Centésima tercera historia

Mentiras Blancas: Novena parte, centésima tercera historia.

Al día siguiente, yo estaba con Klara en su habitación, quién me iba a explicar nuestro próximo plan contra Malia. Más bien, estaba esperando a que lo hiciera, porque estaba buscando algo en su mesa de estudio.

-¿Cuál es el plan?- Eso le decía, mientras me sentaba en su cama.-Estoy harta de esperar.-

La verdad es que no había pasado ni dos minutos, pero estaba realmente impaciente, quería saberlo de una vez.

-Bueno, lo estoy buscando.-Ella me respondía, mientras se ponía a buscar entre los cajones. -¡Debe estar por aquí!-

Y parecía ser una buena ocasión para molestarla, ya que para buscar lo que estaba buscando se puso a cuatro gatas y movía el culo de un lado para otro. Casi le iba a hacer una burla sobre eso, pero no tenía imaginación ni ganas para hacerlo.

Por eso, solo le dije esto: -¿Qué estás buscando ahí?-

Pero cuando lo solté, ella gritó: -Ya lo encontré.- Y sacó algo de los cajones, que parecía más un basurero que otra cosa. Era un simple trozo de papel.

Ella añadió esto mientras me lo enseñaba: -Apunte el plan que se me ocurrió anoche, antes de acostarme, en este papel. A veces, necesito hacer eso porque se me olvida después.-

Eso me dejó algo perpleja, ya que no me esperaba que ella hiciera lo mismo que yo cuando se me ocurría algo y lo ponía en un trozo de papel. Bueno, seguramente es algo que mucha gente hace, pero tener algo en común con ella me era una idea muy molesta. De todas formas, es una tontería.

Mientras tanto, Klara por fin se dignó a decirlo: -Y es…- Tuvo que hacer una pausa para leerlo: -Hacerla enfadar.-

-¿Hacerla enfada?- Eso pregunté extrañada.

-Fastidiarla tanto hasta poder sacar lo peor de su persona.- Señaló con el dedo hacia ninguna parte. -Ya sabes, atacar sus debilidades sin respiro hasta que explote y luego, gracias a eso, la dejaremos en muy mal lugar, haciéndonos las víctimas inocentes.-

Parecía un buen plan, pero había una pega:

-¿Y cómo haremos eso? Eso es lo primero.-

Eso le pregunté y ella se puso muy pensativa, dudando por varios segundos. Yo di un pequeño suspiro, mientras me acomodaba en su casa y esperar que improvisara aquella parte del plan. Tardó dos o tres minutos, cuando se le encendió la bombilla:

-Pues, ya sé lo que haremos.- Eso gritó, antes de decirme cómo haríamos eso.

Al llegar el sábado, pusimos en marcha aquel plan.

-¡¿Podrías haber elegido un día mejor!? Esto está repleto de gente.- Eso le decía yo, mientras entrabamos en un centro comercial abarrotado. Con esa toda esa multitud allí, me empezaba a sentir agobiada.

-Es un sábado, es lo normal.- Y eso me replicó Klara.

Al entrar y sentir el cálido aire del lugar, ya que el centro comercial estaba cubierto, nos quitamos las chaquetas rápidamente y entonces una voz muy animada nos saludó, asustándonos al momento: -¡Buenos días, chicas!-

Casi dimos un grito, pero giramos las cabezas hacia dónde provenía la voz y vimos a Malia, saludándonos con la mano amistosamente. Como fue la segunda vez que nos hizo eso, pensé que si lo estaba haciendo a propósito.

-¡No nos des esos sustos!- Eso le dije yo.

-Perdón, perdón, no quería asustarlas.- Luego de eso, añadió con gesto de alivio: -De todos modos, por fin habéis llegado, ya me estaba preocupando por vosotras, porque estabais tardando un poco.-

¿Tardar un poco? Si nosotras habíamos llegado más de media hora tarde y lo hicimos a conciencia, para hacerla rabiar. Después de todo, esperar es una de las peores cosas que existen, cualquiera persona normal estaría de mala leche. Pero ella, seguía mostrando una sonrisa y amabilidad con nosotras, a pesar de haberle hecho eso. Eso me dio mucha rabia.

¿Y por qué hicimos eso para hacerla rabia? Pues eso era parte del plan de Klara, conseguir hacerla rabiar hasta que explotará, poner en prueba su paciencia, utilizando como tapadera ir de comprar al centro comercial.

Bueno, la verdad es que como a Klara se le da bien molestar a los demás y hacerlos rabiar, el plan podría salirnos bien. Aunque no sé si mi paciencia aguantará hasta hacer que el suyo explotará.

Mientras yo y Klara, actuando cada una nuestro papel, le hablamos como si fuéramos sus amiguitas, le llevamos primero hacia a la heladería.

-¡¿No creen que es un poco pronto para los helados!? Estamos en Enero. ¿¡Y si nos refriamos!?- Eso nos preguntó algo temerosa, al ver que íbamos a pedir en la heladería.

-No te preocupes, mis defensas son fuertes. No me voy a resfriar así como así.- Y Klara le soltó esto para convencerla, inflando el pecho de orgullo.

-Además hay gente que lo está comiendo. Si tendremos cuidado, no nos podrá pasa nada.- Yo añadí esto por mi parte, señalándole las personas que estaban comiendo helados en los asientos que estaban en las puertas de la heladería. Al observarlos por varios segundos, nos entraron ganas.

-La verdad es que me apetece un poco de helado.- Ni siquiera Malia se puso a resistir a sus encantos.

Y tras comprarlos, aquí vino el segundo intento para hacer enfadarla.

-¡Ten cuidado, a ver si te cae el helado!- Eso le decía yo a Klara, mientras se acercaba a nosotras.

-No pasa nada, está seguro en mis manos.- Y me replicó esto, mientras se hacía la fuerte, antes de fingir que se iba a caer y tirar el helado hacia la ropa de Malia, que además era de chocolate, algo que deja manchas muy difíciles de quitar.

-¡Oh, no!- Gritó exageradamente.-¡Mi helado!-

Pero entonces, con unos reflejos impropios de una persona normal, Malia cogió el helado con una mano y cogió a Klara. Ni siquiera pude ver cómo hizo eso.

-¡Menos mal!- Eso le decía aliviada Malia. -Casi te ibas a caer.-

-¡Qué torpe soy, eh!- Y Klara fingió reír de su desgracia, a pesar de que el plan no había salió como lo planeado.

Es más, salió peor de lo esperado, porque Malia, tras coger el helado, lo tiró para atrapar a Klara y éste cayó sobre mi cabeza. Cuando ella lo vio, se puso pálida y la enana que hizo el numerito casi se iba partir de la risa.

-Lo siento mucho, de verdad.- Eso decía toda nerviosa mientras yo me limpiaba la cabeza en los servicios del centro comercial.

-No pasa nada.- Eso le replicaba, con un tono sereno, ocultando mis ganas de matarla.-Fue un accidente.-

Bueno, a ella y a Klara, que le miraba de reojo a veces con una mirada de pura enfada, aunque se lo tomaba con cachondeo. Por lo menos, teníamos otras oportunidades para fastidiar a Malia.

Y sin haber salido de los servicios, Klara hizo el siguiente movimiento, sin decirme ni una palabra. Entró en uno de los váteres y se quedó ahí durante un buen rato:

-¡¿Aún no has terminado!?- Eso le preguntaba impacientemente, con los brazos cruzados y dando pequeños golpes con el pie.

-Pues, no sé…- Aquella respuesta casi iba a provocar que le gritara como loca.

-¡¿Pero cómo no sabes eso!?- Aunque me contuve y le solté eso con aparente tranquilidad.

-Tal vez, ella esté estreñida.- Por su parte, Malia estaba diciendo eso muy pensativa.

-No es eso.- Le replicó, con un tono bajito, de niña avergonzada. -Es que…da vergüenza decirlo…-

Ahí me di cuenta de que ella estaba actuando, haciendo otro numerito para poner de los nervios. Yo decidí seguirle la farsa y solté esto:

-¡¿No tienes papel!?- Eso le pregunté y ella asintió.

-¡¿Por qué no lo dijiste antes!?- Le repliqué esto, antes de mandarle a la otra esto:

-Malia, busca papel.- Y como era normal, ella asintió y salió corriendo en busca de eso.

Tras desaparecer de nuestra vista, decidí dejar la farsa por un momento:

-Ni siquiera habrás estado haciendo tus necesidades, ¿verdad? – Eso le dije con una sonrisa bellaca en el rostro.

-¿Qué crees? Yo siempre hago mis cosas antes de salir.- Y eso me respondió, entres leves risas.

Malia tardó poco al volver y llevaba un rollo de papel en sus manos. Llegó toda apurada y le dijo a Klara que aquí lo tenía. Entonces, ella le soltó esto:

-Gracias por buscar papel, pero es que he descubierto que lo tenía.-

Yo me reí por dentro y mire atentamente su cara para ver algún signo de enfado o algo parecido. Después de todo, le hicimos perder el tiempo inútilmente, tendría que ponerse como una furia. Eso es lo que cualquier persona haría. Pero ella se lo tomó muy bien, demasiado; y con una gran sonrisa nos dijo esto:

-No pasa nada, todos tenemos descuidos.- Se lo metió en el bolso. -Además, el papel me podrá ser de utilidad.-

Pero no perdimos las esperanzas, porque nosotras teníamos un montón de oportunidades más para hacerla enfadar. La maldita de Klara ni siquiera nos dejó descansar, cuando nos salimos del baño, aprovechó el momento para hacer otro movimiento:

-¿Por cierto, dónde está Klara?- Eso me preguntó, nada más salir del cuarto del baño. Nos dimos cuenta rápidamente de que ella se había esfumado.

-¿Klara? Ahora que lo dices, no la veo por ninguna parte.- Eso le respondí yo, mientras miraba por otros lados.

En aquellos momentos, sentí un nudo en la garganta, al darme cuenta de que ella no estaba a plena vista. Me puse tan nerviosa, que le dije esto a Malia:

-¡Oh dios mío, se ha perdido!- Demasiada asustada estaba y no podría creérmelo.-¡Tenemos que encontrarla!-

Ella asintió y las dos nos separábamos para buscarlas. Cuando yo iba a llamarla a gritos, un mensaje llegó a mi móvil.

-¿Quién debe ser ahora mismo?- -Eso pregunté molesta, abriendo el mensaje rápidamente y cuando lo leí, añadí: -¡Será maldita!-

El mensaje decía nada más ni nada menos esto: “¡Qué linda te pusiste cuando te diste cuenta de que no estaba! Pero no te preocupes, que no me he perdido, estoy cerca de ti. Esto es parte del plan.” Era de Klara, quién seguramente me estaba viendo desde alguna parte con una cara de pura burla hacia mi reacción.

Me puse colorada como un tomate y deseosa de darle unos cuantos golpes por haberse ido sin avisarme. No es que estaba preocupada por ella ni nada parecido, pero me iban a liar la gorda si le pasaba algo malo.

Y cuando dejé de mirar el móvil, ella estaba delante de mis narices, sonriendo. Me dio un susto de muerte:

-¡¿Cómo has aparecido!?- Eso le grité.

-He usado trucos de magia.- Y con una molesta ironía me respondió, antes de añadir esto: -De todos modos, solo estaba comprando chucherías.-

Eso mientras me enseñaba una bolsa transparente lleno de chucherías. ¿Cómo le dio tiempo para comprar eso?

De todos modos, le iba a preguntar eso, aunque se adelantó y me dijo:

-Volvamos con ella, ya creo que es suficiente. Además, haz algo de tu parte, que no puedo hacerlo todo yo sola.

FIN DE LA NOVENA PARTE

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