Septuagésima_séptima_historia

Historia perturbada: Cuarta parte, septuagésima séptima historia.

Al día siguiente, las amigas de Mao y los canadienses intentaron contactar con Nadezha, pero no hubo ninguna señal de vida por su parte. Ni siquiera estaba en su casa, su tío, muy preocupado, les dijo que no sabía nada de ella desde ayer. Sin perder las esperanzas en ella, no tuvieron más remedio que hacer lo que dictaba la carta. Eso era lo único que podrían hacer por él.

Leonardo decidió ir, ya que él era un hombre y un adulto. Tenía que arriesgarse por el bien de todos, aunque le temblarán las piernas. Se fue al parque elegido, a buscar el cubo de basura en donde se encontraba el paquete. Según las indicaciones de la carta, estaba situado cerca de la salida sur, al lado de un pequeño lago. Al llegar miró con miedo y ahí estaba. Se quedó petrificado por varios segundos, no se atrevía a cogerlo, por el miedo a que estuviera una bomba dentro. Tuvo que llenarse de valentía para sacarlo y abrirlo. En su interior encontró una simple carta.

Buenos días~~

Mañana, a las nueve de la noche, en el mismo lugar, deben usar esta caja para introducir un testamento escrito por el padre de Mao. No lo lean, no avisen a la policía, o su cabeza aparecerá en un correo.

Anónimo

Salió corriendo hacia la casa de Mao. Al llegar se encontró con unos hombres disfrazados de rapero, compartiendo el salón junto con Alsancia y Jovaka.

― ¿Quiénes son? ― Los señaló, temblando de miedo. Se temió lo peor.

― Somos de la policía local de Springfield. ― Le mostraron unas placas. ― Estamos de paisano. ― Eran policías. Por una parte, eso le alivió, por otra se asustó. Si el secuestrador se enterarse, Mao estaría muerto.

― Al final lo descubrieron. ― Jovaka comentó esto, encogida de piernas y situada en un rincón del salón. Alsancia movió la cabeza cabizbaja.

Leonardo miró por todos lados, buscando a Clementina,. La vio arriba, junto con su hija, que la estaba agarrando con mucha fuerza. Estaba media escondida, detrás de la puerta, mirando con horror hacia los policías. Él también sentía un poco de pavor hacia ellos, ya que situación y la de su prima no eran precisamente las mejores para estar cerca de ellos. Pero esta vez era una excepción, él pensaba que ellos podrían salvar a Mao. Así que decidió contarles todo lo ocurrido, mientras le mostraba la carta. Ellos empezaron a leerlo. Al terminar, preguntaron esto:

― ¿Y el tal testamento? ― Le preguntó uno de ellos, después de terminar.

― No lo sé. ― Leonardo no sabía nada sobre el testamento que la carta mencionaba. Ni él ni nada más se dio cuenta de que Nadezha se lo había llevado.

Ellos suspiraron con fuerzas: ― Pues empezamos bien. Esa Mao esta vez se ha metido esta en un problema muy gordo. ―

Los demás le miraron con asombro, no se acordaba de que Mao tenía un buen trato con la policía de la ciudad, y ellos lo notaron. Uno de ellos intentó tranquilizarlos con estas palabras: ― Esa chica siempre está molestando en la comisaria. Muchos de nuestros compañeros le tienen mucho cariño, no se preocupen, ¡haremos todo lo que podamos! ― El otro añadió con gran seriedad: ― De todos modos, mientras no encontremos su localización, ustedes deben mentir a todos de que la policía está metida en el asunto. Mientras los secuestradores no sepan nada de nosotros, a esa niña no le harán daño. Eso esperemos. ― Con esto dicho, salieron tan rápido como aparecieron. Alsancia, Jovaka y los canadienses lo miraron esperanzados, rezaban muy fuerte para que ellos encontrarán a Mao cuanto antes.

Ellos no eran los únicos que estaban preocupado. Malan, por su parte, estaba dando vueltas por su habitación muy nerviosa. Intentaba calmar su mente con ecuaciones, pero era en vano. No quería quedarse a esperar, pero no tuvo más remedio que hacerlo. No dejaba de recordar estas palabras: ― Por favor, ¡volved a vuestras casas y permaneced ahí hasta que termine esto! Es muy peligroso venir a la casa de Mao! ―

Eso fue lo que le dijeron a ella, a Josefina y a las gemelas. Alex y Sanae se opusieron con fuerza, y Josefina las imitó, pero Malan se interpuso para convencerlas de que eso era lo mejor. Pero, en el fondo, la africana aceptó aquello a regañadientes. Quería salvar a su Ojou-sama, pero comprendía que lo mejor era que los adultos se ocuparan del asunto. Se mordió el labio muy molesta, en aquellos momento deseaba ser adulta y salir en buscar de Mao, en vez de quedarse ahí. Ahora lo máximo que podría hacer era esperar alguna llamada que le informará sobre la situación actual. Ahí fue cuando su móvil empezó a sonar y lo cogió con mucho nerviosismo e impaciencia, casi estuvo a punto de caerse al suelo.

― ¿Q-quién es? ― Balbuceó Malan.

― Yo sé dónde tienen secuestrado a tu amiga Mao. ― Eso dijo secamente la voz de la llamada.

― ¿¡Dónde está!? ― Le gritó. Al ver que fue muy borde, se controló y con prudencia le dijo esto: ― ¿Quién eres tú? ―

― Sólo te diré el lugar, nada más. ― Malan decidió no insistir. Por cómo hablaba, pensó que aquella persona era un chivato y lo mejor no era revelar su identidad, ya que podrían matarlo. Además, sabía que la policía tenía la capacidad de averiguar quién llamaba. Por la emoción del momento, no pensó en más alternativas, aunque le pareció muy sospechosa la llamada.

Cogió una libreta y un lápiz escribió la dirección que le dijo aquella misteriosa persona, en donde supuestamente tenían encerrado a Mao. Luego, le dijo que debería llamar a la policía y comunicárselo. Ella asintió.

No fue la única, otra chica del grupo de Mao recibió una llamada, al poco tiempo de finalizar la de Malan. Era Josefina, quién se encontraba en su habitación. Estaba tirada en la cama, bocabajo, muy decaída. Había llorado durante horas, llena de impotencia. Se sentía inútil, ella quería salvar a Mao, ese era su deber como amiga, no podría quedarse ahí. Pero sabía también que lo único que podría hacer era esperar, ella sólo era sólo una niña, después de todo.

Luchaba con todas sus fuerzas para que su imaginación no le mostrarse escenas y pensamientos horribles sobre su amiga, mientras oraba con fuerza para que Mao estuviera a salvo. Les rezó a todos los santos y vírgenes que conocía y puso velas en su cuarto para ayudarle. Cuando el móvil empezó a sonar, a lo primero ella ni quiso sacar su cabeza de su almohada.

Entonces, pensó que le estaban llamando por lo de Mao y saltó de la cama para coger la llamada. Gritó esto de forma histérica: ― ¿¡Mao ha sido rescatada!? ¿¡La han podido rescatar!?― Casi dejo sorda a la persona que se encontraba detrás del móvil que la estaba llamando, que le dijo esto:

― ¡Tranquilízate, tranquilízate! ―

― ¿Cómo me puedo tranquilizar cuando mi amiga está en peligro? ― Le replicó Josefina, muy alterada.

― ¡Si la quieres salvar, pues cállate! ― Dio un gran chillido que casi dejó sorda a Josefa.

― Vale, sea quién seas. ― Al final, se pudo tranquilizar.

― Soy su sobrina y también quiero salvarla. ― Le dijo secamente.

― ¿Mao tiene sobrinas? ¡Pero si es muy jovencita para eso! ― Se quedó muy sorprendida. Aún no se había enterado de que Mao tenía más familia en Shelijonia aparte de su fallecido padre.

―Olvídate de los detalles. ― Josefina oyó un gran suspiro. ― Quiero reunirme contigo en el parque que está al lado del gran muro. Allí te daré un paquete. ¿Para qué sirve? Eso no te debe importar, ahora. Es para tu amiga Elizabeth. ―

― ¿Y qué tiene ella que ver? ― Le replicó, muy confundida. Se preguntaba cómo aquella supuesta sobrina de Mao conocía su amistad con ella.

― Ella tiene el poder para salvar a Mao, pero tienes que darle algo a cambio, y esa es mi pago. Y cómo es tu amiga, nadie mejor que tú para hacerlo. ― Josefina recordó que Elizabeth le hacia favores a otras personas, así que eso tenía mucho sentido para ella. ― Pero no se lo digas a nadie, que el secuestrador la matará antes de tiempo. Incluso ha engañado a tus amigas para que vayan a un lugar equivocado. Sé de lo que hablo. ―

― ¡Sí, lo haré! ― Con gran seriedad, ella le gritó esto. Estaba decidida, por fin iba a ayudar a Mao. Pensó que Elizabeth, al ser rica, tendría muchos medios para poder salvar a su amiga, eso la animó mucho. Si esto era lo que tenía que hacer, lo haría con mucho gusto. Confió plenamente en aquella sobrina. Después de todo, la familia estaba para ayudarse y la sobrina debía estar igual de preocupada que ella.Tras eso, la persona misteriosa le explicó dónde era el lugar de la reunión y a qué hora debía ir. Josefina le dijo que sí a todo sin rechistar. Luego de esto, la llamada finalizó. Josefina miró hacia al cielo por unos segundos y luego gritó a pleno pulmón:

― ¡Voy a salvar a Mao, como sea! ¡El mal no va a vencer! ― Con esto, se llenó de ánimos y de valentía.

La persona que contactó con Malan y Josefina, al terminar las llamadas, salió de una cabina telefónica, quizás la única que quedaba en toda la ciudad, riéndose como si hubiera perdido el juicio. Chiang estaba muy eufórica al que esas dos idiotas habían mordido el anzuelo y su plan estaba marchando como había planeado. Tras su ataque de risa, decidió volver al lugar en donde tenía escondido a Mao, pero alguien se puso en su camino.

Una chica albina la estaba con una mirada llena de odio y rencor, como si fuera un oso enfurecido. Chiang dio un paso hacia atrás, aterrada. Se puso bien sus gafas y la saludó: ― Hola, Nadezha. ― Se le notaba los nervios, todo su cuerpo temblaba.

― ¡Quiero hablar con contigo, ahora! ― Nadezha sólo le dijo esto con total frialdad.

Chiang no tuvo más remedio que hacerle caso, no quería ser destrozada a golpes.

Se arrepintió mucho de haber tenido aquella conversación con Nadezha, ya que después de eso, volvió muy enfurecida al lugar en donde tenía secuestrados a Mao y Stratus. Sólo quería olvidarlo. Los sicarios, al verla, le hablaron:

― ¿¡Quieres entrar para hablar con ella!? ¡Desde que le dijo eso, llevó toda la noche gritando como una loca, lanzándote todo tipo de amenazas. ―

― Ni en broma. No quiero ver su cara ni en pintura. ― Les respondió de una forma muy desagradable y en realidad esta respuesta era una excusa, tenía miedo de que su tío la mordiera y no la soltará hasta desangrar.

― ¡No sea tan bordes con nosotros! ¡Somos los que hacemos el trabajo sucio, no tú! ―Se sintieron mal por aquella actitud. Le mostraron todas las heridas que le dejó Mao cada vez que le daban de comer. No sabían si había pasado dos o tres días desde que lo secuestraron, pero aquel trabajo ya les parecía inaguantable.

― ¡Al cliente no se le protesta! ― Les gritó esto.

Cuando Mao, que ya llevaba unos cuantas horas tranquilo, oyó la voz de su sobrina, explotó como un volcán. Empezó a insultarla y a amenzarlas sin cortarse ni un pelo.

― ¡Cállate, maldito maricón! ¡Qué he venido a contarte mis planes! ― Le gritó, llena de ira. Mao se calló, quería saber que tramaba su prima.

― Como dije antes, al principio, quería ese puñetero testamento, para quemar una gran prueba contra mi padre. Como he estado haciendo en los últimos años. Amaba a mi padre, a pesar de que estaba un poco ido de la cabeza, y creía en esa mierda del comunismo. ― Dio un golpe en la puerta. ― Cuando no hacia esas cosas, era el mejor padre que ninguna niña podría desear. Por eso, cuando lo mataron, me sentí sola y triste. ― Se le notaba, por su voz, que estaba llena de una ira irracional.

― Cómo bien sabrás, secuestró a una niña, de una familia realmente importante, que gobernaba con mano de hierro, esta parte de la isla. Y él lo pagó caro, lo desparecieron de la faz de la tierra. Nunca encontraron su cuerpo, ni el de sus compañeros, pero todos sabían que estaba bien muerto. ― Dio unos golpes más a la puerta. ― Esa niña aún sigue viva, y para calmar este sentimiento, estos deseos de venganza; la mataré. ― Se agarró el pecho con fuerza, como si la ira que sentía la estaba destrozando por dentro. ― Haré lo que no hizo mi padre en vivo, ¡asesinaré a Elizabeth von Schaffhausen! ―

Gritó con todas sus fuerzas, fuera de sí. Luego se puso a reír como psicópata de nuevo. Todos los que la escucharon se quedaron de piedra, no tenían ni idea de lo loca que estaba aquella chica. Ella siguió hablando.

― ¿Y cómo? Por eso he creado este plan. Primero he engañado a la policía, utilizando a la niña esa del kimono, Malan, para que les dieran una dirección equivocada. Eso ganará tiempo e confusión. Luego, utilizó a la Josefina esa, la que es amiga de Elizabeth, para que le entregué un hermoso regalo de mi parte, que hará… ¡boom! ― Imitó la fuerza de una explosión con sus brazos.

Volvió a reírse como una maníaca. Luego, añadió esto: ― He estado practicando un poco con las bombas y eso. Me gusta cómo explotan y lo hacen volar todo por los aires, ¡como a los padres de esa estúpida de Nadezha! Creo que ellas serán una buena práctica para mí. ―

― ¡Hija de puta, no le hagas a Josefina, ella no tiene nada que ver con esto! ¡Déjala en paz! ¡Si le tocas un pelo, haré que el infierno paraíso comparado conmigo! ―

Mao perdió el control sobre sí, empezó a golpear la puerta con todas sus fuerzas, hasta que le saliera sangre. Parecía un ashura. Si no estuviera atada, hubiera destrozado en mil pedazos a Chiang. Ella se burló de su tío, disfrutando mucho de su sufrimiento: ― Grita todo lo que quieras, no habrá salvación. ― Eso le ayudó a sentirse mejor después de aquella conversación con Nadezha.

Ella estuvo a punto de irse, pero Status le gritó esto :― ¡Ha sido una historia muy bonita, y todo eso! ¿Y yo, qué? ¡No tengo nada que ver, sólo quería dinero! ―

― ¡No te preocupes, tú también morirás! ―Y con estas palabras, se fue Chiang con la mayor tranquilidad.

Status empezó a gritar como una histérica, incapaz de asimilar lo que le había destinado. Fuera de sí, empezó a decir cosas como ésta: ― ¡Qué yo tengo una hija, una preciosa hijita! ¡Tenga piedad de mí! ¡Por favor! ―

Mao se quedó callado, mirándola muy mal. Sabía que ella vivía sola en su casa y no tenía conocimiento de que tuviera algún hijo. Era sólo una mentira más para ablandar a Chiang, que fue en vano. Al ver que ni le hizo caso, ella le empezó a maldecir e insultar. Mao suspiró con fuerza, maldiciendo el día en que aquella desgraciada que estaba a su lado viniera a ocupar la casa de al lado, en donde Jovaka había estado viviendo junto con su padre. Al quitarse Chiang del medio, los vigilantes dijeron esto:

― Esa chica está como una cabra. ― Estaban consternados ante la locura insana que mostró aquella chica.

― ¿Entonces, por qué la ayudan? ― Les gritó Mao, también consternado, pero ante aquella gente que estaba comentando sobre la locura de su sobrina y, sin embargo, la estaban ayudando en su fechoría.

― ¡Por el dinero! ― Gritaron alegremente. ― ¡Os daremos un tiro en la nuca, nos dan nueve mil dólares a nosotros y marcharemos a vivir unas hermosas vacaciones en las hermosas playas del Caribe! ― Se imaginaban estar en una playa de aguas cristalinas, tomando el sol, rodeado de chicas lindas y tetonas, mientras tomaban un delicioso whisky.

Se le salía las babas de sólo con pensarlo y Mao deseo que todos los sueños de esos dos idiotas se fueran por el retrete y sufrieran de lo lindo.

― ¡La obsesión que tiene la gente por el dinero! ―

Exclamó Status muy indignada, poniendo un rostro lleno de ira. Mao la miró con ganas de matarla. Deseaba que se tapará la boca, ella era la menos indicada para hablar. Ayudó a Chiang a secuestrarle, después de todo.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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