Sin categoría

La fiesta, octogésima octava historia.

Era el primer día de vacaciones de invierno, por la tarde, cuando Josefina dejó entró a las amigas que había invitado a su casa y se fueron a su cuarto a pasar el rato.

— ¡Qué rollo! — Le decía Alex a Josefina, mientras intentaba sostener las piernas en el aire el mayor tiempo posible. — ¿Por qué no tienes tele ni ordenador en tu cuarto? — Se notaba que estaban aburridas.

— Mi mamá no deja a nadie que haga eso. — Eso le respondía mientras estiraba unas medias, más de lo que debería, que estaban entre la ropa que le dio su madre para que lo metiera en su armario, algo que obviamente no estaba haciendo. — Esas cosas deben estar en el salón, cuestionados por un adulto, o eso dice. —

— Si tan solo tuviéramos la consola portátil de tus hermanos. — Añadió, por su parte, Sanae, quién estaba acostada en la cama, mirando al techo.

No podrían hacerlo, porque el propietario estaba en casa, enviciado a la consola como si no tuviera mañana. Ellas podrían haberse puesto a ver la televisión, pero los papás de Josefina estaban viendo como posesos unas telenovelas muy aburridas de su país de origen, a pesar de que el resto de los hermanos, que también estaban en el salón, intentaron convencerlos de poner lo que ellos querían.

Después de aquellas palabras que pronunció Sanae, el silencio dominó el cuarto durante un buen rato. Estaban tan aburridas que ni siquiera sabían de qué podrían hablar. Al notar aquel panorama, Josefina pensó durante varios minutos, en busca de una conversación que eliminaría el aburrimiento:

— ¿Por cierto, desearían tener un novio? — Al final, lo encontró, soltando esta pregunta a las dos, que tardaron bastante en responder, sorprendidas y sin saber que decir a Josefina.

— ¿¡Nosotras!? — Le dijo Sanae, con mucha timidez. — Son un montón de problemas. — Eso añadió, por su parte, Alex, quién movía los brazos diciendo que no. Su gemela se quedó mirándola, preguntándose a sí misma si era buena idea decirle que le gustaría tener uno.

— Pues a mí me gustaría tener uno. — Les dijo, a continuación, Josefina. — Como Nadezha, que tiene uno que es muy lindo, ¡me da envidia! —

Entonces, ella se imaginó cómo sería su vida si lo tuviera y su mente se llenó de cosas bien lindas. Empezó a soñar y a crearse una historia muy romántica, de esas muy cursis y típicas de las telenovelas de México, con ella como protagonista; pero sin las muertes y la violencia que salían en éstas. Mientras se imaginaba como el chico de sus sueños, que, por alguna razón, se llamaba Miguel Hidalgo, le iba a dar un romántico beso sobre las escaleras de un palacio de cristal lleno de vendedores de tacos; las gemelas la devolvieron al mundo real, preguntándola si estaba bien. Se preocuparon un poco, al ver la cara de embobada que tenía, mirando al vacio. Tras esto, ésta se puso a protestar:

— ¡Me gustaría tener a alguien que sea bueno conmigo, que nunca se burle de mí, que me diga “princesita” todos los días, que me lleve a salir de citas, que sea divertido, con buena espalda, que me cuide muy bien cuando me ponga enferma y se llame Miguel Hidalgo! — Pateaba como si fuera una niña pequeña, llena de frustración, al ver que esas cosas que imaginaba serían imposibles.

— Eso es mucho, ¿no crees? — Le soltó Alex.

— Pues solo quiero un novio. —  Le respondió Josefina, tras lanzar un quejido de fastidio. Ella no creía que pedía demasiado.

Entonces, las gemelas se acordaron de su viaje al sur de la isla, con Nadezha y Malan. Una de las personas que conocieron allí, se había enamorado de Josefa.

— ¿Y ese chico que conocimos cuando nos fuimos con Nadezha al sur?  —Le preguntaron, refiriéndose al joven Thomas Nixon, quién, durante el tiempo que ellas pasaron en la ciudad, siempre iba detrás de ella y le contestaba que sí a todo, como si fuera un perro faldero.

— Es una persona maja, ¿y? — Josefina no entendía adónde querían llegar ellas.

— ¿Cómo te parece? — Siguieron profundizando en el tema, con la idea de confirmar si se hubiera dado cuenta de que aquel niño estaba colado por ella, algo que era muy obvio y se notaba.

— Pues él es como un hermano para mí, o un amigo. — Esta respuesta las dejó de piedra. — No entiendo porque le mencionáis ahora. — No podrían creer que ella fuera tan incapaz de ver lo obvio. Ni se dio cuenta de que había un chico que estaba colado o de las verdaderas intenciones de esa pregunta.

Las gemelas le dijeron que ignorase eso, mientras se lamentaban por aquel pobre chico, que no era más que considerado que un amigo. Le dieron bastante pena.

— Bueno, ¿algún consejo para conseguir uno? — Josefa prosiguió, después de preguntarles si estaban bien, al ver que empezaron a mirarla mal, o eso le parecía a ella.

— ¿¡Así que nos pides consejo!? — Rió Alex levemente. — ¡Pues nosotras te enseñaremos como conseguir uno! — Se levantó de la cama, mientras soltaba aquellas palabras, señalándose como si fuera la diosa del amor.

Vio en aquellas palabras una forma de acabar con el aburrimiento, ya se le estaban ocurriendo mil y una ocurrencias para hacer que Josefina hiciera la tonta, mientras ésta intentaba aprender a conseguir un novio. Guiñó el ojo a Sanae, quién entendió perfectamente las intenciones de su hermanita y se le unió sin ninguna objeción.

Pero, cuando Josefina les iba a preguntar qué podrían aconsejarla, ellas no se esperaban con la aparición de otra persona, quién entró en la habitación sin pedir permiso, mientras soltaba esto:

— Ni siquiera tienen uno, deberían dejarla con una experta. — Era Noemí, que, al pasar por la puerta, oyó la conversación y pegó su oído durante un rato, hasta que decidió entrar.

— ¿Tú? — Le dijo Josefina con mucha desconfianza. — No creo que sea una buena idea. —

— Yo he tenido muchos novios, por tanto, tengo mucha experiencia. — Le replicó, mientras se hinchaba el pecho de orgullo femenino.

— ¿Hasta en hacerles el amor? — Comentó Alex, que soltó lo primero que se le ocurrió.

— Por supuesto…— Y esto le respondió con total seguridad, antes de darse cuenta que le hicieron decir algo inapropiado para unas niñas.

— ¡No digan cosas pervertidas, que no quiero hacer eso! — Josefina se imaginó, por unos momentos, haciendo tal cosa con un chico, se puso muy roja y le tiro la almohada a la cara de su hermana.

— No importa, ignora eso… — Ella le soltó aquellas palabras, intentando controlar sus ganas de devolverle el golpe o de replicarle, diciendo que era culpa de su amiga, por haberle preguntando tal cosa.

A continuación, se sentó en la cama para explicarle lo que iban a hacer. En realidad, solo era para conseguir el aprobado de su hermana, haciéndola callar, para hacer una fiesta, mientras sus padres no estaban, ya que se iban una noche los dos juntos. Quería evitar que Josefina dijera algo.

— ¿Sabes? Podríamos hacer una fiesta, ahí puedes conocer a cualquier chico que pueda interesarte. Solo tienes que acercarte a él, empezar a hablarle, relacionándoos sin parar y en un par de semanas estará colado por ti, ¡te lo aseguro! — Intentaba convencer a su hermanita.

— Eso no me parece muy convincente. — Aunque ésta ya sospechaba de que su hermana la quería utilizar y por otra parte, no le interesaba mucho hacerla caso con sus consejos, ya que sentía que podría acabar tan mal como Noemí.

— ¡Vamos, vamos a hacerlo! ¡Como en las películas! — Gritaron las gemelas con mucho entusiasmo, al escuchar que iban a hacer una fiesta. Como ellas se apuntaron al plan con tanta fogosidad, Josefina no pudo oponerse y decidió apuntarse, tal vez con la esperanza de poder conseguir un buen novio.

— Entonces, no le digan nada a papá y a mamá, ¿vale? — Eso les soltó, antes de irse abajo, a seguir con sus preparativos.  Ellas le dijeron que lo iban a mantener en secreto.

Entonces, llamó a todos los que tenía en la lista de su teléfono, menos a sus ex novios y a Mao, porque era su rival y conociéndole, no iría de todas maneras. Llamó a Nehru sin parar para que se uniera, pero ésta nunca la contestaba y, al final, tuvo que rendirse con frustración. Esperaba que viniera mucha gente.

— ¡Bueno, espero que cuiden de la casa! ¡No quiero líos! — Les soltó la madre a sus hijos cuando ellos ya se estaban yendo. Estaban muy elegantes y decían que no iban a volver hasta mañana. Todos dijeron que sí: Josefina, las gemelas, que le dejaron pasar la noche en la casa; Noemí y el resto de los hermanos: Miguel, Pablo y Juan José.

— ¿Llamaste a nuestros amigos? — Eso le preguntaron Pablo y Juan José a Noemí, cuando los padres se fueron.

— Pues…— No lo hizo, porque odiaba a todos sus amigos. —… ¡dijeron que estaban muy ocupados! — Y estos se lo creyeron totalmente, mientras el hermano mayor, quién no pudo invitar a ninguna chica, porque todas las que conocía le odiaban a muerte; empezó a burlase de sus otros hermanos.

— Por lo menos, no hemos llenado la casa de gordos y frikis. — Les decía Miguel, mientras se observaba la cara con un pequeño espejo. Se estaba mirando por si estaba bien guapo y se lo creía, a pesar de que para muchos su cara era un verdadero espanto. Sus hermanos gordos le empezaron a insultar, mientras Noemí pensaba con un sentimiento de superioridad hacia a ellos que solo eran unos idiotas, que no iban a ligar nada. Ella se dirigió a la cocina, mientras Josefina subía a su cuarto junto con las gemelas para que ellas no vieran una escena vergonzante, ya que los hombres de la casa se pusieron a burlarse los unos a los otros, haciendo payasadas y otros tipos de cosas que nadie quiere ver. Una hora después, vino la primera invitada a la fiesta y la hermana de Josefa se dirigió a toda velocidad a abrir la puerta, tirando al suelo a los hermanitos que se interponían por su camino, con un gran entusiasmo que se esfumo cuando vio quién era:

— ¡Oh, eres tú! — Eso dijo Noemí con mucho desánimo, como si Khieu, que era la primera invitada a llegar, no fuera gran cosa.

— ¿¡Por qué lo dices de esa forma!? — Le preguntó Khieu, al ver cómo la recibió. Sintió como si no la quería en su fiesta, a pesar de que le había invitado ella.

— No importa, entra, entra. — La empujó hacia la casa, esquivando la pregunta, y la envió a la cocina, en dónde había un montón de comida. Khieu, le preguntó, intuyéndolo, esto:

— ¿No me has llamado solo para que haga de comer, verdad? — Le preguntó, esperando que no fuera eso.

— Pues claro que sí, ¿qué otro motivo tenía para invitarte? — Le soltó esto como si fuera algo normal y dejó a Khieu con ganas de matarla. Le iba a replicar de forma violenta que no iba a ser su cocinera y que solo iba a disfrutar de la fiesta, pero observó a los hermanos de ésta, sobre todo a los dos que estaban gordos; mirándola con interés desde el salón y sentía que lo mejor era no negarse y quedarse ahí, para que esos monstruos no se acercarán a ella. Tras soltar un suspiro de pura molestia, le pidió a Noemí esto en su oído:

— Haré buena comida, no dejas que ellos se acerquen a mí. — Y ésta acepto encantada, diciéndoles que no se acercarán a la cocina, porque molestaría a la chef y arruinarían la cocina. Nuestra cocinera estaba de muy mal genio, porque ya estaba cansada de trabajar en el puesto de sus padres y maldecía una y otra vez a Noemí por arruinar su momento de diversión, porque quería divertirse, bailar y ligar en la fiesta.

A los cinco minutos, al bajar Josefina y las gemelas al salón, quienes bajaron al ver que estaban llegando invitados; apareció otra:

— ¿¡Qué haces tú aquí!? — Eso dijo Noemí, muy boquiabierta, cuando vio algo imposible para ella, que la segunda de a bordo de la hermandad estaba en su misma puerta.

— Pero si me has invitado tú. — Le respondió ella, poniendo una expresión de molestia, dándose cuenta de que Noemí no recordaba que ella misma le había llamado antes.

— Ah, ¡ya recuerdo! Tú eras Grace Cook, una de los peces gordos de la hermandad, no sabía que te tenía en mis contactos. — Entonces, empezó a reír nerviosamente, creyendo haber metido la pata.

— Espero que sea un chiste. — Lo dijo como si fuera un jefe enfadado por la estupidez de uno de sus trabajadores.

No le parecía muy agradable que le hubieran invitado a una fiesta sin que supiera a quién llamaba. Empezó a arrepentirse de haberle dado su número de teléfono o por lo menos, de haber aceptado ir a la fiesta, ya que solo había venido creyendo que tal vez Mao estaría por ahí.

— Entra, entra. — Eso le decía Noemí, mientras la metía apresuradamente en la casa, con la intención de que no se centrara en aquel detallito.

Cook miró por todas partes, pero no encontró a Mao y se fue hacia Josefina y a las gemelas para preguntar por él. Las saludó de forma muy artificial y ellas reaccionaron así:

— Es la chica del teatro. — Las gemelas lo hicieron de forma normal. — ¡¿Qué haces tú, aquí!? — Mientras Josefina, quién se estremeció al verla, gritó esto con un poco de miedo y desconfianza hacia ella. Al parecer, aún no había superado lo que había pasado en el campamento.

— ¿¡Mao está aquí!? — Ellas le dijeron que no, movieron la cabeza. Cook lanzó un suspiro de fastidio, al ver que había venido a la fiesta para nada. Aún así, decidió quedarse en él, porque no deseaba volver a su casa.

Y luego, durante la siguiente media hora, vinieron unas cuantas personas más. Entonces, Noemí se dio cuenta de que había invitado a unas chicas que ya habían dejado de ser sus amigas y las odiaba con gran intensidad. Deseaba darse un buen puñetazo por haber invitado a ciegas y por no haberlas borrado de sus contactos. Y su fiesta se le empezó a volver un poco incómoda. Y más aún, cuando le trataban como si nada malo hubiera pasado y una parte hablaba con su hermana pequeña y las amistades de ésta bastante bien. Es más, se habían vuelto el centro de atención por parte de las chicas, que solo charlaban con ellas porque le parecían monas. Todo esto, mientras veía a sus hermanos intentaban ligar, siendo burlados y humillados con cada intento. Entonces, se sintió extraña en el lugar y se arrepintió de haberlo llevado a cabo.

— ¡Hey, Khieu! ¿Cómo lo llevas? — Intentó conversar con ella, como única esperanza para no empezar a sentirse sola en su propia fiesta.

— ¡No me molestes! — Le gritaba, muy concentrada preparando los platos. — ¡Tengo que hacer la comida! — Parecía como si fuera una profesional ante los fogones de la cocina.

— ¡No importa, tengo a gente con quién hablar! — Le exclamó, saliendo de la cocina muy molesta, aunque Khieu la ignoró olímpicamente. Y se dirigió hacía Cook, quién estaba en el sillón dónde se sentaba el padre de Noemí, leyendo un periódico como él.

— ¡Oye, guapa! ¿Qui…? — Ahí vio como uno de sus hermanos, Juan José, intentaba ligársela.

— No quiero trato contigo.  — Y Cook le cortó el rollo a una velocidad pasmosa, con un tono de voz tan duro, que provoco que estuviera a punto de llorar, mientras recordaba con toda la amargura del mundo que ninguna quería hablar con él.

— ¿Y conmigo? — Y eso le dijo su otro hermano, Pablo, pensando que él podría conseguirlo.

— Tampoco.  — Consiguió la misma respuesta y los dos, con ganas de llorar, se fueron a sus cuartos a jugar videojuegos. Mandaron a la mierda la fiesta, mientras decían que la realidad era una mierda y que los juegos nunca le iban a traicionar. Al ver eso, Noemí decidió no acercarse a ella, porque no quería ser rechazada de esa forma tan dura. Lo que no sabía es que Cook deseaba que alguna de las chicas que conocía en la fiesta se le acercara para hablar, ya que estaba muy aburrida.

Intentó acercarse a su hermano Miguel, para ver si podría charlar con él, pero se le quitó las ganas, cuando vio que estaba hablando con unas chicas, mintiéndoles, diciéndoles que era un buen estudiante y que iba a Harvard, solo para impresionarlas. Si aparecería ante ellos, la obligaría a seguirle el rollo o ella le daría un buen puñetazo por ponerse a inventarse historias, así que decidió alejarse de ellos.

Se sentó en el sofá, esperando que alguien que no le caía mal le hablase; pero, hasta los chicos que habían venido, eran gente que le habían hecho daño. Todas esas personas iban a hablarla como si no la hubieran hecho nada malo o, en algunos casos, para que le perdonasen. Noemí era una persona muy rencorosa, no podría volver a ser amiga de otros que le hicieron algo muy desagradable, aunque había excepciones. No quería ni verlos e impacientemente deseaba que terminara la fiesta y se marchasen.

Al final, su frustración creció sin parar hasta que ella explotó, gritando esto: — ¡Ya no puedo más! — Lo hizo en el momento más inoportuno, cuando todos estaban bailando mientras escuchaban música pop. Dejaron de mover el esqueleto, sorprendidos por aquella reacción. Se preguntaban por qué la anfitriona de la fiesta saltó de esa manera tan brusca.

— ¡Necesito cerveza! — Entonces, añadió esto, a gritos.

Y todos, con gran euforia, malinterpretaron aquel gesto, creyendo que ella había gritado el momento perfecto para tomar alcohol, ya que había pasado varios segundos desde que Josefina y las gemelas subieran a la habitación, cansadas de tanta fiesta. No querían ser un mal ejemplo para las chiquitinas de la casa. Noemí se lanzó a las cervezas con la intención de tragárselas sin parar, suponiendo que así podría olvidarse de que estaba enfadada con la mayoría de sus invitados y disfrutar de la fiesta. Fuera de sí, no paró hasta que sus sentidos empezaron a descontrolarse y su memoria poquito a poco se desvaneció, incapaz de reconstruir lo que iba a pasar a continuación.

A partir de aquí, para Noemí, todo estaba en negro, hasta que se despertó, con un terrible dolor de cabeza y nauseas, en su cama.

— Ay…— Se palmeaba la cabeza del dolor. Luego, miró por todas partes, ni podría reconocer su propio cuarto, antes de obligar a su dolorido cuerpo que se levantara de la cama. — ¿En dónde….? — No podría terminar la pregunta, porque alguien la interrumpió.

— ¡Por fin te has despertado! — La persona que pronuncio esto, dando un grito que casi estremeció a Noemí del dolor, era Josefa, que se encontraba a su lado, junto con las gemelas Alex y Sanae.

— ¿Y? — Le replicó Noemí, incapaz de entender lo que le había pasado.

— ¡No veas lo que liaste anoche! Por poco, mandas gente al hospital. — Le soltó una de las gemelas, Alex.

— ¿Qué…? — Ésta se quedó boquiabierta al oír eso, no recordaba que se había peleado con otras personas.

— ¿¡No has aprendido que tomar cervezas en exceso es muy malo para ti? Siempre te pasa lo mismo. — Y su propia hermana le regañó, diciéndole esto; antes de suspirar, al ver que Noemí nunca aprendía.

— ¿Q-qué he hecho? — Les gritó muy preocupada, antes de quejarse de su dolor de cabeza. Intentó forzar su memoria, pero no podría recordar nada.

— Pues, empezaste a gritar como loca, insultado a todos y a tirar cosas al suelo. Has roto nuestra tele y has pegado a varios de las chicas que estaban en la fiesta. ¡Hasta vomitaste encima de Khieu, mientras ésta te detenía! — Josefina se lo contó, entonces. Ella lo recordaba con total claridad, aunque hubiera preferido olvidarlo, se moría de la vergüenza cada vez que lo pensaba.

— Eso es imposible… ¡No lo recuerdo! ¡¿De verdad, ha pasado eso!?— Se puso blanca del terror, mientras intentaba buscar en sus memorias. Deseaba que eso no hubiera pasado, que fuera simples invenciones de Josefina y sus amigas; porque si era verdad, estaba metida en un mal asunto. Su cuerpo estaba temblando del miedo, no se le ocurría nada para evitar la regañida del siglo que le haría su madre.

— ¡Eso díselo a mamá! — Añadió Josefina, mientras ellas y sus amigas salían de la habitación.

— ¿Adónde vas? — Se dio cuenta de que estaban huyendo.

— Nos vamos a quedar y a dormir en la casa de Mao. — Le contestó Josefa que, junto con las gemelas, salieron a toda prisa. Pero antes dijo esto:

— Por cierto, no he encontrado ningún novio en la fiesta. Tus consejos apestan. —

Su hermana la replicó mentalmente que eso era lo normal, porque ella, durante toda la fiesta, no se acercó a ningún chico, el primer paso para ligarse a uno; y que, por tanto, sus consejos no apestaban. Por desgracia, Noemí no consiguió escupir aquellas palabras, ya que éstas ya habían salido de la casa.

— ¡No me dejen sola, por fa…! — Soltó esto a continuación, pero ya era inútil, ya no podrían escucharla. Decidió imitarlas y se levantó totalmente de la cama, con gran dificultad. Miró el reloj de su cuarto, observando que eran las nueve de la mañana, buscando una señal de cuándo volvería su madre. Tenía que salir pitando y huir de su casa, lo más rápido posible.

FIN

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s