octogésima_séptima_historia

La sicaria: Última parte, octogésima séptima historia.

Al día siguiente, la llamé y le dije que viniera a su antigua casa para decirle algo muy importante. Ella me dijo que tenía que trabajar y hasta las seis de la tarde, no saldría del trabajo. Yo le expliqué que no había problema, que la esperaría hasta que llegará. Eran las siete de la mañana y estuve allí hasta que apareció.

— ¡Perdón, perdón, por llegar tarde! — Me dijo al llegar. Estaba exhausta, ya que vino corriendo. Se puso de rodillas y apoyó las manos sobre ellas para descansar. — ¿Qué querías decirme? — Añadió, después de descansar un poco. Yo, incapaz de decirle algo, le señalé hacia su jardín, mientras me dirigía hacia ahí, pasando en medio de las ruinas de lo que fue hace meses su hogar.

— No lo entiendo, ¿qué pasa? — Eso me preguntó a continuación, al seguirme y llegar al punto en dónde yo creía que estaba el cuerpo de su madre.

— ¿Quieres saberlo? — Fue lo único que se me ocurrió, siguiendo incapaz de decirle, aunque fuera indirectamente, que debajo de nuestros pies estaba el cadáver de su madre.

— ¿El qué? — Por la cara que ponía, era normal que le parecía raro y hasta aterrador lo que estaba diciendo yo. Seguro que se preguntaría qué me estaba ocurriendo.

— Lo que hay debajo de nuestros pies. — No pude dar una mejor respuesta. Me fastidio, ser incapaz de decirle la verdad con mis propias palabras y decidí cavar, que, por algo, llevaba una pala. Se quedó callada, mirándome.

Primero tuve que quitar la nieve que había, para llegar a la misma tierra y seguir cavando en él, todo lo rápido que podría. Por lo bruta que fui en aquellos momentos, me hice daño el hombro.

— ¿Estás bien, Lafayette? — Me preguntó, y se le oyó bastante preocupada.

— No importa. — Le respondí, antes de continuar cavando, yendo con mayor tranquilidad esta vez.

Entonces, noté que la pala topó con algo, que ni era una piedra ni pura tierra, y supe lo que era. Lo introduje de nuevo, para sacarlo mejor. Al hacerlo, saque una mano que salió volando, para caer, a nuestro lado.

— ¿Qué es eso? — Eso soltó Malia con conmoción, después de gritar y caer de culo en la nieve. Lo miraba con horror y yo con uno de asco. Estaba podrida esa cosa, ya que olía fatal, la carne se estaba descomponiendo y todo tipo de bichos salían de él. Lo que pasó a continuación fue que ella se puso a vomitar, dándome más nauseas de los que tenía. Aún así, decidí seguir excavando y sacar el cuerpo entero.

— ¿Qué está pasando? — Eso me dijo, incapaz de superar el shock, cuando quite toda la tierra que estaba encima de lo que quedaba de su madre. Ella no miraba hacia eso, así que tuve que señalarse.

— Esto es lo quería decirte.  — Al ver su cara, me empecé a arrepentir de lo que hice. Parecía que le iba a dar un horrible ataque de corazón o se iba a desmayar de un momento para otro. Era bien obvio que aquello la traumó, tal vez de por vida; aún así, tenía que decirle y señalarle que su madre estaba ahí.

— No puede ser…— Eso decía, al mirar hacia a mí. — Es imposible…—Se acercó rápidamente hacia al cadáver. — ¿Mamá? — Se le empezó a llenar los ojos de lágrimas.

Su estado era igual de lamentable que su mano, apenas se le reconocía. En algunas partes de su cuerpo solo había hueso, ya no tenía ojos y no se veía ningún rastro de ropa. Me sentí bastante mal al verla. Malia rompió a llorar amargamente, sacando como si no hubiera mañana aquel cuerpo de la tierra y abrazarla desesperadamente, gritando su nombre sin parar. Era la primera vez, en toda mi patética mi vida, que estaba sintiendo unos sentimientos tan horribles y solo miraba hacia al otro lado, intentando ignorar aquella fea y triste escena, aunque era en vano. No aguantaba observarla de esa manera, ver que le lloraba desconsoladamente, mientras lo abrazaba, a un muerto, que fue alguien muy querida para ella, a pesar de lo desagradable que era.

— ¿Quién te hizo esto? — Gritaba Malia sin parar. — ¿Por qué te han hecho esto? — No paraba. — ¿Por qué, por qué, por qué, mamá, por qué? — Con cada palabra que decía abrazaba a aquel cadáver cada vez más fuerte.

En cierta forma, me sentí como una intrusa en una escena de un teatro, una actriz que no debería estar ahí. Por eso, estaba tan incómoda que decidí irse, dejarla sola para que se desahogará. Pensaba que, en momentos como estos, me gustaría que me dejaran sola, y creía que ella también lo quería. Así que cogí la pala y me di la vuelta, alejándome de Malia.

— ¡Lafayette! — Entonces, ella me gritó.

— Esto me lo dijo un pajarito, el más horrible de todos los que existen en este planeta, no sé más. — Eso le dije, pensando que me quería preguntar el porqué sabía esto. Yo no se lo podría decir directamente, creyendo que esa idiota de Elizabeth hiciera alguna locura con Malia si se enterara de que le dije la verdad.

— Eso no es…— Me equivoqué. — ¡No te vayas, por favor! — Fue una petición desesperada, por su parte.

— ¿Por qué? — Eso le pregunté, mientras me detenía.

— E-es solo un deseo egoísta, pero no quiero estar sola, no ahora. — Decía entre sollozos. — P-perdón si eso te molesta…—

— N-no es eso. — No me atreví a decirle nada más inteligente. — Pero si quieres, me quedo.

— Gracias. — Concluyó Malia, mostrándome una débil sonrisa de agradecimiento.

Entonces, empecé a acercarme a ella, mientras pensaba si se imaginaba que si la culpable de que su madre estuviese ahí, muerta y enterrada en el jardín, fuera su propia hermanita, Sasha. Porque Elizabeth lo cree, yo también, y creo que todo que observarse las pruebas vería que es eso. Si lo pienso bien, supongo que Malia lo negaría, siempre lo haría. “Es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, eso seguro que lo diría.

Al llegar hasta Malia, ante a aquella chica que lloraba a mares mientras abrazaba a un cadáver, sentí ganas de consolarla, pero no sabía el cómo. Me era insuficiente quedarse junto con ella, así que pensé en alguna forma de darle apoyo, aunque sea una estupidez. Entonces, me sentí muy extraña, como si no fuera yo misma, porque Marie Luise Lafayette jamás haría algo por otra persona. Pero esa era mi antiguo yo, la de ahora ya sentía empatía y sentimientos hacia una persona. Por todo esto, la abracé:

— ¡L-lafayette…! — Eso dijo muy sorprendida, cuando la abrazada como ella lo hacía con aquel cadáver.

— ¡Solo tengo frío, nada más! — Le solté como excusa, porque me pareció muy vergonzoso decirle que quería abrazarla para consolarla de alguna manera.

Y ahí ella dejó de abrazar al cadáver, para hacerlo conmigo. Así estuvimos un buen rato, mientras la luna ya estaba en el cielo y el sol ya se escondió; hasta que ella dejará de llorar y llamará a la policía, quitándome del medio.

— ¡Felicidades, Lafayette! Por fin, has hecho a la perfección la misión que te encargue. — Eso me dijo Elizabeth, cuando volví a mi casa y me llamó; lo decía con un tono de pura euforia que me ponía más asqueada de lo que estaba.

— Por cierto, ya me entro curiosidad, ¿a quién maté, realmente? — Solo sabía que intentó matar a la pequeña Zarina y fracasó la muy payasa, pero no me interesó hasta en aquel momento, porque ni me importaba. No sabía de dónde saque el deseo de saberlo a estas alturas.

— ¿Hablas de esa idiota? Solo fue una mosca que intentó matarme, solo era eso. Comparada con su padre…— Eso me respondió, diciéndome lo que ya sabía.

— ¿Conocías a su padre? — Le pregunté.

— Un estúpido perdedor que luchaba, o eso creía, por causas sin sentido y que cometió un enorme error que le costó su vida,… — Se quedó callada, antes de añadir esto: —…y mi ojo…— Me quedé pillada al escuchar eso del “ojo”, no entendía lo que quería decir.

—Ya veo. — Concluí a continuación, solo por decir algo, ya que sabía que ella no iba a soltar nada más.

— No era nada importante, solo me vengue y acabé con una futura amenaza. — Y con esto dicho, terminó la llamada.

— En fin, sea lo que sea, ya está muerta. — Sin que tuviera la decencia de decirme que iba a colgar, dejando que yo hablará sola sin darme cuenta. Al ver lo que hizo, tiré el teléfono al suelo, bastante molesta.

Entonces, me acerqué a las ventanas y empecé a mirar el paisaje nocturno de la cuidad, poniéndome a pensar si fue correcto enseñarle a Malia que su madre estaba muerta o no, porque me arrepentía de haber hecho eso.

FIN

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