Sin categoría

La muñeca maldita, septuagésima quinta historia.

Como todos los buenos norteamericanos, nosotras, las gemelas Aleksandra y Sanacja Pilsudki, vamos a hacer nuestro especial de Halloween, ese día en el que te disfrazas de algo aterrador y te vas de casa en casa pidiendo golosinas. En vez de hacer eso, vamos a contar una pequeña historia de terror, cien por cien real.

Un buen día, fuimos a aquella iglesia en dónde a veces pedíamos comida o cosas de primera necesidad, y nos encontramos a un sacerdote que no sabía qué hacer con una caja que le donaron, ya que, según él, las cosas que tenía dentro no le servía. Se salvaron de ser tiradas a la basura, gracias a nosotras que le pedimos que nos lo regalase. Tras conseguirlo, nos lo llevamos a la casa de la jefa, a nuestra base secreta, sobre un carrito de la compra que encontramos por la calle casualmente.

— ¿Qué es esto? — Esto fue lo que dijo nuestra jefa, a quién tuvimos que atraer la atención, porque tenía cero interés en lo que habíamos traído.

— ¡No lo sabemos! — Eso le respondimos y ella nos miró mal.

— ¿Y entonces, para que lo habéis traído? — Eso nos preguntó. Al parecer, no se dio cuenta que era nuestra intención, que era traerlo aquí para que ella lo mirase, ya que era la jefa y tenía mejor ojo que nosotras, quienes sabíamos con gran intuición que había algo útil que podría financiar nuestro grupo criminal.

— ¡De todos modos, míralo, míralo! — Le pedimos sin parar que lo hiciera, con cada una de nosotras moviéndole los brazos y ella aceptó al momento, diciendo que vale, dos o tres veces.

— En fin…— Eso decía mientras abría la caja. — ¡A ver qué hay aquí! —Su cara se iluminó de repente y con una increíble intensidad, sonreía de oreja a oreja. Empezó a sacar cosas, hablando solo de precios y de lo que sí servía y lo que no y de lo bien que vendería.

A nosotras, todas esas cosas solo nos parecías viejas y pasadas de modas, aunque sentimos un poco de atracción hacia un libro con un aspecto muy aterrador y con nombre raro; y con una máscara de piedra de origen azteca igual de siniestra.

En fin, lo único importante para esta historia era una muñeca de trapo, cuyos ojos eran botones, con un lacito en el cabello, que extrañamente parecía y se sentía casi igual a la de una persona; y con una sonrisa muy siniestra. Tenía un vestido que mezclaba el negro y el blanco y que recordaba una época muy lejana, bastante elegante y que tenía un aíre a señorita, pero de esas ricachonas malvadas. Mao observó el hecho de que uno de sus bracitos estaba a punto de caer y le salía el relleno, aparte de que estaba muy estropeada.

— ¡Esta cosa si se arregla, se venderá bien! — Eso lo decía mientras la observaba sin parar, nosotras le dijimos que no, que nadie quería algo así.

— ¡Hay de todo en este mundo, no se crean! — Nos replicó, y le tuvimos que dar la razón, porque en ese momento salía en la tele un hombre que decía ser adicto a las cacas, y qué asco. Llamó a Clementina y ésta bajó, preguntándole qué quería.

— ¡Ya que tienes práctica con coser, arregla esto! — Y con esto dicho, le dio la muñeca, y al verla, puso una cara de horror.

— ¿En serio, quieres que te lo arregle? — Eso decía con ganas de darle a otro esa muñeca. — ¡Da grima! — Nosotras estábamos de acuerdo con ella. Aún así fue capaz de arreglarla y Mao lo puso a un precio muy alto, e increíblemente lo vendió.

El señor que lo compró era un padre de una familia de Australia o algo de así, ya saben, la tierra de los canguros y koalas. Tenía una hija muy bonita, de pelo moreno y largo, hasta a la cintura, llamada Klara Ben-Gurión. Decente tanto en los estudios como en los deportes, pero con una vida feliz, y llena de amor y felicidad. La muñeca era su regalo de cumpleaños y le gustó, por algún motivo extraño.

— ¡Te voy a llamar Dolly! —

Eso decía aquella chica, mientras reía de felicidad en la cama, mientras lanzaba al aire su muñeca sin parar para cogerla.

La pobre no sabía una cosa, ¿Sabéis cuál era? ¡Que esa muñeca estaba maldita! ¡Tenía un alma dentro, lleno de maldad y odio!  ¡El de una niña que sufrió una horrible infancia y que murió a temprana edad de la peor forma posible!

Y aquel ser empezó a observaba día a día cómo era su vida, lo bien que le trataban sus padres y el amor que se tenían, cómo tenía amigos geniales, que la ayudaban cuando podrían; cómo tenía un perro que siempre estaba con ella, de cómo tenía una casa tan grande y bonita, de cómo le permitían tener caprichos, pero sin pasarse; de cómo iba a su querida escuela poco preocupada por sus estudios y ser capaz de sacar un cinco en todos; de cómo, en general, tenía una vida sin grandes problemas, desocupada y feliz, a pesar de algún que otro decepción. Todo comparado con lo que aquella niña infeliz tuvo, hizo que esa muñeca empezará a envidiarla sin parar para terminar en un profundo y horrible odio. ¡Ahora si comienza lo bueno!

Al pasar las semanas, Klara se sentía más cansada que nunca, y a pesar de que siempre se acostaba lo más temprano posible. Sus padres la llevaron dos o tres veces al médico, pero no encontraron nada anormal. ¿Qué le estaba pasando? Eso se preguntaba.

Y entonces comenzó a tener sueños muy extraños. Al principio, era que estaba yendo por la calle, en mitad de la noche, tirándoles piedras a animales. Pero de todo eso se olvidaba y no le daba importancia, hasta que un buen día se quedó muy sorprendida cuando oyó una conversación entre niños de sus escuelas.

— ¿Tú, has oído de que hay una niña que está atacando a todos los animales? — Le decía un chico a otro.

— ¡Qué bestia! ¿Por qué le hace daño a los animales? — Eso le respondió el otro, mostrando repulsión hacia la persona que estaba haciendo eso.

— ¡Es lo mismo que en mis sueños! — Eso se dijo en voz baja, que sentía que esas dos cosas parecían tener relación, y se quedó muy extrañada. Tras terminar las clases, pensaba que eso no era posible, que solo se estaba pensando en tonterías.

Pero la cosa no se terminó ahí. Entonces soñaba que empezó a tirarlos a las ventanas de sus vecinos, y atacar a gente con un bate de beisbol.

Cuando se despertaba, se miraba las manos, preguntándose si era realmente pesadillas, porque ya estaba dudando de que fuera eso. Y escuchaba sobrecogía como todo lo que soñaba ocurría en la realidad. Y eso no era todo, sus amigos se alejaban de ella o le acusaban de cosas que ella no había hecho, como que los insultaba por teléfono o que hacía que se enfrentaran entre ellos. No lo entendía, no lo podría entender, por mucho que pensase y ya se estaba desesperando.

Entonces, un buen día, al abrir sus ojos, vio como sostenía un bate y lo levantaba, con su mejor amiga delante de sus ojos, llorando y totalmente aterrada. Se dio cuenta, sin poder creérselo, que casi la iba golpear ella misma.

— ¡Yo no lo quería hacerlo! — Eso gritaba ella muy conmocionada, tras tirar el bate al suelo. — ¡Ni siquiera sé cómo he llegado aquí! — Salió corriendo, lo más rápido que podría. — ¡Lo siento, no quería hacerlo! —

Tras correr y correr, llegó a la puerta, que estaba abierta, de su casa, cansada y llorando, preguntándose qué le estaba ocurriendo. Se dio cuenta de que algo estaba mal en ella, que la controlaba, mientras dormía, por las noches para hacer cosas horribles.

Entonces, es cuando empezó a tener miedo de ella misma y se encerró en su habitación, para no poder salir a hacer daño, nunca más.

Tras eso, sus padres intentaron sin parar sacarla de ahí, al ver que no salía de ahí para nada y no entendían tampoco el motivo por el cual se encerró. Se fueron a la escuela para ver si alguien se metía con ella, y al parecer era su hija la que se metía con los demás. Les preguntaron a sus amigos si sabía que le había pasado, pero no lo sabían, al igual que ellos, se dieron cuenta de que estaba muy extrañada. Hasta llamaron a un psicólogo para ver si sabía algo.

Mientras tanto la pobre niña, intentaba todo lo posible por no dormir, porque sabía que si lo hacía, haría daño a alguien. Nunca lo conseguía, siempre volvía a la calle por la noche para hacer cosas horribles. Harta de todo, gritó qué le pasaba, que por qué hacia eso cuando dormía; y entonces alguien con voz de ultratumba le contestó, ¿sabéis lo que le dijo?

— A destruir todo lo preciado que tiene tu vida. —

Esas escalofriantes palabras, la hicieron retroceder hasta la pared. Temblaba cómo nunca lo hizo, mientras un sudor frio le recorría el cuerpo. Y con los ojos cerrados, y a pesar de que su corazón latía rapidísimo por el miedo, tuvo la osadía de decirle a aquel, sea lo que sea, esto:

— ¿Por qué? ¡Y-yo no te he hecho nada! — Le gritaba, pero nadie le respondió, solo había silencio en su habitación. Entonces empezó a gritar, sentía que se estaba volviendo loca, que estaba oyendo voces inexistentes. Se tumbó en la cama, deseando que solo fuera una simple pesadilla y que su vida volviese a ser la de antes. En menos de cuatro minutos, se quedó dormida.

Entonces empezó a soñar de nuevo, de que veía que una persona, iba andando por los pasillos con un bate, que lo arrastraba.  Al mirar por un espejo, se dio cuenta era ella misma, pero actuando como si fuera otra persona. Tenía una mirada de psicópata aterradora y cantaba una canción que apenas desconocía. Vio, también, que se estaba dirigiendo hacia la habitación de sus padres y supo que iba a cometer una monstruosidad.

— ¡Párate, cuerpo! ¡Párate, ellos son mis papás y no han hecho nada! —Eso intentaba decir, pero no podría hablar. Intentaba controlar su cuerpo para detenerlo, pero se seguía moviendo.

Al entrar a la habitación, ella vio lo que iba a hacer, y intentó usar todas sus fuerzas para detenerse, pero todo esfuerzo era en vano, e impotente, veía como ella misma golpeaba cruelmente a sus queridos padres, que estaban plácidamente dormidos, hasta dejarlos irreconocibles y llenar la cama de la sangre de sus papás.

— ¿Por qué? ¿Por qué? — Gritó, gritó cómo nunca, al ver que lo hizo; y en ese momento en que podría volver a controlar su cuerpo. Ella cayó al suelo traumada, con las manos puestas en la cabeza, chillando sin parar. Entonces, escuchó una risa de ultratumba y su mirada se dirigió hacia la puerta. Y vio horrorizada, como la muñeca flotaba en el aire, y se acercaba a ella.

— ¿Has sido tú? ¿Tú eres la que has controlado mi cuerpo? — Le gritaba mientras se puso contra la pared. — ¿Por qué? ¿Por qué me has obligado a matar a mis padres? — Le exigía a aquel monstruo.

— Porque tu vida es demasiada buena. — Eso le decía, mientras se reía la condenada, para luego, gritar enfadada: — ¡Y no estoy satisfecha! ¿Por qué tu lo has tenido todo y por qué yo no? ¡No lo mereces! —

— No lo sé, pero, por favor, ¡No me hagas daño! — Eso decía, mientras se ponía de rodilla y se tapaba la cabeza. No le importaba los motivos, solo quería que la dejase en paz y se fuese, que no le hiciera algo horrible.

— Por supuesto, que no haré daño a mi nuevo cuerpo…— A aquella niña se le erizó la piel al escuchar eso, sentía que ya estaba perdida. ¿Y sabéis lo que pasó entonces?

Qué aquella horrible muñeca le sacó el alma de la niña, mientras le gritaba que no, y al sacársela le dijo esto ese ser:

— ¡Adiós! — Eso dijo, tras abrir la boca y devorar el alma de la niña, masticándolo incluso. Sus últimas palabras era que tuviera piedad de ella.

Y aquella alma empezó a reírse frenéticamente de pura locura, aunque al final aún no se sentía satisfecha, ya que solo le quedaba una cosa por hacer, quemar la casa. Así lo hizo, y miraba al futuro con grandes esperanzas, con crear y tener una nueva vida mejor que la que tuvo.

Así terminó nuestra historia, y esa fue la que contamos aquel día de Halloween en la casa de Mao, ya que hicimos una fiesta de pijamas, a pesar de la negativa de nuestra jefa. Las reacciones eran diversas, y algunas divertidas.

— ¿E-eso pasó de verdad? — Eso preguntaron tanto Clementina y Josefina, quienes estaba abrazadas juntas, por puro terror, esa historia le produjeron muchísimos escalofríos.

— ¡Solo el principio, señoras, lo demás es pura ficción!  — Eso les dijo Mao, quién ni le prestó nada de atención nuestra historia.

Vimos que Alsancia estaba llorando, porque le dio mucha pena la chica de la historia; Jovaka intentaba asustar aún más a Josefina, y Diana se unió a ella, porque le mucha daba risa como se ponían esas dos; Malan nos dio la enhorabuena por crear una historia decente, y la rara esa, llamada Candy, que estaba con nosotras; no les paraba de sacar fotografías y diciendo que estaban lindas, de esa forma.

Pues bien, es cierto que solo el principio fue real, todo lo demás nos lo inventamos; pero lo extraño y aterrador viene después, en la mañana siguiente.

— ¡No pude dormir por vuestra culpa, tenía miedo de que eso apareciera y me devorase el alma! — Eso nos decía Josefina algo enfadada, cuando ella y nosotras íbamos a comprar algo en el supermercado. Y aún ella seguía teniendo miedo a pesar de que era de día, lo notamos por el temblor.

— ¡No te preocupes, me tienes a mí, que soy la mayor de todas! ¡Si te aparece, yo con mis hechizos lo mandare! — Eso le gritó la rara de Candy, quién nos estaba acompañando. Tras decir eso y hacer una postura sacada de algún comics que ven los frikis, vimos a lo lejos de la calle una casa que estaba quemada y como buenas cotillas que somos nos acercamos a ahí. Vimos cómo delante de la casita quemada, había una mujer y una chica de nuestra edad, mirándolo. Entonces, nos quedamos de piedra, porque esa chica se parecía mucho a aquella muñeca. Y empezamos a temblar cuando ellos su cabeza hacia a nosotras.

— Buenos días. — Nos saludó educadamente ella, saludándonos como si fuera una princesa, y la persona mayor también lo hizo, pero de forma normal.

— ¡Buenos días! — Eso le dijimos todas.

— ¿Ustedes son de por aquí? — Nos preguntó la vieja.

-Pues no, la verdad.- Y eso contestó la rara.

— Perdón, solo era para preguntarle si vieron algo raro, ya que esta noche esta casa ardió, y hace poco otra. — Eso decía mientras nos señalaba eso. — Se siente como si fuera una oleada de incendios provocados por un terrible loco. — Nosotras nos miramos sorprendidas y recordando que lo que paso en el final de nuestro cuento.

— Mi querida tía, ya le dijo a vos que fue un simple accidente. — Eso le dijo a su tía, y esas palabras nos parecían muy sospechosas. Josefa se acercó a nosotras y, con terror, nos dijo al oído preguntándonos si en nuestra historia no hubo también un incendio.

— ¿Ardió esta casa? — Eso preguntó la rara de Candy, diciendo lo que era bien obvio.

— Sí, y mis padres murieron en él, ¡qué pena! — Josefa y nosotras, dijimos mentalmente que lo mismo que en la historia, y nos pusimos aún más nerviosas.

— ¿Y cómo se llaman? — Eso dijo, a continuación, Candy, mientras sacaba su cámara. La tía le dijo su nombre, y todo normal; pero cuando le tocó el turno de la niña, ya nos dio escalofríos:

— Me llamo Klara Ben-Gurión. — Chillamos como locos, y nosotras nos aferramos a Josefina, quién estaba igual. Nosotras nos inventamos el nombre por casualidad, y todo lo del incendio y de la muerte de sus padres era igual que en nuestra historia de ficción, ¿cómo era posible?

— ¿Les pasa algo chicas de la tienda de antigüedades? — Eso fue la gota que colmó el vaso, porque pensábamos que ella nos conocía de cuando llegó como muñeca en la casa de Mao; y salimos corriendo, aterradas, chillando sin parar; diciendo que nos iba a robar el alma. Josefa nos siguió, gritando y llorando; mientras Candy y la tía se quedaban muy boquiabiertas, preguntándose qué nos pasaban.

FIN

 

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s