Sin categoría

Crónica de la Guerra Civil, sexagésima segunda historia.

Estos hechos que voy a relatar ocurrieron en el verano del año 201X, entre el siete de julio hasta el veintinueve de agosto, según el calendario juliano, fueron escritos por orden de la Zarina Elizaberth I, Señora indiscutible del Zarato y su pueblo, para las generaciones futuras. Yo, su sirvienta personal, os narraré la Guerra Civil que ganó Nuestra Majestad contra La Luisiana y sus seguidores.

El conflicto comenzó cuando nuestra Zarina aceptó su cargo y juró ante todos ser ministra de Dios y Gobernadora Suprema del Pueblo, apareciendo de repente La Luisiana, queriendo obligarla a abdicar, algo que Nuestra Majestad no iba a aceptar por nada del mundo.

Nadie sabía quién era La Luisiana ni cómo llegó, pero sé sabe que era una extranjera, que llegó aquí asaltando a pobres inocentes y fue atrapada finalmente, condenada a muerte. Eso ocurrió a principios de ese mismo año, cuando Sajonia I aún seguida gobernando y fue ella quién la indultó, sentenciando así su muerte. Desterrada casi a los límites del Zarato, vivió como esclava del jefe de la aldea, o eso parecía. Sus deseos de poder aparecieron e hicieron que al final eliminará a aquel para sustituir su liderazgo. Vio que su posición peligraba al ver que la madre de Nuestra Majestad investigaba la muerte de él, la mató. Entonces, se creyó que tenía la capacidad y la fuerza para someter al reino con sus manos.

Así era ella, su corazón era tan negro como su piel y su soberbia era tan grande como su falta de modales, más parecía hombre que mujer, siendo esto burla entre sus seguidores, siempre detrás de sus espaldas. Para La Luisiana, sus aliados no eran más que carne de cañón y su trato con ellos nunca era bueno, pero unieron sus fuerzas con tal bicho para eliminar la dinastía que estaban gobernando el Zarato.

Tras aparecer en la coronación de la legítima Zarina y pedir con descaro su corona, Nuestra Majestad la dejó ir por piedad. Este altercado fue una noticia que recorrió como nunca el Zarato llegando en menos de tres días a los rincones más remotos.

Entonces se produce en cientos de pueblos rebeliones y conspiraciones contra la corona, siendo unas un fracaso, y cuyos autores fueron sentenciados a muerte; en otras vencen y se unen a otras rebeldes.

El Zarato se vio envuelto en una anarquía durante una semana, nadie sabía con certeza que estaba pasando en varios lugares, todo eran rumores. Nuestra Majestad no perdió el tiempo, rápidamente empezó a formar un ejército para establecer la paz en el reino.

— Queridos súbditos, vienen tiempos difíciles para nuestro reino y nuestros pueblos. Alguien ha engañado a nuestros hermanos para alzarse contra nosotros, los quiere utilizar como trapos para instaurar su tiranía, os hablo de La Luisiana. Ya es demasiado tarde, no podemos evitar la lucha, así que en mi nombre predicad la guerra y liberadlos de sus garras. —

Así animaba su pueblo desde su palacio, el diez de julio, un día aún envuelto en multitud de rumores. Toda la ciudad vino, todos la escucharon atentamente y cuando terminó su discurso, las gentes se levantaron decididas a luchar por la Zarina, el Zarato y la paz. La guerra solo había empezado.

— Así que, ¿casi todo el valle de Arák, el de Malyyarák y Redskinsland está bajo el control del enemigo? —

Estás palabras de la Zarina se dirigían a su General, quién estaba reunido con ella y con todo el gabinete de gobierno y otros altos cargos del gobierno. Estaban analizando la situación que se había formado una semana después del diez de julio.

— Hay algunos pueblos que están a nuestro favor en esos lugares y los están asediando. El Alto Malyytavda ha sido erradico de rebeldes. —

Esto le dijo el General, dejando claro que el Zarato se había dividido en dos bandos. Ahora lo importante era vencer al territorio rebelde, auxiliar los pueblos aliados e ir a por La Luisiana y los suyos, así de claro se los dejó Nuestra Majestad y tras la reunión les dijo a todos esto:

— ¡La Luisiana nunca ha dirigido un ejército de verdad, no sabemos si dejará a sus aliados tomar el control o hacen todo lo que ella diga, pero hay que tener cuidado, puede actuar como una verdadera bestia y eso podrá sorprendernos! Con esto hemos concluido nuestra reunión y pueden marcharse, ¡mantenerme avisada! —

En menos de veinticuatro horas llegaron noticias que intranquilizaron a su Majestad. Ciento y veinte hombres del bando contrario tomaron el paso que unía el Bajo Malyytavda con Malyyarák hace dos días. Rápidamente la Zarina decidió actuar, dictando una estrategia a seguir a su ejército.

— Preparen una gran hueste hacía el paso de Amalyyav y recuperen esa posición y otra irá hacía al valle de Arák. —

El plan de Nuestra Majestad era ésta: Atacar en dos frentes, una desde el paso de Amalyyav para recuperarlo y quedarse allí, actuando como un señuelo para las tropas enemigas, mientras la otra iría subiendo por el valle de Arák hasta terminar en Redskinsland. Dejó que los generales discutiesen los detalles, quienes sorprendidos de que una niña hubiese planeado tal cosa, aceptaron el plan.

El problema sería la cantidad de hombres a poner en una frente y otra, ella propuso que los de Amalyyav fuese en mayor número que los de Arák, para engañar al enemigo haciendo parecer que un gran ejercito iban a atacar por el primer lugar. Algunos decían que la travesía hacía Redskinsland sería difícil y costosa y necesitaría muchos más hombres y recursos. El debate fue largo e intenso pero nuestra Zarina propuso una solución a tal dilema.

— El ejército de Arák dispondrá de un arma que nunca habrán visto nuestros enemigos y que los aterrará tanto que huirán como cobardes. —

Lo que proponía Nuestra Majestad era el uso de vehículos del exterior, grandes y enormes que podrían albergar un montón de hombres y armas, desconocidas en estos lares, que podrían matar a miles en segundos. Eran diferentes de los tanques, usados a veces por su madre, siendo muchos más ligeros y rápidos que éstos. Todos decidieron estar de acuerdo con el plan, y al día siguiente se lanzo una hueste formada por cuatrocientos hombres hacía al paso de Amalyyav, mientras preparaban la otra con lo mejor del Zarato y negociando con el exterior.

Mientras tanto se llega la noticia de que una hueste aliado recuperó Amalyyav con mucho esfuerzo, sobreviviendo solo la mitad de los hombres y esperando refuerzos. Nuestro ejército al conocer esto se dio deprisa para llegar allí.

Y con esa hueste, de trescientas personas, tirando hacía ese paso; otra se preparaba para por el valle de Arák, con los cinco camiones militares, como así lo llamaban, traídos del exterior. La preparación tardó dos días, para salir al mismo tiempo que llegaban noticias de que los refuerzos han llegado al paso de Amalyyav y la Zarina decidió hacer algo que muchos no podrían aceptar.

— ¡Nuestra Majestad, no puede ir usted con nosotros, tiene que quedarse en el palacio, protegida! ¡Ir con la hueste es un peligro para su vida! —

Eso le decía uno de sus generales. La Zarina deseaba acompañar a la hueste a conquistar el valle de Arák y llegar a dónde estaba La Luisiana, y muchos nos pusimos en contra. Ella no podría poner su vida en peligro, pero nos convenció al final, con el compromiso de no formar parte de la batalla. Y con esto, nos lanzamos a la conquista.

Fue a la entrada del valle, en la tarde de la mañana siguiente, cuando dos ejércitos, el nuestro y uno rebelde, chocaron provocando una batalla. El enemigo se formó apresuradamente cuando sus espías le informaron de nuestro paso y bajaron para evitarlo, en vano. Los camiones ahuyentaron a la caballería y miles de soldados rebeldes huyeron, muriendo muchos en la retaguardia por ellos mismos. La batalla fue un gran éxito y duro solo menos de dos horas, aunque los camiones desde este punto solo iban a servir para trasladar hombres y provisiones.

Los siguientes dos días fueron de marcha hasta llegar a Alerlevov, una aldea fortificada por la anterior Zarina, y que estaba situado y que controlaba uno de los lugares más estrecho del valle. Tenía que ser recuperada sí o sí y por eso se la asedió. Solo duraron seis días, ya que se impidió cualquier ayuda externa y no tenían casi nada para aguantar, también había otra razón, fueron convencidos por su Zarina.

— Yo, Vuestra Zarina, no estoy disgustada con vosotros. Sé que habéis sido engañados por el enemigo por falsas promesas y si os rendís, no os pasara nada, os perdonaré. No habrá ni ejecuciones por rebeldía ni privilegios a perder, siempre y cuando aceptéis la completa rendición. ¡Os abrazaré y me olvidare de todos vuestro crímenes hacía la corona! —

Esto le explicó a los defensores, a las puertas de sus murallas, poco antes de que se rindieran y de que nuestras tropas habían entrado en la plaza. A continuación, tardamos casi tres semanas en atravesar el valle hasta llegar a la desembocadura del afluente Malyyarák. La lentitud de nuestra marcha fue por los diversos asedios que tuvimos que realizar, el máximo duró los cinco días, otros menos y por suerte, hubo pueblos que se rindieron sin rechistar. Y como prometió La Zarina no hubo ejecuciones, ni para los cabecillas, es más muchos líderes de las aldeas conquistadas se pusieron a nuestro servicio y los que no lo aceptaron huyeron al territorio enemigo.

Cerca de la desembocara del afluente Malyyarák tuvimos el asedio más difícil, el de la aldea Ralyyakák, que estaba fortificado con una traza italiana, herencia de la antigua Zarina, y allí se había juntado todos los que huyeron de las aldeas que fueron dominadas.

— Nosotros no nos vamos a rendir, antes de que ella ponga un pie nos mataremos todos. —

Eso decían los defensores y Nuestra Majestad, toda apenada, supo que no podrían negociar su rendición y decidió no solo rendirlos por la fuerzas, sino destruirlos completamente. Los próximos tres días nuestros huestes rodearon la aldea de una empalizada de madera, poniendo un campamento dentro de ella, y Mi Señora ordenó que se construyeran túneles bajo sus murallas para poner explosivos mientras se esperaba que desde la cuidad llegará refuerzos, que traían armas del exterior capaces de destruir grandes trozos de pared. Y no solo eso, se tenía planeado que, cuando se abrieran las murallas y se entrara en la aldea, se quemase todo sin que quedara nada.
Al cuarto día del asedio, llegó una hueste rebelde procedente del valle de Malyyarák, dispuesta a liberar a la aldea.

Nuestras tropas con el temor de ser asediadas, salieron a enfrentarse al hueste y se enfrentaron a las dos de la tarde, comenzando una de las batallas más sangrientas de todas.

Utilizados los camiones como un elemento sorpresa para romper las líneas enemigas, nuestros soldados persiguieron a los huidos hasta los bosques, siendo masacrados cientos de ellos. Los capturados fueron llevados ante la Zarina para que fuesen perdonados, aceptando la condición de luchar por la legítima dueña del trono.

Tras este esperpento de batalla, se siguió adelante con el asedio. La aldea era bombardeada día y noche, sus murallas apenas pudieron resistir y muchos defensores morían sin pensar ni siquiera en una honorable rendición. Tres días después, sucumbieron sin necesidad de aquellas armas del exterior que pidió la Zarina.

Así el veinticinco de Agosto, se quemó toda la aldea de Ralyyakák hasta dejarla en cenizas, salvo sus murallas. La Zarina mandó instalar un campamento y la construcción de un nuevo pueblo y mucho mejor. Y en ese día llegaron un montón de noticias. Muchos mensajeros traían noticias de que muchos pueblos tanto del valle de Malyyarák como algunos de Redskinsland pedían la paz y se postraban ante su nueva Zarina. También llegaban noticias de que el centro de la rebelión se estaba conspirando contra La Luisiana, cuyo comportamiento tirano y su poca valía como general estaban creando conspiraciones para matarla y de que ésta estaba cortando varias cabezas de sus propios aliados. Nuestra Majestad, consciente de tales hechos, decidió esperar a que cayera por su estupidez y que los rebeldes que quedaban se entregarán voluntariamente.

Al final, tras tres días, cuando llegaron indios de Redskinsland a pedirle que sometiera el lugar porque se estalló un conflicto entre ellos mismos y nadie podría parar tal orgía de sangre menos ella, decidió adentrarse y poner paz al lugar. En solo dos jornadas, todos en enterarse de su aparición y la buscaron para que enviara tropas para poner paz, y llegó al centro de lo que fue territorio rebelde.

Así, el veintinueve de Agosto, al llegar a la aldea de Tallyvocav, y tras firmar con los rebeldes que quedaban; llegó la paz al Zarato, algo que todos celebraron sin parar. Se supo que la principal responsable de todo, La Luisiana, tras ver cómo le habían intentando eliminar, provocó la muerte de varios de sus aliados y huyó hacia las montañas, y nuestra Zarina mandó que la buscaran durante días sin éxito alguno.

Así fue el conflicto que intentó privar a Nuestra Majestad de su legítimo ascenso al poder y gracias a esto, mientras se desarrollaba el conflicto, ella pudo eliminar algunos de los muchos elementos que podrían fastidiar los grandiosos planes que tenía para el Zarato.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s