Sexagésima_historia

Campamento Sumovov, sexagésima historia: Última parte (La Reconciliación)

La noche veraniega estaba refrescando un poco, cuando la pequeña Diana se reencontró con su amiga Natáshenka en lo más profundo del bosque que ocupa el campamento. Ella estaba nerviosa y alterada y que, tras esperar impacientemente, le dijo esto:

— ¡M-mañana es el último! ¿Qué hacemos ahora? — Le gritaba a su amiga esperando una respuesta.

— ¡No te preocupes, es ahí cuando es la megor palte! —Le replicó toda ilusionada Diana.

— ¿En serio?  —Tenía dudas de lo que podría ocurrir.

Descublen que tú eles la mala, y ella te dice por qué y tú contestas que pasa más tempo con eso que con ella, sale colliendo, llolando, y te seguila, y luego ella lecapacita y te dice que tendla tiempo para ti.

Le explicaba Diana su plan, quién era realmente el cerebro, mientras escarbaba en la tierra, buscando algo a los pies de un árbol. Sonrió cuando lo encontró y lo sacó de ahí. Era un medallón que llevaba la imagen de San Francisco de Asís, la misma que habían robado hace días atrás.

— Pero tengo miedo de que ella me odie y no me perdone. — Eso decía mientras se imaginaba a su hermana, Ekaterina Sumovov, diciéndole cosas horribles y abandonarla.

— Confía en Dana, esto une a las familias, que he visto eso en la tele. —

Diana estaba muy segura de sí misma, porque, después de todo, para ella la televisión nunca mentía y que, para recuperar el amor de una hermana, lo mejor es atraer su atención con cosas feas para luego un final en el que se reconcilian. Creía al cien por cien que su plan iba a funcionar, que empezó el primer día, cuando vio a Natáshenka, alejada de los demás:

— ¿Pol qué estás ahí? — A diferencia de las demás, Diana al ver aquella chica sola le dio mucha pena y decidió acercarse y hacerle compañía.

— Porque quiero. — Eso le dijo de una forma muy desagradable, deseando que se alejará de ella.

— ¿De veldad? — Ella no creía que las niñas les gustaban estar solas.

— Prefiero estar aquí sola que con las que roban a mi hermana. — Eso le decía mientras le entraba ganas de llorar.

— ¿Las helmanas se pueden loban? — Diana no entendía cómo se podría robar una persona.

Lo que le pasaba a aquella niña es que se sentía abandonada por parte de su hermana. Ekaterina estaba siempre junto a Natáshenka, cuidándola y jugando con ella hasta que creó la hermandad. Ella, mientras tenía gran parte de su tiempo haciendo obras benéficas, la otra veía como esas cosas le impedía estar con su querida hermana. Eso la hacía sentirse sola, ya que tenía pocos amigos y cuando intentaba atraer su atención, le decía que no tenía tiempo. Se unió al campamento para ver si podría tener algo de tiempo juntas, pero ni eso. Por eso estaba triste y estaba enfadada por todos, creyendo que ellos tenían la culpa. Algo parecido le explicó ella, cuando veía que no la dejaba en paz y entonces Diana, decidió actuar:

Yo te ayudalé. — Eso le decía Diana mientras le daba la mano. — ¡Yo sé cómo hacel que tu helmana te vuelva a quelel!-

Y con esto dicho, ella empezó a maquinar algo. Cuando se enteró de que Ekaterina tenía un colgante, que simbolizaba la decisión que le ayudó a crear la hermandad; a Diana se le ocurrió la idea de robarlo y de montar un drama digno de ser sacado por televisión. Ahora solo faltaba mostrarle a su hermana que quién la robó fue Natáshenka y que ésta se fuera corriendo al arroyo. Luego, con la amenaza de tirarlo al agua, sacarían el amor que llevaba por ella.

Mientras ellas estaban dudando si volver con eso escondido entre los bolsillos o dejarlo ahí, Malan y Josefina estaban detrás de un árbol cercano, espiándolas:

— ¿Por qué? ¿Qué le ha hecho esa niña a Diana? —

Josefina no se lo podría creer, que su dulce e inocente Diana fuera una ladrona, casi se iba a poner a llorar. Intentó echarle la culpa a la otra chica, a pesar de que ésta hablaba como si fuera la mente criminal.

— ¡Ella no es así, jamás haría algo así! — Y lo peor de todo es que no paraba de repetirlo, como si fuera un disco rayado. Parecía que la pobre estaba totalmente traumada por tal horrible hallazgo.

Por su parte, Martha Malan intentaba escuchar la conversación que estaban teniendo las niñas pequeñas, pero Josefina no le ayudaba mucho, quién no paraba de expresar con lamentos su profunda decepción, y eso que no le paraba de pedir que se callara. Aún así, tampoco se esperaba que Diana fuera la mente maestra del robo, ni mucho menos que podría hacer algo tan rastrero, a pesar de sus buenas intenciones y de su corta edad.

— La televisión es demasiado perjudicial para esta niña…— Añadió algo horrorizada.

Pero ellas no eran las únicas que estaban espiando, detrás suya estaba Khieu, también escondida detrás de un árbol, preguntándose qué estaban viendo esas chicas, ya que apenas podría ver lo que observaban por la oscuridad y la vegetación. Y estaba tan absorta en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que dos personas más aparecieron:

— ¿Qué están haciendo? — Y una de ellas preguntó.

Entonces Khieu dio un chillido antes de girar la cabeza hacia atrás. Al hacerlo, vio muy sorprendida a Noemí, la hermana de Josefina, y aunque no lo creía, a la hermana mayor, Ekaterina Sumovov.

— ¿Qué hacen aquí? — Les preguntó, aún sin salir de su asombro.

— La hermana Girasol me despertó diciéndome que había visto a mi hermana salir misteriosamente de los dormitorios. — Después de todo, la hermana de Josefina era una de las encargadas del grupo en dónde estaba Natáshenka.

— ¿Qué hace ahí Josefina? —Eso se preguntaba Noemí al darse cuenta de que su hermana y su amiga estaban espiando detrás de un árbol.

— Eso es lo que intentó averiguar. — Le respondió  Khieu, mientras Ekaterina empezó a dirigirse hacia ellas.

Esas dos inconscientemente le preguntaron nerviosamente qué iba a hacer, ya que quería seguir espiando. Y ella se lo dejó bien claro dignamente:

-¡Quiero saber que está pasando!- No dijeron nada más.

Y al acercarse a Malan y a Josefina, vio entonces la escena, de cómo su hermana y una chica que no conocía estaban hablando mientras tenían el colgante tan importante que le habían robado.

— ¡No puede ser…! — Murmulló boquiabierta, al ser incapaz de asimilar que su hermana y decidió aparecer en escena y pedirle explicaciones.

Caminó dignamente hacia esas dos, pasando delante de Malan y Josefina, siendo estas sorprendidas por su súbdita aparición. Y les gritó como si fuera una madre a punto de regañar:

— ¿Me puedes explicar qué es todo esto? — Natáshenka quedo aterrada y paralizada, al ver que su hermana apareció ante ellas exigiéndoles una explicación y Diana, por el contrario, dijo esto:

— ¡Demasiado plonto! — Y con esto dicho, agarró a su amiga de las manos y salieron corriendo a hacer la próxima fase de su plan.

— ¡No corran! — Les gritaba Ekaterina, quién salió detrás de ellas.

Malan salió pitando igualmente, Khieu y Noemí, también. Josefa se quedó en blanco al intentar comprender de dónde salió la hermana mayor, y se quedó más aturdida de lo que estaba al ver que su pariente y la satánica aparecieron también. Tuvo que olvidarse de eso, al darse cuenta que se estaba quedando atrás y tenía que correr para saber que estaba ocurriendo, porque no entendía nada de nada.

Cuando llegó ella, Diana y Natáshenka estaban delante de un pequeño arroyo, con ésta última amenazando con tirar el colgante a aquellas aguas, mientras Ekaterina, Noemí, Khieu y Malan estaban delante de ellas, sin comprender ninguna lo que querían hacer esas niñas.

— ¿Qué está pasando? — Les gritó Josefa cuando llegó.

— Eso nos gustaría saber. — Eso le contestó Khieu. Entonces, Diana le dio un codazo a su amiga, para decirle que ya era la hora de su función.

— ¿Me quieres, Ekaterina? — Eso le gritó Natáshenka a su hermana.

— Pues claro que sí, eres mi hermana. — Le respondió, pero su hermana apenas creyó en esas palabras, ya que recordaba todos esos momentos en su hermana se dedicaba más a la hermandad que a ella.

— Pues…pues…— Intentó decir algo, pero no pudo, porque empezó a luchar contra las ganas de llorar. Tras varios segundos de silencio, ella no pudo más y rompió a llorar.

Luego, gritó, cuando vio que podría hablar: — ¿Por qué no juegas conmigo? —

— Estoy muy ocupada. —

—Siempre dices lo mismo, siempre, ¡siempre! — Su grito de furia se oyó por todo el lugar. — Estás todo el día con eso y pasas de mí. —

Aquel triste grito dejó callada a Ekaterina durante varios segundos, empezó a pensar seriamente sobre su relación con su hermana.

Recordaba todas las veces que venía totalmente agotada de las reuniones de la hermandad y su hermana Natáshenka le pedía que jugara con ella. Sus negativas provocaban en su hermanita una expresión tan triste que le rompía el corazón, prometiéndose que para la próxima vez iban a jugar.

Pero nunca llegaba, siempre tenía que dejarlo para otra ocasión. Si no tenía que liderar la hermandad, tenía que estudiar o actuar como presidenta del comité de estudiantes. Nunca tenía tiempo para su hermana, una chica que le costaba mucho poder hacer amigos y cuyos padres siempre están tan ausentes como su ella. Se dio cuenta del error que estaba cometiendo, de que estaba desocupando a su familia.

Mientras Ekaterina parecía estar conmocionada ante lo que se había dado cuenta, los demás reaccionaron de forma diferente:

— ¿Entonces todo esto es por déficit de atención? —Eso dijo Noemí, quién sentía que todo lo que estaba liando era por culpa de una tontería como esa.

— ¡Pobrecita! — Por el contrario, Josefina estaba conmovida, con ganas de llorar. — ¡Solo quiere que su hermana esté más con ella! —

Noemí miró mal a su hermana, recordando todas las veces en que Josefa le gritaba que le dejara en paz y que no se acercara, cuando quería hablar con ella o que le ayudará. Le entraron muchas ganas de darle un buen puñetazo por lo hipócrita que era. Malan, se quedó callada, peguntándose cómo iban a terminar esta insólita situación y Khieu no podría creerse que estuviera metida en un drama tan estúpido, solo porque ignoraban a una niñata.

Tras varios segundos de silencio, que para Natáshenka fueron eternos, que esperaba impacientemente que su hermana dijera algo; Ekaterina, al final, le habló, con toda su sinceridad y arrepentimiento:

— Me he dado cuenta de algo. No puedo ayudar a los demás si me desentiendo de mi gente, de mi familia, y menos de ti. Pensando en hacer bien en mi trabajo me he olvidado de ti. ¡Encontraré una manera de que poder dedicarme a la hermandad y estar contigo, así que no llores más! —

Natáshenka se quedó pensando durante varios segundos, preguntándose si su hermana estaba diciendo la verdad y si podría ser capaz de hacer eso; pero decidió creer en ella y, mientras se limpiaba los ojos de lágrimas, le preguntó esto:

— ¿Me lo prometes? ¿De verdad?  —Su hermana le dijo con la cabeza afirmativamente.

Entonces, Ekaterina abrazó a su hermana pequeña entre sus cálidos brazos y ésta empezó a llorar como nunca. La hermana mayor, que estaba a punto de llorar, le pedía dulcemente que no llorase más, que todo había terminado.

— ¡Parece que todo ha terminado bien! — Decía Josefina, mientras lloraba a mares.

Aquel final feliz le parecía tan hermoso que no pudo contener las lágrimas. Se alegraba un montón por la pequeña Natáshenka y no paraba de decirle mentalmente que fuera muy feliz con su dulce y buena hermana mayor, aparte de tenerle un poco de envidia porque sus hermanos eran horribles.

Luego, le soltó este pequeño comentario hacia su hermana Noemí, mientras se limpiba las lágrimas: — ¡Deberías ser tan buena hermana que ella! —

— ¡Bah! ¡La que debe cambiar eres tú! — Le replicó con tanto desagrado, ya que estaba realmente molesta y enfadada por la reacción exagerada de su hermana; que toda la alegría que sentía Josefina se perdió de golpe y se volvió en furia.

— ¡No, eres tú! — Eso le gritó, con el mismo tono de desagrado.

A continuación, Noemí y Josefina empezaron a gritarse la una a la otra, acusándose sin parar, echando mutuamente en cara todas las cosas malas y desagradables que se hicieron; llegando al punto de volverse muy intenso.

— ¡¿Ahora qué le pasan a estas!? — Preguntó Khieu, al ver cómo éstas se gritaban violentamente, insultándose de todas las maneras posibles, tanto en español como en inglés. Ni quiso intervenir, solo se quedó mirándolas.

— Supongo que a esto llaman amor de hermanas…— Añadió Malan, quién tampoco decidió detener la pelea. Le parecía muy interesante observar que, mientras unas hermanitas se reconciliaban, abrazándose mutuamente; otras se estuvieran matando vivas.

— ¡Pelea, pelea! — Y para el colmo, Diana estaba animándolas.

Al final, como nadie las detuvo, se pasaron de las acusaciones y los insultos a las manos, a pegarse entre ellas. En ese momento, decidieron intervenir:

— ¿Qué hacen idiotas? — Eso les gritaba Khieu, mientras intentaba detenerlas, pero éstas le empujarlo contra al suelo.

— ¡Tranquilícense, chicas! — Añadió Malan, que acabó como Khieu.

Y con tantos empujones y puñetazos, de alguna manera u otra, cayeron encima de Ekaterina y Natáshenka, quienes ignoraron el hecho de que esas dos estuvieran peleándose. Por culpa de eso, el colgante salió disparado hacia la cara de Diana. Ésta lo esquiva como si fuera un ninja y cae al agua.

— ¡Ah, el colgante! — Gritó Natáshenka, quién se levanto de golpe y se metió en el agua para cogerlo.

Después de todo, parecía que era poco profundo, pero entonces ella se dio cuenta de que no era así. Apenas alcanzaba el fondo y el agua empezó a llevársela.

— ¡Ayuda, Ekaterina, no sé nadar! — Eso gritaba desesperadamente, mientras intentaba luchar contra el agua.

— ¡Natáshenka!  — Gritó su hermana totalmente aterrada, quién se lanzó al agua y empezó a nadar a por ella, ayudaba por las mismas fuerzas que empujaban a su hermana hacia al mar.

Los gritos de su querida hermana, que no paraba de pedirle ayuda de forma desesperada, le impulsaban a alcanzarla lo más rápido posible, como si ella fuera un nadador profesional. No sabía si podrían luchar contras las fuertes corrientes del arroyo o si fue muy suicida lanzarse sin pensar, pero tenía que salvarla, sea como sea, no quería perderla por nada del mundo.

— ¡Idiotas, mirad lo que habéis hecho! — Les gritaba Khieu, mientras perseguía por la orilla a las hermanas, intentando pensar cómo podrían sacarlas de ahí.

— ¡Ha sido culpa suya! — Se acusaban mutuamente Josefa y Noemí mientras corrían como locas y se miraban con caras de odio y desprecio.

Malan y Diana observaron el hecho de que el colgante se había incrustado entre las rocas de la orillas solo a pocos metros, a diferencia de Natáshenka. La pequeña lo cogió, mientras la africana le decía que no se quedará ahí, que tenía que ayudar a esas dos.

Al final, Ekaterina fue capaz de atrapar a su hermanita y sacarla del agua, le costó muchísimo pero pudo luchar contra la corriente y llegar a tierra firme. Tras salir del arroyo, las dos apenas podrían moverse y empezaron a recuperarse del esfuerzo. Después de un corto silencio, la mayor empezó a preguntarle una y otra vez si estaba bien. Natáshenka en vez de decir que lo estaba, volvió a empezar a llorar, sintiéndose culpable de tirarle al agua una cosa de tan suma importancia para su hermana.

— ¡Lo siento, yo no quería! ¡Yo no quería! — No paraba de repetirlo, mientras lloraba a moco tendido.

— ¡No importa, no importa! ¡Lo importante es que estés bien! ¡Eso es lo importante, de verdad!  —

Después de todo, perder un colgante no era nada comparada con sentir que iba a perder a su hermana. Era un sentimiento tan horrible e indeseable que deseaba no volverlo a sentir en lo que le quedaba de vida.

Entonces, fue cuando llegaron los demás.

— ¡Lo siento mucho!- Eso les decía Josefina apenas llegar, quién se sentía tan culpable de haberlas tirado al agua que empezó a llorar.

— ¡Yo no quería hacer eso! —Noemí también se sentía culpable, aunque le daba vergüenza reconocerlo.

— Menos mal que soy hija única. — Añadió Khieu en voz baja, tras ver las cosas habían terminado. Se alegraba de no tener que soportar todo lo que había visto aquella noche.

Y a lo lejos, Malan y Diana veían la escena, con el colgante entre manos.

— ¡La tele tenía lasón! — Añadía orgullosamente la pequeña Diana, antes de reír tiernamente, intentado actuar como uno de sus villanos favoritos, mientras contemplaba victoriosamente cómo había resultado su plan. Se sentía todo un genio.

Malan se quedó mirándola, pensando en un buen argumento para poder explicarle que copiar todo lo que salía  a la vida real podría ser peligroso, concluyendo que la televisión estaba teniendo un impacto muy negativo sobre ella.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s