Octogésima_segunda_historia

La conquista: Última parte, octogésima segunda historia.

Noemí y Khieu, al verse la una a la otra a las puertas de una pizzería, se estaban mirándose fijamente, sorprendidas de verse mutuamente y preguntándose esto:

— ¿¡Qué haces aquí, perra!? — Se gritaron mutuamente, esperando una respuesta por parte de la otra que no fuera que habían venido a tener una cita con su príncipe indio. Eso intentaban creer.

Después de aquel día en el cine, en el cual acabaron el grupo fue expulsado de la sala y esas dos volvieran a sus respectivas casas muy enfadadas; Mao le prometió a Nehru prepararlo todo para que le dijera que no a esas dos y se puso manos a la obra. Tardó en una sola hora dictar un plan y no esperó ni un segundo a comunicárselo a Nehru:

— ¡Oye, entiendo que me lo prometiste, pero es medianoche, yo estaba durmiendo! — Aunque era muy tarde y ella estaba acostada en la cama, intentando dormir.

— Yo pensaba que eras de ese tipo de personas que se quedan despiertas muy tarde. — Eso le replicaba Mao. — En fin, ¡ya tengo una idea! —

Era hacer como si fuera una cita, invitar a cada una a ir a un restaurante. Tenían que estar las dos a la vez y ahí es cuando debía decir que sabía que ellas querían ligársela, pero no quería a ninguna, para su desgracia, y que podrían ser solo amigos. Así no solo le dejarían tranquilo, sino que nunca desearían volver a verlo, tal vez.

— Ya estoy acostumbrado a hacer eso, pero temo por las represalias. — Le decía a Mao. — Necesito mejorar la excusa, o algo así. —

— Pues bueno, inventarte que tienes novia en la india o que eres gay o asexual o lo que sea. — Eso le contestó.

Tras esto, Mao y Nehru empezaron a buscar restaurantes para elegir el lugar del rechazo y luego decirles a Khieu, por un lado, y a Noemí, por otro, cuándo podrían quedar, intentando buscar un día en que podrían coincidir los horarios de cada una. Al final, el día elegido fue en sábado y éstas se prepararon muy bien para estar elegantes antes su “príncipe indio”.

Esas dos volvieron a mirar por segunda vez las puertas del restaurante, intentando comprobar si se habían equivocado de lugar. Al ver que no, se preguntaron mutuamente:

— ¿Te ha invitado a comer el “príncipe indio”? —

Se quedaron muy sorprendidas y fastidiadas, al ver que cada una había venido por el mismo motivo, mientras Nehru, que se encontraba sentado en una de las mesas, esperaba con temor. Tenía miedo de que se volvieran locas y fueran a por ella, deseaba que fueran como las otras, que solo lloraban al oír esas palabras y salieran corriendo para no volver a verla jamás.

— ¿Cuándo van a entrar? ¿Se van a quedar todo el día discutiendo? — En otra mesa, Mao se estaba quejando, mientras escondía su rostro detrás de un periódico y observando como Khieu y Noemí empezaron a discutir, molestando a todos los clientes que intentaban entrar y salir del restaurante, provocando que los camareros salieran a la calle para decirles que no se pusieran a pelearse en las puertas del local.

— ¡Pues ahora, vamos a comprobarlo, él me va a preferir a mí! — Gritaba Khieu, mientras entraba en el lugar junto con la otra. Lo que consiguieron los camareros fue que ellas se pusieran a pelear dentro de su local.

— ¿A ti? Te gusta el gore y esas mierdas, ¿quién desea tener una chica tan enferma cómo tú? — Y eso le replicaba Noemí. Las dos iban como locas hacia Nehru, quién sintió, al verlas así, un gran miedo y deseos de huir.

— ¿Por qué está ella aquí? — La preguntaron con muy mala leche, después de llegar a su mesa y darle un golpe a la mesa, exigiéndole una explicación de forma tan violenta que la dejaron con la boca abierta y temblando de terror.

— ¿No se supone que esto es una cita? — Eso le dijeron a continuación, al ver que ésta no se atrevió a decirles ni una palabra.

— Nunca dije que esto fuera una cita, solo que os invitaba a cenar. — Por fin, Nehru pudo reaccionar y las respondió con una actitud conciliadora y tranquilizadora, aunque se le notaba que estaba muy nerviosa, ya que no paraba de jugar con su pelo.

— Entonces, ¿por qué no nos ha dicho que venía ella? — Entonces, se señalaron mutuamente, con palabras de desprecio a la una hacia la otra.

— Bueno, en verdad,… — Se estaba llenado de valentía. — Os he llamado para deciros una cosa. — Lo decía, mirando hacia al otro lado, incapaz de mirarlas y poniéndose más nerviosa que nunca.

— ¿A qué te has enamorado de una de las dos y que la perdedora lo deba escuchar? — Entonces, soltaron esas palabras, creyendo que la iban a elegir. Se pusieron contentas, al pensar que iban a vencer a la otra, tanto que se miraban entre ellas con una cara de burla para la otra.

— ¡Cómo sabía, yo siempre hago caer a todos los chicos a mis pies! —Empezó Noemí, poniéndose a presumir de que era un imán para los hombres, con la mano sobre su pecho, hinchado de orgullo femenino.

— ¡Ya se te caerá esa soberbia cuando diga que soy yo! — Eso le gritó Khieu, quién la señaló con el dedo, creyendo pronosticar que la iba a vencer y dejarla en ridículo; que podría vengarse de aquella chica por fin, que no sabía cómo tratar a sus supuestas amistades y darle una buena lección.

— ¿En verdad están enamoradas de él? Actúan como si esto fuera el concurso de algo. — Comentaba Mao, quién observaba la escena con mucha vergüenza ajena.

— Pues yo…— No se atrevía, del miedo que le daban, a decirles que no las quería a ninguna de las dos y estuvo, de los nervios, juntando sus manos.

— ¡Dilo, no seas tímido, ni tengas piedad! — Le gritaron impacientemente, deseosas de derrotar a la otra supuestamente. Nehru se quedó muy callada, incapaz de decir algo y entonces, Mao, harto de soportar esta lamentable escena, se levantó y les dijo esto:
— A él no le interesa ninguna de las dos. —

— ¿Espera, qué? ¿Mao, qué quieres decir? — Eso respondieron las dos muy sorprendidas. —Espera, espera, ¿qué haces aquí? — Se quedaron sin palabras, al verlo aparecer así de repente. Entonces se levantó Nehru y se dirigió hacia él.

— Tiene toda la razón, porque…— Se puso delante de él. — Yo amo a Mao. — Todo se quedaron de piedra. Los clientes y los trabajadores, que estaban observando la escena. Khieu y Noemí no se lo podrían creen, al igual de Mao que le dejó totalmente descompuesto.

— ¿¡Qué!? — Gritó Mao. — ¿¡Qué demonios!? — Y repitió a gritos las mismas palabras, esta vez acompañado por la hermana de Josefina y Khieu. Parecía una caldera a punto de explorar, mientras Nehru ponía sus manos sobres los hombros de Mao.

— ¡No puedes decir eso en serio! — Noemí se sintió muy humillada, ella había perdido una batalla por alguien a quién ni siquiera creía que era su rival. — ¡Maldita seas, ese era mío! — Le entraron ganas de llorar de la rabia.

— ¿¡Entonces, Mao nos ha ganado!? — Eso gritaba por su parte Khieu, quién estaba realmente confundida.

— Tú eres la flor más hermosa que hay en todo el campo, nunca dejas de estar radiante a mis ojos. Yo siempre he estado pensando en ti, todas las noches; así que, por favor, acepta los sentimientos de este pobre servidor que ha caído en este amor. — Todo eso le decía a Mao con la cara más seria posible.

— ¿¡Qué tonterías estás diciendo!? — Y eso le gritaba, muerto de la vergüenza, intentando no pensar lo que iba a ocurrir después.

— Solo la verdad. — Al decir eso, le dio un beso delante de todo el mundo. Khieu y Noemí pusieron muecas de sorpresa y horror.

— ¡Por Buda, por Buda, por Buda! ¡Estás cómo una puta cabra! — Mao rápidamente le empujó al suelo y salió corriendo, totalmente descontrolado, rojo y con ganas de llorar de la vergüenza.

— ¡Espérame, amor mío! — Y eso dijo Nehru, quién salió corriendo detrás suyo.

— ¡Se nota que no te quiere, yo sí! ¡Yo podré ser tu novia, de verdad! ¡Así que olvídate de ella y enamórate de mí, soy un buen partido! — Le gritaba Noemí a su “príncipe indio”, mientras lo perseguía, aunque perdió tiempo valioso, después de tropezar y chocarse contra el suelo al salir del local.

— ¡Está situación se nos ha ido de las manos! Hubiera sido genial ser su novia y todo eso, pero me he dado cuenta de que solo estaba desesperada por culpa de mi soledad y para joder a su bruja. ¡Así que si me disculpan, me voy de aquí! —

Esto soltó Khieu, muerta de vergüenza, al ver cómo todas las personas que estaban en el restaurante empezaron a mirarla estupefactos, después de observar cómo se fueron los demás. Decidió quitarse del medio lo más rápido posible.

Más tarde, Mao, lleno de furia, llamó a Nehru para que explicara por qué hizo eso.

— Pensaba que ya no querías hablar conmigo nunca más. — Le respondió con total naturalidad, cuando cogió el teléfono y escuchó los gritos de Mao, quién estaba totalmente encolerizado.

— Ya, ya, solo quiero saber la razón de eso antes de matarte de las formas más horribles posibles. — Esas palabras de amenaza le parecían muy graciosas a la hindú.

— Si tú misma lo dijiste, que me inventará una buena excusa. — Eso le decía a continuación, mientras se sentaba en su sillón, recordándole a Mao lo que dijo.

— ¡Y tuviste que hacer eso precisamente!- Eso le gritaba, mientras se arrepentía de haber ayudado a aquella mujer disfrazada de hombre. Ésta solo tenía ganas de cachondearse, mientras recordaba la reacción ante lo que le hizo: — Pero si te viste muy linda, toda rojita, parecías una chica de verdad. —

— No es gracioso. — Gritó Mao de pura vergüenza, mientras la oía reírse.

— ¡Eres muy lindo, por si no lo sabías! — Esa especie de piropo que le dedico solo puso más alterado a Mao, quién le gritaba esto: — ¡Cállate! ¡Cállate! —

— Si quieres podrías ser mi novia, yo tu novio. — Le dijo a continuación con tono burlesco aún, aunque en el fondo no le parecía tan mal esa idea.

— ¿Quieres que mi ira vaya a por ti? — Esa replica, llena de hostilidad, hizo que Nehru se diera cuenta de que se estaba pasando y paró.

— Solo fue una pequeña broma, después de todo.- Se puso algo nerviosa al decir. — Espero… — Aquella última palabra dejó a Mao un poco intrigado, preguntándose qué quería decir ella con eso; mientras en el otro lado del teléfono, Nehru se quedó pensando en su absurda idea de ser novios y se empezó a ponerse roja y a reír, esto último molestó al chino, quién decidió despedirse de ella con estas palabras:
— ¡Pues esas bromitas se pagan caro! —

Mientras en otro lado, en el lugar dónde estaba situado el puesto de comida callejera de los padres de Khieu, ésta, quién estaba ayudando a terminar el negocio por hoy, ya que era de noche; intentaba echar a una Noemí hecha polvo.

— ¡No es justo, nada justo, esa maldita Mao es un robanovios, maldita sea esa china! — Eso gritaba y lloraba una Noemí que estaba muy borracha. Apareció así al llegar al puesto, incapaz de poder andar bien.

— Si le quiere, le quiere, fin del asunto. Así que vete a llorar a tu casa. — Le decía una Khieu desilusionada que sentía que no se podría librar de ella ni un momento.

— No y no. Tú como mi amiga debes escucharme toda la noche hasta que me calmé. — Le soltó esto, tras dar un golpe en el mostrador.

— ¿Después de intentar quitarte el novio y de decirte que nunca he querido ser tu amiga? Eres una persona muy ilógica, la verdad. —

Pensaba que si hubiera sido ella, le habría mandado a la mierda, al primer momento. Pero, por extraño que le pareciera, se alegró porque, en el fondo no quería perder esa extraña amistad que tenían entres ellas. Intentó mantener la compostura para que Noemí no la viera sonreír pero le era imposible.

— Se llama reconciliación, ¡reconciliación! ¡Te perdono y eso es lo que importa! ¡Porque las dos hemos perdido el mismo objetivo! ¡Y yo no descansaré hasta que ese “príncipe indio” sea mío y se lo quite de las manos a Mao! — Eso le gritaba, mientras se limpiaba los ojos, antes de levantarse y mostrar el brazo al cielo, haciéndose una promesa a sí misma: No perder su presa por nada del mundo.

— Sea lo que sea, pero vete a tu casa. — Eso le dijo Khieu, antes de que la hermana de Josefina se pusiera a vomitar.

FIN

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