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Lucha a muerte en la Shelijonia profunda, cuadragésima primera historia

Mientras miraba por la ventana del coche, veía que apenas la carretera había cambiado, y eso que no pasaba por ahí desde hace tres años. Las señales seguían oxidándose, seguían esos baches que hacían el viaje incómodo, el bosque seguía manteniendo toda su majestuosidad sobre nosotros y aún no habían reparado las secuelas de los pocos accidentes que han tenido lugar en estas montañas. Cuando me cansé de tanto mirar, le pregunté de nuevo a mi tío, quién era el conductor: — ¿De verdad, qué mi tío abuelo Aleksandr no ha recibido ni un rasguño? —

— ¡Eso dice él! ¡Eso dice! Pero haber sufrido un ataque de oso no es motivo de risa.  — Me respondía, muy serio.

Recibimos ayer la noticia de que nuestro familiar había recibido hace días un ataque de oso y obviamente nos pusimos manos a la obra y salimos a visitarle. Por suerte, ha sobrevivido, ni yo ni mi tío desearíamos tener que celebrar un funeral. Aún sueño con el de mis padres.

— ¡De todos modos es un Vissariónovich, somos duros de pelar! ¡Somos descendientes del hombre que exploró estos valles, después de todo! — Me dijo mi tío. Eso me animó.

Aunque los españoles fueron los primeros en llegar a Shelijonia por el sur  y los británicos consiguieron colonizar la costa norte, los rusos, en nombre del Zar, exploraron valle por valle de esta isla y mi familia desciende de uno de esos exploradores, que curiosamente lleva el mismo nombre que mi tío. Nosotros hemos tenido un papel muy importante en la historia y en la política de este lugar y me siento muy orgullosa de eso.

Tardamos una hora más al llegar al pueblo dónde vivía mi tío abuelo, cuyo nombre es Лопухина (Lopujiná). Tampoco había cambiado mucho, solo había alguna que otra cabaña que no recordaba haber visto antes.

El lugar en sí es una plaza central rodeada de cabañas y entre ellas, unas calles estrechas que subían por las laderas de la montaña en dónde estaba la aldea. Los ancianos estaban por las calles charlando y los pocos niños jugaban felizmente en la fuente, llena, por cierto, de renacuajos. Cuando nos vieron y nos reconocieron se acercaron a nosotros, algo que no harían si fuéramos desconocidos. Pasamos mucho tiempo hablando con ellos y fue muy agradable. Les echaba de menos, la verdad. Después de eso, nos vimos a la casa del tío abuelo.

— ¡Por eso les decían que no mandarán esa carta! ¡Ya sabía que, al enteraros vosotros, ibais a aparecer en mi casa! — Nos decía él en ruso al vernos. — ¡Bueno, no importa! ¡Qué alegría, volver a veros! —

Se le notaba muy feliz, tenía una gran sonrisa y apenas tenía rasguños y con esa vitalidad nadie podría creerse que él sufrió un ataque de oso. Tras saludarnos y entrar en su casa, le pedimos que nos contara lo que le pasó.

— Pues bien, hace una semana me encontraba yo tan tranquilo buscando setas, porque es la temporada y me encontré con unos molestos useños que me pedían que les acompañará a lo más profundo del valle en su molesto inglés. Me costó mucho decirles que ni les iba a llevar ni menos que fueran a ese sitio. ¡No sé si era por mi mala pronunciación o es que eran idiotas, pero se fueron ahí! Y al rato salían corriendo como maricones y gritando como niñas en frases incomprensibles. Supe al rato lo que era, un oso apareció delante de mis narices. Intenté escapar subiéndome a los árboles pero ese maldito bicho me alcanzó y me rompió los pantalones. Tuve que caer al arroyo y hacerme el muerto para que me dejara en paz. —

El relato nos sobrecogió, un oso estaba viviendo cerca del pueblo y fuera de sus límites, era una cosa preocupante aunque parecía que al pueblo eso no le importaba mucho.

— ¿Les habrás avisado a las autoridades de esto? — Le preguntó mi tío.

— ¡Bah! ¡Se habrán enterado de todos modos! En verdad, esto del oso se ha vuelto el tema preferido del pueblo. — Eso, decía, entre risas.

— No pareces asustado, tío…— Le dije cómo conclusión.

— ¿Por qué debería estarlo? — Y luego se río.

Mi tío me obligó quedarme en casa, decía que era una locura ir afuera con un oso, aún cuando él sabe que yo me había enfrentado muchas veces con ellos. Mi tío abuelo, por su parte, le decía que yo ya era toda una mujercita y podría cuidarme sola. Aún así, pasé el resto del día encerrada y para no aburrirme me dediqué a tejer una camisa de lana que le estaba haciendo para mi amor, aunque como era novata no me estaba saliendo bien y al final, lo dejé para otro día, casi iba a tirar lo poco que hice a la basura de lo malhumorada que estaba. Mientras lo hacía, pensaba que todo sería mucho más divertido si él estuviera conmigo, le echaba mucho de menos.

— ¡Ojala Vladimir estuviera aquí! — Me decía a mí misma.

Dios me concedió ese pequeño deseo porque, al día siguiente, mientras me lavaba los dientes, salí al balcón a observar el paisaje y le vi haciendo lo mismo en la casa de al lado. Tanto él como yo estábamos aún en pijama.

— ¡¿Nadezha!? — Gritó él, boquiabierto.

— ¡¿Vladimir!? — Grite yo, casi se me iba a caer el cepillo de dientes al suelo por la inesperada sorpresa. Ninguno de los dos se esperaba algo así.

Luego, al unísono nos preguntamos esto: — ¿¡Qué haces aquí!? —

Se me olvidó por completo que la vivienda de al lado era de los abuelos de Vladimir. Tras el inesperado reencuentro, me vestí y baje lo más rápido posible al primer piso, ya que yo dormía en la que fue la habitación de mi abuelo y que estaba situado en el segundo piso. Allí, me encontré a mi tío abuelo y a mi tío discutiendo:

— Yo pensaba que erais unos buenos amigos, ¡no entiendo que tanta tirria le tienes! — Le decía nuestro anciano familiar.

— Me robó la novia y de la peor forma, y luego tuvo la caradura de darme lecciones morales. — Le replicaba mi tío.

— Pero, al final, no se casaron, y ella lo abandonó, ¡fin! ¡No le guardes rencor por eso, guárdaselo a la furcia esa! — Así llegué a saber que mi tío también supo la llegada de la familia de Vladimir y no lo recibió muy bien.

Hace tiempo, el padre de mi amor y mi tío formaban, junto a mi fallecido progenitor, una buena amistad que se desmoronó, poco a poco, desde que se mudaron a la ciudad y que se rompió definitivamente tras un lío amoroso.

Ahora se llevan como el gato y el perro.

— ¡En fin, no puedo, y no lo haré! — Seguía hablando mi tío.

— ¡Espero que no montéis el espectáculo o si no os daré palos a los dos! — Le dijo eso mi tío abuelo, mientras se preparaba para salir.

Tras eso, se sentó en el sofá de muy mala manera, puso la tele y yo salí a la calle rápidamente sin que se diera cuenta. Allí me encontré con mi tío abuelo manteniendo una agradable charla con el padre de Vladimir, Yuri Konstantínovna Krúpskaya. Y también estaba mi amor con ellos.

— ¡Ah, Nadezhda! ¿Le recuerdas? ¡Este hombre fue un buen amigo de tu padre! — Me soltó mi tío abuelo, como si yo no lo supiese, cuando vio que había salido de la casa.

El padre de mi amor, al escuchar esas palabras dijo esto: — ¡Cuánto has crecido, ahora eres toda una mujer! Y pensar que cuando te vi por última vez eras toda una mocosilla…—Yo apenas recordaba mucho de él, pero aún así le dije lo típico.

A continuación, me presentó a su hijo, sin saber él que yo y mi Vladimir nos habíamos reencontrado hace tiempo e incluso llevamos tiempo siendo novios. Hicimos cómo si nos hubiéramos conocidos ahora y me sentí muy mal en ese momento de mantener una relación secreta con su hijo. Desearía decirles abiertamente a todos que estoy enamorada, que soy su novia y su futura esposa, pero, por diversos motivos, entre ellos la enemistad de su padre con mi tío y nuestra diferencia de edad; nos es imposible decir la verdad.

— ¿Ahora estás viviendo con tu tío, no? ¡Espero que te este cuidando bien, aunque lo dudo mucho! — Lo dijo entre risas. Eso me molestó un poco y lo notó. — ¡Ah perdón, no quería hablar mal de él! —

El ambiente se puso de repente pesado, ya que mi tío salió de la casa y se encontró cara a cara con Yuri. Los dos se miraron con odio durante unos segundos y el padre de Vladimir dijo esto: — Y hablando del rey de Roma…—

— ¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Cómo te va? — Mi tío le dijo eso con tono irónico.

— Pues no me quejo. Tengo una esposa que me quiere y un hijo precioso e incluso estoy pensado tener dos más. — Eso le soltó, disimulando un poco su enfado.

— Una buena balanza después de haberme arruinado la vida. ¿No te parece? — Le replicó.

— Repite eso de nuevo, mamarracho. Todo eso fue culpa tuya, ¡y sobre todo si no has sabido recuperarte de eso después de todo estos años! — Le gritó el padre de Vladimir, a continuación.

Y los dos, con ira en sus ojos, se acercaron para gritarse mutuamente todo tipo de insultos y empezar verbalmente una fea pelea que fue detenida por mi tío abuelo. Los separó y les gritó a cada uno: — ¡Somos rusos, somos shelijonianos, somos del mismo pueblo; deber haber unión entre nosotros y no pelearnos por cosas pasadas! ¡Dejen esto o os daré a cada uno palos! ¡Qué tengo mucho que recibir! —

Por suerte, le hicieron caso y cada uno se fue a su lado.

— ¡Vámonos, Vladimir! — Le decía su padre.

— ¡Vamos, Nadezhda! — Me gritaba mi tío.

Tanto yo como mi amor nos sentimos muy incómodos por la pelea que casi iban a comenzar, y nos sentimos fatal, cuando tuvimos que ir cada por su lado, era como si nos estaban separando. Deseábamos de que esos dos se llevarán bien como en el pasado, ya que si se enterasen en ese estado de que somos novios se pondrían histéricos. No me pude quedar en el salón, ya que no podría aguantar como mi querido tío se desahogaba con gritos y maldiciones en contra de mi futuro suegro y me fui con paso ligero a la habitación en dónde dormía. Allí, me fui al balcón con la esperanza de ver a mi Vladimir en el otro lado, y ahí estaba.

— ¿Cómo lo lleva tu padre? — Le pregunté.

— Muy mosqueado, en el cuarto de baño está gritando. — Eso me respondió mi amor, con una cara triste.

— Mi tío igual… ¡Qué pena que no se llevan bien! — A mi me molestaba muchísimo que se llevaran tan mal.

— Me pregunto si podríamos hacer algo…— Lo decía mi amor, tras suspirar.

— Depende de ellos, no de nosotros. — Eso le solté, algo triste y molesta, porque sabía que apenas se podría hacer algo para mejorar su relación.

Después de todo, son sus propios asuntos y solo ellos lo pueden solucionar, y si nosotros nos metemos de por medio solo podríamos empeorar las cosas, eso pensaba yo y esas cosas le dije a él. A continuación, para cambiar de tema, le pregunté la razón por la que vinieron ellos y está fue su respuesta:

— Papá me dijo que las autoridades no han podido encontrar el oso que últimamente está dando vueltas por aquí y pidieron voluntarios y cómo es cazador se ha decidido a capturarlo. —

Eso me recordó que tanto él como mi tío y mi fallecido padre fueron parte de una asociación de caza y que era una de sus aficiones favoritas. Afición, que tras la muerte de mi progenitor, dejó en el olvido el pariente que me adoptó.

Después de eso, seguimos charlando el resto de la mañana hasta que mi tío abuelo me llamó para ir a comer y ahí él nos contó la razón de la visita de Yuri al pueblo, ya que mi familiar se lo preguntó. Tras escuchar eso, él gritó: — ¡Entonces, yo también voy en busca de ese maldito oso!-

— Llevas años sin cazar, hombre. ¡Debes de estar oxidado! — Le replicó mi tío abuelo.

— ¡Eso lo vamos a ver! ¡Además te atacó, te tengo que vengar! — Esas palabras que le soltó mi tío le parecieron un poco molestas para aquel gran anciano.

— ¡Eso suena como si estuviera muerto! — Luego se calló durante unos segundos, pensativo para decir luego:

— Aunque me gusta tu excusa… En fin, haz lo que quieras. Es tu vida, no la mía. Si te la quieres jugar solo por demostrar que eres mejor que tu amigo… ¡Pues adelante! ¡Dos cazadores son mejores que uno! —

— ¡No es mi amigo! ¡Ya no lo es! ¡Hace tiempo que no lo es! — Y al gritar eso, mi tío no dijo nada más y se fue directo a coger una escopeta. Luego, salió hacía la casa en dónde se alojaba Yuri para decirle eso.

— ¡Ah, Nadezhda, lo que hacen los hombres para demostrar que tienen el pene más grande que el de los demás! —

Me decía mi tío abuelo, acariciándome la cabeza, y luego se echó unas risas. Yo estaba muy preocupada ya que en ese estado mi tutor legal podría hacer cualquier estupidez y morir, cómo él mismo dijo un oso es un asunto serio. Además, no sé por qué, pero su comportamiento me resultaba familiar y no sabía a qué se debía eso.

Al día siguiente, tras llamar a mi instituto para decirle que iba a faltar, vi cómo mi tío se preparaba para ir a la caza del oso. Lo iba a acompañar mi tío abuelo, ya que no le iba a dejar solo. A través de Vladimir, supe que su padre iba a ir solo, aunque no estaba preocupado por su vida. Yo si estaba muy preocupada por los tres y estaba muy intranquila.

— ¿Crees realmente que estarán bien? Es un oso y dicen que ha esquivado a las autoridades…— Le decía yo a él, poco rato después de que él me invitará a la casa de sus abuelos.

— ¡Son adultos y pues sabrán lo que hacen! ¡Además mi papá es un gran profesional y dice que mató a un horrible tigre con sus propias manos! — Eso último me hizo gracia y a pesar de sonar a trola, me ánimo por cómo lo dijo. Era tan lindo que me daba ganas de achucharle. ¡Ay, mi Vladimir!

Después, le pregunté por su madre, ya que sus abuelos estaban ahí, pero ella no; me dijo que ella no quiso y además fue quién le obligó a su padre a traerlo aquí, al pueblo. Seguimos charlando sobre otras cosas hasta que el sol desapareció y ahí, sí que me preocupe por ellos, porque no volvían. Los familiares de mi Vladimir me convencieron de que durmiera en su casa, ya que en la de mi tío abuelo no había nadie y me acosté en la habitación al lado de la que dormía mi amor. Ni yo ni mi futuro esposo pudimos coger ojo toda la noche.

Y fue un poco antes del amanecer, cuando escuché un fuertísimo rugido que me hizo levantar de la cama. Me sonaba, no solo porque obviamente era el de un oso, sino que se me hacía conocido, muy familiar y único en su especie.

— ¿¡Boogie!? — Grité, incrédula.

Salí en pijama a la calle, olvidándome de coger un arma, y me fui corriendo en zapatillas hacía las afueras del pueblo, y fue al lado del arroyo, cuando me lo encontré. Y era él.

Los primeros rayos del sol hacían que su sombra me tapaba y lo hacía aún más grande de lo que era. Ese bicho de tres metros y medio de altura, estaba de pie mirándome fijamente con el único ojo que tenía para luego rugirme compulsivamente. Ya pude saber con exactitud, con su cuerpo lleno de cicatrices más su desaparecida oreja izquierda y con el collar que aún llevaba en el cuerpo y que ponía su nombre, que era Boogie. Llevaba en su boca unas escopetas, las cuales tiró al suelo cuando nuestras miradas se cruzaron.

— ¡Maldito bastardo, pensaba que estabas muerto! — Le dije. Él me lanzó un rugido más y me hacía imaginar que eran risas. Entonces escuché una voz, la de mi Vladimir, llamándome y yo giré hacía atrás. El oso también se dio la vuelta y se perdió entre la vegetación.

— ¿Te ha pasado algo, Nadezhda? ¿Estás bien? ¿No tienes ni un rasguño, verdad? — Me preguntaba mi amor totalmente preocupado y con un botiquín en mano. Eso me hizo muy lindo, pero no era el momento para derretirse por él.

— N-no te preocupes. — Le solté esto.

— ¿Recuerdas cuándo te conté lo del ese oso, llamado “Boogie”? —  Al volver a casa, decidí explicarle lo que ocurrió.

— ¡Ah sí! Ese oso con quién luchaste tres veces, y decías que parecía tan humano que te daba miedo…— Se quedó en repente en silencio, para luego gritar:

— ¡¿No debería estar muerto!? ¡Tú misma me dijiste que se cayó por un precipicio muy hondo y nunca encontraron su cuerpo! — No se lo podría creer.

— Pues el canalla sigue vivo. — Yo tampoco.

Boogie, fue uno de los muchos osos que me topado, y era, quizás, una criatura siniestra, por lo humano que me parecía. Mi primer encuentro con él fue cuando mis padres estaban vivos y fue en una de mis frecuentes acampadas con mi papá.

Me lo encontré comiendo nuestra comida y, tras verme, fue a por mí, entonces cogí la ballesta de mi progenitor y le disparé en el ojo. Huyó a toda a velocidad. Desde entonces me la tiene jurada, porque a la segunda, que fue un año después de la muerte de mis padres y al visitar las tierras que me heredó otro familiar que se suicidó, el desgraciado me encontró e intentó eliminarme. Pasé una semana horrible y eso me demostró que era de todo menos animal, ya que siempre intentaba alejarme lo más lejos posible de la civilización, nunca me dejaba de seguir, aún cuando era de noche; mataba animales solo para usarlos de presas y atraparme así y sobre todo, porque nunca atacó a ningún otro humano salvo a mí. Ningún animal podría comportarse así jamás, salvo él. Al final, me pudieron rescatar.

La tercera vez fue incluso más extraño, porque ese oso me estuvo esperando en la casa de mi familiar fallecido sin romper nada, salvo la puerta de atrás, y sin que nadie se diese cuenta de su existencia hasta mi llegada. Haciendo cosas que solo harían los humanos, fue capaz de engañar a mi tío y hacerlo perder por mis tierras para dejarme sola y destrozó todo arma que pudiera usar yo para defenderme. Aún así, pude luchar contra él y conseguí tirarlo por un precipicio pensando que se murió. Había vuelto y solo Dios sabía qué le habría hecho a mis tíos y al padre de Vladimir.

— ¿Tú crees que los ha matado? — Me decía Vladimir aterrado, mirando las escopetas que nos dio Boogie. — No lo sé, pero esto se ha vuelto un asunto personal. —

Muertos o no, ese me quería a mí y por tanto, seguía escondiéndose hasta que apareciera yo. Por esa razón, los aldeanos, tras enterarse del encuentro salieron con sus escopetas y buscaron sin éxito, tanto al oso cómo a sus presuntas víctimas. Yo me sentía incapaz de quedarme quieta, no podría después de saber que mi futuro suegro, mi tío y mi tío abuelo podrían estar muertos y por eso, salí a la noche armada y sin que nadie se diese cuenta, ni siquiera mi Vladimir, porque obviamente no lo iba a poner en peligro así cómo así. Usando una vieja lámpara de petróleo que encontré y con una mochila, me introduje en el bosque, por el arroyo y empecé a subir por él. Al poco tiempo, un terrible rugido sacudió el lugar y me lo encontré subido en una roca, con la luna llena cómo fondo. Me miró de nuevo y yo a él. Jamás vi unos ojos tan llenos de odio, tanto que me paralizó y me hizo preguntar si eso era realmente un oso.

— ¡Ya me tienes aquí! ¿Qué es lo que quieres de mí? — Me atreví a preguntar.

Entonces, me lanzó otro rugido cómo si me hubiera respondido y movía la cabeza para un lado, cómo si quería que fuera con él. Con el miedo metido en el cuerpo le hice caso y él me dirigió hacía un lugar. El camino era tan largo que cuando llegamos a nuestro destino ya estaba saliendo el sol. Tal lugar tenía una cascada de tres metros de altura y estaba lleno de grandes rocas y el mismo oso me señaló una cueva que estaba lado de ahí. De eso salían voces, que reconocí al instante:

— ¿Tío? ¿Tío abuelo? ¿S-sue…, digo, Yuri? —Grité.

— ¿Nadezhda? ¿Qué haces aquí? — Gritaba mi tío.

— ¡Gracias a dios! ¡Corre al pueblo antes de que el oso te vea!  —Eso soltaba mi tío abuelo, por su parte.

— ¡No podemos movernos, ese maldito hijo de puta nos ha destrozado las piernas! — Eso añadió mi suegro.

Entonces Boogie rugió, todos los que estaban en la cueva me gritaron que saliera corriendo y ahí supe que iba a empezar otra pelea, porque alzó detrás de mí su gran zarpa para cortarme en dos. Pude esquivarlo, pero una de las armas que llevaba se me cayó y el oso lo destrozó pisoteándolo. Entonces, pensé que lo mejor era salir corriendo. Esperaba que se me ocurriera un buen plan para derrotarlo.

Recordando viejos tiempos, recorría el bosque y buscaba algún árbol al que me podía subir. El oso me alcanzó y me cogió la mochila, aunque creo que eso fue lo mejor que me pasó, porque se volvió un incordio, además de que distrajo al oso, ya que sacaba las cosas, los rompía y se comía la comida. Entonces, pude subir por la ladera y llegar a otro arroyo, lleno de piedras, con lo que me llene los bolsillos para romperle la cabeza al bicho ese. Mientras hacía eso, escuchaba al oso rugir una y otra vez.

Por esa razón, decidí que apareciera él antes de buscarlo, y así fue. Me encontró y se puso de pie, desafiante ante mí y yo igual con mis piedras. Estaba temblando pensando si podría sobrevivir pero, al recordar que en mis otros enfrentamientos con él, estaba más indefensa y pude aún así salir viva, me llené de valor dispuesta a darle la lluvia de piedras que se merece. Pero el desgraciado fue mucho más rápido que yo y apenas pude esquivar unos de sus zarpados, que me rozó la espalda mientras lo esquivaba. Eso me dolía un montón y me hizo gritar, pero no era el momento de llorar y le di con una piedra afilada en todo el hocico. Mientras gritaba de sufrimiento y se tapaba la cara, yo salí corriendo, perdiendo el sostén, ya que me hizo trizas el cierre, y la camiseta, que destrozó literalmente la parte de atrás. Me preguntaba cómo lo hizo.

— ¡Ese maldito Boogie, no solo me quiere matar, también me ha dejado semidesnuda! ¡El muy maldito! — Gritaba encolerizada.

El oso volvió a perseguirme, y me alcanzó enseguida, ya que llegué a un camino sin salida. No había forma de escalar ese muro rocoso que se alzaba ante mí y estaba acorralada. Intenté atacarle con varias piedras, pero el muy desgraciado me empujó con su pata delantera y me hizo caer al suelo, para después, atrapar una de mis piernas e incrustar sus zarpas en ella. Eso fue incluso más doloroso que lo otro. Gritaba y gritaba de puro dolor y el maldito animal rugía cómo si eso fuera una victoria. En ese momento, no podría pensar en que iba a morir de esa manera, solo estaba distraída por el sufrimiento. Entonces se escuchó un disparo y Boogie sacó sus zarpas de mi pierna. Se tocaba la cara mientras veía quién le había disparado y yo también hice lo mismo. Ahí estaba mi Vladimir, que llevaba una escopeta, levantándose del suelo, ya que el disparo lo hizo caer.

— ¡Estúpido oso, aléjate de mi novia! — Le gritó.

El oso, entonces, rugió de odio y fue a por él, mi Vladimir salió por patas y tiró la escopeta. Esto hizo distraer a Boogie que perdió un tiempo precioso en destrozarlo. Tras eso, yo, al ver que lo que me hizo en la pierna fue solo heridas superficiales, me levanté rápidamente. No iba a dejar que lo matara, antes debía pasar por mi cadáver; y me fui a por ellos. Gritaba su nombre, diciéndole que le iba a salvar y le decía al puto oso que se olvidase de él, que yo era su contrincante.

Mientras yo corría con todas mis fuerzas, según mi Vladimir, pudo llegar a la cueva en dónde estaban nuestros familiares y les dijo esto: — ¡Papá! ¡Señores Vissariónovich! ¡Deben salir de ahí! ¡El oso va a volver! —

— ¡Si pudiéramos, lo hubiéramos hecho! ¡Corre tú y llama al pueblo! — Eso le dijo mi tío abuelo.

— ¡Hijo! ¿Y la escopeta? ¿Dónde la tienes? — Y eso preguntó su padre.

— ¡¿Y mi Nadezhda!? ¡¿Dónde está mi sobrina!? — Añadió mi tío, finalmente.

Mi Vladimir tuvo que explicarles que perdió la escopeta y que yo fui herida, pero me salvé y el oso me estaba persiguiendo. Mi tío gritó levantándose del suelo, a pesar del dolor, y con lágrimas en sus ojos:

— ¡Estúpida sobrina! ¡Estúpido oso! ¡¿No saben que le prometí a mi hermano cuidarla como si fuera mi hija!? ¡¿Por qué me tiene que hacer esto!? —

Me emocioné un poco cuando mi Vladimir me contó eso. Según decía mi amor, tras decir eso, Yuri para detenerlo le dijo: — ¿Para qué te levantas? ¡No ves que tienes la pierna hecho polvo! ¡No podrás hacer nada en ese estado! —

— ¡Pero mi sobrina…!— Le replicó esto, a continuación.

— ¡Si la quieres salvar, entonces quédate aquí! — Mi tío, al escuchar eso dijo, su nombre. Y después, mi suegro le soltó a su hijo: — ¡Corre al pueblo, por el amor de dios, nuestras vidas depende de ti! —

Entonces, escucharon un rugido y ellos tres gritaron, cuando vieron que el oso estaba detrás de mi amor, quién rápidamente giró su cabeza hacia atrás y se echó para atrás. El oso se les acercó y los cuatros volvieron a gritar de miedo cómo nunca. En ese momento, aparecí yo.

— ¡Tú maldito! ¡No dejaré que le toques ni un pelo! ¡Ni a mi tío ni a mi tío abuelo ni a mi suegro ni siquiera a mi novio!—

Eso le gritaba como loco al oso, cuando me subí encima suya y le hinqué fuertemente mis dedos en sus ojos, dejándole esta vez ciego del todo. El oso se movía de un lado para otro intentando tirarme al suelo y rugiendo desesperadamente. Luego, empecé a oprimirle fuertemente el cuello con las piernas y con los brazos libres, dediqué a romperle el cráneo con un piedra muy afilada sin parar hasta dejar el cerebro a simple vista.

Al aparecer yo, lo primero que dijeron los ahí presentes, salvo mi Vladimir, fue esto: — ¡¿Nadezdha?! ¡¿Qué haces con los pechos al aire!? —

Luego al escuchar mis palabras, lanzaron enormes gritos de sorpresas y Yuri y mi tío se miraron incrédulos ante lo habían oído:

— ¡¿Suegro!? ¡¿Novio!? ¿Qué? — Eso gritaban, incapaces de asimilar lo que oyeron sus oídos.

El oso cayó al suelo al final, después de destrozarle vivo la cabeza; y hasta me dio un poco de pena al matarlo de esa forma. Instintivamente, me tapé con unos de mis brazos mi pecho descubierto, descansando por todo el esfuerzo que hice. Entonces, mi amor saltó hacía mí, gritando mi nombre, y luego me dijo llorando:

— ¡Perdón por no haber impedido que ese oso te haya llenado de heridas! ¡Soy un hombre, debería de haberte protegido…! — Lo decía por todas las heridas que tenía yo en el cuerpo.

— ¡Si no fuera por ese disparo este maldito me hubiera despedazado! ¡Me has salvado! ¡Eres mi héroe! — Le solté esto, que no era nada más ni nada menos que la verdad.

— ¿De verdad? — Eso me dijo, poniendo una cara muy roja.

Se lo afirmé moviendo la cabeza, y cómo todo héroe se merecía un buen beso, y así lo hice. Fue el quinto que le he dado y quizás el mejor de todos, y delante de mi tío, tío abuelo y mi suegro, que se quedaron boquiabiertos y incrédulos, señalando con sus dedos esa escena, sin saber cómo reaccionar ante tal cosa. Obviamente, habría que contarles lo de nuestra relación, que ya dejó de ser secreta.

FIN

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