Centésima tercera historia

Mentiras Blancas: Onceava historia, centésima tercera historia.

Al día siguiente, cuando me desperté a las nueve y media de la mañana, lo primero que vi fue la cara de Klara. Ella estaba acostada, a mi lado.

-¡Por fin despertarse, princesita!- Eso me dijo ella con falsa inocencia, cuando vio cómo abrí los ojos.

Lo primero que hice al ver era levantarme rápidamente de la cama, dando un gran chillido. Eso no me lo esperaba para nada y era lo menos que quería ver en este mundo. Luego, nerviosamente empecé a preguntar cosas:

-¡¿Qué haces en mi cama!?-Eso le gritaba, intentando comprender qué estaba pasando. -¡¿Espera, qué haces en mi habitación!? ¿Qué hora es?-

Eso último dije cuando vi que salía un poco de luz por mi ventana, mientras salía de mi adormilamiento. Bueno, empecé a mirar por todas partes y Klara se dignó a contestar:

-Es mañana por la mañana y no quise despertarte, así que decidí esperar.- Eso me decía sin levantarse de mi cama. Es más, la maldita niña se estaba poniendo cómoda, estirazándose los brazos y las piernas sin parar.

Molesta, decidí preguntarle: -¡¿Y qué quieres!?-

-Si es fácil de imaginar.- Eso me respondió.

Si aparecía así como así, tan pronto, era porque deseaba hablar conmigo. Y supe al momento lo que quería, recordando todo lo que pasó ayer.

Salí corriendo de la tienda y luego del centro comercial, dejando a Klara sola en los probadores. Corrí hasta llegar a casa. Bueno, solo la mitad del camino, porque me cansé de tanto correr y empecé a descansar.

Después de volver a casa, lo primero que hice fue volver a mi habitación. No entendía lo que me estaba pasando, sentía mucho enojo tanto contra Malia, como contra mí misma. Y estaba muy decepcionada y asqueada, aunque aún no comprendía bien las razones para ponerme así. Tal vez, mi reacción fuera muy exagerada pero no tenía ganas de saber nada del mundo, incluso de mi propio hermano, hasta despertar al día siguiente. Ni comí nada y me costó mucho dormirme.

Sobre eso, pensaba que iba a preguntarme por qué huí como loca de allí y a decirme que estropeé el plan que tenía, entre burlas.

-¿Por lo de ayer?- Eso le pregunté.

Entonces, poniendo un gesto muy atípico en ella, me cogió los cachetes de la cara y me las empezó a estirar.

-¿¡Qué haces!?- Eso le preguntaba sorprendida con esa reacción.

-¡¿Por qué me dejaste sola!?- Se le oía muy molesta conmigo. -Saliste pitando como un cohete sin mí.-

Tenía enfado en su rostro, pero tenía que reconocer que eso se veía lindo, porque estaba inflando los cachetes como si fuera una niña pequeña de verdad y parecía que iba a llorar. No solo era la primera que la veía así, sino además me sorprendía que el hecho de abandonarla le molestaría muchísimo.

De todos modos, aquella cara me hizo olvidar por unos segundos que tenía que contestar. Y cuando me di cuenta, le solté esto:

-Bueno, no sé…- Tenía la mente en blanco. -Ahora deja mi cara en paz, por favor.-

Y ella siguió estirando aún más mi cara, diciéndome esto: -Dilo, dilo…-

No se creía lo que dije, pero era verdad. Bueno, tuve que decirle esto, mientras pensaba en mi respuesta:

-Vale, vale. Pero, por favor, deja de estirar mi cara.-

Y ella paró, esperando lo que le iba a decir. Yo no tardé mucho en explicárselo.

-Bueno, no pude aguantar más y le dije unas cuantas verdades y me sentí tan mal que no aguanté estar ahí.-

Aún no entendía muy bien aún por qué me sentí tan mal en ese momento y hasta ahora. Y Klara, que volvió a ser la misma de siempre, algo que me alivió mucho por alguna razón; me dijo esto:

-¿¡Te arrepentiste!?- Me preguntaba esto con su típica sonrisa pícara. -¡¿Te sentiste mal por intentar fastidiar a esa chica!?-

-No lo sé, ni me importe. Déjame tranquila, por favor.- Le repliqué esto y me escondí entras las sabanas. Aún me sentía muy mal anímicamente.

Y Klara me sacó las sabanas de encima mientras me decía esto:

-No creo que esconderte en las sabanas va a ayudar mucho.-

Y también se sacó una cosa de los bolsillos de su vestido, me estaba enseñando una entrada:

-¿Qué es esto?- Le pregunté, mientras cogía eso y lo observaba. Parecía ser una entrada a un concierto de música en el auditorio de la cuidad.

Y ella saltó de la cama y dio unas vueltas antes de decirme alegremente esto, con una radiante sonrisa: -Mi academia de música va a interpretar un concierto y yo estaré junto con ellos tocando. Debes venir sin falta, no tienes ninguna excusa.-

Miré de nuevo aquella entrada, no tenías ganas de ver un concierto, pero por alguna razón sentía que tenía que ir. Por eso, suspiré y le dije:

-Deberías haberme avisado antes.- Eso le repliqué. -No sabía de esto.-

Después de todo, la función era aquella misma tarde, tenía que habérmelo dicho antes. Ella solo se excusó con esto:

-Era una sorpresa.- Eso decía inocentemente, mientras sacaba la lengua.

No era necesario decirle que sí, porque ella sabía perfectamente que iba a ir, pero había algo que me parecía raro y no me dio tiempo a preguntárselo: ¿Por qué yo? ¿Por qué deseara que fuera a verla ahí? ¿Y por qué le sintió tan mal el hecho de que le dejará sola?

En realidad, al intentar responder todas esas cuestiones en la mente, solo llegué a formular una gran pregunta: ¿Por qué me había elegido cómo amiga? Es decir, les recuerdo que ella descubrió mi secreto y prometió no revelarlo siendo su amiga. ¿Tenía algún interés en mí, o solo me eligió por qué estaba bien sola y escogió lo primero que lo vio?

No estaba segura, pero había algo que sí sabía y que me costaba asimilar: A pesar de todos nuestros problemas, ya me encariñado, tal vez demasiado, con esa niña, por mucho que me negara a aceptar tal hecho.

Por eso, no me atrevía decirle a no, además en lo más fondo de mi ser deseaba verla tocar. Ahora me tocaba la tiránica tarea de buscar el mejor vestido que tenía en mi armario.

Unas horas después, cuando el sol ya estaba despareciendo en el horizonte, yo llegué junto con Klara a las puertas de un edificio situado en el centro de una cuidad. Tras soportar un viaje en taxi, aguantando atascos y al taxista, que no dejaba de preguntarme cosas y soltarme piropos; salí de un salto del automóvil y di un suspiro de alivio.

-Bueno, ¡ya hemos llegado!- Eso gritaba feliz, luego miré al edificio y añadí: -¡¿Aquí es, no!?-

Lo observé fijamente por algunos segundos, era un edificio muy raro e enorme, rodeado de un parque lleno de grandes árboles. Tenía un aspecto muy futurista, parecía una especie de cúpula blanca y simple, con una cresta en el centro que recordaba a una ola gigante.

Mientras lo miraba, Klara le pagaba al conductor y salía del coche con el estuche en dónde guardaba su violín entre sus manos, como si estuviera cuidando un tesoro. Ella me respondió esto, con un poco de burla.

-Por supuesto que sí. ¡¿Nunca has estado en el auditorio!?- Lo decía como si no era normal que yo nunca hubiera ido a visitar tal sitio, aunque lo hacía a conciencia para molestarme. De todas formas, ignoré eso y le respondí:

-Estas cosas nunca me interesaron.- Eso le decía, mientras nos dirigíamos hacia al edificio. -Es decir, la música clásica y todo eso me parece un rollo.-

En cierta forma, le dije la verdad, pero solo a medias, porque amaba cómo ella tocaba el violín.

A veces, la escuchaba tocar desde mi habitación, mientras ella practicaba desde su jardín o desde su casa. Tocaba todo tipo de melodías, desde unas con un ritmo tranquilo y acogedor hasta otras muy agresivas. Y siempre lo hacía muy bien, sin apenas desafinar ni nada parecido.

Recuerdo la primera vez que la escuché. Me pareció molesto que la niñata se pusiera tocar e iba a cerrar la puerta de la ventana pero no pude hacerlo porque aquella melodía me pareció realmente hermosa, no pude evitar escucharlo en silencio. Desde aquel entonces, cada vez que veía que ella se ponía tocar, yo dejaba todo lo que estaba haciendo y lo apreciaba.

Eso sí, sin que ella se enterase realmente de que me gusta cómo toca.

-Crees que es de esa música aburrida que solo sirve para dormir, ¿verdad?- Eso me dijo luego ella. Yo la repliqué con esto:

-Prefiero el silencio.-

-Si eso dices…- Y con esto ella se calló, mientras entrabamos en el auditorio.

Al entrar, vi que estábamos en una gigantesca sala realmente lujosa que se parecía mucho a de los cines. En realidad, no tenían ninguna diferencia, me sentía en el cine, aunque con conciertos, musicales y óperas como parte de la cartelera.

Aunque dije eso de que me gustaba el silencio, el que teníamos en aquel momento no me gustaba nada. Así que decidí sacar un tema de conversación:

-¿Te gusta tocar?- Eso le pregunté y ella se quedó callada durante unos segundos. Es más, se detuvo, mientras miraba al suelo.

-Lo odiaba, con toda mi alma…- Entonces, dijo esto en voz baja.

Yo me quedé boquiabierta. ¿Cómo era posible que algo que dominaba tan bien “lo odiaba con toda su alma”? ¿Y por qué se puso tan seria de repente?

-¿En serio?- De todos modos, decidí con la conversación, obviamente incrédula.

Y con estas palabras me lo dijo, en un tono muy extraño, como si le enfurecía muchísimo solo el hecho de recordar esas cosas, algo que jamás deseaba volver a ver: -Mis padres fueron músicos y deseaban que lo fuera también. Fueron tan estrictos conmigo que empecé a odiarlo con todas mis fuerzas.-

Entonces, dio una pausa y cambió totalmente de actitud, volviendo a la Klara de siempre, con su típico tono burlón y molesto: -Pero eso ya ha quedado en el pasado…Ahora me gusta.-

Decidí cállame y no seguir con aquel tema, porque se veía que deseaba cambiarlo porque le parecía muy incómodo. Me puse a pensar de qué otra cosa íbamos a hablar pero no se me ocurrió absolutamente nada. Solo en aquellas palabras sobre su antiguo odia a la música y sus padres.

Y entonces recordé algo, de que ella estaba viviendo con su tía, la cual ni se dignó a ver en el auditorio. ¿Dónde estaban sus padres? Porque esta vez fue la primera que oí hablar de ellos, y no de una manera bonita. No parecía que ella tuviera cariño a sus padres, aquel tono que soltó me decía todo lo contrario.

Pero intenté olvidar esas cosas por ahora, porque no deseaba que el silencio volviera, tenía que cambiar de conversación para seguir hablando con ella, que faltaba un buen rato para que el concierto comenzara.

FIN DE LA ONCEAVA PARTE

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