Centésima cuarta historia

La Doncella del cielo de la buena fortuna: Décima parte, centésima cuarta historia.

-¡No te acerques, maldito monstruo! ¡Tienes una herida grave de bala, no deberías moverte!-

Eso decía nuestra querida Doncella con una voz acordaba y llena de terror, mientras se echaba para atrás, al ver cómo estaba avanzando. Yo solo me burlaba y me reía como loca, consiguiendo ponerla más asustada de lo que estaba.

-¡Ayúdame, qué alguien me ayude!- Y empezó a pedir gritos de ayuda-¡Por favor!-

Pero parecían en vano, porque su sirviente seguía en el suelo desmayada, al igual que Roman. Entonces, se dirigió a las cientos de personas que le estaban observando sin hacer nada:

-Ustedes son mis seguidores, ¿¡por qué me ayudan!? ¡¿Por qué!? ¡Soy vuestra Doncella, lo soy!- Incluso llegó a señalarlo. -¡Vamos!-

Nadie movió ni un dedo, solo le miraban con unos rostros llenos de desprecio y odio hacia ella. En realidad, se dio cuenta de que lo estaban esperando, de que yo le hiciera algo horrible.

-¡Qué patético, arrastrándote así!- Y yo seguía burlándome cruelmente de ella.-Realmente no has cambiado nada…-

-Hija de puta…- Dijo en voz baja, mientras chocó contra la pared y sin darse cuenta de que tenía la puerta al lado. ¿O era muy tonta o por el miedo no podría racionar con normalidad? De todos modos, estaba disfrutando demasiado de aquella reacción tan exagerada que ponía ella. Y volvió a pedirles ayuda desesperadamente, y eso provocó que esta vez algunos le dijeran estas cosas:

-¡¿De verdad, crees que vamos a ayudarte!?- Eso expresó alguien, algo que todo el mundo pensaba.

-¡Nos querían matar, desgraciada!- Empezaron a gritar esto como locos, entre otras frases parecidas, mientras se formaba un mar de murmullos.

-Puto monstruo.- La mayoría de lo que decían eran insulto contra ella y este era el más común pero habían peores.

Después de casi un minuto en dónde la gente se la paso insultando a la Doncella que hace apenas unos minutos adoraban, alguien soltó esto:

-¡Dejemos que le mate ese monstruo, luego nosotros vamos por el otro!-

-Sí, eso, eso.- Y todo le dieron la razón. -Tiene razón.-

Yo, harta de escucharlos, porque tantos gritos y murmullos solo provocaron un dolor de cabeza realmente espantoso, además de que los muy idiotas se estaban haciendo una idea equivocada; así que les deje claro esto:

-¡Cállense, idiotas! ¡No tengo órdenes de matar a alguien! ¡Solo le daré la paliza de su vida y ya está!-

Les grité lo más fuerte posible, tanto que se oyó como un eco muy fuerte que se extendió por todo el edificio. Eso casi me destrozó la garganta, pero por lo menos lo hicieron callar. Lo malo es que el hermoso silencio solo duró unos segundos, porque un idiota tuvo que soltar tal burrada:

-Debemos hacerlo ahora, hay que matar a los monstruos.-

Y todos les dieron la razón, a gritos: -Sí, ¡hay que matar a los monstruos! ¡Matémoslos! ¡Muerte, muerte!-

La sed de sangre se apoderó de ellos y cuando un par de idiotas deciden colectivamente algo, ya no hay marcha atrás.

-¡Hey, hey, ¿pueden detenerse un momento, idiotas?! ¡Sé que están de mala leche porque iban a mataros, pero tranquilasen, por favor!- Aún así, intenten hacerles entrar en razón pero fue en vano.

-¡Matar, matar, matar!- Porque todos esos idiotas seguían exclamando gritos de guerra, mientras subían y bajaban el brazo sin parar y empezaron a acercarse hacia nosotras con intenciones nada bonitas.

-¡Por el amor de Dios, deténganse! ¡Soy su Doncella, deberían detenerse! ¡Vamos, háganlo! ¡Os lo ordenó!- Y ella también intentó hacerles entrar en razón, mientras temblaba como un flan.

No había remedio con estos idiotas, estaban controlados por la ira y ninguna palabra podría detenerlos, así que lo mejor que podríamos hacer era huir.

Y digo “podríamos” porque no podría dejar que la estúpida esa fuera muerta por esa panda de idiotas. Por desgracia, salvarla también entra en el trabajo, así que la cogí de la mano, mientras le decía esto:

-¡Cállate, no van a hacerte caso! ¡No van a entrar en razón!-

-¡¿Pero qué haces!?- Eso, mientras ella gritaba esto muy sorprendida, incapaz de entender por qué le había cogido la mano y le estaba ayudando a escapar, cuando hace apenas unos segundos antes le quería agredir fuertemente.

No le dije nada, porque estaba más ocupada en correr con ella hacia la puerta que en su rostro de pura sorpresa. Bueno, apenas podría ir rápido porque la herida se resentía y el dolor horrible apenas ayudaba.

Menos mal que la puerta estaba al lado, porque si no nos habría alcanzado esa panda de idiotas enfurecidos.

Al entrar en el pasillo, lo primero que hice fue cerrar la puerta rápidamente. La estúpida de la Doncella ni movió un dedo, se quedó paralizada y tuve que devolverla a la realidad. Fue fácil cerrarlo, pero la gente empecé a golpearlo violentamente y se doblando como un papel

Le vendieron una puerta de mierda, a pesar de que parecía de puro acero. Así que por eso mismo, solo teníamos pocos segundos de ventaja para escapar de esa locura colectiva.

-¡Vamos idiota, tenemos que salir de aquí!- Eso le grité, mientras le daba un tortazo. Sin que ella pudiera reaccionar, me la llevé hacia afuera.

Y al ver la moto cuyas llaves robé, lo cogí y me monté en él, de una forma tan brusca, que casi iba a dar un grito de puro dolor. A continuación, le exigí a la Doncella que se subiera: -¡Tú, súbete!-

-¡¿Por qué haría eso!?- Pero ella, llena de miedo y desconfianza, se negó a subirse.

-¡¿Quieres conservar tu vida!? ¡Pues hazme caso!- Y tuve que convencerla con palabras.

-¡¿Cómo puedo confiar en ti!?-

Y entonces oí cómo la masa enfurecida rompió la puerta e intentaban entrar por el pasillo.

-¿¡Haberte sacado de ahí no es suficiente para ti!?-  Eso le grité desesperadamente. -¡Vamos, rápido!-

-¡N-no lo entiendo…!- Y menos mal que ella accedió. -¡Pero, en fin…!- Y se subió en la moto.

A continuación, encendí la moto y empezamos a correr en medio de los árboles, con grandes posibilidades de chocar contra uno, mientras unos cuantos salían de la puerta.

-¡Ten cuidado!- Eso gritaba mi maldita acompañante, mientras me agarraba fuertemente.-¡Qué nos vamos a matar!-

No se daba cuenta de que me estaba tocando la herida y me hacía sentir un dolor insufrible, que apenas ayudaba a que yo pudiera estar concentrada en nuestra carrera por el bosque. Iba esquivando de árbol en árbol, mientras aceleraba y desaceleraba sin parar y sin saber dónde estaba la salida.

Creo incluso que estábamos dando vueltas por el mismo sitio. Tras perder un buen rato y cuando por fin habíamos encontrado un camino en condiciones, unos idiotas estaban detrás de nosotros.

Eran pocos, pero los muy cabrones estaban yendo en moto y llevaban armas improvisadas encima. Nos tiraban tenedores y cucharas que habían cogido del banquete que habían recogido y guardado en una bolsa. Esos malditos cacharros apenas podrían ir a toda velocidad, porque llevaban un demasiado peso. Y lo más gracioso es que detrás de ellos, a lo lejos, se veía a la muchedumbre intentando alcanzarnos. Era una escena realmente ridícula de ver.

-¡No os vamos a dejar escapar!- No paraban de gritar esto, mientras maldecía mi mala suerte.

-¡Maldición, tuve que haber quemado las otros motos!- Eso añadí, mientras ponía la velocidad máxima a la moto.

-¡Oh Dios mío, aún nos persiguen!- Y por otra parte, la Doncella decía esto, totalmente aterrada.

Estaba teniendo una absurda persecución en un camino en mitad de un bosque, bajando por varias cuestas. Ver para creer.

-¿¡Adónde lleva esta camino!?- Y lo más gracioso es que ni siquiera ella sabía dónde estábamos.

-¡Y yo que sé! ¡Es tu terreno, deberías saberlo tú!- No me lo podría creer.

-¡Es la primera vez que lo veo! ¡Bueno, es tan grande que ni siquiera sé la mitad de lo que tengo!- Aunque tenía yo la idea de que hacía rato que habíamos dejado sus terrenos.

Y la persecución duró algunos minutos más, hasta que los gritos y los ruidos de motos cada vez se oían más lejanos. Yo no miré porque quería alejarme cada vez más de ellos y la estúpida de la Doncella tampoco lo hizo. Al final, tras pasar una hora, el cacharro se quedó sin gasolina y nos quedamos en mitad de ninguna parte.

-¡Parece que los hemos perdido!- Eso me dijo ella casualmente, después de observar durante varios minutos el camino y no ver a nadie, mientras yo golpeaba violentamente la moto.

-Hace rato que lo perdimos, idiota.- Y eso le dije con mala leche, fastidiada por el hecho de estar perdida junto a esa idiota de mierda.

-Ah, ya veo, ¡¿en dónde estam…!?- Entonces, se calló de repente y abrió sus ojos como platos, como si se hubiera dado cuenta de algo desagradable. -¡¿Espera, un momento!?-

-¡¿Ahora qué pasa!?- Pregunté molesta.

-¡¿Por qué estoy hablando tan normal contigo!?- Eso gritaba la maldita como demente, mientras me señalaba con el dedo. -¡Te odio con toda mi alma, te iba a matar! ¡Y me ibas a dar una paliza! ¡¿No lo ves normal!?-

-¡Bueno, eso me importa una mierda! Tengo un trabajo que terminar, después de todo.- Decidí ignorarla.

-¡¿De qué estás hablando!?- Me estaba poniendo de los nervios. -¡No te entiendo, de verdad!-

-No es nada. ¡Ahora cállate, que estamos perdidas y no tengo ganas de escucharte!- Le dije, esto mientras levantaba mi puño como señal de que le iba a dar una buena si no lo hacía. Inconscientemente, se tapó la cabeza con los brazos y luego exclamó:

-¡Oh, no! ¡Oh, no! ¡Estoy perdida, junto contigo! ¡Esto es una pesadilla, debe serlo! ¡Tengo que despertar, o me volveré loca, totalmente loca!-

-¡Ay, duele, duele!-Se estiró los cachetes hasta al máximo. -Sí, es real…- Y luego, soltó varios gritos de horror tan fuertes que me dejaron sorda por un momento.

-¡Deja de gritar o te mato!- Tuve que amenazarla, poniendo mi cara más terrorífica para callarla. Y menos mal que sirvió, pero muy bien. Se calló, y se alejó de mi unos cuantos pasos hasta chocar con un árbol, totalmente aterrada y llorosa.

A continuación, miré por todas partes en busca de algo para situarnos y no veía más que árboles. Miré la posición en dónde estaba el sol y conseguí visualizar en dónde los malditos puntos cardinales. Hacia al norte se encontraba la playa, el este fue dónde habíamos venido, el camino seguía por el oeste y el sur era la dirección más idónea para encontrarse con algún rastro de vida humana sin toparnos con nuestros perseguidos, implicando el caso de que se cansaron de seguirnos y ya no estaban enfadados. Cuando tomé mi decisión, le avisé a la maldita Doncella:

-¡Vamos a por allí!- Eso dije, antes de darme cuenta de que ella ya se estaba alejando de mí por el camino.-¡¿Idiota, adónde vas!?- Añadí gritando.

Y ella desde la lejanía me dijo, sin dignarse a mirarme siquiera: -Voy a dónde me da la gana. No voy a hacer caso a alguien como tú, loca.-

Di un gran suspiro de molestia. Deseaba que esa idiota se fuera y me dejara en paz, y que la naturaleza misma le diera una gran lección de mi parte. Por desgracia, no podría hacer eso y tenía que seguirla, sí o sí. Así que tuvimos que coger finalmente el oeste.

Ella, al ver que la estaba siguiendo, intentó ir más rápida pero solo causó que se cansará, consiguiendo solo el hecho de que su largo e incómodo vestido se pusiera más pesado para ella, manchándose y llenándose con el barro que había en el camino. Yo iba tranquila pero normal, a pesar de que con cada paso que dada mi herida me dolía un montón. Lo más gracioso de todo es que la pude alcanzar, mientras intentaba recuperar el aliento.

-¿Te está gustando el paseíto?- Eso le preguntó irónicamente y con mucha mala leche.

-¡Vete a la mierda!- Y ella me respondió con esto.

Casi le iba a decir que hace años que estaba en la mierda, pero me callé preguntándome a adónde estaba yendo este maldito camino.

El camino se separó en dos pero la idiota de la Doncella cogió el que iba al norte porque el que seguía por el oeste había sido tragado por el agua de un rio que se extendió lo máximo posible, debido seguramente al deshielo de la nieve procedente de las montañas. Es más, había bastantes árboles que habían sido devorados por las aguas.

Luego, el camino siguió el enorme cauce del rio y se dirigió hacia al este para volver a seguir por el norte. A partir de este punto, es cuando se puso a descansar y yo hice lo mismo, porque no podría más andar con la maldita herida. Es más, estaba cojeando un poco.

Y tras recuperar un poco el aliento, mientras estaba sentada bajo un árbol, miré por el camino que nos faltaba y vi a lo lejos un extraño edificio. Yo me levanté rápidamente, dándome un dolor insoportable, y se lo mencioné a la estúpida de la Doncella: -¡Hey, tú! ¡Hay algo más allá!-

-Es verdad.- Miró hacia la dirección que le estaba señalando. -Por fin, hemos llegado a algo.- Y se puse a correr como loca hacia aquel edificio, olvidándose de mi presencia por unos momentos.

-Esto es realmente fastidioso.- Eso dije molesta, antes de ponerme a andar tranquilamente.

Al dar los primeros pasos, entre unos de los árboles había un cartel en que decía que estábamos entrando en territorio canadiense. Yo me quedé un poco pillada, porque no me acordaba de que en Shelijonia había cientos de trocitos de territorio canadienses repartidos por todo el norte de la puta isla.

De todas maneras, seguí andando con tranquilidad hasta llegar ante lo que parecía una verja. Y ahí me di cuenta de que no solo era un edificio, sino había varios, más un pequeño almacén. Parecía que estaban abandonados desde hace unos cuantos años, o más bien décadas. A mi lado, vi otro cartel medio roto que decía explícitamente que eso era una verdadera base militar canadiense, al parecer abandonada. ¿Qué hacía esa cosa aquí? Me pregunté, pero no le di más importancia porque escuché a la maldita de la Doncella maldiciendo sin parar.

-¡¿Por qué, por qué esto está abandonado!?- No paró de gritar como loca.

Eran cinco edificios de dos plantas con formas rectangulares que intentaban formar patéticamente un círculo y situado sobre una colina. Había rastros de un lugar para practicar tiro y el almacén estaba al lado de un pequeño muelle. Aquel complejo militar estaba en la mista costa, escondido entres dos peñascos que lo ocultaban. Perdimos buena parte de nuestro tiempo mirando por cada sitio si podríamos encontrar algo. Habían dejado varias cosas, como grandes estanterías llenas de papeles viejos; pero no había nada que nos parecía interesante. Salvo por el almacén.

-¡Qué asco!- Eso soltó ella cuando conseguí abrir la vieja puerta del almacén, estornudando por la nube de polvo que se creó. -¡¿Cuánto tiempo lleva esa puerta sin abrir!?-

Yo no respondí nada, porque el dolor que me provoqué por hacer fuerza contra la puerta casi iba a provocar mi desmayo e igualmente casi iba a caer al suelo. A pesar de todo, pude mantenerme de pie y entré en el lugar porque la otra no quería hacerlo.

-¡Increíble!- Me quedé sorprendida, al ver lo que había ahí dentro.

-¡¿Qué pasa!?- Y ella al ver mi sorpresa, entró y se quedó blanca de la sorpresa, incapaz de decir ni una sola palabra.

Definitivamente, aquel lugar estaba lleno de armas, desde ametralladoras hasta bombas aéreas, con una buena parte metidos en cajas, otros colgados en las paredes y varios tirados en el suelo.

-A nuestros queridos militares se le han olvidado hacer algo muy importante, recoger sus putos juguetes.- Eso añadí, mientras me acercaban a los varios rifles que habían sobre las mesas. Parecían antiquísimos, como si fueran de la segunda guerra mundial o algo parecido.

-¡Mira tiene de todo!- Eso decía yo sola.-¡Hasta tienen lanzallamas!- Mientras revisaba todo el lugar con grata alegría.

Ella, tras poder recuperarse del shock, me soltó esto, llena de miedo:-Eso debe estar viejo, podría explotar.-

-¡O no debe funcionar, directamente!- Eso decía, mientras revisaba la caja en dónde estaban las granadas -¡Estas mierdas deben estar caducadas hace miles de años!-

-¡¿Qué haces!?- Me preguntó al momento, al ver que cogía una y salía para afuera.

Luego, me preparé concienzudamente el brazo contrario al parte en dónde estaba la herida, quité el seguro a la granada y lo tiré bien lejos. Al pasar unos segundos, eso explotó y creo mucho humo.

-Pues sí, sigue funcionando bien.- Eso solté, antes de reírme despreocupadamente, mientras se quedada con la boca abierta.

Sin duda alguna, los que se dejaron estas armas en este lugar fueron unos idiotas. Aún así, no pensaba que nos servía de utilidad, por ahora.

FIN DE LA DÉCIMA PARTE

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