Septuagésima_sexta_historia

Las Flores del Mal: Tercera parte, septuagésima sexta historia.

Tras entrar en el Zarato y andar un buen rato, Lafayette vio el momento para comenzar el plan, al ver que habían divisado dos palacios y una especie de pueblo que parecía salir de las postales de uno típico de Suiza:

— ¡Oh, qué bonito! —Exclamaba Malia, maravillada ante tal vista.

— Eso da igual. — Le replicó Lafayette, quién se introducía un poco en el bosque que rodeaba el camino. — Ahora es cuando comienza mi plan maestro. — A pesar de que sentía que era un completo fiasco, tenía todas sus esperanzas puestas en él.

Su gran plan maestro era que supuestamente se había esfumado y Malia llegaría sola. Mientras su amiga distraía a la zarina, estaría escondida y cerca, se pondría detrás de Elizabeth y de Sasha, y saldría a escena para coger a ésta última y llevársela al bosque, evitando a la vez que la mayor fuera capturada. Era tan simple que tenía serias dudas de que funcionaría, pero aún así fue lo único que se le ocurrió y lo iba a hacer.

Así es cómo llegaron al lugar de la cita, con las indicaciones de Lafayette y con ella escondida entre el arboleo, vigilando a Malia. Llegó a la entrada de las caballerizas y ésta observó, como le dijeron, a Elizabeth, a su sirviente Ranavalona y a Sasha.

Al verla de nuevo, se quedó muy perpleja, porque no parecía la misma de siempre, más bien, parecía a aquella Sasha del parvulario, con esos ojos muertos y con esa expresión triste y desamparada. Por eso mismo no pudo decir nada, ya que se quedó mirándola con toda la preocupación del mundo, preguntándose en que le había pasado para estar así; y la pequeña reina decidió hablar ella primera:

— ¡Vamos a ver…! ¿Dónde está Lafayette?  —Le preguntó eso, mientras Lafayette iba poquito a poco, tras ver que no había nadie más, saliendo de su escondite para ponerse detrás de ellas.

— Pues verás…— Le costaba mentir, pero tenía que hacerlo.  —Ella huyó, se quitó del medio. —

A pesar de que era necesario que mintiera, estaba tan poco acostumbrada que actuó fatal.

Lafayette le decía con señales que lo hiciera con más realismo, que parecía muy bien obvia la mentira; pero Malia ni la observó, estaba más pendiente en cómo decirle las palabras.

— Creo que nunca debería haber creído en ella. ¡Ahora me ha abandonado, pero aún así he venido…! ¡Para pedirle que sueltes a mi hermana! —

Con esas palabras, terminó de explicar, al ver que no se le ocurría nada más; y con la alegría de observar que Lafayette ya estaba detrás de Sasha, dispuesta a cogerla y llevársela.

— Entiendo… — Entonces, al decir eso, dio un codazo hacia atrás que le dio de lleno en el estómago de Lafayette. Elizabeth fue tan rápida que la negra no le dio tiempo a reaccionar y acabó comiendo el suelo, con una pistola y un pie en la nuca, ante la sorpresa de Ranavalona y Sasha.

— ¡Lafayette! — Eso le gritó Malia, que irracionalmente iba a acercarse; pero fue atrapada por dos chicas con trajes de sirvientas, y que Lafayette, ya que pudo observar la escena a escena, reconoció rápidamente.

Eran Cammi Cammi Zoliars y Zvezdá Krásnaya y jamás se había esperado volver a verlas, sobre todo en este lugar. Eso le dejó muy sorprendida y les quería preguntar a gritos qué estaban haciendo ahí y con muchísimas ganas de devolverles el disparo que le dieron hace unos meses. Al ver que estaban inmovilizando a Malia, poniendo unas caras que decían que lo sentían, pero que tenían que hacerlo; sentía que tenía que ir a rescatarla rápidamente.

— ¡Les debo dar un aplauso! A pesar de la mala actuación de tu amiga, me lo había creído. A decir verdad, fue por el hecho de que me esperaba que Lafayette se hubiera largado. — Eso decía una Elizabeth burlona, que tenía una sonrisa muy siniestra y quién refregada su piececito por el cabello de una Lafayette furiosa, que le soltaba sin parar tacos y amenazas a ella y a las chicas que aguantaba a Malia, quienes estaban temblando de miedo ante los gritos de la negro.

— Di todo lo que quieras, pero fin te he capturado. Estaba esperando este momento, Lafayette, para verte ir partir al más allá. — Y empezó a reír, tras decir esto. Malia, quién gritaba de desesperación, estaba pidiendo que dejaran en paz a Lafayette y a su hermana, ante una siniestra Sasha que no reaccionaba; hartó a la Zarina y les ordenó a Cammi y a Zvezdá que la durmieran con el pañuelo lleno de cloroformo.

— ¡Lo sentimos mucho! — Eso le decían con mucha pena a Malia, mientras cumplían la orden de Elizabeth.

— ¿Qué le van a hacer a Malia? ¡Zorras de mierda! ¡Dejarla en paz! ¡No le hagáis nada raro, o estáis condenadas! — Eso les gritaba a aquellos dos, que ya le habían tapado la boca y la nariz con el pañuelo.

— ¡Cállate Luisiana, que ya me duele la cabeza con tus putos gritos, o hago lo mismo contigo! — Le amenazó Elizabeth a Lafayette, y eso fueron las últimas palabras que escuchó Malia, antes de quedarse dormida por el cloroformo.

Cuando Malia se despertó, por culpa de un sueño que no podría recordar; y tras abrir los ojos, miró adormilada a su alrededor. Ella nunca vio tanto lujo, parecía como si estuviera en la habitación de una princesa. Los cientos de miles de cuadros de arte, que muchos eran escenas idílicas del campo y de la montaña; y lo complejo y hermoso que eran esas sabanas calentitas que la tapaban; la impresionaron. Tras ver la ventana y observar que estaba cayendo nieve, se dio cuenta de que tenía un pijama que le estaba grande y entonces recordó todo lo que vivió. Rápidamente, salió de la cama y se dirigió a la puerta, que no la podría abrir, ya que estaba cerrada con llave. Volvió a mirar por la habitación, pero no encontró nada que le podría ser útil para entender su situación. Solo vio que tenía un cuarto de baño para hacer sus necesidades y bañarse, y ya está. Se puso a mirar por el cristal, viendo como la nieve estaba poniendo de blanco todo el paisaje y empezó a pensar que este lugar era, en realidad, muy extraño. No se dio cuenta antes porque estaba más pendiente de salvar a su hermana, pero ahora que lo observaba, le parecía como si fuera un reino, sacado de los cuentos de hadas, un lugar atrapado en el tiempo.

— ¿Qué hago yo aquí? — Decía Malia en voz alta, tras observar la ventana un buen rato, mientras estaba preguntándose cómo estaban su hermana y Lafayette, sí esas dos estaban bien. También pensaba en aquella chica, Elizabeth; era incapaz de entender cómo una niña de su corta edad fuera capaz de todas esas cosas que había presenciado. Entonces, oyó cómo se abrió el cerrojo y alguien entró a su cuarto, era Ranavalona, que traía ropa para ella:

— ¡Buenos días, señorita Roosevelt! — Eso le decía Ranavalona, tras saludarla con su falda, y mientras ponía su ropa en la cama. — ¡Aquí está sus ropas! —

— Gracias,… ¿cómo te llamas? — Le preguntó amablemente Malia, quién intentaba disimular su tristeza y mostrarse ante aquella niña una sonrisa.

—Ranavalona. — Eso le dijo, secamente.

— ¡Qué nombre tan bonito! — Tras decir eso, Ranavalona se quedó mirándola, juntando sus manos para atreverse a preguntarle algo.

— Por cierto…— Le daba corte decirle. — M-mis compañeras y yo nos preguntamos c-cómo…— Respiró e inspiró antes de decirlo. — ¿Cómo puedes tener unas axilas sin nada de vello? —

Malia se quedó en blanco al oírlo, porque era la primera vez que le decían eso y no sabía cómo reaccionar.

— Bueno…no era yo, son mis subordinadas quienes me molestaron para decirle esto. — Estaba muerta de vergüenza. — ¡Olvídalo, por favor! —

— N-no pasa nada, ¡de verdad!  — Le decía Malia al ver cómo ella se ponía a pedirle perdón. — ¡Para olvidarnos de esto, ¿me podrías explicar qué pasa aquí?! — Malia necesitaba rápidamente entender lo que estaba ocurriendo.

— No puedo decirle nada, Mi Señora me lo ha prohibido, por el momento. Lo siento mucho. —

— ¿Esa señora es…? — Se le pasó por la cabeza que era la niña tuerta, pero no le dio tiempo, ya que le dijo la respuesta

— Elizabeth von Schaffhausen, Mi Señora y Zarina de este Zarato. — Eso la dejó tan confundida que soltó un gran “eh”. No entendía qué era un Zarato y qué era una Zarina.

— ¡Este mundo absurdo siempre tiene sorpresas! — Eso decía alguien que apareció de repente y que se puso en la puerta. Era Sasha y seguía con la misma expresión de ayer.

— ¡Sasha! — Gritó de alegría. — ¿Estás bien? — Se le acercó a abrazarla, pero fue detenida por su misma hermana.
— Supongo que no tienes ganas de abrazos. ¡Perdón, perdón! — Eso decía Malia, quién no quería incomodar a su hermana.

— Deberíamos dejar esta comedia, es demasiada mala. — Tanto Malia como Ranavalona se quedaron en blanco, porque no entendían por qué decía eso.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Empezó a preocuparse, porque no mostraba ser la misma de siempre.

— Lo que acabo de decir. — Lo dijo, mirando a su hermana de una forma muy fea.

— ¿Te ha pasado algo? ¡E-estás muy rara! — Suponía que le pasó una cosa muy grave para estar así.

— En realidad, no lo estoy…porque está soy yo, la de verdad. — Y empezó a reír.

— N-no, tú siempre dices bromas crueles y no tan crueles, nunca te tomas nada en serio…— Fue interrumpida por las burlas ácidas de su propia hermana.

— ¡Te dejaste engañar! Esa Sasha no era más que una máscara ante a ti y a los demás…—

Los ojos de Malia se abrieron como platos, al escuchar esas feas y amargas palabras disfrazadas de burla, lo sintió como si fuera una revelación. Nunca se dio cuenta de cómo era su hermana realmente y eso le dolió mucho, ya que tenía que saberlo, porque era su deber como hermana.

— Hace poco que me di cuenta de algo. Lo mejor para esta familia es que se destruyese… — Parecía que lo decía con todo el desprecio del mundo.

— ¿Qué quieres decir con eso? ¡No entiendo nada! — Malia era incapaz de asimilar lo que estaba escuchado, cientos de cosas le rondaban por la cabeza, como si fuera un caos.

— Lo mejor para ti es que esta horrible parodia que tú llamas “familia”. — Dijo esa palabra haciendo pasar las manos como si fuera comillas. — Y hay más… ¡Has fracasado, hermana! ¡Has perdido, es más, creo que estaba decidido el resultado desde el primer momento en que te hiciste esa promesa estúpida! —

— ¿Q-qué promesa? — A pesar de decir eso, sentía cómo si supiera la respuesta.

— Salvarme.  —Y con estas palabras se fue y Malia rápidamente se acordó de su promesa, aquella que era que iba a evitar que Sasha tomará el mal camino, de convertirla en una buena persona. Con esto en mente, no siguió a su hermana y Ranavalona le advirtió que no se fuera de la habitación, porque le habían ordenado que se quedara allí. Le hizo caso, pero no le dijo ni mu, solo se echó a la cama, escondiendo su cabeza entre las sabanas.

— Yo también le he visto rara, si le sirve de consuelo. — Eso le dijo, a pesar de no entender la situación de esas dos. Solo quería decir algo para calmar la atmosfera del lugar tras ver una situación tan incómoda. Malia le dijo gracias y, con estas palabras, la sirvienta se fue.

Así se quedó sola, pensando qué estaba pasando, qué quería decir su hermana con esas palabras y cómo han llegado a este punto. No podría comprobar nada y solo se sentía estar dentro de un sueño, una terrible y horrible pesadilla.

De todos modos, se dio cuenta de algo, que había estado engañada todo este tiempo en torno a su hermana, que todo lo que veía día a día solo era una fachada.

Esa actitud tan impropia de Sasha, en cierta forma, se lo revelaba y deseaba con todo el corazón que no hubiera hecho algo terrible, ya que sentía, a la vez que lo negaba, que su hermana cometió una monstruosidad, un crimen horrendo.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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