Centésima tercera historia

Mentiras Blancas: Séptima parte, centésima tercera parte

Aunque dije eso, no tenía ni idea de cómo íbamos a hacerlo y por eso le pregunté a Klara, que parecía que tenía un plan:

— ¿Y qué vamos a hacer? —

Y me respondió esto con una sonrisa burlona hacia mí: — Por ahora, no te lo diré. —

Se estaba haciendo la misteriosa y yo, que no tenía ganas de secretos, le solté esto: — ¿Y por qué no? —

— Porque no tengo ninguno. Pero ya se me ocurrirá. — Dijo esa respuesta entre risas, mientras yo daba un suspiro de desilusión al creer que la maldita de Klara tenía alguna idea.

Tras esto, ella decidió cambiar de tema y empezar a molestarme con otras cosas. Pero, al día siguiente, volvió a aparecer por mi casa de forma inusual y clásica, con una idea en mente.

Tras volver de clases, vi a mi querido hermano en el salón y me lo llevé a mi cuarto.

— ¿Qué quieres ahora? — Me preguntaba mi hermano con seriedad y amabilidad, mientras me abrazaba lentamente.

— ¡Qué frío estás! — Me quejé con burla, mientras yo también le abrazaba: — ¡Hace días que no lo estamos haciendo y estoy bastante deseosa…! —

Era una pequeña indirecta para que me llevara a la cama. Y lo entendió perfectamente, pero él se negó:

— ¡No podemos ahora, nuestra madre ya a volver pronto! — Eso me molestó, porque creía que era una buena oportunidad. — Está hablando con la vecina. —

— Sólo un poco…— Intenté persuadirle, mientras acercaba mi cara a la suya. Se negó de nuevo. — O tal vez, un beso. — Tras permanecer en silencio, mirando hacia la puerta de la habitación muy asustado, lleno de dudas; me respondió con la cabeza que si podríamos hacerlo.

Entonces, acerqué mis labios a los suyos para besarlos. Pero, entonces, mi madre arruinó el momento tan especial que iba a haber entre nosotros, gritando a mi hermano para que viniera abajo a ayudarla.

— Lo siento mucho, la otra vez será…— Eso me dijo, mientras se iba de la habitación y me dejaba sola.

— ¡Será oportuna mi madre! — Dije para mis adentros, muy molesta, apretando los puños.

— ¡¿Otra oportunidad perdida, eh!? — Y entonces, oí esto y me dio un susto de muerto.

Inconscientemente, me tape la boca para no chillar y luego miré por todas partes muy apurada. Entonces, vi a Klara detrás de mí y me dio otro buen susto. Casi caí al suelo por la sorpresa.

— ¿De dónde has salido? — Pregunté, mientras contuve mis ganas de gritar.

Ella, con una molesta sonrisa, me señaló con el dedo hacia cama, dejando claro que se volvió a esconder debajo de ahí.

— ¿Otra vez? — Me pregunté si se estaba volviendo una manía suya. Ella no dijo nada, sólo se sentó en mi cama. Luego, habló:

— Eso da igual, mujer. — Cambió de tema. — No es nada comparado contigo, que solo quieres sexo y más sexo. — Para ponerse a burlarse de mí. Me lo decía, mientras hacía gestos muy vulgares para una niña de su edad.

Y yo esta vez decidí tomarlo con cachondeo, soltándole esto con un tono burlón: — ¡Qué me lo digas tú, que solo eres una niñata…! —

También le iba a decir que era una adicta a la pornografía, pero no tenía ganas. Ella volvió a cambiar de tema rápidamente, para decirme esto:

— Pero no he venido a aquí para eso, sino porque tengo un plan, che. —

Y una media hora después, estábamos caminando hacía una cafetería situado fuera de nuestro barrio.

— Aún me sorprende que hayas contactado con ella y hacer que se reúna conmigo. — Eso le decía, aún incrédula, y llena de enfado.

Me contó que consiguió haber hablado con ella por teléfono y se hizo pasar por mí para reunirnos y hablar sobre Lafayette. Luego, me sacó de la casa, mientras yo le preguntaba si era cierto lo que me dijo. Me costaba mucho aceptar que ésta lo hubiera hecho sin consultármelo a mí primero, y por esa razón estaba muy enfadada y molesta.

— A pesar de decírtelo mil veces, parece que aún no te enteras, pareces boluda. — Suspiró. Le quise replicar que sí lo sabía, pero no deseaba aceptarlo. Ella añadió esto: — Espero que vos tengas en mente cuál es el plan, ¿no? —

— Sí, eso lo sé. Espero que funcione. — Eso le respondí mientras pensaba de nuevo en aquella idea que se le ocurrió. Me parecía un plan absurdo, pero que podría funcionar. Se trataba de convertir en aquella chica que actuaba como una santa en una ladrona. ¿Cómo? Pues la acusaríamos de robar mi móvil de última generación, el cual deberíamos de introducir discretamente en su bolso. Yo tuve varias dudas como, por ejemplo, qué podríamos saber si iba a traer un bolso, aunque Klara me dijo que le exigió traerlo, porque iba a entregarle algunas pertenecías que fueron de Lafayette.

Al llegar a las puertas de la cafetería, lo observé por unos segundos. Parecía un buen lugar, limpio, tranquilo y muy elegante. No me acuerdo muy bien del nombre, pero era una frase escrita en francés.

— ¡Sabes elegir bien! — Y por primera vez en mi vida la elogié de verdad y de forma inconsciente, ya que elogiarla era algo que no se lo diría por nada del mundo. Al darme cuenta de lo que dije, me tape la boca y añadí que no era para tanto, que yo había estado en mejores.

— Entiendo, entiendo. — Me replicó, con un tono y una sonrisa burlones hacia mis palabras. Luego, añadió esto: — Mi tía y yo siempre pasamos por aquí, a veces. —

Entonces, alguien ajena a nosotras soltó esta frase: — Yo solo he estado una vez, pero fue una buena experiencia, la verdad. —

Las dos miramos hacia nuestra izquierda y nos encontramos cara a cara con aquella chica tan santa que nos repugnaba, la que deseábamos humillarla con nuestro estúpido plan: Malia, y tenía una gran sonrisa en la cara. Aquella repentina aparición casi nos dio un ataque al corazón.

— ¡Lo siento, no era mi intención asustaros! — Y ella, al ver que nos dio una sorpresa, puso una molesta cara de pena y se disculpó.

— ¡No pasa nada, no pasa nada! — Eso decíamos las dos nerviosamente, mientras agitábamos las manos de un lado para otro.

Y luego, me preguntó por Klara: — ¿Y quién es esta niña tan linda?  ¿Tu hermana? —

Casi me iba a morir de la risas al oír eso, porque por nada del mundo desearía tener una hermana como ella. Pero me contuve y Klara decidió presentarse:

— Eso me gustaría, pero somos amigas. — Le dijo, actuando como una niña pequeña. — Me llamo Klara, y es todo un placer conocerte. — Y con una sonrisa de oreja a oreja, le hizo una reverencia.

Bueno, es lo que hace siempre cuando está delante de los adultos, se pone a actuar de esa forma. Y la maldita siempre consigue una buena impresión, y aquel momento no fue una excepción.

— ¡Qué educada y linda eres! ¡Tus padres deben estar muy orgullosos de ti! —

A ella le encantó. Después, empezó a acariciarle la cabeza muy feliz. Aunque, cuando ella mencionó la palabra “padres”, pareció que Klara, por unos míseros milisegundos, puso mala cara, como si esas palabras le hubieran afectado en algo. Creo que fue mi imaginación, porque ella a continuación se puso a jactarse de eso:

— Después de todo, soy una buena niña. — Le soltaba eso, mientras inflaba su pecho de puro orgullo. Eso sólo hizo reír a Malia. A mí también me pareció gracioso aunque contuve la risa, pero por lo irónico que sonó eso.

Luego de eso, las tres entramos en el café y nos fuimos a la mesa más apartada y recóndita de todo el establecimiento. Esto no era coincidencia porque el camarero nos dijo que ahí estaba el sitio que habíamos reservado, otra cosa que hizo ella y que no me dijo ni pio. La miré molesta por unos pocos segundos, mientras me ignoraba y estaba charlando con Malia. Por lo menos, los sillones en dónde nos íbamos a sentar estaban muy cómodos.

Según su plan, para conseguir la máxima discreción posible, teníamos que colocarnos en lugares específicos de la mesa en dónde íbamos a sentar a tomar el café. Yo tenía que ponerme al fondo y en la parte izquierda de la mesa Malia y Klara se sentarían, poniendo a nuestra victima a mi lado y con mi compinche sentada en la otra parte de ella. Y para asegurarnos de eso, ésta la convenció fácilmente de hacer eso, mientras actuaba en su fachada de niña buena. Además, trajo un bolso como habíamos pedido. A continuación, deberíamos, durante un rato, hablar tranquilamente.

— ¿¡Ah, en serio!? ¡¿Tocas el violín!? — Eso dijo Malia maravillada, en mitad de nuestra conversación.

La maldita de Klara se estaba luciendo en nuestra conversación, hablando de cosas sobre ella misma con falsa inocencia y amabilidad para dejar al adulto de turno embobado antes sus adorables encantos:

— Sí, es muy divertido. Hasta estoy en una escuela de música y todos los profesores no dejan de decirme que soy muy buena. — Aunque fuera nuestra enemiga a destruir, me daba rabia que intentará presumir delante de otra persona.

— ¡Me encantaría escucharte, de verdad! — Y lo peor es que esa estúpida era muy fácil para impresionar.

De todos modos, mientras esperaba mi oportunidad para lucirme, seguía el ritmo de la conversación. No era buena idea callarme mientras Klara se llevaba toda la atención: — Yo lo he escuchado y es muy buena, es como Beethoven en potencia. —

— Beethoven nunca ha sido un violinista, sino un pianista. — Me soltó Klara con una sonrisa que me decía explícitamente que era una total ignorante.

— Eso da igual, va a ser un genio de la música. — Me molestó, pero me contuve y seguía hablando, soltando tonterías que incluso me arrepentía de decir.

Entonces, dio comienzo una nueva etapa de nuestro plan:

— Por cierto, ¿ya tienes tu nuevo móvil? — Me preguntó Klara. Ya era hora de que nuestra farsa comenzase, era hora de enseñar el objeto con el cuál íbamos a acusar de ladrona a Malia.

— Pues sí, lo he comprado ayer. — Lo saqué y se lo enseñé a las dos muy bien.  — ¿Cómo os parece? —

Sobre el hecho de que lo compré ayer, era una cochina mentira.

— ¡Realmente increíble, es el último que ha salido al mercado! — Klara actuó como si fuera lo mejor del mundo. Algo irónico, porque cuando me lo compré, no dejó de decirme lo feo y horrible que era mi móvil.

— ¿Te gusta, señorita? — Luego, se dirigió hacía Malia. — ¿A qué es realmente bonito? —

— Pues sí. — Y eso respondió ella simplemente, pero lo veía como si no fuera algo que le interesará.

Y como estaba planeado, decidí hablar sobre lo caro que era eso que me compré.

— Y costó mucho dinero, casi novecientos dólares. — Era otra mentira, lo compré de segunda mano, a mitad de precio.

— ¡Ten cuidado, a ver si te lo roban! — Me soltó Klara.

— No seas pájaro de mal agüero. Me daría un infarto si pasará eso. — Y le repliqué eso, mostrándome muy “indignada” con tal afirmación.

La maldita de Klara actuó como si le hubiera afectado esas palabras y le pidió a Malia para que me regañase. Ésta solo le dijo que no pasaba nada y que no se lo tomará tan mal, que no yo no tenía mala intención. Después de eso, seguimos hablando de otras cosas hasta llegar a la otra etapa de nuestro plan.

— Me han entrado ganas de ir a hacer pipí. — Eso le empezó a decir Klara en voz baja, actuando como si le daba vergüenza eso; a Malia, mientras le zarandeaba el brazo.

Ella se levantó y le señaló hacia una vieja puerta: — ¿Ah, de verdad? Los servicios están allí. —

— Pero me da un poco de miedo ir, ¿me puedes acompañar, por fa? —Ponía una cara de pena, mientras le miraba fijamente a Malia. Un típico truco para enternecer a los demás.

— Por supuesto que sí. — Y era bien obvio que funcionaría.

Entonces, las dos se levantaron y Klara, por unos míseros segundos, me miró y me guiñó con el ojo. Era el momento para actuar.

Miré discretamente por todos lados y observé a los demás que estaban en el lugar. Nadie miraba hacia mí, así que cogí mi móvil y lo metí dentro de la bolsa que tenía, con toda la rapidez del mundo. Luego, me quedé en silencio hasta que volvieron.

Todo estaba preparado para nuestra farsa y en mi interior estaba sonriendo de oreja en oreja, deseosa de empezar esto para humillar a aquella maldita buena chica.

— ¡Prepárate, Malia! — Eso me decía en voz baja. — Todos los de este lugar recordarán que eres una puta ladrona…—

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

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