Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Octava parte, centésima quinta historia.

En la pista de la bolera había pasado casi más de media hora desde que Malan les dijo a todo el mundo que iba a consolar a Josefina. Desde aquel entonces, por recomendación suya, todo el mundo siguió jugando. Noemí seriamente intentaba sacar mejor puntuación que Mao, aunque siempre era en vano, ya que apenas podría alcanzar a tirar tres y éste le superaba, a pesar de que no se lo tomaba en serio. Con deportividad sana y seria, los padres de las familias hacían su mejor esfuerzo, mientras Alex y Sanae se divertían como nunca. Los hermanos de Josefina ni siquiera sabían cómo jugar, le tuvieron que explicar las reglas varias veces porque esos no se enteraban de nada. Las que se tomaban con demasiada seriedad eran las mamás, que no tenía nada más en mente que derrotar a la otra sea como sea. No paraban de jactarse de que iban a ganar y cada dos por tres terminaban dándose gritos. Incluso decidieron ocupar el puesto que dejaron Josefa y Martha para seguir con su absurda competición. Aunque se sentían muy mal las dos por haber ocupado el lugar de sus hijas, cada una miraba siempre a los servicios por si ellas aparecían.

-Estoy preocupada, ¿por qué están tardando tanto?- Eso decía la madre de Josefina tras terminar su turno, después de hacer strike. Totalmente llena de remordimientos, deseaba que Martha trajera a su hija pronto, con su típica alegría y con aquella bronca que tuvieron en el más profundo de los olvidos.

-Es verdad…- Añadió la de Martha. -Están tardando demasiado…- Ella también se estaba preocupando por su hija, y un poco por Josefina.

Y no solo ellas, quienes se pusieron rápidamente a pelearse; los padres también estaban preocupados, al igual que Mao y las gemelas.

-¡¿Por qué no vamos a los servicios de una vez!?- Eso decían Alex y Sanae al unísono. -¡Tanta espera nos molesta!-

-¡Dejen de protestar!- Les replicó Mao.- ¡Ellas ya saldrán cuando les dará la gana!- A pesar de esas palabras, que intentaba ocultar su nerviosismo; también se estaba cansando de tanto esperar y quería ir a ayudar a Martha a animarla. Pero éste confiaba en ella y por eso controlaba aquellos impulsos. Después de todo, la que mejor podría comprender a Josefina, era la africana.

Sobre el partido de bolos en particular, los dos equipos estaban muy igualados, aunque el de los Malan iba a la cabeza, gracias sobre todo a lo malos que son los hermanos de Josefina.

Y al final, las dos que faltaban salieron del cuarto del baño y se acercaron a ellos. Mao y las gemelas, quienes las saludaron; fueron los primeros que se dieron cuenta. Y luego todo los demás. Josefina estaba detrás de Martha, como si se estuviera escondiendo de alguien. Más bien, ocultaba su rostro, para no enseñarles a los demás cuánto había llorado, sobre todo a su madre, quien añadió:

-¡Por fin, has vuelto!- Le decía eso a Josefina, en forma de pequeña regañina. -¡No deberías haber pasado tanto en el baño…!- Pero Martha la calló al momento.

Aunque se había aliviado de ver que su hija ya salió de los servicios, siguió haciéndose la dura, porque su orgullo le obligaba a actuar así. Martha, al ver que iba a meter la pata de nuevo con sus comentarios, se acercó y le tapo la boca, delante de todo el mundo. Tanto Josefina como sus demás hermanos se quedaron de piedras.

-¡Bien hecho, hija mía!- Eso gritó su madre de alegría, a ver cómo su hija calló a aquella mujer. Lo que no se esperaba es que también se lo iba a decir a ella:

-Mamá, lo siento mucho pero deberías quedarte en silencio durante un rato. Por favor, hazlo por mí.- Lo dijo de la forma más dulce posible para no herir sus sentimientos, pero aún así su madre quedó en shock al momento.

Después de eso, le quitó la mano de la boca y la madre de Josefina reaccionó así:

-¡¿Pero, qué haces!?- Le gritó de muy mal humor.

-Eso no importa.- Le respondió esto, antes de decir esto con una gran seriedad: -Ahora solo quiero hablarte de algo muy importante.-

-¡¿Y qué es!?- Le preguntó molesta.

-Qué le pidas perdón a tu hija.- Cada uno de los hijos gritaron de la sorpresa, al ver que alguien se atrevía a decirle algo así a su aterradora madre.

-¡¿Y por qué crees que haría eso!?- Esto era un desafío para la madre de Josefa.- ¡No he hecho nada malo!- Y su orgullo respondió ante Martha, quién rápidamente le cogió de la mano y se intentaba llevar a algún sitio.

-¡¿Adónde me llevas!?- Le preguntaba a Malan, mientras se dejaba llevar por ella.

-Te lo explicaré mejor en los servicios.- Le respondió, y además añadió con plena confianza esto: -Definitivamente te convenceré.-

Tras entrar en los servicios, la primera que abrió la boca fue la madre de Josefina:

-Y bueno, ¿qué argumento vas a usar para convencerme?- Eso le dijo, totalmente desafiante y Martha con tranquilidad inició su argumentación:

-Josefina saco un cinco y medio más o menos, ¿no?-

-Sí, esa era su nota.- Le respondió la madre.

-¿Y cuántas personas de su clase crees que aprobaron? Solo siete de veinticinco personas. Si calculamos su porcentaje, el resultado sería veintiocho por ciento. Es decir, más de la mitad no pudo aprobarlo.-

Iba a añadir más cosas, pero la madre la interrumpió, quién se puso a reír levemente para luego decir:

-¿Intentas decir que porque la mayoría no haya aprobado y que Josefina sí, es suficiente motivo para arrepentirme y pedirle perdón a ella? Si es así, creo que vas por mal camino.-

-Eso no es todo, solo me has interrumpido.-Le replicó Malan. -Continuando con mi argumentación, Josefina no está en una de las clases más brillantes de su instituto, pero es uno de los más decentes. Normalmente, menos de la mitad habría aprobado, pero este examen fue distinto por dos motivos.-

-¡¿Y cuáles son!?- Preguntó provocadoramente la madre.

-El tema que realizaron fue uno excepcionalmente complicado para el nivel de la clase. Era álgebra. Tengo que decir que para mí eran fáciles, ya que después de todo ya los estudié hace poco y los comprendo muy bien, pero para Josefina y sus compañeros es todo un mundo nuevo.-

-De eso trata la educación, enseñarles conocimientos y habilidades nuevas a los niños y hacer que lo comprendan.- Añadió solemnemente la madre.

-Y de eso se trata el segundo motivo, más o menos. Para hacer que lo comprendan, necesitas que alguien te lo muestre y te lo expliqué. En definitiva, hablamos del profesor. ¿Y si éste no fuera capaz de hacer ese cometido? Pues pasarían cosas como estas, que solo siete alumnos pudieron entender sus explicaciones. No les pudo transmitir ese tema.-

-¿Entonces, estás llamando negligente a un adulto? Tienes agallas, pequeñaja.- Con grata sorpresa, se sorprendía un poco de que fuera capaz de criticar de una forma tan intelectual sobre un profesor.

-No es eso, solo digo que no hizo un buen trabajo explicándoles los primeros pasos para entrar al álgebra.- Le replicó Malan.

-El álgebra es una pesadilla que muchos estudiantes han tenido que sufrir. Yo los odié con toda mi alma. Por eso, tal vez el profesor hizo bien su trabajo pero nadie le hizo caso. Los alumnos pudieron ser negligentes y no lo contrario.-

Aunque se sentía molesta por el hecho de que estuviera hablando de un tema sobre educación con una niña, por otra parte se alegraba poder mantener una discusión con alguien de un nivel mayor de lo esperado, le recordaba los viejos tiempos en dónde se ponía a pelearse con sus amigos de la universidad sobre todo tipo de cosas interesantes. Tenía mucha envidia de la madre de Martha por tener una niña tan inteligente. Ella por su parte, siguió contra argumentando:

-Tal vez, la negligencia del profesor provocó el de los estudiantes. Pero tengo que decir que pocos pueden interesarse por el álgebra y muchos han pasado de ella. Pero nos estamos desviando del punto principal. -Martha quería charlar mucho sobre ese tema, pero ella tenía un objetivo que cumplir.- Después de todo, Josefina si se esforzó de verdad y consiguió aprobar, a pesar del tema en cuestión, que apenas lo entendía y de la incapacidad de su profesor para explicárselo.-

Luego, añadió esto con un tono de voz fuerte y clara, mientras apuntaba su dedo hacia la madre de Josefina; con una cara totalmente seria:

-Ella definitivamente consiguió un resultado satisfactorio, a pesar de todas las adversidades.-

La mamá de Josefina se quedó en blanco por varios segundos. Sabía que ella tenía razón, que se había pasado; pero su orgullo, como una mujer inteligente que siempre sacaba la máxima nota, cuya motivación siempre fue ser la mejor de todos y alcanzar la cima; no le permitía aceptar su error y habló por ella:

-Entonces, ¿¡por qué no sacó un seis o un siete, o mejor un nuevo o un diez!? ¡¿Por qué tuvo que sacar un cinco y medio!? ¡Si se esforzó, entonces debería haber sacado más!-

Solo deseaba que uno de sus hijos, fueran tan inteligentes como ella y que la superaren. Josefina iba por el buen camino, pero ese cinco y medio era como una verdadera humillación para su deseo. No podría pensar en nada más que eso hasta que Martha le gritó, fuera de sí:

-¡¿Tanto te molesta eso, que haya sacado esa nota!? Es solo una puntuación, un mísero número. Tener que basar el esfuerzo de Josefina en algo así es muy injusto para ella.-

Eso le volvió a la realidad a la madre de Josefina, quién se quedó mirando la cara de enfado de Malan. Aquella niña estaba enfadada porque la madre de su amiga no se daba cuenta del error que estaba cometiendo, de que el esfuerzo o incluso la inteligencia de una persona no se deben guiar solo por las notas que ponen en un examen y porque conoció en primera persona como Josefina hizo todo lo que pudo. Pisotearlo así, era suficiente para enfadarla y decidió explicarle a su madre lo que vio:

-Yo sí la vi esforzándose. He pasado tardes e incluso noches ayudándola, ya sea explicándole lo que tenía que hacer en los ejercicios o las cosas que entraban en un examen. Tarda horas en comprenderlos, le cuesta enterarse de las cosas; y muchas veces casi se rinde o se harta de ellos. Pero aguanta, todo lo que puede. Si fuera por ella, no estudiaría nada, haría lo mismo que sus hermanos; pero lo está haciendo por ti, quiere estudiar y llegar a la universidad para hacer que se cumple tu deseo de que algunos de tus hijos llegué a dónde has estado tú.-

La madre se quedó sin habla, incapaz de creer lo que había oído. Era la primera vez en su vida que le decían que uno de sus hijos realmente hacía algo por ella, con el solo propósito de que se sintiera orgullosa.

Malan, siguió hablando: -Por eso, hizo todo lo que pudo en este examen pero fue mucho más difícil de lo que ella creía y sintió que había suspendido, tenía miedo de que su madre estuviera enfadada por ella por ese fracaso. Pero aprobó, aunque fuera un triste cinco y medio, pero lo hizo. Estaba feliz de haberlo conseguido.-

Ella lo recordaba, lo feliz que estaba su hija antes de que viera la nota de su examen. Se sintió incómoda ante el hecho de que le hubiera quitado su sonrisa de la cara por unos simples números.

Se miró en el espejo y observaba una cara arrepentida en su rostro, luego se lo lavó con agua.

-¡¿De verdad, Josefina…!?- Le costó unos segundos en asimilarlo. -¡No debería estudiar por mí, sino por ella…!- Y lo peor de todo es que ella, siendo su propia madre, no se dio cuenta. Tras quedarse callada durante unos minutos, reflexionando mucho sobre su papel como madre de cinco hijos; empezó a hablar sin razón aparentemente. Tal vez, estaba sacando sus pensamientos a flote, para que alguien más lo escuchara:

-Realmente, estuve bastante deprimida por un tiempo por el hecho de que todos mis hijos fueran un desastre. Me daba vergüenza hablar de ellos a mis amigas y a mis familiares, cuyos hijos e incluso nietos tenían una vida exitosa. ¿Y los míos? El mayor no trabaja ni estudia, Noemí se dedica a vivir en una juerga continua, los otros dos solo se dedican a comer como cerdos y a jugar a videojuegos. Josefina fue la única que me dio esperanzas, cuando vi que ella empezó a traer las notas más altas que ninguno de sus hermanos pudo traer a la casa.- Lanzó un suspiro de molestia, antes de continuar:

-Me alegre muchísimo, porque sentí que por fin estaba cumpliendo bien mi rol como madre. Después del nacimiento de Pablo, al ver los resultados pésimos que estaba dando mí educación permisiva y tolerante con mis hijos decidí ser mucho más estricta. Pero tampoco dio resultados, hasta en aquel momento. O eso creía.-

Hubo una pausa más para mirar a Martha y decirle esto: -Creo que ella empezó a mejorar sus notas después de que te conoció, fuiste tú la que consiguió algo que ni pude hacer yo.-

Malan, bastante colorada por el inesperado elogio, añadió esto:

-Lo que ella necesitaba solo era alguien que le apoyará. Antes de conocerme, intentaba hacerlos pero siempre se rendía o se cansada a los cincos minutos. Yo decidí darle solo un empujón para que se esforzara.-

La madre de Josefina empezó a reír y luego añadió con una sonrisa y acariciándole la cabeza a Martha:

-Eres una verdadero niña genio, eres menor que Josefina y sabes hablar como toda una adulta. Entiendo lo orgullosa que está tu madre de ti.- Y en su mente maldecía el hecho de que ella tuviera una niña tan increíble como la suya. Para ella era toda una maldita suertuda.

-Lo siento mucho, pero no soy un genio ni nada parecido. Solo una chica que está entrando en la pubertad y que ha madurado demasiado aprisa.- Añadió Malan, diciendo algo que hace meses sería impropio de ella. Se sorprendió de haber dicho una cosa muy humilde.

-Aún así, es sorprendente. Debes de tener once o doce años y te comportas como un adulto. Eres mucho más madura que muchos adultos que conozco.- Pero eso solo provocó mayor admiración por parte de la madre de Josefina.

Luego, hubo un minuto más de silencio entre ellas hasta que la madre abrió la boca de nuevo: -Por cierto, ¿Josefina me odia?-

Estaba muy preocupada por el hecho de que su actitud estricta y fría hacia su hija pequeña haya empeorado su relación.

-No, ella jamás te podría odiar.- Pero Martha con una sonrisa le confirmó que eso no era verdad.

-Entonces, está bien…- Y ella sonrió, incapaz de creer que dijera esto: -Tú ganas, me has convencido totalmente. Por esta vez le voy a pedir perdón.-

Martha Malan consiguió un milagro, algo que ningún miembro de la familia Porfirio Madero podría llegar a imaginar: Convencer a su testaruda madre de pedir disculpa a uno de sus hijos.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

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