Centesíma primera historia

La chica perfecta: Epílogo, centésima primera historia.

No sentí haber resuelto este asunto, porque estaba lleno de lagunas. Me hubiera gustado que Megan me hubiera dicho cómo lo hizo, pero supongo que se cortaría la lengua antes que hiciera eso. No sabía casi nada, ni siquiera si actuó sola o tuvo la ayuda de alguien más.

Después de todo, tengo la firme sospecha de que Klara la ayudó de alguna manera. Nadezha me lo dijo, que fue llamada por Vladimir y vino para ayudarme, vio a alguien espiándonos en alguna parte del parque. Su detallada descripción no dejaba duda de quién era aquella persona. Y hubo algo más, cuando la Osa rusa se acercó a ella, ésta salió corriendo a toda velocidad.

Pero de alguna forma detuve aquel acoso que iba contra mí, todo se solucionó. Aunque todo cambió, se transformó radicalmente, después de aquel día. Mi vida escolar dejó de ser la misma.

Al día siguiente, mientras caminaba hacia la escuela, todos me miraban con miedo, como si era una persona con la cual era mejor no desafiarla. Varios, al ver que estaban en mitad de mi camino, se quitaban a un lado y me sonreían nerviosamente y algunos esquivaban su miraba al cruzarse con la mía. Apenas alguien se atrevía a dirigirme la palabra y si yo les saludaba estos salían corriendo. Ya no sería tratada como antes, ahora era tratada como la matona del colegio. Aquel trato me molestaba mucho y me costó asimilarlo, pero aún así estaba bien. Las cosas debían estar de esta manera.

Al llegar a mi clase, todos mis compañeros se quedaron mirándome con terror y aún veía incredulidad en sus rostros, incapaces de asimilar que aquella chica perfecta fuera capaz de haber hecho tal cosa. O más bien, era otra cosa. Ellos miraban el asiento de Megan, como si su ausencia diera a pensar que a ella le pasó algo, una desgracia producida por mis propias manos. Si no fueran por el miedo que sentían hacia mí, se lanzarían a preguntarse si le hubiera hecho algo horrible a aquella chica. Vladimir era el único que se atrevía a hablarme y mantenía conversaciones conmigo, algo que dejaba a los demás perplejos.

No sólo por el hecho de que no tuviera miedo de mí, sino porque se dieron cuenta rápidamente quién había sido mi víctima y no entendían cómo él se atrevía a hablar conmigo. Muchos compañeros le hablaban y le preguntaban sin parar sobre mi persona y su relación conmigo, pero éste se negaba hablar.

Y él era también el único que se atrevía a comer conmigo durante los recreos. En unos de ellos salió esta conversación:

— Aún no puedo tolerar lo que hiciste…— Me dijo en voz baja, mientras terminaba con su comida, bastante molesto.

— ¿El qué? — Le pregunté amistosamente.

— Haber contado eso. Tenías algo que a todos les hubiera gustado, aún cuando era una imagen falsa de ti y lo destruiste…— Él era el único que estaba molesto con mi decisión. Supongo que es entendible, pero creo que fue lo mejor que hice. Por eso, le dije esto:

— En realidad, eso no valía nada. Un ser humano sin defectos es anti-natural, después de todo. —

Martha Malan tiene defectos y si no los tuviese no sería Martha Malan. Y eso aplica también a todos los homos sapiens que han habitado, habitaron y habitaran algún día en el planeta Tierra.

Otra cosa que cambió totalmente mi percepción de las cosas y para mal, ocurrió cuando me llamaron para ir al despacho del director. Cuando el tutor entró en la clase de música y me llamó, toda la clase se quedó mirando y llenando de cuchicheos el lugar.

Mi tutor me guió hasta allí y al entrar fue recibida por nuestro anciano director, que intentaba en aquellos momentos leer algunos papeles pero por culpa de su mala vista apenas podría entender lo que estaba leyendo, y eso que llevaba gafas.

— ¡Aquí está, Martha Malan! — Le gritó mi tutor, mientras entrabamos en el despacho.

— ¡¿Entonces, eres Malan!? — Preguntaba el director, mientras se esforzaba para intentar ver bien mi silueta. — ¡Apenas me cuesta mucho reconocerte! —

— ¡Es que estoy creciendo mucho últimamente, director! — Le dije con buen humor, ocultando el hecho de que tenía un poco de miedo por la evolución de la conversación pudiera volverse negativo contra mí.

— ¡Me gustaría hablar contigo, sobre aquello que según dijiste hiciste el año pasado! — Como adiviné, eso era lo que querían.

Así que decidí contarle aquel lamentable y horrible acoso que provoqué a los profesores, con todo lujos de detalles y ocultando el hecho de que mi víctima era Vladimir. Perdimos casi una hora o más.

— ¿¡Pero todo está solucionado, verdad!? ¡¿Ya no tienes ningún problema con el chico, no!? — Me preguntó el director, tras escucharme con mucha paciencia, y yo le respondí con la cabeza que sí.

— ¡¿Y el acoso qué te estaban haciendo, quién es la responsable!? Espero que no le hayas hecho nada malo. — Y luego me soltó esto, cuya última frase me dejó claro que creía, al igual que los demás, que yo tropezaría dos veces con la misma piedra. Eso no me molestó.

— Creo que lo mejor es que ustedes mismos lo investiguen, yo no diré nada más. — Yo ya no quería saber nada más de aquel asunto por el momento, y ellos tienen las herramientas necesarias para encontrar al responsable.

En realidad, la verdadera razón es que si Vladimir ocultó e hizo como si mi acoso nunca hubiera existido, yo también haría lo mismo con Megan. Tal vez, hacer la misma decisión que él era una forma de agradecerle.

— De todas formas, ¡¿ya no te molestan!? — Aún así, el viejo director siguió preguntándome.

— No. — Y eso le respondí, creyendo que iba a tener un largo interrogatorio por delante. Entonces, el anciano soltó esto, dejándome algo boquiabierta:

— Entonces, el asunto está zanjado. — Lo decía como si fuera el fin de un asunto molesto, nada importante y sin nada de importancia.

— ¡¿No debería hacer algo más!? ¿¡Ya está todo!? — Le pregunté, muy sorprendida por esa reacción.

— No hablaremos más de esto. Nuestra escuela es un símbolo de la buena educación y si se hablara de casos de acoso escolar aquí, sería nuestra ruina. Por eso, no te preocupes, esa mancha en tu expediente académico no va a existir. —

Y tras decir eso, se quedó tan pancho. Una mezcla de decepción y enfado crecieron en mi persona, por oír estas palabras de un adulto supuestamente responsable. No le importaban sus alumnos, solo la fama de su colegio. Eso lo dejó bien claro y parecía ser la opinión mayoritaria de todos los docentes.

Y otra cosa que me sentó muy mal es que creyeron que yo deseaba limpiar mi error. Más bien, eran ellos los que deseaban taparlo. Después de todo, yo había sido presentada como un símbolo de la excelencia de la escuela y si se mostrará que provoqué un caso de acoso escolar la fama de este lugar estaría entredicho. Era entendible, que querían hacer algo así. pero aquellas palabras sólo provocaron en mí una especie de odio contra el colegio.

Tras pasar unos cuantos días, pude recibir alguna noticia de Megan, quién dejó de venir a nuestra escuela. Era una desagradable, cuya existencia solo provocó que mi nueva fama creciera, una que no era, en absoluto, ser una persona perfecta, sino la de una matona sádica y despiadada. Y me llegó gracias a Klara:

— ¡Buenos días, Malan! — Me sorprendió mucho que me saludará, después de mucho tiempo. Creía que no se atrevería hablar conmigo, después de lo que ocurrió en el baño. Y veía con una sonrisa, una que yo ya lo considerada como parte de su máscara, aquella imagen falsa que intentaba transmitir a los demás.

— ¡Buenos días, Klara! — Y le devolví el saludo, con una sonrisa radiante, con una parte de mí que no deseaba responderle, ni menos que se volviera a acercar.

Mientras los demás compañeros de clase miraban sorprendidos que alguien que no fuera Vladimir me estuviera hablando, ella añadió esto con la oculta intención de molestarme:

— Esa sonrisa da mucho miedo… Espero que no me hagas daño. — Lo decía con una aparente inocencia, que seguramente sería otra actuación que practicaba Klara con los demás.

— ¡¿Qué quieres!? — Le decía con falsa amabilidad. — Dilo por favor, no tengo mucho tiempo…— Ocultando mis deseos sinceros de perderla de vista.

— ¡¿Solo me preguntaba si por un casual hiciste algo horrible a Megan!? — Y ella soltó esto, que me dejó muy sorprendida.

— ¡¿Y por qué dices eso!? — Me preguntaba qué quería decir ella con eso.

— Porque ayer me entere de que ella está en el hospital. — Eso fue un golpe muy fuerte para mí, sentí culpabilidad al momento.

Al salir de clases, llamé a Nadezha en busca de un consejo. Ella vino rápido hacia mí y le conté toda la situación, mientras recorríamos el camino hacia mi casa.

— ¿Y ahora qué harás? ¿No creerás que es tu culpa? — Eso me preguntó, tras escuchar todo lo que le quería decir.

— En verdad, ya no lo sé. — Y le respondí sinceramente, con la mente en blanco. No sabía si tenía que hacer algo más, ya que la culpabilidad me estaba acechando; o todo ya estaba resuelto.

— No lo pienses mucho. — Me respondió con serenidad. — Seguir preocupada por todo este asunto solo harás preocupar a los demás. Mao también te diría lo mismo. — También era algo que Nadezha diría, consiguiendo animarme con solo aquellas palabras.

— Eso es verdad, ya que después de todo Mao y tú sois similares. — Eso le dije, entre risas.

— ¡Oye, no sé si eso me tiene que molestar o alegrar! — Añadió Nadezha, mientras yo me daba cuenta de que tenía razón.

— En verdad, tienes razón, ¿por qué me preocupo tanto? Hace tiempo que aquel asunto ha terminado, está arreglado. Fin. —

— Así es. Olvídate de eso. — Nadezha añadió esto, a continuación. — Si la gente de la escuela ahora recela o tiene miedo de ti, siempre tienes aquel lugar en dónde siempre te da la bienvenida con las manos abiertas, en dónde tienes amigas de verdad. —

En eso también tenía razón ella, tenía un lugar dónde ir, en el cual tenía a Josefina, a Alsancia, a Alex, a Sanae, a Jovaka, a Diana y a su familia, y especialmente a Mao. Allí me aceptaron cómo soy, con todas mis virtudes y defectos; y yo los aceptaba igualmente. Aquel sitio se volvió como mi segunda casa.

— ¡Muchas gracias, Nadezha! — Le dije muy agradecida, mientras me adelantaba unos pocos pasos y me ponía delante de la Osa rusa, para mostrarle mi mejor sonrisa.

FIN

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