Centésima tercera historia

Mentiras Blancas: Sexta parte, centésima tercera historia.

Luego de terminar de repartir a los alimentos, se dirigió hacia al centro de la cuidad. La seguimos con mucho cautela. Solo deseamos ver alguna cosa mala de Malia, por mínimo que pareciera para no sentirnos mal, un simple consuelo después de lo que vimos y convencernos de que aquella chica también era una persona horrible, de que todo eso era puro fachada, al igual que nosotras.

Pero solo vimos cosas que nos pusieron peor y que la dejaba como si fuera la mejor persona del universo. Pasó delante de un vagabundo que pedía dinero y le dio quince dólares. El viejecito se puso muy feliz, hasta bailo mientras le decía las gracias. Luego, vio a unos hombres intentando bajar enormes cajas de su furgoneta y, sin que ellos se lo pidiesen, les ayudó. Vio a un niño llorando y le preguntó qué le pasaba, le respondió que se había perdido y ella lo llevó a la comisaria y esperó hasta que los padres llegasen. Tras eso, se fue al parque y estuvo tirándoles pan a las palomas, como si fuera una ancianita. Y finalmente, la perdimos de vista, mientras se metía en un barrio con muy mal aspecto. Más bien, no queríamos entrar porque tenía la pinta de ser un lugar pobre y nos podríamos poner en peligro.

Al final, volvimos a mi casa mientras el sol desaparecía por el horizonte.

-¡Maldición, maldición!- Y estaba muy cabreada. -¿¡Por qué, por qué!?- Con ganas de golpear a alguien.

No podría soportar el hecho de que aquella chica fuera tan buena persona, de verdad; y no una falsa, como yo. Me daba mucha rabia, me ardía la sangre, que existieran personas buenas y más verdaderas que mi persona.

-Esa chica no parece humana, es demasiado buena…- La reacción de Klara fue algo distinta. Parecía que ella no podría asimilarlo, le parecía una cosa imposible y estaba muy pensativa, pero tranquila.

-¡Eso ya lo sé!- Y yo estaba realmente alterada. -¡Y solo consigues que me enfurezcas más!-

-¡¿No deberías preocuparte por otra cosa!?- Entonces, me saltó con esto y yo me quedé pensando.

-¡¿El qué!?- Pero mi mente solo estaba lleno de rabia contra aquella chica y no podría pensar en otra cosa.

-Pues ahora, no lo recuerdo…- Y para el colmo, ella tampoco sabía a lo que se refería.

-Da igual…- Y con esto dicho, seguimos en silencio hacia mi casa.

-Esa chica es vomitiva. Me dan ganas de potar.- Bueno, más bien, yo lo estaba. Klara en voz baja no dejaba de decir algunas cosas que ella pensaba en todo a aquella chica.

Y luego, para empeorar las cosas, al llegar a mi casa nos encontramos con mi madre esperándome con muy mala pipa, a punto de preguntarme dónde estaba la compra. Mientras Klara se quitaba del medio, yo tuve que haber soportado, por primera vez en mucho tiempo, una regañina suya.

¡Me habían regañado por culpa de esa idiota! ¡Si esa no hubiera aparecido en aquel estúpido supermercado, había comprado la maldita compra y mi madre no me hubiera molestado con sus tonterías! ¡Y tuve que salir de nuevo para comprarlos! ¡Realmente estaba muy enfadada, pero de verdad!

Tras eso, me fui a mi cuarto para desahogarme, mientras esperaba que mi querido hermano volviese a casa, ya que éste estaba llegando muy tarde a casa por culpa del estúpido tráfico. Eso también ayudaba a empeorar mi enfado.

-Ya sabía yo que se nos olvidaba algo…- Y entonces, Klara apareció, hablándome desde la ventana de su habitación. Yo, al oír sus palabras, me puse en la ventana y le dije esto:

-¡Cállate, no estoy de buen humor para tus tonterías, para nada!- Se lo solté de la forma más desagradable posible para que entendiera que no quería trato con nadie.

Ella solo puso cara de indiferencia ante mi enfado, antes de desaparecer de la ventana.

-¡Qué fastidio, qué fastidio!- Yo, por mi parte, me tiré en la cama y empecé a patalear con todas mis fuerzas. -¡Odio a esa maldita tipa, con toda mi alma!- Llena de rabia y ira.

Podría haber estado toda la noche así, pero al llegar mi hermano todo eso se me olvidó y estuve muy feliz y contenta durante todas esas horas, ¡Con él, todo se vuelve genial, me hace sentir en el paraíso!

Al día siguiente, por la tarde; Klara volvió a aparecer por mi casa, entrando en mi cuarto sin siquiera pegar en la puerta.

-¡Buenas tardes!-  Eso gritó con todas sus fuerzas, antes de darse cuenta de que me pilló en un momento muy inoportuno. -¿¡Qué estás haciendo!?-

Y di un gran chillido de terror que se escuchó por toda la casa.

Después de todo, estaba haciendo una cosa muy privada. Solo diré que me estaba dando placer a mí misma. Bueno, eso lo dice todo. ¡Qué vergüenza! Me arrepiento de haber relatado esta innecesaria escena, ahora tengo ganas de golpearme a mí misma por haberlo hecho. ¡Olvídense de lo que he dicho, esto no ha pasado, ¿entendido?!

Bueno, de todos modos, tras esta horrible sorpresa, Klara se puso a burlarse de mí.

-¡Para estos casos, deberías haber echado el pestillo!- Eso me decía, tras reírse como una loca.

-¡Pensaba que nadie estaba en casa, así que no lo puse!- Mientras yo, con ganas de que me tragase la tierra, le gritaba esto, totalmente molesta. Sentí como si lo hubiera hecho a propósito, para fastidiarme.

-¿¡Ni siquiera tu queridísimo hermano!?- Y eso preguntó con picardía.

Él hoy había faltado a la universidad porque no tenía ganas de ir. Yo quería faltar al instituto para estar con él, pero me convenció de que fuera a allí. Impacientemente esperé que las clases terminasen y volví con todas las ganas del mundo, pero entonces supe que mi padre se lo llevó con él, a su trabajo para que no hiciera el vago en la cabeza.

Maldije a mi padre, sin parar, por haber arruinado mi día con él. Incluso yo había planeado cómo sería nuestra tarde juntos. Acabé bastante insatisfecha y pues terminé haciendo eso.

Bueno, mientras volvía a maldecir a mi padre mentalmente, le di esta respuesta a Klara: -Por desgracia, no está aquí.-

-Y estabas tan caliente que acabaste haciendo eso…- Eso me dijo, con una sonrisa burlona hacia mí. Le repliqué que se callará, muerta de vergüenza y con ganas de hacerla callar. Maldije el hecho de que tuviera las llaves de mi casa y de no haber cerrado el pestillo.

A continuación, ella cambió de tema radicalmente:

-¿Qué harás en torno a aquella chica?- Eso me preguntó con mucha seriedad.

-¡¿De qué estás hablando!?- Y decidí hacerme la tonta, no tenía nada de ganas en recordar lo que sentí el día anterior al ver cómo aquella maldita estuviera haciendo buenas obras. Aún así, era inevitable y tenía que sentir cómo me hervía la sangre.

Y para el colmo se me notaba mi furia y ella decidió echar más leña al fuego con estas palabras:

-No creo que estarás de brazos cruzados, tras haber visto con tus propios ojos que esa es verdaderamente una chica buena y no una falsa como tú.-

-Déjame en paz. Solo quiero olvidarme del tema.- Ya estaba muy fastidiada y solo quería que se callase.

Pero ella, se acostó de golpe en mi cama y seguía hablando, mientras miraba fijamente al techo: -Yo también me siento muy rabiosa por eso. Tal vez, incluso me da envidia y celos.-

Eso último que dijo me hizo mucha gracia y quería lanzarle una puya, pero por alguna razón eso me puso a pensar: ¿¡Por qué me daba tanta rabia que ella fuera tan buena persona y, por el contrario, yo solo lo aparentaba!? ¿Es acaso, por qué a mí también me daba mucha envidia y celos?

Rápidamente, deseché aquella idea de mi cabeza. Yo no tenía, desde el primer momento, la intención de ser buena persona, solo me hacía pasar por una como una medida de defensa hacia los demás, ocultando mi verdadera personalidad. O eso creía.

De todos modos, no dije nada. Y Klara siguió hablando: -Me gustaría hacer algo al respecto.-

-Si te da tanta rabia porque no te vuelves tan buena persona como ella.- Eso le repliqué.

Y nos pareció tan gracioso que las dos nos pusimos a reír como locas, casi estuvimos un minuto soltando carcajadas y a mí me iba a dar algo. Klara incluso dio vueltas por la cama mientras se partía de risa.

-¡Qué buen chiste!- Eso me dijo, después de calmarnos. Luego, añadió esto, tras levantarse de mi cama de un salto:

-Ahora en serio, ¿no crees qué deberíamos darle una lección?- Sonreí al escuchar eso.

-¿Darle una lección?- Me levanté de la cama. -¡Qué graciosa eres!- Y me puse a reír.

Y le dije esto: – Decir que quieres darles una lección es solo una excusa para justificarte, porque en realidad, ¿solo deseas fastidiarla para calmar esa rabia que tienes contras ella, verdad?-

Ella me miró y me sonrió con una sonrisa realmente perversa: -Tienes razón.-

Después de todo, ella y yo tuvimos la misma idea, dejar en ridículo a aquella chica y lo dejé bien claro:

-Eso haremos, no podré liberarme de este mal sabor de boca hasta que le daremos su lección.- Afirmé en voz alta.

FIN DE LA SEXTA PARTE

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s