Sin categoría

La flor aún sigue viva, octogésima novena historia.

Ella tuvo una horrible y fea pesadilla, tanto que, al despertar, se levantó gritando, despertándonos a mí y a mi esposa en mitad de la noche. Lloraba sin parar, mientras su madre la cogía en brazos y le decía que todo estaba bien. Le pregunté por el sueño, ya que era importante conocerlo, porque son mensajes que nos envían los espíritus de nuestros ancestros, siendo una advertencia, la mayoría de los casos. Era algo así:

Ella misma, con unas ropas muy extrañas, salía de un palacio tan hermoso y grande como en el que habita nuestra Zarina, corriendo entre la nieve y, al llegar a ciento punto, empezó a dar vueltas, feliz y contenta, mientras otra chica aparecía en el lugar.

— ¿Por qué estás tan feliz? — Eso le decía aquella chica, que se parecía mucho a la Zarina, aunque no lo recordaba muy bien. Era igual de pequeña, su pelo era dorado y largo, su piel, blanca como la nieve; y llevaba algo que le tapaba uno de sus ojos.

— Porque voy a morir. — Eso le respondió, riendo.

— Por eso lo digo. No tienes caso. — Tenía en sus brazos un arma de fuego, y lo estaba preparando para disparar.

— Estoy preparada para desaparecer. Y estoy feliz, ¿y tú? — Sonreía, reía y agitaba las manos con felicidad. Algo que ella, tras despertar, no entendía para nada, preguntándose  por qué lo desearía, mientras las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos.

— Yo también, después de todo, erradicaré un monstruo, uno menos para el mundo…— Eso le decía la otra. — Y para mí. — Y con esto dicho, alzó el brazo con el arma apuntándola y dio un disparo que alcanzó a nuestra hija en toda la cabeza. En ese mismo instante, se despertó, al verse a sí misma con una sonrisa perturbada, llena de felicidad; cayendo sobre la blanca nieve y llenándola con un tinte rojo.

Soy un joven hombre de la aldea de Papaloapan, situada en el centro del Zarato, cuyo nombre es Navajo. Vivo, felizmente casado, con mi esposa Nizhoni. Nos juntamos hace poco tiempo, cuando yo le confesé mi amor e hice el ritual para que me aceptara. Nos conocidos desde que éramos bebes y creo que siempre estuvimos unidos por los espíritus.

Y sin saber cómo, por culpa de ella, adoptados a una niña muy extraña, tanto en su aspecto como en su comportamiento. Apareció de una forma misteriosa a nuestro pueblo. Un buen día, un carro que procedía de la cuidad llegó a nuestra aldea, trayendo una misión para nuestro jefe, que era cuidar una moza. Intentó preguntar, pero ellos no sabían nada, ni ella tampoco. No recordaba nada de lo que le ocurrió, ni su propio nombre, así que tuvimos que bautizarla como Aiyanna.

Nuestro jefe nos reunió a todos en una reunión para quitarse a aquella chica, de piel blanca y con pelo corto y azul, cómo el agua de los ríos; del medio y les preguntó a cada uno de nosotros si queríamos adoptarla. Nadie quería tener a una completa desconocida entre su familia, salvo mi mujer, que alzó la mano para adoptarla, a pesar de que nosotros llevábamos una semana como matrimonio, apenas estábamos empezando. Ya sabía yo que quería ser una madre, pero jamás me imaginé que fuera capaz de aprovechar ese momento para tenerla. Yo intenté convencerla de lo contrario, que aún no teníamos capacidad para cuidar a alguien, pero nada de nada.

Aún recuerdo sus palabras: — ¡Ni hablar! Ella se queda con nosotros y punto, y no más quejas. — Elegí a la mujer más complicada de todas, que no le puedes decir la contraria. Aún así, la quiero así. De todos modos, no digo que fuera una mala decisión, al final me he encariñado con esa niña.

— ¿Qué piensas sobre ese sueño? — Eso me preguntó mi mujer, ya en la mañana, mientras ella le frotaba el champú por la cabeza a nuestra niña. La estaba bañando. Por algo, después de desayunar, me mandó sacar nuestro cubo de madera y limpiarlo, para que pudiera estar listo cuando se echará el agua que se había calentado para la ocasión.

— ¿Qué sueño? — Comentó mi hija muy extrañada, mientras intentaba mantener los ojos cerrados para que no le entrara el champú. Al parecer, lo había olvidado. Es algo típico de ella, es quizás la chica más olvidadiza que había visto. Y me alegro de que se le haya olvidado, porque no fue bonito para Aiyanna.

— ¡El que nos contaste esta noche! — Eso le exclamó su madre, mientras le quitaba el champú del pelo.

Estaba limpiándolo con cuidado, para no frenar el crecimiento del cabello, ya que le daba pena que una chica llevase un cabello tan corto. Dice que eso es cuestión de orgullo para una mujer. No tiene que ser demasiado largo, porque es arrogante; ni demasiado corto, ya que es marimacho. El equilibrio es la virtud.

— No lo sé, pero, sea lo que sea, no fue bonito. Habrá que hablar con el chamán. — Eso le respondí a mi esposa. Tardé un poquito en responder, porque estaba terminando de comer el desayuno y no podría hablar con la boca llena.

Por otra parte, ese sueño me intrigaba demasiado, yo quería saber de qué trataba todo eso y la única manera era contactar con un chamán que vivía en otro pueblo.

— ¿Y si es una advertencia? Nuestros espíritus nos estarán diciendo que ella está en peligro. — Dijo ella, a continuación. Tras pronunciar esto, se quedó paralizada por unos segundos, imaginándose cosas horribles.

— ¿En serio, mamá? — Comentó nuestra hija, muy preocupada. — No me gustaría. —

— Ni yo tampoco, cariño. — Añadió mi esposa.

Yo también estaba preocupado, por eso decidí irme en el mismo día al otro pueblo para buscar al chamán. Pero antes de salir y recorrer dos horas, tenía que tragar un buen vaso de cerveza en la taberna del pueblo, junto con mis colegas.

— ¡Oye, no deberías estar aquí, esto es un sitio de adultos! — Aunque mi hija me siguió, dándome cuenta de que estaba detrás de mí, cuando ya entré en la taberna. Me tuve que enterar por los demás.

Le dije eso, ya que ella no debería estar ahí, más que nada porque a su madre no le gustaba que estuviera. Y no es la primera vez que lo hace, a veces me hace esto, porque misteriosamente le encanta este lugar, a pesar de que mi esposa le regaña una y otra vez por venir, aunque yo también recibo su regañina, con más intensidad que la suya.

— Yo también lo soy, me sale sangre por ahí abajo, cada cierto tiempo. — Me replicó, llenándose su pecho de gran orgullo, ante las risas de los demás, que les pareció esas palabras muy simpáticas.

— Pero aún tienes cuerpo de niña, crece bien y vuelve aquí. — Comentó un amigo de mi querido padre que estaba ahí para huir de su mujer, quién nos cuenta, como si fuera una aventura épica, las peleas que tenía con su esposa. Ese día nos contó cómo enfado a su señora, insultando a su suegro. Mientras decía esas palabras, le acariciaba muy fuerte la cabeza a Aiyanna, quién le replicaba muy molesta, que ella ya era muy adulta.

— ¡Déjala, no tenemos problema con ella! ¡Siempre nos hace reír, es el alma de la fiesta! — Comentó un amigo mío, mientras todos se ponían a reír y Aiyanna aceptaba aquellas palabras como un gran elogio.

Era muy extraño, pero agradable, observar cómo mi gente le tenía mucho cariño a mi querida hija, algo muy distinto del trato que le dieron cuando llegó al pueblo. Al principio, nadie se acercaba a ella por tener la piel muy diferente a ellos y por ser extraña a nuestra aldea, pero poquito a poco todo el pueblo empezó a tratarla como un miembro más. Eso fue debido a que ella se comunicaba muy bien con todo el mundo, creo.

— La última vez que la deje aquí conmigo, mi mujer casi me mata. — Les dije a mis amigos, mientras recordaba cómo la última vez que dejé que mi Aiyanna se quedará en la taberna, mi mujer me mandó a  dormir a la calle toda la noche.

Tuve que sacar a Aiyanna a la fuerza de la taberna, ya que ésta no se dejaba salir. La gente de la taberna me ayudó, aunque solo intentaron convencerla, nada más. Les dije a todos que fuera un secreto entre nosotros, a pesar de que sabía que, en menos de una hora, ya lo sabría todo el pueblo. Éstos lo tomaron como una broma y, al final, mi querida hija y yo fuimos regañados. Después de esto, ya estaba listo para irme:

— ¿Estarás bien, verdad? — Eso me decía mi mujer, cuando yo estaba a punto. — ¿Lo llevas todo bien? — Y no paró, parecía como si fuera el hijo que se iba a independizar de su familia y ella la madre que estaba aterrada por ver que su niño iba a estar lejos de su cuidado.

— No os preocupéis. Está al lado. — Además de esto, tuve que decirle que sí y que no preocupará miles de veces para que se sintiera tranquila.

Estaba con el búfalo que cuidábamos, regalo de mis suegros, y que me iba a servir para llevar mis cosas. Es un buen animal, muy leal y apacible, uno podría sentirse seguro a su lado. Además de mi mujer, mi hija también me estaba despidiendo, como es bien obvio, y también se mostraba preocupada.

— Pero dice mi padre que va a caer una buena tormenta, tal vez deberías ir otro día. —

A mi suegro aquel día le estaba doliendo muy fuerte los huesos, y eso no era una buena señal, podría caernos una buena nevada, ya que estábamos en temporada de nieves.

— Pero si hace sol. — Le replicó Aiyanna a su madre, mientras miraba al cielo. Y era verdad, apenas se veía nubes en el cielo, el sol estaba radiante.

— Nunca confíen en el cielo, eso siempre dice mi abuelo. — Gran verdad dijo mi esposa. Tampoco hay que desconfiar de los huesos de mi suegro, aunque esta vez no podría dejarlo para otro día. Yo no podría quedarme tranquilo, teníamos que saber qué era ese mensaje que nuestros espíritus le mandaron a Aiyanna.

Y con esto, me despedí de ellas, directo hacía al otro pueblo. Y mientras recorría con tranquilidad el camino, me puse a recordar cosas:

— ¿Por qué no puedo recordar nada antes de llegar aquí? —Eso me soltó un día, mientras estábamos dando de comer a nuestro búfalo.

Antes de eso, le regañé por subirse encima del animal y tratarlo como un caballo. Tras decirme perdón y quedarse un rato en silencio, me mencionó esto de repente.

— Pues no lo sé. — Ni ella lo sabía, yo tampoco.

— Es molesto, es como si hubiera nacido ayer. — Eso me soltaba, mientras le daba su comida favorita al búfalo. — ¿Y si, en verdad, nací hace poco y mi verdadera mamá me abandonó en la montaña, por alguna razón? — Me pareció algo bastante absurdo.

— No creo que te hicieran algo así, no creo que ninguna madre hiciera tal cosa. — Le respondí, mientras empezaba a acariciar a nuestro animal.

— De todos modos, ya tengo una mejor mamá. — Añadió con orgullo.

— Por supuesto. — Tenía razón, porque mi esposa se estaba esforzando muy bien para ser la madre de Aiyanna.

Y hablando de mi esposa, recordé todas las veces que ella le cuidaba el pelo, como si era un tesoro:

— ¡Prefiero tenerlo corto! — Eso le dijo un buen día a su madre, mientras ella, después del desayuno, empezó a limpiarle el cabello.

— ¿No digas eso? ¡Te dirán marimacho por eso! ¿No te gustaría, no? — Le replicaba, impresionada por esas palabras. Ella no entendía por qué alguna mujer deseaba tenerlo tan corto como un chico.

— Pero, por alguna extraña razón, me gusta más así, no sé porqué. —

Aún así, se dejó el pelo largo, e incluso a ella le empezó a gustar tenerlo así, deseando tenerlo tan largo como el de su madre.

A veces Aiyanna actúa muy extraña, como, por ejemplo, cuando en una tarde, empezó a hacerse pasar por un gusano:

— ¿Qué estás haciendo? — Le pregunté muy extrañada, al verla arrastrarse por el suelo lentamente, mientras ponía una cara muy boba.

— Soy un gusano, es un juego. — Eso me decía.

— ¿Parece divertido? — A mí eso, además de estúpido, me pareció muy aburrido.

— La verdad es que no. — Aún así, yo no pregunté por qué ella estaba haciendo eso si no le parecía divertido.

También recuerdo otro buen ejemplo, cuando el día empezó.

— ¡Buenos días! — Eso les dije a mis mujercitas, cuando me levanté para trabajar, dando bostezos. Ellas estaban terminando el desayuno.

— ¡Buenos días, hijo! — Eso lo puso con una voz de anciano, mientras me daba la comida.

— Soy tu padre. — Eso le repliqué, mientras me sentaba para devorarlo.

— Ahora no, nos hemos intercambiado de cuerpos y ahora tú eres yo y yo soy tú. — Esas palabras me dejaron en blanco, porque no entendí ni papa.

Y no podría decir más, porque la lista sería interminable. Aún así, ella es una niña adorable, a veces, vulgar, irónica y sarcástica; pero tiene un gran carisma, que la ha hecho ser amada en el pueblo, tanto cuando viene en la taberna como cuando está con los niños del pueblo.

Eso me recuerda cuando una vez la vi, rodeada por los demás niños, que le escuchaban con especial atención, mientras ella contaba algo. Al saludarla, ya que volvía del trabajo, e interrumpir su historia, los niños me regañaron:

— Silencio, está contando una historia graciosa. — Parecía que lo estaban disfrutando y yo, después de pedir disculpas, decidió escucharla, a petición de mi hija.

Era la historia de un rey que estaba aburrido y decidió hacer un concurso en el que los condenados debían hacer reír al público. Si lo conseguían, salían vivos, pero si no, lo decapitaban. Primero vino el ladrón, cuyo chiste hizo mucha gracia a todos los presentes, salvo uno, al palurdo. Le cortaron la cabeza. El segundo fue un asesino y le pasó lo mismo con el primero. Al llegar el conspirador que fue contra el monarca, hizo uno muy horrible, que dejó a todo el mundo sin habla, menos el idiota que no paraba de reír. Le preguntaron y es que entendió el chiste del primer participante. A mí no me pareció muy graciosa, pero sí a los niños del pueblo y se hizo famoso durante días. Hasta los adultos lo contaban una y otra vez, partiendo de la risa.

Mientras estaba absortó en mis pensamientos y recuerdos, el cielo de golpe se llenó de nubes negras, que lo oscurecieron todo, empezando así una gran y enorme tormenta de nueve, que me pilló de improviso, a mí y al búfalo.

— ¡Qué mierda! — Gritaba, mientras unos fuertes vientos me azotaban. A pesar de que no veía nada, seguí andando, hasta que di un paso en falso y casi me iba a caer por un precipicio, pero alguien cogió mi pierna y lo evitó.

— ¡Menos mal, casi me iba a quedar sin papá! — Eso escuché y entonces reconocí su voz, la de Aiyanna.

— ¿¡Qué haces aquí!? — Me dejó estupefacto que ella estuviera aquí, era incapaz de entender cómo había llegado hasta mi posición y en aquellos momentos. Pero, a pesar de eso, respiré aliviado y feliz, al ver que mi hija me salvó.
— Unos señores muy majos, me lo avisaron, de que te ibas a caer. — Y esta fue su inesperada respuesta, mientras me señalaba hacía a algún sitio con el dedo, en el cual no se veía nada gracias a la nieve.

Entonces, mientras me levantaba del suelo, algo difícil gracias a la fuerza del viento; ella empezó a saludar y a agradecer a gritos hacia a alguien, a pesar de que no se veía a nadie más que nosotros.

— ¿Y ahora qué haremos? — Eso me pregunté, al ver que la tormenta estaba empeorando.

— Esos señores nos señalarán el camino. — Y ella me volvió a señalar hacia algún lugar y me cogió la mano, intentando llevarme hacia esa dirección.

— ¿¡Pero qué señores!? ¡No los veo por ninguna parte! — Eso le decía, mientras observaba con dificultad todo nuestro alrededor en busca de aquellos señores, pero solo estábamos nosotros.

— Es que son muy tímidos y solo dejan que yo les vea. — Al oír aquellas palabras, me quedé en blanco, no entendía qué me quería decir ella, hasta que una idea se me vino a la cabeza: Los espíritus de nuestros antepasados nos estaban ayudando.

— Pues, ¡vamos! —Eso dije, después de sacar aquella conclusión, dejando nuestra suerte a aquellos que ya estaban muertos y que nos guiaban. Así es como pudimos llegar, en mitad de la tormenta de nieve, al otro pueblo.

— Aquí estamos. — Dije, asombrado, cuando lo vi, mientras la tormenta ya estaba bajando mucho de intensidad. — ¡Es increíble! — Habíamos andando a ciegas, en un camino sobre barrancos y llegamos sanos y salvos.

— Gracias a ti, hemos podido llegar. — Eso le dije a Aiyanna, mientras le acariciaba el pelo en señal de gratitud. Ella se puso roja.

— No ha sido a mí, dile gracias a los señores. — Y se puso muy humilde, en ese momento, mientras mostraba una hermosa sonrisa.

— ¡Gracias, señores! — Entonces, yo les grité, sean quienes sean, como señal de agradecimiento, mientras estaba saludando al vacío.

— Se han ido antes de tiempo. — Eso dijo mi Aiyanna, a continuación, después de mirar por todos lados. Puso una mueca de tristeza, quedándose así durante varios segundos. Yo le iba a decir algo para animarla, pero, entonces, su cara hizo una nueva reacción, mostrando una súbita sorpresa.

— ¿Qué te pasa? — Eso le pregunté.

— ¿¡Malia!? —Yo le pregunté qué quería decir con eso.

— No sé, pero se me ha venido eso a la mente. — Me respondió. — Es la primera vez que lo oigo, pero, por unos segundos, he visto algo raro. — Yo le pregunté qué era, pensando que sería un nuevo mensaje de los espíritus.

— Parecía que una chica me estaba regañando…—  Iba a decirle que tal vez era su madre, pero no parecía ser eso. — Se parecía mucho a mí, pero era más grande. — Nos quedamos pensando en qué era, mientras la nieve ya dejaba de caer.

— Tal vez sea una premonición de los espíritus, te están mandan un mensaje. — Eso le solté, tras mucho pensar.

Sentí que era eso, otro mensaje, que nos decía que ella no iba a morir, tal vez; aliviándome un poco. Pero podría equivocarme, así que lo mejor era ir al chamán. Como el pueblo ya estaba al lado, los dos, junto con nuestro búfalo, nos dirigimos hacía ahí, para ver qué le depara el futuro a ella, a mi querida hija.

FIN

 

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s