Sin categoría

Buscando pareja en el parque, cuadragésima segunda historia

En el Día Internacional de los Trabajadores, Josefina veía junto a Diana, la hija de Clementina; un nuevo capítulo de La chica y el reino de los conejos, cuyo argumento era el fin de la guerra entre los conejos de la luna y la NASA.

— ¿Lo ves, Diana? ¡Las guerras son muy malas y por eso hay que darle las gracias a Dorotea por parar la guerra lunar! ¡Vamos, hazlo! —

Le decía la mexicana a la niña pequeña tras terminar la serie. Ésta le dio gracias a Dorotea, la niña humana y protagonista de la historia. A Jovaka, quien siempre estaba a una distancia considerable de las chicas y al lado de Mao, que estaba durmiendo, tumbado en el suelo; le fue hilarante eso, ya que si fuera en la vida real no podría haber detenido un conflicto, porque nunca se detiene hasta que el contrario acepté la derrota o muera.

— ¡Qué vaga estoy hoy! ¡No tengo ganas de nada y ni he empezado con los platos! — Protestaba la canadiense, que estaba sobre la mesa comiendo manzanas. Al parecer, Mao le pegó su flojera y estaba ahí, pensando si iba a levantarse o no de ahí, así llevaba minutos enteros.

— ¡Mamá! ¿Y el palque? — Cómo ya terminó los dibujos animados, se acercó a Clementina a pedirle que fueran al parque, algo que le prometió esta mañana.

— Un poco más tarde, mamá no tiene muchas ganas. — Le decía su madre, somnolienta y poniendo su cabeza sobre la mesa en la mejor posición posible

— ¿Más? ¡Yo, ir ahora! ¡El sol no estalá todo el día! — Protestó ella, sabía que ya faltaba pocas horas para el anochecer y  si lo iban a dejar para más tarde, entonces no podrá ir al parque. Así que empezó a molestarla, a ver si se hartaba y la llevará a dónde ella quería.

— ¡Mae! ¡Mae! ¡Vamo ya! ¡El palque! ¡El palque! — Le decía, mientras intentaba mover unos de sus brazos. Clementina le repetía esto: — ¡No seas fastidiosa! ¡Ya te voy a llevar el parque! ¡Solo espera! —

Entonces Josefina, que se fue a la cocina a beber agua, vio la escena y le dijo a Diana, actuando como si fuera su salvadora, esto: — ¡No molestes más a tu mamá, porque yo estoy aquí para llevarte al parque! —

Así Josefina, cogiendo de la mano a Diana, a pesar de que ella no quería; la llevó al parque, que, como siempre, estaba lleno de niños y de sus madres charlando sobre el actor guaperas de turno. Y lo primero que hizo Josefa fue decirle esto a la pequeña:

— ¡Hey, Diana! ¿A qué juego te gustaría jugar? — La niña pequeña cruzó los brazos y cerró los ojos, buscando una respuesta que la encontró en cuestión de segundos: — ¡A papás y a mamás! —

Josefina le preguntó si quería jugar a otro, porque a ese le daba mucha vergüenza, pero Diana no quería cambiar de idea, así que tuvo que resignarse, preguntándose de que cómo los niños de ahora aún siguen con esto de papás y mamás.

— ¡Toc Toc! ¡Ya estoy aquí! — Eso decía nuestra mexicana, simulando tocar una puerta.

— ¡Ya voy! — Le dijo eso mientras estaba haciendo como si estuviera haciendo la colada para luego acercarse a Josefa y hacer como si le abriera la puerta.

— ¡Hola, cariñi! — Eso soltó.

Así iniciaban el juego que, al pasar un rato, aburría a Diana, pero no a Josefina, que se metió a fondo en su papel como marido. Empezaron la historia como pareja normal hasta convertirlo en una especie de Romeo y Julieta con chicas mágicas y perros hablantes del futuro. Diana lo paró en seco cuando Josefa, en el papel de Romeo, el esposo más enamorado del mundo, iba a sacrificarse por el planeta ante la amenaza perruna después de transformarse en chico mágico.

— ¡Esto ya aburre! ¡Yo quielo otla cosa! — Dijo eso.

— ¡Espera, si aún no hemos terminado el final! — Josefina protestó, quería terminar la historia. Diana no le dejó más opción y se resignó:

— ¡Pues ya está! — Josefina gruñó, terminando así con el juego. Luego, le preguntó a Diana que quería hacer a continuación, y ésta le dijo:

— ¡Vamo a hablar de cosas de niñas mayores! — Lo dijo con muchísimo entusiasmo. Josefa se preguntó a que se refería ella con eso, pero le siguió el juego, aunque no deseaba tener que hacer el papel del adulto que le tenía que explicar las cosas. Ni siquiera sabía ella aún de dónde nacían los bebés, y no quería qué le hiciera tal cuestión.

— ¿Entonces de qué quieres hablar? — Le preguntó, temerosa y con miedo de que le dijera alguna pregunta molesta.

— ¿Sabe? Yo cuando sea grande me casaré con mi tito. ¿Y tú, José? — Esas palabras sorprendieron y molestaron a Josefina, quién protestó.

— Me llamó Josefina, o Josefa, pero no José, ¡soy una chica! — Le soltó eso, ya que Diana tenía la manía de llamarla así e ignoró durante unos segundos el hecho de que le dijo eso de que Diana le dijo que se quería casar con su tío, porque eso la asustó.

— ¡Espera! ¿Qué? ¿De verdad? — Casi le dio un shock, cuando se dio cuenta de lo que dijo Diana; no sabía qué hacer. Aunque luego, pensó que era una niña chica y siempre decían cosas muy raras como esa. Con eso, se tranquilizó y se río. Además pensaba que tuvo suerte de que se lo dijera a ella. Si hubiera sido a su madre le había dado un guantazo. De todos modos, se vio en la obligación de explicarle algo muy importante a la hija de Clementina.

— ¡Diana, las sobrinas y los tíos no se pueden casar! ¡Ni los hermanos! ¡Ni los hijos con sus papás! ¡Eso no está bien, nada bien! — Y luego le dijo esto al oído. — Tal vez con los primos, pero que deben ser bien lejanos, ¿vale? —

Y como todo buen niño de su edad, lanzó la pregunta que resultaba ser un dolor de cabeza para los mayores y que convertía la conversación en una especie de interrogatorio: — ¿Pol qué? —

A Josefina se le puso la piel de gallina y echó tres pasos para atrás.

Se preguntaba qué iba a hacer, qué buena respuesta podría decirle para que Diana no empezara a decir un porqué tras cada respuesta, ¿pero cuál? Miró por todos lados buscando desesperadamente algo que le diera eso pero no lo encontraba. Diana, al ver que no le decía nada, infló molesta sus mofletes y prefirió cambiar a otra cosa, algo que Josefina luego se lo agradecería.

— ¡Nee, nee! ¿Y tú con quién vas a casar? — Le preguntaba a Josefa mientras se agarraba de su camiseta, una que era de la selección mexicana del 2002 y originalmente de su padre.

— Pues…— Se imaginó entonces a un montón de chicos y hombres, pero todos actores de cine, cantantes famosos y por alguna razón extraña, al mismo presidente actual de los Estados Unidos; y pues les parecía todos inalcanzables. Entonces se dio cuenta de una cosa que la hizo gritar. Había entrado en la adolescencia y aún no se había enamorado realmente de nadie, absolutamente nadie. Se sintió incompleta, como si le faltará algo y cayó de rodillas, con las manos en el suelo diciendo esto:

— No lo sé… Aún no he conocido el amor… — Y al verla así, la niña pequeña se compadeció por ella y decidió ayudarla, le iba a buscar su amor.

— ¡No te pleocupe! ¡Yo encontlale el amo! — Entonces, desapareció de la vista de Josefina y cuando ésta se dio cuenta se le cayó el mundo, la había perdido y se puso histérica, gritando su nombre.

— ¡Esto aquí! — Al escuchar eso, que provenía de Diana, giró su cabeza hacia atrás y la vio, sujetando con una de sus manos a otro niño que parecía más pequeño que ella. Josefina puso su mano en su pecho y suspiró aliviada, para luego preguntarle quién era su nuevo amigo:

— ¡He encontrado tu esposo! ¡Aquí tiene! — Le dijo.

Lo primero que hizo Josefina fue preguntar qué quería decir con eso, la niña se lo explicó a su manera y, al ver al niño, que aún llevaba chupete; le dijo:

— ¡Ah, gracias! Pero Diana, así no sé hace así las cosas… A ver cómo te lo explico…—

—Entonces no lo quieles…— Se soltó de la mano y empujaba levemente al niño, mientras Josefina pensaba que decirle. — Lo siento, pelo ella no quiele, vuelve al colompio.

Y volvió a buscar a otra persona, pensando tal vez que era demasiado joven para ella. Esta vez, Josefina le seguía, diciéndole que esperase un momento.

— ¡Hey, seño, seño! ¿Quieles se el esposo de José? — Preguntó Diana a un gordo calvo y con cara de pocos amigos, que estaba paseando por el lugar mientras comía un helado que se le derretía y le manchaba la camiseta. La miró con cara de asesino al ver que le estaba sujetando los pantalones.

— ¡Perdón! ¡Perdón! ¡No queríamos molestar! ¡De verdad, señor! — Se disculpaba Josefina al señor, mientras atrapaba a Diana Tras hacer eso, salieron pitando hasta la otra punta del parque.

— ¿Por qué a ese? ¿Por qué? ¿Por qué me emparejas con esa cosa? — Le preguntaba sobresaltada a la niña pequeña, tras detenerse, y mientras se recuperaba del esfuerzo que tuvo que hacer.

— ¡Mila que exelente eres! — Le dijo Diana. Josefina se quedó pillada por unos segundos al escuchar eso, pero pensó que tal vez quería decir que ella era exigente o algo parecido.

— Dirás que soy ex… ex…— Se le olvidó la palabra al momento, a pesar de que haces unos segundos lo sabía y se quedo atascada, sin decir nada hasta que tuvo que decir esto: — ¡No me sale la palabra! ¡Jo! —

— ¿Entonces, qué esposo quiele? — Le preguntó Diana, que seguía a lo suyo y empezó a mirar a su alrededor en busca de alguien a quién señalar.

— ¿Ese? — Le señaló a una ardilla que pasaba por allí.

— Pues claro que no. — Le dijo eso Josefa, sin saber qué estaba siguiendo su juego.

— ¿Y ese? — Le señaló a un anciano que estaba jugando con sus nietos.

— Demasiado mayor para mí. — Eso le respondió Josefa.

— ¿Y él? — Le señaló a uno de los típicos obreros que trabajaban en unas obras y le decían feos piropos a las chicas que pasaban por ahí.

— Eso no. — Le dijo Josefina poniendo cara de asco.

— ¿Y ella? — Le señaló a alguien que estaba detrás de Josefina, ésta se dio la vuelta y se asustó, dando un grito y cayendo al suelo, al ver algo que no esperaba.

Allí estaba Sasha Rooselvelt, vestida con un pāū, la típica falda que usaban en Hawai para bailar; más una camiseta con un cuadro de Picasso, Los Tres Músicos, estampado en él; y una corona de flores al estilo romano. Además de que estaba descalza. Josefa y Diana se quedaron mirándola, sin decir nada, perplejas antes su aspecto. Sasha también estaba quieta sin mover ni un músculo, manteniendo su típica sonrisa. Al final, la más pequeña fue quién se atrevió a decir algo:

— ¡Hey, niña rara! ¿Quieles sel la esposa de ésta? — Le dijo, con su dedo señalando a Josefa, quién lanzó un grito de sorpresa y directamente dijo que no.

— Si no hay más remedio…— Al decir eso, Sasha se acercó poco a poco a la mexicana mientras ponía sus labios a ejercitar.

— Espera, espera… ¡Te equivocas! ¡Yo no soy lesbiana! ¡A mí me gustan los niños y esas cosas! — Le decía Josefa, intentando explicar la situación y a la vez que se alejaba poquito a poco de ella, aterrada.

— ¡Pues claro que no lo eres! ¡Los de la isla de Lesbos no son mexicanos! ¡Son griegos! — Josefa se quedó pensando en qué quería decir con eso y bajó la guardia. Entonces notó que sus labios chocaron con los de Sasha y se dio cuenta de que había perdido la inocencia. El golpe del shock fue tan grande que le hizo sacar el grito más grande que dio en toda su vida y el más largo. Luego, cayó de rodilla con los ojos en blanco mirando al cielo como un zombi y no dijo nada, aún a pesar de que Sasha le dijo esto:

— ¡Oye, este es el momento para decir que te han arruinado para el matrimonio! ¿Eh? — Y se alejó de ella haciendo hula, dejando a Josefina y a Diana solas.

— Me ha besado una chica… Me ha besado una chica… Mi primer beso arruinado por la pendeja de Sasha…— Decía sin parar, conmocionada y llorando un poco.

Aún no había encontrado el amor y una chica le había besado en la boca, que era lo peor de todo.

Ahora no sería lo mismo, ya que si la primera vez no te besas con la persona que amas, eso le quita lo romántico, y obviamente no amaba a Sasha, nada más como amiga. Es más, ¿Qué es el amor, exactamente?

Con todas estas reflexiones en mente, Josefa contemplada destrozada el atardecer, mientras Diana la intentaba consolar dándole el dulce que estaba guardando, con el vendedor de patatas asadas paseándose por el parque gritando su publicidad.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s