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Buscando en un sótano, octogésima historia.

Me llamó Cammi Cammi Zolliars y soy parte del Cuerpo de Sirvientas reales, cuya misión es servir a nuestra Zarina, cuya jefa no es más que su sirviente personal, Ranavalona, y con quién tuve una experiencia que no podré olvidar. Fue eso lo que acabó con mi vida normal y acabé exiliada en otra aldea, conociendo a Zvezdá Krásnaya y siendo la intérprete de la Luisinana, quién, al final, asesinó a la madre de nuestra reina y puso el reino patas arribas. Nosotras tuvimos que colaborar porque nos obligaba y si no fuera porque la disparé antes que huyera, Elizaberth I nos hubiera cortado la cabeza.

En fin, lo sorprendente es que durante el perdón real, para poder salvarnos, tuvimos que formar parte de su Cuerpo, el cual, por ahora, está compuesto de tres personas, es decir, conmigo, con mi amiga y con la jefa. Yo no entiendo en que se fijó en nosotras para esto, porque siento que no sirvo para este trabajo, eso era lo que pensaba, mientras estaba haciendo una misión que nos mandó hacer Ranavalona, que era solamente matar unos conejos de su granja particular.

— ¿Por qué tenemos que matar estos conejos? Son muy lindos, no les puedo hacer eso. — Eso decía Zvezdá con una carita de pena, demasiada linda para mí, hacia los pobres animalitos, que iban de un lado para otro sin saber que algunos de ellos iban a tener un final horrible.

— Es que hoy es el día del Conejo, y nuestra Zarina, quiere que haremos deliciosos platos con los conejos de su granja. — Eso nos dijo nuestra jefa Ranavalona, quién atrapó con facilidad uno y lo tenía cogido de las orejas, mientras no dejaba de moverse.

— ¿Por qué no le pide a otra persona, un carnicero, por ejemplo? — Eso le dije yo, mientras ella ponía el conejo en la mesa y le cortaba la cabeza con tanta frialdad que nos dejó helada y estuvimos, yo y mi Zvezdá, llorando por el pobrecito.

— Es privado y solo nosotras, su Cuerpo de Sirvientas, lo podemos usar. No quiere desconocidos en su particular granja. — Hablaba todo normal, mientras lanzaba la cabeza del conejito al lugar en dónde estaba los perros, que se lanzaron a devorarlo sin compasión. Al ver que no teníamos ningunas ganas de matar a esos pobres conejos, nos dijo esto:

— Esto me trae recuerdos. — Añadió, mientras atrapaba al segundo conejo. Nosotras obviamente le preguntamos qué quería decir.

— De cuando la madre de la Zarina la obligaba a disparar contra estos conejitos. Ella lloraba diciendo que no podría y su madre le decía que lo podría hacer, que era fácil; y se lo enseñaba rompiéndole el cuello a cada conejo. — Nos quedamos conmocionadas al escuchar esto, la anterior Zarina daba demasiado miedo. — Era horrible, pero ver a Mi Señora teniendo pena por los conejos, la hacían ver tan linda e adorable. —

Y empezó a sonreír como boba y se quedó parada, mientras le salía baba con la boca, con el conejo entre sus manos. Es típico de ella ponerse así, soñar despierta cuando habla de Nuestra Señora, y me daba celos verla así, porque está obsesionada con su majestad. Me molestaba, porque me hizo cosas muy extrañas en el pasado que provocaron que sienta algo raro por mi jefa.

— ¿Aún no han terminado? — Y hablando de nuestra majestad, apareció y nosotras, muy sorprendidas, hicimos unos saludos muy apresurados.

— Perdona mi lentitud, Mi Señora. — Eso le dijo Ranavalona y nosotras también lo repetimos, poniéndonos a atrapar conejos.

No queríamos enfadarla porque no estábamos haciendo nuestro trabajo correctamente, pero ella venía por otra razón:

— Solo he venido para informaros que tengo una misión para ustedes, después de que terminen con los conejos. —

Esa misión era solamente buscar entre los sótanos un barril de cerveza que adquirimos en nuestra primera misión que tuvimos, que era buscar la mejor cerveza del reino para hacerla señal del Zarato, que fue harta difícil y un gran logro. Quería sorprender a los invitados con tal manjar. Parecía fácil, pero había un problema.

— ¿Zvezdá, Cammi? ¿Recuerdan en dónde lo pusimos? — Nos preguntó Ranavalona, después de terminar de matar conejos y guardar sus cuerpos en un lugar especial en dónde hacia mucho frio. Estábamos por uno de los muchos pasillos del palacio.

— Pues ni idea. — Eso le dijimos y nos detuvimos, intentando recordar en qué lugar del sótano lo pusimos, porque es realmente era muy grande.

Entonces, nos pusimos a temblar, al darnos cuenta de que era imposible recordarlo. Sin tener ningún indicio de su situación, podríamos tardar días en buscarlo, y teníamos que encontrarlo antes de la noche, de la cena que iba a montar la Zarina junto con su médico personal, cuyos invitados eran sus ministros, líderes de las aldeas del Zarato y personas que venían de afuera.

— De todos modos, vamos al sótano en busca de ese barril de cerveza. — Eso nos dijo nuestra jefa, decidida. Nosotras no teníamos ni ganas, pero el deber era el deber, y tuvimos que ir.

— ¡Qué oscuro está! — Eso solté yo, cuando estábamos bajando las escaleras. — ¡Qué frio y qué mal huele aquí! — Añadía Zvezdá. — ¡No sean tan quejicas! — Nos gritaba Ranavalona, mientras encendíamos las lámparas de petróleo.

El sótano del palacio, además de ser enorme, tanto que parecía que nunca se terminaba; muy maloliente y helador; era un lugar lleno de cachivaches gigantescos y cosas muy extrañas, tapadas con grandes mantas, y que estaban colocados en fila india, formando calles. Al contemplarlo, aunque no se veía apenas nada, nos quitaron las ganas de buscar algo, pero aún así teníamos que intentarlo. Pensábamos separarnos, pero dijo nuestra jefa que no, que lo mejor era estar juntas, por si algo desagradable podría pasar. En verdad, la pobre tenía miedo de quedarse sola en un lugar como ese, pero, de todos modos, cuando nos dimos cuenta, mi Zvezdá se nos perdió sin darnos cuenta.

— Me pregunto qué son esas cosas, parecen carros de caballos.- Eso decía, mientras observando con atención algunas de las cosas que veía.

— Son automóviles. — Eso me dijo Ranavalona, mientras le preguntaba a Zvezdá por qué estaba tan calladita. Entonces es cuando me di cuenta.

— ¡Jefa, Zvezdá, se nos ha perdido, se nos ha perdido! — Le gritaba y ella giró hacia a mí, con cara de asustada. — ¡Maldita seas, os dije que deberíamos estar juntas! — Me gritó como si fuera yo la culpable.

— ¡Hay que buscarla! — Eso dije y ella me respondió: — ¡No podemos ahora, estamos buscando el barril! ¡Ya, la buscaremos más tarde! — Le iba a replicar que no, que lo más importante era buscar a Zvezdá; pero me miró con mala cara y tuve que decir un sí, agachándome la cabeza. A partir de ahí, continuamos nosotras solas. Desde ese momento, me empecé a sentir incómoda, porque nunca, desde aquella noche, estaba sola con ella.

— No lo veo por ninguna parte. — Eso decía mirando por todos lados, buscando el dichoso barril. — ¡Mi Señora, lo necesita! —

Ranavalona no dejaba de repetir eso una y otra vez lo mismo. Yo intenté ignorarlo, porque me molestaba tanto; pero la paciencia tenía límites y yo me harté. No pude más.

— ¡Siempre hablas de la Zarina, una y otra vez! — Eso le grité enfadada.

— Sí, es obvio, es Mi Señora, yo estoy a su servicio. — Giró su cabeza hacia mí, muy extrañada, seguramente preguntándose qué me pasaba.

— ¿Y yo, qué? — Recordaba aquella noche en que ella vino con su dichosa Señora y la anterior Zarina, de cómo entró en mi cuarto y yo había tenido una experiencia que jamás experimenté. Por culpa de eso, fui echada de mi hogar, estando exiliada y tuve que vigilar a ese monstruo de la Luisiana. Al convertirme parte de este cuerpo de sirvientas, me trató como si fuéramos desconocidas, y eso era bastante doloroso, me hacía llorar.

— Pues obedecer a…— Yo la empujé ante la pared, mirándola fijamente. — ¿Qué haces? — Gritó mi jefa, poniéndose tan colorada y aterrada que, de alguna manera, me excitaba.

— ¿No sientes nada por mí, después de lo que me hiciste? — Le pregunté otra vez y ella, en vez de poner una cara extrañada, empezó a poner una mirada de terror, temblando sin parar.

— ¡Porque tienes que recordarlo ahora! — Gritó más fuerte aún, como si recordaba algo horrible y me reprochaba. — ¿Por qué me has recordado que traicioné a Mi Señora? —

— Cómo si ella…— Me callé y la cogí de los hombros. — No puedo olvidarlo, a pesar de que quiero a otra…— Esa otra era Zvezdá, aunque no lo sabe; pero aún así sentía algo también por Ranavalona. — Eso que me hiciste… — Tal vez, era eso lo que estaba obsesionando con ella, seguramente.

— ¡Ni siquiera me acuerdo de lo que te hice, estaba borracha! — Tras decir ella eso, yo le mostré un poco de lo que me hizo aquella noche.

Sin pensármelo dos veces, le di un beso dulce y apasionado entre sus labios, como ella me hizo un montón de veces en aquella noche. Tan rápido como la besé, quité mis labios y ella se me quedó mirando.

Lo siguiente que sentí fue un guantazo muy fuerte y con Ranavalona corriendo como nunca.

— ¡No te vayas, por favor, no me dejes! —Eso le gritaba, llorando, mientras ella desaparecería en la oscuridad.

Entonces me di cuenta de lo que hice, mis sentimientos me controlaron y besé a alguien, que yo sabía que no me quería a mí, sino a otra. Además de invertida, era una idiota, que ni siquiera sabía de quién estaba realmente enamorada. Amaba a Zvezdá, pero también a Ranavalona, y en ese instante supe que tenía que decidir, tenía que elegir a alguien. Al final, no pude, ya que me interrumpieron.

— ¡Hey, Cammi, por fin te he encontrado! — Esas delicadas y lindas palabras solo eran de ella, de la gran y hermosa Zvezdá.

— ¡He encontrado el barril! ¡Lo he encontrado! — Eso decía con alegría y eso me animó mucho el corazón, tanto que le di un abrazo.

— ¿Ha pasado algo? — Me preguntó, al ver que tenía una cara muy triste, y se le notaba bastante preocupada, con esa pizca de inocencia. A pesar de que la mujer más alta del Zarato, parece mi hermanita pequeña a veces y eso me pone algo incomoda porque pienso cosas pervertidas en ella.

— ¿Por cierto, dónde está la jefa? — Eso dijo a continuación, y me hizo acordar lo que hice hace unos segundos. En vez de quedarme callada, le dije que se perdió, ocultando el hecho de que huyó de mí tras robarle un beso.

— ¿Y ahora qué hacemos? — Esa pregunta que dijo Zvezdá, mientras mantenía el puño cerrado en el pecho con una obvia preocupación, tenía como respuesta esto: — ¡Hay que buscarla! — Eso dije. Empezamos a buscarla por el gran sótano, gritando su nombre sin parar.

Así estuvimos un rato hasta que, al final, pudimos oír sus gritos y nos ordenaba que la salváramos, me pareció muy linda esa exageración, por otra parte. Nos costó mucho encontrarla y estaba, sentada en el suelo, abrazando sus piernas. Cuando nos vio se puso muy contenta y casi nos iba a abrazar, pero se detuvo porque sentía que tenía una imagen de superiora que mantener. Parecía que se olvidó lo que le hice hace unos segundos y se comportó conmigo con total naturalidad.

— ¡Por fin…! — Iba a decir algo, pero Zvezdá la interrumpió: — ¡He encontrado el barril! — Ranavalona le dijo que muy bien, seguramente alegrándose de que por fin podríamos salir de ahí. Y mientras se levantaba, yo y ella nos miramos, y la incomodidad volvió a nosotras y entonces Zvezdá dijo e hizo algo:

— ¿Qué es esto? — Eso decía, mientras se agachaba y cogía una cosa muy rara, que jamás habían visto, y que luego la Zarina lo llamaría “interruptor”. Empezó a toquetearlo sin saber lo que estaba haciendo, tocando unas cosas redondas que tenían todo tipo de colores. Mientras ella se lo metía en sus bolsillos, empezamos oír ruidos extraños.

— ¿¡Qué es eso!? — Gritaba Zvezdá, mientras algo salía de la montaña de cosas. Parecía algo humano, pero era blanco y, aunque su cara era negra, los rasgos del rostro brillaban como si fueran estrellas.

A pesar de que tenía piernas, estas no se movían, porque en los pies tenían ruedas; y las manos tampoco las movía y sus dedos solo eran dos, y tenían forma de medio círculo. Al verlo, dirigirse hacia nosotras, diciéndonos cosas que no entendíamos, no podríamos quedarnos quietas.

— ¡Corred! — Eso gritó Ranavalona y con eso cundió el pánico, y salimos corriendo, muertas de miedo. Una cosa o animal desconocido, de aspectos extraños; nos estaba persiguiendo durante un buen rato por el sótano, hasta que, de repente, se paró. Lo notamos rápidamente, cuando dejó de hacer ruidos y dejó de brillar.

— ¿S-se ha calmado? — Eso preguntó Zvezdá, con temblores. — E-espero que sí. — Le contesté, con temor. — D-debemos comprobarlos. —Eso dijo nuestra jefa. Les decimos, sobresaltadas, que ni hablar, que no queríamos acercarnos a eso; pero, al final, las órdenes son las órdenes y tuvimos que ir las tres juntas y yendo despacito, a ver qué era aquella criatura. Tras llegar hasta él, empezamos a obsérvalo y a tocarlo, dándonos cuenta de que era más enano que nosotras, solo le llegaba a las rodillas de Ranavalona, y no hacía nada de nada.

— No parece un animal. — Eso decía Zvezdá.

— Tal vez sea de esos cachivaches del exterior, hay cosas que se mueven solos. — Eso dijo Ranavalona y pues no la podríamos creer, ya que nos parecía eso casi imposible.

— E-eso es imposible. No hay cosas que se mueven solas, sin ayuda de nadie. — Eso dije, incrédula.

— Lo mejor es que lo llevaremos a la Zarina, a ver si ella sabe algo. — Y tras decir eso, nos ordenó a Zvezdá y a mí llevar esa cosa a cuestas hacia la habitación de la Zarina, a pesar de que casi nos íbamos a perder de nuevo.

Mientras estuvimos haciendo aquella horrible tarea, le pregunté a ella que cómo se separó de nosotras y me dijo que fue porque una rata la distrajo.

— ¿Qué es eso? — Eso nos preguntó la Zarina, cuando llegado a su cuarto con la cosa esa, que nuestra majestad estaba señalando. Estaba vestida con un grueso abrigo de piel de oso y un shapka-ushanka y me entraron curiosidad de saber qué hacía ella así, cuando en su cuarto no hacia frio.

— Mi Señora, esta cosa nos ha intentando atacar.- Eso le dijo Ranavalona.

— Esa cosa ni sabe lo que es atacar. — Eso nos decía, tras acercarse y observarlo sin parar. — La única manera es que lo encendierais vosotras mismas, con un interruptor o algo, ¿alguien ha tocado algo? — Nos miró fijamente y Zvezdá saco algo.

— Yo, había tocado esto, pero no sé lo que se. — Eso lo decía, mientras le entregaba eso. La Zarina apretó el círculo rojo de aquel cuadrado blanco, lleno de circulitos más pequeños. Entonces, ese cacharro se encendió, pero se apagó enseguida, dándonos un susto de muerte.

— Es una tontería de mi tío que compro cuando estaba en una feria sobre robótica, y no tiene batería. — No entendimos nada de nada, ni mi jefa ni yo ni Zvezdá, nos pareció que hablaba de cosas de otro mundo, mientras miraba el bicho, que ella llamó “robot”.

— Aparte de todo esto, ¿dónde está el barril? — Eso nos preguntó y entonces recordamos que no habíamos hecho el trabajo, por culpa de esa cosa, y salimos rápidamente de la habitación, diciéndole que lo íbamos a traer. Entonces, ella llamó a Ranavalona, para hablar a solas, dentro de su habitación.

— ¿Por qué estás espiándolas? — Eso me decía Zvezdá, mientras yo ponía mi oreja en la puerta para escuchar algo. Quería saber qué decía, porque parecía muy importante, pero al final no pude oír nada, fue muy breve. Cuando salió Ranavalona, me quité rápidamente de la puerta.

— Volvemos al sótano, a por el barril — Eso nos decía, mientras se dirigía a volver a ese sitio yo pensaba preguntarle qué le dijo la Zarina, pero me imaginaba que era algo muy secreto.

A continuación, empecé a sufrí unas ganas de pedirle perdón, ya que estaba recordando todo lo que pasó en el sótano con ella, y me sentí culpable por haberle besado sin su permiso.

— Perdón, por lo de antes. — Eso le dijo con toda mi sinceridad y en voz baja. Ella se detuvo de repente, solo para decirme:

— Ignoremos eso, no ha existido. — Sentí que eso no era lo que nosotras deberíamos hacer, pero tuve que callarme, ya que Zvezdá estaba al lado y lo oyó, a pesar de que habíamos hablado de forma muy bajita.

— ¿El qué? — Preguntó inocentemente y les respondimos con mucho nerviosismo que nada, absolutamente nada.

Entonces, Ranavalona nos dijo que tenía que decir algo importante, aunque, en verdad, sacó esto para cambiar de tema rápido.

— Mañana tenemos que prepararnos para un viaje inesperado de nuestra Majestad, quién saldrá con nosotras, pasado mañana. —

Así es como supimos que íbamos a iniciar un viaje que acabará que nuestro Cuerpo de Sirvientas tendrá un nuevo miembro. Mientras tanto, tendríamos que volver a allí para buscar el dichoso barril.

FIN

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