Centésima cuarta historia

La Doncella del cielo de la buena fortuna: Novena parte, centésima cuarta historia.

El sol estaba alcanzando el punto más alto del cielo, cuando alguien muy esperado subió a un escenario cutre que habían puesto, en medio de aquel enorme espacio cerrado que estaba lleno de mesas y sillas a reventar, que parecía más el celebramiento de una boda o de un cumpleaños de algún fastidioso ricachón antes que un suicidio colectivo. Y obviamente aquel lugar estaba repleto de cientos de personas que al verla se pusieron a actuar como las típicas adolescentes que se encuentra con su cantante marica que les gustan tanto que hasta se desmayan de la emoción. Ya saben, estaban chillando como nenas, y hasta algunos intentaban acercarse a ella solo para que le dieran la mano. Como la gran celebridad que era, esa no pudo evitar actuar delante de todos:

-¡¿Cómo están todos vosotros!?- Toda esa gente les respondieron que estaban bien. -¡¿Están preparados para el gran evento de nuestras vidas!?- Volvieron a gritar, diciendo está vez que sí.

Era la Doncella, quién estaba actuando como una estrella de rock, y detrás de ella estaba el puto de Roman con una sonrisa, su vieja sirvienta y dos hombres cuya existencia apenas nos importa. Mientras tanto, en el otro extremo de aquel edificio, otros dos cerraban la puerta para evitar que nadie se escapara.

La Doncella hizo una corta pausa antes de continuar, como si tuviera miedo de seguir con estar farsa; y le miró por un simple segundo a los ojos de Roman. Éste solo le hizo una mueca aterradora para decirle que continuará.

-El viaje comenzará en breve, así que, antes de nada, os daremos un gran banquete para celebrar este glorioso día.-

Tras decir aquello con un grito feliz mientras hacía una pose, todos los demás hicieron lo mismo, llenos de felicidad y gozo. Algunos lloraban, otros se abrazaban, totalmente emocionados. Incluso algún que otro idiota hizo el ridículo para mostrar su alegría ante tal esperado momento. Todo eso me parecía tan hilarante, por lo irónico que era. Estaban celebrando, sin saberlo, que le iban a matar a base de cianuro. A mí casi me iba a dar la risa.

Roman les pidió a los dos hombres que trajeran la comida y estos entraron en el pasillo en su busca. Pero ellos no volvieron, fueron atacados y con tan rapidez que no le dieron ni respirar. Quedaron desmayados en el suelo y atados, mientras su atacante decidía salir al escenario, para intervenir.

Y al salir del pasillo, aquella persona gritó esto: -¡¿Creían que iban a aparecer uno de esos gorilas con la comida, no!? ¡Pero soy yo, Will Smith!-

Y esa persona era yo, Lafayette, y dejé en blanco a todo el mundo con aquella gran aparición. Creo que fue demasiado para ellos, ya que tardaron unos segundos en reaccionar. De todos modos, decidí decir algo antes para dejarlo todo claro:

-¡Prepárense, idiotas!- Me dirigí hacia la Doncella y compañía. -¡Este es mi turno para entrar en escena, a arruinar toda esta comedia apestosa!-

El primero que reaccionó fue el maldito capullo de Roman, quién se puso a aplaudir como si yo fuera parte del espectáculo: -¡Sabía, sabía que ibas a aparecer en el último momento!- Su sonrisa de oreja a oreja me estaba molestando. -¡Eres esplendida, Will Smith…!- Y entonces, puso una más siniestra -Pero creo que has llegado demasiado lejos.-

Y sacó una pistola de la chaqueta que estaba usando. Hubo un gran revuelo, todo el mundo se preguntaba qué estaba ocurriendo, totalmente aterrados y perdidos. Toda esa alegría que había hace unos minutos se volvió en un silencio incomodo y hasta siniestro.

-¡No lo hagas!- Y la Doncella intervino, llena de ira contra mí. -¡Lo haré por ti! ¡La mataré!- Le intentó coger la pistola, pero éste la empujó y la tiró al suelo.

-¡¿Así que la mosquita muerta me quiere meter un disparo!? ¡A ver si te atreves!- Y yo me puse a reír como loca, burlándome cruelmente de ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas, llenas de resentimiento, mientras se levantaba del suelo.

-¡Lo siento mucho, pero debes desaparecer, maldito demonio que intenta arruinar nuestro querido viaje!- Alzó el arma, mirando hacia mí. -Muer…- No le dio tiempo a terminar la frase, ni menos de darme el disparo, porque me acerqué a toda velocidad y le di una patada tan fuerte en el estomago que lo puso a cuatro gatas y empezó a vomitar fuertemente.

Entonces, yo me dirigí hacia todo el público que estaba observando en silencio, perplejo ante lo que ocurría en el escenario, antes de golpear a Roman fuertemente mientras él seguía vomitando, para dejarlo inconsciente:

-¡Hey, todos ustedes!- Se quedaron paralizados. -¡¿No se dan cuenta de todo esto!? ¡¿De qué todo esto es una estupidez!? ¡¿Creen que existe la tierra de las personas felices, que la Doncella es una diosa o una enviada de lo que sea!? ¡Por favor, piensen por un momento! ¡¿Lo creen de verdad!?-

Entonces, esto se volvió un mar de murmullos. Todos se preguntaban sin parar qué quería decir yo con esas palabras, intentando ocultar su miedo a pensar si todo lo que creían se derrumbaría en mil pedazos. No lo siento por ellos, ya que vine aquí preparada para arruinarles sus esperanzas.

-¡No la escucháis, eso es toda una mentira!- La Doncella fue a por mí, para detenerme. -¡Es solo para confundíos, y hacer que no podamos ir hacia al paraíso!- Pero la esquivé fácilmente y con una mano la hice caer al suelo.

Todos me empezaron a enloquecer, al ver que le había hecho algo a su querida Doncella. Pero como no movieron ni un dedo para salvarla, seguí provocándola:

-¡¿Eres idiota o qué!? ¡Deja de actuar, solo eres una simple niñata que se ha inventado todo esto y te has juntado con un loco para acabar matando a miles de personas!-

-Yo, es que…- La Doncella apretaba el puño fuertemente, mientras se levantaba. -¡Todo eso no es verdad, para nada!- E intentó volver a golpearme.

-¡Vaya mentirosa que eres!- Pero hice otra vez lo mismo.- ¡Siempre lo fuiste, qué patético!- Y ella se levantó e intentó darme un buen golpe, mientras todo el mundo intentaba entender lo que estaba ocurriendo.

No paró durante unos cuantos minutos, haciendo tal esfuerzo en vano. Ella siempre intentaba golpearme, pero yo la tiraba al suelo y la dejaba en ridículo, riéndome muy fuerte.

-¡Deja de búrlate de mí!- Y cada vez estaba más encolerizada y llegó al punto de que iba a asentarme un golpe, pero la cogí del brazo y le una patada en todo el costado, que la hizo caer al suelo, gimiendo de dolor.

Incluso la vieja sirvienta intentó ayudarla, pero ella la detuvo, deseosa de golpearme con sus propias manos. Como ella me estaba haciendo perder mucho tiempo, decidí ir al grano:

-¡¿Todos os estaréis preguntando qué está ocurriendo!? Pues os lo voy a decir: ¡Qué os querían matar! ¡A todos! ¡El banquete que os iban a traer iba a ser el último! ¡Es más, está lleno de cianuro y con esa mierda, un solo bocado es fatal!-

Gritos de sorpresa y horror se extendió por todo el lugar, incapaces de asimilar lo que estaban escuchando. Después de todo, era normal, solo creían que se iban a ir en un puto y estúpido viaje espacial.

-Y jamás iba a haber un viaje a la tierra de las personas felices, solo os iban a mandar al más allá. Y eso que era tan bien obvio, ¡¿nadie de vosotros se dio cuenta de esta farsa!?- Y decidí burlarme de ellos.

-¡Cállate, cállate, por el amor de Dios!- La Doncella me pedía con toda la desesperación del mundo que me callará la boca, mientras intentaba levantarse a pesar del dolor. Yo ni la hice caso.

-Y es más, os han engañado sin parar. Se han quedado con vuestro dinero y propiedades, os han hecho vivir como pobretones, os han humillados con cientos de estupideces. ¡Todas vuestras esperanzas han sido en vano! ¡¿Cómo se sienten, querida gente!?-

El murmullo que vino después de mis palabras fue tan grande que apenas se oía nada y me daba dolor de cabeza. Y la maldita Doncella no paraba de decirles esto:

-¡Todo lo que dices es mentira, pura mentira!-

Muchos de esos idiotas hacían caso a aquella chica desesperada que en aquellos momentos estaba llorando como una magdalena, gritándome que todo lo que decía yo era una mentira, que solo les estaba diciendo eso para que no pudieran ir al planeta de las personas felices. Algunos callaban muy pensativos, como si tenían una lucha en su interior entre sus creencias y lo que les estaba contando.

-¡¿Así que no me creen!?- Decidí buscar una manera definitiva para hacerles entrar en razón.- ¡Supongo que no me dejan más remedio!- Y me dirigí hacia la Doncella, quién olió mis intenciones.

-¡¿Qué haces!?- Eso preguntaba aterrada, incapaz de huir mí. Yo rápidamente le cogí del cuello y empecé a ahogarla.

-Te soltaré el cuello, si les dices que todo esto ha sido un engaño tuyo, que les han mentido y humillado sin parar, y que ibais a matar a todos esos idiotas. ¡Vamos, dilo!-

Y poquito a poco aumentaba la presión, mientras ella se estaba poniendo morada, sin que nadie se atreviera a detenerme. Ni siquiera la vieja de la sirvienta, que se desmayó la muy inútil.

-¡Vamos, dilo de una vez!- Eso le gritaba, sin parar. -¡Rápido!-

-V-vale, vale…- Y ella, intentó decírmelo. -P-p-po…fa…vor…- Mientras intentaba patalear y mover los brazos en un intento desesperado para soltarse.

Al final, paré de presionar contra su cuello y ella pudo respirar de nuevo. Con señales, le señale el micrófono y que les dijera la verdad. Ella lo cogió y los miró por varios segundos, incapaz de atreverse. Tuve que darle un empujoncito, dándole un fuerte codazo.

-Pues la verdad es que…-Se quedó callada durante unos segundos. -Bueno, yo…- Luego, otro durante un largo minuto, pero al final les pudo decir la verdad, cerrando los ojos y temblando sin parar como un flan. -Lo siento mucho, todo lo que dice ella es verdad. Y-yo todo eso me lo inventé para pasar un buen rato, nada más. Ni sé cómo se convirtió en todo esto.-

Hubo un silencio incómodo tras aquellas fuertes declaraciones, se notaba cómo se les rompía el alma en mil pedazos. Unos segundos después, estalló un enorme griterío. Las cientos de personas que habían en aquel lugar pudieron reaccionar, de las formas más variadas y desesperadas posibles.

-¡¿Entonces, todo en lo que creía era una mentira!?- Algunos, cayeron al suelo.

-¡¿Es una broma, no!? ¡Por favor, Doncella, di qué es una broma!- Otros intentaban negar desesperadamente lo que oyeron.

-¡No puede ser verdad!- Unos gritaban desesperadamente.

-¡Es imposible!- Llegando al punto de llorar.

-¡¿Por qué, por qué, nos han hecho esto!? ¿¡Por qué!?- O también, golpeaban con furia contra las mesas.

Y entonces, aquellos desesperados gritos por ver cómo todo lo que creías se derrumbó como naipes, en cuestión de segundos; se deformaron, de alguna forma, en chillidos de horror y sorpresa al recordar que les dije que le iban a envenenar con cianuro.

-¡¿De verdad, nos querían matar!?- Gritaban sin parar, algunos.

-¡Nos iban a envenenar!- Otros, soltaban esto.

Y empezaron a gritarle a la Doncella miles de preguntas sobre esa cuestión. Ella ni se dignó a contestarlas y aquella masa de descerebrados empezó a extenderse la ira y las ganas de matar a alguien. Al darse cuenta de que no podrían abrir la puerta de la nave, no le ayudaron mucho a tranquilizarse.

Y entonces, entre aquel caos, alguien empezó a reír como un demente con tal fuerza que hizo que todo el mundo se callará al instante. Era el cabrón de Roman, que estaba consciente y se está levantando del suelo.

-¡Es verdad, todo es verdad!- Mostraba una sonrisa que aterra a todo idiota que lo observarse. -¡Yo os quería llevar a la tierra de las personas felices! ¡En otras palabras, al más allá! ¡¿No es eso lo qué querían todos ustedes!?-

Perdió totalmente el tornillo, porque se puso a hablar hacia al techo con los brazos totalmente abierto, mientras reía dementemente. Todos lo miraban con puras caras de terror y éste se dio cuenta enseguida:

-¡Ahora no me digan que no, que tienen apego a la vida, a vuestra patética y estúpida vida!- Y se enfadó, al parecer; y decidió justificar su acción, mientras el lugar se llenaba de murmullos sobre lo loco que estaba aquel tipejo, antes de callarse como perras.

-Todos ustedes odiaban su vida, ¡absolutamente todos!- Se puso a señalar a todo el mundo.-¡Vidas aburridas cuyo sentido no podrían encontrar por mucho que buscasen! ¡La búsqueda de un amor ideal que les llevaría a la felicidad eterna! ¡Perder una vida llena de lujos, condenándote a estar atrapado en un callejón sin salida! ¡Todos ustedes, sin excepción, no han parado de sufrir miserablemente! ¡Por eso llegaron a esta iglesia, huyendo desesperadamente de sus problemas! ¡Algunos caen en las drogas, otros en los juegos, incluso hay un montón que se entregan a los placeres carnales! ¡Pero ustedes fuisteis a nosotros y yo os he dado la solución!-

Nadie se atrevió a replicarme, salvo seguir mirarlo con horror. Él continuó:

-¡Lo mejor que podría hacer por aquellas pobres almas era liberarlos de su eterno sufrimiento, que es la vida, a través de la muerte! ¡Eso es! ¡Soy una persona realmente amable!-

Parecía un actor de teatro que le estaba explicando a su público lo que estaba ocurriendo en la obra. Al final, sus palabras fueron replicadas por todo el mundo, que le empezó a gritar e insultar:

-¡Eres un monstruo!- Decía uno. -¡Asesino, genocida!- Gritaba otro. -¡Qué alguien le llevé a un manicomio.- Llegó a decir alguien. Y esto solo era una pequeña muestra de todos los insultos que le dijeron.

-¡¿Y por qué se ponen así!?- Su cara era todo un todo poema, se quedó mirando a su público, como si no entendería por qué ellos estaban muy enfadados con él. -¡Miles de vosotros intentasteis hacer suicidio en el pasado! ¡Yo solo les quería dar un empujoncito a los pobres cobardes que no podrían matarse por ellos mismos!- Y tras decir eso, empezó a reír mientras el lugar se llenaba de murmullos, de varias personas diciendo que tenía razón él, que muchos de ellos deseaban realmente morir en algún momento. Otros decían que no deseaban eso, que deseaban seguir vivos.

Y yo harta de escuchar su molesta y fastidiosa risa, decidí gritarle esto, mientras me preparaba para dejarle inconsciente de nuevo:-¡Estás majara! ¡¿Por qué no te callas de una puta vez!?-

-Tú también…- El muy puto soltó esto con una voz tenue, mientras me miraba de tal forma que me entraba ganas de vomitar.

-¿Yo qué?- Le grité, esperando enterarme qué intentaba decirme aquel puto.

-Tú te has cansado de vivir, lo veo por tu cara, en tus ojos, estás harta de seguir existiendo, ¿¡quieres desaparecer, verdad!? -Me sintió fatal que hubiera adivinado tan bien lo que yo sentía, tanto que era irritada.- ¡Pues hazlo, mátalos a todos junto contigo, consigue que realicen su viaje al planeta de las personas felices!?-

Me señaló a todo el mundo, como una señal para que le hiciera caso y empezará a matar gente; con unas risas que estremecieron a todo el mundo, que estaban a punto de entrar en pánico y salvar su vida desesperadamente.

Y yo me puse a reír como una loca, haciendo que todos se cagaran en los pantalones, pero en vez de hacer lo que quería, le grite esto:

-Hubiera dejado que todos os hubierais muerto, pero tengo órdenes de que no exista ninguna tragedia en este maldito lugar.- Se lo dije de forma burlona, para dejarle claro que él era el idiota por pensar que iba a hacer lo que él deseaba. Luego le señalé con el dedo y añadí:

-Y además siento que el único que desea morir realmente eres tú, alguien tan cobarde que mandará junto con él a ciento de personas…- Eso solo provocó que pusiera un rostro de mala leche hacia mí realmente hermosa, haciendo que solo me entrará más ganas de burlarme de él: -¡Qué patético, de verdad! ¡Pero patético, de verdad de la buena!-

Entonces, él salió a toda velocidad hacia mí para darme una buena paliza y yo hice lo mismo. Nos dirigíamos el uno hacia al otro con un puñetazo en alto, directo en la cara.

-¡Te haré descansar!- Eso me gritó con toda su furia.

-¡Tú serás el primero!- Y yo no quedé atrás.

¿Y quién ganó? Es bien obvio: ¡Yo!

A pocos centímetros de él, me agaché y dirigí mi puño hacia su bardilla a toda velocidad, sin que él pudiera evitarlo a tiempo y haciendo que fuera a volar antes de caer violentamente contra el suelo. En total, le engañé desde el primer momento, dando la ilusión de que le iba a un puñetazo frontal en toda su cara. Me sentí tan bien al ver que le había dejado inconsciente de nuevo que empecé a reír como demente, ante el horror de todo el mundo.

-¡Toma eso, capullo!- Le gritaba victoriosa y feliz.- ¡Te lo mereces por subnormal! Incluso llegué a patear varias veces contra su cuerpo.- ¡Ojala sigas teniendo la vida tan perra que tienes!-

Y estaba tan ocupada en humillar a aquel idiota, que nuestra querida Doncella aprovechó el momento para coger la pistola que cayó al suelo y prepararse para matarme. El público no entendía nada, pero estaba aterrado, porque sentían que eso solo sería el inicio de una verdadera tragedia, que tal vez acabaría con todos. Después de todo, vieron que estaban con unos chalados que podrían ponerse a asesinar a cualquiera.

Yo no me di cuenta de eso, hasta que ella, que temblaba de terror y me observaba llena de furia y con ojos llorosos, me gritó esto:

-¡No has cambiado nada, sigues siendo la misma hija de puta de siempre!-

-¡¿Qué quieres, pesada!?- Miré hacia ella y al verlo, comprobé lo que iba a hacer. -Ya veo…- Añadí de forma fatalista porque sentí que no podría poder evitarlo a tiempo.

-Juro que te mataré aquí, ahora mismo.- Y al terminar la frase, disparó. El retroceso provocó que ella cayera al suelo idiotamente, mientras yo notaba que algo había chocado violentamente contra mi abdomen, una sensación horrible que había conocido y que volvería a notar de nuevo. Un dolor inexplicable se extendió por todo mi cuerpo y sentí ganas de gritar con gran desesperación. ¡Qué nostálgico, qué bonito es volver a recibir un disparo!

Gritos de horror se volvieron a escuchar por todo el lugar, pero no les di importancia. Me toqué con una mano la herida, mientras la sangre caía a chorros hacia al cuerpo inconsciente de Roman, para comprobar cómo era. Con el dolor que sentía, hacer eso era incluso era difícil, mientras intentaba aguantar desesperarme para no desmayarme.

Y sonreí de oreja a oreja, como si fuera gracioso. En realidad, lo era. Fui disparada por alguien que hice mucho daño en el pasado y si fuera ella la que me matase, sería realmente irónico.

¿O esto es lo que muchos llaman karma?

Miles de recuerdos me pasaron por la cabeza, pero una especialmente se volvió a repetir en mi cabeza con todo lujo de detalles. Eran una típica y normal conversación, nada fuera de lo común:

-Las injusticias que cometemos, son frutos de nuevas injusticas. Más bien, el daño que hiciste en el pasado, te lo devolverán de alguna manera en el futuro. Las venganzas son buena muestra de ellos.-

Eso me decía ella tranquilamente, mientras devoraba la comida que preparó con tranquilidad. No recuerdo ahora cómo la conversación llegó a este punto, ni tampoco lo que dije después, que debía ser una completa tontería. No sabía decir si estaba molesta o más bien intentaba buscarle tres patas al gato.

Pero recuerdo perfectamente la respuesta que me dio, y lo dijo cómo si estuviera reflexionando ella misma a la vez que conversaba conmigo:

-Las personas que creen que ser mala persona es mejor que ser una buena, no se dan cuentan de lo que dicen. Si se deciden a hacer el mal, todo el daño que hicieron, se lo devolverán a ellos. Multiplicado, varias veces. Es sola la consecuencia de nuestros actos. O eso creo…-

Esas palabras resonaron por mi cabeza una y otra vez. Después de todo, desde mis primeros años de vida, había estado todo el tiempo provocando injusticias a los demás. Para huir de mi sufrimiento, intenté darles el doble a otras personas. Pero siempre me lo devolvían y lo único que hice solo fue multiplicarlo aún más. Ya saben, era como un ciclo vicioso. La violencia que creaba solo volvía a mí y me creaba mucho más dolor que antes, así que lo único que hice fue devolverlo mil veces peor. Una y otra vez, sin parar. Y no me puedo detener, hasta ahora sigo soportando esto.

Fue la consecuencia de mis actos que hizo que cientos de personas me odien a muerte, el hecho de haberme perdido en las montañas, de haber sido atrapada por Elizaberth y condenada a morir, de haber sido usada como marioneta por unos idiotas haciéndome creer que iba a ser Zarina y ser disparada por una india; de haber sido apuñalada de Sasha y de haber sido alcanzada de nuevo por una bala. De tantas cosas que no puedo ni imaginar.

Y lo gracioso es que de alguna manera u otra siempre salía viva. Me he enfrentado a miles de situaciones cercanas a la muerte y sobreviví. Aún así, es como si un dios todopoderoso hiciera eso solo para hacer que yo siguiera sufriendo aún más que antes. Por eso, estoy tan cansada de esto, solo quiero descansar de una vez, que dejen en paz al pobre zombi llamada Lafayette.

Tal vez, sea el momento de hacerlo.

Y entonces recordé el brillante rostro de aquella hermosa persona que me dijo aquellas palabras, la que me salvó de una muerte segura, de mi única amiga en este mundo. Se sentiría triste si fuera que me hubiera muerto y estaría en peligro de muerte.

Por aquella razón, me mantuve en pie y aguanté aquel insufrible dolor, para demostrarles a los demás de que ni siquiera una bala me tiraría al suelo. Me puse a reír como loca, mientras comprobaba que no era tan grave como parecía. De alguna manera, la bala rozó mi piel dejando una enorme herida superficial. Al parecer, esa suerte milagrosa volvió a actuar en mí.

-¡¿Es eso todo lo que tienes!?- Le grité desafiante a la estúpida esa de la Doncella.-¡Dispara, vamos!-

Ella estaba totalmente aterrada e incapaz de entender lo que estaba pasando, gritó desesperamente: -¡¿Cómo es posible esto!?-

Ella intentó dispararme pero descubrió con horror que no tenía balas. Yo solo le respondí lanzando fuertes carcajadas y cogí la falda de mi propio vestido. Con mucha fuerza de voluntad y fuerza, lo rompí hasta hacerlo una especie de minifalda. Luego, use esa tela que rompí para utilizarla como un vendaje que lo até desde el hombro hasta la herida.

-¡¿Ahora, qué harás!? ¡Ya no tienes balas, ya no me puedes matar! ¡Qué patético, qué patético!- Eso le grité al final, enloqueciendo como una loca, mientras veía como ella se ponía a llorar desesperadamente al ver que iba a recordar sus viejos traumas conmigo.

FIN DE LA NOVENA PARTE

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