Centésima segunda historia

En éxtasis: Décima parte, centésima segunda historia.

Al despertarme, noté como un tono naranja que entraba de las ventanas  inundaba toda la habitación y mi cama. Al parecer, estaba atardeciendo y yo había estado durmiendo toda la tarde.

-¿Qué ha pasado?- Eso me decía adormilada, mientras me levantaba de la cama.

Y del sofá, se levantó Lafayette al ver que me había despertado. Con una aparente indiferencia en su rostro, respiró aliviaba antes de preguntarme esto:

-¡Solo tenías sueño, nada más!- Se acercó a mí. -De verdad, no das más que problemas.-

-Perdón, estaba tan preocupada por este asunto que no pude pegar ojo.- Eso le dije avergonzada. Reía nerviosamente, sintiéndome culpable por haber preocupado a mis compañeros de trabajo y a Lafayette, que se notaba que estaba muy preocupada por mí, aunque se estuviera haciendo la dura.

-No tienes remedio.- Eso me soltó, mientras soltaba una pequeña sonrisa. Yo le sonreí y ella se puso nerviosa, poniéndose seria mientras se sentaba en la cama.

-Por cierto, ha sido fácil conseguir información de esa chica.- Eso me dijo, tras dar un pequeño suspiro.

-Ah, ¿de verdad?- Me sorprendió lo rápido que fue.

A continuación, me empezó a explicar quién era Megan Truman. Una chica de clase media alta cuya economía familiar no distaba problema alguno, algo que me sorprendió bastante, porque ella vivía bien, o eso parecía. Sus padres tenían trabajos buenos, pero apenas tenían tiempo libre. Por eso, ella pasó sus primeros años en varias guarderías y en las tardes siempre estaba sola, a pesar de que ellos tenían contratada a una limpiadora, para dejar la casa limpia.

Tuvo todos los caprichos posibles pero pasaba todo el rato. Eso me dio mucha pena, si les digo la verdad. Tal vez, para pasar el rato y para sentirse alagada por sus padres, al llegar a la escuela, empezó a estudiar como loca. Con duro esfuerzo y dedicación, aprobó todos los exámenes que podría, llegando a ser propuesta para ir a otras escuelas más dignas y con más posibilidades de futuro.

Después de todo, ella asistía a uno público, considerado por uno de los peores de toda la cuidad. Eso fue hasta hace dos años, en dónde ella se traslado a una escuela mucho mejor. Tras cambiarse, a lo primero sacó buenas notas, pero poquito a poco fue empeorando llegando a tener los peores de todo el recinto, por alguna razón desconocida.

Me dijo cuáles eran los colegios y guarderías, en dónde fue ella, en que trabajaban sus padres, la dirección de su casa, y muchas más cosas con todo lujo de detalles. Todo eso me dejó boquiabierta. Me sorprendió mucho que Lafayette hubiera encontrado toda esa información, y en tan poco tiempo. Por eso le pregunté con mucha curiosidad:

-¿Y quién te lo ha dicho?-

Y ella me respondió simplemente:

-Contactos. Nada más.-

Lafayette es una persona tan misteriosa, que a veces me frustra el hecho de que ella no me diga nada de lo que está haciendo.

Entonces, el lugar estuvo en silencio por varios segundos. Yo estaba muy callada, pensando en cómo actuar, tras haber conocido aquella información.

¿Qué tenía que hacer ahora? Esa era la pregunta que tenía en mente. Quería terminar este asunto lo más rápido posible, pero si me precipitara podría acabar peor que lo que está ahora. El plan era convencerla de que dejara las drogas y se desintoxicará, pero no sabía cómo ejecutarlo. No sería una tarea sencilla.

Y mientras esforzaba con todas mis fueras mi mente para encontrar la solución a mi dilema, algo me sorprendió y me dio un buen susto. El teléfono móvil. Di un chillido.

-¿Por qué gritas? ¡Solo es el móvil!- Eso me soltó Lafayette, molesta, tras escuchar mi chillido. Yo me disculpaba por haber hecho eso, mientras lo cogía. Era un SMS, de un número desconocido. Pero al leerlo supe de quién era:

Lo siento mucho, de verdad, Malia.

Megan Truman.

Al leer aquellas palabras casi me iba a dar un ataque, porque se leía cómo si ella se iba a despedir, de este mundo.

-¿Qué te pasa?- Eso me preguntó Lafayette, que al ver la cara de horror que puse se levantó toda preocupada y se acercó hacia mí.

-Tengo un horrible presentimiento.- Y eso le dije con una cara de espanto, mientras le enseñaba el mensaje.

Sin darle tiempo a Lafayette a reaccionar, yo me fui a entrada para salir a la calle. Ella me preguntó a dónde iba a ir:

-Tengo que buscar a Megan…- Eso le respondí, mientras salía a la calle, corriendo como loca.

Tenía que encontrarla lo más rápido posible, porque sabía que iba a cometer una verdadera locura, a pesar de que buscarla por todo la cuidad desesperadamente y sin ninguna pista sería como buscar una aguja en un pajar. Pero no había tiempo.

Por cada calle que cruzaba gritaba su nombre y su apellido, mientras corría todo lo que podría e intentaba pensar en dónde iría ella para cometer tal cosa tan horrible.

No sé cuanto pasó mientras corría a toda velocidad por toda la cuidad, pero lo sentí como una eternidad. Cuando ya no pude más, terminé en un parque que estaba al lado de una escuela. Me senté en un banco con la intención de recuperar un poco mis fuerzas antes de continuar. Mi corazón latía a mil, y deseaba levantarme y seguir buscándola, pero mi cuerpo no podría más.

Entonces, en ese mismo momento, el móvil empezó a soñar y lo cogí. Era Lafayette. Pensé que seguramente me iba a preguntar qué había pasado y se lo iba a explicar, pero ella me soltó esto:

-Me he encontrado con esa Megan.- Esas palabras me alegraron muchísimo.

-¿Y dónde está?- Eso le pregunté rápidamente.

-En lo alto de un puente peatonal.- Eso me respondió. Le pregunté en dónde exactamente y me lo explicó. Estaba algo lejos de dónde yo estaba, pero aún así salí corriendo hacía allí.

-Voy hacia allí.- Eso le dije.

-La distraeré todo lo que pueda, pero no voy a esforzarme a evitar lo que quiere hacer.-

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué va a hacer Megan?- Eso le grité, pero ella cortó la llamada.

Y un gran escalofrío recorrió por todo mi cuerpo, porque esas palabras me dejaron claro que Megan iba a hacer aterrador. Por eso, me esforcé ir más rápido que nunca.

Y mientras corría todo lo que podría, empecé a recordar algo relacionado con mi pasado. Una promesa que le prometí a alguien.

-Te prometo que ayudaré a todos aquel que necesita mi ayuda. De verdad.-

Aquella promesa que le dije a una persona muy importante para mí no dejaba de sonar en mi cabeza. Ella me salvó y me enseñó que ayudar a los demás era un deber. Le prometí seguir su camino. Y no solo eso.

-Cuida bien de tu hermana…Ella te necesita…haz de ella una gran persona.-

Pero fracasé. No salvé a Sasha. Ni a mi madre. Ni siquiera estoy segura de haber salvado a Lafayette. Ni a nadie. En aquellos momentos, sentía que había fracasado en seguir su camino y en mi deber. Un horrible sentimiento se expandía por toda mi persona, ¿de verdad, lo estaba haciendo bien?

Si pudiera haber actuado a tiempo, Megan no hubiera llegado a estos extremos. Si lo hubiera hecho mejor, ella no se iría a matar. Metí la pata y podría estar muerta ahora.

Al pensar en aquella posibilidad, caí al suelo.

-Estúpida, eres estúpida…- Me maldije una y otra vez por pensar en eso, mientras me levantaba del suelo.

Por supuesto, que metí la pata. Pero aún así quedaba esperanza, de poder salvar a Megan. No debería pensar en esas cosas hasta haberla salvado. Eso era lo único que tenía que estar en mi mente.

Salvar a otros, aún a pesar de destruirme a mí misma, eso fue una promesa que le hice a aquella persona, a mí misma y hacia todo el mundo. Es el camino que elegí. Si lo estoy haciendo mal, solo tengo que hacerlo bien.

Y me puse a correr lo más posible, para alcanzar a Megan y a tenderle una mano. Aquel especial recuerdo volvía una y otra vez a mi cabeza.

En una estrecha habitación, humilde y sobria, sobre una blandita cama se encontraba alguien que está en su lecho de muerte. A su lado, se encuentra una pequeña niña que agarra con todas sus fuerzas una de sus manos, con el deseo de no dejarla escapar hacia al cielo.

Esa niña llora descontroladamente, triste de saber que aquella persona, una anciana amable y bondadosa, iba a partir. Esa era yo.

-No te pongas triste, Malia…- Ella me consolaba dulcemente. -Tal vez, me iré muy lejos, aún así, siempre estaré contigo.-

-Pero… pero… ¡no quiero que te vayas!- Eso le suplicaba, mientras le agarraba con fuerza su arrugada mano. -¡Quédate un poco más conmigo!-

No quería por nada del mundo que ella se fuera. Era demasiado importante para mí.

-P-por desgracia…No podré hacerlo…- Me acarició gentilmente la cara, con una sonrisa. -Está cerca mi hora.-

Luego, empezó a estornudar varias veces, de forma violenta. Yo le pregunté que le pasaba y ella me soltó esto.

-Pero, aún así, estoy feliz… Te he enseñado algunas cosas que te ayudarán…en tu vida.-

Las dos nos habíamos abrazado con fuerza. Me di cuenta de que ella también estaba llorando, pero no dije nada. Luego, ella añadió:

-Sé una gran muchacha, ayuda a todo aquel que lo necesite, enséñales a los demás el buen camino y sé bondadosa con todos.-

Le respondí con toda mi sinceridad, me decidí convertir aquellas palabras en realidad: -Te prometo que ayudaré a todos aquel que necesita mi ayuda. De verdad.-

-Cuida bien de tu hermana…Ella te necesita…haz de ella una gran persona.- Luego, me dijo esto.

-Lo haré, no te preocupes.- Y se lo dije claramente.

-Me alegra, de verdad.- Me lo dijo con una cara de felicidad que nunca podría olvidar.

Yo siempre quise ser como ella, fue mi modelo, quiero ser de inspiración a los demás. Le prometí salvar a los demás y eso es lo que siempre intento hacer. Habré fracasado un montón de veces. Pero aún así, no me voy a rendir.

Por eso, debo tenía que llegar lo más rápido posible, tengo que salvar a Megan. Quiero salvarla. A ella, a toda persona que está en problemas.

Y después de cruzar calles sin parar, llegué ante un puente peatonal que cruzaba las vías del tren. Allí estaba Lafayette, delante de Megan, en el punto central de aquella infraestructura. Al verla salva y sana, me alivie muchísimo.

Rápidamente, subí al puente, gritando su nombre: -¡Megan, Megan!-

Ella, sorprendida, giró la cabeza hacia mí y se quedó en silencio. Luego, mientras yo me estaba recuperando del esfuerzo, Megan me soltó esto:

-¿Por qué? ¿Por qué, estás aquí?- Eso me gritó, conmocionada.

-T-te estaba buscando…- Eso le decía mientras seguía recuperando el aliento.

Y al levantar la vista, vi a Megan sacarse del abrigo que tenía puesto una bolsa llena de pastillas.

-¿Q-qué vas a hacer?- Eso le pregunté, aterrada.

-¡Lo siento, de verdad!- Eso me gritó, con lágrimas en los ojos, antes de tragarse todas las pastillas que tenía en la bolsa.

-¡No lo hagas!- Eso chillé, mientras salí corriendo hacia ella, para hacer que escupiera todo lo que hubiera tragado.

FIN DE LA DÉCIMA PARTE

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