Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Segunda parte, centésima quinta historia.

Cuando Malan, quién estaba en su habitación, oyó el sonido del timbre, salió disparada hacía la puerta para abrirla, mientras les gritaba a sus padres que ya iba ella.

-¡Buenos días, lenta simpática!- Saludó, cuando abrió la puerta y vio que quién había llamado a la puerta era la persona que estaba esperando, Josefina.

-¡Hola, Malan!- Y ésta saltó hacia Marta, sin darle importancia que le había llamado así de nuevo, dándole un gran abrazo que la estaba ahogando.

-¡J-josefina, Josefina, me estás ahogando!- Eso le pedía Malan desesperadamente.

-¡Ah, perdón, perdón!- Y Josefina la soltó rápidamente, riéndose nerviosamente por haber sido tan bruta.

Al terminar de reírse, Malan le pregunta esto: -¿Qué pasa para que me des ese abrazo?-

-Porque te quiero pedir un favor.- Y eso le soltó, mientras juntaba sus manos, para dejarle claro que le iba a suplicar.

Tras decir esto, Malan llevó a Josefina hacia su habitación para charlar las dos tranquilamente, antes de pedirle amablemente a su madre si podría llevarles más tarde té.

-¿Y qué favor quieres pedirme?- Eso le preguntaba a Josefina, mientras ésta se sentaba en su cama. Malan se sentó en su silla.

-Pues, bueno…- Le daba algo de corte decirlo. Pero rápidamente se atrevió y le se lo dijo: -¡Necesito vivir aquí!- Se lo pidió con las palmas de las manos juntas y cerrando fuertemente los ojos. -¡Solo serán por unos pocos días!-

Josefa mentalmente suplicaba para que le respondiera que sí y Malan se quedó mirándola por varios segundos. Estuvo algo sorprendida al principio, aunque no se le notaba en la cara; luego, puso una sonrisa al imaginarse lo que había pasado para pedirle algo así.

-¿¡Te has peleado con tu madre y te has ido otra vez de casa!?- Eso le soltó, totalmente segura. Ya ocurrió una vez.

-¡¿Cómo lo has sabido!?- Y Josefina se quedó con boquiabierta, gritando de sorpresa al ver que ella lo supo enseguida. Se preguntó seriamente si ella era una adivina.

-Es algo que tú harías perfectamente.- Eso le dijo Malan, entre risas; mientras Josefina se quedaba preguntando qué quería decir con eso.

Y Malan añadió esto, con el propósito de escuchar toda la historia de Josefina: -Dime, ¿qué te ha pasado exactamente?-

Y entonces Josefina se lo contó, con todo lujo de detalles y a su modo, enrollándose un montón y yendo a una velocidad tan rápida que a Malan le costaba seguirla. Pero pudo entenderlo todo, por lo menos una gran parte. Así pasaron casi una hora.

-Entiendo la situación.- Decía como conclusión Malan.-Realmente, tuvisteis una discusión muy tonta.- Mientras empezaba a pensar en cómo solucionar el problema.

Después de todo, le parecía una situación muy estúpida y fácil de arreglar, pero con Josefina queriendo estar en su casa podría volverse muy molesto y complicado para todos. Entendía los sentimientos de Josefina y estaba de su parte, ya que creía que su madre se puso demasiado inflexible; pero ella no debía haber escapado de casa.

-Tonta por su parte. Debería alegrarse, no ponerse cómo una furia.- Y le replicó Josefina, que con solo recordarlo se ponía de muy mal humor. Empezó a patalear de la rabia e inflarse los mofletes.

-Pareces una niña pequeña.- Eso le dijo Malan, quién le estaba haciendo mucha gracia cómo se estaba comportando Josefina. Le pareció algo lindo a la vez que inmaduro.

Y Josefina se levantó de la cama, mientras le soltaba esto: -Es que es tan fastidioso, tener una madre como ella. Necesita que le den una buena lección para que trate mejor a sus hijos.-

Y, entonces, desde el otro lado de la puerta, se oyó una voz: -¡Tienes razón!-

Al momento, se abrió la puerta y era la madre de Malan, quién entró con una bandeja con tazas llenas de té y gritó esto:

-¡¿Qué tipo de madre se comporta así solo porque su hija saca un aprobado mínimo!? ¡Es una completa idiota!- Lo dijo con una gran furia justiciera.

-¡¿Mamá!?- Mientras Malan decía esto muy sorprendida.

-¡¿A qué sí!?- Y Josefina se puso muy feliz al ver que alguien estaba de su lado.

Entonces, la madre de Malan se acercó a Josefa, antes de dejar la bandeja en la mesa; y le empezó a contar esto:

-Te entiendo perfectamente, Joséfissa. Yo también tuve una madre así, que siempre me regañaba por no sacar notas sobresalientes. -Volvieron a ella malos recuerdos y apretaba el puño por el rencor.- Mis hermanos mayores eran unos capullos sin remedio y siempre se burlaban de mí, me llamaban la tonta de la familia y me restregaban sus altísimas notas.-

En vez de decirle que se llamaba Josefina, se quedó sorprendida y feliz, ya que había encontrado a alguien que había sufrido lo mismo que ella. No solo por tener una mamá regañona, sino por tener unos hermanos muy malos. Sintió como si hubiera encontrado a una alma gemela.

-Yo también he pasado por todo eso- Eso decía Josefina, con ganas de llorar. -Debió ser realmente duro.-

Mientras tanto, Malan tenía un mal presentimiento, ya que su madre era especialista en empeorar los problemas en vez de solucionarlo. Esperaba que no hiciese lo que estaba pensando ella. Y con esto en mente, se acercó a una taza de té y, tras tomarlo, vio que estaba frío.

-Mamá, ¿¡por cierto, estuviste espiándonos un rato!?- Eso le preguntó Malan, al pensar en la posibilidad en que ella estuvo un buen rato detrás de la puerta escuchando toda la conversación. Le respondió esto con toda normalidad:

-Solo estuve un rato, pero eso no importa…-Y el mal presentimiento de Malan se cumplió. -… ¡porque vamos a enseñarle una lección a la madre de Josefina!-

Eso gritó, con el espíritu ardiendo por las ganas que tenía de hacer eso, y Josefina la siguió, contagiada por esos ánimos:

-¡Hay que enseñarle que debe tratar mejor a su hija!-

-¡Eso, eso! ¡La hija no es una máquina de sacar sobresalientes!- Y empezaron a gritar.

-¡Por supuesto que sí!- Levantando el puño en alta varias veces. -¡Tiene que reconocer mi esfuerzo!-

-¡Así es, ese es el espíritu!- Mientras Malan las observaba con mala cara, preguntándose qué estaba haciendo precisamente.

-¡Después de todo, estoy que ardo!- Solo veía a ellas dos diciendo cosas en voz alta.

-¡Y yo también!-

Tras decir eso la madre de Malan, Josefina preguntó esto, parándose en seco: -¿Y bueno, qué vamos a hacer?-

La madre se quedó en blanco, al darse cuenta que no tenían ningún plan, mientras Malan, al ver su reacción, se quedó mirándola, diciéndose que era bien obvio que no se le ocurrió nada.

-Pues, ahora…- Pero, para no arruinar el momento, la madre pensó rápidamente en algo. -¡Ah, sí!-

Y se le ocurrió esto: -¡La llamaremos por teléfono y le diremos sus verdades!-

-¡Me parece una gran idea!- Eso dijo Josefina, gritando. Y luego, añadió en voz alta: -Bueno, mientras tú hables…-

En pensar en la simple idea de decir las verdades a su madre le daba realmente pánico.

-¡No te preocupes, eso haré!- Eso le decía la madre de Malan: -¡Soy una madre, estoy a su mismo nivel!-

Así las dos se fueron directos hacia al salón a toda velocidad, con el firme propósito de llamar a la madre de Josefina.

-Lo que van a provocar…- Eso decía Malan, mientras daba un gran suspiro de fastidio, al ver que este simple asunto iba a empeorar, por culpa de su madre.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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