Sexagésima_historia

Campamento Sumovov, sexagésima historia: 5º parte (Preludio del final)

Al día siguiente, Mao esperaba con temor alguna represalia por lo de la noche anterior, pero no le llamaron en toda la mañana y él seguía haciendo lo que le mandaron hacer. Khieu también se extrañaba por ese hecho y Jovaka aún le preguntaba qué le había pasado de verdad. Mientras tanto, Josefina y Malan seguían con sus investigaciones:

— Pues nada en espacial, hermana. No vi nada. — Eso le decía molesta Noemí que estaba siendo interrogada por su hermana y tras decirle todo lo que hizo esa noche.

-¿De verdad?- Le preguntó de nuevo Josefa, que apenas confiaba en sus palabras.

— Sí. — Deseaba que la dejara en paz.

— ¡Qué sospechosa te ves! — Añadió Josefa y Noemí, harta de que ser interrogada, le mandó a la mierda, se lo dijo así tal cual.

— ¡Vete a la mierda, tú! — Le replicó Josefina, gritándole muy enfadada, mientras su hermana se alejaba del dúo.

— Deberías ir con cuidado Lenta simpática, al presionar mucho a la gente pasa estas cosas. — Le aconsejó Malan, mientras miraba en un pequeño cuaderno todo lo que había escrito durante el interrogatorio de Noemí, y con Josefina protestando por la mala persona que era su hermana.

— Seguro que ella es la ladrona, seguro. — Concluyó Josefina después de echarle pestes sin parar.

— La verdad, es que tenemos bastantes sospechosos entre las hermanas. —Eso decía Malan mientras repasaba todo lo que escribió. Estuvieron toda la mañana interrogando sin descanso, y había unas cuantas que no tenían una firme coartada, eran precisamente las chicas que formaban la hermandad, las que se dedicaron a asustar a las participantes de la prueba de valor.

— Entonces, ¿hemos terminado? — Preguntó Josefina toda feliz, pensando que esto que estaban haciendo se había terminado.

— Aún nos quedan muchas chicas que interrogar. — Le dijo secamente Malan.

— ¡No, por favor! — Gritó la mexicana, quemada y bastante harta de preguntar, niña por niña, qué habían hecho ellas esa noche.

— Si hubiera alguna manera de bajar los sospechosos…Es más, ni siquiera sabemos cuándo fue la hora exacta del crimen. Sabemos que fue en la noche, ¿pero a qué hora? —

— La Sallin esa dijo que la última vez que lo vieron fue cuando la hermana mayor entró a las seis y media. — Esa información les fue confirmada ayer, antes de terminar de hablar con ella.

— Eso me recuerda que cuando ustedes pedisteis socorro, tras encontrar al asaltante de Mao en esa noche; ella y unas cuantas chicas más entraron para meter a Cook y descubrieron que el cofre estaba abierto. — Malan estaba diciendo en voz alta una parte de los hechos, mientras pensaba en los rompecabezas del incidente.

El problema es que hay un margen amplio entre las seis y media de la tarde hasta las onces menos cinco, que fue cuando encontraron el cofre abierto en la iglesia. Otro sería cuál fue el motivo de que robaran el medallón, aunque Malan pensaba que el motivo era simbólico, que alguien lo robó porque sabía que era muy valioso para Sumovov. Y si era así, entonces, el ladrón la debería conocer muy bien y sus intenciones, aún difíciles de comprender, están dirigidas contra ella. Malan pensaba que lo mejor era acercarse a los sospechosos más cercanos a la hermana mayor, pero no sabía quiénes. Entonces, algo la trajo al mundo real:

— ¡Hey, Diana! ¡Estamos aquí!— Eso gritaba Josefina, saludando a alguien. Malan a lo lejos la vio, con otra niña, igual de pelirroja que Ekaterina Sumovov. Ésta a su vez dirige su atención hacia ellas y les empieza a decir hola alegremente. La otra permanece callada, como si no quería saber nada de Josefa y Martha. A continuación, se acercaron.

— Así, ¿qué está es tu nueva amiga? — Eso le preguntó a Diana para luego presentarse a la niña: — ¡Yo me llamo Josefina! ¿Y tú, nueva amiga? —

Intentó parecer lo más guay posible, poniendo una pose ridícula, pero eso provocó que la nueva amiga de Diana decidió ponerse detrás de ella y a decirle idiota.

— ¡Es que a Natáshenka no le gustas, José! —

— ¿Y por qué? ¡Yo no tengo nada de malo! — Le replicó Josefa, ignorando el hecho de que le llamaba José.

— Pero no le gustas. — Eso le dijo otra vez Diana, mientras su amiga que está detrás suya, lo afirmaba con la cabeza.

— ¡Dana, vámonos! ¡Vámonos a jugar! — Le decía ella sin parar y Diana la hizo caso.

— Me voy a jugar con Natáshenka. ¡Adiós! — Y con estas palabras, ellas dos se fueron deprisa y cuando ya no la podrían ver, Josefina empezó a hablar:

— ¡Qué niña tan desagradable, nos está robando nuestra Diana! —

— ¿Esa chica no se parece en algo a la hermana mayor? — Eso dijo Malan en voz alta. El cabello rojo le recordaba a Ekaterina Sumovov.

— A mi me parece Pippi Longstocking, como lo llaman en mi lindo México, Pepita Calzoneslargas. —Decía eso porque esa niña era pelirroja y tenía dos trenzas en cada lado de la cabeza.

— Obviamente porque es la hermana de Ekaterina. — Esas palabras sorprendieron a Malan y Josefina, que tras girar las dos la cabeza, vieron a Grace Cook. La mexicana quedó petrificada al verla, recordando lo que intentó hacer anoche la segunda de a bordo con Mao.

— ¿Qué haces aquí? — Le preguntó muy seria Malan, quién le miraba con poca simpatía.

— Bueno, quería decir que perdón por lo de anoche a la hermana Mao. Por favor, decirle que lo siento mucho. — Con la cabeza agachada y con las palmas juntas, les suplicaba a las dos.

— ¿Y por qué no lo haces tú? — Le preguntó Josefina señalándola con el dedo.

— Puedo preguntarte algo, ¿por qué querías atar a mi Ojou-sama? — Mao no les quiso decir exactamente el porqué Cook quería atarlo.

— Espera, ¿quería atar a Mao? — Josefina anoche no se enteró muy bien de los acontecimientos en que estuvo presente y no supo eso. Y conocer eso, la dejó estupefacta. Entonces la mente de Josefina se iluminó, creyó haber llegado a la solución de este fatídico caso. ¿De qué otra manera quería atar a Mao si no fuera porque había visto su crimen?

— ¡Tú eres la ladrona! ¡Tú y solo tú! — Le gritó Josefa victoriosamente. Tanto Malan y Cook se quedaron preguntándose qué estaba diciendo la mexicana.

— ¡Vamos confiesa! — Le decía Josefina, quién se sentía toda una ganadora. — ¡Ya no tienes escapatoria! —

— Pero si yo no he robado nada…— Eso le decía Grace, incapaz de entender lo que le estaban acusando.

— ¿Y entonces por qué querías atar a Mao? — Le preguntó esto, creyendo que, con esas palabras, se sentía acorralada e iba a rendirse de una vez y declarar que era la culpable. Se la imaginaba yendo a un coche de policía, siendo acompañada por agentes de la ley mientras gritaba que si no hubiera sido por esa chica entrometida todo su plan hubiera acabado bien.

— Ya basta, Josefina. ¡Deja de creerte Sherlock Holmes! — Esas palabras fueron de Mao que apareció, junto a Khieu y con Jovaka, quién estaba, como siempre, pegada junto a él.

Mao había visto a Cook aparecer antes ellas y decidió acercarse y evitar que intentara hacer algo malo con Josefa y Malan, si quería liarla que fuera con él y ni con sus chicas. Ésta le decía que no iba a las iba a hacer daño y que quería hablar, quería explicarle de alguna manera lo que le paso anoche. Nadie, especialmente Jovaka y Martha, querían dejarlo solo, pero tuvieron que hacerlo por petición del chino. Así, el resto observaba a lo lejos la conversación que tenían esos dos.

— ¿De qué estarán hablando? — Se preguntaba Josefina mientras veían a la lejanía como Mao intentaba evitar que Grace Cook le abrazara.

— ¿Esa perra, por qué la intenta abrazar de esas forma? — Añadía muy molesta Jovaka, con ganas de darle un guantazo.

— Su comportamiento es bastante extraño. Primero la intenta atar, y luego estas súbditas muestras de cariño. — Decía Malan, extrañada e incapaz de comprender sus acciones lógicamente.

— Lo único que sé es que la imagen seria e inteligente que tenía de ella se ha arruinado desde anoche. — Esa es la conclusión que tuvo Khieu, después de ver los acontecimientos.

Y mientras tanto, lo que hablaron entre ellos fue que ella iba a mantener su secreto, tras escuchar las razones de Mao para estar en la hermandad, de que le obligaron. Cook le pedía fervientemente que la perdonara y tuvo que aceptar las disculpas, temeroso de que  podría haber represalias si le decía que no, y ésta de pura felicidad intentaba abrazarlo. Él tampoco entendía lo que pensaba esa chica tras concluir la charla, pero le dio un dato interesante.

— ¡Hey, Josefina! ¡Tengo algo para ti! — Eso le dijo a Josefa al volver con ellas, y ésta le preguntó emocionada qué era.

— ¡Sabes, esa Grace me ha dicho una cosa muy curiosa! Estaba en el bosque siguiendo a la hermana de Sumovov y a una niña rubia. Las vio alejarse de las demás que esperaban la prueba de valor y pues eso. —

Al escuchar esas vagas descripciones, Malan recordó a Diana y a su nueva amiga. Decidió indagar un poco más, ya que empezó a sospechar. Josefina no se enteraba de nada, seguía pensando que Grace era la ladrona.

— ¿Cómo es la hermana de ella? — Le preguntó Malan a Cook, con la esperanza de que le dijera algo.

— Es la única pelirroja, aparte de la grande.  —Eso les respondió Mao.

Él ya sospechaba algo, pero decidió que Malan y la autodenominaba detective Josefina se la arreglaran, ya que después de todo tenía sus propios problemas. Y con esto dicho, les dijo que iba a hacer unas cosas y se alejó de ellas.

— ¿Las vas a dejar así? ¿Y si la lían por creerse detectives? — Le preguntaba Jovaka algo preocupada y ésta fue su respuesta:

— Tiene a Malan, y de todos modos todo esto parece una simple jugarreta. ¡No hay nada de qué preocuparse! —

Eso pensaba Mao, aunque en el fondo temía que Josefina provocase más problemas de los que había ahora, pero confiaba en que Malan podría evitarlo. Tras alejarse, Malan le dijo muy serio a Josefina:

— Josefina, debemos observar a Diana y a su nueva amiga. —

— ¿Por qué? — Esto lo preguntaron tanto la mexicana como Khieu, quién aún estaba con ellas, y las dos apenas se habían enterado de lo que ocurría.

— Ellas tal vez sean la llave para todo esto. — Josefa y Khieu aún seguían sin enterarse de nada.

A Malan le costó mucho hacer que Josefina se enterase de que Grace no podría ser la ladrona y que las más sospechosas eran Diana y su amiga. La mexicana decía que era imposible que ella fuera una ladrona, aunque tal vez su amiga. Khieu escuchaba todo esto como buena cotilla, para luego quitarse del medio y dejarlas solas.

Josefa no podría asimilar el hecho de que su querida Diana, un ángel puro e inocente, estuviera metida en un robo e intentó pensar en una forma para contradecir las sospechas de Malan, a pesar de que todo lo que dijo tenía mucho sentido. En su interior, empezó a luchar entre creer en la inocencia de su amiga o en la lógica de Martha.

Malan, al ver que se lo estaba tomando demasiado serio, decidió decirle esto:

— Tenemos que observarlas por si hay algún comportamiento sospechoso, ¡solo eso! ¡No estoy diciendo que ella es la culpable, podría ser inocente, pero hay que demostrarlo! —

— ¡¿En serio!? — Le preguntó Josefina. — ¡¿Si nosotras hacemos eso, demostraremos la inocencia de Diana!? —

Y se lo repitió de nuevo para que se enterase de una vez.

— ¡Vale! — Gritó Josefina, totalmente animada. — ¡Vamos a descubrir este misterio de una vez por todas! —

Eso hacía, mientras señalaba al cielo, segura de que iban acertar de una vez por todas y de demostrar la inocencia de Diana.

Entonces, las dos juntas decidieron seguir de cerca de Diana y a su amiga Natáshenka, aunque lo primero era buscarlas. Su búsqueda duró hasta al mediodía, después de la merienda. A partir de ese punto, empezaron a observarlas.

Josefina exageraba haciendo su trabajo, que además lo hacía mal, ya que dónde se escondía todo el mundo la veía y de una forma tan sospechosa, que provocó que llamaran a las encargadas varias veces porque una chica rara las estaba espiando y tenían miedo de ella. A pesar de los consejos de Malan, que le explicaba cómo debía hacerlo; no hubo resultados positivos. Hasta la pelirroja se dio cuenta de sus presencias y no paraba de mirarlas una y otra vez con sospecha, mientras le decía cosas a la oreja a Diana.

Al llegar la noche, después de terminar todas las actividades que estaban programados para hoy y tras acostarse todas, Diana salió de la cama en dónde dormía y salió de las habitaciones.  Malan, que se hacía otra vez la dormida, se levantó y, para no perder tiempo, despertó a Josefina de un guantazo.

— ¿Por qué me hiciste eso? — Le gritó Josefina tras sufrir eso, siendo su boca tapada por las manos de Malan.

— Perdón por eso, pero es difícil despertarte con los métodos convencionales y podemos perder de vista a Diana. —

Al escuchar eso, Josefina salió corriendo para perseguirla y descubrir la verdad. Rezaba desesperadamente que Diana se hubiera levantando a hacer sus necesidades en el bosque o algo parecido, a pesar de que la caseta en dónde dormían tenían servicios. En su mente, buscaba alguna excusa para que ella fuera inocente, porque salir por la noche, cuando todos estaban durmiendo, era muy sospechoso. Malan la siguió.

Khieu, quién fue despertada por los gritos de la mexicana, vio como éstas se fueron y al ver que lo hacían por segunda vez, decidió despertar a Mao. Perdió unos minutos valiosos, boquiabierta, después de observar como Jovaka dormía en la misma casa que él, abrazándolo fuertemente. Volvió a preguntarse qué relación tenían aquellos dos, porque eso no era normal.

— ¡Hey, Mao! — Le decía eso, mientras le sacudía los hombros sin parar. — ¡Esas niñas se han marchado! —

— ¿Eh? — Le decía Mao, muy somnoliento y algo molesto por ser despertado. — ¡Pues búscalas y déjame tranquila! — Con el brazo intentaba espantar a Khieu.

— Tendré que salir. — Añadió, al comprobar que Mao no iba a mover su trasero. A continuación, salió de las habitaciones y tras comprobar que su linterna tenía pilas y al ver la inmensidad del bosque, se introdujo en él para buscarlas y descubrir de una vez que pasaba.

FIN DE LA QUINTA PARTE

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