Centésima tercera historia

Mentiras Blancas: Décima parte, centésima tercera historia.

Tras eso, le mandé un mensaje a Malia y nos reunimos un poco después, delante de los mismos servicios en dónde estuvimos.

Con unas disculpas tan falsas como la persona que las estaba diciendo, Klara le pedía perdón a Malia.

-Perdón, perdón. Es que vi esa tienda…-Señaló una tienda de chucherías que estaba a nuestro lado.-…Y no podría evitar comprarlos.- Luego le mostró lo que compró.

Malia aceptó las disculpas como si nada, así que decidimos, esta vez las dos, nuestros próximos movimientos. Primero, nos fuimos a una tienda de videojuegos, aunque a ninguna nos interesaban tales cosas. Mientras yo la distraía, Klara se lo arregló para tirar los videojuegos de la estantería y que nos echarán la culpa a nosotras. Le miré de reojo a ella con muy mala leche mientras me sonreía burdamente y los dependientes nos regañaban.

Después de eso, pasamos por varias tiendas de ropa, en los cuales Klara hizo todo tipo de travesuras. No solo volvió a perder y tirar cosas sin querer queriendo, también cosas como estas:

-¡¿Ya estás lista!?- Eso le gritaba con falso tono de aburrimiento mientras abría “sin querer” las cortinas del mostrador en dónde Malia se estaba probando ropa.

-¡No abras la cortina!- Eso le decía toda avergonzaba, mientras se tapaba el pecho, el cual solo estaba tapado por el sujetador. -¡Qué estoy medio desnuda!-

-Ah, perdón, perdón.- Eso le dijo, mientras se hacía la inocente.

O cuando le pidió a Malia que le comprará una falda roja y llena de volantes que le gusto mucho, con la excusa de que se le había olvidado el dinero en su casa.

-¡Vamos cómpramelo! ¡Por favor!- Su plan era insistirle un montón hasta que se hartase, pero ella accedió fácilmente.

-Vale, vale. Eso será un regalo de mi parte, ¿ok?- Eso le decía amablemente.

Y después de ponernos en la cola y tras esperar un buen rato hasta llegar al lugar para pagarlo, ella cambió de idea:

-¡Mejor, cambiemos otro! ¡Ya no me gusta!- Eso le decía, mientras le señalaba otra falda que estaba en la entrada-

Yo casi iba a explotar de la rabia, pero Malia seguía con la misma actitud que antes, aunque con un poco de cansancio. Ella le intentó convencer para comprar lo que habían cogido, pero Klara insistió sin parar. La verdad es que así estaba yendo por tan buen camino, que yo me harté y le dije esto:

-¡Compremos esto de una vez y vámonos!- Esto grité como loca mientras cogía la falda violentamente y se lo daba al que estaba en el mostrador, quién se puso aterrado al ver mi reacción.

Al salir, me quería matar porque había mostrado algo muy feo que solo hizo que mi imagen de buena chica se ensuciara. Y lo peor es que la culpable de ponerme de esa forma me recriminó, diciéndome en voz baja:

-El plan era enfadarla, no que tú lo hicieras.-

-Lo siento mucho de verdad, pero tus métodos son demasiados efectivos.- Eso le repliqué, bastante molesta por hablarme en ese tono.

Y solo siguió recriminándome aún más: -¡Ah, pues entonces hazlo tú! ¡Qué no estás ayudando en nada!-

-¡¿Y cómo lo hago!?- Eso le grité.

-Tú debes saberlo muy bien.- Me respondía. -Con lo que te encanta hacer indirectas…-

Ella me había mandado una indirecta, dándome una pista de cómo actuar. Después de todo, estoy acostumbrada a decir cosas horribles de forma agradable y amistosamente. Así le decía a una sus verdades, sin abandonar mi fachada de buena chica. O eso creía yo.

Mientras tanto, Malia, quién estaba delante de nosotras, nos oyó y nos preguntó esto:

-¿¡De qué están hablando, chicas!?-

Nosotras rápidamente le dijimos nerviosamente que no era nada, solo simples tonterías. Y con eso en mente, nos fuimos hacia la próxima tienda de ropa, situado en la otra punta del centro comercial.

Tras entrar, Klara cogió un montón de ropa y nos dijo que se lo iba probar al mostrador, con la clara intención de dejarme sola con Malia, quién le replicó que no se fuera sola sin darse cuenta de que estaban a nuestro lado.

Y después de meterse ahí, había llegado la hora de que yo actuase, aunque al principio no sabía cómo hacerlo. No me dejaba de preguntar qué podría decirle para que fuera a molestar a Malia pero sin que se notara que era mi intención realmente.

Y fue ella misma, quién me dio la oportunidad perfecta; cuando cogió una camiseta y me preguntó cómo le podría quedar. Yo le respondí:

-Pues no sé, creo que no te favorece. Esa camiseta es demasiado bonito para ti.- Eso se lo dije con una sonrisa en la boca, aparentando ser amable mientras le decía indirectamente que era fea.

-Ah, ya veo.- Y ella reaccionó como si no le hubiera dicho nada malo. -Con lo bonito que era….- Devolvió la camiseta en dónde estaba.

No me podría creer que ella no puso ni un simple gesto de molestia o de preocupación por cómo se veía. Lo aceptó sin más y buscaba otro para coger. No sabía si no se hubiera dado cuenta de la indirecta o lo ignoró, pero de todos modos, tenía que seguir diciéndole cosas.

-¿Y éste?- Me preguntó cuando cogió otro:

-No, no, tampoco…-Me esforcé para que la indirecta quedará más clara. -Tú eres demasiada esquelética para esa ropa, parecerías un muerto de hambre, más de lo que pareces.-

Y ella esta vez puso un gesto de sorpresa, pero como si le hubiera dicho una cosa nada grave. Le insulté, le dije que parecía una muerta de hambre, cualquiera se molestaría con eso y me gritaría qué quería decir con eso.

-¿Tan delgada estoy?- Pero ella se puso a comprobar su cuerpo y luego añadió: -Creo que estoy bien, aunque la verdad es que es demasiado ancho para mí.-

Empecé a apretar el puño de la rabia, mi paciencia ya estaba al límite y de un momento iba a explotar. Pero tenía que aguantar, por nada del mundo iba a mostrar mi verdadero yo antes aquella persona que era mil veces más auténtica que mi persona. Quería sacarla de sus casillas antes de eso.

Y mientras estaba ocupada en mantener a mi ira bajo control, ella cogió otra camiseta y me preguntó: -¿Y qué tal está?-

Tardé unos segundos, preparándome para decirle algo que de poco tenía de indirecta, la verdad:

-También te queda fatal.- Le decía con una sonrisa y mi falsa amabilidad. -Realmente, tienes un gusto horrible.-

Pensé que definitivamente con eso iba a herirle tan fuerte que le iba a enfadar, que por fin la iba a enfadar. Pero ella volvió a reaccionar como antes, tomándolo como si no fuera ningún ataque gratuito contra ella.

-Oh, ¿de verdad?- Eso decía con una cara de pena. -Me entristece tener eso, pero que se va a hacer.-

En serio, eso fue la gota que colmó el vaso, ya no pude más.

-¿En serio, solo dices eso?- Eso le pregunté totalmente seria.

Y ella soltó esto, con un gesto de extrañeza, como si no sabía de que le estaba hablando: -¿Tengo algo más que decir?-

Decidí dejárselo muy claro, gritándole lo más fuerte posible y explotando como si fuera un volcán.

-Te he llamado fea, delgaducha y que tienes mal gusto…- Pisoteé el suelo con todas mis fuerzas, mientras le señalaba: -¿Y así reaccionas?-

Ella se quedó sin hablar, sin saber cómo reaccionar, con una cara de enorme extrañeza y preocupación. Tal vez se estaba preguntando qué me estaba pasando o algo parecido. De todas maneras, ella actuó así por varios segundos, mientras yo seguía gritándole como loca, con todo el mundo mirándonos:

-Por el amor de Dios, cualquier persona se enfadaría y me gritaría por qué le estoy insultando.- Di una pequeña pausa.-Y tú deberías estar de los nervios, porque ella y yo te hemos estado fastidiando todo el día para ponerme de mal genio.-

Entonces, sus ojos se le abrieron como platos, como si hubiera descubierto algo, con un estúpido gesto de sorpresa. Y se puso a decir en voz baja:

-Entonces, ¿todo era hecho a conciencia? Yo creyendo que era mi imaginación…- Eso decía, agachando la cabeza. Pero luego se calló rápidamente y me dijo a mí nerviosamente:

-No es nada, olvídalo. No sé qué pasa exactamente pero deberías tranquilizarte primero.-

Eso me dijo, mientras ponía esa dichosa sonrisa. Pero, me di cuenta de que aquel gesto era falso, ella intentaba poner esa expresión forzosamente y ocultar sus sentimientos.

¿Y si hubiera sido así todo el rato? Intentando ser amable y controlarse con personas horribles que llevaron toda una tarde fastidiándola a conciencia sin parar e incluso intentaron culparla de ser una ladrona, contener sus ganas de mandarnos a la mierda y actuar lo más bondadosa posible.

Eso me era tan familiar que no me lo podría creer, me recordaba a mí y a Klara. Ella también era una farsa, en cierta forma: Intentando ser amable con todos detrás de una máscara que intentaba ocultar una parte suya.

En realidad, no podría decir que fuera una falsa. Más bien, intentaba ocultar aquellos sentimientos que le parecían negativos hacia los demás, por alguna u otra razón. No ocultaba su verdadero yo, sino solo una parte. Y ella no lo hacía porque tenía miedo de los demás, no intentaba parecer buena persona para que la gente no pensará mal; sino que intentaba serlo una de verdad. Aún cuando eso significase intentar ser amables con personas que le odian. Seguía siendo más auténtica que nosotras.

Aquel simple gesto se sintió como si me hubiera revelado una gran verdad del universo y llenó mi interior de sentimientos realmente desagradables y que en aquellos momentos no entendía qué eran exactamente. Solo sentía deseos de alejarme de ella, que para el colmo se me estaba acercando para ayudarme.

Y cuando me iba a tocar, yo le grité esto loca: -¡No me toques!- Y luego salí como loca de la tienda, como si estuviera escapando desesperadamente de algo, directa hacia mi casa.

FIN DE LA DÉCIMA PARTE

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