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El típico día de playa, quincuagésima séptima historia.

Aunque Springfield está a treinta kilómetros del punto más cercano al mar, el municipio se encarga de administrar la desembocadura del Malyytavda al Océano Pacífico. Un lugar con una enorme e impresionante playa, situado en la costa norte de la isla, con dunas de gran tamaño, perfecto para veranear y poco conocido por la zona. Por eso, Mao y su pandilla han llegado a a ese lugar, en pleno un viernes, para tener un día genial y divertido.

― ¡El mar, el mar, está ahí! ― Decía Josefina muy emocionada, tras bajarse todos del bus y ver la playa. ― ¡Chicas, el mar, el mar! ― Salió corriendo hacía allí.

― ¡No entiendo el porqué estás tan alterada, Josefina! ― Le replicó Mao, pensando más en el dinero que se gastó en el autobús que en la playa misma. ― Solo es el mar, estamos rodeados de ella, ¡estamos en una isla, por favor! ―

― Ella siempre es así, no te lo tomes en cuenta. ― Añadía Malan con una sonrisa, mientras observaban el pequeño barrio en el que estaban situadas.

― Está bien que ella esté ilusionada. Es un día de playa, a los niños le gustan, después de todo. ― Esto le dijo Malia a Mao, para luego soltar:

― ¡Ah, es verdad! ¡Qué feo de mi parte! ¡Muchas gracias por invitarnos a mí y a mi hermana! ¡Estoy muy agradecida por esto! ―

― ¡No te preocupe, no tienes que agradecer nada! ―

Después de todo, fue Josefa, junto con Nadezha, quienes no le dejaron en paz hasta que llamará a ellas dos para invitarlas. No le molestaba Malia, sino su hermana pequeña, Sasha, quién era preguntada por unos vecinos que, curiosos ante la cantidad de adolescentes, se acercaron para saber por qué habían llegado a su pequeño barrio. Su respuesta los dejó sin habla:

― ¡Vamos en busca de la ballena Mocha Dick!- Y con esto dicho se alejó, ante la mirada atónita de esas personas; haciendo caso excepcionalmente a su hermana mayor, que la estaba llamando, al ver que se había alejado del grupo.

― ¡Qué asco de autobús! ¡En serio, lo tienen que llevar al desguacé!―

Nadezha también estaba con ellos, protestando por la calidad del transporte, mientras su novio, Vladimir, le preguntaba si podría llevar la mochila que ella tenía en su espalda, porque no quería que se lastimara por la cantidad de cosas que tenía ahí dentro. Ella le decía que no se preocupará, que no era nada, antes de que una persona contestara las quejas de la rusa.

― En eso tienes razón, los asientos estaban hechos polvos. ― Le daba la razón Clementina, mientras se ponía bien el sombrero de paja que tenía. Además de ella, su primo y su hija Diana, quién le molestaba sin parar a si tío para que le llevará en su espalda, habían venido.

― ¡Hey, ustedes, muevan el culo! ― Les gritó Mao desde la lejanía, con Alsancia a su lado y con Jovaka pegada a él como una lata, a los que quedaban muy atrás, mientras los demás ya se dirigían hacia al océano.

Al atravesar aquel barrio, formado por lujosas casas en el centro de grandes terrenos, llegaron a la playa, amplia y llena de dunas de todos los tamaños, siendo las mayores más grandes que cualquiera de las niñas.

― No aparece en inglés, solo en ruso. ― Eso observaba Malan, cuando vio un gran cartel que explicaba cosas sobre la playa. Estaba al lado de un camino, formado por tablones de madera, por el cual todos atravesaban, siendo Josefina la primera y seguida por los demás. Entonces, a mitad de camino, ella, y después el resto, se quedaron de piedra al observar algo que no esperaban.

― ¿Qué son esas cosas? ― Eso se preguntó Mao al verlo y quedarse atontando ante tal escena. Entonces, Malan llegó a ellos y, al escucharlo, soltó estas palabras:

― ¡Increíble! ― Decía ella sorprendida por tal hallazgo. ― Es una manada de Eumetopias jubatus. ―

Todos se quedaron preguntando qué quería decir ella y, al ver sus caras, Malan les tuvo que decirles que eran leones marinos. Así era la escena, una cantidad incontables de leones marinos ocupaban la playa, con sus crías.

― Pues no se parecen leones, la verdad. ― Dijo Josefina, tras escuchar eso.

Malan estaba realmente feliz por ver tal escena de la naturaleza, tanto que parecían que sus ojos brillaban de emoción y daba la impresión que, de un momento para otro, empezara a chillar como una fan que ve a sus estrellas de rock favorito. Diana tuvo una reacción parecida, pero menos exagerada. Le pedía a su tío que le bajará para ir corriendo a tocar esos animales. El resto, solo miraban asombrados ante tal escena.

Entonces, Mao le dijo al oído a Nadezha:

― ¡¿Y ahora qué vamos a hacer!? ―

Después de todo, se lo preguntaba porque fue la rusa quién eligió el lugar y ésta, que jamás se encontró algo semejante, después de meditar muchísimo, tuvo que ser sincera:

― ¡Y yo qué sé! ¡Yo nunca he visto algo semejante a esto! ―

― ¡Wow, sirenas, sirenas feas y gordas! ― Esas palabras fueron dichos por Sasha, quién salió corriendo hacia los animales, con intenciones no muy buenas. Iba cómo Dios le trajo al mundo, sorprendiendo a todos de la peor manera posible. Nadie se esperaba que ella, quién se puso detrás del grupo para hacerlo, se hubiera quitado la ropa así sin más. La primera reacción que hubo fue la de Josefina gritando.

― ¡Sasha! ¿Qué haces? ― Incluso su propia hermana no se lo esperaba, que dio ese grito, totalmente muerta de vergüenza; mientras ésta le estaba dando patadas a un león marino, aunque éste ni se inmutaba.

― ¡Por dios, esa niña es idiota! ― Eso decía Nadezha, mientras le tapaba los ojos a su novio. Reaccionó tan rápido cómo Clementina, que también le hizo lo mismo a su primo.

― ¡Oye, oye, no me tapes los ojos! ― Y a Mao también le taparon los ojos, quién protestó a Jovaka, que reaccionó así, mientras le gritaba pervertida a Sasha.

Mao no veía qué sentido tenía que le tapasen los ojos a él también, porque ya estaba bastante acostumbrado a ver cuerpos de chicas desnudas.

― ¡Nosotras iremos a detenerla! ― Para Malan, lo grave es que estuviera molestando a un animal. ― ¡Está pateando una especie protegida! ―

Y ella le miró a Josefina en señal de que tenía que acompañarla, y ésta accedió. Salieron corriendo hacia Sasha, mientras su hermana añadía:

― ¡Yo también iré, para ponerle ropa! ― Eso decía, mientras buscaba desesperadamente el bikini de su hermana, que consistía de una sola pieza, de color azul oscuro con bordes blancos.

― ¡Vamos, Sasha! ¡Deja de hacer la idiota! ― Eso le gritaba Josefina, mientras las dos chicas detenían a la fuerza a Sasha, que seguía intentando pegar al pobre animal; y Malan añadía: ― ¡No puedes pegarles a estas criaturas! ―

― ¡Ja, yo soy su reina! ¡Yo las domino, yo las controló! ¡Así que las pateó como a ellos les gustan! ¡Les encantan que le peguen, aman el dolor! ― Y Sasha solo les decía tonterías.

Al final, paró de hacer eso, cuando llegó Malia y le obligó a ponerse su bikini. A continuación, la trajo de vuelta al grupo y empezó a regañarla seriamente a su hermana pequeña.

― Bueno… ¿Ahora ya sabes qué vamos a hacer? ― Eso le volvió a preguntar Mao a Nadezha, a continuación.

Ésta le iba a decir otra vez la misma respuesta, pero entonces, Josefina se adelantó, tras quitarse su camiseta de Hello Kitty y sus vaqueros cortos de color azul marino, para mostrar el traje de baño que llevaba puesto desde que salió de casa, que era de dos piezas y rojo.

― ¡Parecen amigables, no les importaran si nos bañamos!- Eso concluía ella, mientras se iba hacía al mar, atravesando aquella playa llena de leones marinos. Mao le gritó que no hiciera, que por algo lo llamaban leones, aunque a ninguno le parecía importante que Josefa estuviese en su manada.

-¿Esos leones marinos son así?- Le preguntó Nadezha a Malan al ver la poca reacción de esos animales, le parecía algo muy surrealista.

― No he visto mucha información sobre esta especie para confirmarlo. ―

Eso le respondió, antes de quitarse el vestido que llevaba y mostrar su bikini de color rosa.

― Pero será divertido estar entre ellos. ―A ella le interesaba más estar entre leones marinos que en disfrutar del mar.

― ¡Oye, gente! ¡No pienso quedarme aquí rodeado de estas cosas! ― Eso decía Mao, al ver que todos estaban decididos quedarse en esa misma playa.

Pero nadie le hizo caso, casi todos estaban de acuerdo estar en ese lugar. Muchos empezaron a quitarse la ropa para mostrar sus trajes de baño.

― Más importante, se olvidan del ponerse el protector solar. ― Les decía Malia a todo el mundo, con eso en la mano.

Todos se quedaron muy sorprendidos al ver su traje de baño, que parecía más a un traje de buzo. Le cubría casi todo el cuerpo y era blanco con bordes rojos. Nadie dijo nada, pero todos se preguntaban si ella iba a bucear o si eso era una herencia de su abuela.

Mientras ella le ponía el protector solar a Josefina y a Alsancia, el resto estaba poniendo las toallas y los parasoles. Mao, después de observar cómo Sasha le estaba hablando a un león marino, como si fuera su esposo, al observar cómo se instalaban, decidió volver a preguntar:

― ¡Oye, oye! ¿De verdad piensan quedarse aquí? ―

Todos le respondieron que sí, que no pasaba nada, aunque Mao no se sentía muy convencido. Aún así, decidió aceptar eso y se acostó en su toalla, con la intención de vaguear. Aparte de él, que no se puso traje de baño para que nadie notara el bulto de su entrepierna, Clementina, que le daba vergüenza mostrar sus carnes al mundo, tampoco lo hizo y se sentó silenciosamente en su toalla, mientras observaba el mar, como los niños empezaban a jugar en el agua.

Nadezha, por su parte, al ver a vaguear a Mao y sin usar un traje de baño, entonces decidió molestarle y burlase de él, pero Jovaka, que estaba a su lado, le empezó a defender, a pesar de que solo hacía oídos sordos a la rusa.

¡Milen, milen, todos a Bob Esponga! ― Mientras tanto, en la orilla, Diana les mostraba orgullosamente su pelota favorita, la cual tenía ese personaje y otros más impresos en el plástico.

Llevaba un lindo bikini de una pieza, llevando la imagen de otro de sus personajes favoritos, Dorotea; y estaban jugando a tirar la pelota con los demás.

― ¡Ya sabemos quién es, tira de una vez! ― Eso le decía, Josefina mientras se estaba preparando para recibirla.

― ¡Vamos, Bob Esponga, tú puedes! ― Eso le dijo a la pelota, antes de lanzarlo hacía Josefina.

― ¡Es mía! ― Eso gritó Josefina, que levantó las manos para cogerlo, creyendo que iba a atraparlo.

Entonces, Sasha apareció de repente, salpicando a los demás. Golpeó con su palma la pelota y lo mandó hacía los leones marinos, chocando de golpe contra uno. Todos gritaron, creyendo que se iban a enfadar, pero no paso nada. Entonces vino el dilema.

― ¿Quién va a recoger la pelota? ― Eso preguntó Vladimir.

Josefina le dijo a Sasha que fuera ella, ya que la mandó hacia allí, y ésta se movió hacia ahí, diciendo que no había remedio, para al final pasar de él, atravesando la playa.

― ¿Ahora, quién? ― Preguntó Josefina, al ver que Sasha se quitó del medio. Entonces Alsancia, que estaba con ellos, vio en eso una buena oportunidad para ser útil y actuar cómo la adulta que es.

― Y-yo iré. ― Con esto dicho, ella se dirigió hacia la pelota, con temor, aunque pensaba que el león marino no le iba a atacar ni nada parecido.

El balón estaba a los pies de esa criatura, y Alsancia, siendo incapaz de decirle algo por el nerviosismo, intentó tocar la pelota. Entonces, el león marino dio un sonido que la asustó. Josefa y los que estaban jugando con ellas en el agua vieron como la napolitana estaba siendo rodeada por los leones marinos.

― ¡No la hagan daño! ― Les gritaba Josefa.

Y ahí estaba Alsacia, muerta de miedo y rodeada por ciertos de mamíferos que la miraban mal. Era incapaz de decirles algo, y tampoco para pedir ayudar, porque se quedó paralizada del susto.

A continuación, se dirigió hacia ellos para rescatarla, mientras Vladimir y Diana llamaban a gritos a los demás. Y mientras Josefa, intentaba mover a un león marino en vano, aquellas criaturas estaban en silencio, observando detenidamente a la pobre de Alsancia.

Al final, tras mucha intriga en el aire, esas criaturas marinas actuaron: Le empezaron a lamer a Alsancia por todo el cuerpo y a ésta le entraron ganas de vomitar. Entonces, llegó Mao, con palo en mano, gritándoles esto:

― ¡Malditos leones obesos, dejen a mi Alsancia en paz! ―

Y todos dejaron de lamer a Alsancia y miraron hacia Mao. Entonces, se fueron a por él, haciendo un griterío.

Tuvo que salir corriendo, sin saber lo qué le iban a hacer; pero dejaron a Alsancia, quién se quedó en blanco asimilando lo que le habían hecho, mientras Josefina la ayudaba a volver en sí. A continuación, otros leones marinos decidieron acercarse a ellas y la mexicana, al ver esto, salió corriendo con Alsancia.

Desde el lugar en dónde estaban Clementina y los demás no se dieron cuenta de lo que estaba pasando en la orilla, hasta que vieron como los leones estaban persiguiendo a Mao:

― ¡Corran, corran por sus vidas! ― Eso les gritaba Mao, mientras se dirigía tontamente hacia al lugar en dónde se habían instalado.

― ¿Qué coño les has hecho, Mao? ― Eso le gritó Nadezha, quién estaba charlando tranquilamente con Malia, Clementina y Leonardo, al ver que él estaba siendo perseguido por las criaturas marinas.

― ¡Lo importante es correr! ― Y los que estaban allí tuvieron que salir corriendo y dejar lo que estaban haciendo. Entonces, mientras ellos huían, los leones marinos pararon de repente y empezaron a rebuscar entre las bolsas, buscaban la comida.

― ¿Y ahora qué vamos a hacer? ― Decía Clementina, con pena y un poco de rabia, al ver que esas enormes criaturas estaban devorando la comida que les costó muchísimo prepararlo. Ahora no podrían saborearlos.

Ellos estaban escondidos, detrás de unos árboles cercanos. Para el colmo, Nadezha y Mao empezaron a pelearse.

― ¡Eso, Mao! ― Le decía Nadezha enfadada. ― ¿Y ahora que vamos a hacer? ¡Tú tienes la culpa de esto! ―

Malia y Leonardo les pedía que no se pelearan, mientras Jovaka se ponía a defender a Mao, y Vladimir la replicó, defendiendo a su novia. Entonces, el chino, que estaba bastante molesto por aquellas palabras, ya que sabía que no deberían haber estado ahí con todos esos bichos y la rusa le decía que tenía la culpa; añadió esto:

― Esos osos marinos estaban molestando a Alsancia. ― Les replicó Mao y luego se acordó de esas dos y gritó de horror: ― ¡Oh Dios, Josefina y Alsancia! ―

No sabía si estaban a salvo o no, pero se sintió muy mal por dejarlas ahí, aún a pesar de que estaba corriendo por su vida. Entonces, Jovaka soltó:

― Tampoco están con nosotros la Malan y la niña esa. ―

Era verdad, ni Malan ni Sasha estaban con ellas. Les preguntaron a Diana y a Vladimir si sabían algo, pero dijeron que no.

― Voy a buscarlas. ― Entonces, Malia soltó esto, quién estaba realmente muy preocupada por su hermana y las demás, antes de salir corriendo en su búsqueda. Nadezha y su novio se unieron. Junto con Mao, se quedaron los canadienses y Jovaka.

― Bueno, supongo que nos quedaremos aquí hasta que esos leones sebosos terminen de comer. ―

Concluyó Mao, mientras observaba la escena y después de pensar qué hacer durante un buen rato. No se le ocurría ningún plan, ni ninguno de ellos quería enfrentarse a esas cosas que se estaban dando el banquete de sus vidas. Se quedaron escondidos entre aquellos enormes árboles.

Mientras tanto, en otro punto de la playa, Josefina y Alsancia estaban descansando, después de ver que los leones marinos las dejaron de perseguir. La Napolitana aún estaba jadeando por el esfuerzo, mientras la mexicana miraba por todo el lugar.

― Por fin nos dejan en paz esas focas. ― Decía Josefina, mientras se sentaba en el suelo, debajo de un árbol que daba sombra.

Por su parte, Alsancia intentaba asimilar lo que había vivido, aún estaba bastante traumada. No podría dejar de recordar aquel desagradable y horrible sentimiento de haber sido lamida por cientos de leones marinos.

― ¿Ahora cómo podemos volver con los demás? ― Eso se preguntó Josefina a continuación. No quería volver atrás porque allí estaban los leones marinos. Entonces, ella observó en la lejanía una casa de madera, a los pies del bosque.

― ¡Vamos hacia esa casa! ¡Seguro que nos dice cómo volver al pueblo o barrio o cómo sea eso! ― Eso dijo, tras levantar a Alsancia. Iban hacia allí, para preguntar adónde podrían volver a la parada de autobús. Mientras tanto, en otra parte de la playa:

― ¡No hemos visto a Alsancia ni a Josefina por ningún lado! ― Concluyó Nadezha, tras volver, junto con Malia y Vladimir, de la búsqueda. Solo encontraron a Sasha y a Malan.

Habían estado un buen rato en aquella búsqueda, pero, al volver, vieron que Mao y los demás seguían escondidos en los árboles, mientras veía como algunos leones marinos buscaban comida, aún a pesar de que ya se lo habían comido todo.

― ¡No le han enseñado en el zoo que dar comer a animales salvajes es de idiotas! ― Eso les dijo Sasha, de forma burlona.

― Por lo menos nosotros no nos hemos montado en uno como si fuera un caballo. ― Esto le replicó Nadezha, porque así se la encontraron: Subida encima de un león marino, diciéndole que se moviera y éste sin hacerla ni caso. Malia se puso tan roja como un tómate, al recordarlo.

― El comportamiento de estos animales me asombra. ― Eso decía Malan. Esa fue su conclusión, tras ver que ellos hacían cosas poco corrientes. Así se la encontraron, observándolos fijamente, como si fuera una estatua.

― Ahora lo importante es buscarlas. ― Añadió Mao y con esto, todo el grupo empezó a mover en busca de aquellas dos, después de recoger lo poco que dejaron los leones marinos.

Tras andar mucho, hacia la dirección que Mao pensó que habían tomado ellas; llegaron a la casa de madera en dónde llegaron aquellas dos.

Y Mao acertó, allí estaban. Josefina, quién estaba tomando un helado, y Alsancia se encontraban sentadas en unas sillas de plásticos, en la entrada de la casa de madera.

― ¡Pero si son Mao y las demás! ¡Hola! ¿Cómo están? ― Eso les gritó Josefina al verlos, muy feliz, como si no hubiera pasado nada malo. Malia les preguntó si estaban bien, Josefa contestó que sí y, tanto Mao como Nadezha, le preguntaron cómo consiguió el helado.

― ¡Una señora muy amable me dio un helado! ¡Ella dijo que nos quedáramos aquí, esperándoos! ― Eso les respondió, señalando hacía al interior de la casa.

― ¡Yo tabién quielo uno! ― Diana, tras decir eso, entró como un cohete dentro de la casa, mientras su madre le decía que no entrará de esa manera. Ella se introdujo en el hogar en busca de su hija y la encontró dando vueltas buscando a la señora.

― ¡Pues esa mujer no está! ― Decía Clementina al salir con su hija. ― No hay nadie en la casa. ―

― Pero si yo he visto como ha entrado dentro. ― Eso dijo Josefina extrañada, al igual que Alsancia, ella también lo vio.

Entonces, de repente, Clementina, la napolitana y la mexicana se pusieron malas, aterradas, ante las posibilidad de que tal vez lo que vieron ellas no era más que un fantasma, la típica situación de que la casa habitada solo lo está por un espíritu.

― Mejor deberíamos irnos rápido de aquí. ― Eso añadía Clementina, temblando de miedo. Mao preguntó el porqué, Malia dijo que sería feo de su parte irse sin decirle gracias a la mujer por darle un helado a Josefina y Nadezha comentaba, sin darse cuenta de que estaba asustando aún más a las tres chicas, que la casa era muy vieja y parecía estar abandonada.

― ¿Hay alguien aquí? ― Eso decía Mao, al entrar en la casa y para comprobar realmente si había alguien o no en la casa.

Y mientras el resto miraba hacia la casa, alguien había llegado y estaba detrás de ellos. Entonces les saludó, diciéndoles buenas tardes y casi todos gritaron del susto, porque les sorprendieron, antes de girar hacia atrás para ver quién era.

― ¡Es la señora! ¡Está viva! ― Eso gritaba Josefa, y la persona de tercera edad se molestó por estas palabras, provocando que la mexicana tuviera que pedir disculpas. Tenía la altura de Josefa y su cara estaba llenas de arrugas y su pelo blanco la llegaba hasta la altura del cabeza.

Tras eso, la anciana les empezó a preguntar si eran amigos de esas chicas y que les había pasado.

― ¡Oh dios! ¡Los niños de estos días! ¿A quién se le ocurre a veranear rodeadas de esas focas?  ― Al decir esto, empezó a reír sin parar y de tanta risa casi se iba a ahogar. Esa fue su reacción tras escuchar la historia del grupo y a Mao le molesto algo esas palabras, pero no dijo nada.

Después de todo, tenía razón, ¿a quién se le ocurre ir a la playa rodeado de focas? Solo a ellos. A continuación, la anciana cambió de tema:

― Si quieren les puedo preparar algo, como que con tanta gente a una se le entra ganas de comer. ― Esto dijo, al levantarse e ir a la cocina. ― Espero que esta mierda aún funcione. ― Añadió al entrar ahí, con Malia y Nadezha siguiéndola para ayudarla.

Y mientras la anciana estaba preparando un plato típico que le enseñó su madre, les contaba la historia de su vida a sus ayudantes. A ninguna le molestaba, es más, a las dos les gustaba oír la vida de las personas mayores.
Por otra parte, Clementina estaba tranquilizando a su hija, ya que ésta se puso a llorar cuando recordó que su pelota se quedó con los leones marinos. Los demás estaban haciendo una competición de castillos de arenas, cuyo reto era construir el mejor, y cuando estaban a punto de terminarlos, apareció Sasha a destruirlos, provocando el enfado de todos.

― ¡¿Por qué eres tan pendeja, Sasha!? ¡¿Por qué siempre actúas así!? ― Eso le gritaba Josefina a Sasha, y todos le daban la razón, diciendo cosas parecidas.

― ¡Yo soy la reina de América! ¡Y he venido a destruir la monarquía! ¡Os traigo la república- dictadura! ― Eso les respondía.

Tuvo que pasar una hora para que terminaran de hacer la comida, y llamar a todos los presentes, quienes estaban muertos de hambre, tanto que todos comieron todo el plato e incluso algunos repitieron.

Tras descansar de la comida, Nadezha, Leonardo y Malia se incluyeron en la competición de castillos de arenas, más bien para protegerlos de Sasha, que intentaba sin parar a destruirlos. Por su parte, Diana estaba intentando nadar, mientras su madre le ayudaba. La anciana, mientras veía a todos esos jóvenes divertirse, se percató de que alguien estaba preparándose para acostarse:

― ¡¿No vas a jugar con ellas!? ― Le preguntó la anciana.

― No, ya he tenido suficiente. Solo quiero vaguear. ― Eso decía, mientras terminaba de poner el parasol y la toalla.

― ¡Qué perezosa estás hecha! ―

― ¡Pues sí! ― Le replicó a la anciana alegremente, antes de gritarle al grupo: ― ¡Hey gente, no molesten, me quiero tomar una siesta! ¡Malia evita que tu hermana me despierte! ―

Malia le dijo que sí, que iba a estar pendiente de su hermana, y los demás también. Entonces, Mao se acostó, y a los cinco minutos, se quedó dormido. Cuando se despertó, notó como reinaba la paz:

― Por fin, esto sí que es un día de playa normal y tranquila, sin osos marinos ni nada extraño por el estilo. ― Eso se decía Mao, bastante feliz.

Entonces, se dio cuenta de por qué tanta tranquilidad, y era que todo el grupo se había quedado dormido, alrededor suya. Es más, tenía a Jovaka, Malan, Alsancia, Diana y a Josefina, pegadas a él Se arrepintió que reinara la paz. Les gritaba una y otra vez que se levantarán y se quitarán, que ya era tarde y podrían perder el último autobús:

― ¡Vamos, gente! ¡Qué no tenemos todo el día! ― Pero era en vano, nadie se despertaba.

Lo que no sabía es que ya hace rato que lo habían perdido, eran las cinco de la tarde y el último pasó una media hora antes.

FIN

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