Centésima segunda historia

En éxtasis: Novena parte, centésima segunda historia.

Después de eso, las dos nos dirigíamos tranquilamente hacía mi casa. Yo aún seguía llorando por el mal rato que había pasado.

-¡Ya ha pasado, no te ha pasado nada! ¡Fin del asunto, deja de llorar!- Eso me decía Lafayette, con una mueca de incomodidad.

-Perdón, es que fue bastante horrible…- Me limpié las lágrimas con mis pañuelos.

-¿A quién se le ocurrió buscar a un camello para hablar?- Y al soltar esta pregunta, me sorprendió que supiera eso. Es más, ¿cómo supo encontrarme allí y salvarme en aquel momento?

-¿Y cómo me encontraste?- Y se lo pregunté.

-Te estuve vigilando desde ayer, eso es todo.- Eso me respondió con toda la despreocupación del mundo, mientras cruzaba las manos.

-¡Eso no se hace!- Le respondí algo enfadada. Eso me molestó, porque estaba muy preocupada por ella y quería verla de nuevo. En vez de espiarme, debería haberme saludado, por lo menos.

-Tal vez…- Eso dijo, entre risas. Luego, puso cara seria y me preguntó esto: -¿Pero en qué problema estúpido te has metido ahora?-

A continuación, le expliqué todo lo que me había pasado con Megan, desde que la conocía hasta los últimos acontecimientos. Lafayette me escuchó atentamente y terminé cuando ya había llegado a las puertas del edificio en dónde estaba viviendo.

-Tch… Realmente no tienes remedio. Ahora intentas ayudar a niñas drogadictas. Siempre te atraen las peores, ¿no?- Eso me soltó, cuando le terminé de contar mi historia.

-No es eso… Esa chica necesita ayuda, que la salven.- Y eso le dije, deteniendo mi marcha, y la de ella.

-Pero no lo quiere, no desea que la salven. Déjala pudrirse en su estupidez por no haber aceptado tu ayuda.- Sus palabras me molestaron mucho, aún cuando fuera algo que diría Lafayette.

-Eso es cruel…- Eso le repliqué. -En el fondo, lo desea, quiere pero no se atreve, algo le impide hacer eso.-

Tal vez fuera su orgullo, el miedo a ser odiaba por caer en las drogas o por culpabilidad; pero sus ojos me decían otra cosa, que deseaba ser rescatada, que alguien le tendiera la mano y la condujera hacia una salida.

-Ya veo.- Dio un suspiro. -¿Y si realmente no desea que la salven, quiere autodestruirse, o algo así?-

-Sí pasaría eso… Si ella misma deseara destruirse, la detendría. Aún cuando eso significaría pisotear sus propios deseos.- Eso le dije con toda mi seriedad y mi sinceridad.

Y con una leve sonrisa, Lafayette me acarició la cabeza, mientras me decía esto: -De verdad, no tienes remedio.-

Luego, entre nosotras hubo un corto silencio, antes de que Lafayette me dijera esto:

-Bueno, no tengo nada que hacer. Así que te ayudaré en esto.- Aquellas palabras me alegraron muchísimos.

-Ah, ¿en serio?- Le cogí de las manos, totalmente feliz y con una gran sonrisa en la cara. -¡Muchas gracias, por ayudarme a mí, y a Megan!-

Creí que fui un poco brusca con ella, porque se puso bastante nerviosa cuando la cogí de las manos. Rápidamente, se soltó las suyas y me dijo esto:

-No es eso. No me interesa ayudar ni me importa la vida de esa cría, pero no se te puede dejar sola.-

Aunque ella actuó algo borde y con poca sinceridad, aquel gesto me pareció algo lindo y me fue muy gracioso, tanto que empecé a reír. Ella, al verme, se quedó muy extrañada y me preguntaba qué me pasaba. Yo le decía que nada, mientras empezábamos a andar y a subir por las escaleras.

Al llegar a la puerta de la casa, estaba dudosa, preguntándome que tenía que hacer; y decidí consultarle a Lafayette:

-¿Y ahora que vamos a hacer?- Eso le pregunté, mientras abría la puerta.

-Tú te quedas en casa, mientras yo busco información sobre esa Megan.- Y eso me respondió Lafayette.

-¿Cómo harás eso?- Eso me dio un poco de curiosidad, si les digo la verdad.

-A diferencia de ti, tengo contactos.- Y eso me soltó, mientras entrabamos en la casa.

-¿No debería acompañarte?- No quería dejarla solo. Estaba preocupada por ella, ya que sospechaba que los contactos que seguramente ella tenía no podrían ser personas muy agradables.

-No, fin del asunto.- Y con esta dura negativa, terminó con aquella conversación.

Luego de esto, estuvimos hablando de otras muchas más cosas en la cocina. Le pregunté en dónde estuvo y qué estaba haciendo, pero ella me respondía que no me lo iba a decir. Ese misterio me tenía en vilo, pero no le di mucha importancia. De todas maneras, tuvimos una buena charla que tardó horas, hasta que se hizo de noche, cuando se marchó sin decirme nada, antes de que empezara la cena.

Tras cenar, decidí acostarme y dormir bien, para ir al trabajo al día siguiente. Pero antes de eso, tenía que hacer algo.

-Buenas noches, Señor. Solo le pido que me ayude a salvar a una chica que ha cometido un pecado…-

Rezarle a Dios para ayudar a Megan, mientras me ponía de rodillas delante de la cama, juntando mis manos y cerrando mis ojos fuertemente.

-Bueno, ella ha caído en la tentación y ahora ha acabado adicta a las drogas. No sé muy bien las razones por lo que decidió tomar eso, pero debió haber estado muy acorralada, sin salida, para haber terminado así. El demonio, el mal, la engañó y la está llevando directa a su propia autodestrucción. Por eso…- Apreté mis manos con todas mis fuerzas, mientras elevaba el tono de mi voz. -¡Le pido que me ayude en salvar a aquella chica, solo eso!-

Luego, le pedí que cuidara de todas mis amistades y los proteja de todo mal, sobre todo para Lafayette. También le pedí que si Sasha seguía viva, que él le ayudara a ir por el buen camino. Al final, terminé con esto:

-También he conocido a alguien que se ha vuelto siervo del demonio y hace todo mal posible a los demás. Espero que le ayudes a mostrar el camino, para que se arrepienta y no sea condenado a ir a los infiernos.-

Deseaba la salvación de aquella persona, a pesar de que casi me iba a hacer cosas feas, tan horribles que no podría ni imaginar. Pero me daba mucha pena tanta maldad en una persona y quería que se diese cuenta de que estaba haciendo el mal y que se arrepintiera. Es algo que si le dijera a Lafayette, ésta no entendería, por mucho que se lo explicase. Más bien, creo que pocos serían capaces de comprenderlo.

Después de todo, muchos no serían capaces de desear la salvación de aquellos que han hecho mal, ya sea a él mismo, a sus seres queridos o al mundo entero. Pero yo sí, porque creo, con toda mi fe, que todos pueden ser salvados. Todos pueden arrepentirse y coger el buen camino, aún cuando parezca que sea demasiado tarde. Esto es lo que pienso.

Entre otras cosas, creo que le pedí mucho, pero lo necesitaba. Rezarle es un hábito que acostumbró a hacer, aún cuando muchos me digan que eso es inútil. Siento que Él me escucha y eso me relaja y me tranquiliza, de alguna manera. De todas maneras, que sea lo que Dios quiera. Yo, por lo menos, intentaré estar preparada para cualquier cosa que ocurra con este asunto.

Tras esto, me acosté para dormir de una vez. Pero no pude hacerlo. Estaba tan preocupada que no pegué ojo. Y cuando lo hice, estaba a punto de amanecer. Solo dormí una hora y algo.

Al día siguiente, me fui al trabajo como si fuera cualquier día normal y corriente, con mucha dificultad; y el lugar estaba como siempre, nada fuera de lo común ocurrió. Aún así, yo estaba tan nerviosa y preocupada con el asunto que no podría trabajar en buenas condiciones. Mis compañeros e incluso mis propios jefes, me preguntaban qué si me pasaba algo malo. Yo les respondía a todos que no, ocultándoles mis verdaderas preocupaciones; e intenté hacerlo lo mejor posible, con poco éxito. Finalmente ellos mismos terminaron mandándome a casa. Incluso alguno se ofreció acompañarme, pero me negué amablemente, porque no quería causarles más problemas.

Aunque me hubiera gustado que me hubieran acompañado, porque en el viaje de vuelta me costaba mucho estar despierta mientras caminaba.

Al volver, me encontré con Lafayette, esperándome en la misma puerta de mi casa. Al verme, me saludó con esto:

-¡Has vuelto más pronto de lo que creía!- Eso dijo de forma desocupada, antes de mirarme fijamente y poner una cara de espanto.

-Bueno, me han obligado a volver a casa, para descansar. Aún a pesar de que estoy bien y todo eso.- Eso decía, mientras notaba cómo mis ojos me pedían descansar y daba un gran bostezo. Estaba muerta de sueño.

Al decir eso, empecé a tambalearme sin parar, y Lafayette se acercó rápidamente para cogerme.

-Pues no te ves bien.- Eso me decía ella.- Tienes un aspecto horrible.- Con una cara de mucha preocupación hacia mí.

-Solo necesito dormir un poco.- Y eso le solté, antes de cerrar los ojos.

Luego, todo se volvió negro. Me quedé dormida sobre Lafayette.

FIN DE LA NOVENA PARTE

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