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Volviendo al parque de atracciones, cuadragésima cuarta historia

Fue un sábado por la tarde cuando pegaron la puerta de la casa de Nadezha.

— ¡Debe ser ella! — Se dijo la rusa mientras se acercaba a la puerta.

Cuando abrió la puerta, vio a Malia con una caja de pastelitos. Le dijo que entrará, que se sintiera como si fuera en su propia casa y qué era eso que traía.

— Son por lo de agradecerte por haberme llevado a urgencias y por haberte molestado con eso.  — Con “eso” se refería cuando abrazó de sorpresa a la rusa y se desconsoló con ella. Y eso era la razón por la cual Nadezha la invitó a su casa, porque quería saber las razones de ese derrumbamiento, algo que al final Malia se calló y no le dijo nada más, salvo pedirle perdón por haberlo hecho.

— Pudieras habértelo ahorrado. — Le dijo eso, mientras miraba los pastelitos.

— No podría, la verdad. Apenas nos conocemos y yo he tenido la desfachatez de abrazarla de esa forma. — Eso le decía Malia, con una sonrisa.

— De eso quería hablar…— Le dijo tajante Nadezha quién se sentó en la silla. No dejaría de estar intranquila hasta ver que le pasaba a Malia, ese llanto descontrolado la tenía preocupada. Le preguntó directamente eso y la respuesta de ella fue esto:

— Me sentiría mal si te contara mis problemas, así que mejor no. —

Le dijo con una sonrisa a Nadezha y la rusa le siguió insistiendo sin parar, pero Malia demostró ser más cabezota que ella y tuvo que rendirse por el momento. Después de eso, hablaron de otras muchas cosas, aunque la visita fue muy corta.

— Perdón que tenga que irme tan pronto, pero es que tengo muchas cosas que hacer. — Eso le dijo, y Nadezha vio en ese momento una oportunidad para descubrir lo que estaba sufriendo ella y le dijo:

— ¿Puedo acompañarte? — Malia, aunque se lo pensó mucho, no le negó aquella petición.

Antes de ir a casa, Malia aprovechó para ir al supermercado y comprar la comida. Salió de ahí con seis bolsas llenas de todo tipo de productos. La rusa le preguntó por qué llevaba tanto. Así fue su respuesta:

— ¡Es que como estaban de ofertas hoy pues me ha aprovechado! —

Después de eso, la rusa insistió sin parar llevar la mitad hasta que Malia tuvo que aceptar su propuesta. Y mientras andaban Nadezha veía como Malia estaba muy nerviosa, andando tan rápido que parecía como si quería evitar llegar tarde algún sitio. Ella, al final, tuvo que preguntárselo:

— ¿Tienes algo que hacer? —

— Pues algunas cosas…— Le dijo Malia, riéndose nerviosamente.

Y cuando llegaron a casa, a Malia le temblaba la mano mientras sostenía la llave para abrir la puerta, como si no se atrevía a entrar a su propio hogar. Al ver eso, Nadezha pensó en muchas cosas, ninguna buena sobre lo que podría pasar bajo esas paredes.

— ¡Lo sabía! ¡Sabía que el salón no iba a mucho! ¡Con lo limpio que estaba! — Eso dijo Malia, tras abrir la puerta y encontrarse con lo que tanto temía.

El salón, que fue limpiado cuidadosamente por Malia, tras despertarse; estaba hecho un asco y todo estaba de por medio. El sofá estaba al revés, los cuadros estaban por los suelos, los muebles vacíos pero sin haberse caído y muchos libros tirados y otros objetos, algunos incluso estaban rotos.

Y en el centro de la escena estaban Sasha y su madre, frente a frente, con unos libros en las manos, estando desnudas. Cuando esas dos vieron que Malia había llegado, al unísono, le dijeron: — ¡Fue su culpa! —

Malia, que se murió de vergüenza, a continuación les hecho una regañida impresionante mientras Nadezha intentaba asimilar lo que había visto.

Cuando la rusa dejó de escuchar los gritos de ella, se fue al salón y vio algo que le hirvió la sangre. Mientras estaba limpiando el salón, veía como su progenitora estaba comiendo patatas fritas en el sofá, que ya estaba bien puesto; como si nada. Y más aún, cuando escuchó:

— ¿Madre, podría ayudarme un poco con esto? ¡Quiero terminar esto rápido! — Le preguntó Malia.

— ¡Qué lo haga tu hermana, que después de todo es su culpa! — Le respondió esto mientras seguía comiendo patatas, y sin levantarse del sofá.

Esas palabras, que le pareció realmente tan impropia de una madre y más de una perra irresponsable y egoísta, le alteraron tanto a la rusa que se acercó para gritarle, con puño en alto: — ¡Eh, tú, por lo menos ten un poco de vergüenza y ayuda a tu hija! —

— ¿Y tú quién eres? — Eso le preguntó, ya que no se dio cuenta de que estaba ahí y se sorprendió tanto que casi le iba a dar un ataque de corazón.

— ¿Y tú quién te crees que eres? — Le siguió gritando y casi le iba a pegar si no fuera por Malia que la tuvo que coger.

— ¡Tranquilízate, por favor! — Le decía Malia.

— ¡Yo ya me voy! ¡Tú te quedas con tu amiga! — Eso dijo la madre aterrada, que salió pitando de allí. Nadezha seguía diciéndole cosas hasta que se marchó y en ese momento le dijo a Malia:

— ¿Cómo puedes dejar que te trate de esa manera? — Estaba bastante encolerizada.

— Lo intento… —Le respondió Malia en voz baja y mirando al suelo, ahí vio Nadezha una cara de tristeza procedente de ella y decidió ayudarla.

— ¡No te preocupes, yo te ayudaré en limpiar este desastre! — Malia no quiso negarse porque no quería molestarla, pero Nadezha era dura de cabeza  y tuvo que aceptar su ayuda, algo que agradeció enormemente luego porque sola no podría.

— ¡Muchas gracias! ¡Ahora podré estudiar….! — Se quedó pensado, para luego gritar: — ¡Oh, es verdad! ¡Ahora no puedo! ¡Tengo que hacer la colada! ¡Y limpiar la nevera! ¡Y los platos…! — Se puso muy nerviosa, pensando que hacer primero, ya que eran tantas cosas.

Nadezha la tranquilizó y, tras escuchar durante un rato sobre la cantidad de cosas que tenía que hacer, ella llegó a una conclusión, que días después se lo diría a otras personas.

— El problema es que la pobre está estresada, demasiado. Ni siquiera puede descansar los domingos. Y bueno, es normal con esas mierdas de familiares que tiene… —

Así terminó Nadezha cómo fue su visita a Malia a Mao y a Clementina. Había ido allí para pedirle un favor a la canadiense.

— ¿Y bueno, entonces que tiene Clementina que ver con todo esto? — Le preguntó Mao.

— Pues Clementina irá conmigo y con Malia al parque de atracciones. — Eso le respondió Nadezha.

— ¿Y por qué yo? — Clementina se quedó sorprendida al escuchar eso.

— He visto que Malia, al estar tan ocupada de sus cosas, apenas tiene chicas con que relacionarse y tú y ella tenéis algunas cosas en común, por ejemplo, tu cuidas a tu niña y ella tiene que cuidar a la imbécil de su hermana pequeña. — Nadezha creía que ellas dos podrían entenderse muy bien.

— Buen punto, sobretodo en que su hermana es imbécil. Me da asco admitir tener razón contigo, pero es la verdad. — Dijo Mao, mientras se acostaba sobre el suelo para seguir viendo la tele.

Nadezha pudo convencer a Clementina, y al pasar unos días, apareció por la casa de Malia para decírselo. Tras entrar y haber sido llevada a la cocina, inició la conversación, soltando esta noticia.

— ¿Ir al parque de atracciones este próximo sábado? No creo que lo merezca. — Malia se sorprendió mucho, al escuchar eso.

— ¡No es que no lo merezcas, es que lo necesitas! ¡Y no recibiré un no por respuesta! — Malia le dijo que vale, incapaz de negarle eso. Entonces, apareció la madre, que estaba acostada en el sofá del salón y al escuchar lo que dijo Nadezha, se levantó para decirles que se quería unir:

— ¿Hey, hey, para cuándo nos vamos al parque de atracciones? — Le preguntó la madre realmente emocionada.

— Tú no estás invitada. Haz tu trabajo y cuida de tu niña pequeña. —

Eso dejó a la madre de piedra, para luego despotricar sin parar sobre la rusa. Decía que no era justo que fuera Malia y ella no, también tenía derecho, pero sus quejidos fueron detenidos por los gritos de Nadehza.

Después de esto, pasaron los días hasta que llegó el sábado y al final no solo iban a ir Clementina, Nadezha y Malia, también se unieron el novio de la rusa, Vladimir y el primo de la canadiense, Leonardo. La rubia, dos días antes, se lo pidió expresamente a la albina y está le preguntó el por qué.

— Pues verás… él desde que está en Shelijonia apenas ha podido tener amigos, y como tu dijiste eso de Malia, pensé en que si el podría con otros hombres…Bueno, y ese es el único hombre que conozco. —

— ¿No crees que tienen una diferencia de edad muy grande para mantener una amistad? ¡Ya sabes, la brecha generacional! — Clementina la miró con muy mala cara, con una mirada que le decía a Nadezha que era la menos indicada para decir, después de todo, estaba teniendo una relación con un chico mucho menor que ella, con un niño. La rusa se arrepintió de haber dicho esas palabras y decidió aceptar eso.

Y tras llegar al sábado, y tras sufrir casi una hora esperando en la cola para entrar bajo los infernales rayos del sol, entraron en el parque de atracciones, deseosos de disfrutar, sobre todo Vladimir que estaba alucinando y miraba entusiasmado cuál elegir.

— ¡Hey, Nadezha, móntate conmigo ahí! — Le decía mientras le señalaba una atracción que era autos de choques.

Ella, deseaba más subirse en el carrusel con él, pero ya lo iba a hacer después, aunque esa atracción no le hacía ninguna gracia; y mientras el grupo se dirigía hacía ahí, la rusa vio algo que le llamó mucho la atención entre la multitud, una extraña niña con un traje rosa y una horrorosa máscara, que parecía que les estaba observando con intenciones nada buenas. Como la vio solo por un momento, ella se creyó que eran imaginaciones suyas. Cuando llegaron, observaron a un montón de gente protestando en torno a la atracción y un trabajador intentando tranquilizarlos:

— ¡Perdonen las molestias, pero por problemas técnicos no se puede usar los autos de choques! — Les decía aquel hombre. Vladimir se decepcionó un poco al saberlo.

— ¡No te preocupes, hay muchos más atracciones! — Le decía su novia.

— ¡Es una pena, pero seguro que más tarde lo arreglan! — Le dijo por su parte Malia, que también deseaba probar eso, aunque su mente estaba distraída más por otras cosas, su familia. No se sentía tranquila, sabiendo que ellas dos estaban solas y rezaba para que no hicieran nada malo.

Luego, se fueron, por propuesta de Nadezha, al carrusel, que ella quería montarse especialmente ahí con su novio, pensando que iba a ser romántico. Los demás aceptaron ir, aunque a los hombres les daban un poco de corte montarse en esa atracción. La ilusión de la rusa se hizo pedazos cuando vio que le pasó lo mismo:

— ¡No me digan que también se le ha roto esto! ¿Pero qué tipo de mantenimiento tienen ustedes? —

Le gritó Nadezha al trabajador cuando se enteró que el carrusel estaba roto. El pobre hombre, atemorizado por su actitud, le costaba mucho hablar, mientras los demás del grupo intentaban tranquilizarla. Cuando se cansó de protestar y les dijo a los demás ir a otro sitio, vio otra vez a la misma niña de antes, con globo en mano y empezó a sospechar. Leonardo dijo por su parte, en un intento de decir un chiste, que le salió mal; esto:

— Imagínense que vamos a otra atracción y esté averiada como las demás, sería el colmo. — Y eso pasó de verdad cuando se fueron a la casa de terror, de cuyas ventanas salían humos, y los bomberos salían y entraban del lugar.

— ¿Para qué habré dicho eso…? — Se dijo Leonardo arrepentido.

— ¡Esto es muy extraño…!— Se dijo Malia.

— ¡Esto es el colmo! — Por su parte, gritó Nadezha, muy molesta.

Sin saber qué estaba pasando, el grupo decidió irse a tomar algo en una cafetería para relajarse e intentar comprender la situación.

— ¿Por qué hoy, precisamente hoy, está pasando esto? — Se preguntaba Nadezha, malhumorada y con los brazos cruzados después de sentarse en la silla.

— Eso me pregunto yo. — Se dijo Vladimir.

— Debe ser mala suerte…— Añadió Clementina, tras decirle al camarero lo que querían. Al rato, le trajeron los cafés que pidieron y Nadezha decidió entonces levantarse para ir al servicio y, a los pocos segundos de entrar, escuchó gritos y escupitajos. Giró su cabeza hacia atrás y vio a la gente de las mesas escupiendo su café y su comida, entre ellos los canadienses y a su amor. No dejaban de exclamar qué asco y se preguntaban qué era esa mierda entre otras lindezas. También vio a Malia levantarse de su silla y salir corriendo, ya que alguien estaba diciendo que le habían robado el bolso y ella salió a perseguir al ladrón.

No le dio tiempo a seguir a Malia porque escuchó una conversación entre los trabajadores, que estaban pidiendo a sus compañeros que habían hecho. Una mujer decía esto:

— No es mi culpa, ha aparecido una niña rara jugando con la sal, ¡se lo juro! —

¿Niña rara? Entonces, Nadezha recordó a aquella extraña chica que vio dos veces antes, ¿y si todo lo que habría ocurrido era su culpa? ¿Y si así es el caso, por qué le intentaban fastidiar el día? Tras hacerse esas preguntas solo había algo en su mente, que la hizo apretar el puño

¡Sasha! Y con esto en mente, decidió buscar a Malia, tras pedirle a los demás quedarse ahí, algo que no hicieron caso ya que se levantaron enseguida a perseguirla.

Se la encontró en el lugar más céntrico del parque de atracciones, que imitaba a unas de los lugares más conocidos de Moscú, la plaza roja. Estaban dando un desfile, con carrozas que llevaban encima a criaturas tanto del folclore ruso como nativo, y vio el momento en que Malia salvaba a una chica, que se tumbó como si nada, de ser aplastada. Era la misma chica que vio Nadezha. La multitud, que estaba horrorizada, la aplaudió sin parar y la rusa no la pudo encontrar hasta un rato después.

Cuando se la encontró, estaba en un banco, sentada y mirando al suelo muy preocupada, con manos a la cabeza. A continuación, el resto del grupo apareció y tras preguntar ellos que le pasaba, Malia dijo: — Perdón, pero es que acabó de figurar que he visto a Sasha y pues…—

— Eso deben ser imaginaciones tuyas, tu hermanita debe estar en Springfield y bien lejos está. — Le decía Clementina. — Estás tan preocupada por ella que te imaginas que está aquí, ¡eso es lo que te pasa! ¡Olvídate de ella por un rato, seguro que estará bien! —

— Tal vez…— Nadezha no dijo nada, ella también estaba llegando a la misma paranoia de que Sasha estaba ahí. Se pellizcó para quitarse todas esas tonterías y les dijo a todo el grupo esto:

— ¡Vámonos todos a la noria! — Les gritó.

Nadezha y Clementina cuando planearon este día, decidieron dejar al final montarse en la noria, en el momento en que el sol se ponía. Pensaban que tras un día de diversión terminarían en la noria como un momento para relacionarse y hablar cosas, ellas dos con Malia y Leonardo con Vladimir; pero las cosas no fueron cómo creían. No se divirtieron, incluso apenas pudieron subir a alguna atracción; y por eso la rusa para salvar el día, decidió hacer lo de la noria, a pesar de que era mediodía. Salieron corriendo con la rusa a la cabeza, que tenía la esperanza de que la noria no estuviera fuera de servicio.

— ¡Menos mal! — Se dijo eso, tras lanzar un suspiro de alivio, al ver la noria aún funcionaba como Dios manda. No ocurrió nada durante la larga espera que tuvieron, haciendo que Nadezha se relajará y se olvidará del temor de que se rompiese, así como esas sospechas de que estuviera Sasha en el parque dispuesta a arruinarle el día por algún motivo desconocido.

Los primeros en subir a la cabina fueron Vladimir y Leonardo, incómodos, no más por el hecho de estar solos en la cabina sino porque no sabían que decir ni que hacer. Leonardo pensaba en las palabras de Clementina cuando le obligaron a subirse.

— ¡Solo hablen de sus cosas de hombre y ya está! — Eso le dijo Clementina.

Mentalmente la contestaba diciendo que con qué cosas de hombres iba a hablar con un niño, ni tampoco sabía de qué podría hablar con uno. No es que los odiara, pero no sabía cómo tratarlos y al ver la cara tan seria que traía el chico no se atrevía a decir algo. Vladimir, por su parte, ponía esa cara porque se lo estaba tomando muy en serio y se estaba preparando para dar una charla entre hombres, incluso ya había elegido el tema.

Cuando, creía que estaba preparado, entonces se lo dijo: — ¿Cómo se siente al hacer el amor? —

Esa pregunta dejó helado a Leonardo, no se lo esperaba para nada y era quizás la peor situación en la que un adulto podría enfrentarse, que un niño te pregunte cosas sobre el sexo. Y lo peor de todo es que él era virgen y por tanto no sabía realmente sobre eso. Se preguntaba desesperadamente qué debería hacer mientras sudaba como un cerdo y esperaba que ocurriese algo que le ayudará en no decir la respuesta.

Mientras tanto, en la otra cabina, estaba muy animado, ya que Malia y Clementina había congeniado tan bien que sin querer dejaron a Nadezha fuera de la conversación, sin saber de que estaban hablando exactamente, solo sabía que era comida. Se preguntaba cómo introducirse de nuevo ahí, pero no veía el momento adecuado para hacerlo. Las dos chicas estaban hablando de gastronomía japonesa y decían sus experiencias como cocineras. De esa conversación la rusa solo pudo sacar que la cocina era una de las pasiones de Malia, solo eso, ya que se cortó en seco cuando la noria se paró de repente.

— ¿Qué está pasando? — Eso gritaron sorprendidos casi todos los que estaban en la noria.

Nadezha miró al suelo y vio que su cabina estaba en mitad de camino entre el punto más alto y el suelo, en el lado izquierdo. Su amor y el primo de Clementina estaban debajo de ellas. Mientras hacía eso, de repente escuchó unos gritos, notó que la cabina se movió violentamente y el sonido de la puerta abriéndose, entonces giró la cabeza y estaba viendo a Malia montada en unos de los hierros que iba de ese punto al centro del eje. Por suerte, tenía estructura de sobra de donde agarrarse y no hacer equilibrismo como si estuviera en el circo, aún así era muy peligroso y nadie normal haría eso. Nadezha comprendió perfectamente por qué hizo ella eso, una chica que se iba a caer desde una cabina superior a ellas, gritando auxilio. Mientras la canadiense se quedó paralizada del terror viendo tal cosa y rezando para que no pasara nada, la rusa hizo lo mismo que la hermana de Sasha.

— ¡Ayuda! ¡No quiero morir! ¡Aún me quedan muchos animes y mangas que ver! —

Gritaba desesperadamente aquella chica, mientras se agarraba fuertemente del borde de su cabina e incapaz de volverse a entrar ahí. Malia, que solo estaba centrada en salvarle la vida, ya había llegado al centro de la noria y empezó a subir para arriba, utilizando los hierros que sostenían la cabina que estaba debajo de la persona que estaba en peligro. Con paso lento pero decisivo pudo llegar al lado de la chica.

— ¡No te preocupes! — Le gritaba a la chica. — ¡Te ayudaré! — Aunque está estaba tan distraída lloriqueando y gritando que no se enteraba de nada.

Entonces, Malia se preguntó qué hacer, y quería hacerlo rápidamente, porque parecía que la chica no podría aguantar más y sus manos le podrían fallar y caer al suelo. No le dio tiempo, ya que ella efectivamente no pudo más y cayó, y la atrapó con los brazos, aunque eso resulto que se iba a caer con ella.

Todos gritaron de horror y alguno hasta se desmayó. Podrían haber chocado con el suelo si no fuera porque Nadezha llegó justo a tiempo y con una mano agarrándose a la estructura y con otra cogiendo a Malia, las salvó y las puso sobre el hierro.

— ¡Maldita seas, no te hagas la heroína! ¡Déjale esto a los bomberos, por Dios! — Le decía una Nadezha muerta de cansancio.

Malia le dijo que no lo pudo evitar con una pequeña sonrisa. La chica salvada no dijo nada porque se desmayó del susto, al igual que Clementina, y tuvieron que hacer todo el camino de vuelta hacía su cabina con ella inconsciente. Y tras poderla subir, Nadezha vio algo entre el paisaje, esa misma extraña niña con careta rara y vestido rosa, que parecía que las observaba desde el suelo. “Esto debe ser obra suya”, se decía enfadada y deseosa de bajar abajo a ir a por ella.

A los pocos minutos, la noria empezó a volver a funcionar y todos se bajaron de ahí. En ese momento, Nadezha miró por todas partes y, al ver a la niña, salió corriendo a por ella. Malia, al verla correr, la iba a seguir, pero no pudo porque la gente la rodeó felicitándola por su heroísmo, mientras la policía llegaba al lugar de los hechos.

— ¡Deja de correr, maldita! — Le gritaba Nadezha mientras corría como un tigre persiguiéndola a aquella extraña niña.

Así se fueron de un lado al otro del parque hasta llegar a un lugar sin salida, en mitad de una zona verde y en la que apenas había gente.

— ¿Eres tú, Sasha? ¿Eres la responsable de todo esto? ¡Contéstame! — Le gritaba mientras apretaba fuertemente sus puños y la veía con mirada de asesina. En ese momento se fijó en cómo era su extraño atuendo. Tenía un vestido que llegaba hasta la rodilla, con lacitos a cada lado a la altura de la cintura y con tres tonalidades de rosa. Llevaba unos finos guantes blancos y unos lindos calcetines que le ocupaban la mitad de las piernas y unos zapatos rojos. Todo esto, le recordaba a Nadezha, en cierta forma, a unos dibujitos que vio de chica.

Todo ese vestido cursi contrastaba con esa máscara que llevaba, a Nadezha le parecía la cara de un bicho pero mecanizado, de alguna forma. Pasaron unos minutos desde que lanzo su pregunta y no le contestó ni hizo nada hasta que, de repente, empezó a actuar raro.

Primero, hizo vueltas con sus brazos para después ponerlos hacia adelante y en alto, como si estuviera señalando a algo mientras flexionaba las rodillas.

Todo esto hacía mientras decía: — ¡A cápite ad cálcem! ¡A contrario sensu! ¡Ab absurdo et ab aeterno! ¡Mihi nomen Caius Iulius Caesar Augustus est!

Esto, al principio, le dejó perpleja a Nadezha y la hizo enfadar aún de lo que estaba.

— ¡Maldita niña loca! ¡Deja de actuar como subnormal! ¡Deja de burlarte de ti! — Casi se iba a quedar afónica por el grito que dio, pero esa chica, que ya era obvio que era Sasha, seguía actuando como siempre.

Homo sum, humani nihil a me alienum puto. — Lo soltaba con una voz de burla que hacia enfadar, aún más de lo que estaba Nadezha.

— ¡Habla en puto cristiano! — Le gritó otra vez.

Gaudeamus igitur iuvenes dum sumus. — Pero era imposible.

— ¡Te he dicho que me hables en cristiano! — Aún siguió gritándole esto.

Bonum vinum laetificat cor hominis. — Y esta frase fue la gota que colmó el vaso.

Nadezha no pudo más y del coraje se lanzó hacía ella a darle un buen golpe en la cara. Lo deseaba con todas sus fuerzas y así lo hizo, la mandó a volar y del impacto se le cayó la máscara, revelándose así lo que ya se sabía, que era Sasha; y le salía sangre por la nariz.

— ¡Te lo mereces! ¡Eso te lo mereces! — Le gritaba Nadezha, mientras ella se levantaba y recogía su máscara y a continuación, se fue hacía la rusa, usando algo que estaba hecho con el propósito de herir contra ella. Lo pudo esquivar a tiempo.

— ¿Qué? ¿Qué haces con un puto cuchillo? — Gritaba conmocionada, al ver que ella llevaba tal cosa.

— ¡El patriarcado dictamina que toda mujer decente y pura debe llevar arma blanca! — Le decía esto mientras se ponía su máscara.  — ¡Los dioses me obligaron a hacer esto! ¡Me decían que Malia no debe divertirse, no debe divertirse! ¡Y yo tuve que hacerles caso! — Y decía esto, con tono patéticamente trágico, mientras hacía poses estúpidas.

— ¡No me fastidies! ¡No me fastidies! ¿Sabes que podrías haber matado a una persona por tus tonterías? ¿Y por qué le jodes de esta manera a tu hermana? — Empezó a apretar el puño más fuerte que nunca. — ¡Eres una hija de puta, una verdadera hija de puta! —

— ¡Pero si yo la trato como si fuera una princesa! ¡Como las de Disney! — Eso le decía, con una ironía y burla muy irritante.

— Deja de hacerte la graciosa, nunca lo has sido. — Le replicó Nadezha.

— Para eso estamos los bufones ¡Jujujujujuju! — Y de repente su voz se puso en un tono de voz siniestro y casi aterrador. — ¡Esa flor no debe tener diversión ni amigos! Ese no es su papel y tú no eres su guionista para cambiarlo…— Y con esto dicho esto, salió corriendo hacía unos arbustos y con Nadezha persiguiéndola y gritándole que no se fuera pero la perdió de vista.

Estuvo un buen rato buscándola entre esos arbustos hasta encontrarse con un agujero que tenía el muro que separaba el parque de atracciones del exterior. Tras eso, ella decidió volver con los demás, aún perplejos con lo que había pasado.

No podría entender cómo podría existir un familiar así tan repugnante y que trataba de una forma tan miserable a alguien de su propia familia, sobre todo cuando Malia era una buena chica y la cuidaba, es más, parecía como su propia madre. Ese golpe que le dio no le bastaba y deseaba molerla a palos hasta dejarla irreconocible. No solo le daba pena aquella muchacha sino que lo percibió como una horrible injusticia, algo que no se lo merecía.

Al final, la albina tuvo que ir a otro lugar del parque, ya que allí estaban supuestamente el grupo siendo interrogados por la policía por el incidente de la noria. Allí, solo se encontró con Malia y su novio, que le preguntaron un montón de cosas, y al parecer los canadienses desaparecieron de la escena. También se enteró de que la policía la buscaba para interrogarla y de que ahí estaba la chica que salvó, que cuando la vio saltó de alegría diciéndole estas cosas:

— ¡Gracias, gracias de verdad! ¡Ha sido mi segunda heroína! ¡Muchas gracias! ¡De verdad! — Le decía mientras lloraba y tras eso:

— ¡Ah! ¡Firmarme esto! ¡Quiero un autógrafo! ¡Dedicado a Candy Chui! ¿Vale? ¡Y vamos a hacernos una foto! ¡También hay que grabar tu voz! ¡Hay que poner esto para la posteridad! — Nadezha no quería hacer todo eso, pero no se pudo negar y se sentía como si fuera alguien famoso, luego se entero de que esa chica a Malia le hizo lo mismo.

Nadezha le preguntó a esa chica cómo pudo haberse caído de la cabina y le explicó que se le olvidó poner la cuerda de seguridad y que cuando se paró de repente la noria estaba sacando fotos de pie y perdió el equilibrio, abriendo la puerta y dirigiéndose así hacía al vacío. La rusa tras escucharla, pensó en lo gilipollas qué era. Tras eso, se reunió con Malia.

— Al final, ha sido un día horrible…—  Dijo Nadezha como conclusión, terminando con un gran suspiro.

— Bueno, otro día será. — Le decía Malia. — Me pregunto cómo estarán mi hermanita y mi madre, solo espero que no hayan cometido alguna estupidez. —

Esas palabras le hicieron recordar a Nadezha su encuentro con Sasha y se le hirvió la sangre, al ver como su hermana se preocupará por un ser tan despreciable, tanto que se le escapó esto:

— Aún no sé cómo aguantas a esa niña…— Tras pronunciar esa frase, vio como Malia puso una cara tan triste y cansada que se arrepintió de haberlo soltado y le pidió perdón por decir tal cosa.

— No pasa nada. Es verdad que Sasha no es una buena niña pero por eso estoy con ella. — Tras decirlo, miró hacía al techo y con una sonrisa y una mirada que la hacía ver decidida, dijo estas palabras:

— ¡Por eso yo, estoy aquí! — Ese rostro y esas palabras deslumbraron tanto a Nadezha que la dejaron más perpleja que antes, pero que le hacía verdadero respeto por ella.

“Ella quiere cambiar a su hermana, por eso la soporta y está con ella. Eso sí que es un hermana de verdad, tanto que parece irreal.” Eso pensaba ella, mientras le caían lágrimas de los ojos, por la emoción.

— ¿Te pasa algo? ¿Por qué estas llorando? — Le decía Malia preocupada, mientras le daba pañuelos a Nadezha.

— Nada, solo se me ha metido algo en el ojo. — Y mientras se secaba, ella se hizo una promesa a sí misma.

Recordando las últimas palabras que dijo Sasha, decidió que iba a cambiar el papel de Malia y intentaría hacer lo posible para que tuviese una vida normal de adolescente y sobre todo, sería su amiga más que nunca. No era solo eso, sino un desafío, una batalla en que debe luchar.

FIN

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