Centésima historia, Versión de Nadezha

La historia del fin de una amistad: Tercera parte (Versión de Nadezha), centésima historia.

Después de aquel día, definitivamente las cosas no volvieron a ser como antes. Pasó los días, esperando que Mao la llamará o conseguir llenarse de valentía para hacerlo ella, porque no se atrevía. No entendía muy bien la razón de su miedo, pero eso consiguió que pasara semanas así.

Pasaba los días bastante triste, pero, de vez en cuando, hacía cosas en su casa o ayudaba a su tío. Así podría mantenerse ocupada, mientras ella esperaba una simple llamada. Más bien, le ayudaba a no pensar en eso, aunque había ratos en dónde se preguntaba una y otra vez qué le había ocurrido a Mao aquel día y por qué no se dignaba a llamarla.

Al final, tras dos semanas, Nadezha oyó cómo sonaba su teléfono móvil y al mirar quién llamaba, su cara se lleno de alegría. Rápidamente contestó al teléfono:

— ¡Por fin, era hora de que me llamases! — Fue lo primero que contestó a Mao, con mucha felicidad, tanto que tenía ganas de llorar.

— Pues sí…— Y eso le respondió Mao con un tono de desánimo tan grande que preocupó a su amiga al momento.

— ¿Ocurre algo? ¿Por qué hablas de esa forma? — Le preguntó, pasando de un tono alegre y feliz a uno serio y preocupado.

— Lo siento mucho, de verdad…— Parecía que a Mao le costaba hablar. — Yo…— Hubo un minuto de silencio, antes de soltar esto: — No puedo seguir siendo tu amiga. —

Tras eso, él cortó la llamada tan rápido como llamó y Nadezha se quedó durante varios minutos en silencio, sin saber cómo reaccionar. Aquellas palabras fueron un shock para ella, algo que le rompió el corazón. Al final, terminó llorando desconsoladamente en silencio. No paraba de balbucear el nombre de Mao.

Cuando pudo asimilar aquellas palabras, empezó a preguntarse el porqué, la razón de que él le hubiera dicho eso. No lo entendía, no podría hacerlo, porque no encontraba alguna lógica.

La última vez que se vieron Mao se fue sin ninguna razón, ni siquiera habían peleado ni nada parecido. Y antes de ese día, estuvieron juntas casi gran parte del tiempo y no hubo nada que podría haber deteriorado su amistad.

Pensó que tal vez en aquel día en que no pudo salir con Mao, ya que iba a visitar a sus fallecidos padres con su tía; había pasado algo raro. Se dio cuenta de eso porque recordó que al día siguiente se había comportado de una forma muy rara. Sea lo que fuera, había conseguido que su amistad iba a estar a punto de colapsar. A pesar de todo, aún había esperanzas de que solo era un obstáculo que se había puesto en medio y podrían superarlo. Con esa idea, Nadezha no podría aceptar aquellas palabras.

Entonces, recordó unas palabras que pronunció Lafayette hacia meses, en el cual ella profetizó que había comenzado el fin de su estúpida amistad, o algo parecido a eso, mientras hablaba como una loca. Y luego se dio cuenta que fue en un día después de su visita al cementerio con su tía y el mismo en dónde Mao actuó raro.

— ¡¿Entonces, Lafayette, tiene algo que ver con todo esto!? — Eso se preguntó, mientras pensaba sobre la relación de aquella chica con lo que había pasado con su amistad.

Por eso mismo llegó a una conclusión: Qué iría a buscar a Lafayette para saber si ella estaba relacionado realmente con lo que estaba pasando. Al día siguiente, por la tarde, salió en su búsqueda.

Tras salir a la calle, se preguntó a adónde iría ella si fuera Lafayette, porque no tenía forma de contactar con ella. Pensó que debía estar en algún parque o en un descampado molestando a alguien como la buena abusona que era. Eso era lo único que se le ocurrió y decidió hacerlo. Nadezha pasó toda la tarde, yendo de un lugar para otra, buscando su presencia, y no la encontró.

Al final, volvió a casa sin éxito alguno, y decidió pensar en otra forma de localizarla, sin gastar tanto inútil esfuerzo. Hasta que no llegó el día siguiente, no se le ocurrió nada útil. Después de eso, se dio cuenta de que podría preguntar a algunos conocidos si habían visto a Lafayatte o ella les había molestado o conocían a alguien que estaba siendo fastidiado por aquella chica.

Eso le fue más útil a Nadezha, ya que después de pasar los tres próximos días hablando con conocidas y conocidos, supo que Lafayette últimamente se paseaba por un parque lejano al barrio, molestando a todo niño que veía. Tras reunir información, al cuarto día salió corriendo hacia allí para ver si la encontraba allí.

Al llegar al parque, después de preguntar a cada adulto que veía dónde estaba eso, lo observó fijamente. Era uno pequeño, escondido entre grandísimos edificios en un barrio de clase media, situado en el centro de la ciudad y cerca de la estación principal de tren. Al menos, aquello tenía solo tres grandes árboles, cuyas sombras protegían el lugar de los rayos de sol. Por otro lado, habían, como era de esperarse, unos pocos bancos, los cuales rodeaban al único columpio y tobogán que habían en el lugar.

Y allí la encontró, en el centro del parque, humillando a una pobre niña gorda e indefensa. Estaba un poco cambiada desde que terminó la primeria, ya que cuya melena de león que había llevado desde que se conocieron, había desaparecido dando a un pelo algo más liso y que le llegaba hasta los hombros. También daba la apariencia de que había crecido bastante, pero aún así seguía siendo, para Nadezha, aquella chica odiosa que disfrutaba haciéndoles daños a los demás.

— ¡¿Y qué te pasa, gordita!? ¡¿Sigues llorando porque no puedes comer tu puto helado!? — Lafayette decía esto, con un tono burlesco muy molesto, mientras lamía un helado y tenía su pie sobre la espalda de su víctima.

— ¡Por favor, basta! ¡Te lo he dado, ya puedes dejarme! ¡Por favor, déjame irme, te lo suplico! —

Eso le gritaba aquella chica gordita, mientras le lloraba. Estaba en el suelo, al parecer porque fue tirada por Lafayette. Parecía ser una chica rica, ya que llevaba un vestido sin mangas de color azul con unos hermosos encajes de color rosa. Su cara redondita pedía desesperadamente ayuda.

— ¡¿Crees que voy a dejar a una cochina escapar!? ¡De ninguna manera, maldita cerda, te fastidiare hasta que te harte de ti! — Y Lafayette, riendo como una desquiciada, le soltó esto, mientras ponía su helado sobre la chica gordita, para que se cayera.

— ¡No, por favor, no le hagas eso a mi vestido! ¡Es nuevo, mi madre me matará, si ve que lo he ensuciado! —

Le pedía desesperada la gordita, incapaz de levantarse e huir de su abusona. Solo estaba ahí, esperando que su sufrimiento terminara de una vez.

Entonces Lafayette, iba a hacer caer el helado sobre su corto pelo moreno, mientras pisaba una de las coletas que llevaba la niña, a la vez que soltaba esto:

— ¡Pues, entonces, es mejor! ¡Toma mi regalo de mi parte! —

La chica gordita solo se tapó con sus brazos la cabeza, tan rápido como pudo. Y Lafayette, al ver eso, iba tirar el helado con violencia contra su cabecita.

— ¡Primero, toma mi regalo, Lafayette! — Entonces, Nadezha entró en acción, gritándole eso, mientras le daba un puñetazo en toda la cara que la hizo caer al suelo y manchar su camiseta roja y blanca, que tenía una imagen de California, del mismo helado que ella quería usar para machar a la gordita.

Nadezha se maldijo por tardar un poco en reaccionar contra aquel abuso que estaba cometiendo Lafayette. Se sintió muy mal por observar, solo para comprobar la situación y aunque solo fueran segundos, el sufrimiento de aquella chica. Esas cosas le hervían mucho y no los podría tolerar, por eso, mientras la gordita escapaba del lugar, ella se preparaba para pelear.

— ¡Maldita, perra! ¡¿Qué haces aquí!? — Le gritó Lafayette, mientras se levantaba e iba hacia ella.

— Tenía que charlar contigo sobre una cosa. — Le respondió Nadezha eso, mientras esquivaba el puño que iba hacia ella.

— ¡¿Ah, sí!? ¡¿De verdad!? ¡No me esperaba esto, qué la gran Nadezha me busqué para hablar conmigo de algo! —

Lafayette se burló de ella, poniendo caras de incredulidad hacia Nadezha, mientras se preparaba para su próximo golpe.

— ¡Deja de burlarte y contéstame! ¡No deseaba verte, para nada, solo te daré una paliza y luego contestas mis preguntas y me voy, solo eso! — Pero, Nadezha fue mucho más rápida y se lanzó hacia ella, con un puño directo hacia el estomago de Lafayette.

— Si es eso lo que quieres…— Pero pudo detener el puño con sus propias manos. — ¡Entonces, te destrozaré! — Y le soltó esto, poniendo una cara de psicópata, antes de que las dos se alejaran de la una a la otra.

— ¿Qué le hiciste a Mao? ¡¿Vamos, responde!? — Le gritó Nadezha, antes de lanzarse hacia Lafayette.

— ¡¿De qué estás hablando, si no la he visto en meses!? —

Eso le gritó Lafayette, algo consternada, mientras se defendía de las patadas rápidas que daba Nadezha.

Lafayette tuvo que dar un salto hacia atrás, para no recibir las patadas que estaba dando Nadezha, que eran tan rápidas que le costaba esquivarlas.

— ¡No me mientas, tú dijiste que nuestra amistad iba a terminar, por tanto, has hecho algo! — Nadezha dio otro grito, antes de volverse a lanzarse contra Lafayette. Le intentó golpear con los dos puños, pero la negra la esquivó, yendo a un lado, y haciendo una zancadilla, tirándola al suelo.

— ¡Oh, sí! ¡Lo recuerdo y eso quiere…! — Soltó Lafayette, mientras ponía una sonrisa y preparaba dar un pisotón contra el cuerpo de Nadezha.

— ¡Deja de decir tonterías, confiesa! — Pero ella lo esquivó, dando vueltas por el suelo, y se levantó más enfadada que nunca.

— ¡¿Entonces, Mao y tú habéis roto vuestra amistad!? — Lo decía con una enorme alegría. -¡Genial, es hermoso!- Antes de ponerse a reír como loca desquiciada.

Y mientras se reía de tal forma, Nadezha vio un despiste suyo y se fue a por ella, dándole un golpe tan fuerte en el estomago que la hizo caer al suelo.

— ¡Deja de reírte! — Eso le gritó Nadezha, muy enfadada, pero Lafayette seguía fuera de sí, burlándose de ella como si fuera la ganadora de algo.

— ¡Lo ves, subnormal, vuestra amistad era una mierda! ¡Una mierda y yo he ganado, tú y Mao habéis perdidos! ¡Es lo mejor que he oído hace tiempo! —

— ¡¿Entonces…!? — Eso se preguntó Nadezha, mientras hervía del odio que estaba sintiendo hacia ella- Creyó que tenía razón en que ella tuvo algo que ver con todo el asunto.

— Sí, hice algo, conseguí romperlo. — Le replicó entre molestas risas. — Pero me lo voy a callar. — Y con esto dicho, Lafayette salió corriendo a una velocidad increíble, huyendo de Nadezha, mientras se declaraba la supuesta ganadora de una pelea.

Nadezha la siguió con toda la rapidez del mundo, pero, debido a que no conocía muy bien la zona, se perdió y no pudo encontrarla. Al final, tuvo que llamar a su tío para que la buscara y volver a casa.

Tras eso, Nadezha pensó en buscar a Mao y pedirle que le explicara que le había pasado, qué le hizo o dijo Lafayette, para que quisiera dejar de ser su amiga. Pero sus planes se trucaron, porque su tío le dio la sorpresa de que iban a viajar al sur de Shelijonia, para estar unas semanas con su abuela y su tía. No podría decir que no a eso y decidió proponer su deseo de reconciliación hasta que volviera a Springfield con pena.

Se quedaron allí más de lo que pensaron y cuando volvieron a la cuidad, solo quedaban dos días para que empezará la secundaria. Ella, entonces, recordó que iba a asistir al mismo instituto que Mao y se volverían a ver. Tenía la idea de que en las clases intentaría acercarse a él y hablar sobre el asunto. Deseaba que llegara rápido aquel día, aunque solo quedaban horas para eso.

Se despertó muy temprano, bastante decidida a hacer lo que tenía planeado, y se preparó bien rápido, tanto que dejó sorprendido a su tío, quién le costaba mucho levantarse para ir a su trabajo.

— ¡No me imaginé que ibas a estar tan animada para tu primer día de secundaria, Nadezhda! —

Eso le decía su tío, mientras preparaba el desayuno. Ella no le dijo gran cosa, ya que estaba más ocupada en terminar sus cosas y salir pitando a toda velocidad. Al terminar, salió y corrió como loca hacia al parque en dónde ella se reunía con Mao, con la vana esperanza de encontrarlo ahí, esperándola; y con la idea de explicarle que todo eso fue un engaño de Lafayette o algo parecido. Pero, al llegar, no encontró nadie y se desanimó al momento.

— Ya sabía que eso no era posible, soy una tonta… — Se dijo cabizbaja, mientras se daba la vuelta y se dirigía hacia al instituto en dónde tenía que ir.

Se sintió muy sola, mientras se dirigía hacia allí, recordando escenas del pasado, en dónde ella y Mao iban juntos hacia al colegio. Los recordaba tan lejanos, a pesar de que solo pasaron meses, y tan divertidos. Aquellas estúpidas y cotidianas conversaciones, las echaba de menos, mientras recorría el camino hacia su nuevo instituto.

Estaba muy desanimada, pero intentaba animarse, pensando que al entrar se encontraría con Mao y podrían volver a hablar. Le haría sacar la verdad y hacer que las cosas se solucionasen, seguir siendo “las mejores amigas”.

Y al llegar al colegio, no vio a Mao por ninguna parte. Tras empezar su primera clase, descubrió que él y ella estaban en la misma, pero éste no estaba. Al parecer había faltado. Su ilusión no duró mucho, pero tenía la idea de que tal vez mañana se encontrarían y hablarían.

Aquel primer día de instituto fue para ella muy aburrido y triste. Apenas hablaba con alguien y solo estaba pensando sobre Mao, en qué le pasó y cómo poder solucionar el problema. Lo único que consiguió fue calentarse la cabeza.

Entonces, después de salir de clase, mientras se dirigía hacia su casa, se encontró con algo que no se esperaba. A lo lejos, vio a una persona que quería ver, a quién estaba esperando durante días. Era Mao y se alegró al ver su aspecto era la misma de siempre.

— ¡Mao, Mao! — Eso gritaba de felicidad, mientras corría hacia él y le saludaba con el brazo.

Mao, quién estaba cabizbajo y con una expresión triste, la miró con un gesto de asombro, como si no quería verla, y parecía como si se quedara paralizado. Eso le dolió a Nadezha que, tras acercarse a él, empezará a recuperar del esfuerzo que hizo para llegar lo más rápido posible.

— ¿P-por qué? — Le costaba hablar, porque ni espero a recuperarse. — ¿Q-qué te ha pasado, Mao? —

Ni se dignó a contestar, solo la miraba como si estuviera viendo a un monstruo. Aquella actitud que estaba teniendo Mao frente a ella le hacía mucho daño y se preguntaba si había sido engañado por Lafayette, quién tal vez le dijo feas mentiras sobre ella, o le hizo algo muy malo a él sin darse cuenta.

De todas maneras, tenía muchas ganas de llorar, pero intentaba mantener la compostura. Por unos segundos, mi Nadezha no podría mirar su cara.

Entonces, cuando Nadezha volvió a observar a Mao, vio cómo éste daba poco a poco unos pasos hacia atrás, observándola con un gesto de miedo, mientras su cara estaba totalmente roja. Ella no entendía que le estaba ocurriendo: ¿Le tenía terror o qué? ¿Qué había ocurrido para que estuviese actuando de esa manera?

— Pero, M-Mao…— Y cuando le quería preguntar qué le estaba pasando, alguien las interrumpió. La persona que menos quería ver Nadezha en aquellos momentos.

-¡Por fin te he encontrado, Mao!- Eso le gritó una enfadada Lafayette, mientras salía de una calle y se acercaba hacia ellos. Aunque, al verlos, puso un rostro de pura felicidad grotesca.

— ¡¿Lafayette!? — Gritó ella sorprendida, quién maldecía su suerte, al ver que esa chica aparición en la escena. Mao, quién había girado la cabeza, también observaba con sorpresa y terror su aparición.

— ¡Pues sí, la misma de siempre, desgraciada! — Le replicó Lafayette con unas palabras burlonas y degradantes contra Nadezha.

— ¡¿Qué haces aquí!? — Y ella decidió dar caso omiso a tales cosas, mientras le preguntaba lo importante y se preparaba para lo peor, ya que Lafayette se estaba acercando.

Entonces, hizo algo que Nadezha, jamás pensaría que haría, y es que Lafayette puso uno de sus brazos sobre los hombros de Mao. Los dos se quedaron muy sorprendidos al ver aquella insólita acción de su parte. Y luego vino lo peor:

— Pues estando con mi amiga Mao. —

Por unos segundos, aquellas palabras consiguieron dar la impresión de que se paró el tiempo. Mao se quedó con la boca abierta, mientras que Nadezha se conmocionó al oírlo. Jamás de los jamases, se hubiera imaginado que ella diría tal cosa. Era algo imposible, una horrible y estúpida broma de mal gusto.

— ¿Qué? ¿Amiga Mao, pero qué tontería es esa? — Eso gritó Nadezha incrédula, incapaz de asimilar aquellas palabras.

— Lo que estás oyendo. Nos hemos vuelto amigas. — Y Lafayette, con una sonrisa grotesca que daba miedo, le dijo esto.

Nadezha miró a Mao, intentando comprender lo que pasaba, deseando que no fuera cierto lo que estaba escuchando. Pero entonces, éste puso una cara siniestra y le soltó esto, mientras quitaba el brazo de Lafayette de sus hombros:

— No, digas tonterías. Somos aliadas, solo eso. —

Eso fue como un shock y eso casi destrozó a Nadezha, quién sintió que se le nubló la vista y sentía ganas de desmayarse por escuchar tal cosa. Se decía que esto no podría ser real, que solo era una fea pesadilla. Aún, a pesar de todo, vio en la cara de Mao una cara falsa, cómo si éste intentaba hacerse el malo cuando, en realidad, solo estaba fingiendo.

Por eso, mantuvo la compostura, ya que conocía a Mao y sabía que él no haría tal cosa, porque odiaba con toda su alma a Lafayette y ésta a él. Había algo raro, definitivamente.

— ¿Aliada de Lafayette? — Le gritó a Mao. — ¿¡Cómo puede ser posible eso, tú jamás haría algo así como aliarte con tal individuo!? —

Y Mao a continuación, antes de darse la vuelta, le dijo algo más a Nadezha:

— ¡Así son las cosas, Nadezha, tenemos asuntos en común! ¡Y lo mejor que debes hacer, es alejarte de mí, porque seremos enemigos! —

Nadezha aceptó, definitivamente, que no entendía nada de nada. No podría asimilar cómo Mao pasó de ser su amistad más querida en alguien que le había declarado que iban a ser enemigas. Ya estaba harta y decidió ir hacia Mao, para pedirle que le explicara todo lo que estaba pasando, que deseaba saber por qué cambió de esa manera.

— ¡¿Enemigas, qué!? — Eso le gritó, antes de correr hacia Mao, pero, entonces, Lafayette se puso en medio, para impedir que se acercará a él.

— Da igual. — Lafayette le decía esto. — Lo importante es que ella ha dejado de ser tu amiga, ya no le caes bien, estúpida de mierda. —

Y lo soltaba con la sonrisa más desagradable que Nadezha había visto en toda su vida.

Y Nadezha, en vez de obligar a Lafayette a quitarse del medio, le gritaba desesperadamente a Mao, esperando que le dijera la verdad. Creía que era imposible que le odiaba, no podría aceptarlo.

— E-eso es imposible. — Le decía. — ¡¿Me estás mintiendo verdad, Mao!? — Pero éste la ignoraba. — ¡Dime la verdad! —

Y Mao desapareció, al girar por una calle. Lafayette le siguió y Nadezha se quedó sola. Entonces, cayó de rodillas y empezó a decir, sin parar, esto:

— Es imposible, esto no puede estar pasando…—

No podría asimilar que su mejor “amiga”, con la cual había compartido tantos buenos recuerdos, quién estaba siempre a su lado y siempre le ayudaba cuando más lo necesitaba; le había declarado, con sus propias palabras, que se iba a convertir en su enemiga.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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