Centesíma primera historia

La chica perfecta: Séptima parte, centésima primera historia.

— Pero por el amor de Dios…— Concluyó mi profesor, conmocionado al observar detenidamente mi pupitre tirado en el suelo y pintorreado con múltiples insultos y garabatos denigrantes.

El profesor de matemáticas llegó unos segundos después de mi llegada y se quedó muy asombrado al ver la escena. Luego de quedarse observando por varios segundos, se dirigió hacia mí y me preguntó esto:

— ¿Qué está ocurriendo Martha Malan? — Esperaba que yo tuviera la respuesta.

— Eso me gustaría saber yo…— Aún cuando no me había recuperado del golpe que me supuso ver eso. De todos modos, era bien obvio lo que estaba ocurriendo. El acoso contra mí se estaba materializando, a mucha rapidez.

— De todas formas, no podemos empezar con la clase…Hay que solucionar esto rápido. — Entonces, el profesor, quién era también nuestro tutor, decidió suspender nuestra clase y tener una tutoría urgente, para tratar lo que había pasado.

Después de eso, la clase se llenó de cuchicheos y el tutor nos ordenó callarnos y sólo unos pocos le hicieron caso. Éste tuvo que gritar dos o tres veces, para que todo el mundo le hiciera caso. Yo levanté mi pupitre y me senté en mi silla, mientras me puse a crear y solucionar ecuaciones en mi mente para poder relajarme. Vladimir, me miraba de reojo, con mucha preocupación en su rostro. Klara y Megan también lo hicieron, pero con una mirada de desprecio.

Finalmente, el profesor decidió empezar, soltando esto con una voz de puro enfado: — ¡Vamos a ver! Iré directo al grano, ¿quién ha hecho esto? —

Nadie habló, sólo hubo silencio que duró varios segundos, mientras varios compañeros de mi clase se miraban los unos a los otros, como si estuvieran buscando al culpable con la mirada. Al ver esta escena, nuestro tutor siguió hablando:

— ¡A una compañera le han pintorreado su pupitre, poniéndole todo tipo de palabras insultantes y denigrantes, ¿saben cómo se llama eso en mi tierra?! —

El profesor pausó un momento, para ver si alguien respondía. Hubo de nuevo un silencio bastante incómodo. Luego, soltó esto:

— ¡Acoso escolar! ¡Lo repito! — Lo gritaba con todas sus fuerzas. —¡Acoso escolar! — Lo único que hicieron los alumnos era mover la cabeza hacia arriba y abajo.

A continuación, me llamó: — ¡Martha Malan! —

— ¡¿Sí!? — Y yo le contesté.

— ¿Esto es la primera vez que ocurre? — Al preguntar esto, todos mis compañeros de clase me estaban mirando fijamente.

— Sí, a mí también me ha sorprendido. — Me sentí algo incómoda, pero pude responderle bien.

— ¿Y han ocurrido más cosas, aparte de eso? — Luego, me preguntó esto y todos estaban atentos en lo que yo iba a decir a continuación. Dudé por varios segundos.

— La verdad es que sí…— Al final, decidí responderle. —Aunque me gustaría conversar sobre eso más tarde. No es algo que me gustaría hablar en público. —

No deseaba contar todas las cosas que me habían ocurrido delante de toda la clase, no eran cosas que me gustaría soltar en público. Eso era todo.

— ¿Y por qué no? ¿No somos dignos de escuchar tus palabras, Malan? —  Entonces, alguien de la última fila de la clase me dijo esto, con mucho sarcasmo. Era Megan, quién estaba soltando una pequeña sonrisa, que se veía muy sombría.

— ¡¿Megan Truman!? — Y el profesor se sorprendió. — ¡No me di cuenta de que estabas ahí! ¡Por fin apareciste…! — No se había dado cuenta de su presencia y parecía estar aliviado con su aparición.

Ese comentario del tutor de alguna manera molestó a Megan, quién pasó de tener una sonrisa a una cara de molestia, mientras le decía de mala manera esto: — ¿Pasa algo con eso? —

— Ese tono no me gusta nada…— Añadió el tutor. — Contigo me gustaría hablar, y será en privado. — Estaba bastante molesto con esa actitud.

— Vale. — Y Megan le soltó esto secamente, antes de quedarse en silencio.

— Volviendo a lo que estaba hablando…— Hizo una pausa para recordar lo que iba a decir. —  Lo que quiero es que aparezca el culpable de aquella burrada, ¿¡entendido!? —

Luego, esperó durante unos cuantos segundos, esperando que alguien se atreviera a confesar. Pero sólo hubo silencio, hasta que una persona levantó la mano y dijera esto:

— ¿¡Y usted cree que va a hacerlo así por las buenas!?- Eso le preguntó una compañera de clases, que tenía un gran lazo de color rojo sobre la cabeza.

Los demás empezaron a cuchichear tras escuchar eso, y el profesor respondió su pregunta.

— ¡Si no lo hace, será por las malas…! — Con un gran grito que para nada ayudó a silenciar la clase. Los cuchicheos seguían aumentando. Y entonces, Klara levantó la mano y dijo esto:

— Volviendo a lo que quiere decir Malan…— Se dirigió hacia a mí. —¡¿Por qué quieres decirlo en privado, si toda la clase lo sabe sobre los rumores y esa fotografía!? — Aparentaba estar diciendo una pregunta inocente, pero sabía que detrás de eso me estaba atacando, indirectamente.

Entonces, el ambiente en la clase se volvió insoportable. Aparte de los cuchicheos que provocaban un horrible y molesto ruido ambiental, algunas personas empezaron a asaltarme con cientos de preguntas nada agradables y feas acusaciones:

— ¡Seguro que alguien de los que te has follado te odia y ha hecho esto! —La del gran lazo rojo, era la más agresiva. Me estaba acusando con todas sus fuerzas.

— Yo no he hecho…— Y le intentaba explicar que no, pero ella no me dejaba ni hablar.

— ¡¿Y la fotografía que pusieron en la entrada!? ¡Eso lo demuestra todo! — Me lo soltaba, con un tono vencedor, como si ella tuviera nada más que la verdad. Eso me estaba molestando muchísimo.

— Eso no lo demuestra… — Aún así, intenté hablar bien con ella, pero la chica del lazo rojo, me volvió a interrumpir con falacias, erosionando aún más mi paciencia. Pero no le dio tiempo a terminar, porque Vladimir actuó:

— ¡Deja de acusar a Malan, Carleen…! — Le gritó muy enfadado a la chica de lazo rojo, mientras se levantaba violentamente de su asiento.

— Yo solo lo digo…— Ella levantó la voz e intentó decir algo, pero Vladimir la volvió a interrumpir.

— ¡Solo dices tonterías! — Vladimir le volvió a gritar. Estaba muy enfurecido y con ganas de ir a darle un golpe a aquella compañera de clases. Ella dio un pequeño chillido de susto, al ver aquella reacción. No fue la única, todos se quedaron boquiabiertos al escuchar eso.

El grito hizo que hubiera algunos segundos de silencio. Después de eso, volvió los cuchicheos de los demás, preguntándose por qué Vladimir me estaba defendiendo de esa manera. Intenté decirle algo para tranquilizarlo, pero la chica del lazo rojo, le soltó esto:

— ¡¿Por qué la estás defendiendo tanto!? ¡Tú mismo la rechazaste el año pasado! — Ella le gritó esto, mientras le señalaba con el dedo.

— ¡¿Y tú por qué estás así con ella!? Es como…— Y Vladimir, con ira, le esquivó esa pregunta y le intentó acusar.

— ¡¿Pero qué mentiras cochinas me estás diciendo!? Hay muchos culpables en esta maldita clase. — Pero Carleen le interrumpió y empezó a señalar a varias personas que entre ellas, estaban Megan y Klara:

— ¡Oye, a mi me metas en esto, subnormal! — Eso le gritó Megan con mucha hostilidad contra ella.

— ¡Si yo soy muy amigable con Martha, es imposible tal cosa! — Y esto añadió Klara, mostrándose un poco indignada.

Los demás que fueron señalados y acusados por Carleen, le gritaban que ellos no habían hecho nada y la acusaban a ella, poniendo razones por las cuales era sospechosa. Otros, le echaban la culpa a sus compañeros. Así todos empezaron a gritarse los unos a los otros, culpándose del hecho. La clase se volvió un enorme griterío, insoportable para mis oídos. Algunos ejemplos de aquellos gritos que pude oír fueron estos:

— Tú tenías envidia de sus pechos. —  Eso gritaba alguien contra Carleen.

— A ti siempre te ha estado ignorando. — Esto le acusaba un niño a otro.

-Tú eres una falsa, siempre le hablas mal a sus espaldas.- Y una chica decía estas palabras contra Klara.

El profesor intentaba controlar la clase, intentando gritar lo más fuerte posible pero era en vano, solo estaba consiguiendo quedarse afónico de tanto gritar.

Por mi parte, no podría soportar aquella escena, porque yo estaba descubriendo lo que los demás odiaban de mi persona, por palabras de otros. Chicas que se acusaban mutuamente por tener una fea envidia hacia mi cuerpo en pleno crecimiento, que se expresaba en forma de insultos y frases denigrantes; o por ser tan popular con los chicos y buena en los estudios. Compañeros de clases acriminando a otros de odiarme porque no les hice caso, aún cuando ellos jamás se acercaron a mí. Algunos alumnos se sinceraban ante las calumnias de los acusadores soltando que me tenían manía, porque les miraba encima del hombro, los trataba como gente inferior o no soportaban mi personalidad y deseaban que me muriese.

No podría asimilarlo, sinceramente. Yo creía que caía muy bien a mucha gente, que los que me odiaban eran excepciones. Pero vi como muchos compañeros de clases, que siempre charlaban conmigo amablemente y que incluso me pedían ayuda para los deberes, tenían unos sentimientos tan feos hacia mí y eso me hacía sentir mal, como si hubiera sido engañada.

Me sentía tan dolida y tan enfadada que inconscientemente me levanté, le di una patada a mi pupitre tan fuerte que lo hice tirar al suelo, algo que en mi sano juicio haría, pero no podría controlar mis sentimientos. Y grité, como nunca lo hubiera hecho, sacando todo mi enojo:

— ¿¡Por qué no se callan de una vez!? ¡¿No ven que el profesor quiere que nos callemos, no creen que estamos molestando a las demás clases con ese estúpido griterío, que no está sirviendo de nada, salvo ponernos de mal humor!? ¡¿Lo entienden, lo entienden!? —

Antes aquellas palabras nacidas de mi violenta cólera, simples excusas para no soltar lo que realmente pensaba de ellos; dejó a toda la clase con la boca abierta. Eran incapaces de decir algo, incluso el mismo profesor. Por lo menos, verme enojada de tal manera los calló, pero yo aún no estaba bien, y decidí irme de la clase:

— ¡Lo siento mucho, pero me voy al servicio! — Eso les grité, mientras salía como un huracán de la clase, abriendo y cerrando violentamente la puerta.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

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