Centésima segunda historia

En éxtasis: Onceava parte, centésima segunda historia.

Lafayette me contó lo que pasó cuando se encontró a Megan, en aquel puente peatonal mientras yo la buscaba desesperadamente por las calles de la ciudad. No me dijo cómo la encontró ni cómo la reconoció ni cuándo llegó, sólo después de haberme llamado a los pies de aquella pasarela.

Observó como ella estaba mirando fijamente las vías del tren mientras estaba agarrada a la barandilla. De vez en cuando giraba la mirada de un lado para otro y se preparaba para ponerse en el borde del puente, pero no se atrevía. Estaba claro para Lafayette, Megan quería suicidarse.

Entonces, Lafayette decidió subir con tranquilidad al puente, mientras le decía esto:

— ¿¡Por qué le estás creando tantos problemas a Malia!? — Eso le dijo en un tono amigable.

Megan, sorprendida, giró la cabeza hacia ella y casi cayó al suelo del puente:

— ¡¿Quién eres!? — Gritaba, boquiabierta. — ¡¿Cómo la conoces!? —

— Eso da igual. También me da igual que te mates, pero le destrozarías el corazón a Malia. — Le soltó Lafayette, mientras se ponía a pocos pasos de ella.

Megan estaba tan sorprendida que no podría reaccionar. Lafayette me dijo con un tono burlón que ella debía estar preguntándose quién era aquella negra y por qué la conocía a ella y a mí.

— ¿Por qué le mandaste un mensaje a ella…? — Lafayette siguió hablando. — Es porque querías que ella llegaría a última hora y evitarás que te matarás, ¿no? —

Entonces, hubo un corto silencio, sólo roto por el paso de un tren, que pasó por debajo de ellas a una velocidad increíble. Luego, Megan pudo reaccionar y le gritó esto:

— ¿¡Y eso qué te importa!? —

Entonces, aquellas palabras solo provocaron que Lafayette le dieran un gran puñetazo que la hizo tirar al suelo. Cuando me lo contó le regañé, diciéndole que no fuera tan bruta con una niña. Creo que me ignoró.

— ¡No te pongas chulita, estúpida de mierda! — Le gritaba, mientras se acercaba a ella y le levantaba del suelo, cogiéndola del cuello. — No me importas nada, ni tu vida ni tus subnormalidades ni nada de eso. A Malia, sí. —

Megan no dijo nada, solo ponía una cara que decía claramente que tenía ganas de llorar. Lafayette la soltó y se sentó en el suelo.

— Ella es de esas personas que cuando eligen a alguien, no parará hasta ayudarle. Por mucho que le niegues su ayuda, ella te lo ofrecerá. —

Megan no dijo nada, solo se acercó a la barandilla, observando de nuevo el vacío. Lafayette se puso los brazos cruzados mientras miraba el cielo.

— Matarte solo le harás mucho mal. — Y con esto dicho, hubo otro silencio entre ellas que pareció durar una eternidad hasta que Megan lo rompió.

— Yo…— Lafayette la observó, mientras se levantaba. — He hecho muchas cosas malas… No me lo merezco…— Se dio cuenta de que Megan estaba llorando como una magdalena. —…que ella me ayude…—

Megan estaba llorando desconsoladamente, murmurando algunas palabras. Debía de tener una expresión totalmente triste, una que rompería el corazón a cualquiera.

— He caído tan bajo, esto es lo que me merezco…— Se sentía tan culpable y tan miserable que empezó a golpear la barandilla con sus manos sin parar por la rabia que sentía.

Luego, volvió a mirar hacia al vacio, llena de dudas, mientras apretaba con todas sus fuerzas en el bordillo. Una parte de ella no quería morir, quería seguir viviendo; pero por otra parte se daba tanto asco que deseaba matarse.

— ¿Pero no quieres hacerlo? — Le preguntó Lafayette, mientras las dos se miraban fijamente. — Si quieres, muérete. No te lo impediré, pero ten en cuenta esto…— Y puso una cara tan aterradora que hizo que Megan se echará para atrás. — Te odiaré con toda mi alma. —

Vino más silencio. Según Lafayette, estaba harta de las pausas silenciosas que estaban teniendo, porque le eran tan incomodas que le ponían atacada de los nervios. Tras pasar unos minutos, Megan volvió a hablar, cabizbaja:

— No puedo mirarle a la cara…— Lafayette se preguntaba qué quería decir exactamente con esas palabras, pero se mantuvo callada mientras Megan seguía hablando con un tono bajo y triste, con miles de lágrimas recorriendo por sus mejillas.

— Todo este tiempo, mientras ella me invitaba a su casa, yo me uní con una compañera para acosar a otra. Estaba enfadada conmigo misma, por no haberla superado a una chica brillante, demasiado para mis ojos. Quería alcanzar su trono, pero era imposible de alcanzar. Por mucho que estudiase, por mucho que hiciera los deberes, jamás me pude acercar. —

Megan alzó la mano hacia al cielo, cómo si intentará coger la luna creciente que les estaba observando desde el cielo.

— Con el tiempo se volvió una obsesión para mí. No pensaba más que en eso, necesitaba conseguirlo, fuera como fuera. Empecé a copiar, probando miles de métodos hasta lo más estúpidos. No dio resultado. Es más, su trono se hizo más inalcanzable para mí. —

Bajó el brazo violentamente para golpear la barandilla. Su cara demostraba una mezcla de horribles sentimientos en ella. Sentía mucho asco y odio hacia sí misma, también rabia y furia, mientras las lágrimas no paraban de salir de sus ojos.

— Luego, oí de una medicina que mejoraba la inteligencia y la busqué. Me volví adicta a ella, terminé siendo drogadicta. Y ahí, mis notas cayeron en picado. —

Y empezó a patear al suelo sin parar, mientras gritaba con toda su ira:

— ¡Y estaba llena de rencor y odio, por cómo terminé! ¡Busqué el éxito, superar a los mejores, tal como me dijeron mis padres y mis profesores! ¡Pero…! ¡Pero acabé siendo un asco de persona! —

Tal vez, aquella idea la llevó hasta aquellos extremos. Ella se forjó un orgullo, gracias a su dedicación en los estudios, que la llevó a ser la mejor en sus clases. Eso hizo que sus padres, profesores e incluso compañeros tuvieran altas expectativas en ella, incitándola a subir un escalón más.

Y terminó chocando un muro que no pudo superar, destrozando su orgullo en mil pedazos.

— Al final, no me culpé a mí misma, sino a la chica que no podría alcanzar. Me uní con una compañera para hacerla caer de su trono, destruir su fama, hacer su vida imposible y hundirla hasta que no fuera capaz de aprobar ni un solo examen; pero…—

Finalmente terminó haciendo el mal, desesperada y sin encontrar una salida. Su sufrimiento crecía como una bola de nieve y nadie le dio la mano. Más bien, ella no se dejó ayudar.

Tras dar una pequeña pausa, volvió a observar a la luna y empezó a alagar la mano hacia ella.

— Ella se hizo mucho más inalcanzable, al darme cuenta en lo que me convertí, en cómo intenté hacerla daño para ser mejor que esa chica. —

Estaba atrapada en una obsesión que solo la arrastraba hacia peor y nadie se dio cuenta de eso, ni siquiera ella misma. ¿Cuánto habrá sufrido, cuánto daño habrá hecho? No lo sabía decir, pero debió ser horrible, algo que jamás yo podría imaginar.

Lafayette no dijo nada más, se quedó callada mientras observaba el paisaje. Megan solo estaba limpiándose las lágrimas. Hubo otro silencio incómodo que pareció interminable hasta que yo llegué y empecé a gritar su nombre.

FIN DE LA ONCEAVA PARTE

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s