Centésima tercera historia

Mentiras Blancas: Cuarta parte, Centésima tercera historia.

Volviendo a nuestra historia, aquella enana de Klara, mientras se ponía cómoda en mi cama, me preguntó esto: -Por cierto, ¿a quién estabas maldiciendo hace unos segundos?-

-No es nada importante, la verdad…- Eso le respondí molesta.

-Si no fuera nada importante no estarías chillando de esa manera…- Y de forma sarcástica me soltó esto, la muy entrometida.

-Solo vino una estúpida y molesta chica a preguntarme por una desgraciada. Nada más.- Pero solo le iba a decir lo mínimo, con la esperanza de que se olvidará del tema.

-¿Desgraciada? ¿Hablas de aquella persona que mencionan tus padres o tus hermanos cada dos por tres y que era hija de esa perra que abandonó a tu hermana?-

Me sorprendió mucho que supiera todo eso, porque yo no le contaba casi nada de mi vida, y evitaba mucho ese tema. Ella hacía lo mismo conmigo, pero al parecer sabía muchas cosas sobre mi familia, una información que seguramente sacaba a partir de las conversaciones que tenían con el resto de mis familiares.

-Parece que estás muy bien informada.- Eso le decía mientras me sentaba en mi silla y mientras ella se levantaba de la cama para coger mi ordenador portátil.

-Lo estoy. Me gusta estar muy bien informada.- Se jactaba de eso, mientras encendía el ordenador y volvía a acostarse en mi cama. -He oído cosas muy feas de la hija, incluso más que la madre.-

Y sin quererlo, le solté esto, hablando sobre aquella perra: -Ese ser era cómo un grano en el culo.- Se me vino muy malos recuerdos, pero no me ponía malhumorada porque lo bueno era que ya no estaba aquí.

Es más, estaba desaparecida desde hace más de un año, después de buscar un supuesto tesoro. Aquel recordatorio me ponía feliz y añadí esto con grata alegría:

-Y ahora esa puta histérica debe estar muy muerta en las profundidades de las montañas.-

Espero que no me miren mal al soltar esas palabras, porque muchos de vosotros sentirían la misma alegría que yo si lo que más odian en el mundo está muerto.

-¡Ya veo! ¿Pero no está desaparecida? Hay probabilidades de que siga viva.-

Eso me decía Klara con la intención de quitarme la sonrisa de la cara, recordándome aquel pequeño detalle. Quería decirle que no arruinara la ilusión de creer en que estaba muerta, que había una gran probabilidad de que lo esté; pero olvidé todo eso, cuando vi que ella estaba metiéndose en una página web que no era para niños.

-¡Oye!- Le grité, mientras le quitaba el ordenador de sus manos. -¡No me llenes el historial de porno como haces siempre, que mis padres siempre utilizan ese cacharro!-

Ella con tono pícaro y burlón, se rió de mí antes de soltarme esto: -Con solo oír eso, me entra más ganas de llenártelo al cien por cien.-

Me entraba ganas de poner en mi ordenador control paternal para que ella no buscara cosas pervertidas ahí y borrar así la sonrisa burlona que tenía en la cara. Pero a continuación, ella volvió a sacar el tema de la chica que paso por aquí, mientras yo me sentaba en la cama:

-¿¡Y por cierto aquella chica por qué estaba buscando a esa “puta histérica”!?- Eso me decía curiosa, mientras se pegada demasiado a mí, para ver la página web que había puesto y que yo aún no lo había quitado.

-Y yo que sé, solo soltaba más que puras excusas. Estaba más concentrada en que se fuera que en otra cosa.- Eso le respondía, mientras dudaba si cerrarlo o no, porque una parte de mí sintió curiosidad por aquel lugar, mientras la otra me decía que quitará enseguida aquellas cosas guarras.

-¡¿Ah, en serio!?- Eso me decía incrédula Klara, mientras soltaba una mirada que decía claramente que se estaba burlando de mí, de que yo también quería ver esas cosas.

-En realidad, decía que estaba buscando a sus familiares para entregarles algo.- Y yo le dije la verdad, mientras le devolvía la mirada que decía claramente que no me interesaba esas cosas, aún cuando estaba dudando si seguir buceando en aquella página o no.

-¡¿Y por esa tontería se pones de tan mala leche!? ¡Vaya carácter tienes!- Se puso a burlase de mí, echándomelo en cara como si ella no lo tuviese.

Sabía que lo decía por molestar, pero aún así salté y la repliqué con estas palabras: -¡Si estuvieran en mi lugar, no pensarías lo mismo! ¡Es más, estarías igual que yo! ¡Esa chica daba mucho asco, porque se comportaba como si fuera una santa!-

-¿Cómo si fuera una santa, eh…?- Soltó unas risitas molestas.-Eso me recuerda mucho a alguien…-

-No estoy de buen humor para tus insinuaciones…- Eso le solté, mientras cerraba de una vez aquella página web que puso.

Entonces, ella saltó de la cama y me soltó esto: -¿Quieres comprobar si es tan falsa como santa parece?-

No entendí ni una jota y le pregunté esto con mucha extrañeza: -¿Qué quieres decir?-

-Después de todo, te cayó mal desde el primer momento por qué te recordaba mucho a ti, alguien que se hace pasar por buena gente, ¿no?-

Eso me decía mientras daba vueltas por mi habitación, explicándome algo con su dedo índice en alto. Y luego, se detuvo al añadir esta frase:

-¿O es qué te cae mal porque no es una falsa cómo tú?-

Eso me molestó muchísimo, aunque fuera verdad. No quería que me lo recordarse Klara, quién además era tan falsa como yo. Tal vez, eso fuera lo que me molestará más, que alguien de mi calaña me dijera eso.

A continuación, le dije esto enojada con un tono de voz moderado: -Deja de fastidiarme. No quiero saber nada de ella.-

Me miraba con cara de que yo estaba mintiendo.

-¿Pero no te da curiosidad? ¡A mí, si te digo la verdad!- Eso me dijo Klara, mientras se volvía a sentar en mi cama a mi lado.

-Pues,…- Y empecé a dudar claramente, por unos pocos segundos. -…no.-

Me quedé atascada, incapaz de responder rápidamente. Me preguntaba si era posible encontrar una excusa para que ella no se diera cuenta.

Después de todo, parecía que Klara me leyó la mente y sabía que me estaba dando curiosidad por saber si esa chica era igual de falsa que yo. Bueno, el caso es que quería comprobar por mí misma eso, pero no deseaba volver a verla. Eso solo conseguía enfurecerme.

-Mientes.- Eso me decía con una sonrisa, mientras me tocaba la mejilla con el dedo. -Realmente tienes muchas ganas de saber quién es y por qué estaba buscando a esa “puta histérica”, o cómo quieras llamarla…-

Lo estaba haciendo para molestarme y sincerarme de una vez. En verdad, me irritaba mucho que lo hiciera, así que lo dije:

-Ok, lo reconozco. Me da curiosidad, pero no quiero volver a verla. Fin del asunto.- Se lo dejé bien claro.

-¿Ah, sí?- Pero, al parecer quería seguir hablando de ese tema. Parecía insistir para ponerme más malhumorada de lo que estaba.

-De verdad, si volviera a ver su estúpida cara, me pondría de mal humor.-

E iba a recordar su cara, pero intenté distraer mi mente con otras cosas para impedir que mi memoria me lo mostrara de nuevo.

-¿Ni siquiera la espiarías para comprobar si es tan falsa y mentirosa cómo tú?- Aunque Klara no ayudaba mucho en esto, porque sus intenciones eran hacer que yo me uniera con ella para espiar a esa maldita.

-Por nada del mundo.-

Y eso le dije con gran firmeza, para dejarle claro a Klara que no íbamos a tal cosa. Pero al día siguiente me encontraba con ella, espiando a aquella chica que estaba comprando cosas en un supermercado.

-¿Cómo hemos terminado así?- Me preguntaba a mí misma en voz baja, incapaz de creer que al final terminé haciendo aquella estupidez.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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