Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Sexta parte, centésima quinta historia.

-Pues parece que nuestra expectativas estaban muy altas, ¿verdad, Sanae?- Eso le decía una gemela a la otra, muy disgustada.

-Eso parece.- Y esto le respondía ella, con cara de póker en su cara.

Las dos chicas estaban un poco desilusionadas porque el partido de bolos estaba empezando de una forma poco épica y muy aburrida.

La primera persona que iba a iniciar la partida de bolos le tocó a Noemí, quién llevaba cinco minutos preparando para lanzar y no lo hacía. Todo el mundo le miraba en silencio, esperando que lo hiciera de una vez.

-¡Te dije que podrías tomar tu tiempo, pero esto es pasarse! ¡Vamos, lanza la maldita bola de una vez!- Hasta que la paciencia de su madre se hartó y le grito esto, esperando que se espabilaba rápido y tirase la dichosa bola.

-¡Por favor, mamá, no me estreses! ¡Qué estoy me estoy preparando para dar la mejor entrada a este partido!- Eso le replicó muy molesta, ya que le había desconcentrado.

Quería tirar de una sola vez los bolos y estaba estudiando cómo hacerlo. Más bien, miraba a la pista fijamente, movía la bola de un lado para otro, se chupaba el dedo e intentaba comprobar el viento que hacía, a pesar de que no estaba en el golf y estaban en un edificio cerrado. No dejaba de pensar cómo calcular con matemáticas la fuerza y la dirección para tirarlo por el buen camino, olvidándose del hecho de que nunca los aprobó en la escuela.

Y todo esto lo hacía porque quería dejar impresionado a Mao y dejarle claro que no era rival para ella, que le iba a robar a ese príncipe indio.

-¡Ya lo veo, ya lo veo!- Eso dijo cuando se decidió a lanzar la bola, después de los gritos de sus hermanos para que lo lanzará de una puta vez. Le gritó a Mao:

-¡Entérate, Mao! ¡Te dejaré claro quién es la mejor aquí!- Y lanzó la bola, mientras él se preguntaba asombrado por qué ella le mencionaba como si ellos fueron los que se estaban peleando.

Por desgracia, su entrada triunfante no fue así, lanzó la bola por el cielo con más fuerza de lo que ella calculó y cayó derecho a un lado de la pista, sin derribar ni una. Sus hermanos empezaron a reír como locos mientras su madre y Josefina se morían de vergüenza, y su padre le mandaba ánimos.

-No puede ser…- Estaba rabiando, porque se había humillado delante de su rival. -Si lo tenía todo preparado.-

Y se puso a lamentarlo, antes de gritarles a sus hermanos que se callarán e intentó hacerlo de nuevo. Pero lo hizo mal de nuevo y no pudo ni derribar una pobre bola.

-¿Y esto era lo que tu hermana quería mostrarme?- Eso le decía en voz baja Mao a Josefina, mientras veían como Noemí fracasaba miserablemente.

A continuación, le tocó al equipo Malan y el primero que tuvo que salir a tirar la bola era Mao, para desgracia suya. Dio varios suspiros mientras se levantaba desganado y se acercaba a coger la bola, entre los gritos de su equipo animándole para que lo tirara bien y los de Noemí diciéndole que no había mostrado su verdadera fuerza. Éste, ignorándolo todo, lo cogió y lo mandó a la pista con tan poca energía que parecía que iba a pararse en mitad del camino.

Al final, cayó a uno de los lados de la pista y pasó sin tocar ni un bolo. Noemí se empezó a reír de él, como si a ella no le hubiera pasado algo parecido; y la madre de Malan le pedía que intentara esforzarse mucho más, mientras las gemelas y Josefina susurraban que era lo que temían, que no se lo estaba tomando en serio.

-¡Vamos, Mao! ¡Tú puedes ser capaz de hacer strike!- Eso le empezó a gritar Sanae.

-¡¿Por qué esos ánimos!? ¡Debes ponerte manos a la obra y demostrarle al mundo que no eres esa clase de persona!- Junto con Alex.

-¡Ponte seria, que tengo que vencer a mi madre!- Y con Josefina.

Las tres le estaban enviando ánimos para que se le quitara la flojera de una vez y se concentrará en golpear los bolos como si su vida pendiera de eso. Y Mao al ver que esto, solo dio un gran suspiro de molestia y cogió la segunda bola.

-¡Madre mía, lo que tengo que hacer!- Eso se dijo en voz baja, mientras tiraba la bola hacia la pista. Lo hizo con algo más de ganas que antes, aunque no era lo suficiente para qué parecía que Mao se estaba poniendo serio.

Aún así, para sorpresa de todos e incluso de Mao, la bola alcanzó y derribó siete bolos.

-No me lo puedo creer…- Eso se decía él mismo, incapaz de creer. -¡¿De verdad, he hecho yo eso!?- Ni siquiera creía que iba a tirar ni un mísero bolo. Y a continuación, las tres chicas se echaron encima de él, muy eufóricas:

-Genial, ¡eres genial!- Le decía Alex.-¡Mao eres la mejor!- Le gritaba Sanae. -¡Gracias, muchas gracias!- Añadía Josefina.

Mao les pedía que le soltaran, que le iban a ahogar; además de que les decía que no era para tanto. Martha le aplaudía alegremente, Noemí gritaba de la frustración, mientras la madre de Malan se jactaba de aquello a la de Josefina, y sus maridos intervinieron en el último momento para que no se pusieran a pelear de nuevo. Los hermanos de Josefina mostraron total indiferencia.

A continuación, en la segunda ronda; fue el turno de Martha, por parte del equipo de los Porfirio Madero; y el de Josefina, por parte del equipo de los Malan.

-¡Haz un buen trabajo, Martha!- Eso le gritó con palabras de ánimos la madre de Josefina a Malan, cuándo ésta salía a tirar la bola.

-¡Oye, no le hables de esa forma tan amigable!- Y eso le replicó la madre de Martha, algo molesta de que le dijera algo a su hija. Después de todo, era su hija y no la suya.

-¡Ella está en mi equipo, es normal animarla!- Añadió esto. -¡Además, es una chica muy buena, nada comparable contigo, que eres su madre!- Eso último lo dijo intencionalmente para picarla.

-¡¿Qué intentas decirme con eso!?- Y casi se iban a ponerse a pelear de nuevo, si no fuera por sus maridos, que la detuvieron a tiempo. Los pobrecitos estaban bastante agobiados, al ver cómo sus esposas no podrían ni estar ni un segundo sin ponerse a pelear entre ellas.

Y como era típico de Malan, pues ella tiró bien la bola y tiró casi todas las bolas. Luego, consiguió tirar la última que le quedó y su madre saltó sobre ella, para darle un gran abrazo.

-¡Esa es mi niña!- Eso gritaba llena de orgullo y felicidad.-¡Sabía que lo conseguirías!- Mientras acariciaba su mejilla con la de su hija y ésta le pedía avergonzada que no lo hiciera tan fuerte.

Entonces, la madre de Josefina intervino y dijo molesta. -¡Oye, ella es de mi equipo, no el tuyo!-

-¡¿Tienes algún problema!?- Y ella le replicó con muy mala leche.- ¡Es mi hija, después de todo!-

Los pobres maridos tuvieron que intervenir de nuevo para que no se pusieran a pelearse de nuevo.

A continuación, le tocó a Josefina, quién estaba muy nerviosa. No le dejaba de temblar las manos, aunque las palabras de ánimos de sus amigas y de la madre de Malan. Le molestó muchísimo la actitud de su mamá que actuaba indiferente, la miró con enojo por unos segundos y se preparó seriamente para lanzar un lanzamiento que la dejaría boquiabierta.

-Le enseñaré a mi madre de una vez que yo me esfuerzo siempre…- Eso dijo en voz baja, que nadie escuchó; y con una cara tan seria que dejó algo sorprendido al resto. Al momento, lanzó la bola lo mejor que pudo.

Pero solo pudo derribar dos bolos, lo hizo de nuevo y pudo derribar tres más y en el cuadro abierto fue incapaz de terminar con los demás. Al final, solo llegó a cinco. Pudo con la mitad y sus amigas no paraban de decirle que lo hizo bien, incluso la madre de Malan.

Pero lo que Josefina quería saber era la reacción de su madre, la observó fijamente, incapaz de atreverse si lo hizo bien. Ella, al darse cuenta, dijo esto severamente:

-¡La próxima vez debes esforzarte más!-

Aquellas palabras, que en principio su madre no lo dijo con mala intención, hirieron profundamente a Josefina. Ella se sintió realmente despreciada por su propia madre. Se esforzó duramente, como en aquel difícil examen cuyo resultado provocó todo este problema; y no lo hizo perfecto, pero llegó a derribar la mitad. Por lo menos, quería palabras de ánimos y comprensión de su parte, estaba harta de que le tratará de esa forma tan dura e inflexible.

-¡Yo me esforcé todo lo mejor que pude!- Al final, ella explotó.

Aquel grito se extendió por toda la bolera y rompió el agradable ambiente que había entre las otras personas que estaban disfrutando. Ella le replicó, ignorando a su marido, quién se dio cuenta del error que su esposa estaba cometiendo e intentaba atraer su atención.

-Pues solo derribaste cinco, nada más. Así que no diste lo mejor de ti, después de todo.- Obviamente, esas palabras empeoraron la situación.

-Hago lo que puedo, pero tú siempre, siempre igual…- Y Josefina, incapaz de controlar sus emociones, le chillada violentamente. -Parece que nunca te alegras de mí en cualquier cosa que hago por mucho que me esfuerzo, nunca te parece suficiente.-

Nadie sabía cómo actuar en esta situación, viendo cómo Josefina explotaba y le gritaba realmente llena de ira. Para gran parte de ellos, era la primera vez que veía en ella tal actitud.

-Siempre, siempre igual conmigo…- Empezó a llorar a moco tendido. -¡Yo solo deseaba que estuvieras orgullosa de mí, pero tú, tú…!- Apenas le costaba hablar. -Jamás te he importado.-

-¡Espera, Josefina! ¡Eso no es verdad!- Eso le gritó su madre, un poco conmocionada antes el hecho de que su hija estaba creyendo eso, que era una total mentira.

-Tu madre no piensa eso, ¡hija mía!- Y su padre intervino, mientras intentaba acercarse a ella.

-¡No te preocupes, Josefina!- También lo hizo la madre de Malan.-¡La otra vez lo harás mejor!-

-¡Déjenme en paz!- Pero Josefina los rechazó de forma violenta.-¡No quiero saber nada de esto!- Mientras salía corriendo hacia los servicios para poder consolarse sola.

-¡Mira lo que has hecho, tu hija está llorando por tu culpa!- Eso le gritó la madre de Malan y su marido intervino para hacerla callar:

-No te metas en esto, por favor.- Pero sus palabras fueron ignoradas, porque el grito de la madre de Josefina fue mucho más fuerte:

-¡¿Por qué no te callas!? Eso lo sé, idiota.-

-Si no te pusieran tan dura con ella, no pasaría estas cosas.- El ambiente entre ellas no paraba de calentarse.

-¡Mete tus narices en otra parte! ¡No tienes derecho a criticar mi educación!- Y llegaron al punto de darse un empujón mutuo.

-Por favor, ¡tranquilicen!- Entonces sus maridos atraparon a sus esposas entre sus brazos, esperando evitar una pelea, pero fue en vano. Ellas empezaron a gritarse como locas, lanzándose puyas e insultos.

La incomodidad cundió en los hermanos de Josefina, quienes solo querían quitarse del medio y no saber nada; y entre Mao y las gemelas, quienes no sabían qué hacer. Sentían por una parte ir a buscarla y tranquilizarla pero por otra pensaba que ella solo deseaba estar sola por un rato.

Martha Malan estuvo en silencio durante todo el rato, preguntándose qué podría hacer y revisando profundamente la actitud de la madre de su amiga. Se dio cuenta de que solo intentaba parecer que actuaba indiferente ante su hija, pero en el fondo no era así.

Al tocarle el turno a Josefina, ella mostraba una cara de preocupación, mirando hacia su hija fijamente; como si se preguntaba si ella estaba bien. Aún así, intentaba ocultarlo poniendo una actitud de indiferencia, cuando ella le observaba, a pesar de que movía nerviosamente sus dos manos como señal. Cuando Josefa tiró la bola puso varias reacciones, sobretodo una de leve felicidad, después de que apuntase en el marcador cinco bolos tirados, aunque lo ocultó rápidamente. Al recordar esto, supo que solo intentaba ser dura y estricta con su pequeña, nada más.

Tal vez a su amiga le costaría entender, pero esto era una muestra del amor de su madre.

Y cuando Mao, harto de soportar la situación, se levantó y les dijo a las gemelas: -Voy a ver a Josefina y tranquilizarla. ¡No puedo aguantar esperar aquí!-

Entonces, Martha muy decidida, detuvo a Mao y le dijo: -¡Yo iré! ¡Yo iré a consolar a la lenta simpática!-

FIN DE LA SEXTA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Quinta parte, centésima quinta historia.

Después de eso, llegó el sábado y las dos familias se reunieron frente a una bolera situada en el centro comercial más cercano a las casas de los Malan y de los Porfirio Madero. Las dos madres se miraron fijamente a los ojos, con una mirada desafiante y aterradora que dejaba claro que entre ellas dos saltaban chispas; antes de empezar a hablar:

-¡Aquí estamos, como prometimos!- Eso gritó la madre de Malan, mientras mostraba a las personas que había traído.

-¡Igualmente, estoy preparada para nuestra pelea…!- Y replicó la de Josefina. -¡Pero antes…!- Antes de quedarse callada por unos segundos, para explotar como un volcán:

-¡¿Por qué traes a esas niñas!? ¡Ni siquiera son tu familia!-

No solo todos los familiares de aquellas dos mujeres fueron arrastrados, sino a personas algo ajenas a ellas, unas que se unieron a la situación porque le parecían divertido, otros se preguntaba cómo habían terminado en aquella estúpida situación.

-¡Pero son amigas de mi hija, así que vale! ¡Además, solo somos tres en mi familia y tú estás haciendo trampa con la tuya que es numerosa!- Le gritó con la misma intensidad.

-Si tú fuiste la que quería pelear con nuestras familias en una pelea de bolos.- Y así comenzaron a pelearse en las puertas de la bolera, mientras sus maridos le pedían que se tranquilizarán y los hermanos de Josefina estaban muertos de vergüenza.

Definitivamente, esto era lo que estaba pasando: Ellas decidieron hacer una competición entre sus familias, jugando a los bolos. Y la madre de Malan, tras darse cuenta de que estaba en clara desventaja, porque la familia de su contrincante, tenía cinco hijos; le pidió a su hija que llamase a algunas de sus amigas para participar en la pelea.

Así es cómo las gemelas Alex y Sanae se unieron, con ganas de divertirse a lo grande con la pelea entre las mamás de Josefina y Malan; al igual que Mao, que le obligaron a participar.

Tras tranquilizar a las dos madres y entrar en la bolera, las gemelas decidieron echar más leña al fuego, afirmando esto las dos a la ver:

-¡Os vamos a ganar, os demostraremos nuestra gran fuerza!- Lo dijeron totalmente desafiantes y seguras. E incluso arrastraron a Mao, añadiendo esto: -¿¡A qué sí, Mao!?-

-Ah, sobretodo eso.- Éste contestó de una forma tan desmotivadora que parecía sarcástica. Y la madre de Malan le pidió que estuviese más animada:

-Dilo con más ánimos, mujer.-

-Sí, vamos a ganar.- Lo hizo con menos energía que antes.

-No tienes remedio.- Concluyó la madre de Malan. Entonces, la de Josefina, intervino, gritándole esto mientras le señalaba:

-¡Inténtenlo, pero no os va a resultar nada fácil! ¡Os ganaremos!-

-No, seremos nosotros.- Gritó la otra.

Las dos madres se pusieron a pelear de nuevo entre ellas mientras sus maridos conservaban tranquilamente mientras estaban pagando para jugar a los bolos. Josefina, quién se sentía muy culpable por lo que pasó, decidió a  hablar con sus amigas:

-¡Perdón, por mi culpa os he metido en esto!- Eso les dijo Josefina con una cara llena de arrepentimiento y culpa.

-No pasa nada, no es tu culpa.- Le replicó Malan.

-Si no me hubiera ido de casa, nada de esto pasaría…- Agachó su cabecita y Mao la acarició, diciéndole estas palabras tranquilizadoras.

-Ya da igual, el problema son tu madre y la de Malan, que están como cabras; no tú.- Josefa no pudo evitar sacar una sonrisa, aunque se calló rápidamente e irracionalmente por temor a que su mamá se enfadará con ella.

-No te preocupes.- Dijo Sanae.

-Esto va a ser muy divertido.- Añadió Alex.

Las dos también intentaron animar a Josefina a su manera, mientras estaban realmente animadas por participar en aquella competición absurda.

Luego soltaron esto al unísono: -Y es mucho mejor que estar con nuestro padre, que cada vez está peor.-

Ignorando aquel extraño comentario, tanto Josefa como Mao se preguntaban qué le veía ellas de divierto esto, pero no le dieron mucha importancia porque él soltó esto de repente:

-Por cierto…- Le susurraba en la oreja a Josefina.-¿Por qué tu hermana me está mirando de esa forma?-

Se dio cuenta de que Noemí, la hermana de Josefina; le miraba con una cara de pocos amigos. Más bien, como si quería derrotarlo y éste no sabía la razón de que ella le miraba de una forma tan molesta si no le había hecho nada a ella. Ignoró, por otra parte, las miradas de bobos que mantenían los tres hermanos restantes hacia él.

-Nada, ignórala.- Le respondió Josefa.-Mis hermanos están de mala leche conmigo porque por mi culpa vamos a hacer esto.-

Desde aquel día hasta en aquellos momentos, estaban muy enfadados por Josefina porque ellos acabaron en esta situación y le trataron muy mal. Y era normal que ella también estaba molesta con sus hermanos, algo que notó rápidamente Mao, quién le dijo esto: -Son imbéciles, no lo tomes en cuenta.-

-Es verdad.- Le dio toda la razón y los hermanos que lo oyeron protestaron:

-Os estamos oyendo.- Eso le gritaron.

-Esa es la intención.- Y Mao añadió esto, antes de detener a Alex y Sanae porque estaban a punto de provocar al equipo rival.

Mientras Mao estaba regañando a las gemelas, Josefa llamó la atención de Malan y le pidió que le acompañara al servicio para hablar de algo privado.

Al ir a los servicios, Malan fue la primera en hablar: -¿Qué ocurre?-

-Aún me siento muy mal porque tu madre se pelea con la tuya…- Aún seguía algo triste por los acontecimientos.

-No te preocupes, han sido ellas dos quién han creado este problema, no tú.- Y Malan con su mejor sonrisa le volvió a decir aquellas palabras comprensivas. Josefa siguió hablando:

-Pero yo lo inicie, porque ella me regaño a pesar de sacar aprobado, aunque sea por los pelos.-

-Ella también tiene la culpa. No se dio cuenta de que te hirió innecesariamente con sus palabras.- Malan solo dijo su sincera opinión.

-Es verdad. P-por eso, deberíamos intercambiar lugares.- Eso último pilló por sorpresa a Malan, mientras Josefa se ponía a suplicar: -Te lo pido por favor.-

Aunque no se lo esperaba, rápidamente comprendió lo que quería hacer Josefina. Y soltó estas palabras para confirmarlo:

-¿Quieres enfrentarte contra tu madre?- Le preguntó.

-Tu madre me comprendió y me quería ayudar para hacerle entender a mamá. Por eso, ¡tengo que estar en su equipo, quiero darle una lección!-

Josefina temblaba un poco del miedo que le producía enfrentarse a su madre, pero su actitud decisiva dejaba claro que ella se llenó de verdadera valentía. Como Malan conocía las inmensas ganas que tenía ella de decirle la contraria a su terrorífica mamá, pues no se lo pensó ni dos veces:

-¿Así que eso es lo que quieres?- Josefa asintió.- Entonces, eso haré.-

Entonces, la cara de seriedad que tenía Josefina se transformó en una llena de alegría y saltó hacia Malan para darle un gran abrazo, mientras le gritaba esto: -¡Muchas gracias Malan, te quiero!-

Malan, avergonzaba, le decía que no era nada, mientras pensaba en lo complicado que sería contarse a su madre que se había pasado al otro bando.

Después de esto, las dos salieron de los servicios y les comunicó a sus madres lo que habían decidido:

-¡¿Espera, espera, qué!?- Eso gritó exageradamente conmocionada la madre de Malan.

-¡¿No lo estás diciendo en serio, Josefina!?- Y añadió la madre de Josefa por su parte, con un notable mal humor.

Todo el mundo se sorprendió por el hecho de que Josefa y Martha querían cambiar de equipos, aunque las madres fueron las más exageradas. Cada una sintió como si le hubieran apuñalado en la espalda.

-Pues sí. Me he intercambiado el puesto con Malan.- Josefina estaba ahí, mirando hacia su madre con una mirada decidida y desafiante.     Era la primera vez que adoptaba aquella actitud hacia ella y no le sentó muy bien.

-Es una decisión que las dos hemos elecciones.- Añadió Martha, quién no cambió su actitud de siempre. Su madre quedó destrozada, su querida y adorable hija no iba a jugar a los bolos junto con ella.

-¡¿Pero, por qué!? ¡Tú eres mi hija, deberías estar luchando a mi lado!- Se puso a comportarse como una niña pequeña, mientras su marido le pedía que no se comportará así y que debería respetar las decisiones de su hija.

-¡Pues haz lo que quieras, Josefina! ¡Pásate al otro bando si quieres! ¡Yo recibiré con mucho gusto a Martha en tu lugar!- Por su parte, la madre de Josefina intentaba actuar normal, aunque se notaba que estaba molesta y fastidiada por el hecho de que su hija fuera al bando contrario. Su marido intentaba tranquilizarla, mientras los hermanos de Josefa se quedaron en blanco, incapaces de creer que la pequeña de la familia se estaba enfrentada contra la mujer que los dominaba con mano de hierro.

-¡Pero Martha, piénsatelo! ¡Tienes que jugar conmigo, eres mi hija! ¡No te pases al enemigo!- Y la madre de Malan no paró.-¡¿He hecho algo malo para ti!? ¡¿Es eso!?-

-No, mamá. Solo he respondido al deseo de Josefina, ella quiere enfrentarse contra su madre, junto a ti.- Hasta que le mencionó eso.

-¡Ah, ya! ¡Es por eso!- Se dio cuenta porque su hija cambió lugar y aunque se sentía algo triste porque su hija no podría acompañarla, estaba encantada de ayudar a Josefina. -¡Pues bien, vamos a darle una lección a tu madre!-

Eso gritó, mientras señalaba a la otra madre con la mano. Josefina hizo lo mismo pero soltando esta frase: -Mamá, si gano, me tienes que perdonar por esa regañina del otro día, ¡¿me lo prometes!?-

Ella solo quería que su madre le dijera perdón por decir cosas tan crueles y que no volviera a hacerlo. Quería demostrarle que ella se estaba esforzando, con todo su corazón.

-¿¡Entonces es por eso!?- Pero su madre era muy orgullosa y no iría a demostrar perdón por algo como eso. -¡Pues, muy bien, lo acepto! ¡Pero a cambio si gano yo, no te cocinaré ninguna de tus comidas favoritas en todo un mes!-

-¡Qué cruel!- Josefina casi dio un grito de terror, ante la poca piedad que tenía su propia madre, pero mantuvo la compostura.

-Eso será tu castigo por huir de casa sin avisarme.- Eso añadió su madre, con una actitud prepotente, mientras ellas se observaban fijamente la una a la otra, lanzando una mirada que decía que ni iban a perder.

Entonces, intervino la madre de Malan: -¡No te preocupes, vamos a ganar, Josefina!-

-¡Eso ni te lo creerás tú!- Y le replicó la madre de Josefina.

Y las madres se pusieron a mirarse la una a la otra por varios segundos, y parecía que entre ellas dos salían chispas que serían capaces de electrocutar a millones de personas. El incómodo ambiente hostil que estaban creando esas dos era notado hasta por los mismos trabajadores de la bolera, que se preguntaba qué les pasaba a aquellas dos mujeres.

-Parece que esto será una fuerte competición.- Soltó Martha Malan, mientras reía nerviosamente.

-Esto parece, más bien, el comienzo de una guerra.- Le replicó Mao, aterrado ante el hecho de que debía que participar en una partida de bolos que parecía de todo menos amigable y agradable.

-¡Esto será el partido de bolos más épico de toda la historia, Sanae!- Se gritaba las gemelas, llenas de emoción, creyendo que iban algo único en la vida.-¡Ya lo veo, ya lo veo, Alex!-

FIN DE LA QUINTA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Cuarta parte, centésima quinta historia.

Lo primero que hizo Josefina al ver que su madre había entrado en la casa fue esconderse en el primer lugar que pilló: Detrás del sofá. Ella se agachó y temblando como un flan se tapaba la boca y cerraba los ojos, esperando que su mamá no se diera cuenta de su presencia. Malan seguía viendo el documental, totalmente absorta en cómo los animales de África vivían el día a día.

Al entrar, en el salón la madre de Josefina miró por todas partes y gritó esto: ¡Por el amor a Dios, no te escondas de tu madre!-

Josefina, al ver que su madre le dijo eso, se levantó de golpe y con el miedo en el cuerpo se quedó mirándola, con la esperanza de que no estuviera muy enfadada y que no le iba a castigar. Aunque al ver su cara de puro enfado, sabía que estaba perdida. Y le iba a decir algo, pero entonces la mamá de Malan intervino, quién estaba a su lado:

-¡Te tiene mucho miedo, debes ser una madre muy terrible…!- Y dejándole claro que le estaba criticando como madre. Eso hizo que la madre de Josefa se dirigió a la de Malan y le replicará con muy mala leche:

-¡No, por el contrario, ella me tiene respeto, así la he educado!-

-Pues vaya forma de respeto que tienes…- Lo dijo con tal tono de desprecio, que solo consiguió empeorar la tensión que había entre ellas dos, que se miraban la una a la otra con ganas de pelearse con puños y patadas. Malan reaccionó rápidamente, mientras su padre y el de Josefa estaba chalando amistosamente sobre una foto de un agricultor que estaba en la entrada, sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo en el salón.

-Buenas tardes, mamá de Josefina.- Malan le saludó educadamente y bastante tranquila.-¡Encantada de volver a verla!-

La madre de Josefina, le devolvió el saludo muy amistosamente, como si fuera una vieja amiga: -Lo mismo digo, Martha.-

Después de todo, como Malan siempre se pasaba por su casa cada dos por tres, ya la conocía muy bien y le caía muy maja. Es más, le estaba muy agradecida por ayudar a su hija en sus notas.

-¡Lo ves, esto es educación!-Por su parte, la otra madre se puso a fanfarronear de su hija, a la vez que criticarla. -Aunque has sido un poco vulgar en tu forma de saludo.-

-¡¿Pero qué dices!? ¡Mi saludo no ha sido nada vulgar! ¡Tu actitud hacia mí que es vulgar!- Y eso solo consiguió que las dos siguieran centradas en criticarse la una con la otra, impidiendo a Malan poder introducirse en la conversación para tranquilizarlas.

-Oye, señora, ¡Tu actitud sí que es vulgar, pero de verdad!- Eso que gritó la madre de Josefina, hizo dar a los caballeros que estaban presente reaccionar de una vez.

-Vamos, ¡no se peleen!- E intervinieron para dar zanjada una pelea que parecía bastante estúpida.

A continuación, las dos parejas se sentaron en el sofá para hablar, en un ambiente que parecía asfixiante debido a la rápida enemistad que formaron las dos madres. Tras minutos de incomodidad, la primera que habló fue la mexicana:

-¡Hemos venido para llevarme a Josefina, solo eso!- Dijo esto tiránicamente.

-¡¿Y castigarla brutalmente, verdad!?- Eso soltó secamente la madre de Malan, haciendo que su marido le diera un codazo para decirle que no tenía que decir tal cosa.

-¡¿Y a usted que le importa lo que haga con mi hija!?- Y la madre de Josefa, saltó a la primera: -¿¡Le pasa algo!?-

-Perdonen a mi mujer.- El marido se disculpó rápidamente, para aliviar la situación. -A veces, le gusta exagerar.- Y su esposa le dio una mirada de pura molestia.

-¡No pasa nada!- Eso le replicó el padre de Josefa, bastante alegre. -¡Mi mujer también exagera!- Y terminó la frase riendo ruidosamente.

Su mujer le mandó una mirada asesina y éste se calló, antes de añadir esto: -¡No te pongas así!-

Los dos padres estaban realmente incómodos al ver como la esposa de uno y la del otro se miraban con ganas de arrancarse de los pelos. Entonces, intentaron mejorar la situación en dónde se encontraban ellos:

-¿¡Por qué no charlamos amistosamente un poco!? ¡Nos acabamos de conocer, no deberían estar tan tensos!- Eso decía amigablemente, el padre de Josefina.

-¡Tiene toda la razón, señor Porfirio! Nuestras hijas son amigas, por tanto, no deberías empezar nuestra relación con mal piel.- Y añadió esto, el de Malan.

Lo intentaron, hicieron todo lo posible para evitar que la charla incómoda que tenían se volviera una terrible discusión entre madre. Fue en vano, porque, tras media hora, se estaban gritando como locas:

-¡No me trates como una ignorante, que he sacado la carrera de psicología y la aprobé todas!- Eso le gritaba la madre de Malan a la de Josefina, y ella se la devolvía con el mismo tono:

-¡Ja, qué risas! ¡Eres tú la que me has tratado de ignorante! Yo también terminé mi carrera de psicología, con sobresalientes, con una tesis que dejó boquiabierto a todos mis profesores. ¡Pero, pero…! ¡Da vergüenza que no sepas algo tan básico como eso! ¡¿De verdad, aprobaste la carrera!?-

La discusión que estaban teniendo empezó con la visión de ambas sobre la educación que hacían sobre sus hijas y, por culpa de que la madre de Malan presumiera lo buena que era su hija, como sinónimo de que la había criado mejor; terminó siendo una sobre cuál hizo mejor su carrera de universidad, que casualmente fue la misma. Es más, solo el hecho de que intentará aladear de haber hecho la carrera de psicología y equivocarse de una forma tan patética y humillante, solo puso histérica a la madre de Josefina y se pusiera a echarle en cara que era una estúpida que no sabía de casi nada.

Los maridos, por su parte y al ver que no podrían hacer nada, le dejaron solas y se fueron a charla en el pequeño invernadero que tenía el padre de Malan. Aún estando en ese sitio, oían claramente las voces de sus esposas, chillando como locas.

-No debería presumir tanto de su carrera, la iba a dejar a medias, harta de tanto estudiar.- Añadía el padre de Malan: -Si no le hubiera dado clases extras y ayudado, tal vez nunca lo hubiera conseguido.-

Eso dijo, tras dar un suspiro, mientras recordaba nostálgico aquella época en dónde los dos empezaron a estudiar, que empezó mientras estaban ahí.

-Ya veo, a su esposa nunca llevo bien eso de estudiar. -Rió ruidosamente y añadió: – Mi esposa fue toda un cerebrito en su época, realmente era una mujer inteligente. Siempre diciendo cosas que me parecían chino y me sentía muy inculto a su lado.-

Él también empezó a recordar la época en dónde conoció a su esposa y dónde empezaron a salir. Luego, el padre de Malan siguió hablando:

-Eso me he dado cuenta. Bueno, creo que si no fuera a ayudarla a terminar su carrera, todo sería diferente. Gracias a eso, nos hicimos novios.-

-¿¡Entonces, fueron novios en la universidad!?-Soltó un gesto de sorpresa.-Yo a la mía le conocí ahí, pero de otra forma. De limpiador en los pasillos, durante mi época de inmigrante ilegal, mientras ella estudiaba con esfuerzo su carrera, como estudiante de intercambio.- Cerró por un momento los ojos. -Creía que ella me era inalcanzable, pero, por alguna razón, al final el destino nos unió.-

Entonces, el padre de Malan, interesado en la época de aquel hombre en la cual era un inmigrante ilegal, le iba a preguntar sobre eso. Entonces, sus esposas dejaron de gritarse y aparecieron detrás de ellos, con la intención de decirles.

Mientras tanto, Martha y Josefina, quienes también se quitaron del medio, estaban en el cuarto de la pequeña africana. Después de hablar un poco, se quedaron en silencio, algo anormal porque Josefa nunca cerraba la boca. Después de todo, eso hacía saber a Malan que su amiga estaba realmente preocupada y aterrada por lo que había pasado, solo estaba pensando en silencio. Y estuvo pensando en abrir su pequeña boca para tranquilizarla o sacar algo para que ella se distrajese por un rato.

Al final, oyó unas débiles palabras, procedentes de ellas:

-¿¡Qué vamos a hacer!?- Murmuró algo nerviosa y alterada. -¡¿Qué vamos a hacer!?- Y Malan decidió actuar:

-Luces realmente preocupada, ¿¡Es por tu madre o por qué ellas dos se están peleando de esa forma!?-

-Pues…-Josefa se quedó pensando unos segundos, mientras le miraba la cara a Malan con ganas de llorar. Luego gritó:

¡Las dos! ¡Nuestras mamás se odian, y tengo miedo de que nos separen! -Y le abrazó fuertemente.- ¡Y no quiero separarme de ti!-

Como siempre, Josefina había exagerado las cosas y se puso realmente dramática. No dejaba de decir que no quería separarse de Martha una y otra vez. Eso le pareció a su amiga algo muy lindo y gracioso, a la vez. Aunque algo incómodo, porque parecía como si fueran dos enamorados que iban a ser separados por sus familias.

Y con voz tranquilizadora y casi maternal, le decía estas cosas a Josefina, mientras la abrazaba:

-No te preocupes, eso sería realmente exagerado, aún siendo de nuestras madres.-

-¡¿De verdad!?- Le preguntaba frenéticamente y esperanzada. -¡¿De verdad, no harían tal cosa!?-

-Por supuesto que sí. Es más, yo le caigo bien a tu madre, y tú a la mía. Así que todo va a ir bien.- Esas simples palabras tranquilizaron a Josefina, que llevaba un buen rato asustada al ver que sus madres se odiaban a muerte y podrían separarla de su amiga. Confió fuertemente en sus palabras, porque casi siempre tenía razón. Añadió con una sonrisa que tenía razón y las dos empezaron a reír. Malan se alivió mucho que ésta dejará de preocuparse inútilmente, mientras se daba cuenta de que habían pasado algunos segundos desde que dejaron de chillar sus madres.

Entonces, la puerta se abrió violentamente, sorprendiendo a las dos chicas. Josefina se puso pálida al ver que eran sus madres, con una cara de pocos amigos. Y ellas dos se soltaron rápidamente y, luego, Malan les preguntó tranquilamente esto: -¡¿Qué ocurre!?-

-¡Vamos a hacer una competición por cuál familia es la mejor!- Gritaron al unísono como leonas y ningunas de las dos chicas se enteraron muy bien lo que querían decir. Pero había una cosa que se dieron cuenta, le habían metido en un lío, al parecer.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Tercera parte, centésima quinta historia.

La madre de Josefina estaba comiendo galletitas saladas mientras observaba su serie de televisión favorita, un drama sobre médicos. Junto con ella estaba dos de sus hijos, fastidiados por ver esa cosa que les parecían puro aburrimiento. Los pobres no tenían otra cosa, porque ella les quitó sus consolas portátiles, como castigo por no hacer nada en la casa.

-¡Oye mamita, ¿podemos cambiar a otra cosa?!- Y uno de los dos gordos le preguntó eso a su mamá, harto de aquel estúpido programa.

-¡Cállate chavo, que está muy interesante!- Pero solo consiguió que su madre le hiciese callar.

Y, por su parte, su hermano le dio una gran colleja y le dijo esto en voz baja: -¿Por qué le hablas, pendejo? ¡Déjala tranquila, que así no nos manda a hacer cosas en la chabola!-

Entonces, cuando se iba a revelar quién era el padre del protagonista, su teléfono móvil empezó a sonar sin parar.

-¡¿Quién me llama ahora!?- Eso se decía muy molesta, mientras buscaba su móvil desesperadamente.

Al encontrarlo, el cual estaba en la cocina; contestó rápidamente: -¿Quién es?-

-¿¡Usted es la madre de Jasofina!?- Y aquella voz, desconocida para ella, le soltó esto. Ella se quedó extrañada.

-¡¿Jasofina!?- Era la primera vez que oía un nombre tan raro.

Y entonces, oyó una vocecita que conocía muy bien:

-¡¡Es Josefina!!- Era su hija, cuyo grito casi le iba a destrozar el oído con el cual su madre estaba escuchando con el móvil.

-Perdón, perdón, es que tienes un nombre muy complicado de pronunciar.- Luego, la que le llamó se le puso a disculpa a Josefina, olvidándose de que estaba realizando una llamada.

Su madre se quedó boquiabierta, porque creía que Josefina estaba en su casa. Ni siquiera le dijo que iba a salir, y eso la enfureció.

-Pero si es facilísimo.- Mientras su hija soltaba esto, su madre se quedó preguntándose qué había pasado para que su hija le pidiera a otra persona que le llamase, y por qué se no estaba en su casa. Decidió averiguarlo.

-¿Qué quiere mi Josefina esta vez?- Eso le preguntó, con muy mala leche.  -¿Y por qué no me ha avisado de que está en otra casa?-

Entonces, recibió una respuesta que jamás esperaría haber tenido: -Pues, se lo dejo bien claro. Como madre que soy, he escuchado lo que ha pasado entre Josefina y tú, y no me parece nada bien lo que hiciste.-

-¡¿Espera, qué!?- Se quedó extrañada por unos segundos.

-La gritaste y te pusiste cómo una furia solo porque tu hija sacó una nota más baja de la esperaba, aún cuando había aprobado.- Y aquellas palabras le sentaron fatal, porque absolutamente nadie antes le había cuestionado si estaba educando bien a sus hijos. Eso la puso como una furia.

-¡Oye, no tienes el derecho a decirme que la estoy educando mal!- Eso le gritó. No iba a dejar que aquella madre se iría de rositas tras acusarla.

-Pues sí, tengo todo el derecho del mundo a criticar su educación.- Y la otra, al escuchar su tono de voz, se atrevió a contestarla con muchos aires.

Ella, por supuesto, no iba a ser menos: -¿¡En dónde lo dice!? ¿¡El ministerio de educación te ha dado el diploma o qué!?-

-No sabía que…- La otra se lo creyó, por un momento. -¡¿Espera, eso era irónico, verdad!?-

La madre de Josefina se quedó en silencio por unos pocos segundos, preguntándose si aquella vieja era tan pendeja para haber creído que eso que soltó era verdad. Luego, añadió esto:

-¡Solo le voy a decir de que se meta su opinión por el culo, nada más!-

Aquellas palabras tan finas solo fueron recibidas por una contestación igual de malsonante:

-¡Y tú te lo metas por la vagina!- Eso le gritó, antes de decirle algo que debería haberlo dicho en primer lugar: -¡Y una última cosa, su hija se quedará a dormir aquí, le he dado permiso!-

-¡Ni una mierda le voy a dejar hoy dormir en otra casa, me la llevaré a casa aunque sea a rastras!-

No iba a dejar que su hija iba a estar en esa casa, después de haber tenido una discusión con una madre que se atrevió a desafiarla, también por el hecho de que Josefina no le dijo a dónde fue en primer lugar.

Mientras tanto, los hijos que estaban en el salón con ella, al ver que su querida madre estaba de muy mal humor decidieron quitarse del medio sigilosamente.

-Pues inténtalo, le diré mi dirección para que venga en persona y le dé un buen repaso, ¡preparase!- Eso le dijo, toda altanera.

-¡La que se va a preparar serás tú!- Eso le gritó como loca, antes de colgar de un golpe.

E iba a tirar el móvil contra el sofá, pero volvieron a llamar y ésta tuvo que cogerlo, tras saber que era la misma de antes.

-¿¡Qué pasa ahora!?- Eso le preguntó con muy mala leche.

-¡Iba a decir mi dirección!- Y a gritos, le soltó esto la otra, antes de decirle dónde vivía.

Volviendo a la casa de Malan. Tras terminar la charla telefónica, que fue de todo menos pacifico, Josefina le preguntó a la madre de su amiga esto:

-¿Cómo ha salido? No parecía que estuvieran muy contentas.- Eso le decía Josefina, totalmente aterrada con la idea de que su madre estuviera muy cabreada. Tenía esperanzas de que aquello que observó no fuera lo que había estado imaginando.

Malan, quién estaba al lado de Josefa, miraba molesta a su madre, mientras daba un suspiro de fastidio. Su madre había empeorado la situación y a un tiempo record.

-No te preocupes, ella aparecerá en persona por aquí y ya le dejare bien claro las cosas.- Por su parte, la madre de Malan, con mucho optimismo y seguridad, le dijo esto a la amiga de su hija.

-¡¿Espera, espera, va a venir aquí!?- Y ésta se quedó blanca del terror, al saber que su madre iba a aparecer en la casa de Malan.

-¡Pues sí, pero le voy a bajar los humos!- Entre risas, la madre añadió esto.

Y eso dejó claro a Josefina de que su madre estaba realmente enfadada, pero preguntó por si acaso: -¿Eso quiere que está enfadada?-

-Se ha puesto de muy mal genio esa mujer solo con decirle eso.- A pesar de que lo sabía, le entró la desesperación.

-¡¿Ahora qué hago!?- Gritó esto, totalmente aterrada.

-¡No te preocupes, yo lo solucionaré!- Y la madre de Malan, quién creía de todo corazón que iba a solucionar las cosas, empezó a tranquilizarla.

-¡¿De verdad!?- Y ésta sintió como si un rayo de esperanza la iluminaba.

-Sí, confía en mí.- Eso le dijo a Josefina, inflando el pecho de puro orgullo, mientras Malan se decía mentalmente que si fuera ella lo mejor que haría no era confiar mucho en su madre.

Tras pasar un buen rato, alguien tocó el timbre de la casa de Malan. Al oírlo, Josefina, quién estaba viendo junto con su amiga un documental sobre animales en el salón, se puso blanca del terror y empezó a temblar.

-¡Y-ya ha llegado!- Eso decía Josefina en voz baja, mientras Malan la observaba y comprobaba en primera persona el grado de miedo que tenía ella a su madre.

Y la madre de Malan, quién estaba en la cocina preparando el lavavajillas, paso por el salón, gritando muy contenta y deseosa de empezar el conflicto: -Por fin, ¡ya me estaba cansando de esperar!-

Malan se preguntó si su madre solo quería guerra más que ayudar a una chica que le recordaba un poco a sí misma. Y Josefina, muerta de miedo, cerró los ojos y abrazó fuertemente a su amiga, sorprendiéndola en el acto:

-¡¿No crees que estás exagerando un poco!? ¡Es solo tu madre!- Eso le dijo Malan, con un tono bastante tranquilo.

-¡Cuando se trata de mamá, nada es exagerado!- Y Josefa le respondió eso, con un tono totalmente distinto.

Mientras tanto, la madre de Malan ya llegó a la puerta  de la calle y la abrió. Al hacerlo, gritó esto: -¡Bienvenida a la casa de los Malan!-

Cuando las dos se vieron las caras por primera vez en sus vidas, se miraron fijamente en silencio, para ver con quién iban a tratarse.

La madre de Malan miró de arriba para abajo a la de Josefina. Parecía tener una edad alrededor de los cuarentas años y era bastante más bajita que ella, le llegaba a la altura de los ojos, o eso le daba la impresión. Tenía el pelo moreno y corto, cuyo flequillo tenía que ponerlo a un lado porque no le dejaba ver. Su cara se parecía mucho a la de su hija, aunque más redondita y gordita. Su nariz era parecida, aunque sus ojos tenían un aspecto mucho más malhumorado. Daba la impresión de que estaba gorda, porque tenía las caderas muy anchas, un enorme trasero y grandes muslos. Por arriba, no tenía mucho pecho y su barriga no estaba muy crecida. Llevaba un enorme abrigo que le llegaba hasta las rodillas de color marrón muy oscuro y unos pantalones del mismo color y que abrigaba mucho. Y a su lado, se encontraba un hombre bigotudo totalmente abrigado hasta las cejas.

La madre de Josefina hizo lo mismo, miró de arriba para abajo a la de Malan. Veía a una rubia, cuyo pelo llegaba a sus hombros; con una figura esbelta. Su cara parecía larga y delgada, y era alta, flaca y tenía unos senos enormes; aunque tenía poca cadera, poco trasero y muslos. Llevaba un suéter de color blanco y una falda muy larga de color azul. Mientras ellas dos se observaban mutuamente con una mirada de pocos amigos, un hombre apareció detrás de la dueña de la casa y los saludó amistosamente:

-¡Buenos días, ustedes deben ser los padres de Josefina!- Era el padre de Malan, quién se acercó desde su huerto para saludar a sus anfitriones.

-¡Eso somos, mucho gusto!- Y el padre de Josefina, quién acompañaba a su esposa, le devolvió el saludo con la misma alegría, quién esperaba que con esto rompiera el hielo.

Al final, la madre de Josefina con un tono algo insolente, le preguntó lo obvio a la otra: ¡¿Entonces, tú debes de ser la madre de Martha!?-

-¡¿Y tú de Jasofina!?- Y ésta soltó esto, con un tono parecido.

-¡Es Josefina!- Y solo enfadó aún más a la otra, al oír que estaba diciendo mal el nombre de hija.

Las dos, intentando parecer amables pero con una mala leche que se notaba en el aire, se estrecharon las manos, los más fuerte posible para hacer daño la una con la otra.

-¡Encantada de conocerte!- Y se saludaron con una sonrisa falsa muy aterradora, para luego quedar en un silencio realmente incómodo.

Los maridos, quienes se quedaron preguntando de dónde veía esa hostilidad y dándose cuenta de que podrían ponerse a pelear, decidieron intervenir para romper el hielo.

-Deberían entrar, ahí hace mucho frío.- Eso decía el padre de Malan, con mucha amabilidad.

-Es verdad, verdad.- Y el padre de Josefina entró. -¡Vamos entra, cariño!- E instó a su esposa que entrará.

Sin mediar una palabra, ella entró en la casa mientras la madre de Malan se ponía a un lado y cerraba la puerta. A continuación, todos se dirigieron hacia el salón.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Segunda parte, centésima quinta historia.

Cuando Malan, quién estaba en su habitación, oyó el sonido del timbre, salió disparada hacía la puerta para abrirla, mientras les gritaba a sus padres que ya iba ella.

-¡Buenos días, lenta simpática!- Saludó, cuando abrió la puerta y vio que quién había llamado a la puerta era la persona que estaba esperando, Josefina.

-¡Hola, Malan!- Y ésta saltó hacia Marta, sin darle importancia que le había llamado así de nuevo, dándole un gran abrazo que la estaba ahogando.

-¡J-josefina, Josefina, me estás ahogando!- Eso le pedía Malan desesperadamente.

-¡Ah, perdón, perdón!- Y Josefina la soltó rápidamente, riéndose nerviosamente por haber sido tan bruta.

Al terminar de reírse, Malan le pregunta esto: -¿Qué pasa para que me des ese abrazo?-

-Porque te quiero pedir un favor.- Y eso le soltó, mientras juntaba sus manos, para dejarle claro que le iba a suplicar.

Tras decir esto, Malan llevó a Josefina hacia su habitación para charlar las dos tranquilamente, antes de pedirle amablemente a su madre si podría llevarles más tarde té.

-¿Y qué favor quieres pedirme?- Eso le preguntaba a Josefina, mientras ésta se sentaba en su cama. Malan se sentó en su silla.

-Pues, bueno…- Le daba algo de corte decirlo. Pero rápidamente se atrevió y le se lo dijo: -¡Necesito vivir aquí!- Se lo pidió con las palmas de las manos juntas y cerrando fuertemente los ojos. -¡Solo serán por unos pocos días!-

Josefa mentalmente suplicaba para que le respondiera que sí y Malan se quedó mirándola por varios segundos. Estuvo algo sorprendida al principio, aunque no se le notaba en la cara; luego, puso una sonrisa al imaginarse lo que había pasado para pedirle algo así.

-¿¡Te has peleado con tu madre y te has ido otra vez de casa!?- Eso le soltó, totalmente segura. Ya ocurrió una vez.

-¡¿Cómo lo has sabido!?- Y Josefina se quedó con boquiabierta, gritando de sorpresa al ver que ella lo supo enseguida. Se preguntó seriamente si ella era una adivina.

-Es algo que tú harías perfectamente.- Eso le dijo Malan, entre risas; mientras Josefina se quedaba preguntando qué quería decir con eso.

Y Malan añadió esto, con el propósito de escuchar toda la historia de Josefina: -Dime, ¿qué te ha pasado exactamente?-

Y entonces Josefina se lo contó, con todo lujo de detalles y a su modo, enrollándose un montón y yendo a una velocidad tan rápida que a Malan le costaba seguirla. Pero pudo entenderlo todo, por lo menos una gran parte. Así pasaron casi una hora.

-Entiendo la situación.- Decía como conclusión Malan.-Realmente, tuvisteis una discusión muy tonta.- Mientras empezaba a pensar en cómo solucionar el problema.

Después de todo, le parecía una situación muy estúpida y fácil de arreglar, pero con Josefina queriendo estar en su casa podría volverse muy molesto y complicado para todos. Entendía los sentimientos de Josefina y estaba de su parte, ya que creía que su madre se puso demasiado inflexible; pero ella no debía haber escapado de casa.

-Tonta por su parte. Debería alegrarse, no ponerse cómo una furia.- Y le replicó Josefina, que con solo recordarlo se ponía de muy mal humor. Empezó a patalear de la rabia e inflarse los mofletes.

-Pareces una niña pequeña.- Eso le dijo Malan, quién le estaba haciendo mucha gracia cómo se estaba comportando Josefina. Le pareció algo lindo a la vez que inmaduro.

Y Josefina se levantó de la cama, mientras le soltaba esto: -Es que es tan fastidioso, tener una madre como ella. Necesita que le den una buena lección para que trate mejor a sus hijos.-

Y, entonces, desde el otro lado de la puerta, se oyó una voz: -¡Tienes razón!-

Al momento, se abrió la puerta y era la madre de Malan, quién entró con una bandeja con tazas llenas de té y gritó esto:

-¡¿Qué tipo de madre se comporta así solo porque su hija saca un aprobado mínimo!? ¡Es una completa idiota!- Lo dijo con una gran furia justiciera.

-¡¿Mamá!?- Mientras Malan decía esto muy sorprendida.

-¡¿A qué sí!?- Y Josefina se puso muy feliz al ver que alguien estaba de su lado.

Entonces, la madre de Malan se acercó a Josefa, antes de dejar la bandeja en la mesa; y le empezó a contar esto:

-Te entiendo perfectamente, Joséfissa. Yo también tuve una madre así, que siempre me regañaba por no sacar notas sobresalientes. -Volvieron a ella malos recuerdos y apretaba el puño por el rencor.- Mis hermanos mayores eran unos capullos sin remedio y siempre se burlaban de mí, me llamaban la tonta de la familia y me restregaban sus altísimas notas.-

En vez de decirle que se llamaba Josefina, se quedó sorprendida y feliz, ya que había encontrado a alguien que había sufrido lo mismo que ella. No solo por tener una mamá regañona, sino por tener unos hermanos muy malos. Sintió como si hubiera encontrado a una alma gemela.

-Yo también he pasado por todo eso- Eso decía Josefina, con ganas de llorar. -Debió ser realmente duro.-

Mientras tanto, Malan tenía un mal presentimiento, ya que su madre era especialista en empeorar los problemas en vez de solucionarlo. Esperaba que no hiciese lo que estaba pensando ella. Y con esto en mente, se acercó a una taza de té y, tras tomarlo, vio que estaba frío.

-Mamá, ¿¡por cierto, estuviste espiándonos un rato!?- Eso le preguntó Malan, al pensar en la posibilidad en que ella estuvo un buen rato detrás de la puerta escuchando toda la conversación. Le respondió esto con toda normalidad:

-Solo estuve un rato, pero eso no importa…-Y el mal presentimiento de Malan se cumplió. -… ¡porque vamos a enseñarle una lección a la madre de Josefina!-

Eso gritó, con el espíritu ardiendo por las ganas que tenía de hacer eso, y Josefina la siguió, contagiada por esos ánimos:

-¡Hay que enseñarle que debe tratar mejor a su hija!-

-¡Eso, eso! ¡La hija no es una máquina de sacar sobresalientes!- Y empezaron a gritar.

-¡Por supuesto que sí!- Levantando el puño en alta varias veces. -¡Tiene que reconocer mi esfuerzo!-

-¡Así es, ese es el espíritu!- Mientras Malan las observaba con mala cara, preguntándose qué estaba haciendo precisamente.

-¡Después de todo, estoy que ardo!- Solo veía a ellas dos diciendo cosas en voz alta.

-¡Y yo también!-

Tras decir eso la madre de Malan, Josefina preguntó esto, parándose en seco: -¿Y bueno, qué vamos a hacer?-

La madre se quedó en blanco, al darse cuenta que no tenían ningún plan, mientras Malan, al ver su reacción, se quedó mirándola, diciéndose que era bien obvio que no se le ocurrió nada.

-Pues, ahora…- Pero, para no arruinar el momento, la madre pensó rápidamente en algo. -¡Ah, sí!-

Y se le ocurrió esto: -¡La llamaremos por teléfono y le diremos sus verdades!-

-¡Me parece una gran idea!- Eso dijo Josefina, gritando. Y luego, añadió en voz alta: -Bueno, mientras tú hables…-

En pensar en la simple idea de decir las verdades a su madre le daba realmente pánico.

-¡No te preocupes, eso haré!- Eso le decía la madre de Malan: -¡Soy una madre, estoy a su mismo nivel!-

Así las dos se fueron directos hacia al salón a toda velocidad, con el firme propósito de llamar a la madre de Josefina.

-Lo que van a provocar…- Eso decía Malan, mientras daba un gran suspiro de fastidio, al ver que este simple asunto iba a empeorar, por culpa de su madre.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Primera parte, centésima quinta historia.

Eran finales de Enero, en un día nublado en el cual caía a ratos un poco de nieve; Josefina corría feliz hacia su casa, deseosa de enseñarle algo a su querida madre. Tras llegar a su puerta y pegar varias veces la puerta, le abrió uno de sus hermanos:

-¡Oye, wey! ¡No seas tan impaciente, que me cuesta mucho levantarme del piche sofá!- Eso le dijo su hermano Miguel, bastante molesto por tener que levantarse y abrirle la puerta.

Pero fue ignorado, porque ella salió disparada a toda velocidad en busca de su madre:

-¡Mamá, mamá! ¡Mira, mira esto!- Eso le gritaba de felicidad.

-¡¿Qué le pasa a esa chamaca!?- Eso se preguntaba Miguel, al sentirse ignorado. Se sintió un poco herido, como si para su hermana pequeña él no existiera.

Su madre estaba en la cocina y estaba bastante malhumorada porque vio que su hijo mayor no aguantó ni el segundo día del trabajo en dónde lo metió. Cuando creía que por fin podría haberlo hecho un hombre de verdad, éste lo mandó todo por la borda.

Y cuando oyó a Josefina dejó lo que estaba haciendo y le dijo que estaba en la cocina. Ésta al llegar, le soltó con gran rapidez esto:

-¡Mamá, mamá, mira este examen que he hecho, me ha salido genial!- Eso le gritaba, con toda la felicidad del mundo y tan rápido que ni siquiera su madre entendió lo que quería decir exactamente. Pero, al ver que Josefa le estaba mostrando un papel que parecía un examen, lo entendió todo.

-¡Ah, en serio!- Eso decía, bastante ilusionada. -¡Déjame verlo!-

Con aquella felicidad que Josefina estaba emanando, su madre se ilusionó demasiado, creyendo que su hija iba a tener una nota muy alta, como un ocho, un nueve o incluso un diez; superando así las actuales, que eran siempre entre el seis y el siete y medio. Por fin, tendría alguien inteligente en la familia y que se dedicaría a seguir el mismo camino que hizo su madre. O eso pensaba.

Pero al ver la nota, se llevó una grandísima decepción, una que mandó sus ilusiones a la mierda y la enfureció. Josefina solo sacó un cinco y medio.

-¿¡Qué es esto!?- Eso le preguntó su madre, con una mueca de enfado.

-Pues que aprobé por los pelos.- Le respondía eso, mientras no entendía porque su madre no estaba contenta. -Fue realmente difícil aquel examen y pensaba que iba a suspender. Pero, pero, he aprobado, y no me lo podría creer, parecía un sueño.-

-¡Esta nota es muy baja! ¡Y está por lo bajo de lo normal!- Su madre le señalaba la nota del examen con enojo. -¡¿Cómo puedes estar tan feliz con eso!?-

-Porque he aprobado, mamá.- Eso le respondía Josefina, mientras se preguntaba qué mosca le había picado a su madre.

-¡¿Realmente crees que es motivo de alegría sacar una nota tan mierda!?- Y ésta la empezó a regañar.

-¡¿Por qué te pones así!? ¡He aprobado, en un examen que casi todo el mundo ha suspendido!- Le soltó Josefina, muy molesta.

-¡¿Y qué importan los demás!? ¡¿Si ellos se tirasen por un puente, tú también lo harías!?-

Y la tensión entre ellas estaba creciendo a gran velocidad, haciendo que Miguel, quién estaba en el salón, decidiera quitarse del medio con cautela.

-¡Eso no tiene nada que ver, mamita! ¡Deberías estar contenta, fue un examen muy difícil!- Pateaba el suelo de la rabia que le estaba produciendo su madre.

-¡No y no! ¡Me haría feliz que estuvieras sacando diez, no un triste cinco y medio! ¡No te estás esforzando!- A Josefina le dolió muchísimo tener que escuchar esas palabras.

Ella, que desde la primavera del año pasado decidió esforzarse, puso todo su empeño para aprobarlo todo y poner contenta a su madre, quién deseaba ver que uno de sus hijos llegarán a la universidad. Con la ayuda de Malan, pasaba horas estudiando y comprender todo lo que no entendía en clases. Intentó escuchar a sus profesores y apuntar lo que decían, aún cuando le costaba mucho prestar atención.

Puso su mayor esfuerzo, solo para poner feliz y contenta a su madre. Eso era la única razón y ella estaba infravalorando todo eso.

A Josefina, aquello la hizo explotar como un volcán y le gritó a su madre esto, con un gran enfado: -¡Me he estado esforzando mucho para conseguir aprobar, he dado todo lo mejor de mí! ¡Eso es verdad! ¿Y para qué, esto lo que recibo!? ¡Pues, vaya mierda!-

Luego, salió corriendo hacia su cuarto, mientras lloraba de la rabia, y con su madre gritándola, excusándose de que solo quería que se esforzara más. Ésta, molesta y enfadada, decidió dejar en paz a su hija.

-Eso es solo por tu bien…- Se decía en voz baja.-…este mundo es así.- Mientras terminaba de lavar los platos.

Mientras tanto, en el cuarto de Josefina, ella acostada en la cama, llorando descontroladamente y pataleando sin parar, mientras decía estas quejas.

-¡Mamá es tonta! ¡¿Por qué, por qué se pone así!? ¡No tiene derecho a tratarme así!-

Solo quería que su madre le felicitará por no haber suspendido, en un examen que fue demasiado difícil para toda la clase y en el cual muy pocos aprobaron. Josefina fue una sobreviviente, pudo superar las adversidades y deseaba que estuviera orgullosa de ella. Era solamente eso y no haber sido regañada de esa forma.

Y sus pensamientos, que los soltaba en voz baja a una velocidad increíble, no ayudaban nada a mejorar su humor. Es más, lo empeoraban, recordando varias de las regañidas y tortazos que su madre le dio por simples tonterías, a su parecer. Con cada momento que pasaba, su enfado no paraba.

-¡¿Por qué, por qué tengo una madre tan insensible!?- Eso protestaba, mientras daba vueltas sin parar por la cama y cayó al suelo.

-¡Ay, virgencita, he caído de culo!- Eso se decía, mientras se levantaba y se quejaba del dolor. Y entonces, la bombilla de su cabeza se encendió, de alguna manera, al ver la foto en dónde ella, su prima, Mao y las demás estaban posando delante de la casa del árbol que construyeron.

Recordó lo que ocurrió en el verano anterior, cuando un anciano le regaló a Josefina unas enormes tierras solo para joder a sus familiares y todo lo que pasó ella, su prima y sus amigas para evitar que su madre vendiera aquel terreno. Una de las cosas que hizo, fue escaparse de casa y estar allí, sin moverse, de acampada, en protesta por la actitud totalitaria de su familiar.

Y eso le hizo pensar que tal vez debería hacer lo mismo en aquel momento, yéndose de casa para protestar la actitud totalitaria de su madre y que ésta le prometiera tratarla mejor.

-¡Eso es!- Gritaba llena de entusiasmo.-¡Me iré y no volveré hasta que ella me trate cómo me merezco!-

Rápidamente, cogió su mochila y tiró sus libros a la mesa. Luego, ella bajó con cautela a la cocina y cogió comida y agua. Al volver a su cuarto, lo preparó todo y salió a la calle sin que se dieran cuenta los demás, aunque no se dio cuenta de que sus hermanos la vieron, pero ignoraron totalmente lo que ésta iba a hacer.

Al salir a la calle, se puso a temblar por el frío que hacía, a pesar de que estaba bien abrigada.

-Con el frío que hace, me podría morir…- Eso se decía en voz baja, mientras observaba el cielo y pisaba la nieve que había en la calle.

No se acordó del frío, ya que en aquellas fechas normalmente estaban entre los quinces bajo grados y los diez; y ahora todo su plan se había ido al traste. Morir de hipotermia, no estaba dentro de sus planes.

-¿Adónde me voy, entonces?- Eso se preguntaba, mientras comenzaba a andar hacia alguna parte.

Y de repente, del bolsillo del gran abrigo que tenía encima empezó a escucharse una melodía de una canción pop totalmente olvidable: Era su móvil, alguien la estaba llamando.

-¡¿Quién es!?- Contestó Josefina, tras buscar desesperadamente el móvil que había en el bolsillo.

-Hola lenta simpática.- Y con estas palabras, supo enseguida quién era.

-Ah…- Respondió, algo molesta. -Eres tú.-

-Ese tono… ¿te estaba molestando en algo?-

Josefina le respondió con algo de nervioso esto: -No es eso. Es el mote…-Estaba harta de eso. -Bueno, da igual…-

-Te quería avisar que hoy no habrá nadie en casa de Mao.- Malan siguió a lo suyo.

Josefina, al escuchar eso, se maldijo porque fue muy oportuno. Era el único lugar que le quedaba para huir de casa.

-¡¿Y entonces adónde voy!?- Eso gritó, consternada.

-Si quieres, puedes ir a mi casa.- Y esto añadió Malan.

Al escuchar eso, Josefina se puso muy feliz y le gritó a su amiga esto: -¡Buena idea, Malan! ¡Me has salvado el día!-

Apagó el móvil y salió corriendo, rumbo hacia la casa de Martha Malan.

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

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