Octogésima_segunda_historia

La conquista: Primera parte, octogésima segunda historia.

Josefina estaba aburrida, pero no tenía muchas ganas de ir a casa de Mao, ya que afuera hacía un frío horrible. Así que llamó a Malan, para que la visitara. Tras llegar ésta, empezaron a ver documentales de animales y, mientras la sudafricana le explicaba muchas curiosidades sobre las especies que veían en la pantalla a la mexicana, que prestaba atención pero sin enterarse de nada; llegó su hermana Noemí:

— ¡Ya estoy en casa! — Eso gritó ella cuando entró en casa, llorando desconsoladamente. Se sentó, tras quitarse el abrigo y el gorro, en el sofá, mientras estaba maldiciendo a alguien.

Eso alarmó a su pequeña hermana y atrajo la curiosidad de Malan, que se dieron cuentan de que además se había cortado el pelo, tanto que parecía ser un chico. Era señal de que le había pasado algo malo, ya que tenía la costumbre de destrozarse el cabello cuando le rompían el corazón o algo parecido.

— ¿Q-qué te ha pasado? — Eso le preguntó Josefina muy preocupada, mientras Malan le estaba preguntando si quería algo de comer, en un intento para poder consolarla. Noemí reaccionó de forma muy negativa:

— ¿Y a vosotras que os importa…? — Se limpiaba los ojos, mientras les soltaba aquellas palabras, además de añadir que unas niñas como ellas no iban a comprender un problema tan adulto como el suyo.

— ¡Jo, soy tu hermana! — Protestó Josefa, infando sus mofletes; mientras Malan pensaba que seguramente su problema no sería tan adulto cómo se creía. Al ver que ella no reaccionaba y por lo incómodas que estaban, la sudafricana convenció a Josefa para subir a su cuarto. Y cuando Noemí se dio cuenta de que estaba sola, al no haber nadie que le consolara, se fue a la habitación de su hermana pequeña para que escuchara sus desgracias.

— ¡Perdón, perdón, por haberos llamado niñas! Os contaré todo lo que ha pasado. — Eso les gritaba mientras entraba salvajemente por la puerta de la habitación. A Josefina, quién estaba jugando con la Nintendo 3DS de uno de sus hermanos sin su permiso, casi le dio algo, escondiendo la consola instintivamente. Malan puso cara de que sabía que la hermana actuaría así.

Entonces, Noemí empezó a contarles sus penas, sin darles tiempo a qué dijeran algo. Les contó que cortó con su novio, con el que estaba saliendo desde hace tres meses; cuando éste la llamó para decirle que era una mujer autoritaria y no la soportaba más. Ella le echaba pestes sin parar, diciendo que era un idiota porrero, un vago que ni siquiera podría moverse de su sofá, un puto que se acostaba con cualquier perra, un machista maricón y otras cosas más. Le dijo de todo menos bonito.

Josefina le decía que ya encontraría alguien mejor, que no debe llorar por él, mientras Malan le daba palmadas suaves en la espalda para consolarla.

— ¿Ese chico no era el del otro día? — Le preguntó la sudafricana a Noemí en un momento determinado, cuando se acordó de algo que ocurrió días atrás.

— ¿Qué otro día? — Se quedó Josefina pensando.

— Si te refieres a aquel día en que me pillasteis con un chico follando, pues sí, es él. — Respondió Noemí con toda la tranquilidad del mundo. Entonces, fue cuando Josefa recordó algo que su cerebro bloqueo, ya que era un gran trauma. Se puso a gritar como loca, poniendo cara de horror.

Hace unos días atrás, mientras ella estaba en su habitación, jugando con Malan y las gemelas Alex y Sanae a un juego de cartas; su hermana entró con su novio a la casa y pensaron que no había nadie.

— Si tu familia no está, eso significa… — Eso le decía a Noemí, mientras se le caía la baba.

— ¿No estarás pensando en eso? — Eso le preguntó, bastante colorada mientras le abraza y con su rodilla le tocaba la entrepierna, entre risas idiotas. Los dos tenían ganas de hacer eso. Desde la habitación de Josefina se notaba que había llegado.

— Al parecer, ya alguien ha vuelto a casa…— Eso dijo Alex, con la intención de distraer a Josefina y ver sus cartas.

— Seguro que es mi hermana y otro de sus novios. — Le replicó Josefina muy molesta, ya que no le gustaba escuchar a su hermana ponerse tan tonta. Y no se dio cuenta de que sus cartas fueron vistas por las gemelas.

A continuación, Noemí y su novio subieron a su habitación para hacerlo, que estaba al lado del cuarto de Josefina. Sin perder tiempo, se quitaron la ropa y saltaron a la cama. Esos dos empezaron a chillar y movían la cama de un lado para otro, la cual chocaba contra la pared sin parar.

— ¿Qué es lo que está haciendo tu hermana? — Se quedaron las gemelas muy boquiabiertas, que se quedaron observando hacia la pared en dónde se escuchaba esos golpes. Ellas supieron enseguida lo que estaba haciendo Noemí. Alex se puso mala, Sanae se empezó a excitarse.

—No lo sé, pero… — Eso les respondía Josefina, muy incómoda y muy preocupada. — Es como si la estuvieran pegando. — Entonces, se imaginó que el novio de su hermana la estaba atacando y puso cara de horror.

Se levantó de golpe, con la intención de salvarla. No iba a dejar que ningún hombre le pegará, sea cuál sea su excusa, a su hermana.

— A mí me parece que… — Malan intentó explicarle que ellos estaban copulando, pero ella ni escuchó, salió corriendo mientras les decía a las demás esto: — ¡Chicas, tenemos que salvar a mi hermana! —

— ¡Deja a mi hermana en paz…! — Eso gritó Josefa con la máxima intensidad, al abrir bruscamente la puerta del cuarto de su hermana.

No se esperaba lo que se encontró en aquella habitación. Se quedó muda, incapaz de entender qué era lo que estaban haciendo su hermana con su novio. La encontró montado sobre él, completamente desnudos y sudando como cerdos. Su cara estaba tan roja como el tomate.

— ¿Josefina? — La única que se atrevió a hablar fue a Noemí, que también quedó en shock, junto con su novio. Los dos no se movieron ni un dedo, como si el tiempo se hubiera detenido en ellos, en una posición indecente.

Se puso blanca de horror, al ver que su hermana pequeña le había pillado cabalgando sobre la “cosita” de su novio. Luego, éste se puso a chillar como niña y las otras dos chicas hicieron lo mismo.

Cuando aparecieron las demás niñas, los que copulaban gritaron de nuevo y pudieron reaccionar, tapándose con las sabanas de la cama y separándose rápidamente del uno al otro, provocando que tuvieran que llevar al chico al hospital, porque su miembro se doblo en el proceso. El pobre tuvo que pasar ingresado dos noches. Y así es como Josefina, quién creía que los bebes salían de la nada; descubrió traumáticamente que se creaban.

— ¡Tranquilízate, por dios! No es para tanto. — Eso le gritó a su hermana, mientras le ponía las manos sus hombros para que dejara de chillar.

— Tú estuviste tres días llorando porque tu hermana te vio haciendo eso. — Eso le replicó Malan y Noemí le contestó con esto: — Pero lo de ésta ya es exagerado. —

— ¡Aún no puedo asimilar eso! — Eso añadió Josefa enfadada, al ver que su hermana le decía exagerada. — ¡Por dios, qué repelús! —

A continuación, se puso a temblar del asco, al recordar como se lo explicó Malan, de cómo eran los aparatos reproductores, tanto masculinos como femeninos, su función, cómo funciona y cómo crecía un niño en el interior del cuerpo de una mujer. Todo eso le quitó las ganas de saber de sexo por una buena temporada, ya que no toleraba muy bien las cosas sobre el cuerpo humano.

— Y eso que lo expliqué lo más científicamente posible. — Eso mencionó Malan con los brazos cruzados, al ver que su explicación no había servido para que Josefina no estuviera traumatizada por ese hecho.

— ¡No deberíamos de estar hablando de estas cosas! — Eso decía Noemí, quién se sintió peor que antes. — ¡Qué me han abandonado! — Y se tiró en la cama de Josefina, tirando a sus muñecos, entre ellos Gazpacho, al suelo.

— ¡No te preocupes! Al día siguiente, ya te estarás buscando a otro novio. Siempre haces lo mismo. — Josefa rápidamente cogía los muñecos y los ponía en su sitio, mientras le mencionaba eso a su hermana.

La conocía y sabía que fácilmente se olvida de los chicos que sale y se buscaba a otro. Era como si necesitaba un novio en todo momento y que le aterraba estar soltera.

— ¿Me estás llamando perra? — Esas palabras de Josefina fueron un insulto para ella.

— ¡Por supuesto que no, en absoluto te diría algo como eso! — Le decía nerviosamente Josefina, mientras Malan intervenía con esto:

— Más bien, eres un Canis lupus lupus. Es decir, que era más bien loba que perra. — Ninguna entendió qué quería decir con eso, pensando que solo era un mal chiste por parte suya, aunque ella no lo dijo con esa intención.

Noemí se olvidó de su novio para pasar a estar enfadada con su hermana por haber insinuado que era un perra, cuando ella nunca dijo nada así. Y Josefina le pedía perdón una y otra vez, pero era en vano. Desesperada, pidió ayuda a Malan, quién se le ocurrió una idea que terminó siendo un éxito.

— ¡Oh dios! ¡En verdad, cocinas muy rico! — Eso le decía Noemí a alguien mientras devoraba un plato que mezclaba la comida mexicana con la vietnamita. Esa persona era Khieu, quién no la deseaba ver. Después de lo del campamento, ella se había hecho su amiga y cuando se veían durante las reuniones de la hermandad se la acercaba para charlar, y era tan pesada como Josefina. Ahora que sabía dónde trabajaba, la iba a molestar todos los días.

— ¡No hables con la boca llena! — Eso le gritaba Khieu, al ver que ésta la intentaba hablar con la boca repleta de comida. Noemí le dijo que vale, después de que casi se iba a atragantarse. Cuando terminó, empezó a hablarle de todo lo que le pasó, su ruptura con su novio y todo eso. Eso le molestó a la satánica, quién nunca lo había tenido, y deseaba que se callara, poniendo más atención en los clientes que a ella.

— ¿Tú conoces a algún chico guapo? — Eso le preguntó finalmente Noemí, tras consolarse. Khieu se quedó callada, quería decirle que si hubiera conocido a alguien así pues no se lo daría a ella, a la vez que pensaba que todos los hombres que ha visto eran feos o raros. Le entraron ganas de llorar, cuando se dio cuenta de que solo atraía bichos, en vez de guapetones. Entonces se acordó de Mao, quién el día anterior se trajo a su puesto a uno muy hermoso.

— ¡Vamos di algo! — Eso le decía Noemí, cuando vio que la ignoraba, mientras Josefina le decía por el oído a Malan que lo sabía, ella se iba a buscarse otro chico.

— Yo…— No quería decírselo. —…en verdad, no…— Le mentía Khieu, sonriendo nerviosamente, mientras se tocaba los dedos compulsivamente a la vez que sudaba como un cerdo.

— ¡Te conozco, cuando mientes te pones así! — Eso le dijo a continuación, con jactancia, Noemí, mientras Malan y Josefa se decían que Khieu mentía de una manera bien obvia y que no hacía falta conocerla para saberlo. Ésta, al sentir la presión, tuvo que confesar.

— Mao se trajo un indio realmente guapo ayer, parecía como si salía de la revistas Junior Boy. Y él me trató como si yo fuera una princesa, era un verdadero caballero. Y vestía de una forma elegante y sensual. Y su voz y movimientos eran tan masculinos… — Ella lo decía como si estuviera delirando, reía y sonreía de placer, imaginándose ese encuentro mucho más irreal y perfecto de lo que había sido realmente.

— ¿Y por qué estaban juntos? — Eso preguntaba Malan, poniendo una cara muy preocupada, dándose cuenta de quién era esa persona. Estaba pensando cosas que no debía y llegando a sospechar que pudieran tener una relación más allá de la amistad.

— ¡Oh Dios santo, esto puede ser…! —También Josefina se lo imaginaba. — ¿¡Amor!? — Y se estaba emocionando.

— Se lo pregunté y Mao me dijo que solo eran amigos. — Les respondió Khieu, que volvió a la normalidad. Malan se sintió aliviada, dando incluso un suspiro de tranquilidad; Josefina se decepcionó y lo primero que hizo Noemí fue salir corriendo a la casa del chino para pedirle un gran favor.

— ¡¿Adónde vas, hermanita!? — Le preguntaba Josefina muy sorprendida por su reacción. Mientras se alejaba a toda velocidad del puesto, ésta le respondió: — ¡Voy a ver a Mao, tengo que conocer a ese chico! —

— ¿¡En serio, se lo quiere ligar!? — Khieu se quedó de piedra, al ver como salió corriendo.

Sintió rabia al ver que había ayudado a una chica a buscar ligue, mientras ella estaba ahí, ayudando a sus padres en un puesto de comida, sola, sin nadie que le dijese que la amaba ni que le hiciese cosas pervertidas o verse juntos maratones de películas gore. Al pensar en todo eso, tuvo pena y tristeza por ella misma, entrándole ganas de llorar.

— Eso siempre hace, pero no te preocupes, Satánica, no aguantarán ni medio año. — Le mencionó Josefina mientras la estaba pagando. Khieu protestó, le decía por enésima vez que no la llamara así.

Josefina y Malan fueron andando tranquilamente hacia la casa de Mao, mientras Noemí, al llegar al barrio corriendo, se perdió y tuvo que ser socorrida por las niñas.

Mientras tanto, en la casa de Mao, nada especial estaba ocurriendo entre sus paredes. Él miraba la tele indiferente, como si fuera absorbido por ella. Las gemelas llevaban a Alsancia al cuarto de baño, porque a la napolitana le entraron ganas de vomitar, después de escuchar lo que hacían las mujeres del pueblo de su madre para enamorar a un chico, que era nada más ni nada menos que echarle en la cerveza o en el café, cuatro gotas de su propia menstruación. Eso fue pura invención suya, pero no esperaban que fuera a pasar aquello. Jovaka también lo escuchó, a pesar de que había tapado los oídos, y lo intentaba olvidar. Clementina y Diana dormían plácidamente en su habitación. Leonardo también se echaba una siesta en su lugar de trabajo.

Entonces, la africana, la mexicana y su hermana entraron a la casa como si fueran huracanes, rompiendo la supuesta tranquilidad que había en el hogar.

— ¡Mao! — Gritó Noemí su nombre, tras abrir la puerta de papel del salón y éste contesto, sorprendido de tal aparición. — ¿La hermana de Josefina? — Se quedó mirándola, mientras Josefina y Malan entraban. — ¿Qué quieres? —

— Preséntame a ese chico tan megaguapo. — Eso le respondió y todos los de la sala, salvo las que habían venido, se quedaron preguntándose qué quería decir ella con eso.

— ¿De qué estás hablando? — Le preguntó Mao, muy extrañado.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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