Septuagésima_sexta_historia

Las Flores del Mal: Quinta parte, septuagésima sexta historia.

— Necesito saber que está ocurriendo. — Eso se dijo por tercera vez Malia, mientras miraba el paisaje nevado. Hacía poco que ella se levantó en su segundo día dentro de la habitación y no sabía el porqué. En realidad, no entendía nada de lo que ocurría. Ya estaba mucho mejor, después de haber llorado sin parar, y esperaba impacientemente que alguien viniera y le diese alguna respuesta. Entonces, la puerta se abrió y de ahí entraron, dos chicas. Eran Cammi y Zvezdá, quién ésta última dejó sorprendida a Malia de lo altísima que era.

— Ustedes no son… — Entonces, recordó que ellas eran las chicas que le hicieron dormir con cloroformo.  Disgustadas por haber hecho tal cosa, querían pedirle perdón.

— ¡Lo siento! Yo, ella. —Lo decía Cammi en un mal inglés. — ¡No queríamos hacer eso, es verdad! — Mientras terminaba esas palabras, Zvezdá movía la cabeza para abajo y para arriba, para decir que sí, que también estaba arrepentida. Lo decían de una forma muy sincera.

— Perdonadas, perdonadas. — Les decía eso Malia y éstas, al oírlo, se pusieron muy contentas, ya que no querían que le odiaran por eso. Y ella aprovechó para empezar a hablar con ellas y descubrir algo. A pesar de que estuvieron hablando durante un buen rato, no sacó nada importante, ya que  se cuidaron muy bien de no darle información clasificada ni de hablarle de sus vidas. Al final, la conversación terminó cuando apareció Ranavalona:

— ¿Qué hacen ustedes aquí? — Eso les preguntó, al sorprenderse de que seguían ahí.

— Pues,..— Se quedaron calladas, al no saber qué decir. — ¡Eso igual, nosotras irnos! — Eso dijo Cammi, que seguida de Zvezdá; se fueron rápidamente de la habitación. Entonces, Ranavalona se dio cuenta de que una de ellas llevaba aún el vestido que le tenían que dar a Malia y las detuvo, muy enfadada.

— ¡Esa es la ropa para la señorita Rooselvelt, no se la lleven! — Cuando las dos se dieron cuenta, gritaron, porque se acordaron de que no le dijeron a Malia unas cosas importantes. Al ver esas reacciones Ranavalona, se dispuso a regañarlas, siendo detenida por la hermana de Sasha.

— No las regañe, ha sido culpa mía, por haberles dado cháchara. — Le dijo Malia y Ranavalona decidió dejarlo para más tarde. Ella había venido para llevarla al lugar en dónde Lafayette se iba a enfrentar con Sasha. Tras eso, esperó que se vistiera y le dijo que la iba a llevar a un sitio.

— ¿Adónde vamos? — Le preguntó Malia, muy intrigada.

— Mi Señora no he dado autorización para decirlo, lo siento mucho. — Le contestó con mucha frialdad Ranavalona y Malia se calló, se quedó mirando lo que había por su alrededor. Ahora que estaba caminando por los pasillos de aquel palacio, estaba impresionada, nunca había visto un lugar tan grande y espacioso. Ataviados con ropajes de otras épocas, ella veía asombrada el paso de los sirvientes que pasaban por su lado. Por cada puerta que pasaba, se preguntaba qué había ahí dentro.

Al final, llegaron a una sala que parecía un teatro, más bien, una especie de anfiteatro cubierto y moderno, cuyos asientos no eran de piedra sino sillas de terciopelo, pegados al suelo; y cuyo escenario era de madera y estaba dos metros más debajo de dónde se sentaba el público.

— ¿Aquí es dónde debo estar? — Eso le preguntó Malia.

— ¡Siéntase en la primera fila, así lo ha ordenado mi Señora! — Eso le dijo, señalándole un asiento, y ella se dirigió a ahí y se sentó. Entonces, oyó a alguien:

— ¿Te llamabas Malia Roosevelt, no? — Al escuchar estas palabras, Malia giró hacia a su derecha sorprendida y vio a aquella pequeña rubia llamada Elizabeth von Schaffhaussen, mientras su fiel sirvienta aprovechaba para ponerle unas esposas a uno de sus brazos, para que no se moviera del asiento, sin que se diese cuenta.

— ¿Por qué estás haciendo todo esto? — Le preguntó a Elizabeth, esperando que le dijese algo.

— Solo quería capturar a Lafayette, lo demás es idea de tu hermanita. — Le respondió eso, mientras tomó un poco de su vaso de vino.

— ¿Sabes que las niñas no deberían tomar alcohol? — Le dijo eso con toda la seriedad del mundo, ya que le impactó de inmediato, al ver que una niña tomara vino y olvidándose de todo lo demás, por un momento.

— ¡A ti qué te importa! Tú deberías estar más preocupada por otras cosas muchos más importantes… — Le enfadó que le dijese eso. Ni su madre, fallecida hace meses, le hacía eso. Es más, fue ella quién le metió en el mundo del vino.

— Pero eso no quiere decir que le tenga que quitar importancia que tomes algo así. ¡No es bueno para ti! — Le estaba regañando, algo que no le gustando para nada a Eliza, que le dijo burlonamente:

— Veremos a ver si no le quitas importancia cuando veas esto…—

Deseaba que el combate la hiciese llorar y así le quitase las ganas de regañarla. Por eso ordenó que empezase la batalla, de una forma muy curiosa, dando palmadas. Malia se calló rápidamente, preguntándose qué iba a ocurrir y sentía escalofríos en todo su cuerpo, porque tenía malos presentimientos. Es entonces cuando empezaba el espectáculo y salió en el escenario Sasha, quién empezó a saludar a su público de una forma grotesca.

— ¿Sasha? — Gritó su nombre y luego se cuenta de algo — ¿Q- qué? —

Se dio cuenta de que llevaba un cuchillo y se puso mala. Empezó  a gritar de forma compulsiva su nombre, pidiéndole desesperadamente que no hiciera nada horrible.

— ¡Pero si ni siquiera ha empezado, y ya te pones así! — Le decía Eliza con tono de burla, que empezó a deleitarse por sus gritos. Y apareció Lafayette, que la sacaron de una jaula, como si fuera un animal.

— ¡No me digas…! — Se quedó Malia paralizada del horror. Comprendió con rapidez lo que iba a pasa y empezó a mirarlas, con la vana esperanza de que no iban a hacer aquello que estaba imaginando.

Lafayette, al mirar esa cara, se quedó boquiabierta e incapaz de reaccionar antes eso. A pesar de que se obligó a sí misma a olvidarse de Malia y de destrozarle el corazón mostrándole tal horrible escena, no podría soportarlo que ella lo viese, no quería hacerlo.

Y miró a continuación a Sasha, quién sonreía de forma muy macabra. Algo parecido con Elizabeth, quién les decía que empezaran ya, que se estaba aburriendo. Entonces, las dos luchadoras se miraron fijamente, con una de ellas intentándose quitar todos esos feos sentimientos y prepararse para matar.

— ¡Prepárate para morir, enana! ¡Por todo lo que me has hecho! — Eso gritó lo más demente posible, poniendo una cara casi demoniaca y cerrando los puños para golpearle la cara a Sasha, porque no tenía ningún arma.

— ¡Por favor, no lo hagan! — Eso gritó Malia como loca, al escuchar eso.

Intentaba desesperadamente, mientras gritaba eso sin parar, ir al escenario para detenerlas, pero no podría, dándose cuenta de que la había esposado junto a su asiento.

— ¡Ahora empieza lo divertido! — Eso dijo Eliza con la mayor alegría, quién empezó a disfrutar del espectáculo.

Entonces, Sasha se lanzó hacia Lafayette con el cuchillo en alto y ésta la esquivó, dándole una patada.

Rápidamente, con la mayor fuerza posible y gritando como un orangután, intentó romperle la cabeza con unos sus puños, pero ella se escapó y se alejó rápidamente.

— ¡Hey, Sasha! ¿Ahora no te burlas, eh? ¡Vamos, hazlo, pero si es muy divertido! — Eso le decía a Sasha, mientras ignoraba las plegarias de Malia, que les suplicaba, casi a punto de llorar y de forma muy desesperada, que parasen. La perseguía como si fuera un león, con una rapidez increíble, alcanzándola en cuestión de segundos. Casi iba a ser aplastaba por sus puños, sino no fuera porque los esquivó.

— ¡Es una completa animal, no se merece ser llamada humana! — Añadía, entre risas, Elizabeth, sobre el comportamiento de Lafayette.

— ¡Ven, aquí, princesita, que te voy a dar unos mimos! — Y no paraban de correr de un lado para otro. Sasha no dejaba de huir, corriendo como una niña asustada. Lafayette no paraba en su persecución. A veces, ésta la alcanzaba y la tiraba al suelo violentamente. Luego, intentaba golpearla, pero ella lo esquivaba o se defendía por el cuchillo, intentando apuñalarla, aunque la negra los evitaba fácilmente, soltándole burlas.

Se levantaba y seguía huyendo. Aunque la hermana de Malia no siempre estaba a la defensiva, intentó  atacar a su enemiga, con malos resultados.

— ¡Por favor, paren esta locura! ¡No se maten! — La pobre de Malia se estaba quedando casi afónica, no paraba de decirles que se detuviesen, que parasen, que dejaran esa cosa tan horrible; pero no le hacían caso. Se sentía muy imponente al no poder detenerlas, pero siguió gritándolas. Hacía caso omiso a las burlas y risas de Eliza, quién las animaba a que se matasen, y que disfrutaba de aquel espectáculo, como si estuviera en un circo.

— ¿Ahora no te hace tanta gracia, eh? ¡Perra! — Eso gritaba Lafayette, después de hacer volar a la hermana de Malia con una patada, quién intentó otra vez apuñarla. Rodó como si fuera una pelota y lo único que hacía era jadear. Al no poder levantarse, la negrita se acercó y empezó a darles más patadas que la hacían rodar por el escenario una y otra vez.

— ¡Por favor, di que paren! ¡Vamos, hazlo! ¡Por favor, tenga piedad por ellas, y detenga esta cosa terrible! — Le gritaba Malia con gran desesperación a Elizabeth, al ver que no les escuchaba. Creía que esa niña estaba detrás de todo esto y le pedía desconsoladamente que tuviera corazón y que las detuviese.

— ¿Por qué? ¡Si es lo mejor que he visto en años! — Le dijo Elizabeth con una alegría cruel, mientras le señalaba a Malia lo que iba a hacer  Lafayette.

Sasha estaba en medio del escenario mirando fijamente como Lafayette estaba de pie, con su propio cuchillo, dispuesta a apuñalarla. La hermana de Malia respiraba e inspiraba con nerviosismo, paralizada, mientras la negra le preguntaba cuáles serían sus últimas palabras, con un tono burlón.

— ¡No lo hagas, no la mates, Lafayette! ¡Por mucho daño que te haya hecho! — Le gritó Malia a Lafayette, quién intentaba llenarse de valor para matar a Sasha, delante de su única amiga.

— ¡Hazlo, lo estás deseando! — Eso le decía Eliza, empezando una jauría de gritos entre ella y Malia.

— ¡Le vas a privar su vida! ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene si la matas? ¡No importa la razón que sea, matarla no va a solucionar! — Lafayette temblaba cada vez más, con cada palabra que escuchaba.

— ¡Es un monstruo en potencia! Si la matas, vas a librar al mundo de una pesadilla.  —

Lafayette pensaba que Elizabeth tenía razón, que Sasha no era una niña normal, era una enferma y capaz de hacer daño a su propia hermana.

— ¡Todos somos monstruos en potencia, pero eso no quiere decir que podemos convertir en uno! ¡Si la matas, te convertirás en uno de verdad! ¡Recapacita, por favor! —

Se imaginaba Lafayette que si la mataba, Malia la odiaría para siempre, y aunque se dijo mil veces que no le importaba eso de perder su única amistad en el mundo, sólo se estaba mintiendo a sí misma, no quería perderla.

— ¡Ya eres un monstruo, y le harás un favor a esa! ¡Mátala, y la salvarás de ella misma! — Se acordó de todo los muertos que mató y se dio cuenta de que ya estaba perdida, desde hace tiempo. Ya era una asesina, ya era un monstruo, entonces, ¿por qué era incapaz de acuchillar a esa niñata? ¿Solo por qué no quería lastimar a su hermana?

— ¡Por el amor de Dios! ¡Te lo suplico, no la mates, no mates a mi hermana, por mucho…! — Malia no puso más y se derrumbó, cayó al suelo y empezó a llorar sin parar. — ¡Es la única familia que tengo! —

No podría hacerlo, no podría matar a Sasha después de observar cómo lloraba Malia. Le impacto tanto que tiró el cuchillo al suelo. Se dio cuenta de que si la mataba, no solo iba a matar a alguien, sino que a destrozar totalmente a su única amiga, a la única persona que la aceptó, a pesar de lo horrible que era. Por eso, gritó con resignación: — ¡Lo mando todo a la mierda! —

— ¡Vaya por Dios! ¡Q-qué bonito! — Elizabeth, fastidiada e irónica, estaba gruñendo, ya que ninguna de esas dos idiotas se habían matado. Ella lo deseaba con toda el alma.

— ¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios, que han recuperado la cordura y han detenido esta locura! — Aún lloraba, pero de felicidad, con una gran sonrisa, al ver que no había pasado nada horrible. Le decía las gracias al cielo, al ver que Lafayette pudo detenerse. Entonces, al cerrar los ojos, al lanzar un gran suspiro de alivio, escuchó un horrible grito.

Lafayette, quién se dirigió hacia Eliza para decirle que no pudo matarla, fue atacada por detrás. Sintió a un objeto hundiéndose en un cuerpo, con un dolor que ya le era muy conocido. Miró hacia atrás y vio que fue Sasha, quién le apuñaló en unos de los costados. Ella empezó a reír macabramente.

Malia no pudo ni decir ni una palabras, porque lo que vio, fue demasiado para ella. No pudo aguantar, se le puso los ojos en blanco y cayó al suelo, desmayada, por el shock que le supuso ver a su hermana apuñalar a alguien.

— ¿Ahora, quién se ríe, eh? ¡Ge-ne-ral! — Le decía Sasha con toda la burla del mundo a Lafayette, mientras caía al suelo. Ésta no le pudo responder, empezó a gritar por el gran dolor que tenía, maldiciéndola una y otra vez.

Con la mirada borrosa, intentó buscar a Malia, pero sólo se encontró a una Elizabeth eufórica, dando aplausos, y a su única amiga inconsciente. En su mente le empezó a pedir perdón, llena de arrepentimiento, mientras escuchaba estas palabras que la llenaban de rabia:

— ¡Genial, genial! No me esperaba ese giro inesperado, gracias por terminarlo como debe ser. —

Elizabeth eufórica, habría disfrutado mucho del espectáculo, pero ya le parecía que debería tener fin. La loca de Sasha también pensó que debería terminar, ya que levantó el cuchillo para darle el golpe de gracia, con una sonrisa digna de un monstruo. Pero esta vez era la pequeña Zarina quién le dio la sorpresa a la hermana de Malia.

— ¡Ranavalona, ahora! — Eso gritó Eliza, y entonces Sasha recibió un horrible pinchazo en el cuello, cuando se dio cuenta de que era un dardo y que tenía una sustancia que la estaba adormilando le dijo incomprendida a la tuerta:

— ¿Qué estás haciendo? — No entendía el porqué de esa acción.

— Pues verás, no quiero perderme la oportunidad de matar a Lafayette con mis propias manos, que lo haga tú no estaba en mis planes. — Eso decía, mientras se tomaba las últimas gotas de su vaso de vino.

— ¡Q-qué graciosa! — Añadió con ironía, mientras caía al suelo e intentaba luchar por no dormirse, a la vez que se forzaba a reírse.

— De todos modos, ¡has logrado tu objetivo! ¡Le has enseñado a tu hermana que estás perdida!  —

Sus palabras no tuvieron respuesta, porque ya se durmió Sasha.  Entonces, empezó a reírse descaradamente, se sentía la verdadera vencedora de este sinsentido. Lafayette estaba entre la vida y la muerte, Sasha le hizo el trabajo sucio y Malia colapsó, incapaz de aceptar el hecho de que su hermanita era una asesina. Todo esto sin que ella hubiera hecho un dedo, sin recibir ni una herida, ni sufrimiento. Fue sólo ventajas para la pequeña Zarina y eso la hacía muy feliz.

FIN DE LA QUINTA PARTE

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