Centésima historia, Versión de Nadezha

La Historia del fin de una amistad: Prólogo de Vladimir (Versión de Nadezha), centésima historia.

Me llamo Vladimir y yo soy un chico de once años normal y corriente de Shelijonia. Ahora es mi turno para relatar una historia, que no es sobre mí, sino de mi novia. Pero antes de eso, tengo que contar esto, que sirve para introducción, supongo.

Era el último día del año y yo había ido a casa de mi novia, para decirle a ella y a su tío, que es su tutor legal, que vivieran a nuestra casa para que pasaran la Nochevieja allí. Era una idea de mis padres, tras saber que ellos no tenían planes para esa noche.

Mientras me dirigía hacia allí, miraba el paisaje blanco que llevaba meses en la cuidad, pensando en lo rápido que había pasado el año y todo lo que había ocurrido durante ese lapso de tiempo. Cosas que nunca había podido imaginar, por lo menos mi yo del pasado.

Podría decirse que este año ha sido el mejor de mi vida, pero había algo que me preocupaba mucho.

Al llegar a la puerta, pegué y su tío me abrió la puerta. Me saludó y, tras decirle que mis padres le habían invitado a pasar la Nochevieja con nosotros, subí al cuarto de mi novia.

— ¡Buenas tardes! — Le saludé al llegar a su habitación. Ella estaba mirando algo que tenía en las manos fijamente, con un poco de tristeza, pero, cuando se dio cuenta de mi presencia, se puso muy alegre y me abrazó.

— ¡Hola, mi amor! ¿Qué haces aquí? — Eso me decía muy sorprendida, mientras me daba un beso.

Me puse un poco rojo, ya que aún no me acostumbró a estas cosas. A continuación, le dije que ella y su tío habían sido invitados a pasar la Nochevieja con nosotros.

— Pues acepto la invitación encantada. Me iba a aburrir mucho sola con mi tío. — Añadió, a continuación, bastante contenta. Entonces, me fijé en lo que llevaba en la mano y me dio mucha curiosidad.

— ¿Y qué tienes en la manos? — Le pregunté. Entonces, ella se entristeció y sentí que no tenía que haberle preguntado eso.

— Pues, esto…— Me lo mostró: Era un pequeño lacito de color amarillo para atar cabello. — Un viejo recuerdo que aún lo mantengo. — Lo decía, mientras ponía una cara nostálgica.

— ¿De tus padres? — Solté esto inconscientemente. Al momento, deseé haberme mordido la lengua, porque ellos murieron hace tiempo y era un tema muy delicado.

— No, era un regalo que le quería regalar a Mao. No es gran cosa, la verdad, pero decía que necesitaba uno. Eso fue un poco antes de romper nuestra amistad. — Me respondió muy triste. A continuación, metió aquella cosa dentro de un cajón mientras me decía que deseaba tirarlo a la basura, pero era incapaz de hacer tal cosa.

Esto era lo que me preocupaba desde hace un tiempo. Llevaba un tiempo algo desanimada, desde hace unos meses y después de un incidente, en el que le dijeron las verdaderas razones por la cual Mao decidió romper su amistad. Fue algo muy doloroso para ella y, cada vez que lo recuerda, se pone muy mal.

Antes de aquel incidente, no quería ni recordar eso. Ni siquiera entendía porque Mao decidió de forma repentina destrozar su amistad. Ahora que lo sabía, aunque tenía sus dudas, quería que se lo confirmara. No dejaba de pensar en eso y yo desearía que solo se olvidara de aquel asunto, solo se iba a hacer más daño.

— Ah, por cierto, tengo que hacer algo antes de ir a tu casa. — A continuación, ella me dijo esto con una cara muy seria.

— ¿El qué? — Le pregunté.

— Voy a hablar con Mao. — Me respondió, diciéndolo con mucha determinación.

— ¿Por qué? Olvídate de ese tema, de una vez. No vas a conseguir nada. — Intentaba convencerla, mientras ella cogía su móvil. No quería que hiciera eso, solo la haría sufrir más.

— Llevo todo el mes esperando el mejor momento, ¡y es éste! — Me soltó esto mientras estaba llamando.

Quería insistir, pero sabía que no me escucharía. Ella es de esas personas que si dicen que van a hacer algo, lo harán, por mucho que le intentes convencer para que no lo hagan. Me gusta esa parte de ella, pero en esta situación solo iba a provocarle mucho sufrimiento.

A continuación, habló con Mao por teléfono. Empezó hablando tranquila, pero muy seria; y, en mitad de la conversación, se puso bastante alterada, gritando muy fuerte. A pesar de que, al terminar la conversación, Nadezha estaba enfadada, había conseguido lo que quería, o eso parecía.

— ¿Qué tal, va a reunirse contigo? — Eso le pregunté después de la llamada. Tenía un poco de miedo, por si me respondía de forma borde, ya que estaba enfadada.

— Si no lo hiciera, le obligaría, aunque sea a rastras. — Me contestó con mucha seriedad y serenidad, controlando su enfado hacia Mao.

A continuación, Nadezha se sacó su abrigo y uno de sus gorros del armario. Iba rápidamente al lugar en dónde le citó a Mao y yo le pregunté si podría ir con ella. Estaba muy preocupado, sentía que no podría dejar que fuera sola. Tras decírselo, se quedó pensándolo un rato.

— Pues claro, y si a Mao no le hace gracia, que se aguante. — Esa fue su respuesta.

Tras decir esto, nosotros le decimos al tío de Nadezha que íbamos a salir un rato y él nos contestó que sí. Después, nos dirigíamos al lugar en dónde mi amor puso como punto de encuentro. Era el parque que se situaba cerca de mi colegio y me pareció muy curioso el hecho de que ella hubiera elegido aquel sitio, porque allí fue cuando nos conocimos.

En realidad, ya nos habíamos visto antes, pero ni yo ni Nadezha nos acordábamos, así que, para nosotros, fue el lugar en dónde nos conocimos.

— Por cierto,… — Al final, decidí preguntárselo. — ¿por qué has elegido ese lugar precisamente? — Por otra parte, necesitaba conversación, había un silencio tan incómodo que no podría soportar.

— Porque aquí fue cuando vine, después de romper mi amistad con Mao. Fue lo primero que pensé, la verdad y tal vez es porque ese lugar tenga un significado especial para mí. — Eso me respondió, tras dudar durante unos segundos.

Me dije que tenía sentido y me quedé callado, mientras miraba la cara que ponía Nadezha. Era bastante preciosa, pero, a la vez, era muy triste, tanto que me quitaran las ganas de hablar del tema.

Estaba nostálgica, cómo si deseara volver a aquellos tiempos, cuando era amiga de Mao. Pero, ella siguió hablando.

— Siempre me preguntaba, una y otra vez, por qué, de repente, Mao decidió fastidiarlo todo. No entendía su actitud ni sus razones. Hasta hace poco, cuando conversé con su sobrina. — Supe enseguida de que estaba hablando.

— ¿Aquella chica que secuestró a Mao, intentó matar con una bomba a Josefa y a una amiga suya? ¿La misma hija del terrorista que mató a tus padres? — Le pregunté esto y ella me lo afirmó moviendo la cabeza.

Entonces, recordé que me lo contó, sobre aquella conversación que tuvo con la sobrina o prima de Mao. Era una familiar que estaba como una cabra y que acabó suicidándose en la celda.

Nadezha, después de haber sido informada por las chicas del secuestro de Mao, de encontrar el testamento y leer su contenido; buscó a aquella loca por toda la cuidad. No tenía pista alguna para encontrar su paradero pero, aún así la buscaba. Solo sentía mucha rabia e ira, con ganas de matar a alguien.

No me creerían si les dijera que la estuvo buscando durante toda la tarde y la noche. Más bien, su búsqueda duró tanto como un día, pero así fue.

No descansó hasta que la encontró, cuando la vio reírse como una loca, mientras salía de una cabina de teléfono. Aquella chica, al verla, se puso muy nerviosa y le saludó.

— ¡Quiero hablar con contigo, ahora! — Le soltó Nadezha, quién intentaba aguantar sus ganas de darle una paliza.

— ¡¿Y si no quiero!? — Eso le gritó aquella loca, mientras temblaba como un flan. Entonces, Nadezha, le mostró el testamento del padre de Mao. Y esa dio un grito de terror.

— ¿¡Cómo, cómo es posible!? ¡¿Por qué lo tienes tú!? — Según Nadezha, gritaba tanto que parecía que le iba a dar un ataque al corazón.

— ¿Querías esto, no? ¡Entiendo que no quieras que se conozca realmente quién fue tu padre…! — Nadezha siguió hablando, irónicamente; antes de añadir esto: — ¡Ese hijo de perra…! —

Recordaba lo que leyó, que su padre, el hermano de Mao, fue el causante de la muerte de sus padres. Apretaba los puños, mientras miraba con furia al suelo. Tenía ganas de llorar, pero se aguantó. Esa loca le iba a decir algo:

— Eso es…— Pero luego se quedó callada para luego soltar otra cosa, con la intención de hacerle daño a Nadezha, ya que puso una sonrisa burlona. Tal vez, se dio cuenta, en su estado actual, que ya estaba acorralada y no servía de nada mentir al respecto.

— Es gracioso, ¿eh? Tu mejor amiga fue la hermana pequeña de aquel que mató a tus padres, ¿a qué es irónico? — Eso le soltaba con un tono de burla tan desagradable que Nadezha estaba hirviendo de pura ira.

— ¡Serás hija de puta! — Gritó, mientras intentaba no lanzarse hacia ella para hacerla pedazos.

— ¡Perdón, quería decir ex-amiga, más bien amigo, ya que tiene picha, en fin! — Y esa chica loca le siguió hablando con ese tono, mientras daba vueltas alrededor de Nadezha, aunque sin acercarse a ella.

— ¡Pobre idiota, creías que había sido tu “amiga del alma”, pero no sabías nada de Mao! ¡Él no hacía más que ocultarte cosas, y tú pensaba que era sincero contigo! — Ella siguió burlándose de mi Nadezha.

— ¡Otra vez que me insultes te dejare sin dentadura! — Y ella luchaba para no caer en sus provocaciones, porque sabía que le estaba haciendo adrede, para robarle lo que tenía en las manos.

— ¿¡No quieres saber la verdad!? ¡¿Por eso me has buscado, no!? —Aquella chica siguió provocando.

— Pues no lo necesito, porque este documento me lo ha dado. — Y Nadezha le respondía esto, mientras le mostraba el testamento.

— Hay algo de Mao que ni siquiera el idiota del abuelo se daría cuenta. En realidad, es algo que ni tú, por obvio que fuera, te diste cuenta. — Aquellas palabras sorprendieron a Nadezha.

— ¿Qué quieres decir? — Le preguntó esto, dudando si era un truco más para bajar la guardia y quedarse con el documento.

— ¿Nunca pensaste que Mao estaba siendo muy agradable a ti, muy atento, muy cariñoso? ¿No pensaste que todo eso no era muy raro? — Nadezha no entendía lo que quería decir aquella loca.

— Eso es normal en las mejores amigas. No digas estupideces. — Le replicó.

— Pero, para Mao, tú no era una simple amistad, era algo más. — Nadezha se quedó casi sin hablar.

— ¿Qué quieres decir eso? — No podría creerse lo que escuchó, para ella era imposible.

— Te lo diré claro: Mao se enamoró de ti, te quería. Y cuando vio que eras imposible, decidió cortar toda relación contigo, haciéndote todo tipo de cosas horribles para que tú le odiases. — Y al decir, empezó a reír.

Nadezha se quedó boquiabierta, no se podría asimilar lo que había oído. Y mientras intentaba recuperar la compostura, la sobrina de Mao se lanzó hacia ella para robarle el testamento, pero pudo esquivarlo a tiempo y le dio una patada que hizo volar a aquella loca.

— ¡Mierda, mierda! — Gritaba, enfadada y aterrada, a la vez. — ¡Serás perra! — Y con esto, salió corriendo de Nadezha, lo más rápido posible. Y mi novia la persiguió, sin perderla de vista y evitando que se diera cuenta de que le seguían.

Y, mientras recordaba todo lo que me había dicho ella, ya habíamos llegado al parque. Me sorprendió haber llegado tan pronto, estaba tan concentrado en mis pensamientos que no me di cuenta.

— Espero que llegué pronto, no me quiero morir de frío. — Eso dije, mientras me calentaba las manos. Nadezha no dijo nada, solo se quedó de pie, esperando su llegada, con una cara muy seria.

Y estaba tardando mucho, tanto que decidí preguntarle esto: — ¿De verdad va a venir Mao? —

— Lo hará, no te preocupes. — Eso me respondió ella, sin dejar de mirar hacia adelante. Pero, al final, Mao llegó. Y junto a él, estaba Martha Malan. Me preguntaba qué hacía ella ahí.

— Al parecer, has traído a Malan. — Entonces, eso soltó Nadezha, mientras los observaba.

— ¿Y qué, pasa algo? — Eso le soltó Mao, algo molesto.

Mi Nadezha, solo se quedó en silencio, por unos segundos, y luego añadió esto: — No te recriminaré, mi Vladimir me está acompañando. —

Sentía como el ambiente en el parque se había transformado, porque ellas dos se miraban con mucha hostilidad. Entonces, mi Nadezha, empezó a preguntarle, sin parar, a Mao lo que ella quería saber, cuáles fueron sus verdaderos motivos para romper su amistad. Y él se negaba, una y otra vez.

Cuando Nadezha vio que no tenía sentido preguntarle, decidió hacerlo de otra forma, a golpes. Lo supe, al momento, al ver aquella mirada que le estaba dirigiendo a Mao. Daba mucho miedo. Él también puso la misma cara y se quedaron, por unos segundos, mirándose fijamente. Ellos, de un momento para otro, iban a dar una pelea, que parecía ser muy violenta, la peor de todas las que tuvieron. Y yo deseaba evitarlo, pero, sabía que era incapaz de detenerlo. Por eso, solo me alejé de ellos, y Malan hizo lo mismo.

— ¡Ya veo!… — A continuación, Nadezha gritaba esto, mientras se preparaba para atacar. — ¡Entonces, lo haré a la fuerza! —

— ¡Mira, qué eres testadura! ¡Te voy a mandar al hospital! — Y Mao hizo lo mismo. Tras decir aquellas palabras, la pelea comenzó.

Nunca vi a Nadezha y a Mao pelear con tal esmero y agresividad. Parecía que se intentaban eliminar la una a la otra y daba tanto terror que yo era incapaz de cruzarme en su camino y detener la pelea.

Al final, aquel enfrentamiento acabó sin que nadie hubiera ganado. Mao le gritaba, una y otra vez, que se olvidara de aquel pasado; pero mi Nadezha insistía e insistía, preguntándole las razones hasta conseguir que llorara.

— ¿Estás llorando? — Eso le preguntó Nadezha, cuando se dio cuenta de que Mao se estaba tapando la cara para que no le viésemos llorar. Se quedo muy consternada, al igual que yo o Malan.

— ¿Y a ti que te parece? ¿Es esto lo que querías? Pues lo has conseguido, bravo por ti. Gracias por haber removido el cajón de mierda. — Eso le gritó Mao, antes de salir corriendo, mientras la insultaba. Malan, en silencio, la empezó a perseguir.

Nadezha se quedó callada, mirando al suelo, para luego, empezar a llorar. Yo me acerqué a ella rápidamente, muy preocupado.

— ¿Estás bien? — Le gritaba, y tras acercarse, ella me abrazó.

— Y-yo…yo…— Me intentaba decir algo, mientras lloraba descontroladamente.

— No pasa nada, pero nada de nada. — Y esto era lo único que se me ocurría para intentar consolarla. No se me ocurría nada más.

— Yo solo quería volver a ser su amiga, quería perdonarle…— Y me decía esto, sin parar.

Yo sabía que este sería el resultado y me arrepentí de no haberlo evitado. No quería que ella se hiciera más daño con aquel asunto, pero me rendí sin siquiera intentarlo. Estaba muy molesto conmigo mismo por eso mismo. Y me quedé callado.

Pero no le iba a decir que no tenía que haber hecho eso, porque no hizo nada malo. Mao era incapaz de decirle la verdad, o más bien, parecía que era incapaz de aceptarlo ante ella. Después de todo, decidió romper aquella amistad, haciéndole mucho daño a mi Nadezha; todo era por su culpa. Aún así, yo era incapaz de odiarle.

Porque, en lo más profundo de mi ser, había una razón tan repugnante y egoísta que me hacía pensar en lo horrible que soy. Si Mao no hubiera decidido romper su amistad con Nadezha, yo y ella nunca habíamos sido novios.

Al final, ese abrazo duró poco para mí, aunque, la verdad, fue muy largo. El cuerpo de Nadezha era tan cálido que deseaba estar así por toda la vida.

— Gracias, de verdad. Eso me ha ayudado. — Me dijo, mientras se limpiaba las lágrimas. Me alegré de haberla ayudado en algo, aunque fue ella quién me abrazó.

— De nada. — Eso le dije, a continuación, mientras me ponía rojo por el comentario.

A continuación, hubo un silencio entre nosotros, aunque no era incómodo. Y, entonces, mientras pensaba en todo lo que había ocurrido, se me vino una duda.

— Por cierto, Nadezha… — Eso le solté, al momento, pero me di cuenta de que podría ser algo bastante molesto y ya era demasiado tarde.

— ¿Qué? — Me preguntó Nadezha. No me dio tiempo para decir otra cosa, así que solo le dije la duda que me estaba rodando por la cabeza.

— ¿Qué hubieras hecho si Mao, en vez de hacer eso, decidiera haberte confesado? — Esa era mi duda.

En realidad, me molestaba un poco el hecho de que Mao estuviese enamorado supuestamente de Nadezha. Aunque. al saber que era cosa del pasado me aliviaba un poco. Aún así, me preguntaba eso, por alguna razón que no entendía.

— No lo sé, la verdad. Solo la veía como amiga, ya que después de todo, en aquel tiempo, no sabía que era un hombre. Sería mucho suponer. — Eso me respondió ella.

— Y-ya veo. —Concluí. Entonces, Nadezha, murmuró esto:

— Ahora me pregunto si hice lo correcto…— Se le veía en el rostro, que se había arrepentido de lo que hizo. Se sentía mal.

— Pues claro que sí. — Eso le dije yo, mientras le ponía mi mejor sonrisa. Y creo que fue lo correcto, pero deseaba que no lo hubiera hecho, porque hizo llorar a Mao.

Entonces, se dio unos débiles tortazos en la cara, tal vez, con la intención de quitarse de encima lo que estaba pensando y se intentó animar.

— En todo caso, olvidémonos de Mao por un tiempo. — Eso me dijo con alegría. — Después de todo, tenemos que ir a una fiesta de Nochevieja. —

Entonces, recordé que teníamos que ir a mi casa, para celebrar el último día del año. Mis padres y el tío de Nadezha nos estaban esperándonos.

— Es verdad. — Eso le dije.

Y con esto dicho, nosotros dos empezábamos a andar hacia mi casa, con paso ligero, para llegar lo más rápido posible. Así terminamos con la introducción para empezar realmente la historia que os voy a contar.

FIN DEL PRÓLOGO

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s