Septuagésima_primera_historia

La radio y el mar: Primera parte, septuagésima primera historia.

 

A las tres de la tarde, Mao se estaba tomando una siesta en su habitación. Jovaka estaba jugando con la consola que habían dejado en el salón, mientras Alsancia y Diana miraban como Clementina estaba haciendo un bizcocho para aprender de ella. Malan estaba leyendo un libro. Leonardo estaba hablando con un viejo cliente, quién había venido a comprar alguna antigüedad. Entonces, es cuando entraron enérgicamente a la casa las gemelas, quienes gritaban hola a todo volumen.

― ¡Qué bien huele! ― Añadió Alex, al llegar al salón y al oler el aroma del bizcocho. Su hermana asintió, mientras olía como un perro:

― ¡Oh, es cierto! ¡Huele tan bien que se abre el apetito! ― Tanto una como la otra se le hacían la boca agua. Entonces, las dos se reafirmaron en la idea de que ir a la casa de Mao era siempre buena, porque tenían siempre deliciosa comida, comparado con la suya, cuyo rácano padre apenas podría pagarlo por las múltiples deudas que tenía y por ingresar dinero a la secta que estaba perteneciendo.

Le preguntaron a Jovaka qué estaban haciendo en la cocina, y ésta las ignoró, estaba bastante concentrada en el juego que se había olvidado del mundo real. Al irse a la cocina, sorprendieron a las tres que estaban ahí y tras saludarlas, les preguntaron dónde estaba la jefa. Al saber la respuesta, sonrieron pícaramente, mientras subían a la habitación de Mao.

Mientras tanto, el durmiente Mao estaba teniendo un sueño muy peculiar.

― Y aquí tienen, señores y señoras, a la nueva miss Shelijonia de este año.  ¡Felicítenla, a esta gran hermosura! ―

Eso gritaba un hombre con esmoquin, cuyo rostro se veía borroso y tenía voz de famoso que parecía familiar a Mao, pero no recordaba de quién. Así mismo, él estaba en medio de un escenario muy colorido, dándole un gran premio a Mao. Éste, sin creerlo, lo recibió boquiabierto, mientras veía a un montón de chicas con bikinis y un variado y extraño público le aplaudían.

― Pero si yo no quería participar. Ni siquiera soy una…― Les replicó Mao, con un rostro lleno de estupefacción. Le interrumpió el presentador, que añadió, con lágrimas en sus ojos:

― Observad la humildad de nuestra participante, es imposible tener a una candidata mejor. ― Y el resto empezó a llorar, como si hubieran visto a un  santo. Mao, que aún seguía sin entender nada, intentó decir algo más.

― Pero si yo…― Y entonces, el lugar se llenó de una luz y Mao abrió los ojos. Era la puerta que estaba abierta y todo lo que vivió fue un sueño muy raro.

― ¿Quién ha dejado la puerta abierta? ― Preguntó a continuación Mao, medio dormido, tapándose los ojos.

Entonces, Mao vio como su concha empezó a elevarse y a tapar un poco la luz de la puerta. Luego, de ahí empezaban a salir intentos de voces de ultratumba:

― ¡Somos fantasmas! ― Le decían estas cosas, mientras se movía de un lado para otro. ― ¡Y te vamos a comer! ―

Fácilmente, comprendió de quién eran esas voces. Se trataba de las gemelas que se escondieron bajo su concha e intentaron asustarlo. Les iba a decir algo, pero no le dio tiempo.

― ¡Hola, Mao! ― Josefa apareció de repente, saludándole animadamente; pero ella solo vio la extraña figura que estaba formado por las gemelas y la concha, y dio un fuerte grito. Todos corrieron al cuarto a ver lo que pasaba, preguntando a gritos, muy asustados; qué ocurría.

― ¿Qué es eso? ― Eso dijeron algunos algo consternados, cuando vieron tal figura. Las gemelas, creyeron que podría ir más lejos con la broma, y empezaron a soltar voces de ultratumba. Mao decidió quitarles la manta de encima y mostrarles a los demás que solo eran ellas.

― Esto no ha tenido gracia. ― Les comentó a las gemelas. Josefina le dio la razón a Mao, y las gemelas empezaron a soltar excusas. El resto se alivió e incluso empezaron a reírse de la situación, algo que reprochó la pobre de Josefa, que tuvo un susto de muerte. Al poco rato, todo seguía igual de tranquilo y normal. El bizcocho había sido terminado y todos estaban comiendo, cuando Leonardo le dijo que había otra visita.

― ¿Aún más? ¡Esto no es un hotel! ― Protestaba Mao. ― ¡Déjalo pasar, sea quien sea! ― Se arrepintió de haberlo dicho, al ver quién había llegado.

― Ho-hola a todas. ― Porque la persona que llegó era Grace Cook, quién al saludar, notó como el ambiente se volvió incómodo y hostil.

Mao escupió el agua que estaba bebiendo, Malan y Jovaka se levantaron de repente, poniendo una posición de combate por si ella intentaba hacer algo malo al chino; Josefina, se puso detrás de Diana, temblando; Clementina y Alsancia no entendía que pasaba y las gemelas pensaban que un terrible enemigo había aparecido y se estaban preparando para el ataque. Cook no sabía qué decir o qué hacer para relajar el ambiente y hacerlas entender que estaba en son de paz.

― ¿Qué quieres? ―Le preguntó muy serio Mao a Cook. Esas palabras algo desagradables le hicieron pensar si era mejor irse y no pedirle el favor, pero ya que estaba ahí ya no tenía más remedio.

Ella se acercó y dejó en la mesa un libro de cuadernos. Todos se quedaron en blanco, mientras leían eso.

― ¿Qué es esto? ― Le preguntó Mao.

― Una obra de teatro. ― Eso le respondió Cook, y todos seguían igual de confundidos. Al final, se dio cuenta de que debía ser directa.

― Quiero que tú y tus amigas representen una obra una teatro. ― Y con estas palabras se desató el caos.

― ¿En serio? ¿De verdad? ¡Qué sea Julieta y Romeo! ¡Qué sea Julieta y Romeo! ― Eso decía Josefina, rezando para que eso pasase. Según ella, representar esa obra es una experiencia única para una chica.

― Yo haré de Romeo y Mao de Julieta. ― Replicó Jovaka, fantaseando.

― No hay nadie mejor que yo para representar el papel de Romeo. ― Añadió Malan, quién creía que tenía un gran talento teatral, al escuchar las palabras de Jovaka. También fantaseaba porque Mao fuera su Julieta.

Incluso Alsancia, utilizando el lenguaje de los signos, tímidamente; dijo qué quería participar de Romeo, para sentirse como alguien capaz de luchar por su amor y contra las convicciones sociales.

Al ver que todas se querían pelear por el papel, Josefina decidió que, para evitar rivalidades, decidió dejarlo todo a suerte:

― ¡Vamos a jugar a tijeras, papel y piedra para determinar cuál hace de Romeo! ―

― ¡No vale! ¡No hay gemelas en Romeo y Julieta! ― Protestaron las gemelas, quiénes deseaban un papel a su medida.

― ¿Por qué tengo que ser yo Julieta? ― Protestó Mao, quién no entendía por qué todas querían que él fuera la protagonista femenina.

Y así Malan empezó a presumir de sus artes escénicas, y Jovaka se burlaba de aquella habilidad. Josefina defendía a la africana, insultando a la serbia y ésta la replicaba. Las gemelas y Diana metían más cizaña al fuego por pura diversión, mientras Clementina y Alsancia intentaba parar la pelea verbal. Cook, que quería explicarles que estaban equivocadas, intentó tranquilizarlas; pero no podrían. Al final, Mao tuvo que intervenir:

― ¡Callaos ya! ¡Qué la loca esta aún no ha dicho nada! ― Gritó Mao, como si fuera un general y todas se callaron y se pusieron en su sitio. Le dijo a Grace que lo explicará y, aunque estaba molesta por llamarla loca, lo hizo.

― No es Romeo y Julieta, por favor. Nuestro público son niños de primaria, y esa obra está llena de muerte y los protagonistas tienen graves problemas mentales. Y lo que vamos a representar es una original, creada por mí. ―

Esto último que dijo, lo mostró con gran orgullo y satisfacción, mientras se ponían bien las gafas con una sonrisa. Los demás, al oír eso, temieron que fuera algo estúpido.

La historia trataba de una radio de dos pescadores que cayó al río y llegó al mar. En lo más fondo del océano, los peces lo encuentran y, al ver que su música lo salvan de un tiburón, lo hicieron su rey y formaron un reino. Todos los días, hipnotizados por su música, bailaban sin parar, hasta que un buen día llegan unos marineros a arrastrarlo todo con sus redes e imploran a su majestad para que le salven. Se pone el canal de música clásica y desata una tormenta que hunde el barco y sus tripulantes mueren, terminando así la historia. Todas al leer al argumento, miraban muy mal a la obra de Cook, quién protestó contra esas miradas.

 

― ¡Qué tampoco quiero crear la obra del siglo! ¡No tienes pretensiones morales ni nada parecido, solo quiere divertir a su público! ¡Y realmente estoy pensando en cambiar el final! ¡Matar a los pescadores y de esa forma es muy desagradable! ¡Y no voy a cambiar de obra, porque no se puede! ―

A pesar de que la obra les parecía muy ridícula, aceptaron rápidamente y le decidieron hacer el favor, aunque Mao le preguntó por qué recurrió a él y a sus amigas. Esta fue su respuesta:

― ¡Pues porque todas las de mi clase no quieren hacerlo y la hermandad apenas tiene gente para cubrirlo ahora! ―

Le pidieron a Cook que siguiera la vieja tradición de su prestigioso instituto a dedicarle una obra de teatro a los primeros de Primaria, pero nadie de su clase quiso. Pero esa era su excusa, porque sus verdaderas intenciones para pedirles el favor era para acercarse a Mao, después del mal comienzo que tuvieron. Sonrió siniestramente, al ver que estaba funcionando como ella pensaba, tras responderle. El chino ignoró aquella expresión, a pesar del escalofrió que le dio.

Al día siguiente, les llevó a todos el lugar dónde iban a ensayar y en el cuál iban a actuar:

― ¡Increíble, esto es tan gigante como una universidad! ― Comentó Mao, realmente boquiabierto; cuando vio el instituto de Grace Cook, el San Jorge de Capadocia.

Con cientos de metros cuadrados dedicados a todo tipo de instalaciones deportivas, desde el atletismo hasta el futbol americano; llegando al punto de tener un jardín botánico; era una enorme institución educativa, que era parvulario, escuela e instituto, todo a la vez. Por supuesto, todo esto no era gratis, era la más cara de toda Shelijonia, y por la cual iba lo más selecto de todo el norte de la isla, e incluso tenía apartamentos para alumnos que venían de otros estados o países. Sus edificios, de clara inspiración de arte ruso, y la magnitud del lugar sorprendieron a todas.

― ¡Se nota que esto es un lugar para ricos! ― Decía Alex, una de las gemelas.

― ¡Esto es demasiado para nuestros ojos plebeyos! ― Añadió su hermana Sanae. Era demasiado deslumbrante para las dos, que estaban en el umbral de la pobreza.

Grace, quién ya estaba acostumbrada al lugar, se quedaba sorprendida ante el comportamiento del grupo, que veían con gran asombro cómo era el sitio dónde ella estudiaba. Se decía que no era para tanto. Luego, ella se acercó a Mao para preguntarle algo que llevaba rato en su cabeza:

― ¿Quién es esa? ― Le preguntaba señalando a alguien del grupo, una chica que llevaba una camiseta con un kanji que significaba algo insultante y que estaba con la cámara de fotos, diciéndole a Mao que la mirara hacia ella y sacará su mejor sonrisa. No le dio tiempo a mostrarlo, porque le hizo una y el flash casi lo dejo ciego. Al ver como Josefina, las gemelas y Diana le pedían a la mujer que le sacaran las fotos, se lo dijo a Cook:

― Es otra loca que no me deja en paz, dice que me buscó por todo el verano, y no sé por qué, y viene cada ciertos días a molestar, se llama Candy o algo así. ―

Cook respondió incómodamente que vale y luego vio cómo aquella chica, empezó a molestarla, pidiéndole que pusiera un gran sonrisa, mientras le sacaba una foto.

― Al parecer, no ha salido muy bien. Vamos a intentar con otro. ― Decía Candy, mientras le enseñaba la foto. Después de comprobar que tenía una mirada de psicópata, le dijo que no quería hacerse más fotos y le preguntó a Mao por qué la trajo:

― Ella cuando se entero me dijo que nos iba a ayudar, con los trajes y todo eso. Mientras nos sirva de ayuda, todo irá bien. ― La respuesta de Mao no la tranquilizó, porque sentía que esa mujer iba a ser muy pesada, ya que no le dejaba de implorar que le hiciera más fotos.

Y al llegar al teatro del recinto, se quedaron igual de asombrados cuando entraron en el lugar. La sala parecía el interior del Palacio Garnier de Paris, y en cierta forma, lo imitaba. Mientras las más adultas miraban sin parar lo lujoso que era el sitio, las más jóvenes empezaron a subirse al escenario.

― Aquí es dónde va a ser nuestro debut. ― Decía Josefina mientras tocaba la madera del escenario.

― Daremos lo mejor de nosotras para que las Bullying girls lleguen a lo más alto. ― Sentenciaban las gemelas.

― No tienen remedio. ― Comentó alegremente Malan, al observar que aquellas dos seguían creyendo que eran un grupo de chicas delincuentes.

― ¿Qué hacen todas estas niñas aquí? ― Entonces, un anciano apareció por detrás del escenario sorprendiendo a todos, provocando algunos gritos innecesarios. Era alguien importante de la institución, al parecer, y eso lo sabía Grace Cook, quién se acercó para decirle algo.

― Estas chicas son las que van a presentar la obra de teatro que disfrutarán todos los niños de nuestra escuela. ―Eso le dijo, esperando que no les echará o algo parecido.

― Ninguna de estas niñas me suena. ― Eso lo decía el viejo, mientras las miraba fijamente. ― ¿Son de aquí? ― Grace temió decirle algo, no quería que las echasen para afuera por no ser gente de la escuela. El viejo, por su parte, esperaba que las participantes fueran simples chicas de las clases de bachillerato, como todos los años.

― No importa, supongo que son un nuevo grupo de teatro que busca un lugar para hacer su trabajo desesperadamente. ― Ninguna regla decía que tenía que ser alumnas, así que decidió hacer lo que Cook hiciese la gana, después de todo, confiaban en ella. Con esto dicho se quitó del medio para ver un programa de ballet que esperaba con impaciencia.

― ¿Qué fue eso? ― Preguntó Mao, al ver con la rapidez había aparecido y desaparecido el anciano.

― ¡Eso no importa! ― Le decía Grace. ― Ahora vamos a comenzar nuestra primera práctica. ― Y con esto dicho, comenzó el duro camino que resultaría practicar la obra.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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