Centésima segunda historia

En éxtasis: Sexta parte, centésima segunda historia.

Esperaba que volviera el lunes, pero no lo hizo, tampoco en el martes y en los siguientes días. Y yo estaba realmente preocupada por ella y aterrada por la posibilidad de que le hubiera pasado algo horrible. Si le pasará algo, sería mi culpa por no haber actuado correctamente y me odiaría a mí misma de por vida.

Por eso mismo, quería buscarla y encontrarla lo más rápido posible, pero no tenía muchas pistas sobre su paradero, limitándome a buscarla por el sitio en dónde nos conocimos, y el trabajo me quitaba mucho tiempo y me dejaba tan agotada que muchas veces me quedaba dormida por las tardes. Y cuando me di cuenta, ya había pasado una semana y era de noche, ya no podría ni buscarla. Me sentí muy enfadado conmigo:

-¿Qué estás haciendo, Malia?- Eso me gritaba a mí misma.-¡La vida de una chica está en juego, no tengo tiempo para perder!-

Ahora que sabía que estaba metida en un asunto tan horrible, tenía que ayudarla sí o sí. Tenía que salvarla de alguna forma u otra, esa era mi decisión e ir poquito a poco me pareció un terrible error del cual me arrepentiría por siempre. Pero, aún así, no sabía qué hacer.

Entonces, miles de imágenes se me pasaron por mi mente, de una persona  que juré salvarla e evitar que se convirtiera en un monstruo, y fracasé, miserablemente, en todos los sentidos. Yo no pude salvar a Sasha, aún cuando le prometí a hermana y a mi misma hacerlo. No solo a ella, también a mi madre. Esa era mi determinación, mi único objetivo en la vida, ayudar a mi familia a que volvieran al buen camino y que no terminaran tan mal.

¿Pero de qué sirvió eso? Creí que hacía todo lo posible para ayudarlas, pero eso era más que una mentira que me creí. Ellas no cambiaron ni un poco, porque yo nunca hice lo que realmente tenía que hacer para salvarlas. Y al final, Sasha se manchó las manos de sangre, desapareció de la faz de la tierra y mi madre acabó enterrada en el patio. En cuestión de días, tirando por la borda todas mis esperanzas y sueños. Fui una inútil, totalmente.

Tras aquellos espantosos acontecimientos, me juré a mí misma que no volvería a cometer el mismo error que hice con mi familia. Jamás tenía que volver a fracasar, si tenía que salvar a alguien. No debería hacerlo, jamás de los jamases. Aún así, yo no estaba haciendo algo útil, necesario para salvar a Megan Truman, y ni siquiera sabía cómo hacerlo.

-¿¡Por qué!?- Eso me grité, con ganas de llorar -¿¡Por qué soy tan inútil!?-

Y entonces, oí cómo alguien estaba pegando violentamente la puerta de mi casa, a las doce de la noche, algo que me sorprendió y me hizo olvidar los malos recuerdos.

-¿Quién será, a estas horas de la noche?- Eso me pregunté en voz baja, mientras me acercaba a la puerta.

Al llegar ante la puerta, volví a soltar la misma pregunta, esta vez en voz alta y dirigiéndome a aquella persona que estaba golpeando a la puerta:

-¿Quién eres?-

-¡Soy yo…!- Soltó unas risas.- ¡Y solo yo…!- No paraba de reírse.-¡Todo da muchas vueltas…!- Parecía como si estuviera borracha aquella persona.

De todos modos, reconocí la voz enseguida y abrí la puerta rápidamente, extrañada porque a estas horas no debería estar aquí, pero feliz, ya que ella había aparecido finalmente.

Era Megan Truman y estaba sobre mi puerta. Cuando abrí, ésta cayó al suelo, riéndose sin parar.

-¿Estás bien?- Eso le pregunté muy preocupada, mientras la levantaba rápidamente del suelo. Sus pupilas estaban muy dilatadas y a pesar del abrigo que llevaba, vi que ella estaba con una camiseta interior y en bragas.

-¡M-malia quería verte…!- Me abrazó de repente, entre risas y feliz. -Tu casa parece muy diferente… ¿te has mudado o qué?- Eso decía mientras miraba por todas partes y temblando como un flan.

Me pregunté qué le estaba pasando, ya que estaba actuando de forma muy extraña y estaba con esas pintas. Tal vez, ¿estaba drogada? De todas formas, lo primero que hice fue llevarla rápidamente al sofá para que se sentara.

-¿Sabes? Te echaba de menos…- Eso me decía, con toda la felicidad del mundo, mientras intentaba llevarla a allí, porque no se dejaba.

-¡Ah, me alegro!- Y eso le respondía.

-Estaba estudiando, cuando…- Se quedó callada por unos segundos. -¡No sé, quería volver, a pesar de que me dije que no lo haría!- Luego, empezó a reírse.

Y así es como descubrí que ella ya no deseaba venir a mi casa a visitarme, aunque me lo figuraba.

-¿No querías volver?- De todas formas, pregunté esto y ella pasó de la felicidad a la tristeza en cuestión de segundos.

-Solo te provocó muchos problemas…- Eso me decía, mientras empezaba a llorar.

-No es eso, de verdad. No me has provocado ningún problema.- Eso le decía nerviosamente, mientras intentaba consolarla y sentarla en el sofá.

-¿Este sillón era tan grande?- Luego, empezó a mirar por todas partes. Luego, a mí: -Malia, ¡tu cabeza ha crecido!- Y se quitó el abrigo, para ponerse a temblar aún más: -¡Ay, qué frío!-

Todo eso en cuestión de segundos, estaba fuera de sí y lo único que podría hacer por ella era esperar hasta que le pasase el efecto de las drogas.

-Aquí tienes.- Aparte de darle una manta.

A continuación, me senté a su lado y ella empezó a observar a la nada, diciendo cosas sin sentidos:

-¿Eso está brillando?- Eso preguntaba, entre risas.

-Bueno, no. Deberías dormir, o algo.- Eso le dije a Megan mientras reía nerviosamente, bastante incómoda por el hecho de no saber cómo tratar a alguien que está drogado.

-¡No quiero, para nada!- Eso me soltaba, con un berrinche y mientras intentaba levantarse del sofá. -Tengo que estudiar…-

-¿Estudiar, no es un poco tarde para eso?- Eso le pregunté, mientras impedía que se levantara.

Dijo antes que estaba estudiando, ¿había usado las drogas para ponerse a estudiar? A mí, aquella suposición que estaba pensando me parecía muy ridícula. Jamás había escuchado que hubiera gente que se pusiera drogado para estudiar.

De todas maneras, no era el mejor momento para que ella se levantara del sofá. Ni siquiera podría andar en buenas condiciones, y me sorprendió y me aterraba que haya llegado a mi casa andando en tal estado.

-Pero tengo que hacerlo…- Eso me gritaba, mientras yo impedía que le levantará del sofá.-¡Tú no lo entiendes, debo ser una ganadora…! Pero por mucho que estudie…pero por mucho que estudie…No podré serlo…-

Megan dijo eso último llorando, con mucha rabia. Tal vez, mi absurda suposición estaba en lo correcto, ella estaba drogándose con el psicomab para ser más inteligente y estudiar mucho mejor.

¿Pero por qué llegar a estos extremos, para ser la mejor? Me preguntaba eso y decidí que lo mejor era conocer sus razones para querer conseguir aquel objetivo:

-¿Por qué quieres ser una ganadora?-

Ella se quedó callada por varios segundos, antes de soltarme esto:

-En este mundo tienes que ser el mejor… ¡Ganar y solo ganar!-

Hizo una pausa para limpiarse las lágrimas y seguir hablando:

-Mis padres siempre estaba contentos cuando sacaba la mejor nota de la clase… Todos me alababan por hacerlos, tanto mis amigos y mis profesores… Pero cuando cambié de escuela, todo… cambió y me volví en una perdedora… Por mucho que estudiase nunca la alcanzaré…-

Sentí mucha lástima por ella, porque, por lo que estaba diciendo, estaba muy bien en su vieja escuela y al cambiar a otra, se hundió totalmente. Y desesperada, decidió tomar algo muy drástico.

-¿Por eso, tomas el psicomab, ese medicamento?- Eso le pregunté seriamente.

-Él me lo dijo, que eso te hacía mucho más inteligente…- Ella tardó un poco en responder, como si estuviera dudando.

-¿Quién, quién era aquella persona?-

¿Alguien le engañó para que le vendiera aquella droga? Eso me decía a mí misma, mientras le preguntaba eso.

-No me acuerdo, tiene un nombre muy raro, como que “dragonfly” o algo así.- Eso confirmó todas mis sospechas. -Pero me lo vende a un precio muy barato… Es un buen tipo…-

-Entiendo…- Eso dije, solo por decir.

Estaba enfadada, al ver que alguien se aprovechó de ella para venderle unos terribles productos que pueden acabar con tu vida, sino te la arruinan antes. Por culpa de aquella persona, por engancharla a un medicamento que sacaron del mercado por su peligrosidad; ella acabó haciendo cosas tan desesperadas como hacer de carterista.

A continuación, estuvimos un rato en el sofá, con ella cantando canciones felizmente mientras tenía una mirada perdida y movía la cabeza de un lado para otro, como si estuviera viendo algún programa infantil cuando la tele no estaba ni conectada. Eso era tan raro, que se me hacía muy incómodo y al final decidí que lo mejor para mí y ella que se fuera a dormir.

La levanté del sofá, y ella se quejaba, diciendo cosas que no tenían nada que ver, pero sin mostrar resistencia, mientras la llevaba a la cama.

-¡Y ahora ponte a dormir, necesitas descansar!- Eso le dije, después de acostarla.

-¡No puedo dormir!- Eso me gritaba, dando vueltas por la cama. -Cuando cierro los ojos, la veo y no la quiero ver.-

-¿De qué estás hablando?- Le pregunté eso, bastante extrañada.

-Ella no es nadie normal, no hace nada pero siempre es el número uno… ¿Por qué, por qué, es de verdad humana?-

Soltó aquello mientras dejaba de dar vueltas y empezó a golpear la cama con sus manos en una mezcla de furia y molestia. No entendía nada de lo que estaba hablando, pero parecía que estaba hablando sobre una persona.

Su berrinche terminó en cuestión de minutos, quedándose frita al momento. Yo con mucho cuidado, la arropé entre las mantas y me fui al sofá, para dormir también, que estaba muerta de sueño.

FIN DE LA SEXTA PARTE

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