fin, estaba atrapada en el ojo del huracán y se le notaba.

― ¡Ayuda, ya no puedo más! ¡No sé qué hago yo ahí! ¡Yo no tengo nada que ver con todo esto! ― Me lo decía una noche, entre lágrimas. Yo lo único que supe fue abrazarla fuertemente, me sentía muy mal por no poder ayudar, pero no sabía cómo sacarla de ahí ni tampoco deseaba yo quedar atrapada en eso.

La tensión entre el jefe y La Luisiana llegó a ser tan ardiente cómo el fuego, que llegó al extremo de que empezaron a preparar una conspiración para matarla.

― ¿En serio? ― Eso grité yo, muy sorprendida, un buen día.

― Sí, la heredera y el jefe quieren matarla, en sus cartas están decidiendo ya cómo la van a matar sin que el pueblo y la Zarina intervengan. ― Esto me dijo Cammi al oído, mientras estábamos a punto de acostarnos.

Yo me quedé sorprendida y aterrada, preguntándome cómo podría terminar todo esto. Me dio pena La Luisiana y hasta tenía ganas de salvarla. No es una buena persona pero la apreciaba, Cammi pensaba lo mismo e incluso decidió intentar la forma de evitar su asesinato sin que los otros se diesen cuenta. Nunca encontró el momento oportuno, porque un buen día la dispararon. Pero no terminó cómo esperaban ellos.

Según lo que le dijo La Luisiana al pueblo, mientras pastoreaba, vio a alguien que le estaba espiando desde lejos, hizo como que no vio nada y subió al monte dónde estaba aquel. Cuando lo sorprendió, lo atacó, éste le disparó varias veces, los esquivó y lo atrapó. Luego, a nosotras nos contó que cuando lo descubrió ya le estaba disparando. Nos trajo el atacante, era un paria de nuestro pueblo. El jefe intentó que ella le soltara, diciendo que un extranjero no debía tratar así a uno de los nuestros. En realidad, quería evitar que hablase y que les dijese a otros que él le obsequió buenas recompensas si la mataba. No pudo evitar la confesión y todo el pueblo quedó de piedra.

Entonces, fue el momento estelar de La Luisiana: ― ¿Todos vosotros se preguntarán por qué me ha querido matar? ¿Por qué a una extranjera como yo, que ya era casi como uno de los vuestros? ¡No es por envidia! ¡Es porque esconde un secreto que yo sé! ¡Ustedes deben saber la verdad! ¡La verdad de vuestro jefe! ―

Entonces, él saco el rifle e intentó matarla, pero ella lo esquivó y fue a por él. El pueblo se quedó mirando, perplejo, la lucha entre ellos y no entendía lo que estaba pasando. Al final, con el jefe destrozado, reveló el secreto ante todos.

La esposa de nuestro antiguo jefe tuvo una aventura con alguien del pueblo vecino, y no pudo evitar que su esposo lo descubriera. Pero, en vez de ser apaleada hasta la muerte y matar al niño que llevaba entre sus entrañas, el padre decidió ocultar toda la historia y conservar al hijo. Esto se lo confesó el verdadero padre a La Luisiana, que fue su superior en La Miliz por un corto tiempo, ya que murió cayendo por un barranco. El pueblo se conmocionó fuertemente por la noticia y todos deseaban apalearlo. Habíamos sido deshornados fuertemente pero ella siguió hablando.

― ¡Esperen! ¡Esto hay que hacerlo de otra forma! ¡Debemos matarlo en secreto! ¡Sin que nada salga de aquí, así es cómo nadie sabrá que nos ha deshonrado! ―

Su propuesta causó gran alboroto en el pueblo, unos decían que debíamos a hacerlo, otros que, de todas maneras, estamos deshornados y no tiene sentido ocultarlo. Al final, la mayoría aceptó por la primera y La Luisiana les convenció de que ella fuera su ejecutor. Nos obligaron a Cammi y a mí acompañarles, y al día siguiente fuimos los cuatro, sin nadie más a matarlo en lo más profundo de las montañas.

Estuvimos durante medio día hasta llegar a lo más alto de una montaña, cerca de una garganta y un collado. Allí, con el jefe encadenado, ella le ponía el rifle en la cabeza y entonces empezó a hablar:

― ¿Ajusticiarlo por ser bastardo no es algo estúpido, no creen? ― Eso nos dijo, dejándonos muy sorprendidos, ya que fue ella misma quién lo propuso. Seguía hablando.

― Él no es culpable de la aventura de su madre, ¿por qué le vamos a matar a él  y no a ella? Los bastardos no deberían ser tratados de este modo… Si yo fuera jefe les haría cambiar de idea. ― Vimos en su cara rabia, cómo si recordará algo que le dolía muchísimo.

Todos le replicamos que ella fue quién propuso eso. Entonces lo desató, aunque siguió apuntado su arma contra él.

― Lo ajusticio porque ha intentando matarme. ¡Y ahora vete de aquí! ― Eso gritó, para nuestra sorpresa.

― ¿Cómo? ― Es lo que todos dijimos.

― ¿Ves ese estrecho collado? Pues ahí está el exterior, por qué estamos en los límites del Zarato. ¡Si quieres vivir, huye por ese lugar y nunca vuelvas más! ¡Y si lo haces, bam! ¿Entiendes? Nosotras diremos que te hemos matado y hemos tirado tu cuerpo al fondo. ―

― ¿Irme del Zarato? ¿De mi tierra? ¡Jamás! ¡El mundo exterior no es para un indio como yo! ― Le gritó.

― ¿Cómo sabrás tú lo que hay fuera si nunca has salido? ― Y le replicó La Luisiana.

-Me lo dijeron mis abuelos. Antes de existir el Zarato, nuestros pueblos vivían bajo el poder de los ruskis. No aceptábamos su control y luchábamos varias veces contra ellos. Pero fueron mejor que los que llegaron después de ellos, los useños. Nos quitaron nuestras tierras, nos trataba fatal, éramos despreciados y despechados en sus enormes aldeas, repudiábamos sus inventos diabólicos e íbamos a desaparecer cómo pueblos hasta que llegó ella…  ― Eso nos gritaba el jefe.

― ¿La Zarina? ― Le preguntó Cammi.

― Sí, ella nos prometió tener tierras propias si nosotros la aceptábamos como nuestra suprema líder, y con su enorme poder lo consiguió. No nos va tan mal y aunque muchos se rebelen, es nuestra gran salvadora y la fundadora de esta gran nación que es el Zarato. ― Eso dijo, antes de rendirle homenajes a nuestra magna reina.

Me pregunté si era tan horrible el exterior cómo decía él y me entraron ganas de aventurarme por el collado y verlo con mis propios ojos. Pero sentía que si hiciera eso, perdería cosas que quería cómo mi pueblo, mis padres y Cammi. Entonces, La Luisiana empezó a hablar en voz alta.

― Siempre me pregunté por qué este lugar siempre es tan misterioso. Nadie de afuera sabe lo que pasa realmente aquí, ni tampoco nadie entra aquí. Es un milagro que salga una noticia sobre el Zarato y muchas más cosas. Esto es incluso más exagerado que los putos coreanos, pero… ¿Por qué tato secretismo? ―

Todos nos quedamos en silencio, menos Cammi que le dijo que ellos no sabían la respuesta a eso, que los que saben son los de exterior, no nosotros. Le replicó.

― Estoy reflexionando, joder. Es que todos ustedes quieren vivir aislados de todo, eso es todo. ― A continuación, ella con el rifle le zarandeaba al jefe para que se levantara y se fuera. ― ¡Y ahora camina! ¡Nadie creerá tu historia de todos modos! ―

― ¡Jamás, antes muerto que cruzarlo! ― Le grité el jefe.

Y entonces vimos con horror cómo le disparaba en la cabeza al jefe, fue horrible verlo, cómo le salía sangre por la cabeza. Cammi se desmayó.

― No se pongan así, es esto lo que ha elegido él, en fin… ¡Le di una oportunidad y lo ha perdido! ¡Fin del asunto! ― Lo dijo con una frialdad que me hacía entrar ganas de vomitar y mientras ella tiraba el cuerpo, yo intentaba despertar a Cammi. Cuando terminó esa tarea, nos dijo:

― ¿Quieres que la llevé encima? ¡Quiero volver a casa cuánto antes! ― Eso me gritó.

― ¿A casa? ―Yo le pregunté, sorprendida.

― Sí, en nuestra aldea, esa que está en los límites de mi tierra, que es el Zarato. ¡Porque este es el lugar que buscaba! ¡Y estaba delante de mis narices! ― Lo dijo con una sonrisa que nunca presencié. Era una muy sincera. Un constante muy fuerte con la frialdad de hace unos segundos.

FIN

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