Centésima historia, Versión de Nadezha

La historia del fin de una amistad: Última parte (Versión de Nadezha), centésima historia.

Después de eso, Nadezha faltó los pocos días que quedaban antes de las vacaciones de invierno. Al llegar éstas, las pasó junto con su tío, viajando por toda Shelijonia con la intención de visitar a otros familiares. Eso le ayudó a olvidar todo el asunto de Mao, solo por un corto tiempo. Al ver que tenía que volver al colegio, se le quitaron todas las ganas de vivir, no quería ver a aquella persona que fue su “mejor amiga” y que ahora le odiaba. Con solo recordar su rostro se ponía muy furiosa y triste.

Al empezar las clases, decidió que lo mejor era evitar en todo lo posible la presencia de Mao. No quería ni verlo y maldecía en todo momento el hecho de asistir la misma clase que él. Aún no se había recuperado de lo que pasó aquel día y le dolía mucho cada vez que lo recordaba, creciendo así aquel odio que desarrolló contra aquella persona que fue su “mejor amiga”.

Cada vez que entraba en clase y veía a Mao, sentado en su sitio, sentía ganas de volver a casa y faltar todos los demás, pero se aguantaba y solo se iba a su sitio sin mirarle, al igual que él lo hacía con ella. Lafayette apenas se pasaba por su clase, solo alguna que otra vez para pelearse con algunos de los dos, quitándose el otro del medio cuando lo veía. El resto del tiempo lo pasaba fuera del instituto, molestando a otras personas.

De todas formas, gracias a que Lafayette ya no actuaba como si fuera una amiga de Mao, la gente empezó a acercarse a él y en poco tiempo se volvió bastante popular con todo el mundo, tanto chicas como chicos, algo que le molestaba mucho a Nadezha, preguntándose qué tenía de bueno aquella persona para que se le acercarán. No lo pensaba por envidia, ya que ella también era popular.

Aún así, a pesar de que intentaba olvidarse de Mao y de su amistad, ya sea yendo con otras chicas a ir de compras o comer por ahí, estar ocupada o ayudando a su tío; estaba obsesionada, en cierta forma, por saber cuáles eran los motivos que produjeron que su “mejor amiga” empezara a odiarla, ¿fue su culpa o era otra cosa? No podría estar tranquila hasta descubrir aquella pregunta que no dejaba de hacerse.

Pero, por otra parte, ya hacía tiempo que se había alejado de él y no quería ni verle, a pesar de querer saber la verdad. Solo deseaba eso y ya está. Y así pasaron los días, sin prisas pero sin pausa, hasta que casualmente en la mañana de un catorce de febrero se volvieron a encontrar cara a cara.

Aquel día, empezó como cualquier otro, con Nadezha, siendo despertada por el infernal ruido del despertador:

— ¡Maldito reloj, deja de sonar, por el amor de Dios! — Eso decía en voz baja, bastante molesta, mientras buscaba con la mano aquel despertador para callarlo. Tras unos minutos soportando aquel sonido, llegó hasta él y lo apagó.

— Nadezhda levántate, que es hora de irse al instituto. — Alguien pegó en la puerta, diciéndole esto. Era su tío, y ésta le replicó que ya iba, mientras luchaba por levantarse de la cama y abrir los ojos.

Le costó mucho, pero al final pudo levantarse, ducharse y vestirse lo más rápido posible. Tras eso, bajó al comedor, para comer lo que le preparó su tío:

— Buenos días. — Le saludó al verla, mientras ponía el desayuno en la mesa y se quitaba el delantal que llevaba puesto.

— Buenas,…— Le decía, somnolienta. — ¡Qué pocas ganas de verdad tengo de ir! — Mientras se sentaba en la silla y empezaba a comer.

— No protestes, que trabajar es mucho más horrible que estudiar. Yo desearía estar en tu lugar. — Le replicó su tío, mientras se sentaba para empezar a comer el desayuno.

— ¡Lo que quieras, tío! — Soltó Nadezha, antes de dar un pequeño bostezo y seguir comiendo.

Por unos cuantos segundos, hubo un silencio entre los dos que se rompió cuando su tío le volvió a hablar: — Por cierto, ¿cómo te va en la escuela o instituto? —

Le molestó que le mencionara eso. A pesar de que en el instituto no lo estaba pasando mal, tampoco le gustaba estar allí, porque no podría a soportar la presencia de alguien que estaba en su misma clase.

De todas formas, cómo nunca le contó lo que le pasó con Mao, pues le mintió diciendo esto:

— Pues, bien, cómo siempre…— Lo soltó con mucho desánimo y luego, sin quererlo, su tío echó más leña al fuego, preguntándole sobre la persona que ella no desea ni escuchar ni su simple nombre.

— ¿Y cómo está tu amiga Mao? — Tras pronunciar esas palabras, Nadezha se quedó mirando cabizbaja, con ojos de rabia y en silencio. Así estuvo por varios segundos.

— ¿Te pasa algo?- Su tío, al verla así, le preguntó preocupado.

— Nada de nada. — Le respondía Nadezha, antes de seguir comiendo, intentando ignorar el tema.

Y el silencio volvió al comedor por unos pocos segundos. Esta vez era uno tan incómodo que su tío tuvo que volver a hablar para romper el hielo:

— Sabes, últimamente me he dado cuenta de que apenas conservamos y pues es un poco triste. No sé si es porque estás creciendo, pero me siento un poco alejado. —

Eso le soltó su tío con algo de tristeza, aunque al final de la frase soltó unas cuantas carcajadas. Nadezha, al oír eso, se dio cuenta de eso de que ella últimamente no hablaba mucho con la única familia que tenía:

— No digas tonterías, yo creo que hablamos mucho. — Intentó poner un tono gracioso. — Pero si quieres me pondré a hablar todo el día, las veinticuatros horas. —

— ¡No exageres! — Y eso le replicó su tío, antes de echarse a reír.

— No te preocupes, si te aburres un poco, te daré conversación. — Le dijo a continuación, mientras mentalmente le pedía perdón a su tío por alejarse de él. Después de todo, él la acogió como si fuera su hija, tras la muerte de su hermano, del padre de Nadezha. Ella estaba muy agradecida con él y se sintió mal por mantenerse un poco alejada de su familiar por culpa de la tristeza que le producía el asunto de Mao.

A pesar de eso, creyendo que era agua pasada, no quería contarle todo lo que le pasó los últimos meses, aunque deseaba poder ser más sincera con él en el futuro.

A continuación, tras terminar de comer, se despidió de su tío y se fue directa hacia a su instituto. Entonces, por alguna razón que no pudo comprender, ella sintió unas ganas inmensas de visitar un sitio antes de volver a las clases.

— Hace algún tiempo que no visito aquel lugar…— Eso se decía, mientras se dirigía hacia allí, preguntándose si valía la pena hacerlo. Pero estaba algo nostálgica y deseaba recordar cosas que ya le parecían de otro tiempo. Iba hacia al parque en dónde siempre se encontraba con Mao, el punto de reunión que tenían cuando iban al colegio. Aunque había malos recuerdos en aquel sitio, tenía muchas ganas de volver al ver.

Tardó un poco en llegar y después se dirigió hacia un banco para sentarse, sin importarle mucho que era demasiado tarde y las clases iban a comenzar. Entonces, oyó las pisadas apresuradas de alguien. Giró la cabeza hacia la persona que entró en el parque y casi tuvo un shock, al ver quién era. Era incapaz de reaccionar, solo le estaba mirando con una cara de espanto, la misma que estaba poniendo Mao. Quería gritar una y otra vez por qué tuvo que encontrase con aquella persona, en aquel mismo momento. Eso era mil peor que estar en la misma clase cada día.

Luego vino un silencio muy incómodo entre ellos dos, durante bastante tiempo, y Nadezha, empezó a recordar tanto los buenos como los malos recuerdos con Mao para, finalmente, terminando con lo que ocurrió en las últimos meses. Al pensar en eso, solo la enfurecía, porque no entendía lo que había pasado realmente ente ellos. Solo sabía que Mao dejó de ser su “mejor amiga” y empezó a odiarla de alguna manera, llegando a hacerse pasar por “aliada” de Lafayette para que ella se alejara de él.

Sabía que ya no podrían atrás, a volver a ser amigos; y que el Mao que ella conocía ya había dejado de serlo hace mucho tiempo, pero a pesar de eso necesitaba entender sus razones, por las cuales él rompió su amistad y le empezó a odiar. Solo quería eso, nada más.

Por eso, se llenó de valor y pensó seriamente en lo que le iba a decir a Mao, durante varios segundos, hasta que finalmente pudo hacerlo:

— ¿Por qué…? — Al principio, lo soltó en voz baja. — ¿Por qué?- Pero luego, lo gritó con todas sus fuerzas. — ¿Por qué ha ocurrido esto? ¡Explícame! —

Mao dio un paso para atrás y luego le soltó esto de una forma que enfureció, más de lo que estaba, a Nadezha:

— ¡No te tengo que explicar nada, Nadezha! —

Intentó controlar su ira, mientras se acercaba poco a poco hacia Mao y añadía esto:

— Me da igual, necesito saberlo, ¿cuál ha sido la razón por el cual me estás odiando, te he hecho algo malo, hiciste algo malo? — Entonces, al estar delante de Mao, casi le iba a un violento puñetazo, pero se aguantó y solo le cogió del cuello, mientras terminaba la frase: — ¡Solo te exijo eso y nada más! —

— Es algo que no te interesa, así que déjame tranquilo…— A continuación, Mao, con una extraña expresión de indiferencia, le soltó aquellas palabras, mientras apartaba las manos de Nadezha que le estaban cogiendo del cuello, con una hostilidad que solo consiguió que ella explotará.

Porque, luego de eso, ella le dio un fuerte y doloroso contra la cara de Mao que lo hizo volar y caer al suelo de la peor forma posible. A continuación, con toda su ira, le soltó estas palabras:

— Si no me lo dices, ¡te lo sacaré a la fuerza, te golpearé, una y otra vez, hasta que lo saque! —

Entonces, Mao, después de ponerse en pie con mucho esfuerzo, dijo en voz baja: — Pues, entonces…—

— ¡¿Y ahora qué, Mao!? — Le gritó Nadezha, quién ya estaba fuera de sí y sin darse cuenta de que Mao también lo estaba e iba a ir contra ella.

— Ya, ya me has enfadado. — Porque él se lanzó contra ella. — ¡Te haré morder el polvo, si eso es lo que quieres. — E intentó golpearla en el estomago.

Pero, Nadezha, pudo reaccionar a tiempo, y se protegió, cubriendo el estomago con los brazos. Aunque aquel golpe le dolió muchísimo.

Después de recibir aquel golpe y, al ver que su contrincante intentó darle otro puñetazo, ella saltó hacia atrás, para luego acercarse a toda velocidad hacia él y darle una buena patada. Le salió mal, porque Mao le paró con sus propias manos, y la tiró al suelo de forma violenta, haciéndole mucho daño.

Mao, tras hacerle eso, se quedó inmóvil, sin hacer nada, y Nadezha intentó darle otro puñetazo hacia la cara, mientras se levantaba del suelo como un rayo. Pero se detuvo a pocos centímetros de su rostro.

No sabía el por qué, pero ella en aquel momento no podría golpear a la cara de Mao, a pesar de que se estaban golpeando la una al otro. Nadezha se preguntó una y otra vez por qué no se atrevía a hacer tal cosa. Tal vez, fuera porque en lo más fondo de su corazón aún quería a aquella amiga o se sentía mal por aprovecharse de su aparente distracción. Sea lo que fuera, decidió bajar el brazo y se alejó unos pocos pasos, bastante aturdida, mientras le observaba.

Luego, se quedó cabizbaja y tras unos segundos de silencio, empezó a preguntándose por qué había llegado a este punto, en cómo terminaron peleándose de esta manera. Habían vivido buenos y malos recuerdos, pero ellos dos siempre estaban juntos, se habían jurado una amistad eterna. Recordaba aquel momento como si fuera ayer.

Fue en un día de verano, tras acabar el primer curso de la primaria. Ella y Mao, paseaban tranquilamente por las calles, mientras veían como el sol desaparecía del horizonte. Nadezha, no dejaba de mirarle una y otra vez, pensando en una cosa que desde hacia tiempo, deseaba decirle:

— Por cierto…— Tras llenarse de valentía, le soltó eso, aunque lo dijo en voz baja.

— Ah, ¿qué pasa? — Aún así, Mao la escuchó y la preguntó, mientras la observaba.

— Nada, nada. — Eso le respondió bastante nerviosa y roja. Se maldijo por decir aquella respuesta, porque no era lo que realmente deseaba decir, aunque fue como acto reflejo.

A continuación, se llenó otra vez de valentía y añadió esto: — Bueno, la verdad es que yo…—Entonces, le cogió de la manos y le soltó esto con una sonrisa: — Muchas gracias. —

— ¡Eh, ¿eh?! — Mao fue sorprendido por aquellas palabras repentinas. —¿Por qué dices eso, tan de repente, si no he hecho nada? — Se puso tan nervioso como Nadezha, mientras se preguntaba qué estaba hablando ella.

— Sí, lo hiciste. Gracias a ti, deje de estar triste por la muerte de mis papas y quisiste ser mi amiga. — Y finalmente, sin la vergüenza que tenía antes, le soltó aquellas palabras a Mao, quién se puso más nervioso de lo que estaba.

— ¡No fue para nada! — Eso dijo, antes de reírse nerviosamente.

— Jamás pensé que encontraría alguien como tú…— Y añadió Nadezha con una radiante sonrisa, que dejo a Mao boquiabierto, quién empezó a reírse como loco.

— ¡Oye, oye, me estoy poniendo roja con eso, para ya! — A pesar de su nerviosismo, estaba feliz por los halagos que le estaba diciendo Nadezha.

— Eres mi mejor amiga, ¿sabes? — Le dijo, finalmente, Nadezha.

— Por supuesto que sí, y lo seré para siempre. — Y con esto terminó la conversación Mao, con una sonrisa igual de radiante que la de Nadezha.

Al recordar eso y comparándolo con su situación de ahora, le entraron muchas ganas de llorar, de gritar y de desear volver atrás en el tiempo. También le volvió la rabia que tenía en ella, mientras apretaba fuertemente el puño, porque sintió que aquellas palabras fueron más que una fea y horrible mentira. A continuación, le soltó esto a Mao, con un gran grito:

— ¡Solo quiero que me lo digas! — Eso dijo, antes de empezar a llorar, mientras se decía una y otra vez que toda su bonita amistad fue más que una farsa. Esto era lo que deseaba gritar, pero, por cualquier razón le soltó otra cosa a Mao.

— ¡Jamás, jamás, te lo diré! — Y Mao le dijo esto con una voz baja, aunque no lo suficiente para que Nadezha no lo escuchará. Se acercó con una cara de alguien que parecía que iba a hundirse de un momento para otro, pero que aún así intentaba mantener la compostura. Se acercaba poquito a poco, mientras levantaba el brazo con unas intenciones nada buenas.

— ¡¿Eres idiota o qué?! — Pero Nadezha se dio cuenta y se acercó a él para darle un puñetazo ella primera.

— ¡La idiota eres tú, y solo tú! — Pero él detuvo el puño con una mano. — ¡No hay nadie más idiota que tú! —Mientras intentaba golpear a Nadezha con la otra.

— Deja de soltar estupideces, estupideces. — Pero ésta lo detuvo, también, con el brazo que tenía libre.

Se miraron fijamente, mientras intentaban empujar los brazos del contrario para librarse, durante varios segundos.

Y entonces Nadezha vio cómo salían lágrimas de Mao, con una cara desolada, antes de gritar esto:

— ¡¿Cómo pude hacerme amiga de alguien cómo tú!? —

Nadezha se dejó empujar por Mao y cayó al suelo, destrozada totalmente por aquellas palabras, no sabía si por producto de aquella cara que puso Mao o por aquellas palabras. Pero no le dio tiempo a pensar en eso, porque su ira volvió a crecer de nuevo, ya que ella no podría creer que le soltara aquella frase, lo sintió como si fuera una apuñalada por la espalda para ella. Se enfadó tanto que se levantó de suelo y le dio un buen golpe en el pecho que lo hizo volar.

— ¡Maldita desgraciada…! — Eso le gritó, fuera de sí. — Lo mismo digo, ¡¿por qué me hice de amiga de alguien como tú!? — Llorando sin parar, mientras sentía que había vivido una completa mentira. — De una chica, que de la noche a la mañana, decide romper nuestra amistad y mandarme a la mierda de esta manera, sin saber lo que ha ocurrido para que hemos llegado a esto. —

— ¿¡Y qué pasa!? ¡¿Por qué tengo que contártelo, hay alguna regla especial o qué!? ¡Porque me apetecía y ya está! — Y Mao le gritó esto, mientras se volvía a levantar e iba a golpear con los dos puños.

A Nadezha eso le pareció una excusa lamentable y se lo dijo, mientras esquivaba los golpes que intentaba darle Mao con sus puños:

— ¡Eso es una mentira, una estúpida mentira! ¡Sé que hay algo, porque tú no harías tal cosa, solo por un capricho! — Se detuvo por un momento, para saltar hacia atrás. — En realidad, nadie. —

Y luego corrió hacia Mao, mientras éste le gritaba esto, mientras se tapaba los oídos: — ¡Cállate, cállate de una vez! —

— Entonces, ¡dime la verdad! — Y mientras le decía esto, le dio una patada a Mao tan fuerte que lo tiró en el suelo y lo dejó ahí.

— ¡Jamás! — Y éste se quedó en el suelo. — ¡Olvídate de todo esto, de una maldita vez! — Llorando sin parar, mientras le gritaba a Nadezha. —Desiste de una puta vez, ¡¿qué vas a conseguir con toda esta estupidez!? ¡Déjame en paz y olvídate de mí, por favor! —

Entonces, Nadezha se dio cuenta de que ya habían llegado demasiado lejos y ninguno de los dos había ganado, no habían no había conseguido nada, solo habían luchado inútilmente y con toda violencia. Por eso, decidió terminar esto e irse. Pero antes de eso, le dijo esto, llena aún con la rabia que había sentido:

— ¡Pues, muy bien, que te jodan, Mao! ¡Tú para mi estás muerta! — Y con esto dicho, salió corriendo como nunca lo hizo, mientras se alejaba de Mao.

No se dirigió hacia la escuela, porque no tenía ni ganas de estar allí, así que decidió pasearse sin parar por toda la cuidad, en un intento desesperado por librarse de aquellos sentimientos que estaba teniendo. Más bien, corrió por todos lados, durante horas, sin darse cuenta por dónde iba; y cuando se cansó, llegó a un parque que apenas conocía, en ese lugar en dónde nos íbamos a encontrar.

Este fue el final definitivo, o más bien, un epílogo; de su amistad con Mao y dio paso al principio de otra cosa, porque ese día yo encontré al amor de mi vida: Nadezha.

Gracias a mí, ella se olvido de gran parte de lo que sufrió con Mao. Y a de todo y del hecho de ya odiaban, ellos volvieron a hablarse, pero con mucha hostilidad y violencia, al poco tiempo. Empezaron a insultarse, a molestarse, a fastidiarse, a golpearse mutuamente, volviéndose rivales o archi enemigos. Su enfrentamiento y su rivalidad se volvieron famosos y casi legendario en el instituto. Nadie pensaría que en otros tiempos aquellas dos personas se habían querido como hermanos, en una verdadera y sincera amistad.

FIN

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