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El pecado de Malan, trigésima novena historia

El 21 de Abril, yo, la niña genio Martha Malan, fui a ver a mi Ojou-sama y visitar su casa, algo que hago dos o tres veces por semanas. Cuando llegué a lo que ella llama “salón”, la vi mirando un panfleto publicitario y se le notaba que estaba deseosa de probarlos. Me acerque más y vi que se trataban de dulces. Le dije mi opinión cómo forma de saludo:

— ¡Esos dulces tienen un aspecto delicioso, Ojou-sama! —

Ella se dio cuenta de que estaba ahí y me devolvió el saludo: — Ah… ¡Ohayô gozaimasu! —

Dije lo mismo y Mao se puso a ver la televisión, y yo saqué un libro dedicado sobre las Vryheidsoorloë, conocidos en otros lares como Las Guerras Bóeres, y es quizás el periodo que más me fascina de la historia. Tras haberme leído dos capítulos, mi Ojou-sama me pidió un favor:

— ¡Hey, Malan! ¿Podrías comprar estos dulces por mí? ¡Esperaba que los comprara la canadiense pero está en el parque con la niña! —

Acepté encantada. Mientras iba hacía al local, observé mejor el papel y era un anuncio sobre unos dulces populares que iban a estar de ofertar hoy y tres días más. Todos esos alimentos eran dulces de todo tipo y tenían una pinta muy tradicional.

Allí, entre la larga cola que esperaba entrar al local, vi a la Osa rusa. Hasta el más inteligente de los seres humanos se han equivocado y yo no soy una excepción y en el pasado cometí cosas muy malas al novio de esa chica. Ella fue la que mandó a mi Ojou-sama para pararme y no le gustó nada que me convirtiese en su amiga. Por eso que yo llamó pecado, Nadezha, me odia y parece ser que no podré obtener su perdón por mucho tiempo.

Acercarme a ella era todo un reto debido a todo esto que he contado, pero era una oportunidad para tener las paces realmente con ella y lo iba a aprovechar a pesar de que había muchas posibilidades de fracasar. Me puse detrás de ella y durante largo tiempo pensé en una buena frase para iniciar una conversación.

— ¡Buenos días, Osa rusa! ¿También va a comprar algunos dulces? — Así inicié la conversación.

Miró hacía atrás y, como supuse, al ver que era yo, me miró con ese odio y rencor que siempre me dedica y giró su cabeza hacia adelante sin decir nada. Los resultados seguían siendo negativos pero aún así tenía que seguir.

— Tal vez esa pregunta era bastante obvia… Mejor está, ¿cuál dulce se va a comprar? — No recibí respuesta alguna más ese silencio que me desanimó un poco más pero no me iba a rendir.

— Ojou-sama me pidió que le comprará dulces, pero no me ha dicho cuáles… ¿Osa rusa tal vez puedes decirme los mejores? — De nuevo, no dijo nada y el silencio volvía a ser más insoportable que antes. Decidí seguir intentándolo.

— Si lo miramos por sus aspectos, el…— Fui interrumpida bruscamente.

— ¡Te pido que no me hables! — Me dijo. Yo intente decir algo más pero ella repitió lo mismo. Aún así no podría ceder.

— Ya sé que he hecho mucho daño, pero si hay algo que pueda ayudar, yo estaría encantada…— Fui interrumpida por su grito.

— ¡Déjame en paz de una vez! ¡Nunca te voy a perdonar por eso! ¡Hagas lo que hagas! — En ese momento, me di cuenta de que me excedí demasiado y la hice enfadar y me fui de ahí corriendo toda asustada y decepcionada por los nulos resultados de intentar reconciliarme con ella.

Me fui al parque y ahí estuve pensando en todo eso y en cómo conseguir limpiar esta mancha de mi esplendido expediente. Y ante mí apareció la hermana de Sasha, la chica problemática. Estuvo dos veces en la casa de Ojou-sama buscando a esa chica que es amiga de la lenta simpática. Me ofreció los mismos dulces que iba a comprar, así que supuse que estaba allí y tal vez vio la escena.

— ¡Te ves triste! ¿No quieres algunos, Martha? ¿Ese es tu nombre, no? —Los rechacé y le di las gracias, entonces ella se sentó al lado mío y con tono maternal esto me preguntó:

— ¿Te ha pasado algo con esa chica? ¡Espero no molestar, si no quieres hablar! — Me vino bien hablar con alguien y además con la persona adecuada.

— La verdad es que en el pasado le hice mucho mal a alguien que esa chica quiere mucho y a pesar de haberle pedido perdón miles de veces, aún me odia y no desea trato conmigo. Y yo deseo mejorar mi relación con ella, pero parece que es imposible… — Miré al cielo dramáticamente, con ganas de llorar. — ¡Quiero ser perdonada pero, al parecer,…— Me callé pensado en cómo terminar la frase.

— ¿Pero estás arrepentida? — Me preguntó esto, a continuación.

— Sí, del todo. — Y eso le respondí.

— ¿Sabes? Perdonar no es muy simple, sobre todo cuando has hecho mucho daño a alguien. La cicatriz que puede cometer ese mal puede tardar o incluso no sanar jamás. Además pedir perdón es muy fácil, son solo palabras, así que si quieres estar perdonada y estás arrepentida tienes que demostrarlo. — La escuchaba con mucha atención.

— ¿Demostrarlo? — Eso pregunté.

— Imaginemos esto hipotéticamente, eres un terrorista que ha matado a mucha gente y ha destruido las vidas de inocentes pero al final te arrepientes mucho y odias a tu yo del pasado por hacer tales maldades. Si quieres que tus víctimas te perdonen no solo tienes que pedirles perdón, no solo debes aceptar tu pena sino hacer todo lo posible para que no haya más terrorismo, luchar contra aquello que fuiste, y salvar a esas personas que van caer en tu mismo error, y aquellas que van a sufrir por ese error. — Era una argumentación muy buena.

— Demostrar con hechos de que te has arrepentido,…Pero… ¿Y si aún a pesar de eso…? — Pero tenía mis dudas.

— Es verdad que depende de cada persona y de la maldad que cometiste, pero inténtalo. No creo que Nadezha sea capaz de odiarte de por vida y si lo haces, su odio hacía ti se reducirá. ¡Puedes hacerlo, solo debes tener paciencia y determinación! — Eso me decía, mientras me animaba.

Lo dijo con tanto entusiasmo que me hizo levantar y decir esto: — ¡Eso haré! ¡Conseguiré que la Osa rusa me perdone la vida y me acepte cómo amiga! —

— ¡Ese es el espíritu! — Me dijo mientras me aplaudía con una sonrisa. Tras eso y tras obligarme a aceptar los dulces que compró, nos despedimos y cada una siguió su camino.

Pasé el resto del día pensando en hacer algo y con ayuda de mi Ojou-sama se me ocurrió un plan, que ejecuté dos días después.

— ¡Despierta, Osa rusa! ¡Despierta, que es tarde! — Estas eran mis palabras, a las siete y media de la mañana, en la habitación de Nadezha. Se preguntarán qué hago yo ahí y a esa hora. Pues mi plan era servir cómo sirvienta a la Osa rusa y mi tarea empezaba por despertarla y traerle el desayuno a la cama. Por eso, me levanté antes de que saliera el sol y tras conseguir el permiso de su tío para despertarla.

Creo que fue mal idea subirme encima de ella, hice eso porque vi que con palabras y ligeros tocamientos no conseguía gran cosa, solo que dijera que la dejará dormir unos cincos minutos más. Puse mis manos sobre sus hombros y empecé a zarandearlos. Por fin, ella hizo el esfuerzo de abrir los ojos. Tras decir que ya iba, me vio y dio un grito: — ¿¡Martha Malan!? ¡¿Qué haces aquí!? ¡¿Qué haces encima de mí!? —

— ¡He venido a traerle el desayuno! — Eso que dije con mi mejor de mis sonrisas, dejo a la Osa Rusa con muchas dudas que antes. Por supuesto, me baje de ella y le explique qué hacía ahí:

— ¡Debido a que nuestra relación es muy mala, he pensando que tal vez con ayudarla en sus quebrantares cotidianos, podría aligerar su odio hacía mí, en otras palabra, haré algo parecido como una sirvienta por un día! —

Ella me miraba con los ojos muy abiertos, supongo que pensando en que no se esperaba eso y que no deseaba aguantarme, y lo dijo además: — ¿En serio? ¡Por favor, no quiero tener que soportarte por un día! —

— Haré mi trabajo tan espléndidamente que ya no le incomodará mi existencia. — Luego, puso una cara muy decaída de ánimos y se levantó para coger la bandeja que tenía su desayuno, y que hice con todo lo que a ella gustaba, gracias a su tío que me ayudó. Ella, a regañadientes, aceptó a comer mi comida.

— ¿Sabes? Rechazaría esto, pero no puedo despreciar la comida. ¡Aún te sigo odiando y nunca te perdonaré! ¡Lo oyes! — Me lo decía mientras comía. Me alegre por eso, ya que ser perdonado es largo y duro y lo que cuenta son esos pequeños gestos como ese.

— ¡Está bueno! —Y esa alegría aumentó cuando me felicitó, avergonzada.

Mientras decía eso, abrí las cortinas y luego los armarios en busca de su ropa. Le pregunté qué iba a usar. Ella se levantó bruscamente y me dio un leve empujón para al lado: — ¡Puedo vestirme solita! ¡No necesito tu ayuda! —

Y mientras se quitaba el pijama y la ropa interior y buscaba lo que iba a usar me estaba hablando: — ¡No sé lo que planeas, pero creo que deberías olvidarte de mí! ¡No debes acercarte a mí y a mi novio! ¡Olvídate de que vamos a ser amigas! ¡Jamás lo seré! ¡¿Lo entiendes!? —

Cómo ya sabía, ella es un hueso duro de roer, pero esas palabras no me iban a desanimar. Además, me estaba fijando más en el hecho de que estaba usando ropa interior con la imagen de una mascota adorable llamada Hello Kitty.

Ella realmente estaba algo molesta conmigo al lado y así estuvo hasta que las dos bajamos a su salón y vio a alguien más que no deseaba ver. Esa era mi Ojou-sama quién estaba tumbada en su sofá viendo la televisión. Gritó muy sorprendida y con su dedo señalando: — ¿Tú también, Mao? ¡¿Qué mosca os ha picado para que hayáis decidido hacer esto!? — Ojou-sama se levantó de dónde estaba, la miró y haciendo uso de gestos le dijo:

— ¡Solo he venido a acompañar a Malan por si le pasaba algo por tu culpa! — En realidad, tenía otra razón más y era molestarla. Nadezha apretó los puños diciéndole que era una maldita. En ese momento apareció su tío que la saludó en ruso, algo que no pude traducir y ella le habló en ese idioma.

Tanto yo como mi Ojou-sama no pudimos entender la conversación que tuvo, a continuación con su tío. Su familiar le contestaba con normalidad y tranquilidad mientras que la Osa rusa hablaba algo molesta. Tal vez, le estaba preguntando por qué nos dejó entrar y le explicaba que no éramos sus amigas o cosas parecidas.

— ¿Por qué me están siguiendo? ¿¡No me van a dejar en paz ni en la escuela!?-

Esto nos lo decía mientras iba con paso ligero y es que decidimos acompañarla hasta al lugar dónde ella estudiaba, el Malyytavda High school. Ahí es donde estudiaba mi Ojou-sama antes de poder retirarse y me entraba curiosidad por visitar el lugar.

— ¡Cómo siempre, lo exageras todo! — Le replicaba de forma burlona, cómo siempre hace cuando quiere irritarla. La Osa rusa solo dio un insulto.

Llegamos a unos veintes minutos antes de tocar y el lugar estaba casi vacío y mientras íbamos por sus pasillos la Osa rusa nos decía: — ¡No deberían estar aquí! ¡¿Por qué no os vais de una vez!? —

— ¡Lo dices cómo si fueras un profesor o algo así! ¡Mientras la campana no toque no pasa nada! — Eso le replicó Mao.

— Lo que quiero es que vosotras dos desaparecéis de mi vista de una maldita vez. — Añadió malhumorada la Osa rusa.

Era la primera que estaba visitando un Instituto de Preparatoria, y de Secundaria, ya que ese centre albergaba las dos cosas a la vez; y observaba sin perder ni un detalle todo lo que observaba. Por lo que veía, parecía que no tenía muchas diferencias con Primaria y eso me desilusionó un poco y mi deseo de saltar a la universidad directamente crecía aún más. Por lo demás, todo era lo que normalmente sale en las películas que tenían como escena este tipo de lugares. Otra cosa curiosa era el uniforme que llevaban.

Lo primero que hicimos en entrar en la clase fue sentarnos. Mi Ojou-sama empezó a hablar sobre lo poco que había cambiado el lugar y a la Osa rusa ignorándola, mientras sacaban las cosas de la mochila para su clase de matemáticas.

Durante unos cinco minutos, no había nadie más salvo nosotras y cuándo llegaron las primeras alumnas, le preguntaron a Nadezha qué hacía Mao ahí, ya que, al parecer, se conocían, y ella las saludó enérgicamente.

— ¡Cuánto tiempo, viejas compañeras! ¿Cómo le van su vida como estudiantes? — Les dijo.

Por su parte Nadezha añadió esto: — Mejor sin ti. —

— No le hagas caso, está muy aburrida en clase. — Eso le dijo una de las chicas.

— No digan tonterías. — La Osa Rusa la replicó.

Se rieron y, a continuación, se dirigieron hacía a mí. Las chicas, que eran tres, me empezaron a dar abrazos fuertes, no tanto como los de la lenta simpática, por suerte. Decían cosas como estás mientras me hacían eso.

— ¿Quién es está niña linda? — Eso soltaba una.

— ¡Qué monosidad! — Añadía otra.

— ¿Es tu aprendiz, Mao? — Esto último debe ser debido a que yo llevaba kimono, al igual que ella.

Cuándo Mao iba a decirles quién era, yo le pedí que me dejará hacer mi presentación y les debo que decir que fue la mejor que hice en mucho tiempo. Aunque creo que eso me restó puntos para Osa rusa, que se le notaba mucho más molesta que antes, ya que dijo:

— ¡Qué forma de presentarse tan pretenciosa! — Y luego le dijo algo más a mi Ojou-sama: — ¡No sé como aguantas eso! —

Mientras tanto a las otras no les molestó, incluso les pareció muy lindo, tanto que, incluso, me retaron:

— ¡Y ya que dices que eres muy inteligente! ¿Por qué no nos lo muestras? — Les pregunté qué estaban dando en matemáticas, me lo dijeron y yo empecé a explicarlo.

Y lo hice tan bien que decían que lo hacía mejor que su propio profesor, que era una chica sobredorada, que le hicieran sus exámenes entre más cosas.

Mientras tanto, Mi Ojou-sama se dedicaba de alardear de mí a Nadezha y, cuando terminé mi explicación, ella le dijo a la Osa Rusa, que estaba realmente sorprendida, esto: — ¡Lo ves! ¡Esa variables que tú no lo sabes, lo entiende ella mucho mejor! ¡Así que no las menosprecie, ignorante! —

— ¡¿Por qué no te callas la boca?! ¡Es que ella es una niña genio, pero las personas normales no podemos saber estas invenciones del diablo! ¡Ni tú, listilla! — Eso le replicó rabiosamente.

— ¿Ni yo? ¡Ja! ¡Es que eres una bruta, no una persona normal y por eso tu pobre cabeza no entiende esas cosas! — Y así empezaron de nuevo a pelearse, con gritos e insultos y después con puños y patadas. Tanto yo como las otras chicas miramos el espectáculo.

— ¡No han cambiado nada estas chicas! — Dijo una de ellas, y todas afirmamos esas palabras.

Al poco después de sonar la campana, las chicas pararon la pelea antes de que el profesor entrara y lo viera. Según ellas, por suerte, no volaron las sillas y mesas como muchas veces. Yo y mi Ojou-sama, sin querer abandonar las instalaciones, nos instalamos en la biblioteca. Era un lugar muy grande y muy interesante, por sus libros, que eran ciento, aunque muchos eran en ruso y me costó mucho elegir uno con que leer. Al final, el candidato para ser leído fue El Príncipe de Maquiavelo. Por el contrario, mi Ojou-sama intentaba leer algún que otro pero les aburría. No sé cuánto tiempo pasó hasta que apareció Nadezha.

— Sabía yo que no os ibais a ir de aquí. — Eso soltó, al vernos.

— ¿No deberías estar en clases…? — Le preguntó mi Ojou-sama.

— Con vosotras aquí no puedo estar tranquila, ¿y es más, no debería estar Malan en su escuela? — Eso dijo Nadezha, a continuación.

— Están en una excursión, no quise ir porque ya he ido trece veces al Jardín Botánico. — Le dije la verdad.

— ¿Y tus padres te dejan? — Y añadió esta pregunta, a continuación.

— No han tenido objeciones.- —  A ellos no le daban importancia que faltará un solo día al colegio, sobre todo cuando iban a hacer una excursión que no me interesaba ir.

Al parecer, ahí se acabó la conversación, porque solo hubo silencio. Un silencio que duró poco ya que yo decidí cambiar de tema e intentar charla con ella un poco más. Saqué un tema que me parecía muy polémico.

— ¿Por cierto, cuál cultura es mejor, la china o la rusa? — Eso saqué.

— La china. — Dijo mi Ojou-sama al mismo tiempo que Nadezha decía esto: — La rusa. — Al escucharse, se miraron a los ojos.

— ¿Pero no eres tú japonesa? — Le preguntó Nadezha.

— Nací y me críe en Tokyo, pero mis padres son de China, de Manchuria. Espera, ¿o era no Taiwan? Bueno, eso no importa… — Lo dijo totalmente orgullosa y a continuación añadió algo más. — Y obviamente China es superior a Rusia. —

Nadezha empezó a reírse compulsivamente y señalándola con el dedo.

— ¡Qué graciosa! ¡China mejor que nosotros! ¡Ja! ¡Por esas estupideces son las que destruyeron nuestra amistad! — Al escuchar esa frase, recordé lo que me decía la lenta simpática sobre la buena amistad que tenían ellas en la primaria y que pasó algo que hizo que se volviera en odio, tal vez esto era lo que se refería ella. Supongo que, al no llegar a un acuerdo entre la cuál era superior, si el chino o el ruso, provocó que empezaran a odiarse. La discusión seguía y era algo así:

— ¡Es porque te arde la colita de que te digan de que algo es superior a tu madrecita Rusia! ¡Y ese algo es China! —

— ¡Ja! ¡Y lo dice alguien que lleva ropa japonesa, de esos que violaban chinas y volaban a tiros a sus maridos! ¡Qué risas! — Las dos se lanzaba burlas ácidas.

— ¡No intentes cambiar de tema! ¡De todos modos vosotros no sois angelitos, también disfrutasteis asaltando alemanas! — Y se acusaban de temas muy graves.

— ¡Eso fue porque los putos bolcheviques provocaban los instintos animales entre el noble pueblo ruso! ¡Esos malditos que convirtieron Rusia en una meta-cárcel! —

Después de eso, empezaron a hablar sobre cuales tenían mejores autores, mejor música, mejor comida entre muchas más cosas y nunca llegaban a un acuerdo. La cosa empeoraba minuto tras minutos hasta que finalmente llegó lo inevitable:

— ¡Dejen de gritar! ¡Están en una biblioteca! — Eso dijo la encargada, segundos antes de que un libro chocará contra su cara. Mi Ojou-sama y Nadezhda se estaban tirando libros, gritando sin parar.

— ¡Viva Rusia! ¡Muerte a China! — Eso gritaba Nadezha.

— ¡Jodidos putos rusos! ¡China es la mejor! — Esto decía, por su parte, mi Ojou-sama.

Eso era una muestra de las cientos de frases que se decían. La encargada se desmayó por el golpe y no me di cuenta, ya que estaba distraída en un tomo muy interesante que encontré sobre la Shelijonia del s.XIX. Por suerte, no me cayó ninguno y no voy tan descaminada si dijera que a eso se le podría llamar una lluvia de libros.

Después de eso, me di cuenta de que no hice nada realmente para conseguir su perdón, salvo hacerle y traerle el desayuno. Así que decidí hacerle una gran cena para ella y su novio. Por eso le pedí a mi Ojou-sama que esta vez no provocará nada que podría estropearlo. Si consiguiera que todo saliera bien, podría conseguir que su odio por mí bajara algo. Sería ya un paso importante, el primero en el largo camino del perdón. De todos modos si fracasará, siempre tengo miles de oportunidades.

Mientras la Osa rusa estaba en sus últimas clases, le pedí a mi Ojou-sama que me dejará su tienda para utilizarla para tal cometido: — ¿En serio? ¡Ni hablar! ¡Esto no es un restaurante! ¡No voy a mover nada de aquí para que esa maldita rusa tenga una cena! ¡Además, gratis! —

Era obvio que se iba a negar, pero insistí lo mejor que pude y al final la convencí. Tanto ella como yo nos pusimos manos a la obra. Me hubiera gustado que los canadienses nos hubiera ayudado pero Mao los quitó del medio a su manera, ya que decía que lo de Nadezha y su relación con su novio era secreto, algo que me sorprendió, ya que yo pensaba que todos lo sabían.

Movimos todas las estanterías a un lado para dejar libre el centro del local. A continuación, pusimos una mesa de estilo occidental que habían se había conservado del antiguo dueño de la casa, le pusimos un mantel de terciopelo y una lámpara de petróleo. Llenamos el lugar de cosas que recordaban a Rusia, tardamos mucho en hacer eso. También busque entre los armarios de mi Ojou-sama algo que me sirviera y lo encontré: Un antiguo traje de camarera de origen japonés y una careta de un Tengu, para ocultar mi cara y así no incomodarles con mi presencia. Yo iba a actuar de moza para su cena y también hice la comida. Una hora antes de las siete, tras tenerlo todo preparado, llame como número oculto tanto a Vladimir, su novio y al que hice tanto mal, y a Nadezha y aceptaron ir allí para saber por qué les habían llamado para ir a la casa de Mao.

— ¡Oye, seas quién seas, ¿por qué nos han llamado?! — Eso dijo Nadezha cuando abrió la puerta de la tienda de una patada, algo irritada, y detrás de ella Vladimir. Los dos se quedaron de piedra al ver la tienda transformada.

— ¿Pero qué…? — Dijeron al unísono y luego yo aparecí yo.

— Bienvenidos a su cena romántica, mis queridos enamorados. Van a tener lo mejor de la casa para celebrar vuestro amor eterno. — No sé si era por la sorpresa o por la careta, pero se quedaron de piedra. Yo les tuve que decir que se sentarán. Luego, les dije que esperasen un poco para la comida y los deje solos unos minutos. Al volver con el primer plato, Nadezha me dijo:

— Malan… ¿Por qué llevas eso? — Al parecer, me reconoció y obviamente tuve que decirle mis motivos para llevarlo.

— Para no incomodar con mi rostro vuestra hermosa velada. — Eso les dije.

Al decir eso, ella se levantó y se acercó a mí. Tuve un poco de miedo, al ver lo brusco del movimiento, pero solo me quitó la máscara y lo tiró al suelo. Me dijo casi gritando estás palabras:

— ¿Por qué tanta obsesión con ser perdonada? ¿Por qué no dejas de hacer esto de una vez y te dediques a hacer cosas más productivas que esto? ¡No lo entiendo, la verdad! — Decidí explicarle mis motivos para tanta obstinación de mi parte.

— Hay muy buenas razones para eso. Quiero arreglar lo que hice mal, es una mancha que me molesta mucho, si lo podemos hacer así, y la otra es…— Expiré e inspiré fuertemente para decirlo, porque me daba un poco de vergüenza decirlo.

— ¡Eres una persona muy interesante y quiero obtener tu amistad! — Entonces, me puse de rodillas y con mi cabeza contra el suelo le rogaba una y otra vez: — ¡Por eso quiero que me perdones! ¡Y haré todo lo posible! ¡Mil perdones por todo lo malo que he provocado! —

El silencio pudo haber dominado durante largo tiempo, ya que, al parecer, Nadezha no sabía que decir, si no fuera por su novio.

— ¡Nadezha, perdónala! — Le dijo, y eso la sorprendió mucho más.

— ¿¡Qué dices!? ¡Esa chica te ha fastidiado la vida por un tiempo! ¡¿Cómo puedes decir eso?!- Eso le decía Nadezha.

— ¿Pero no ves que está muy arrepentida? ¡Hasta nos ha preparado una cena y todo! ¡Hazlo por mí! — Nadezha dudó mucho sobre esto y me miraba fijamente. Al final, dijo esto:

— ¡Levántate, que me da vergüenza verte así! — Eso hice. — Bueno tal vez, tras ver lo obstinada que eres con esto… — Le costaba mucho decirlo. — Pues yo…Tal vez te perdone. ¡Incluso en un futuro cercano podamos ser amigas! ¡Solo dale tiempo y no fastidies más! ¿Vale? —

Esas palabras me hicieron muy feliz, tanto que me daba ganas de abrazarla y de llorar de alegría. Al parecer, avance más de lo que esperaba, con unos resultados altamente positivos y sentía que mi sonrisa era más brillante que nunca. Dije algo, muy simple, la verdad:

— ¡Vale! — Así prescribió mi pecado, mi error.

FIN

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