Centésima cuarta historia

La Doncella del cielo de la buena fortuna: Quinta parte, centésima cuarta historia.

Al despertar y ver que tenía que volver a allí, empecé a gritar como loca, maldiciendo mi suerte y el hecho de haber aceptado aquel trabajo tan mierda. Y lo mejor es que recordaba las palabras de Elizabeth y me ponía peor, quién me dijo como meta volverme la segunda de abordo en la maldita iglesia. Eso significa que tendría que hacerle la pelota, chuparle el culo a aquel capullo de Roman Pilduski.

Ahora bien, el problema no solo era tener que hacer tal asquerosa tarea, sino no sabía cómo hacerlo, acercarme a aquel pelele y alcanzar su puesto.

No tenía ni puñetera idea, pero tendría que hacerlo de alguna manera si quería terminar con aquel trabajo.

Bueno, dejé esas tonterías y salí a la calle, en dirección hacia al lugar en dónde estaba la puñetera secta. Tal vez, se me ocurriría algo por el camino y además ese tipejo estaba solo por las mañanas, una buena oportunidad para acercarme a él. Con solo pensar en eso, me entraba escalofríos.

Tras caminar un buen rato por las calles heladas, vi un taxi y decidí montarme en él, porque estaba harta de andar. Si no fuera por eso, me hubiera quedado en la calle.

Después del salir del puto taxi que olía como una cuadra y arrepentida de haber gastado mis dineros en algo tan caro y asqueroso, vi cómo aquel desgraciado polaco estaba saliendo de la librería, yendo tan elegante que parecía que iba a una reunión de negocios. Al verme, me saludó:

-¡Buenos días, Will Smith!- Se acercó a mí con tranquilidad. -¡Qué temprano has venido!-

-Sí, quizás demasiado.- Eso le dije, al ver que había perdido mi tiempo viniendo a aquellas horas.

-Tal vez, porque ya me iba a ir e iba a dejar la iglesia cerrará por hoy.- Me sentí muy feliz al oír eso y a la vez muy molesta. Lo primero es que no quería soportar todo eso y lo segundo es que eso retrasaría mi trabajo.

-¿Tienes asuntos importantes qué hacer o qué?- Eso le pregunté.

-Tengo que visitar a la Doncella.- Al final, iba a visitar a la jefa, a la que creó está maldita secta a partir de una broma y la que le hice tanto daño en el pasado. No sé si alegrarme o no, pero parecía una oportunidad de oro.

-Pues, vaya palo.- No podría desaprovecharlo, así que empecé a actuar como si eso me hubiera fastidiado la vida. -Ahora que mis planes han sido frustrados, ¿cómo pasaré la mañana?- Me puso la mano sobre el pecho y ponía mi cara como si estuviera a punto de darme un socavón.

Creo que, a pesar de la exageración, se lo creyó el muy tontorrón.

-Puedes venir conmigo.- Me soltó esto. -Es una gran oportunidad para ti, ¡conocerás a la Doncella en persona!-

-¡¿En serio!?- Y esto añadí, actuando muy sorprendida, porque en realidad ni quería verla.

-Por supuesto que sí.- Y con esto dicho, los dos nos pusimos en camino hacia dónde estaba esa perra.

Y estuvimos andando por un rato hasta llegar a una parada de autobús. Nos pusimos a esperar al lado de una vieja que no dejaba de lanzar piropos a todo aquel que viese y que olía a pura mierda.

-¿Y por qué estamos aquí?- Eso le preguntaba yo, mientras tenía que soportar a que la vieja que estaba a mi lado gritase como un mono y levantaba su sobaco hacia mí, haciendo que me entraba ganas de vomitar.

-¿¡No es bien obvio!? Tenemos que coger el autobús.- Eso me respondió.

Sé que era algo muy redundante lo que dije porque lo sabía, pero quería creer, tenía la esperanza de que no íbamos a ir en el bus. Tras comprobarlo, lo maldije todo. Después de todo, montarme en esas mierdas solo me han traído más que problemas y desgracias.

-¡Oh, genial! ¡Transporte público!- Ironicé y luego solté esto: -¡¿No tienes coche o qué!?-

-Son caros. Además, es muy bonito ir en autobús, conversar con la gente común, el movimiento que produce cuando se mueve, y todo eso, y lo barato que es.- Casi me iba a partir el culo de la risa al oír eso que decía aquel chalado, mientras lo soltaba como si fuera una cosa hermosa hecha por su fastidiosa Doncella.

Pero me contuve y dije esto en voz baja: -Eso es cosa de putos.-

-¿Has dicho algo?- Y éste me oyó.

Le iba a decir que no, pero entonces la maldita bruja que estaba a mi lado, soltó esto con su insoportable voz:

-¡Qué usteehh es un pulo guaperras, te lo comelia todito!- Casi note como si saliva me alcanza a la cara y el olor de su aliento me ponía enferma.

-¡Muchas gracias, señora!- Y éste con una sonrisa bien falsa le tuvo que decir eso. Se sentía la incomodidad en su rostro.

Y por suerte o por desgracia, el bus llegó unos segundos después y pudimos montarnos en él, mientras la vieja se quedaba en la parada haciendo piropos. Fue tan horrible cómo lo recordaba.

Había gente a reventar, no podría ni sentarme y estaba de pie, rodeada de gente, el ambiente era casi insoportable y el autobús se movía como si se iba a romper de un momento para otro.

-¡Tan lleno de vitalidad como siempre!- Eso me decía entre risas el maldito, mientras éramos aplastados entre la multitud. Qué ganas tenía de salir de ahí, aunque fuera por la ventana.

Al final, tras mucho sufrimiento, pudimos salir del autobús y terminar en la estación central de autobuses. Al salir, exclamé esto felizmente:

-¡Por fin, libres!- Me puse tan feliz de haber terminado de viajar.-¡Me alegro de que haya terminado!-

Pero alguien destruyó mi felicidad al momento:

-¡¿Pero qué dices!?- Eso decía entre risas el capullo ese.-Si solo es el principio, tenemos que coger otro autobús.-

Al escuchar eso, casi me dio ganas de gritar que no como loca, pero me contuve mientras intentaba controlar mi ira contra aquel gilipollas. Deseaba quemar el transporte público con mis propias manos.

¿Y qué pasó a continuación? Pues una maldita hora de espera para coger un puto autobús que iba hacia un pueblucho situado a cuarenta kilómetros de la cuidad, situado al noreste y que solo salían dos o tres veces al día.

-¿Por qué tenemos que ir tan lejos?- Eso le protesté a aquel subnormal cuando me lo explicó, tras comprar nuestros boletos y esperar en un banco situado dentro del terminal de autobuses.

-Allí esta nuestro santuario místico, un lugar en dónde nuestras esperanzas y sueños están a salvo de este mundo podrido y asqueroso.- Y eso no me dejó nada claro. ¡Es normal que no lo entienda, porque este payaso se explicaba como un libro cerrado!

Y aquel paseo fue peor que el otro, lo supero totalmente, en serio. Ni siquiera llegaba a ser autobús, era una simple y estrecha furgoneta. Cuando lo vi con mis propios ojos, le pregunté al capullo ese si nos habíamos equivocado de carro. Su respuesta me desanimó totalmente.

Y lo mejor es que se movía un montón, como si fuera si tuvieran sufriendo un terremoto; los asientos estaban hechos polvos y estábamos rodeados de viejos paletos que me miraban muy mal mientras cuchicheaban entre ellos, como si fuera un engendro del demonio. Tampoco era genial el conductor que teníamos, porque parecía que ni siquiera podría conducir. Incluso se saltó un semáforo y nadie dijo nada, todos ignoraron eso como si fuera lo más normal del mundo.

Y tras superar algún que otro atasco monumental y pasar por un polígono industrial, salimos de la cuidad y nos introducimos en una carretera que cruzó un enorme bosque. Pasaba algún que otro coche y la maldita de la furgoneta casi iba a resbalar por el hielo que había y chocarnos con algo. Ese viejo no tenía, a pesar de que teníamos nieve por todos lados, ningún tipo de cuidado. Lo peor es que tuvimos que subir por varias pequeñas montañas y casi íbamos a salirnos de algunas de las muchas curvas que tenía el puñetero camino.

Tras bajar y subir de aquellas montañas infectadas de arboles, llegamos a una planicie que tenía algún que otra colina de por medio, el cual solo estaba invadido por nieve y más nieve, exceptuando varias casitas y algún que otro arbolito. Los viejos al ver eso, se pusieron a hablar de cosechas, así que me figure que estábamos rodeados de cultivos. Miré al norte, deseosa de que terminará este maldito paseíto infernal. No solo veía más bosque, también pequeñas lagunas heladas.

Y bueno, pasamos por varios pueblecitos de mierda, casi íbamos a chocar contra una casa o algún que otro vehículo, los vecinos le echaban mierda al conductor del bus. Parecía eterno llegar a nuestro maldito destino. También la carretera empezaba a empeorar, totalmente llena de baches enormes y molestos. El autobús apenas podría andar tranquilo esquivando todo eso.

-¡¿En serio!?- Eso le pregunté seriamente. -¿Adónde vamos?- Porque parecía que estábamos yendo al culo del mundo o algo parecido.

-Ya te lo dije, ¿no?- Y el muy capullo intentó hacerse el listo conmigo. Y si no fuera porque quedaba dos o tres personas en el dichoso camión, le daría un fuerte puñetazo que le rompería la boca.

-Hablo de la parada que vamos a tener.- Pero me contuve y le dije esto con total tranquilidad.

-Es el último pueblo, el próximo.- Di un suspiro de alivio, porque este maldito viaje iba a terminar muy pronto.

Tras cruzar un largo puente pero estrecho, que atravesaba un amplio río; la carretera se dobló hacia al norte y seguimos el cauce de esas aguas, con algunas montañas y más bosque a nuestro lado.

Unos pocos kilómetros más y observé como el río se volvía un brazo del mismo mar y se convertía en una extensa marisma, o eso me parecía a mí. Ahí había una mezcla de nieve, hielo y agua que te hacía preguntar dónde terminaba eso y dónde empezaba la tierra. De todos modos, yo tengo que reconocer que aquella vista me sorprendió, fue algo que jamás podría haberme encontrado. Y finalmente, había llegado al maldito pueblo, tras alejarnos un montón de eso e introducirnos en el interior.

-¡Por fin llegamos!- Eso gritó aquel capullo, mientras salíamos de aquel autobús infernal.

Y yo añadí esto: -Eso mismo digo, ya estoy harta de tanto autobús de mierda.- Mientras estiraba todo el cuerpo.

Luego, miré al maldito pueblucho. Era una puta mierda, de verdad. Solo había más que diez o veinte casitas rodeando la maldita parada, igual de muerto que las profundas montañas que yo había atravesado.

-Menos mal que vamos a estirar las piernas.- Y entre risas el capullo ese decía esto. -Porque ahora hay que andar, un buen cacho.-

-¡¿Espera, qué!?- Eso grité boquiabierta.

Pero no era una puta broma, porque tuvimos que andar por un carril que ni siquiera estaba asfaltado e introducirnos en el bosque de nuevo. Maldije a todo porque no quería andar, quería descansar de una puta vez.

Y tras andar unos quince minutos, llegamos ante un gran portón de hierro muy elegante y rustico. Delante de él, se encontraba una buena cantidad de automóviles.

-¡¿Ya hemos llegado!?- Pregunté lo obvio con un gesto de cansancio mientras me sentaba en el capó del primer coche que pillé.

Y él todo emocionado, extendió sus manos hacia aquella finca, gritando como mesías esto: -Sí, hemos llegado a nuestro santuario místico.-

No veía mucho con el muro de piedras que rodeaba el lugar, pero tenía más pinta de una mansión de algún rico excéntrico que de otra cosa.

-Pues tiene poco de santuario místico.- Y se lo dejé muy claro.

Ignoró mis palabras y llamó por el móvil para pedirle a los de adentro que abrieran la puerta. Tras abrirse eso, nosotros nos introducimos en aquella finca. Y lo que vi me dejó boquiabierta.

Ante mis ojos se extendía una extensa finca, que parecía tener de todo. Sobre una gran colina se encontraba un gran edificio y lujoso de estilo rústico, rodeado de lo que parecían ser cultivos. A los pies de eso, estaba otro hecho de madera y que era una granja, ya que se escuchaba multitud de animales gritando como idiotas. Había unas cuantas casitas cutres de madera repartidos por todo el enorme recinto. Y muchos árboles y mucha gente en el lugar, yendo de un lado para otro. Eso parecía más vivo que el propio pueblo en dónde nos dejó el autobús. De todos modos, ese lugar seguía teniendo poco de “santuario místico”.

Mientras caminábamos tranquilamente por el camino que nos llevaba hacia al edificio que estaba sobre la colina, veía como los adultos y niños que pasaban por nuestro lado nos saludaba enérgicamente y el puto ese les devolvía el favor con el mismo fervor. Todos tenían una cara de felicidad que me entraba nauseas con solo verlos. También me fijé en otra cosa, todo llevaban ropa que parecía de otros tiempos.

-¿Qué les pasan a todos? ¿Por qué llevan esas pintas? ¡¿Es una moda vuestra o qué!?- Y eso le llegué a preguntar en voz baja a aquel capullo.

-Es una orden de nuestra Doncella que nos vistiéramos como en el siglo XIX, así todos están más felices y se siente más iguales con sus compañeros.- Y esto me respondió, antes de llegar.

Subimos unas enormes escaleras con estatuas de la maldita Doncella, luego llegamos a un portón muy lujoso, antes unas enormes puertas de madera que se abrieron poquito a poco, como si íbamos a entrar en una casa encantada.

Y ahí estaba una vieja, vestida de sirvienta; esperándonos como si fuera un fantasma.

-¡Bienvenido, señor Pilduski!- Le hizo una reverencia a él con su voz ronca.-¡La Doncella le está esperando!-

-¡Buenos días, señorita!- Y luego se dirigió a mí. Éste me presentó:

-Se llama Will Smith.- Sentí ganas de darme un puñetazo por haberme puesto ese nombre falso.

Y la vieja añadió esto: -Encantada de conocerte.- Antes de darse la vuelta y empezar a caminar, así sin más. Roman la siguió rápidamente y yo hice lo mismo. Caminamos por varios enormes y lujosos pasillos, pasando por extensas salas, y subimos al segundo piso por unas escaleras. Eso parecía un completo laberinto, si les digo la verdad.

Y tras mucho caminar, llegamos al final del puto pasillo, delante de otra enorme puerta de madera. La puta vieja pegó la puerta y ésta se abrió.

Entonces, tras largos años, vi a alguien que reconocí enseguida, a pesar de lo cambiada que estaba. Creí que esos retratos que vi de ella eran productos de retoques pero no era así. Aquella persona que maltrate por un tiempo en mis últimos años de primaria, esa gorda y fea niña rica, que lloraba como una magdalena; la misma que creó una secta de mentira, lo volvió real y está a punto de promover un suicidio colectivo; estaba delante de mis ojos, sentada en un enorme sillón de terciopelo, en un despacho que parecía la de un gran empresario y acariciando a un gato como si fuera una puta villana. Me quedé boquiabierta. Por otra parte, el capullo de Roman y la vieja esa se arrodillaron ante ella y dijeron estas palabras:

-¡Alabadas seas Doncella, aquí estamos tus humildes seguidores!-

Yo me quedé de pie y Roman me miró con una mirada que me decía que hiciera lo mismo que ellos. Con pocas ganas tuve que arrodillarme. Luego, ella habló mientras se levantaba:

-¡Bienvenidos, mis queridos seguidores!- Lo decía con una soberbia y una mirada de superioridad que me dieron ganas de vomitar. Y añadió algo más: -¿Quién es ella?-

Entonces, nos miramos la una a la otra fijamente. La chica que recordaba era bajita, gorda y fea, totalmente distinta a la que estaba observando. Me pregunté incluso si esa tipa que estaba observando era otra persona, porque me costaba aceptarlo.

A pesar de que tenía un vestido tan largo, que le llegaba hasta al suelo; se notaba que era esbelta. Su cara alargada parecía a la de una muñeca de porcelana, tenía una nariz pequeña y redondeada, sus pestañas eran realmente largas, sus labios estaban carnosos y grandes, pintados con un rojo brillantes, sus cejas eran pequeñas. En fin, era imposible que fuera aquella persona que abuse en el pasado, por mucho que me dijera que sí.

Y su actitud era totalmente opuesta, tenía una mirada digna de un idiota que se creía un dios. Hasta se notaba que se había vuelto muy excéntrica, solo viendo cómo se vestía. Su falda de color marrón, de esos elegantes y que tenía forma de campana estaba llena de cientos de detalles dorados y de volantes. La parte de arriba era más rara, una especie de blusa del mismo color que quedaba algo justaba y mostraba lo esbelta que se había vuelto ella. También tenía un montón de bordados. Bueno, lo extraño es que llevaba mangas extremadamente largas y enormes, que me recordaban a las que tenía la maldita ropa que usaba esa perra de Mao.

Y por mencionar los cientos de joyas que llevaba sobre el cuello y ese extraño accesorio para su pelo moreno que parecía un florero, con todas esas flores y demás cosas raras.

Mientras tanto, el capullo de Roman abrió la boca para decir quién era yo:

-Pues, una nueva seguidora que se ha unido hace poco, se llama Will Smith.-

Se quedó muy extrañada al oír mi nombre, algo normal. Y me entraban ganas de tirarme por un precipicio. Bueno, más de lo normal.

-¿Will Smith?-Siguió mirándome fijamente y muy mal. -Me recuerda a alguien muy desagradable.- Entonces, sentí que había cierto peligro de que me descubriera y decidí actuar:

-Bueno, es la primera que nos vemos. Así que solo debe ser coincidencia.- Fue lo único que se me ocurrió, la verdad. Me pregunté si esto ayudaría a que las sospechas se le fueran rápido.

-Tal vez… De todos modos, tienes un nombre extraño.- Y en cierta forma, lo conseguí. Ahora solo se burlaría del nombre que me puse.

Y añadí esto, solo para que no se molestarán en preguntarse cómo conseguí tal nombre: -Mis padres tuvieron mal gusto y fueron unos rebeldes, nada más.-

Lo que conseguí es que burlarán de mí. Tras las risas, aquella perra se me acercó y me dijo esto en plan mesiánico:

-Entonces, yo me presentaré. Soy la Doncella del cielo de la buena fortuna, aquella que os salvará de este horrible mundo y os lleve al planeta de las personas felices. Es todo un honor para ti.- Humildad tenía poca, la verdad.

FIN DE LA QUINTA PARTE

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