Sin categoría

Cómo conocimos a Lafayette, trigésima quinta historia

Un pueblo abandonado en lo más profundo de Shelijonia recibía otra vez visitantes, los mismos que hace unos días llegaron ahí para partir en busca de un supuesto tesoro y de cuya búsqueda habían vuelto. Entre las vacías calles se paseaban y, influidos por el ambiente casi apocalíptico y siniestro de la  aldea, se sentían muy nerviosos. Parecía como si les siguiera una presencia maligna desde las sombras. El grupo estaba siendo guiado por una chica de pelo albina, quién no era nada más ni nada menos que Nadezha, y los dirigía hacía lo que fue casa de un familiar, ahora propiedad suya. El resto era Mao, su empleado Leonard y la charlatana de Josefina.

― ¡Hemos vuelto! ― Eso dijo, al llegar a la puerta de su casa, la más alejada del pueblo fantasmal y sabiendo que no había nadie ahí. La intentó abrir pero se quedó atascada y tuvo que hacerlo a patadas. A pesar de que eran las tres de la tarde, la oscuridad dominaba el interior y la rusa tuvo que encender una vieja lámpara de gasolina e ir al salón para abrir las cortinas. Así lo hizo, el salón se iluminó y el resto del grupo, sin quitarse los abrigos, se sentó bruscamente en el polvoriento sofá lanzando suspiros de alivio.

― ¡Ha sido realmente horrible! ¡Jamás volveré a hacer algo así! ― Sentenciaba Mao.

― ¡Ni que lo digas! ― Le decía Leonard.

― ¡Tengo hambre! ¡Mucha! ¡Qué pedo! ― Decía Josefa yendo a su bola y mientras tocaba su barriguita que estaba pidiendo comida a gritos.

Al unísono, los tres gritaron que deseaban volver a Springfield y que ya tenían suficiente con lo que vivieron en esas montañas. Nadezha los miró y dijo:

― ¡Pues os falta mucho! Para llegar al pueblo habitado más cercano tardaríamos un día entero. ― Se calló por un momento, pensativa, y luego miró su móvil, vio que no tenía cobertura y suspiró:

― ¡De todos modos habrá que ir allí para llamar a la policía y a mi tío! Me gustaría ir ahora mismo, pero tenemos que esperar hasta mañana. Aún no me lo puedo creer…― Recordó, entonces, lo que era ese tesoro y se calló. Los demás también y no deseaban decir algo. Solo Josefina habló con toda normalidad:

― ¡Es verdad! ¡Hemos descubierto un crimen! ¡Hay que hacer justicia! ¡Por ellos! ― Gritaba Josefina, levantado la mano, como si estuviera manteniendo una promesa a gente del más allá. Mao y Nadezha, al verla tan animada, se aliviaron, ya que pensaban que ese descubrimiento la iba a traumar de por vida. Tras lo del tesoro, ella fue la que tuvo el mayor stock, pero a las pocas horas habría recuperado su optimismo y sus ganas infinitas de charlar. Al parecer, era más fuerte de lo que parece. A continuación, ella cambió de tema:

― ¡Ah, por cierto! ¿Y por qué Lafayette no está con nosotros? ―

Lafayette, quién realmente fue la que más le afectó sobre lo del tesoro, se alejó de ellas yéndose a lo más profundo de las montañas, más de lo que se atrevería Nadezha. Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde para capturarla y llevarla a Springfield.

―Eso solo lo sabe ella, ¿a quién le importa esa bruja? ― Dijo Mao.

― ¡A mí, sí! ― Le replicó Nadezha. ― ¡Aún está por mis tierras y no pienso tenerla aquí! ―

― Si apenas lo utilizas…― Dijo Mao en voz baja.

― De todos modos lo importante ahora es descansar. Nos quedaremos aquí hasta mañana. ― Nadezha lo ignoró y siguió hablando.

― ¡Y ya que han mencionado a Lafayette, hay que ponerla verde! ― Añadió Mao.

― No quiero hablar nada m…― Nadezha fue interrumpida por Josefa, que les preguntó esto:

― ¿Cómo la conocieron? ―

Tanto Mao como Nadezha se quedaron pensativos, porque tal pregunta les trajo muchísimos recuerdos. La conocieron en la primaria, en quinto y en la época en dónde ellos dos eran los mejores amigos.

Su amistad en aquella época era tan empalagosa que le entraron nauseas y asco al recordarlo y no entendían cómo sus yo del pasado se llevaban tan bien. Por otro lado, recordaban a Lafayette y de cómo había cambiado tan poco. Ahora era mucho más violenta y tenía mucha más arena en la vagina.

― Creo que contar algo de nuestro pasado puede hacernos perder el tiempo hasta la noche. ― Dijo Nadezha pero antes tenían que comer, todos estaban muy hambrientos.

Ahora Nadezha, con interrupciones, nos contará un pequeño episodio de su pasado, y el de Mao, sobre el día en que conocieron a Lafayette. A partir de este punto, ella será la narradora.

Fue en quinto curso, un día después de San Valentín. Había sido expulsada de su escuela, que, por cierto, era tu anterior colegio, Josefina; y pues ese día nuestra profesora nos la presentó.

La narración fue interrumpida por Josefina que le preguntó sorprendida si eso era verdad y cómo sabía cuál era su antiguo colegio. Para seguir con su historia le explicó a la mexicana que ella lo había mencionado varias veces y cuando iba a seguir Mao habló.

― ¡Ah, por cierto! ¿Recuerdas el uniforme de nuestra escuela? ¡Eso sí que era ropa bonita! ¡Esa falda azul oscura…! ¿O era negra? ― Mao se quedó en blanco al intentar recordarlo detalladamente. ― A ver… ¡Bueno la cuestión es que era buena ropa! ―

Nadezha les pidió a todos que no la interrumpieran, sobre todo a Mao, y siguió contando su historia. Volvamos a su narración.

Como decía, nuestra profesora, que era de matemáticas, nuestra tutora y muy buena; ante nosotros nos presentó a aquella niña. El aspecto que tenía Lafayette en aquella época era la de una negra enana y malhumorada con un curioso peinado que tenía muchas semejanzas con las melenas de los leones. Creo que yo tenía el cabello corto y Mao utilizaba el mismo peinado que ahora. Cómo era de esperar, está fue su presentación:

― Me llamo Marie Louise Lafayette, no soy francesa y os odio a todos y deseo que se mueran. Fin. ―

Toda la clase se quedó de piedra, el silencio dominaba el lugar y tanto la profesora y los alumnos no sabían cómo actuar. Solo hubo alguien que habló algo, Mao. Como nos sentábamos juntas, me lo pudo decir al oído.

― La primera negra que está en nuestra clase y se nos sale amargada. ― Nos reímos y cómo era la única reacción después de esa presentación, Lafayette nos miró con muy mala cara.

Otra vez la narración fue interrumpida por Josefina, quién preguntó algo que llevaba tiempo en su cabeza. Tal cuestión era cuánto tiempo llevaban juntos Nadezha y Mao, este último la contestó:

― Por desgracia, yo y la rusa hemos estado juntas desde primero de la primaria hasta que termine la secundaria. ― Sentenció como si fuera una horrible desgracia.

― Pues en esa época estabas feliz de ser mi mejor amiga. ― Le replicó la rusa.

― ¡Es que aquel entonces era una ignorante de la vida! ¡Por favor! ― Añadió Mao.

― ¡¿Esperen!? ¡¿Antes habían sido muy buenas amigas!? ¡¿En serio, de verdad!? ― Gritó de pura sorpresa Josefina, para ella eso era una notición.

Otra vez lo recordaron y otra vez sintieron esas ganas de gritarles y golpearles a sus yo del pasado y a sí mismas de la vergüenza. Literalmente casi no había momentos en el que no estaban el uno sin la otra, hasta iban juntos al baño. Y no solo eso, casi siempre iban cogidos de las manos, se daban mutuamente la merienda que se hacían, se mandaban cartitas y cursiladas todo el día entre más cosas que deseaban quemar del baúl de los recuerdos. Nadezha dijo esto, para no hablar de ese tema y casi muerta de vergüenza:

― ¡No hablemos de eso! ¡Ahora estamos hablando de Lafayette!― La siguió Mao que también con la cara roja dijo:

― ¡Eso, eso! ― Josefa se decepcionó un poco, deseaba saber cómo era su amistad antes pero, de todos modos, también, deseaba seguir escuchando el relato. Con esto dicho, volvamos otra vez a la narración de la rusa.

Mientras tanto, la profesora, sin querer o no, puso uno de sus manos sobre un hombro de Lafayette y a la vez que se atrevía a decir algo. No pudo sospechar que hacer eso provocaría que la franchuta esa casi se le abalanzara por eso.

― ¡Quita tus putas manos de ahí, blanquita! ― Le dijo. Después de eso, la maestra la regañó durante más de diez minutos y le mandó a sentarse. Había solo dos asientos libres y casualmente uno estaba detrás de nuestros asientos. No deseábamos por nada del mundo que un sujeto tan desagradable estuviera atrás nuestra pero, al final, tuvo que elegir ese lugar precisamente.

― ¿Qué miran? ¿Tengo monos en mi puta cara o qué mierda? ― Eso le dijo a todo aquel que le estaba mirando mientras se sentaba, incluido nosotras. Durante el resto de la hora, el aula estuvo más silenciosa que nunca y un aura de incomodidad lo invadía. Lafayette estaba en su sitio esperando que terminara la clase y su mesa estaba tan vacío como su inteligencia, ni se trajo la mochila.

A la siguiente clase, yo y Mao pudimos ignorar su lamentable existencia y volvimos a nuestras cosas. Esto es muy embarazoso de decir pero nosotras dos estuvimos en esa clase escribiéndonos cartitas de amistad.

La narración de Nadezha otra vez fue interrumpido y bruscamente. Era Mao que le gritaba, muerto de vergüenza, que no dijese nada. La rusa le dijo que se fastidiara, que iba a seguir. Josefina, por su parte, asaltó con cientos de preguntas al chino y éste tuvo que contestar:

― ¡Eran unas estúpidas notas que escribía a esa, y les ponía dibujitos, y corazones, y todo tipo de tonterías! ¿Ya estás contenta Josefina? ― Le dijo esto, avergonzado.

― Y decían cosas como nuestra amistad es eterna y verdadera, te quiero, eres la mejor amiga del universo,… ― Añadía Nadezha.

― ¡Cállate! ¡Cállate! ― Le gritaba Mao, deseando que la tierra le tragase y tapándose los oídos. A Josefina, todo eso le pareció muy lindo y se preguntaba cómo es que ahora Mao y Nadezha se llevaban tal mal.

Tras decir todo esto, volvamos a seguir leyendo la historia que nos narra Nadezha.

Volviendo a lo qué íbamos, a Mao se le ocurrió recitar una de esas cartas, en voz baja y para mí. Lafayette al escucharlo se río de eso compulsivamente.

― ¡Cuántas pendejadas! ― Nos decía señalándonos con el dedo. ― ¡Qué mariconadas, dios mío! ―

― ¿Qué te hace tanta gracia, negra? ― Le dije yo.

― ¡De vosotras, tontas! ― Le iba a decir algo pero Mao me detuvo. Me dijo al oído esto:

― Ignora a la negra. ― Lafayette la escuchó.

― ¡Cállate, piel amarilla! ― Le dijo eso a Mao.

― Vale, vale, ya sabemos que eres una triste amargada muerta de hambre que no la quieren ni sus papas. ― Le replicó a Mao.

― ¡Seré una amargada pero no una cursi como vosotras. ¿Amistad? ¿Amigas para siempre? ¡Iros a tomar por culo con los osos amorosos! ― Eso nos gritaba mientras intentaba imitar a algo.

― ¡Pues fastídiate! ¡Lo tendrás que soportar el resto del curso! ― Ahí es dónde salte yo.

― ¡Ni una mierda! ¡No quiero soportar mariconadas de panolis! ― Eso nos gritó ella con mucha vulgaridad.

― ¡A ti que te importa lo que hacemos con nuestra amistad! ― Le grité, molesta.

― Sí, me importa porque me hacéis vomitar. ― Y actuó como si estuviera vomitando. Me estaba entrando ganas de pegarle a esa insolente. Mao por su parte, le dijo esto con el tono más hiriente posible.

― ¡Lo que le pasa es la pobrecita tiene envidia! ¡Ella no tiene amigos por ser una fea tan perra y nunca tendrá una amistad tan genial como la nuestra! ― Ese comentario realmente le dolió, porque se levantó de la silla y nos gritó.

― ¡Ni una mierda! ¡Vuestra amistad es basura! ¡Seguro que no va a durar nada y al día siguiente os odiáis como nunca! ¡Es un cuento de la tele! ¡Y os lo habéis tragado, tontas! ¡Subnormales! ―

No pude más y le un puñetazo a la cara que la hizo volar. No iba a aguantar que alguien me dijera que mi amistad no era verdadera y eterna, ni menos esa.

― ¡Nuestra amistad es lo más grande del universo y es así! ― Le grité.

Como era de esperar, Lafayette se levantó y fue a por mí, pero Mao se puso en medio y me protegió. Y así comenzamos una pelea bastante violenta, que no fue finalizada hasta que dos o tres profesores tuvieron que separarnos. El que nos daba la clase recibió un golpe que lo dejó inconsciente y rompimos varias mesas y ventanas. Los demás niños no hicieron nada más que hacer de espectadores. En fin, no nos expulsaron de milagro y desde aquel momento, nosotras que nunca habíamos participado en peleas, terminamos siendo las que más se peleaban de la escuela, siempre con Lafayette de por medio. Esa negra consiguió ser el dolor de cabeza de todos y fin de esta historia.

Mao fue el primero en hablar tras finalizar la pequeña historia de la rusa. En eso encontró algo muy gracioso y no podría dejar de reír.

― ¿Sabes? ¡Es irónico pero Lafayette tuvo razón! ― Decía esto, entre risas, ya que, tanto él como Nadezha, habían acabado de un extremo a otro. Ahora se odiaban a muerte.

― Y es feo cuando ella tiene razón. ― Añadió Nadezha, quién estaba molesta por reconocer que la negra tuvo en ese caso la razón.

Josefa, que había alucinado al saber que antes esos dos tuvieron una amistad tan bonita, les pregunto esto:

― ¿Y por qué dejaron de ser tan amigas? ¿Qué les ocurrió? ― Eso les preguntó Josefina.

― ¡Qué eso te lo diga Mao! ― Le dijo Nadezha.

― ¿Y por qué yo? ― Protestó Mao.

― ¡Yo ya he hecho mi trabajo! ― Le replicó.

― ¿Qué trabajo? ¿El de Cuentacuentos? ¡Te queda perfecto, sigue contándole cuentos a Josefina que yo quiero descansar! ― A partir de esto, se desencadenó otra pelea más entre Mao y Nadezha.

Mientras se peleaban, Josefa pensaba apenada que tal relación estuviese tan deteriorada, porque en el fondo cree que aún se quieren como amigas.

Por otra parte, en lo más recóndito de las montañas, una voz resonaba por todo el lugar: ― ¡Mi tesoro! ¡Ay, mi tesoro! ¡Mi billete para salir era más que los restos de un asesino! ¿Por qué me hacen eso? ―

Eso decía, entre lamentos, mientras andaba como un zombi sin saber a adónde iba. No se estaba dando cuenta de que se estaba introduciendo en un reino atrapado en el pasado y cuya entrada está prohibido para los extranjeros. Lafayatte estaba entrando en el Zarato.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s